Nota de autora: Tal vez este de más pero agradezco mucho sus comentarios y el ánimo que me inspiran. Espero que el capítulo final cumpla sus expectativas una vez que lleguemos a él. ¿Las revelaciones del capítulo anterior fueron demasiado? Pues, sorpresa, en este habrán muchas más. Los dejo, a leer.
Revelación: la trampa del villano
- Te propongo un trato. He hecho tu trabajo más fácil. Sencillamente pude dejarte el último tesoro faltante a tu merced pero eso hubiera sido acto de perezoso. Pensé en este plan con más detalle, mucho más…cuando la Cadena de la Verdad me revelo los secretos de tu vida.
Kurama no sabía que era lo que exactamente le insinuaba pero tenía la certeza de que era algo que no debía favorecerle si le hablaba en ese tono tan superior, como si hubiera ganado de antemano.
- ¿Secretos?
- Conozco la relación, la farsa con la que se engañaron y la verdadera por la cual iban a matarse. Conozco esa historia, y la odio.
El lanzo el cinturón al aire, con los Elementos incrustados en ella, y un par de aves la tomaron. Si fuera tan fácil Kurama habría saltado para tomar tan importante rompecabezas y no verlo sobre su cabeza, en las patas de esos pérfidos animales.
- Eres perverso, para atreverte a investigar eso…
- Es humillante, para cualquier demonio orgulloso como el- desvió la vista de Kurama y la fijo en Hiei- Eso es de lo peor.
No entendía. ¿No era un enemigo? ¿Era un admirador, o un…?
- Por más que uses la Chain Viola, jamás conocerás a Hiei de verdad… A todo esto, ¿De qué trato estás hablando? ¿No estas detrás de la leyenda, del "Amo de las Estaciones"?
- Eso no me interesa en lo más mínimo. Solo he completado parte de tu trabajo, si quieres puedes terminar tu obra libremente y convertirte en un amo o lo que sea pero, primero quiero oír que aceptes.
- ¿…Que acepte qué?
Higurashi tomo al pequeño cuerpo en reposo entre sus brazos y lo cargo hasta su pecho. Acaricio gentilmente su cabeza y la movió hacia Kurama, para que viera por sí mismo su estado. Sus ojos carmines estaban cerrados, tal durmiente sin ninguna herida visible.
Las sospechas de Kurama se alinearon al ver a Hiei sujetado de esa forma, por aquel ser que delicadamente acariciaba una de sus mejillas con sus largas uñas negras. Podía ser que…
- Entregármelo.
Kurama no supo cómo reaccionar. El enojo fue brutal, tanto para mostrar los colmillos al mismo tiempo que deseaba reír por la tremenda estupidez que escucho. Se restó a mostrar natural e inmediata perplejidad y furia.
- ¿Entregarte…a Hiei, he escuchado bien?
- Si- le respondió el otro con gran tranquilidad. Su rostro descubierto carecía de emociones, aun así, sus intenciones eran notorias al sostener al demonio con firmeza y cuidado- A cambio de convertirte el Amo de las Estaciones, dándote el cinturón listo y los Cuatro Elementos, quiero a este demonio- Paso su mano por encima de la cintura del menor, lo que Kurama repugno y dio un paso adelante.
Dolió dar ese paso. Fue como recibir de pies a cabeza un ataque de proporciones electromagnéticas, pero su frustración fue mayor al ver que Higurashi no se apartaba ni un milímetro del joven durmiente.
- ¿Qué significa todo esto? ¿No ibas a por el poder de los Cuatro Elementos?
- En absoluto- Revelo el amo de las cigarras, disgustado por no haber sido entendido- Yo lo sabía todo, solo no quise interferir en nada más que involucrase a Hiei. Por él, use mi Cadena de la Verdad, y los hice encontrarse y sacarse las máscaras.
Kurama lo observo con estupefacción.
- ¿Tu hiciste…?
- ¿No te preguntaste como las Fuerzas Especiales te rodearon en un territorio humano a plena luz del día, exactamente en el momento que atacaste para robar el Elemento de la Maduración del Otoño? ¿No sospechaste nada cuando te encontraron justo después de robar la gema Nogard de su guardia, entre gárgolas y sirenas? Qué curioso que fueran el Detective Espiritual y el Maestro del Jagan, ¿no crees?
- … ¿Tu…Tú eras su informante?
Higurashi hizo un gesto de aburrimiento y acomodo mejor al Jaganshi, observando con satisfacción las diferentes expresiones de Kurama.
- Desde hacía tiempo, yo sabía quién eras. Tuve curiosidad al verte con Hiei en varias ocasiones. Cuando la Cadena de la Verdad llego a mis manos, te investigue y fue toda una revelación.
- Nos tendiste una trampa. ¡Tú hiciste que nos viéramos en ese lugar! En el museo, cuando Hiei fue tras Youko…
- La Chain Viola me revelo otras cosas, ya sabrás, del futuro…- Toco la aludida, enredada a su brazo, con la punta de sus dedos- En realidad, ustedes se habrían estado engañado muchos años más y descubierto sus verdaderas identidades más adelante. Yo solo acelere el proceso.
Kurama entendió lo que quiso decirle en realidad.
- No, querías separarnos. Buscabas que nos encontráramos, planeaste que me acorralaran en el museo y confrontar a Hiei. Querías que nos matáramos.
Higurashi sonrió ligeramente para después mostrar una mueca. No. No había funcionado como tenía planeado.
- En cualquier caso, dada la decepción- murmuro entre dientes- Tenia otro plan.
- ¿Otro plan?- Kurama hizo memoria- ¿Ese ridículo intercambio?
- ¿No te tienta? ¿Youko, ambicioso bandido?
Repentinamente, sintió que sus piernas volvían a ser ligeras y que podía moverse con libertad.
Miro a Higurashi con rabia.
- ¿Por qué Hiei?
- Simplemente porque lo deseo. Lo quiero conmigo- Coloco su brazo bajo el cuello del protagonista de la discusión y vio su rostro con una sonrisa afectuosa que Kurama repudio. Deseo moverse pero tomo en cuenta que se arriesgaría si lo hacía, así que se obligó a escucharlo y observar- Hasta puedo soñar el futuro que viste en esas imágenes. De no ser por ti, él se quedaría conmigo, me habría elegido a mí.
- No lo creo. Hiei se basta con el mismo y no le interesaría un demonio de tercera categoría- rugió impulsivamente, molesto.
- Tu criterio solo me interesa en lo que te propuse. Toma el poder que anhelas y yo arreglare tu desastre, por supuesto, a cambio, este demonio se quedara conmigo.
- ¿No me has escuchado? Hiei jamás podría…
- Cuando él te olvide, solo quedare yo.
Kurama abrió ampliamente los ojos.
- No puedes conocer ese poder de la Chain Viola. Hablas en vano.
- Se cómo lograr que Hiei olvide la vergüenza de haber vivido a tu lado. Conozco la forma definitiva de acabar esta historia.
- No es todo- Higurashi no soltaba a Hiei, ajeno a lo que sucedía. Era sumamente extraño ver a Hiei con la guardia baja- ¿Has hecho todo esto…los tesoros robados, ingeniar que nos descubriéramos Hiei y yo para matarnos, ser un informante y llegar a este punto porque…?
- Ya he te contestado.
- Hiciste todo esto por Hiei.
- Lo hice por amor.
- ¡Un amor muy retorcido!
Higurashi frunció el ceño, mirándolo con odio.
- No tan diferente al tuyo- Kurama gruño- Pronto eso también desaparecerá. Elige. O un poder que te hará tan poderoso como un Dios o el tesoro en mis manos.
- Este sujeto está muy loco- opino Youko, tan rabioso como él.
Pensando en eso por un momento, los dos conceptos no se discernían mucho, dadas las últimas semanas y sus experiencias. El amor podía ser letal, asesino y cruel, tanto como vesánico y sinsentido. El amor que sentía por Hiei también podía compararse con la locura, pero no al grado del demonio ave, quien tenía síntomas de obsesión hacia el demonio de fuego más que otra cosa.
- Estoy en tu juego. Tú me odias pero me das a elegir.
- El odio es un sentimiento desagradable y poco práctico. Me asquea el odio y, aun así…Por Hiei he comenzado a odiar, a ser más ambicioso, he cambiado mis convicciones.
Higurashi se inclinó hacia el rostro juvenil y toco sus inmóviles labios con los suyos, pálidos y levemente abiertos en una sonrisa.
Eso fue el colmo.
- ¡Aléjate de él!
Su grito fue escuchado un segundo antes que cientos de raíces penetraran el suelo y emergieran feroces hasta el techo. El piso quedo parcialmente destruido, como los grandes ventanales, ante la gran e impactante fuerza. Como una ola vegetal se dirigieron a Higurashi, quien se apartó un poco del demonio en brazos y vio con tranquilidad como el ataque era detenido por su escudo protector. No obstante, el vigor del ataque logro despedazar la protección a pequeños fragmentos.
Las criaturas de Kurama hicieron presión contra suyo hasta separarse y amenazar al demonio ave tan solo por su cercanía. Cuando pensó que se venían de nuevo a la acometida, sintió una energía nueva en el aire y la reconoció.
Sus ojos grises se fijaron en el piso inferior, y lo que vio lo sorprendió tanto como lo disgusto.
- Por haberlo tocado…- La voz del pelirrojo había cambiado por una de acento más grave y varonil- Te prometo el sufrimiento.
- ¿Has decidido por él, en vez de por tu ambición, kitsune?
Youko no contesto. Estaba furioso.
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Era muy perceptivo si de amenazas se refería. Debido a su experiencia, era de rápida reacción ante cada presencia que fuera lo suficientemente amenazante como para perturbarle, aunque también existían esas molestias de poco valor que aprovechaban cada mínimo descuido y de los que igualmente debía hacer frente.
Al percibir una gran proporción de energía tan cerca suyo, despertó de su sopor. Le sorprendió el hecho que apenas pudiera moverse, que su yoki estuviera decadente y, para desconcertarlo más, que el ataque de energía había sido repelido cuando el no hizo nada por impedirlo. Le bastaron pocos segundos para entender que alguien frustro el golpe destructivo, el mismo alguien que le sostenía del cuello y la espalda de manera protectora.
Oyó la música extraña de un bicho en el pecho de esa persona. Una cigarra. No necesito levantar la cabeza porque ya estaba totalmente despierto y absolutamente lúcido para saber quién era el sujeto con música en el pecho, que le abrazaba y había impedido que le llegase un ataque ofensivo.
De ninguna manera iba a quedarse en esas condiciones, ni en sueños seria socorrido por un demonio como ese. La katana continuaba sujetada a su cintura pero decidió hacer otra cosa.
Concentro parte de la energía que estaba recuperando en su mano derecha y, antes que Higurashi lo notara, había creado una espada de yoki, que uso para perforarle el estómago. La sangre no tardó en hacerse presente y escucho el inconfundible gemido de su víctima. Veloz, se apartó dando un salto fuera de la mesa en la que había estado recostado antes.
- ¿Quién te dio el permiso para tocarme, traidor?
A toda respuesta, Higurashi esbozo una sonrisa. Una de esas sonrisas que para Hiei eran anticipo de sus insinuaciones nada discretas. En este caso, Hiei se extrañó que lo mirara así después del brutal ataque, que para un demonio como Higurashi no debía ser la gran cosa, pero que de todas formas debió dolerle en su orgullo.
- Tus emociones son…tan intensas.
Se hartó. Apretó los dientes e invoco una bola de fuego. En la misma zona que le perforo utilizo esta táctica. Lanzo cinco bolas flameantes con una fuerza de impacto tan violenta que acabo por hacer volar al ojigris a la pared, chocando con dureza.
- Chiflado.
Bufo y miro alrededor. Comenzó a recordar. Mukuro le había encargado deshacerse de un traidor. Debía admitir que fue una sorpresa descubrir que el "mano derecha" e informante de Mukuro fuera el objetivo. Una razón de sobra para descargarse finalmente con él y matarle como quería. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Y que fue ese poder amenazador que casi le da a él?
- ¿Qué me hizo esa lacra?
Se masajeo la frente, sobre su Ojo Demoníaco.
- Hiei.
Esa voz…
Descendió al piso de abajo. Ni que decir lo que vio…una gigantesca planta florecida y viva, abarcando la mitad del gran salón, y a un lado…
- ¿Qué haces aquí,…Youko?
No se acostumbraba a verlo como Kurama, por más que supiera que también lo era. El pelirrojo le había dicho que eran dos vidas distintas en un mismo cuerpo, pero esencialmente iguales. No lo entendía mucho, solo sabía que eran dos personas completamente opuestas, bajo la maldición de vivir en una única fuente.
El kitsune no respondió y Hiei advirtió tensión. Youko lo miraba fijo, con algún mensaje que no pudo descifrar de sus ojos dorados, no verdes esmeralda. Sus ojos eran tan graves y penetrantes que Hiei, como pocas veces le pasaba en la vida, inclusive con Kurama, se sintió inferior a él. Repudiaba sentirse así y mostró su mejor mueca odiosa para ocultar esa impresión.
- ¿Por qué me miras así?
Antes de ponerse a la defensiva, por mero reflejo natural, el Youko tomo su rostro posesivamente y lo atrajo a él de forma brusca, entregándole un furioso beso.
Había sido sorprendentemente rápido. Se sentía a Kurama y a la vez no. Su manera de retenerlo, su modo de besarle sin pausa ni delicadezas no eran del pelirrojo. Estaba seguro. Youko era con quien estaba. Molesto, libero una de sus manos y lo golpeo directo en el rostro, apartándose al fin. Ahora era Youko el que lo miraba con una sonrisa frustrada.
- Solo tú eres capaz de lastimarme así.
- Mantente alejado- bramo con contenida furia, viendo cómo se acariciaba la herida- No me toques con tanta confianza. Se lo diferente que eres de Kurama.
El kitsune, lejos de tomar en consideración su amenaza, dio dos pasos hacia él. Hiei retrocedió solo una vez, dispuesto a pelear por su espacio personal.
- Estas sucio- le dijo, cambiando su sonrisa por una mala cara enojada- Esas manos indignas y escabrosas han manchado mi tesoro.
El recuerdo de su despertar, abrazado por Higurashi, regreso a su mente. Miro hacia atrás. No se lo encontraba al demonio ave entre todas las cosas que se le habían caído encima y tampoco podía sentirlo plenamente, solo sabía que continuaba allí, herido por su golpe. Cuando volvió su atención al zorro, este fruncía el ceño con desprecio.
- ¿Qué diab…?
Su voz fue interrumpida. Las raíces obedientes de Youko lo empujaron por la espalda. Youko lo atrapo entre sus brazos, como abrazando a un niño con ternura, y levanto su mentón antes que reclamara. Esta vez, su beso fue más calmado y gentil.
Para Hiei, era como si estuviera jugando. Iba a morderle cuando el zorro se separó de sus labios y le paso una mano por la frente.
- Por fortuna no lo has sentido…- Hiei sospecho que se refería a Higurashi, de modo que era cierto que estuvo haciéndole algo antes de despertar. Por la expresión de Youko al hablar de él, seguro que fue nada de su agrado- Nadie, más que nosotros, puede tenerte.
Un golpe de bochorno, vergüenza y enojo cruzo por su cara, en especial por la manera que le dijo esas palabras. El "nosotros" era por Youko y Kurama, sin dudas.
- Déjate de tonterías. Ese chiflado…- Fue sorprendido otra vez, sintiendo que lo empujaba de regreso. El zorro le sonreía divertido- Te voy a quemar si vuelves…
- Tú nos perteneces.
Hiei creyó escuchar la voz de Kurama unida a la de Youko al decir eso, como dos personas hablando a la vez, sincronizadas y en el mismo tono.
- Desgraciados.
- Pequeño adonis, no te molestes- le dijo Youko, con su propia voz. Su sonrisa pícara y burlesca fastidio a Hiei, casi tanto como su manera de referirse a él.- Te quitare ese pestilente aroma después.
Hiei cerró su puño, deseando borrarle la sonrisa de un golpe.
Un gemido repentino de lo que parecía un animal llego a los oídos de los protagonistas, quienes voltearon a la vez hacia donde había llegado el sonido. La puerta de entrada fue lanzada violentamente y de ella aparecieron difícilmente unos monstruos con forma de lagartos, tan grandes como tiburones que podían ponerse de pie y que mostraban colmillos exageradamente largos.
- ¿Qué son esas cosas?
- Lo había olvidado- Youko volvió a ver a Hiei- Logras captar mi atención como ningún otro- le dijo seductoramente.
Hiei estaba más que dispuesto a golpearlo pero justo el ladrón lo soltó y corrió por el salón. El Maestro del Jagan lo vio saltar hacia unos pájaros y hacer uso de su látigo contra ellos, matándolos en el acto. No obstante, algo que contenía colores brillantes cayó cuando lo hizo. Youko toco el suelo y levanto un brazo. A los pocos segundos tenía el cinturón de Raizen y los Cuatro Elementos en su mano.
- Esa cosa… ¿Qué demonios es? Desprende energía…
Observo el cinturón con desconfianza. El kitsune sonrió, poniéndose de pie.
- Esto es lo que he estado buscando.
Pudo haberle dicho más de no ser porque aquellos monstruos estaban tratando de ingresar al salón, destrozando gran parte de la entrada por su tamaño.
- Son demonios débiles. Vienen por la energía liberada de este cinturón.
- Estorbos- resoplo su compañero- Haz lo que tienes que hacer, yo me encargo de la basura.
- Todavía no puedo convertirme en el Amo de las Estaciones.
- ¿De qué hablas?
- No tengo la Clave y…- Miro hacia atrás, con una expresión asesina que intrigo a Hiei y vio a su misma dirección. Reconoció la figura de Higurashi ya libre de los destrozos, acomodándose la ropa y quitándose el polvo con actitud soberbia- Quiero matarlo lentamente.
- Haz lo que quieras.
- ¿También deseas su cadáver?
Hiei bufo. Youko sonrió con insana satisfacción.
- No quiero nada de ese tipo. Encárgate tú de él- dicho esto, fue a darles la bienvenida a los monstruos con la espada en mano.
Youko miro con odio al demonio ave que, quieto y calmado, estaba en posición de estar esperando algo. No parecía ni perturbarle el hecho que ahora era Youko el que tenía el cinturón entre sus manos.
- Hasta odiando…Él odia con una pasión destructiva.
Youko detesto oírlo hablar, su voz no sonaba afectada para nada. ¿Estaría tan loco como para pensar que aún tenía posibilidad a esas alturas?
- Así es, pero es más apasionado en la cama.
Se contentó al ver finalmente un cambio en su siempre recto rostro, devolviéndole una mirada furiosa.
- Lastima, tú nunca lo sabrás.
Youko le prometió sufrimiento y cumpliría, con creces.
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¡Hola! ¿Cómo les va en la escuela? (Lo sé, a nadie le gusta que se lo recuerden) Yo estoy en exámenes y trato de compensar la ausencia de una semana con un capítulo más largo de lo habitual.
Oh, algo más. Para Freya, en respuesta a tu reviews: Lo que tiene Kurama en el pecho no es nada sino la energía demoníaca que Hiei le implanto con su Jagan para salvarlo en "A la cuenta de tres, seremos libres". Ellos hablan de eso en el capítulo siguiente, "Nadie puede entendernos", en el que Kurama trata de volver con él y lo rechaza.
Ante cualquier otra duda, avísenme. Saludos, y nos leemos la próxima.
