Disclaimer: Nada de Harry Potter es de mi propiedad, los personajes y todo lo relacionado a la historia canon que pueda aparecer, a excepción de lo creado y modificado por mi persona, pertenecen a J.K. Rowling.

Summary: A veces la realidad y el tiempo pueden ser muy extraños. A veces el futuro es tu pasado y el pasado tu presente, porque la línea que los divide en el fondo se volvió extremadamente difusa. Pero gracias a esto, ahora pueden cambiar las cosas. Pueden elegir algo distinto, algo que no lleve al mundo a su aniquilación total…


Días De Nuestro Futuro Pasado.

Capítulo XIII

"Una Vida Feliz – Parte II"

~0~0~

—DIALOGO NORMAL—

—(PENSAMIENTO)—

—"PARSEL"—

~0~0~

Hermione alzó la vista para buscar a su esposo.

—¿Harry? Tenemos que empezar a construir esa cerca ahora mismo.

Él sólo asintió, mientras recogía el cadáver del primate, para luego dirigirse al cobertizo de herramientas.

—Está bien, voy a empezar cortando este árbol.

Ella asintió de vuelta agradecidamente.

Nunca antes se había sentido tan impotente. Nunca antes había sentido tanto miedo. Y sin importar lo que costara, se aseguraría de nunca sentirse de esta manera otra vez.

~0~0~

Metiendo la pala en la tierra, Hermione se apoyó en ella mientras se enjugaba el sudor de su frente. El calor y el trabajo ya eran bastante malos por sí solos, pero juntos, ciertamente estaban cobrando su deuda en ella y necesitaba un descanso, aún si fuera sólo por pocos segundos.

Por supuesto también lo usó para mirar, como era tan a menudo, hacia la valla. Siempre había sido normal para ella y Harry mantener a Luna al menos dentro de su rango de visión si ninguno de ellos era capaz de encargarse de ella. Y aunque no quería que la niña sintiera que estuviera bajo constante vigilancia, el incidente con los monos unos cuantos meses antes sólo la habían hecho más cautelosa.

Más grande fue su shock cuando no vio a la niña de cabello dorado botando su pelota como había estado haciendo hacía sólo un minuto. Por fortuna su ataque de pánico sólo duró un segundo ya que la misma pelota aterrizó en la tierra justo enfrente de sus pies.

—¡Quiego juga! —exigió Luna mientras se paraba ante ella, poniendo mala cara.

—No, Cariño, te dije que tenía que trabajar. No puedo jugar con vos ahora. —dijo Hermione dando una sonrisa de madre cansada.

Podía muy bien entender que su hija de dos años estaba aburrida con su madre trabajando y su Papá habiendo ido a pescar. Estas, junto con el deseo de tener un tiempo a solas con su esposo de vez en cuando, eran las veces que deseaba poder simplemente contratar a una niñera de vez en cuando.

Luna resopló con ira, aunque se veía demasiado linda así como para ser amenazadora.

—¡Quiego juga! —repitió la niña malhumorada.

Los hombros de Hermione se hundieron al mirar al resto de la línea que estaba cavando en la tierra. Por mucho que prefería jugar con su hija, su conciencia la estaba fastidiando para no ceder ante el Principio del Placer. Hora de un compromiso.

—Mira, voy a terminar con esta línea, planto las semillas y me aseguro de que los pajaritos no se las coman. Y entonces, voy a jugar con vos. ¿Si?

Iba a tener que olvidarse de dos líneas adicionales que deseaba hacer si quería hacer algo del todo.

—¿Tempo? —preguntó Luna consternada de que tendría que esperar una eternidad a su Mamá.

Hermione suspiró.

—No lo sé; si me apuro tal vez lo haga en treinta minutos.

Luna sólo parpadeó.

—¿Tan tempo?

—No es demasiado —trató de asegurar Hermione. Pero sabía muy bien que sería una eternidad para una niña de su edad. Agachándose, tomó la pelota y se la regresó a su hija —. Y entre más pronto pueda regresar a trabajar, más rápido voy a terminar.

La niña pareció aceptar eso, ya que asintió y caminó de regreso a la cerca.

Sin embargo, Hermione no había progresado mucho cuando Luna ya había regresado.

—No, Luna, treinta minutos no… —interrumpió el recordatorio a la impaciente niña que había esperado se cumpliera, cuando vio que Luna ya no sostenía su pelota sino una pequeña pala de plástico en su mano.

—¡Ah ayudag!

—¿Vos… vos queres ayudarme? —preguntó Hermione sorprendida.

—¡Ayudag! —confirmó Luna asintiendo —. ¡Paga entonces juga!

Hermione no pudo evitar reír. No había duda de que la ayuda sería, literalmente, más bien pequeña, dada la cercanía a la inexistente fuerza de trabajo de la ayudante y la inadecuada herramienta.

Habría sido una tonta para no aceptarla.

~0~0~

El colchón chirrió fuertemente cuando un cuerpo cayó en él y un suspiro femenino emitió absoluto agotamiento.

Había sido uno de los días más difíciles. Luna había sido bastante poco cooperativa de nuevo cuando tocaba su hora de bañar. El resultado de las siempre repetitivas peleas de voluntades fue una vez más una niña limpia, pero también un baño inundado y dos padres agotados. Tan pronto Hermione se tiró en su cama, sus ojos se cerraron y esperó a que el sueño la reclamara.

Sin embargo, fue alguien quien hizo eso. Aparentemente Harry tenía una mejor idea en vez de dormir. Y por la forma en que lo estaba haciendo, fácilmente habría sido convencida, el cansancio ya empezando a disiparse.

—¿Qu-qué estás haciendo? —medio gimió Hermione mientras él continuaba besándola hasta el cuello, mientras sus manos empezaban a rondar por su cuerpo.

—Oh, pensé que es bastante obvio —susurró Harry seductoramente en su oreja, Le tomó toda su concentración no ceder justo ahí pues su cálido aliento la cosquilleó.

—No… no podemos —murmuró Hermione. ¡Ira fulminante caería sobre él si en verdad se atrevía a detenerse!

—Sí, sí podemos —proclamó él, ya fuera siguiendo el juego o no dispuesto a acallar sus necesidades por ella tan fácilmente esta vez —. Luna está dormida y las veces en que se despierta a mitad de la noche hace mucho que terminaron.

Hermione jadeó cuando empezó a mordisquear el lóbulo de su oreja. Al diablo con hacerse la difícil. Tenían demasiadas pocas noches de deseo y pasión desde que Luna nació y la última había sido hacía demasiado tiempo.

—¡Oh, ya estás haciendo que la tierra tiemble!

Harry se detuvo abruptamente.

—Temo que ese no soy yo.

Ambos se separaron, y ciertamente, todo lo que no era pesado o estaba asegurado al suelo o las paredes se estaba sacudiendo y tintineando.

—Oh no… —gruñó Hermione al dejar caer su cabeza de vuelta en la almohada.

Los terremotos siempre habían sido bastante comunes en Inglaterra luego que la gigantesca esfera había caído en el Mar de Noruega y la reciente apertura que se había agrandado en las dos mitades no había ayudado mucho al respecto. Pero mientras que él había presenciado suficientes para ahora calificar uno tan débil como una simple molestia, había una pequeña personita que rara vez experimentaba un temblor, mucho menos mientras estaba al tanto de él.

Así que sólo fue una cuestión de segundos antes de que la puerta fuera tímidamente abierta.

—¡Papa! ¡Mama! ¡Todo se sacude!

Poniendo una, como esperaba, sonrisa tranquilizadora en sus labios, Harry se incorporó para mirar a su hija que se estaba agarrando asustado al marco de la puerta.

—Sí, mi amor. Es un terremoto. —trató de explicar él.

—¿Tegemoto? —preguntó Luna tímidamente.

—Sí —contestó Harry —. Pero este no es malo. Se va a terminar muy pronto.

Luna aún no se veía muy convencida, ya que estaba mirando a sus padres de uno al otro, cambiando su peso nerviosamente en sus piernas.

—¿Puedo dormir acá? —eventualmente suplicó con sus grandes ojos.

Hermione rápidamente intercambió una sonrisa de entendimiento con su esposo. Ambos habían estado esperando esa pregunta desde el mismo momento en que los leves temblores comenzaron.

—Claro —dijo Harry con la señal de un suspiro, jalando la sábana —. Subí. —añadió, enfatizando su invitación con un gesto de su cabeza.

Ya antes de que terminara esa corta frase, la niña de dos años de edad rápidamente había corrido a la cama y había trepado en medio de los cálidos cuerpos de sus padres, quienes se volvieron a acostar.

—Buena noches, Cariño. —susurró Hermione mientras los tres se acomodaban juntos.

—Noches, Mama… Papa… murmuró Luna, ya volviendo a dormirse. Muy pronto, su pecho subía y bajaba a un ritmo estable.

Cuando Hermione miró de ella hacia Harry, no pudo evitar dar una risa ahogada en voz alta, al encontrarlo en una condición similar.

El temblor hacía mucho que ya había terminado. Y así también otra noche llena de deseo y pasión…

~0~0~

—Shh…

El suave sonido fue la primera cosa que Hermione escuchó cuando despertó a la mañana siguiente.

—¿Hmm? —gruñó, no completamente despierta para entender la instrucción de Harry de quedarse callada. Parpadeando, lo vio haciendo gesticulaciones al bulto grande bajo las sábanas en su pecho.

—Todavía está dormida… —susurró él.

Frotándose los ojos para quitarse el sueño, reconoció a Hermione durmiendo plácidamente encima de él.

—¿Cuánto tiempo estuviste despierto…? —susurró ella de vuelta.

—Ehmm… treinta minutos, una hora tal vez…

—¿Y todavía estás en la…? —se interrumpió a sí misma al finalmente notar que él se veía algo tieso —. ¿Qué pasa?

Gesticuló otra vez hacia su hija.

—Ella todavía está dormida—repitió con un suspiro, regresando la vista al techo —. Y por mucho que la amo, se está poniendo bastante incómodo tras un rato.

La niña fácilmente siempre se ponía irritable cuando la despertaban, y en el peor de los casos no diría ni una palabra al que la hubiera sacado de su sueño durante todo el día, así que no era mucha sorpresa que no quisiera arriesgarse a eso. Pero no es que tuviera que hacerlo, siempre y cuando tuviera cuidado ¿No?

—¿Por qué no sólo la acuestas a un lado tuyo?

—Lo intenté —explicó Harry, demostrativamente poniendo sus manos a los lados de Luna para cuidadosamente levantarla. Pero la respuesta vino rápidamente en la forma de un somnoliento, gruñido de desaprobación, mientras que las manitas se agarraban fuertemente a su camisa.

Hermione tuvo que cubrir su boca para suprimir la risa, causando que su esposo suspirara una vez más.

—Ni siquiera sé por qué le gusta dormir así —murmuró, suavemente acariciando la espalda de Luna —. Mi pecho no puede ser tan cómodo. ¿No?

—Bueno, el latido de tu corazón es muy tranquilizador —dijo Hermione, todavía sonriendo al acercarse un poco más —. Lo sé por experiencia…

Él gruñó en silencio, sus mejillas colorándose levemente. Aunque no intentó resistirse al inevitable beso.

—No te preocupes, yo preparo el desayuno —susurró antes de salir de la cama, estirando sus extremidades —. Pero creo que primero voy a darme una laaarga ducha refrescante antes de hacerlo.

Sus risas sofocaron los gruñidos de él cuando mientras se apresuró a salir de la habitación.

~0~0~

—...et si non morieris: vivis hodie..

Su curiosidad aumentada por las palabras casi desconocidas, Harry, miró a la esquina de la habitación justo cuando Hermione cerraba el libro, mirando soñadoramente a su hija que parecía haberse quedado dormida en su cama ya antes de que la historia llegara a su fin. Esta imagen probablemente se habría quedado así por un rato, si accidentalmente no hubiera hecho ruido con la alfombra, causando que Hermione lo notara, sacándola de su trance.

—Oh, hey —susurró ella, cuidadosamente parándose para que la silla no chirriara.

—Hey —la saludó él de vuelta igual de quedamente, encontrándose con ella en la mitad de la habitación para compartir un abrazo y un fugaz beso —. ¿Te dio muchos problemas? Las oí a ustedes dos desde el fondo del jardín.

—Ah, sólo se puso un poco irritable por tener que cepillarse los dientes, pero eso rápidamente se olvidó cuando la amenacé con no leerle una historia de buenas noches hoy.

—Puedes ser realmente muy mala algunas veces. ¿Lo sabias?

—Sí —admitió él, su astuta sonrisa reflejando la suya —. Pero funciona mientras no se dé cuenta de que jamás quiero dejar de hacer esto.

—¿Qué leías de todas formas? —preguntó Harry finalmente quería satisfacer su curiosidad —. Parecía a latín.

—Bueno, probablemente porque lo era —dijo Hermione con total naturalidad, señalando el libro —. Es una colección de cuentos de hadas en latín, estaba en la biblioteca de Aberdeen.

—¿Y ese era…?

—Somno Decus —respondió ella, pero al ver la mirada confundida de Harry, rápidamente continuó —. La Bella Durmiente. Es su favorito —murmuró, recargándose contra el pecho de Harry quien siguió su mirada hacia Luna.

—No me sorprende. Ella misma es una —y mirando a donde su esposa parecía a punto de quedarse dormida, dando sólo un zumbido de concordancia como respuesta, tuvo la impresión de que Luna tal vez no sería la única por mucho tiempo. Sin embargo, eso todavía no era precisamente lo que quería saber —. ¿Pero por qué lo estabas leyendo en latín? Realmente no puede entenderlo. ¿O sí?

Pudo sentir el suspiro de Hermione soplando contra él.

—Realmente no se quejó. Es una parte de nuestra herencia, y también de ella. ¿No es comprensible que quiera enseñarle un poco también?... Es lo que me enseñaron en Hogwarts, lo que usé para descifrar los cuentos de Beedle el Bardo.

—Sí, pero… ¿No es un poco temprano? Sé que es inteligente, pero apenas y habla ingles apropiadamente.

—¿Pensaba que era mejor para los niños aprender un segundo lenguaje desde muy temprano? —su cabeza de repente lo miró súbitamente, sus ojos casi entrando en pánico —. N-no la estoy forzando a nada, sólo estoy leyendo. No la estoy poniendo bajo mucha presión ¿No? Yo realmente… yo realmente no quiero…

—Shh —rápidamente la calmó, acercándola a él. Realmente podía golpearse a sí mismo por insinuar algo así luego de que Hermione le hubiera dicho cuánto había sufrido ella bajo la constante presión de aprender tanto y tan rápido como le fuera posible cuando era pequeña —. No, no quieres. Y tienes razón supongo; otros niños bilingües probablemente escuchan mucho más e incluso más temprano. Así que tal vez deberíamos hablar algo más de latín para que ella se ponga al corriente.

—¿Deberíamos? —preguntó ella con una mezcla de incredulidad y sorpresa, la cual se igualaba en su rostro al alzarlo una vez más —. ¿Desde cuándo vos hablas latín?

Harry no lo pidió veces para seguir el juego, frunciendo el ceño ligeramente.

unas cuantas palabras en latín.

Hermione, ahora sonriendo ampliamente, lentamente se acercó más y más a su cara con sus brazos alrededor de su cuello.

—¿Sí?. ¿Y esas serían…?

—Bueno, sé 'Expelliarmus", empezó y casi tuvo que detenerse en ese momento ya que ambos trataron de contener su risa ante la memoria de la primera pelea contra un joven Draco Malfoy —. Conozco 'Wingardium leviosa' y 'Expecto Patronum', mmm… —sus ojos vagaron un momento a la silueta dormida en la cama —…un montón de maldiciones que no debería repetir con ella en la habitación… —otra pequeña risita fue suprimida tan rápido como fue posible, desvaneciéndose al instante ya que la pareja se miró a los ojos otra vez —. Y sé otra…

—¿Sí? —preguntó ella expectante.

—Sí —respondió, sintiendo su aliento ya en sus labios —. Aqua Volatem.

El beso próximo… fue instantáneamente abortado ya que Hermione falló en contener otra risa ahogada.

—¿Qué? —preguntó Harry perplejo.

—Na-nada —sacudió su cabeza, jadeando por aire. No fue muy convincente —. Es sólo que tienes un… lindo acento…

—¿Me salió mal, no? —gruñó Harry disgustado.

—No tanto —dijo Hermione divertida, recomponiéndose otra vez. Descansando su frente contra la suya, llevó sus labios a la posición en la que estaban antes —. A menos que seas un campesino del siglo VII. —respiró divertida, finalmente besándolo suavemente.

—Creo que aún tengo mucho que aprender si quiero mantenerme a la par con ustedes dos. —murmuró mientras sus labios continuaban rozándose los unos a los otros.

—Siempre podes preguntar…

—¿Qué tal ahora…?

—Está bien —susurró seductoramente, echando un rápido vistazo a la niña todavía inconsciente —. Pero no acá…

~0~0~

—Vida, muerte, amor nacer…. Y guerra y paz en la Tierra ver. ¿Habrá algo más valioso que paz y amor en la Tierra ver?...

Hermione sonrió para sí misma mientras miraba a Luna sentada entusiasmada en su silla para niños en la parte trasera del auto, curiosamente mirando los nuevos alrededores mientras cantaba. Eventualmente, la madre de cabello castaño pudo zafarse de la conmovedora demostración y suspiró felizmente mientras se recargaba contra el hombro de su esposo.

Realmente nunca había notado qué tanto los últimos cuatro años la habían tensado, pero cuando Harry había salido con la idea, el prospecto de unas vacaciones, aún si sólo era por unos pocos días, parecía como una invitación desde cielo. Se habían encargado de los animales, juntaron suficiente comida y agua para ese corto periodo, y en caso de que la madre naturaleza interfiriera con su viaje, era menos de una hora el regreso a casa manejando.

—Casi llegamos —le recordó Harry —. Tal vez quisieras esperar a relejarte hasta que estés en las aguas termales.

Hermione dio un gemido de burla, pero por fortuna él tenía razón. Sólo tomó dos minutos más hasta que el auto se detuvo justo enfrente del hotel de estilo romano en el que se estarían quedando durante los siguientes dos días. La emocionada mujer apenas y podía esperar, así que el equipaje rápidamente fue descargado y puesto en la primera habitación lo bastante grande para los tres.

Sólo diez minutos después, tras deshacerse rápidamente de sus ropas, un profundo gemido escapó de Hermione mientras su cuerpo lentamente se sumergía en el agua caliente del manantial al aire libre del hotel, todos los pequeños y grandes calambres y nudos en su cuerpo instantáneamente parecieron desvanecerse. Un sonido de chapoteo le dejó abrir sus previamente cerrados ojos otra vez para ver que Harry la había seguido. Le había tomado a él un poco más ya que también tuvo que ayudar a Luna a desvestirse.

La niña, sin embargo, no había hecho todavía como sus padres, miraba desconfiadamente al estanque que echaba vapor.

Hermione extendió sus brazos hacia ella.

—Vamos, el agua está genial.

Luna miró una y otra vez entre sus padres y el agua caliente. Eventualmente, decidió confiar en su madre y a regañadientes dio un paso adelante.

Gritó tan pronto sus pies tocaron la superficie e instantáneamente brincó hacia atrás varios pasos.

—¡Caliente! —gimoteó la pequeña.

Hermione asintió simpáticamente.

—Cariño, se supone que sea así. No es tan malo.

Pero Luna sacudió su cabeza fuertemente, las lágrimas amenazando con salir en cualquier momento.

—¡Calienteeeeee!

—Tal vez realmente es un poco demasiado para ella —diagnosticó Harry mientras se inclinaba hacia su esposa —. Los niños son más sensibles después de todo.

Hermione aún miró a su hija titubeante con creciente tristeza. Realmente quería disfrutar los refrescantes maniantales, descansar y relajarse por el fin de semana. Pero difícilmente sería una vacación familiar si Luna no quería unírseles y sólo sentarse al lado.

Calladamente, Hermione salió de la piscina y fue hacia su hija.

—Está bien —le dijo ella a Luna mientras la levantaba para calmarla —. No tenes que entrar si no quieres.

—¿Estás enojada conmigo? —murmuró Luna disculpándose mientras era cargada hacia el hotel.

Hermione suspiró, acariciando el cabello dorado.

No, no estoy enojada con vos, mi amor —dijo ella sinceramente. Pero, aunque no podía sentirse molesta con su hija, era difícil ocultar su decepción —. Es sólo que esperaba con impaciencia nuestras vacaciones.

—¿Entonces estás triste?

Hermione se mordió el labio antes de que un 'sí' se le saliera e hiciera a Luna sentir todavía más culpable.

—E-estoy segura de que podemos pensar en algo más que todos podamos… —se interrumpió ya que Luna empujó contra ella, dando señal de que quería que la bajaran y Hermione lo hizo antes de que la inquieta niña se le resbalara de los brazos y se cayera.

Tan pronto como los pies de Luna tocaron el suelo, corrió de vuelta al manantial, pasando a su igualmente confundido padre quien las había seguido. Miró fijamente al agua por un momento, pero cuidadosamente metió su pie derecho otra vez. Notablemente dio una mueca de dolor ante el contacto y Hermione ya quería decirle que no tenía que hacer esto, pero valientemente continuó.

—¡No es tan malo en ezte lado! —proclamó la niña mientras se sentaba en una piedra en el agua, mintiendo obviamente, ya que su pecho subía y bajaba pesadamente en un intento por obtener aire fresco dentro para compensar el calor afuera.

Sonriendo agradecidamente, Hermione rápidamente regresó también al baño caliente, arrodillándose enfrente de su hija.

—¿De verdad estás bien así?

Luna titubeó, pero, viéndose un poco sorprendida ella misma, asintió eventualmente ya que su cuerpo se acomodó a la temperatura.

—Gracias —susurró Hermione y la besó en la frente.

~0~0~

—¡Luna! Hora de… —dijo Harry, pero se interrumpió, pasmado cuando entró en la habitación de su hija.

Ciertamente no era el desastre lo que lo sobresaltó; Luna siempre había sido como su madre en este aspecto, así que ver bloques, animales de peluche, libros para colorear y crayones dispersos por toda la habitación no era ninguna sorpresa.

Ni siquiera el que la niña a la que quería (cuidadosamente) tratar de despertar aparentemente había dejado de dormir por su cuenta lo asustó.

No, la vista era mucho peor.

—¡Me veztí yo zola! —la más que despierta niña exclamó, parándose en su cama donde orgullosamente presentaba su ropa.

—Sí… puedo… ver eso… —murmuró Harry con una sonrisa nerviosa. El shock inicial desvaneciéndose, pensó rápidamente cómo evitar lastimas los sentimientos de su hija a la vez que le decía que la combinación de una playera amarilla tan grande (el agujero de la cabeza tan amplio que la playera penas y podía quedarse sobre sus hombros) y unos igualmente holgados pantalones cafés eran todo menos convenientes —. Hiciste eso… eh… muy bien. ¿Pero no crees que algo más quedaría mejor?

Luna olió la trampa sin embargo y se aferró a la playera con ambas manos, sacudiendo fuertemente su cabeza.

—No. —dijo ella desafiante.

Pero Harry no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente. Dirigiéndose al guardarropa, abrió la puerta y rápidamente examinó las ropas para encontrar algo más apropiado.

—Acá. ¿Qué tal esa pequeña falda azul? —pidió él medio rogando, medio demandando mientras sacaba dicha prenda —. Eso junto con la blusa con esos lindos conejitos. ¿Hm? Siempre te gustó esa.

—¡No! —gritó Luna poniendo mala cara —. ¡Me veztí yo zola!

—Y eso es genial, pero… —trató de discutir una vez más, aunque fue interrumpido cuando Hermione entró para ver de qué iban esos gritos.

—¿Pasa algo?

—¡Mama! —la cara de Luna se iluminó ante la vista de su madre y extendió sus brazos —. ¡Mira, lo hice todo yo zola!

—¡Awww! —chilló Hermione, corriendo hacia su hija y dándole un abrazo, levantándola mientras que Harry gruñía en silencio —. ¡Mi niña grande se vistió por sí sola por primera vez!

—Hermione… gimoteó Harry, pero sólo obtuvo un silencio que fue lo bastante callado y a la vez cortante como para que la orgullosa, niña dando risitas en sus brazos no lo oyera.

—¿Sabias? Eso merece un Omelet especial a la Granger para desayunar. Las niñas grandes necesitan alimentarse bien —anunció, bajando al suelo a una radiante Luna, dándole palmaditas en la espalda mientras se incorporaba otra vez —. Hay que apurarse, antes de que alguien más lo consiga.

Asintiendo enérgicamente, Luna pasó corriendo entre ellos, dirigiéndose a la cocina.

—Hermione… —intentó Harry otra vez, suspirando.

—Un huevo frito no la va a matar —respondió antes de que él pudiera preguntar, aún sin dirigirle la mirada para ver fijamente en la dirección en la que su hija se había desvanecido.

—Sabes que eso no es a lo que me refiero. Deberíamos de estar en el mismo lado, no quitándonos la autoridad el uno al otro.

Gruñendo levemente, Hermione se agachó para levantar la ropa sucia de los días previos que estaba dispersa por el piso.

—Ya lo sé. Pero ella está haciendo esto para impresionarnos —explicó. Levantándose, finalmente se dio la vuelta para poner las ropas usadas en los brazos de él mientras le quitaba las todavía pulcramente dobladas para regresarlas a su lugar —. Y ya no quedan muchas 'primeras veces' que esperar, así que deberíamos estar orgullosos de todas estas cosas por las que quiere que la felicitemos.

—No es como si no esté orgulloso de que se está volviendo más independiente. —admitió él, aunque no estaba tan seguro de que no hubiera rastro de cierta punzada de tristeza en ese hecho —. Pero no es suficiente saber cómo hacerlo, sino también cómo hacerlo bien.

—Oh, vamos —gruñó Hermione, cerrando el guardarropa —. ¿Importa cómo se vea? No hay nadie que pudiera señalarnos con dedos acusadores por ser 'malos padres' aún si ella prefiriera andar por ahí en harapos.

—¡Pero esas ropas holgadas son demasiado peligrosas para ella! —protestó Harry —. ¡Podría enredarse, tropezar y caer demasiado fácilmente!

—Aw, pobre Harry —se burló Hermione, acariciando su mejilla tranquilizadoramente —. Si se tropieza, probablemente va a acordarse de la preocupación de su inteligente Papa y elija algo más adecuado la próxima vez —besando el otro lado de su cara, se dirigió a la puerta —. Ahora guarda eso en la lavadora y vení desayunar —guiñó un ojo —. No queres que alguien más se lo coma. ¿No?

~0~0~

—¡Ya vine!

Normalmente, Harry habría dado una risa ahogada, oyendo la llamada enérgica de Luna. Por alguna razón, había encontrado muy divertido anunciar su presencia, haciéndolo cada vez que tenía oportunidad de. Eso quería decir no sólo cuando regresaba de un viaje, sino también cuando regresaba sólo del jardín; incluso la había oído una vez cuando nada más entró a su habitación.

Por lindo que eso fuera, hoy lo hizo maldecir. ¡Era demasiado pronto!

Buscando frenéticamente por una forma de escapar, rápidamente agarró el montón de papeles y los arrojó en el primer cajón de la alacena de la cocina, antes de que se apresurara a interceptar a las dos mujeres. Como era de esperarse, Luna se lanzó a sus brazos tan pronto como apareció.

—Hey, bienvenida a casa —la saludó él de vuelta con un breve abrazo —. ¿Cómo estuvo el campo de juegos?

—Mojado —respondió Hermione por su hija, arrastrando los pies tras ella —. Por si no lo notaste, está lloviendo afuera.

—¿Oh? —dijo él, parpadeó, mirando por la ventana para ver que ciertamente el chaparrón afuera, y la playera de la Luna de repente también se sintió húmeda. Pero la niña rompió el abrazo, ya moviéndose de nuevo al pasar corriendo al lado de él.

—No lo noté, estaba, ya sabes, ocupado —le dijo a su igualmente empapada esposa mientras se levantaba —. Y ustedes llegan un poco, ya sabes, temprano.

Hermione gruñó, unas cuantas gotas escapando su corto cabello mientras sacudía su cabeza incrédula.

—¿Todavía no terminaste? ¡Eso no debía de haberte tomado más que unos cuantos minutos!

—Es más fácil decirlo que hacerlo —susurró él de vuelta. Es difícil hacer una elección…

—¡Tiene que ser un chiste! Todo lo que tenes que cuidar es no dejar un espacio demasiado grande en algún lugar en medio y de ser posible no los más recientes…

—¡¿Qué es eso?! —exclamó en un llamada de la cocina la interrumpió, causando que ambos se estremecieran.

Hermione le dio una mirada de te lo dije, antes de que fueran con Luna, esperando que no lo halla notado. Ella estaba, sin embargo, ya en el mismo cajón que él había usado para esconder dentro su crimen. Aparentemente un poco demasiado rápido, ya que la mitad inferior del montón se asomaba.

Harry quería decirle que debería ignorarlo, pero, interrumpido por un codazo de la fastidiada mujer a su lado, fue incapaz de detener a su niña de sacar los papeles.

—¡Mis dibujos! —exclamó Luna, visiblemente confundida.

Una mirada que Harry odiaba mucho, la segunda solamente a otra. Y estaba seguro de que vería esa temida mirada lastimada en cualquier momento si no se inventaba una buena historia.

La esperanza de ayuda de su esposa fue aplastada antes de que pudiera expresarla.

—Voy a buscar unas toallas y ropa fresca. —anunció, ya dejándolo para manejar su desastre por su cuenta.

Luna aún lo estaba mirando fijamente con grandes ojos expectantes, apretando sus obras maestras contra su pecho.

Suspiró.

—Vení, Luna —le pidió él, sentándose en una silla, ayudándola a subir a su regazo. Una vez sentada y sus brazos alrededor de ella, continuó —. Mira alrededor. ¿Qué ves?

Luna miró alrededor por un rato, sus ojos vagando por todos lados.

—La cocina —respondió eventualmente de forma honesta.

Él no pudo evitar sonreír ante eso.

—Sí, Pero ¿Qué hay en las paredes, en el refrigerador y las alacenas?

Esta vez la respuesta vino un poco más rápida.

—¿Mis dibujos?

—Sí, tus dibujos —suspiró Harry otra vez, dejando que sus ojos vagaran también por todos los crudos dibujos, la mayoría de ellos representando su pequeña familia u otros importantes escenarios en su corta vida.

Honestamente, no le llamaría a ninguna de estas piezas obras de arte dignas de una exhibición.

Pero había sido su hija quien las había dibujado, presentándolas con orgullo y alegría. ¿Cómo podía no ponerlas? Hermione a menudo se quejaba que accedía demasiado fácilmente, que por eso las habitaciones estaban tan llenas con dibujos que tal vez también ya eran papel tapiz. Por supuesto, ella a menudo se olvidaba que en la mayoría de los casos muchos de ellos habían sido puestos ahí por ella misma.

Sin embargo, desde hacía mucho ya se había vuelto demasiado. Finalmente tenían que trazar la línea. Pero ninguno de ellos quería ser el malo para decirle a Luna que ya no querían más sus dibujos. Así que habían decidido en secreto hacer espacio para sus trabajos nuevos de vez en cuando, quitando un dibujo viejo de aquí y allá; no demasiados, ni trabajos muy recientes que pudieran atrapar la atención de la pequeña. Había funcionado bastante bien por un tiempo.

Hasta ahora.

Su brazo derecho se apretó alrededor del pequeño cuerpo de su hija, su mano izquierda acariciando su cabello aún húmedo que le llegaba a los hombros. ¿Cómo decirle esto sin lastimar sus sentimientos?

—Mmm…. Sos tan productiva que nos estamos quedando sin espacio para tus dibujos. Así… así que tenemos que quitar algunos.

—¿Ya no te gustan?

Harry hizo una mueca de dolor ante esa voz.

—¡No! No, no es eso. Pero no podemos poner más de tus nuevos… hermosos dibujos. ¿Entendes?

Luna se rascó su cabeza.

—Creo… —murmuró —. ¿Entonces que vamos a hacer con los viejos?

Harry se mordió la lengua. Difícilmente podía decir tirarlos a la basura.

—¿Q-qué tal una gran caja para ellos? —le ofreció él —¿'La gran caja de dibujos de Luna'?. ¿Sería esa una idea?

Una gran sonrisa apareció en el rostro de la niña mientras asentía.

—¿Por qué no vamos arriba para buscar una entonces? —continuó él entusiasmado, aliviado al máximo. Las cosas que tenía que hacer para verla sonreír.

Pero antes de que Luna pudiera responder, una toalla mullida de repente cayó sobre su cabeza, sacándole un chillido.

—¡No tan rápido! —exclamó Hermione, dándole una fugaz sonrisa a Harry mientras empezaba a frotar el cabello empapado de la niña —. No queres que te dé un resfriado. ¿No?

—¡Nooo! —protestó Luna dando risitas, antes de que su madre cesara de secarla.

—Entonces primero deberíamos quitarte esa ropa. —explicó Luna mientras la levantaba del regazo de Harry, poniéndola de vuelta en sus pies.

Luna continuó secando su cabello mientras era llevada por su madre fuera de la cocina. Pero justo antes de que salieran de la habitación, se soltó de la mano de su madre y se dio la vuelta hacia Harry.

—Y Papá —dijo ella, alzando la toalla un poco de su rostro radiante —. No te preocupes. ¡Ya que te gustan tanto, voy a hacer mi mejor esfuerzo para dibujar tantos nuevos dibujos tan rápido como pueda por los que tienen que irse!

~0~0~

—¿Y de verdad puedo elegir lo que yo quiera? —preguntó Luna por milésima vez mientras enérgicamente guiaba a su padre a través de la ciudad.

—Bueno, eso es lo que te prometí. ¿No? —respondió Harry con un suspiro. Ya estaba retractándose de haber escogido semejantes palabras para apaciguar su consciencia. Había tomado lo de los dibujos mucho mejor de lo que esperaba, pero aún se había sentido culpable por haberle mentido todo el tiempo. Y podía funcionar como un regalo prematuro para su cercano tercer cumpleaños. Pero, aun así… debió haber sido más específico en términos de su naturaleza.

—Siempre y cuando sea algo razonable —trató de recordarle a su hija.

La ancha sonrisa que su hija le mostró fue todo menos tranquilizadora, sin embargo. Obviamente tenía algo especial en mente, pero no se atrevía siquiera a pensar en lo que elegiría. Y mucho menos cómo se suponía que se lo iba a explicar a Hermione. Más grande fue su suspiro de alivio cuando tras varios minutos de ser jalado a través de las ruinas, notó que estaban frente a la tienda de juguetes que habían frecuentado juntos de vez en cuando.

Luna ya estaba a punto de escalar por el mostrador con el cristal roto, antes de que él la atrapara en sus brazos.

—¡Cuidado! —advirtió él a su siempre presurosa hija, levantándola —. ¡Te podrías cortar con el vidrio si no tenes cuidado! —explicó Harry preocupado, mientras la ayudaba a pasar los restos filosos y puntiagudos de la ventana y la ponía en un área sin fragmentos.

Harry sonrió orgullosamente al mirar los grandes ojos de su hija buscando el objeto de su deseo, aún más cuando empezaron a brillar al haberlo encontrado. Pero el sentimiento cálido de inmediato se congeló al ver lo que Luna había elegido cuando lo alcanzó.

—¡Quiero esta! —proclamó ella felizmente mientras la sostenía en sus brazos.

—De todas las cosas… ¿Esa…?

~0~0~

—¡Ya vine!

Hermione sonrió al escuchar la voz de su hija convertida en totales risas cuando Harry añadió: Yo también.

Más sorpresa fue para ella ver la cara malhumorada de él cuando fue a saludarlos. Luna, sin embargo, radió más que nunca, aún más cuando vio a su madre.

Y entonces, todo pareció congelarse.

Los ojos de Hermione se abrieron como platos por el miedo, un miedo que pensaba haber olvidado hacía mucho, al ver lo que su hija sostenía tan felizmente.

—¡Mira, Mamá!

Una muñeca.

—¡Se parece a vos, Mama!

Una pequeña muñeca de trapo con esponjado cabello castaño.

—¡Ahora podes estar siempre conmigo!

—¡NO!

En una furia ciega, tomó el juguete de sus pequeñas manos y lo arrojó con todas sus fuerzas. Se estrelló contra la pared, causando que una costura ya suelta alrededor de su cuello se reventara.

Por un momento todo estuvo en silencio excepto por sus propios jadeos.

Eso fue hasta que un pequeño gimoteo la trajo de vuelta a la realidad. Mientras se daba la vuelta su corazón fue apresado por un terrible sentimiento de culpa, cuando vio a Luna mirándola incrédula y herida.

—¿Qu… Ma…? —sus sollozos incluso cortaron las palabras. Con ojos húmedos miró al ahora objeto roto que había sido su razón de felicidad sólo hacía unos momentos; luego miró a su madre. No era difícil suponer lo que quería preguntar, sus ojos diciendo más que suficiente.

¿Por qué había hecho eso? ¿Cómo pudo ella, su madre, lastimar sus sentimientos así?

Hermione, sin embargo, no tenía respuesta. Y el quedo lamento de Luna se convirtió un desgarrador grito del corazón.

—Luna…

Pero cuando Hermione dio un paso titubeante hacia su hija, la pequeña niña se alejó de ella.

—Luna, yo…

Pero Luna se dio la vuelta y corrió llorando hacia su habitación.

Hermione quería sostenerla, decir algo, que lo sentía, que no quería lastimarla, pero cuando abrió su boca su voz le falló.

—(¿Qué fue lo que hice…?) —trató de contener sus propias lágrimas. ¿Cómo pudo haber asustado a su propia hija así…?

—Perdóname… —dijo Harry, quien se había quedado en silencio todo el tiempo, murmuró mientras levantaba los restos de la muñeca —. Traté de persuadirla para que eligiera algo diferente. Sabía que tal vez ibas a reaccionar… de forma delicada al respecto. Pero ella, ella lo deseaba tanto. Se veía tan feliz, simplemente no pude…

De repente se quedó callado otra vez cuando Hermione sacudió su cabeza y titubeando tomó el cuerpo de la muñeca de su mano y la cabeza de la otra.

—Yo soy la que debe disculparse —murmuró Hermione, cuidadosamente tomando las partes separadas —. Creo que es hora de que entierre a mis demonios. Especialmente si también empiezan a lastimar a mi hija como lo hizo ella…

~0~0~

Hermione respiró profundamente, antes de tocar suavemente la puerta de la habitación de Luna. Sin esperar realmente una respuesta, lentamente la abrió y entró.

Dolor por la culpa se aferró nuevamente a su corazón, viendo la pequeña forma de su hija estremecerse ante su presencia, yaciendo acurrucada en la cama, sin dirigirle la mirada.

—¿Luna? —llamó Hermione suavemente, pero la única respuesta de la niña lastimada fue temblar aún más.

Hermione suspiró tristemente. Sabía que no sería capaz de alcanzarla en este estado. Calladamente, caminó hacia la cama y se sentó en un lado. La única reacción de Luna fue un fuerte gemido entre los silenciosos sollozos.

—Luna, yo… perdóname por lo que pasó allá fuera. No fue tu culpa, yo sólo estaba… no sé… asustada por un momento. Sólo fue un reflejo de un mal recuerdo. Pero eso ya pasó, te lo prometo.

Miró a su hija por cualquier señal de respuesta a su excusa, pero Luna o no lo entendió o estaba siendo la hija de su madre, demasiado testaruda para acceder tan fácilmente. Y tal vez Hermione no se merecía el perdón así nada más.

Pero es por eso que pagó con dos pinchazos en sus dedos mientras hacía las costuras.

—Puedo entenderte si no queres hablarme otra vez por lastimar tus sentimientos así. Pero… aquí hay alguien con quien tal vez quieras hablar.

Cuando colocó la muñeca justo enfrente de sus ojos, la tensión de Luna inmediatamente se desvaneció. Dudando la niña agarró a la pequeña castaña, luego instantáneamente rodeó sus brazos a su alrededor. Se incorporó, la boca abierta al finalmente mirar a su madre de nuevo, todo rencor olvidado.

—¿Pero… cabeza…? —preguntó Luna entre sollozos.

—La arreglé —dijo Hermione sonriendo, acariciando el cabello de su hija. Los labios temblantes de Luna fueron la única advertencia que obtuvo, antes de que el pequeño cuerpo se estrellara con el suyo. Hermione puso sus brazos alrededor de la niña, sosteniendo a Luna de cerca mientras ella lloraba.

—Shh —intentó calmarla —. Perdón. Perdóname si te asusté. No hiciste nada malo. No tenes por qué llorar…

Todavía sollozando, Luna secó sus lágrimas con un brazo.

—Está bien. Ya no voy a llora.

Un escalofrío recorrió la espalda de Hermione al escuchar esas palabras. Conscientemente, sabía que Luna no quiso decirlo de esa manera, pero con el fantasma del pasado todavía rondando en su mente, sonó demasiado como esa resolución fatal que ella misma hizo una vez.

—No —rogó ella sosteniendo la mejilla de Luna para verla a los ojos —. Llora cuando estés triste. Ríete cuando estés feliz. Nunca contengas tus sentimientos o un día vas a olvidar cuál es verdadero. ¿Me lo prometes?

La niña se veía confundida, pero asintió de todos modos.

—Lo prometo.

Hermione dio un suspiro de alivio, acercando a Luna a su regazo, quien a su vez tenía a la muñeca en sus manos.

—Entonces… ¿Cuál es su nombre?

—¿Nombre? —preguntó.

—¿Quééé? ¿Todavía no pensaste en un nombre? —preguntó Hermione de forma exagerada —. Estoy segura de que se pondría triste sin uno. Tenemos que pensar en algo que podamos llamarla.

Luna se rascó su cabeza.

—Pero no sé…

Una sonrisa apareció en los labios de Hermione cuando una idea le llegó. ¿Qué sería mejor contra sus demonios que enfrentarlos valientemente sin mostrar una pizca de miedo?

Sus dedos pasaron a través de los mechones castaños de la cabeza de la muñeca mientras descansaba la suya sobre el hombro de Luna.

—¿Qué tal Jane? —susurró apenas.

—¿Ja-Jahane?

—No, no, Ja-ne. —trató de explicar, pero la atención de Luna aparentemente ya estaba en otro lugar en vez de escuchar a sus consejos.

—¡Nenê! —exclamó alegremente, abrazando la muñeca. Su gran sonrisa haciendo obvio que no habría forma de hacerle cambiar de opinión otra vez.

Hermione dio una risa ahogada ante la conmovedora escena, alborotando el cabello de su hija.

—Está bien entonces —dijo inclinándose y besando la parte trasera de la cabeza de Luna —. 'Nenê' se llama.

Se sentía genial finalmente dejar ir el pasado. Pero eso no era nada comparado con verla feliz.

~0~0~

—¡Nooooo!

—Sííííí —respondió Harry a la protesta de la niña en sus brazos. No importaba lo que ella dijera, obviamente estaba cansada, habiendo ya pospuesto su hora dormir por una hora —. ¿O queres lavarte los dientes otra vez?

—¡Nooooooo! —gimoteó Luna aún más fuerte, sacudiendo tan fuerte su cabeza como pudo.

—Bueno, está arreglado entonces —declaró él mientras la sentaba en su cama. No peleó mientras le sacaba la blusa por la cabeza. Sin palabra alguna, le dejó a su padre vestirla en su camisón.

—Luna. ¿Saliste sin tus sandalias otra vez? —preguntó Harry al ver sus pies cuando se arrastró a su almohada.

Ella sólo asintió mientras se daba la vuelta, tomando su muñeca para ponerla a su lado.

—Sin sandalias, sin zapatos, sin calcetines —murmuró Harry, sacudiendo su cabeza —. ¿No te duele correr por ahí así cuando pasas encima de todas esas rocas puntiagudas allá afuera?

—Uh-uh —negó Luna.

—Sí, supongo. Sólo mira los callos que ya tenes ahí. Ya ni siquiera te dan cosquillas aquí —dijo Harry con una sonrisa maliciosa que se mostró en sus labios —. ¡Pero apuesto a que todavía te dan bajo las axilas!

Luna no pudo hacer más que chillar de risa cuando su padre le saltó encima, sus dedos tamborileando bajo sus brazos. El ataque sin embargo sólo duró unos cuantos segundos ya que vino a verla descansar, sus risitas desvaneciéndose en una amplia sonrisa.

—Buenas noches —dijo Harry a su hija, dándole un beso en su frente, antes de arroparla —. Que duermas bien. Te amo.

—¡A Nenê también! —murmuró Luna instantáneamente desde debajo de las mantas.

Harry dio una risa ahogada antes de agacharse y darle un breve beso a la muñeca.

—Buenas noches, Nenê —dijo juguetonamente. Al mirar de nuevo a su hija ella ya tenía sus ojos cerrados. La vista le derritió el corazón y la saboreó unos cuantos segundos más hasta que fue a apagar las luces.

—¿Papa? —la voz baja de Luna lo detuvo —. Contame una historia.

—(Debí haberlo supuesto). —pensó mientras sonreía para sí mismo mientras regresaba a la pequeña butaca al lado de su cama.

—¿Algún deseo en especial? —preguntó, mirando a la mesa a su lado donde sus libros de cuentos favoritos yacían en una pila desacomodada. La única respuesta fue una sacudida de su cabeza.

—Bueno pues… —empezó calladamente —. Había una vez un mago solitario, que siempre estaba demasiado asustado de acercarse a los demás, pero una misteriosa rata de color rojo, y una feroz princesa de un país muy lejano se hicieron sus amigos. Juntos, lucharon contra muchas bestias y personas malas con sus varitas mágicas. La varita del príncipe tenía 28 centímetros de largo y era de madera de acebo con una pluma de fénix dentro suyo. La de la misteriosa rata era vieja y estaba rota. La de la princesa era tan hermosa como ella, marrón como su pelo, y media 27,3 centímetros con corazón de dragón.

—Al príncipe realmente nunca le gustó pelear, pero sabía que la princesa y la rata necesitaban de su ayuda y lo hizo por su bien, ya que ellos eran la razón por la que ya no se sentía tan solo desde que los conoció. Pero sólo se engañaba a sí mismo. Aún estaba demasiado asustado para acercárseles realmente; se dijo a sí mismo que ya había obtenido la felicidad al ser aceptado por pelear contra sus enemigos.

—Pero cuando la princesa fue lastimada en las batallas y la rata los traicionó, se dio cuenta de que estaba solo otra vez. La Luna se le acercó durante ese tiempo, y de nuevo el príncipe tomó el camino fácil. Pero la agradable Luna resultó que había sido enviado por alguna clase de loco destino. El príncipe no tuvo opción más que aceptar su ayuda, pero la Luna no ofreció resistencia alguna ante los peligros que se iba a enfrentar, prefiriendo pelear incluso hasta el último instante antes de ser una cobarde ya que no quería que el príncipe perdiera su vida. Habiendo sido forzado a tomar decisiones tan espantosas durante el tiempo, el príncipe perdió la poca fe que le quedaba en las personas y en sí mismo.

—Entonces el enemigo más malvado del príncipe lo enfrentó. La hermosa princesa, que acababa de recuperarse de muchas cosas malas que le habían hecho, peleó valientemente contra todos los que aparecieron delante de ella y pareció ganar. Pero a este enemigo no podía. El príncipe sabía esto, pero aún estaba perdido en su autocompasión por la traición de su novia y de la rata, diciéndose que no podía hacer nada para ayudarla en ninguna forma, que eventualmente la perdería de todos modos.

—Pero fue su voluntad la que tomó la decisión por él, moviéndolo por sí mismo a la pelea. La pérdida aguijoneó su corazón cuando vio la cantidad de amigos muertos, había comenzado a amar a la princesa de cabello castaño, y la culpa nubló su mente por no haber venido más pronto con ellos. Y entonces cometió un error de matar a su enemigo y romper la varita más poderosa de todas. El mundo colapso.

—La Luna escuchó la agonía del príncipe y decidió otorgarle la voluntad para hacer lo que quisiera. Con ello, llamó a cada alma de la Tierra y le ayudaron a darse cuenta de que podía tener cualquier cosa que deseara si sólo creía en sí mismo. Por el deseo del príncipe, la Luna habló con él para limpiar el planeta de amigo y enemigos por igual. El príncipe temió que sería el único en vagar por la Tierra de ahora en adelante, pero entonces vio a la princesa de cabello castaño que amaba. Había sido revivida y juntos él…

—¿Papa? —lo interrumpió Luna cansada.

—¿Sí?

—No deberías ponernos a ti, a Mama y a mí en tus historias…

Sonrió, gentilmente pasando su mano sobre la cabeza de ella.

—¿Te diste cuenta?

—Hmm… —fue lo último que pudo decir en afirmación.

Harry se quedó sentado al lado de su hija que estaba durmiendo por varios minutos, la sonrisa orgullosa nunca desapareciendo de sus labios mientras lentamente acariciaba su cabello, compartiendo su calidez para dejarle saber, aún en su estado subconscientes, que su padre estaba allí para protegerla de cualquier mal sueño.

Al príncipe nunca le gustó pelear. Pero haría todo en su poder para asegurar que su y la hija de la princesa de cabello castaño viviría feliz para siempre. Porque mientras el Sol, la Luna y la Tierra existieran, cualquier lugar podría ser un paraíso.

~0~0~

—¡PAPA!

Sobresaltado, la atención de Harry fue llevada del montón de ropa sucia que estaba organizando a la figura sollozante de su hija que fue corriendo hacia él desde el baño. Instantáneamente, la rodeó con sus brazos.

—Hey, hey, shh —dijo Harry tratando de calmarla —. ¿Qué pasa?

—Mamá… Mamá fue mala conmigo… —chilló Luna mientras se pegaba más a su padre, con lo cual entendió de qué iban los gritos que escuchó afuera hacía poco. Había hecho algo para disgustar a Hermione quien la regañó por ello y ahora estaba tratando de ponerlo de su lado contra su esposa. Y realmente odiaba tener que ser atrapado entre las dos mujeres que podían hacerlo hacer cualquier cosa que ellas quisieran.

—Oh… bueno, sé que Mamá puede enojarse mucho a veces… —trató de decir Harry en la mejor forma que pudo pensar para complacer a Luna, pero antes de que pudiera clarificar, sintió una punzante bofetada en la nuca —. Pero estoy seguro de que ella tuvo una buena razón… —rápidamente terminó por miedo de enojar a la castaña detrás de él todavía más.

—¡Podes apostar a que la tenía! —la voz enojada de Hermione le retumbó, antes de dirigirse a Luna —. ¡Y pensé que me expliqué lo suficientemente bien! ¿No te dije que te fueras a tu habitación?

—Pero… —intentó Luna, pero fue instantáneamente bloqueada.

—¡Sin peros! —gritó Hermione con su dedo señalando hacia el cuarto de la niña —. Ahora mismo.

El rostro de Luna era una mezcla de dolor y enojo, el ceño fruncido, los labios temblando, pero eventualmente corrió fuera del lugar, el sonido de una puerta azotándose siguiéndola poco después.

Harry pudo decir que estaba molesta, asustada sólo de un castigo, a diferencia del incidente en el día en que obtuvo a Nenê. Pero todavía así, verla de esa forma le dolía a él también.

—¿No fue eso un poco rudo?

—¡Si no me quiere escuchar cuando le explicamos las cosas tranquilamente, supongo que tenemos que alzar la voz a veces! —gruñó Hermione de todas formas.

Harry tragó saliva fuerte. Sabía que había algo de verdad en eso, pero dudaba que fuera capaz de ser tan agresivo con su pequeña niña.

Poniéndose detrás de Hermione, puso cuidadosamente sus manos sobre sus hombros, algo temeroso de que estallara ante el contacto.

—¿Por qué… por qué no te calmas un poco primero ¿Realmente fue tan malo lo que hizo?

Tuvo más éxito del que esperó ya que ella de repente se oyó alicaída y cansada en oposición a su rabia previa.

—Estaba en el techo, revisando los paneles solares. Podía verla jugar en el jardín desde allá arriba y sabe que no debe seguirme, así que pensé que estaba bien. Pero de repente estaba allá arriba, balanceándose cerca de la cuneta, incluso con Nenê en brazos. Probablemente sólo quería ver qué estaba haciendo, pero… —dijo Hermione pero repente tembló ligeramente bajo su tacto —. ¿Y si se hubiera asomado demasiado lejos? Pudo haberse roto una pierna o un brazo o algo peor si se hubiera caído. ¡La semana pasada quemó la alfombra al jalar la lámpara y ahora esto!

—Bueno, probablemente está probando sus límites —dijo Harry.

—¡Sí, y es por eso que necesitamos dibujar una línea ahora o ella irá más y más lejos! Finalmente necesita entender que algunas cosas son demasiado peligrosas de hacer.

Harry suspiró, mordiéndose el labio mientras miraba a su esposa. Sabía que tenía razón, pero…

—¡Y deja de hacer esa mirada de súplica! ¡No voy a ser la única mala! ¡Vas a regañarla también cuando sea necesario!

Una vez más, Harry suspiró.

—Sí, querida…

~0~0~

Una cosa acerca de la que Harry Potter no podía quejarse era la falta de sorpresas en su vida. No siempre eran tan devastadoras como ser persuadido a sacrificar su vida contra un Mago Oscuro que casi lo mató; saber que te convertís en padre; o incluso provocar el fin del mundo. Pero eso no quería decir que fuera inmune a las más pequeñas.

Justo como esa mañana en la que, aún somnoliento y bostezando, entró a la cocina para encontrarla únicamente iluminada por varias velas. Habría esperado algún tipo de problema con la energía, si las velas no hubieran estado en un minuciosamente decorado pastel que estaba en la mesa y las dos aparentemente mucho más despiertas mujeres detrás de él.

—¡SORPRESA! —lo saludaron Hermione y Luna en voz alta, sacándole el sueño instantáneamente, pero su confusión no se desvaneció tan fácilmente.

—¡Feliz cumpleaños, Papa! —gritó Luna mientras corría hacia él, estirando sus brazos para darle a su atontado pero condescendiente padre un gran abrazo que sólo estuvo dispuesta a romper para dejarle el lugar a su madre.

—Feliz cumpleaños, mi amor.

—Pero si ni siquiera sabemos cuándo es mi cumpleaños —dijo Harry indirectamente a su esposa calladamente mientras le besaba una mejilla.

—Ella me preguntó cuándo era el suyo y sólo dije que el tuyo era tres meses después y el mío en otros dos —susurró Hermione de vuelta —. Realmente no esperaba que lo recordara, pero hace tres días me preguntó que deberíamos darte de regalo.

—¿Un regalo también? —preguntó él, más fuerte esta vez.

Lo bastante fuerte para que Luna lo escuchara.

—¡Oh, voy por él!

—¡No, espera! ¡Vamos a buscarlo juntas! —llamó Hermione a la niña que ya estaba fuera de la habitación, rápidamente siguiendo a su hija.

Harry tomó la oportunidad para dejarse caer en una silla.

—¿Qué podría ser? —se preguntó.

Pronto, las dos conspiradoras regresaron, cargando un paquete cada una (o más bien Hermione cargando uno grande y Luna sosteniendo en sus manos un paquete aún más pequeño). Harry sonrió ante la linda vista, pero también porque ya podía adivinar la naturaleza de su regalo por la forma.

—¡Wow! ¿Me pregunto qué será? —dijo Harry fingiendo ignorancia de todos modos mientras recibía ambos paquetes.

—¡Es un libro! —reveló Luna emocionada antes de que siquiera empezara a desenvolver el paquete, instantáneamente escondiendo su dulce risa detrás de sus manos ahora que le había dicho a pesar de que se suponía que no debía hacerlo.

—¿Lo es? —le siguió la corriente, arrancando los últimos trozos de papel, exponiendo ambos libros. Sin embargo, él no dijo nada en un primer momento, uno de los regalos era un pequeño libro hecho a mano de dibujos de mariposas azules y el otro era, un libro de canciones decorado con lechuzas nivales —. Hedwig… —susurró.

—¿Te gustan? ¡Mamá dijo que te gustaría!

—Sí, es genial —exclamó Harry quitando de su mente a su pequeña amiga, dándole a su hija un abrazo —. Muchas gracias —añadió, mientras también miraba a su sonriendo contentamente esposa.

—Bueno. ¿Qué estás esperando? —preguntó Hermione demandante, después de que dejó ir a Luna. —¿No vas a cantarnos algo?

Harry la miró fijamente, luego al cancionero.

—Uh… pero yo no sé cantar —murmuró Harry disculpándose mientras le guiñaba el ojo a Luna—. Y probablemente necesito practicar primero…

—¡Oh, vamos!

—Está bien, está bien… —concedió.

La expectativa de ella en esto le hizo preguntárselo. Después de todo, nunca había tenido mucha oportunidad de cantar salvo en privado cuando Luna era bebé y alguna canción azarosa en algún momento. Con el paso de los años, casi lo había olvidado. Pero…

—Me acuerdo de una canción… la había escrito cuando Luna era una bebé… —dijo Harry parándose y yendo a buscar algo. Cuando volvió tenía un papel en sus manos —. Dice… Si pudiera…comenzar a ser… —Hermione atrapó a Luna justo antes de que sus dedos pellizcaran el pastel al que se dirigía y jaló a la ligeramente sobresaltada niña en su regazo mientras ella misma se sentaba. Cerró sus ojos, sosteniendo de cerca a su hija mientras escuchaba como cantaba él. Por la forma en que sonreía, rápidamente pareció derretirse en la música, dejando que la llevara a donde su mente fuera —… la mitad de lo que crees de mí… cualquier cosa podría hacer… y podía aprender a amar…. Cuando veo que actúas así, me preguntó porque me amas…. Cualquier cosa podría hacer…y podría aprender a amar… Como tú… como… como tú…. Siempre creí que sería malo, y ahora sé que es verdad. Porque tú eres tan buena y no soy como tú. Viniste hoy y ya te adoro ¿Quisiera saber… qué te hace pensar que especial soy? …Si pudiera comenzar a hacer…algo que esté bien para ti. Cualquier cosa podría hacer…y podría aprender a amar…. Cuando veo que actúas así, me preguntó porque me elegiste. Cualquier cosa podría hacer y podría aprender a amar como tú… como… como tú…

Unos pocos minutos después cuando ya había terminado la canción, él pudo oírla susurrar a Luna.

—¿Sabias? Un día en el que el que era muy pequeña y recién había nacido… la escuché cantarla, pero luego, cuando creciste, nunca más lo hizo.

Pero Luna no intervino.

—Todo eso es muy triste —murmuró decepcionada —. ¿Por qué no cantas una canción feliz?

Harry alzó una ceja.

—¿Una canción feliz?

—Sí, ya sabes, una canción que sea más… —la niña miró al suelo, pensando por un momento, antes de agitar sus brazos de forma expresiva —. Feliz, como Paz y amor en la tierra ver.

—Ahhh… una canción 'feliz'… —dijo Harry tratando de sonar como si hubiera entendido, pero sólo pudo hacer una suposición de a lo que se refería. Tal vez fuera lista para su edad, pero a veces deseaba que su vocabulario fuera sólo un poco más explícito.

—Te voy a decir algo —continuó, inclinándose hacia ella —. Esa canción es feliz, porque simboliza mi amor por vos, por tu nacimiento. Porque cuando llegaste a nuestra vida la llenaste de color y amor —dijo mirando Hermione —, ya era feliz. Pero nos diste una razón por la cual vivir a ambos. —con la última palabra levemente tocó su nariz con la punta de su dedo, sacándola una risita su hija.

… Quien continuaba mirándolo fijamente con grandes, expectantes ojos.

—¿Ahora?

Harry se tragó su quejido bajo una débil sonrisa.

—A-ahora mismo no. ¿Está bien? Te prometo que ya vas a entender el significado de la canción, pero no ahora…

—¿Entonces en el almuerzo?

Esta vez, ni siquiera trató de ocultar su suspiro.

—Y-ya veremos…

No estaba seguro si Luna estaría satisfecha con eso como respuesta, pero Hermione intervino de todas formas, dejando a su hija volver al suelo.

—¿No hiciste un dibujo de cumpleaños especial para Papá?

—¡Oh sí!. ¡Ahora vengo! —exclamó Luna, ya de camino a su habitación.

Harry dio un suspiro de alivio, antes de dirigir su mirada suplicante hacia su esposa.

—Por favor decime si conoces alguna canción 'feliz'.

—¿Yo? —dijo Hermione riendo, dándole palmaditas en su hombro —. Oh no, no, no. Vos te metiste en esto; ahora veamos cómo sales por tu propia cuenta.

~0~0~

El día era tan brillante como el rostro de Luna. No podía recordar cuánto había pasado desde su último picnic, pero para ella le parecía una eternidad.

—¡Luna, no tan rápido!

Pero como una niña típica de tres años de edad, no tenía intención de escuchar la petición con buenas intenciones de su madre, de cuya mano acababa de liberarse. Ahora que los destellos azules del lago estaban a la vista, la tentación de correr el resto del camino para llegar ahí tan rápido como fuera posible era demasiada para resistirla. Por supuesto, a comparación de sus padres tenía la ventaja de que sólo estaba cargando a Nenê, no utensilios de pesca, una nevera y dos bolsas con el resto de las cosas y comida que necesitaban para su día lleno de nadar y hacer un picnic.

Pero como una típica, demasiado apresurada niña de tres años d edad, Luna se dio cuenta de que mejor hubiera escuchado a su madre al tropezar con una rama y caer de bruces en el pasto. El dolor no fue tan malo como para revertir el entusiasmo previo completamente en un fuerte lloriqueo, pero el shock le borró la sonrisa de la cara. Aún antes de que pudiera volver a levantase, la calidez de los brazos de su madre ya la había rodeado.

—Oh, Luna. ¿Estás bien? —dijo la voz tranquilizadora de la mujer la confortó mientras cuidadosamente le daban la vuelta.

Luna asintió lentamente mientras los ojos consternados de su Mama examinaban el diminuto cuerpo buscando cualquier magulladura, pero sólo había algo de tierra en las rodillas que rápidamente fue sacudida. Un beso en la frente de la niña completó el breve chequeo.

—¿Ves? Es por eso que te dije que no corrieras tan rápido —explicó la mujer, por fortuna sonando no demasiado como un regaño.

De nuevo Luna asintió y tomó la mano de su madre mientras se levantaba, tímidamente caminando al lado de sus padres el resto del camino. Pero no importaba qué tan desconcertador había sido ese incidente, rápidamente se ocultó en el fondo de su mente cuando finalmente llegaron al lago. Instantáneamente se apresuró a la orilla, riendo mientras dejaba que el agua que bañaba sus pies descalzos salpicara mientras corría a través de ella.

—Todavía no te metas —vino el recordatorio innecesario desde atrás de ella, donde sus padres estaban colocando la gran manta.

Amaba el lago, pero, aunque no lo admitiría, estaba un poco asustada de estar ahí dentro sin mamá o papá a su lado para cuidarla.

—Anda con ella —dijo Harry —. No parece que pueda seguir así por más tiempo. Yo termino esto.

Se dio la vuelta expectante para ver a su madre acercarse con dos objetos familiares en su mano, su ancha sonrisa reflejando la propia de Luna.

—Así que. ¿Está mi pececita de oro tan ansiosa de ir a nadar? —preguntó ella mientras se agachaba hacia su hija, quien respondió asintiendo salvajemente. La mujer dio una risa ahogada ante eso —. La verdad no entiendo porque no estás entusiasmada ni tan de cerca en casa cuando se supone que tenes bañarte. Oh bueno, vamos a prepararte entonces. ¿Huh?

Rápidamente, su Hermione ayudó a Luna a quitarse la ropa, antes de poner los flotadores en sus pequeños brazos. A Luna no le gustaban mucho, pero sus padres insistieron en ello y hacía mucho había aprendido que protestar era inútil en esta cuestión. Una vez su madre la soltó, la niña lentamente vadeó en el lago hasta que sus pies fueron completamente cubiertos por el agua, antes de que la incómoda sensación regresara y miró atrás, esperando a que su Mamá terminara de desvestirse y la siguiera.

Nenê tenía que ver desde la orilla mientras iban más profundo en el agua y Luna rápidamente sintió la humedad subir hasta su pecho. Aún le daba una sensación de peligro, pero al sentir a su madre detrás de ella, lista para ayudarla, en cualquier caso, no se preocupó. Aun cuando sus pies ya no tocaban más el suelo.

Trató de seguir un poco más, probando su valor para ir aún más lejos que antes. Pero por supuesto, su madre instantáneamente lo había notado.

—¡No Luna, hasta ahí es suficiente! —le recordó ella.

Luna quiso protestar, tratando de obtener permiso para ser más atrevida hoy, pero nunca tuvo la oportunidad. Su madre la agarró, le dio la vuelta en el agua para mirarla, y Luna no pudo evitar reír cuando su propio cuerpo cortó la superficie, causando una gran ola.

Hermione era demasiado grande para sumergirse por completo, pero se acuclilló para que Luna pudiera mirar directamente en su cara sonriente. Su expresión se convirtió sin embargo en una de shock, ya que la niña risueña la salpicó.

—¡Oh pequeña…! —amenazó Hermione juguetonamente con su cabello castaño chorreante.

Una pelea de agua siguió casi instantáneamente, chillidos y risas haciendo eco sobre el lago hasta que ambas estaban empapadas casi igualmente tanto abajo como arriba de la superficie. Eventualmente, sin embargo, la diversión empezó a cesar y Luna empezó a cansarse un poco, así que se declaró la paz (por ahora).

Mirando alrededor, vio una figura distante sentada en una gran roca en la orilla, una caña de pescar en sus manos.

—¡PAPÁ! —gritó Luna, agitando la mano excesivamente.

Él respondió de forma más reservada.

—¿Por qué está tan lejos? —preguntó Luna a su madre.

—Bueno, eso es porque asustaríamos a los pescaditos si estuviéramos demasiado cerca y entonces papá no podría atrapar a ninguno.

—¿Pescaditos?

—Sí por supuesto —dijo Hermione —. ¿Nunca los viste nadar por acá?

Luna sacudió su cabeza.

—Supongo que siempre sos un poco demasiado revoltosa ¿Eh? —dijo Hermione riendo —. ¿Tal vez si estamos calladas, podamos ir a donde está papá y ver algunos pescaditos?

Su curiosidad echando chispas, Luna enérgicamente asintió, prometiendo su silencio al usar ambas manos para cubrir su boca. Sin hacer ruido innecesario, salieron del lago y lo rodearon luego de que Hermione le hubiera quitado los flotadores para ir con su padre.

—¡Hola, Pa…! —empezó, pero fue instantáneamente interrumpida por sus dos padres levantando sus dedos a sus labios, y concordó con el shh ella misma, antes de terminar susurrando con —… pá.

—Luna quería ver los pescaditos —explicó Hermione con una voz baja y Luna asintió.

—¿Oh? —se preguntó Harry —. ¿Queres ayudarme entonces? Podes ver muchos de ellos desde acá.

Los ojos de Luna se abrieron como platos, así como su boca. Esa oferta para trabajar con su papá era, después de todo, aún más atractiva. Él dejó ir su mano izquierda de la caña y le hizo señas para que se acercara, ayudándola a colocarse en su regazo una vez que estuvo en rango.

—Toma —susurró él, guiando sus manos a la caña con las suyas propias —. Ahora vamos a atrapar unos cuantos pescaditos.

—Mira, Cariño —dijo Hermione mientras le daba un codazo, señalando una masa gris, que se movía rápidamente bajo la superficie brillante —. Ahí hay uno.

—Oh, y ahí hay otro —notó Harry.

El que señaló era más grande y lento, viendo el mundo submarino con ojos vidriosos.

Hubo un sonido de chapoteo un poco a lo lejos, la aleta de la cola aún en el aire fue lo que alcanzó a ver Luna.

—¡AHÍ HAY OTRO! —exclamó la niña emocionada, aunque instantáneamente se cubrió la boca otra vez, dándoles a sus padres una risa de disculpa al darse cuenta de su error.

Ninguno sin embargo hizo intento de regañarla.

Se olvidó de todas formas, cuando hubo un firme tirón en el otro extremo del hilo.

—¡Oh, tenemos uno! —explicó Harry —. ¡Rápido, tienes que tirar con todas tus fuerzas!

Ella apretó la caña y jaló con todas sus fuerzas, echándose para atrás tanto como pudo, mientras su Papa ayudaba a enrollar el hilo. Su Mama dio una risita por algo, pero Luna estaba demasiado ocupada para molestarse en pensar sobre qué, jadeando y cerrando fuertemente sus ojos mientras forcejeaba con su poderoso oponente.

—¡Yay! ¡Lo atrapaste! —aplaudió Hermione finalmente y Luna abrió sus ojos otra vez para ver al pez sacudirse salvajemente en el otro extremo de la caña, su padre ya jalándolo cada vez más cerca. Le quitó el anzuelo y lo arrojó en la cubeta roja a su lado.

Radiante de orgullo, Luna bajó de su regazo para investigar su atrapada. El pescadito aún salpicaba nerviosamente en la poca profunda agua de la cubeta.

—¿Qué vamos a hacer ahora con él? —preguntó Luna dandose la vuelta hacia sus padres, cuyas sonrisas disminuyeron un poco.

—Bueno —empezó a explicar Harry —. Ehm… vos… ¿Vos sabes lo que usualmente hacemos con los pescaditos que llevo a casa…?

¿Los que llevaba a casa…? Los llevaría a la cocina y entonces…

Le tomó unos pocos segundos darse cuenta, pero entonces su rostro se contrajo en shock. ¿Su pescadito se suponía que se convertiría en la cena?

—¡NO! —gritó, parándose defensivamente enfrente de su atrapada.

—Luna… —intentó razonar Hermione, pero no lo logró.

—¡NOOOO! —gritó, azotando con sus pies para enfatizar su punto. No les dejaría comer su pescadito. Tomando la cubeta que era la mitad de grande que ella con ambos brazos, simplemente la arrojó al lago.

El pescado se agitó dos veces en el suelo antes de alcanzar su seguridad y libertad en el lago.

Luna se dio la vuelta hacia sus atontados padres, su sonrisa orgullosa y desafiante.

—Temo que de alguna manera siempre vamos a tener que encontrar una manera de alimentarla con pescado en secreto de ahora en adelante —susurró Harry a Hermione.

~0~0~

Hermione nerviosamente daba vueltas en la sala, esperando a que Harry regresara de la habitación de Luna.

—¡Ese idiota, diciéndole que saliera! Debería de ser lo bastante profesional para no ser distraído por sus sugerencias. ¿Y qué si ella no era de mucha ayuda? —exclamó Hermione al aire.

¡Después de todo su bebé estaba enferma!

Claro, no es como si Luna no hubiera estado enferma antes, pero usualmente no era más que un resfriado. Una fiebre alta como esta estaba enteramente en un nivel diferente.

Pareció como una eternidad de ansiosa incertidumbre hasta que Harry finalmente emergió de la habitación.

—¿Bueno? —instantáneamente preguntó Hermione mientras se acercaba caminando.

—Creo que tiene sarampión —reportó Harry su diagnóstico.

—¿Sarampión? —repitió Hermione horrorizada, sus ojos abriéndose como platos por el miedo.

—Sí, incluso ya tiene unos puntos rojos —empezó Harry, instantáneamente alzando sus manos al notar su consternación —. Pero no te preocupes. Todavía tenemos algo de medicina que debería funcionar y ya le di algo para bajar la fiebre…

—¡No, no, no entiendes! —rompió Hermione su intento por calmarla —. Yo… ¡Yo nunca tuve sarampión!

La miró fijamente en shock obvio, sus ojos aún abiertos como platos y fijos en ella mientras se derrumbaba en la butaca cerca de él. Hermione de verdad empezó a preocuparse cuando él no se movió luego de varios segundos. Su reacción era difícilmente una sorpresa, las noticias no pudieron haber venido en peor momento, incluso si no era muy probable que fueran reveladas de otra manera.

—Pero… —finalmente dio señal de vida, su voz cargando un deje de esperanza —. ¿De seguro te vacunaron?

—No lo sé —murmuró solemnemente, sacudiendo su cabeza —. Quiero decir, es lo más probable. Pero nadie se molestó en decírmelo y nunca me molesté en revisar semejantes cosas.

De nuevo se quedó callado, los pensamientos y preocupaciones que estaban pasando por su cabeza casi visibles para ella. Si ella, como una adulta, se contagiara de una enfermedad de niños, fácilmente podía volverse mucho peor y llevar a complicaciones. Para ella, fácilmente podía ser…

—Está bien… —eventualmente respiró, todavía luciendo pensante a pesar de haber empezado la frase —. Yo… no debería de ser mucho problema para ella superarlo, pero para vos… —Harry tragó saliva, nerviosamente frotando su frente. De repente la miró directo a los ojos. Y ciertamente a ella no le gustó esa mirada —. Probablemente sea para lo mejor si hacemos todo para asegurarnos que no te infectes en primer lugar.

~0~0~

Asegurarse de que no se infecte. Había odiado el sonido de esa idea inmediatamente, porque había sabido lo que quería decir eso antes de que él fuera capaz de hacerlo.

Aislamiento.

Había sido separada de Luna durante todo el tiempo que duró la enfermedad de la niña. Separada de su pequeño rayo de sol por días cuando ella la necesitaba más que nunca.

El adiós temporal había sido más desgarrador que lo de para siempre. Luna ya había empezado a llorar antes de que fuera capaz de explicar las razones a su hija ansiosa y toda la esperanza de hacer a Luna entender la situación fue en vano. Harry había tenido que sostener a la niña, incapaz de tranquilizarla ya que ella trató desesperadamente de ir con su madre, queriendo nada más que ser tomada en sus brazos. Nunca se había sentido tan difícil para Hermione no acceder. Muchas lágrimas fueron derramadas esa noche, demasiadas. Tal vez hubiera sido mejor si simplemente la hubiera evitado sin anunciarlo.

Realmente tenía sus dudas de que esto valiera la pena. Y era más que seguro que dondequiera que Luna hubiera agarrado el virus ella lo hubiera contraído también hacía mucho. Después de todo, había pasado un montón de tiempo con su hija durante el tiempo de incubación. E incluso si ciertamente ella no estaba infectada por pura suerte, unos pocos segundos con su hija no la matarían enseguida.

¿Pero y después de esos pocos segundos? Tenía que admitirlo, tenía poca fe en su fuerza para otra separación. Viendo los pequeños brazos estirados hacia ella sin poder ser capaz de abrazar a la niña; los grandes, llorosos ojos llenos de miedo y abandono sin ser capaz de alejar esas preocupaciones, se sintió increíblemente egoísta, pero no podía soportar semejante escena desgarradora otra vez.

Pero esto tampoco era mucho mejor. Estaba demasiada preocupada para trabajar, sus intentos por sacarse eso de la cabeza nunca tenían éxito más que unos poco minutos. Así que se paró en el pasillo, al lado de la puerta de Luna, reducida a escuchar los intentos de su esposo por alegrar a la niña enferma.

—¿Queres que te cante una canción feliz? —lo escuchó preguntarle.

Ya era hora de acostarse para ahora, la canción supuestamente una de cuna.

No hubo respuesta vocal, pero hubo un débil susurro el cual Hermione figuró era el movimiento de la cabeza de Luna contra la almohada.

—¿No? —sonó Hermione exageradamente decepcionado —. Incluso tengo el cancionero. ¿Queres que cante algo más?

—¡Zólo quiero a mamá! —el quejido cansado de Luna le hizo a Hermione dar una mueca de dolor. Era agridulce escuchar a su hija extrañarla de la misma manera, pero dolía mucho más el tener que negarle ese deseo.

—Luna… —suspiró Harry tristemente, notablemente cansado por tener que decirle una y otra vez a través de sus lágrimas que su madre no podía verla por ahora —. Voy a cantarla de todas formas y vos trata de dormir. ¿Si?

Empezó a cantar la canción que había compuesto él mismo como celebración del nacimiento de Luna, cuando no pudo encontrar nada que se pareciera a su pedido de una "feliz". Hoy sin embargo, no sonó tan "feliz" como siempre, el sombrío tono natural de la voz grave de Harry resonó.

Pero el enfoque de Hermione estaba en otro lado de todos modos. Se esforzó por escuchar los sonidos de su hija, su movimiento, su profunda respiración, el único contacto que tenía. Estando tan atenta con las señales de que Luna se estaba quedando dormida, Hermione falló en darse cuenta de que la canción había dejado de salir hasta que la puerta se abrió.

Harry pareció igualmente sorprendido.

—¡Hermione! —susurró Harry enojado al instante —. ¿Qué estás haciendo acá?

—¿Qué crees que estoy haciendo? —siseó ella de vuelta calladamente, agitando su mano a la habitación oscura, hacia la cama —. ¡Mi bebé está enferma y llamándome! ¡No podés esperar que sólo haga mis tareas y ni siquiera la revise! ¡Ya no puedo soportar esto!

—Por supuesto que te está llamando. Está enferma y tiene fiebre, así que no es ninguna maravilla que esté un poco irritable. Pero eso no va a cambiar sólo porque estás ahí. Llorará por algo más entonces.

—¡'Algo más' difícilmente se compara con el amor de su madre! ¡Claro, tal vez sólo llore porque quiere, pero no puedes decirme que no hay algo que ella realmente necesita!

Él desvió la mirada.

—No quiero y no puedo discutir eso —admitió él y ella lo tomó como una señal de derrota, moviéndose hacia la habitación de Luna.

—Qué bueno que estamos de acuerdo en es… —fue interrumpida cuando se brazo se enrolló alrededor de su cintura justo cuando estaba pasando al lado de él, reteniéndola.

—Temo que no —murmuró, mirándola a los ojos —. ¿Crees que esto es fácil para mí? Tiene miedo, Hermione. ¡Y me duele verla así cada vez que entró ahí, teniendo que decirle que de momento no podés entrar! ¡Sé que está sufriendo y asustada de que tal vez la abandones y no quieras volver a verla otra vez, a pesar de lo que le digo! ¿Pero cómo crees que se asustará si le dijo que podría matarte estar con ella ahora mismo?

La bofetada vino demasiado rápido para que cualquiera la evitara. Pero aún si era la primera vez en años que habían sido nada más que juguetonas, Hermione no se arrepintió ni un poco.

—Te amo, Harry —jadeó —. Pero no te atrevas a interponerte entre mi hija y yo.

Harry, sin embargo, sólo aumentó la presión en su agarre.

—Perdon, Hermione. Podés golpearme todo lo que quieras, pero no puedo…

—¿Mama…?

La suave voz instantáneamente terminó la pelea, aunque Harry le dio una última mirada de advertencia, antes de dejarla ir y regresar a la habitación, cerrando la puerta detrás de él.

—Hey. ¿Pensé que ya estarías dormida? —preguntó Harry.

Luna sin embargo ignoró la pregunta.

—Pensé que oí a Mama… —murmuró ella.

Harry digo algo, pero Hermione no puedo entenderlo bien. Se acercó más, poniendo su oreja contra la puerta de madera.

Las siguientes palabras, sin embargo, le atravesaron el corazón.

—¿Mama me odia?

Sus oídos escucharon los intentos de Harry de apaciguar a la niña enferma que este no era el caso, pero su mente no lo registró. Sus puños temblaron cuando la cruel acusación hizo eco en su cabeza, tenía problemas para respirar.

No podía soportarlo más. Sin mirar atrás, corrió tan rápido como le fue posible.

~0~0~

—… todavía te ama más que nada, pero…

Harry no pudo ir más lejos cuando la puerta fue abierta a la fuerza. La figura estaba ensombrecida por la luz detrás de ella del pasillo, pero eso cambió al entrar corriendo.

—¡Mama! —gimoteó Luna alegremente, estirando sus brazos hacia Hermione, ahora poniéndose la rápidamente recuperada máscara facial médica.

—¡Hermione! —protestó Harry intantaneamente, pero fue silenciado con una rápida mirada que no dejaba duda de que no estaba dispuesta a discutir más su decisión.

—¡Mama! —repitió Luna, antes de que su rostro se tornara acusado —. ¿Dónde estabas?

—Oh, perdón —dijo Hermione disculpándose mientras se arrodillaba al lado de la cama, señalando la máscara blanca —. Tengo que usar esto por un rato y tenía miedo de que te rieras de mí por eso. —obviamente mintió, pero era suficiente para una niña enferma de tres años de edad.

—Esa es una razón estúpida —reprochó Luna frunciendo el ceño.

Acariciando el cabello rubio enredado de su hija, Hermione sonrió detrás de la máscara, mirando de vuelta a su esposo quien aún se veía lejos de estar feliz por su cambio de planes.

—Supongo que entonces soy un poco estúpida.

~0~0~

—¡Y siempre me llamaste a estúpido y atolondrado! —murmuró Harry mientras sacudía su cabeza, unas cuantas lágrimas brillando en sus ojos.

—Maldita sea, Harry, todavía no estoy muerta —gruñó Hermione, sintiendo dolor en todo su cuerpo mientras se daba la vuelta en la cama en la que vivido por los últimos dos días —. ¡Tranquilízate! ¿Y si Luna te ve así?

Sí, él había tenido razón. Sí, se había infectado. Sí, sentía que se estaba quemando.

Pero no se arrepentía, para nada. Esto era mucho mejor que perder la confianza y el amor de Luna.

Sin embargo, no podía negar un cierto temor en que él también tuviera razón acerca de la severidad de su condición. No era grande, aunque se sentía peor que nunca. Pero el pensamiento de dejarlo a él… y ella… detrás estaba plagando su consciencia. ¿Qué madre sería al forzar a su hija a crecer sin ella? Igual que las de ellos…

—¿Mama?

Ambas de sus vistas sobresaltadas fueron a la puerta, desde donde la tímida llamada había venido. Luna aún estaba vistiendo sus pijamas rosas, Nenê sostenida en ambos brazos.

—Hey —dijo Harry que se movió para interceptarla —, ya deberías de estar en la cama.

—¡Pero estoy bien otra vez! —dijo Luna en forma de una queja, y todavía cuando ciertamente se había puesto mucho mejor, su voz aún la contradecía. Sus ojos también, rápidamente se suavizaron de nuevo al ir de su padre hacia la cama —. Y quería ver a mamá…

—Luna…

—Déjala —interrumpió Hermione tan tajante como su dolor de cabeza se lo permitió —. Por unos cuantos minutos.

Harry visiblemente no estaba de acuerdo, pero asintió a regañadientes y Luna caminó los pocos pasos hacia la cama.

Hermione se forzó a sonreír.

—Hola, Cariño.

—Hola —murmuró Luna débilmente, su vista desviada mientras jalaba nerviosamente el cabello de la muñeca —. ¿C-cómo estás mamá?

—No es tan malo —mintió ella, pero se dio cuenta que no había sido muy convincente —. ¿Y vos como estas?

Luna no respondió. Aún estaba mirando fijamente al suelo, su labio inferior empezando a temblar.

—¿Es… es esto mi culpa?

—Oh… —exclamó Hermione que estaba a punto de ello al ver a su hija tan llena de culpa. Usando su fuerza restante, se movió hacia el borde de la cama, y lanzó sus brazos alrededor del tembloroso cuerpo —. Oh, Luna…

—No. No, no es tu culpa. En dado caso, es… —se detuvo, volviendo a pensar sus palabras. Echarse la culpa a sí misma tal vez fuera más noble y verdadero, pero podría llevar a malentendido que sólo incrementaría la carga sobre los hombros de la niña si algo pasaba del todo —. No es la culpa de nadie. No te preocupes, voy a estar bien muy pronto, igual que vos.

Pero a pesar de sus palabras tranquilizadoras, las lágrimas de Luna fluían libremente ahora, sollozos entrecortando su voz.

—Te amo, mamá.

El corazón de Hermione dio un vuelco ante esas palabras y su sonrisa ya no era forzada a través del dolor. Incluso se ensanchó.

No era la primera vez que Luna las decía, había murmurado su primer Ta ama tan pronto comenzó a hablar. Pero Hermione podía decir que esta era la primera vez que lo decía sin repetir una frase que a menudo oía de sus padres. Esta vez, Hermione supo, lo quería decir con todo su corazón.

—Yo también te amo, Cariño —susurró Hermione como respuesta, besando el cabello rubio de su hija en el fuerte abrazo —. Te amo tanto.

La sostuvo hasta que Luna se calmó para solamente sollozar un poco.

—¡Me… mejórate pronto! —la niña de tres años medio rogó, medio demandó.

Viniendo de una lagrimosa niña, le pareció bastante divertido y Hermione ni siquiera trató de suprimir la risa.

—Haré lo que pueda. ¿Está bien?

Luna asintió, secando la humedad en sus mejillas con el dorso de su mano derecha.

—Luna —llamó Harry que trajo la atención de vuelta a él —. Mamá realmente necesita su descanso ahora. Y vos también.

De nuevo asintió, pero se dio la vuelta hacia su madre otra vez. Sin palabras, alzó su muñeca con ambos brazos.

—¿Quieres que me quede con Nenê? —inquirió Hermione confundida. Desde que lo había recuperado de ella, Luna básicamente nunca se había separado del juguete.

Pero una vez más, asintió, aunque de forma tímida.

—Ella puede vigilarte cuando yo no pueda.

Sonriendo ampliamente, Hermione tomó a Nenê.

—Gracias —dijo Hermione, dándole a la niña otro beso —. Ahora volvé a la cama ¿Sí? ¿O queres que me mejore yo primero?

Luna sonrió débilmente, pero no dijo nada. Obedientemente, arrastró los pies hacia la puerta, pero no se fue sin darse la vuelta otra vez para agitar la mano en un breve adiós y recibir la apropiada respuesta de sus padres.

Hermione siguió mirándola por un rato todavía cuando hacía mucho que había cerrado la puerta tras ella. Eventualmente, su vista se movió a la muñeca de cabello castaño en sus brazos.

—¿Ves? —murmuró a su esposo, pasando sus dedos por entre los mechones marrones de la más valiosa propiedad de su hija —. No podría estar más lejos de estar muerta.

~0~0~

—¡No quierooo! —gritó Luna, brincando al otro extremo del agarre de Harry.

—Bueno, quieras o no, vas a tomar un baño —respondió él tranquilamente.

—¡Pero no puedo! ¡Todavía estoy enferma!

—Estás perfectamente bien durante toda una semana —dijo él. Ella no aceptó su excusa —. Incluso mamá hace mucho que se curó.

Sostuvo su mano en el agua que fluía en la bañera, todavía cuando sabía que no tenía mucho sentido. Su pequeña tormenta dorada tenía la asombrosa habilidad de alguna manera notar cuando la temperatura no era la correcta aún por un simple grado.

Y por supuesto, apenas la sumergía en el agua, instantáneamente ella gritaba y pateaba cuando sus pies apenas tocaban la superficie.

—¡Muy caliente! ¡Muy caliente!

Harry giró sus ojos, levemente moviendo la manija del grifo hacia frío con su codo, para que Luna finalmente se dejara meter en el agua.

—Ya no tenes que hacer eso de todas formas… —gruñó Luna poniendo mala cara, alejando algo de la espuma —. Puedo meterme a la bañera por mí misma.

—¿Ah sí? —preguntó Harry con una sonrisa mientras tomaba el jabón y la esponja en lo que ella empezaba a jugar en el baño al cual le había declarado su odio eterno hacía sólo momentos antes.

—¡Sí, soy lo bastante grande para eso!

—Bueno, eso es genial. —dijo dando una risa ahogada, alborotando la mata rubia del cabello de Luna.

La niña disgustada protestó como siempre había hecho cuando él hacía eso con un fuerte grito, agitando sus brazos en el agua.

Sonriendo, recordó la primera vez que había usado esas familiares palabras. No se dio cuenta de su origen sino más tarde, luego de que Luna hubiera salido hacía mucho de la habitación para ir a jugar otra vez y él ya se había sentado en su escritorio, repleto de sus libros. Vinieron simplemente de forma natural con su orgullo cada vez que ella venía corriendo hacia él, llamando su atención con un excitado —¡Papa! ¡Mira! —para enseñar algo nuevo que había encontrado o hecho, un dibujo que salía especialmente bien a sus ojos o si aprendía algo que sorprendía por completo a la niña de tres años de edad.

—El problema es solamente que temo que ya no estarás muy limpia cuando decidamos dejarte encargarte de eso sola. —explicó él mientras empezaba a tallarla.

Luna frunció el ceño otra vez, pero al menos no trató de luchar con él.

—¿Por qué tengo que bañarme de todas formas?

Harry rió, siempre había preguntado esto en un punto u otro. Pero a diferencia de la mayor parte del tiempo, ahora tenía una mejor respuesta que

—Porque tenes que hacerlo.

—Vos —enfatizó, frotando la esponja contra su pequeña nariz —. Tenes que estar limpia, porque mañana vamos a hacer una visita especial.

~0~0~

Era una vista bastante inusual para sus padres ver a Luna tan tímida. La usualmente tan energética niña ahora se escondía detrás de su madre, aferrándose asustada a su falda con su mano libre mientras que la otra sostenía su siempre presente muñeca cerca de ella.

—¿Qué pasa, Luna? —preguntó Harry a su hija, consternado, quien apenas y se atrevía a mirar por el miedo.

—¿Qué es todo esto? —respondió tímidamente, apenas audible.

Hermione extendido su mano a su espalda para tocar tranquilizadoramente la cabeza de la niña con su mano.

—Este es el lugar donde toda gente de la que te hemos hablado desapareció —explicó Hermione, dándole una conciliadora sonrisa por encima de su hombro —. Ya estuviste acá ¿No te acordas?

La niña sacudió su cabeza. Mientras las lágrimas empezaban a formarse en sus ojos, sus padres intercambiaron una mirada triste.

—No… no tenes que ir, si no quieres —dijo Harry tratando de calmarla, habiéndose puesto en sus rodillas para estar al mismo nivel que Luna —. Pero te juro que no hay nada que debas temer.

La niña se mordió el labio inferior, insegura de tomar esa oferta de escape o de confiar en las palabras de sus padres.

—Hey —suavemente llamó Hermione para recuperar su atención, estirando su mano —. Sabes que vamos a estar ahí, sin importar qué.

Titubeando, Luna tomó la mano presentada en la suya, apretando el agarrón instantáneamente al sentir la calidez de su madre.

—¿Está bien ir entonces? —preguntó Hermione y obtuvo un tímido asentimiento en respuesta.

Mientras se dirigían por la playa hacia el mar rojo, pudo sentir la pequeña mano apretándose alrededor de sus dedos tan a menudo como Luna observaba los escalofriantes alrededores. Probablemente era un poco de más para alguien de su edad después de todo, pero dado que ella había sido tan despreocupada a pesar de todo esto la última vez que habían estado ahí, no habían esperado este súbito cambio de actitud.

—¿Qué son? —la voz casi susurrada de su hija la alcanzó. Siguiendo los ojos de Luna, vio unas gigantescas estacas rojas.

—Eso… eso no estaba la última vez… —le dijo un poco aturdida, sin darse cuenta de su mala elección de palabras hasta que sintió a Luna pegarse a sí misma gimoteando contra ella, lejos de la estructura —. No te preocupes — rápidamente añadió —. No hacen nada por lo visto.

Sollozando, Luna se relajó un poco, pero hizo una mueca de susto una vez más al distinguir la forma de la "colina" negra en el horizonte. Pero ya no sonó tan asustada como antes; curiosidad y tal vez compasión por el gigantesco corte aparentemente tomando el control al girar su cabeza de lado.

—¿Qué es eso?

—Eso… ese es el inicio y el final de todo… —respondió Harry, la melancolía inconfundible en su voz mientras miraba fijamente al mar.

—¿El inicio y el final…? —repitió Luna preguntándose —. ¿Dónde están todas las personas? ¿Así?

Los ojos de sus padres se encontraron en confusión como hacían a menudo en esperanza de que el otro hubiera entendido lo que quería decir. Pero muy a menudo, preguntar era la única posibilidad de descubrir qué pasaba por la mente de la pequeña.

—¿Así cómo?

—¡Como agua roja!

Con una leve risa ahogada de los dos mayores, la atmósfera pareció haberse convertido completamente por esa pregunta inocente de la asombrada niña.

—No lo sabemos —dijo Harry sonriendo —. Pero había alguien que era bastante… excepcional y seguramente lo sabría.

—¿Quién?

—Nuestra amiga… se llamaba Luna… —dijo Harry con una sonrisa.

—¿Harry? —llamó Hermione haciendo que el aludido la mirara —. ¿Esas estacas rojas estuvieron siempre ahí?

Los ojos verdes de Harry se abrieron al ver las estructuras alargadas y rojas. Nada salía de su mente.

—No… no lo estaban.

~0~0~

—¡Hola! Mama y Papa me dijeron que tenía que hablar con ustedes, pero no estoy segura de qué —dijo la niña que se rascó su cabello rubio al mirar las aguas rojas —. Uhm… bueno. ¡Soy Luna y esta es Nenê! ¡Es mi favorita, porque tiene cabello castaño justo como mamá y también un vestido rojo! ¡Y realmente amo a mi mamá, y a mi papá también!

—A menudo dicen que también me habrías gustado y vos a mí ¿Así que por qué te fuiste? Mamá y papá no me lo van a decir. A menudo se ven tristes cuando hablan de vos. No me gusta cuando están tristes. Así que no sé si me hubieras gustado, porque los pones tristes —dijo Luna frunciendo el ceño ante el mar rojo —. Pero papá dijo que no era tu culpa y están tristes porque les agradabas tanto que ahora te extrañan. ¡Así que tal vez me hubieras gustado después de todo!

—Bueno, uhm… —miró atrás a donde Hermione y Harry estaban sentados discutiendo de algún tema. Dándose la vuelta al mar una vez más, agitó la mano en señal de despedida —. Ellos me dijeron que nos llamábamos iguales. Así que… ¡Adiós entonces; nos vemos!

~0~0~

Se había vuelto bastante tarde cuando finalmente regresaron a casa, la oscuridad de la noche sólo perforada por las luces del carro mientras rodaba los últimos metros en el camino antes de que se detuviera. Hermione paró el motor y dio una última mirada al espejo retrovisor. Luna naturalmente aún estaba sentada a salvo en el asiento para niños, sosteniendo a Nenê contra su pecho.

La niña se había quedado inusualmente callada hacía rato, pero Hermione lo atribuía al cansancio. Ya pasaba mucho de la hora de acostarse, y a cada rato se había preguntado si la niña había caído en la tentación de dormir. Sin embargo, todavía se veía bastante despierta por ahora.

Harry ya se había quitado el cinturón de seguridad y salido, moviéndose a la puerta trasera de su lado para sacar a Luna. Hermione acababa de salir cuando escuchó el murmullo en voz baja del otro lado mientras él alzaba a la niña en sus brazos.

—¿Papa? ¿Qué es un amigo?

—¿Un amigo…? —juzgando por su voz, estaba tan sorprendido por la pregunta de Luna como Hermione misma. Estaba en una edad en la que haría muchas preguntas al parecer de la nada, y no siempre eran fáciles de responder. Pero esta ciertamente era diferente de ¿Por qué el cielo es azul?

—Bueno… —empezó Harry su intento por explicar, sin duda de que su cerebro estaba trabajando a todo vapor —. Un amigo es alguien quien… juega con vos y… uhm… puede hablar acerca de todo, que está ahí para vos…

—¿Entonces mamá y vos son mis amigos? —preguntó Luna cansadamente más allá, apenas audible desde la posición de su madre.

—Eh, no… no realmente… —dijo Harry con un medio suspiró, medio gruñó —. Un amigo es usualmente alguien que no está en tu familia.

—¿Entonces no puedo tener a ningún amigo?

El silencio cayó sobre ellos como una cortina sofocante.

Hermione no se movió para intervenir, no sólo por el acuerdo que habían hecho de que ninguno debería interrumpir cuando el otro explicaba algo a Luna para prevenir que ella favoreciera a uno de ser más listo. De hecho, lo vio a través de las ventanas del auto, dándole a ella una mirada suplicante. ¿Pero cómo ayudarlo cuando ella misma no podía pensar en ninguna palabra?

—¿Papa? —esperó Luna por una respuesta.

—Mira, no es tan malo, mamá y yo nunca tuvimos… —detuvo lo que estúpidamente había balbuceado, tomando una respiración para calmarse —. Veremos… veremos qué podemos hacer para encontrarte un amigo ¿Está bien? pero realmente ya es hora de irse a la cama ahora.

Luna por fortuna no protestó ante su escapatoria, frotando sus cansados ojos con su brazo mientras su padre la cargaba dentro de la casa.

Hermione no los siguió inmediatamente. Su vista fue a la oscura ciudad detrás de ella.

No estaba segura de sí fue el día completo, visitar el mar de sangre, o sólo la pregunta inocente de Luna lo que había golpeado un punto mucho más delicado de lo que la pequeña niña pudo anticipar, pero, por primera vez en años, tenía esa incómoda sensación ante la falta de luces… la falta de la civilización.

~0~0~

Ninguno lo vio esa noche mientras dormían plácidamente aquella noche. Gigantescos ases rojos que salieron de las rojas estacas ubicadas alrededor de una frágil tierra; en el inicio del todo.

La luna se tiño de rojo… y el mundo desapareció.

La realidad colapso.

Su felicidad desapareció.


El próximo capítulo esta titulado: "Las Necesidades del Corazón"

Bueno, más tarde que temprano, les dejo un nuevo capítulo del fic, como siempre cualquier error, problema o simple comentario pueden dejar un review, enviarme un PM o en mi perfil hay otros medios para comunicarse conmigo. Como siempre, leo todo y respondo todo.

Nota 1: ¿Por qué Hermione dice si no la esta poniendo bajo mucha presión cuando le enseña algo de latín? Porque se ve reflejada a si misma, y no quiero sobre exigir a su hija. No quiere una pequeña Hermione.

Nota 2: Si recuerdan, ésta la historia de que la madre de Hermione Jane Granger, se suicidó y en su locura remplazó a su hija con una muñeca. Bueno su mmm, domino interno, es que fuera remplazada nuevamente por una muñeca de trapo.

Nota 3: Al mismo tiempo, este es el ultimo trauma que es dejado superado en pos de su hija.

Nota 4: Recuerdan el terremoto, bueno es el origen de las estacas rojas.

Nota 5: Si, la canción es Amar como tú de Rebbeca Sugar de la serie Steven Universe, levemente modificada.

Nota 6: Este es básicamente el fin del futuro; como supondrán este fic es un rompecabezas, al comienzo, en el capitulo 1, la historia ya estaba empezada y ambos ya habían vuelto y habían vivido un lapso en el pasado. El siguiente capitulo claramente va a ser en el futuro y los que siguen van a ser cuando ellos volvieron y todo lo que sucede durante, hasta que comienza el capitulo 1. O sea…

Capítulo 1: Inicio del fic, realidad pasado, (31 de octubre).

Capitulo 2: Inicio de la realidad en el futuro.

Capitulo 15: Inicio de la realidad en el pasado (1 de septiembre inicio del año escolar).

Agradecimiento por los reviews:

Dcromeror: Gracias por dejar un review. Claro que se ven lindos como padres, aunque eso no significa que lo van a tener fácil. Pero mucho muy lindo estos capítulos, es hora de volver a lo que verdaderamente se hacer…. TRAUMAS Y DELIRIOS PSICO-EMOCIONALES (suena Celebration).

Kira Potter Jackson: Gracias por dejar un review. Me alegro que te gustaran los capítulos.

Shadow Jocker: Gracias por dejar un review. Me alegro que te gustara el capitulo. Oh, no te preocupes no estas obligado a dejar un review, no me voy a enojar ni ofender si no lo haces. Claro, estos son lo utlimos capítulos del futuro por decirlo de una manera y es hora de explicar lo que realmente pasa. Oh me alegro que haya podido hacer eso. Es que en el fondo ella es la protagonista, directa o indirectamente.

Zer0-sama: Gracias por dejar un review. Claro, se que te gusta el delirio, y los problemas emocionales, y los delirios nuevamente, pero es necesario dejar descansar al fic en el sentido narrativo para que no se vuelva algo super pesado. Jajaja, podría haber hecho eso, pero sería abusar de los cliches ¿No?