Disclaimer: Nada de Harry Potter es de mi propiedad, los personajes y todo lo relacionado a la historia canon que pueda aparecer, a excepción de lo creado y modificado por mi persona, pertenecen a J.K. Rowling.
Summary: A veces la realidad y el tiempo pueden ser muy extraños. A veces el futuro es tu pasado y el pasado tu presente, porque la línea que los divide en el fondo se volvió extremadamente difusa. Pero gracias a esto, ahora pueden cambiar las cosas. Pueden elegir algo distinto, algo que no lleve al mundo a su aniquilación total…
Días De Nuestro Futuro Pasado.
Capítulo XV
"Una Vida Ya Vivida – Parte I"
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—DIALOGO NORMAL—
—(PENSAMIENTO)—
—"PARSEL"—
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—DESPERTATE. ¡DESPERTATE! —definitivamente no era el mejor modo de ser sacado de un profundo sueño. Un dulce beso era mucho más favorable que ser sacudido y recibir gritos completamente histéricos —. ¡DESPERTATE!
—¿Hermione? —preguntó Harry con un tono murmurante, tratando de forzar a sus pesados párpados a abrirse —. Es demasiado temprano…
—¡Decime… decime que te acordas, por favor! —rogó Hermione con un tono casi histérico —. ¡Por favor decime que eso no fue sólo un sueño!
—Tranquilizate —gruñó él tratando de sacarse el resto del sueño de encima —. ¿Qu…? —sin embargo, no pudo terminar porque fue interrumpido por una familiar voz.
—¡¿Se puede saber que demonios te pasa, Hermione?! ¡Son las cuatro de la mañana…!
Finalmente, los ojos de Harry se empezaron a adaptar a la tenue luz y si hubiera estado más despierto, tal vez se hubiera preguntado por qué habia una voz idéntica a Ron Weasley en una habitación que él recordaba muy bien. Hermione trató de decir algo, pero se ahogó en sus palabras al ver a su examigo. Fue entonces cuando él finalmente notó lo mucho que ella estaba tiritando; lo mucho que sus manos temblaban, sosteniendo su pijama en un fuerte apretón.
—Hermione… ¿Qué suce…?
No pudo terminar la frase. Los últimos vestigios de sueño se desvanecieron instantáneamente al verla.
Su cabello era una gran melena larga y algo enmarañada.
Y no era sólo eso. Su rostro, por lo que podía ver en la oscuridad, parecía más redondo y suave, sus pómulos no tan definidos; su cuerpo igualmente más pequeño y delgado, los músculos en sus brazos que se habían formado por el arduo trabajo con el jardín y las máquinas parecían haberse desvanecido…
Era joven.
No se veía mucho mayor que aquel inicio de su cuarto año.
Su mente trabajaba a toda velocidad, tratando de comprender semejante imposibilidad, pero ninguno de los miles de pensamientos pudo darle una respuesta que le gustara. Literalmente saltó de la cama, casi arrojando a Hermione a un lado, mientras incrédulamente miraba a sus alrededores. Una gran habitación redonda, camas y sus antiguos compañeros como los adolescentes que conocía que los miraban como si estuvieran completamente desquiciados.
Harry casi con una velocidad descomunal tomó su varita que se encontraba sobre la mesa de noche, y agarró a Hermione de una mano y ambos salieron de la habitación dejando a todos completamente anonadados. Sin decir nada y casi desesperados bajaron las escaleras que daban a la habitación de los chicos y se encontraron con la Sala Común de Gryffindor. La cruzaron a toda velocidad, descalzos, solo en pijamas y salieron por el hueco de retrato de la Dama Gorda.
Sin soltar la mano de Hermione, Harry, corrió a toda velocidad por el pasillo y luego volvió a pasar 3 veces delante del cuadro de unos trols intentando bailar ballet. Una gran puerta apareció.
Ambos entraron y la realidad los chocó finalmente.
Nada de ese lugar era su dormitorio en casa, era Hogwarts, tan majestuosa como antes, pero sin nada de suciedad y escombros, sin un signo de destrucción alguna.
Pero no era solamente todo alrededor de él. Su cuerpo, también, se sentía diferente como si los cambios que se suponía tenían que ser lo bastante lentos como para adaptarse hubieran sido hechos instantáneamente. Tal vez nunca hubiera tenido rasgos tan duros y distintivos como su padre, pero tocando su cara, todo lo que pudo sentir fue piel lisa, ni siquiera un rastro de vello facial.
¿Qué estaba pasando?
Se dio la vuelta para mirar bien a la que era su todavía esposa y amante de tanto tiempo, quien ahora estaba arrodillada en el cálido suelo de la Sala de Menesteres con una expresión de completo shock.
—¿Cómo puede…?
—¿Harry? —interrumpió ella su pregunta anticipada con un mero susurro —. ¿Dónde… dónde está Luna?
Las rodillas que se suponía que lo mantenían en pie se desplomaron contra el suelo mientras el eco de sus palabras se burlaba de su mente….
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—(Estotiene que ser un sueño. Un muy, muy mal sueño)
Era la única explicación posible con la que Harry pudo dar. Los años previos habían sido demasiado largos para ser pura imaginación, se habían sentido demasiado reales.
Pero así se sentía esto.
—¿Cómo es esto posible…? —se preguntó a si mismo susurrando una vez más y de nuevo con el mismo resultado.
Definitivamente estaban en la Sala de Menesteres, pero no tenía ninguna señal de destrucción que había estado por todas partes la última vez que estuvieron ahí. Y no era el único. Ante él, fuera de la ventana estaban las luces de la muy intacta Hogsmeade y parte del castillo.
Pero ni siquiera esa vista era tan impactante como el rostro reflejado de su yo de catorce años mirándole fijamente de vuelta por el vidrio.
Seguramente podía haber explicaciones de cómo habían llegado al otro lado de la ciudad mientras dormían. Que mágicamente se hubiera reconstruido era aún más difícil de creer, pero incluso para eso, algún tipo de explicaciones (aunque fueran ilógicas) podían encontrarse; tal vez que hayan sido noqueados por más que sólo una noche, tal vez no era realmente Hogwarts, sino alguna réplica construida en un lugar diferente una región que lucía similar. Pero todo estaba en su lugar, Sala de Menesteres así lo demostraba.
Pero que se hubieran vuelto más jóvenes era simplemente imposible.
Despegando sus ojos, se dio la vuelta. Hermione estaba sentada en un pequeño sillón, su rostro cubierto por sus manos. No estaba llorando, al menos ya no, eso mucho podía decir. Pero era obvio que ella también estaba más que perturbada por todo esto.
—(¿Dónde… dónde está Luna?)
Su pregunta estaba por encima del resto. Si realmente habían sido desplazados por personas desconocidas, ángeles, aliens, seres mágicos o lo que fuera, ella tenía que esta ahí afuera en algún lado. Estaría sola, quizás en peligro, y ellos no tenían oportunidad alguna de ayudarla. Pero incluso ese horrible pensamiento era mejor que…
Su atención fue atraída por el súbito destello que apareció de la punta de la varita de Harry, donde un bien conocido hechizo salió de la punta de esta.
—¿Lumos sin pronunciar? —musitó Harry incrédulo —. Eso solo lo podía hacer cuando tenía 17…
Sintió el dolor en su estómago crecer. Si realmente de alguna forma habían vuelto en el tiempo, entonces eso significaría…
No. ¡No! Simplemente no podía aceptar eso. No había querido escuchar cuando Hermione señaló la esa posibilidad y ahora tampoco. Tenía que haber otra posibilidad.
—Tal-tal vez estamos bajo algún hechizo y ahora está jugando con nuestras mentes de alguna forma. —eventualmente ofreció casi en un tono suplicante.
—No —dijo Hermione calladamente, temblando levemente —. Eso se sentiría diferente… lo sé por experiencia propia.
Harry desvió la mirada, la culpa ahora también entrando en la mezcla por recordarle eso.
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Fueron los primeros en estar en aquella mañana en el Gran Comedor; su mirada era perdida como el techo de aquella increíble sala; tenían un aspecto muy triste y gris.
Y entonces estaba la otra posibilidad de que algo hubiera alterado sus mentes para que su vida tras el Gran Impacto y los eventos que llevaron a él hubieran visto más reales que un sueño. Pero esa era una posibilidad que ella sabía que él no iba a aceptar por nada del mundo al igual que ella.
Ambos estaban terriblemente perturbados.
—Entonces de verdad queres decir… —Harry no pudo terminar —. Pero si de alguna forma viajamos a través del tiempo, ¿No estaríamos en nuestros propios, bueno, nuestros propios cuerpos mayores en vez de nuestros cuerpos jóvenes? —preguntó casi de forma susurrante
—¡¿Cómo voy a saberlo?! —estalló Hermione haciendo que todos la miraran —. ¡Soy tan experta en esto tanto como vos!
—Vaya, vaya, ¿Tan temprano y ya se están peleando? —preguntó una voz que ambos reconocieron desde sus espaldas —. Si se despertaron tan temprano y con tanto escandalo me hubieran levantado a mi también… —dijo Ron Weasley casi de forma reprochante mientras cansamente se sentaba al lado de Harry y comenzaba a servirse su desayuno.
—R-Ron… —murmuró Harry incrédulamente ante la vista del chico que los había traicionado años atrás para salvarse a si mismo, sonriendo con su recién tomado jugo de calabaza como si nada hubiera sucedido. Por un momento la irreal situación fue olvidada, su mente demasiado ocupada con el hecho de verlo de nuevo.
Sin quitarle los ojos de encima a su ex mejor amigo, dio un leve y titubeante movimiento tratando de alejarse de él. Ron ignoraba todo; como Hermione tomaba la mano de Harry y ambos se tensaban antes los recuerdos que parecían aparecer como bandadas en su cabeza.
Tal y como habia sucedido años atrás, de la misma forma, sus nuevos horarios llegaron. No muy lejos Fred, George y Lee Jordan volvían a discutir el como engañar al juez para poder participar en Torneo de Los Tres Magos.
—Hoy no está mal: fuera toda la mañana —dijo Ron pasando el dedo por la columna del lunes de su horario—. Herbología con los de Hufflepuff y Cuidado de Criaturas Mágicas... ¡Maldita sea!, seguimos teniéndola con los de Slytherin...
Harry no dijo nada, Hermione tampoco, ambos estaban todavía demasiado aturdidos. Sin embargo, Ron los ignoró.
Los murmullos, los recuerdos seguían siendo pesados.
La mente de Harry parecía estar a punto de colapsar; todo se movía en cámara lenta, la visión comenzaba a ser demasiado borrosa. Pero el ruido del batir de las alas retumbó en el Gran Comedor, y un centenar de lechuzas entraron volando a través de los ventanales abiertos. Llevaba como siempre el correo matutino. Entonces las lagrimas se agolparon en los ojos de Harry al recordar a su primera amiga. Instintivamente, alzó la vista, pero no vio ni una mancha blanca entre la masa de parda y gris.
Quería levantarse, quería correr a la lechuceria y abrazar a su inseparable compañera, quería decirle que le agradecía haberlo salvado. Que la amaba y que estaba feliz de volver a verla, sin embargo, la realidad le cayó encima. Hedwig estaba con Sirius.
Cuando la Profesora McGonagall pasó devuelta con dirección hacia la mesa de los Profesora, Harry la miró; ella se detuvo al ver la mirada casi catatónica del muchacho par luego girar y ver a su alumna favorita que se encontraba en un estado similar.
—¿Qué les pasa a ustedes dos? —preguntó la Profesora McGonagall mirándolos fijamente como si estuviera escuchando los pensamientos ambos —. Deberían terminar el desayuno. Pronto tiene clases con la Profesora Sprout…
—(¿Clases?). —fue lo único que apareció en la mente de Harry.
Miró a Hermione y vio sus ojos perturbados, similares a los suyos propios. No, las clases simplemente no eran una posibilidad ahora. Había demasiado que decidir antes de que alguno de ellos fuera capaz de simplemente ir a clase – de nuevo.
—Profesora McGonagall… —susurró Harry —. Hermione… Hermione y yo no nos sentimos muy bien. ¿Le importaría si nos quedamos en nuestras camas el día de hoy?
—¿Nos? —repitió McGonagall, sus ojos pasando del uno al otro.
—Bueno, yo… uh… no tuve buenos sueños… y Hermione esta indispuesta… y dado de que tenemos clases al aire libre hoy…
La mirada inicialmente sorprendida de McGonagall rápidamente cambió a una llana sonrisa y suponiendo lo que sucedida a ambos en un intento de aliviar la situación.
—Esta bien, pueden quedarse el día de hoy, pero no descuiden sus estudios… —contestó McGonagall.
—¿Indispuesta? —preguntó Ron —. ¿No es eso que tienen las chicas cuando están embarazadas? —la mirada casi frentica fue hacia su amiga —. ¿Estas embarazada?
La sonrisa de McGonagall desapareció cuando la reacción usual no apareció en la muchacha. Ella no podía saber que lo que había sugerido el inconsciente Gryffindor como una broma inocente sólo les recordó aún más la dolorosa situación.
—(¿Huh? ¿Nada de negaciones frenéticas, maldiciones y amenazas de muerte por parte de Granger?) —pensó la mujer con nerviosismo. Entonces se congeló, palideciendo, su vista temerosamente apuntando a su estudiante —. Ustedes… no estás embarazada realmente, ¿No, Granger?
Hermione cerró sus maños en puños, pero falló en esconder sus temblores tan bien como escondió sus ojos detrás de su cabello.
—No. —negó Hermione a través de dientes apretados, casi ahogándose en esa única palabra.
McGonagall sonrió nerviosamente, aparentemente aún insegura acerca de esta inusual escena.
—Bueno, tal vez están un poco estresados… o que estén un poco agotados por el viaje —se figuró, refiriéndose al rostro cabizbajo de Hermione —. Está bien, dado que sus calificaciones no son tan malas, un día de descanso no será mucho problema. Pero si se llegan a sentir peor, vayan con la enfermera Pomfrey. ¿Sí?
Ambos asintieron.
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Apenas le dijeron otra palabra a Ron que pudiera ponerlo curioso, pero luego de que se fue, la situación difícilmente cambió del todo. Harry se sentó en silencio, sin dar más que un breve vistazo al lado opuesto del sofá de la Sala de Menesteres de vez en cuando. El episodio con Ron no había sido más que una corta diversión del torbellino en su cabeza y aún menor para el dolor en su pecho.
Pero el silencio no ayudó del todo; sólo hizo las cosas peores. Se volvió constrictivo. Eventualmente sintió que apenas y podía seguir respirando. Una parte de él quería huir de ello, pero sabía bastante bien que eso no ayudaría. Tenía que romperlo, hablar, antes de que se volviera insoportable.
—Así que… ¿Qué vamos a hacer?
Al principio Harry pensó que ella sólo estaba meditando sobre eso ella misma, pero cuando la forma inerte de su rejuvenecida esposa que estaba encogida sobre si misma sin mostrar ninguna señal de respuesta, empezó a dudar sobre si ella en realidad había escuchado su pregunta.
—Hermione, ¿Qué…?
—¿Cómo voy a saberlo?
Suspiró. Luego de que el mundo hubiera muerto, incluso tras semejante catástrofe imposible, ella casi inmediatamente había adoptado una actitud profesional, llevando a los dos adelante, haciendo planes, encargándose de todo lo necesario, antes de que se permitiera a sí misma a cooperar con los traumáticos eventos del que ellos llamaban el Gran Impacto. Se había visto tan fuerte otra vez, justo como ella había sido antes de su devastador encuentro con Bellatrix.
Pero ahora…
Ahora parecía justo como entonces, el resultado de ese horrible ataque en su psique, cuando él sólo podía ver como la vida se estaba escapando de ella. Quizás aún peor. Esa voz hueca con la que lo interrumpió, la amargura que sonó con cada palabra que dijo sin moverse un centímetro; todos esos eran los atributos de la Hermione que más odiaba. La Hermione a la que ya nada le importaba. La Hermione que se había dado por vencida.
—Deberíamos… deberíamos preguntarle al Profesor Dumbledore. Tal vez él sepa cómo podemos… regresar o… —se interrumpió suspirando cansinamente —. O hacer que él venciese acá.
Hermione simplemente se rio de la idea.
—Viajar en el tiempo por distancias tan grandes es prácticamente imposible. Y Dumbledore ni siquiera es experto en ese campo. De gran ayuda sería él…
—Pero debe de ser posible —protestó él —. Quiero decir – nosotros somos la mejor prueba de eso, ¿No?
—¿Y eso a dónde crees que nos llevaría? —le espetó de vuelta, algo de su fuego finalmente regresando —. Nos llamarían locos o nos harían pruebas y exámenes hasta la muerte. ¿Así que por qué y cómo alguien debería ayudarnos con algo que la ciencia indica que es imposible? ¡A menos claro que tengas un conveniente método para superar la velocidad de la luz!
—Pero… ¿Debemos entonces quedarnos sin hacer nada y darnos por vencidos? ¡Q-quiero decir, tenemos que decirle a alguien de todas formas! ¡Tenemos que hacer lo posible para que no vuelva a suceder! ¡Tenemos que advertirle a la gente!
—¿Siquiera te escuchas a vos mismo?
—¡Pero tenemos que hacer alg…!
—¡¿CUÁL ES EL PUNTO?! —gritó Hermione de repente llena de frustración —. ¡¿Por qué debería importarme hacer todo esto de nuevo?! ¡¿Por qué debería hacer todo en mi poder para hacer de este un mundo mejor cuando me lo quitó todo?! ¿Sólo para que pueda resetearse una vez más?
Él no podía creer lo que estaba oyendo.
—Así que… ¿De verdad ya te disté por vencida? —murmuró Harry, sacudiendo su cabeza —. ¿Y si ella regresó con nosotros después de todo? ¿No deberíamos ir a… casa? ¿Afuera? ¿A tratar de encontrarla?
—Ella no… —susurró Hermione, conteniendo los sollozos en completo contraste con su previo arrebato de nuevo, sacudiendo la cabeza mientras se desplomaba de vuelta en si misma —. No puedo… sentirla. Ella no está acá.
—Hermione —suspiró Harry un poco aliviado, aunque tristemente. Pero sabía que reprender a la castaña sobre sus creencias en sus naturales instintos maternos y sus limitaciones no ayudarían del todo ahora.
Ella tembló y su voz ahora se quebró por completo.
—¿De… de verdad crees que quisiera aceptar esto nada más así? ¿Que de verdad quiero rendirme en semejante asunto tan fácilmente? —las lagrimas de ella cayeron libremente ahora en el sofá, cada gota incrementando el dolor en el corazón de Harry aún más —. Pero… pero entre más lo pienso, menos veo una posible solución.
Cuando se volvió insoportable de ver, Harry, rápidamente fue hacia ella, abrazándola. Se sintió culpable al darse cuenta cuán egoísta sus intenciones habían sido, sintiendo su calidez tranquilizarlo mientras ella se recargaba contra su pecho y lo rodeaba con sus brazos. Pero sintiéndola tranquilizarse mientras pasaba una mano sobre su espalda, su consciencia le recordó que ella lo necesitaba tanto como él la necesitaba ahora.
—¿Qué hay de los Profesores? —preguntó él eventualmente intentó de nuevo con cuidado —. Al menos podemos decirle a Dumbledore.
Pero Hermione sacudió su cabeza antes de que él siquiera terminara de formular su idea.
—Él ya se encarga de nosotros más de lo que es bueno para alguien en su posición, aunque no me guste —murmuró —. Si él supiera lo que vamos a soportar en las siguientes batallas, tal vez trate de encontrar alguna forma de alejarnos de ellas o al menos ponernos a salvo, lo cual muy probablemente sólo empeore las cosas porque lo cambiaria todo.
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Pasaron la mayor parte del día en silencio tras su disputa. Apenas y se movieron del sofá mientras el tiempo pasaba lenta y dolorosamente. La hora del almuerzo vino y se fue, pero ninguno de ellos tenía apetito. Todo lo que hicieron fue pensar.
Y Hermione odiaba eso. No podía, no quería pensar con ese agujero negro que le estaba comiendo el corazón desde adentro. Cuando su mente empezaba a vagar, siempre terminaba en la misma conclusión imposible: Luna se había ido. Un desastre tan completamente irreal había golpeado y destruido el mismo origen de su felicidad.
Cada fibra de su ser protestó contra ese hecho, gritándole que sólo era una horrible pesadilla o la muy cruel broma de un ser superior. Pero sabía, desde el momento en que despertó sin Harry a su lado, desde que notó dónde estaba, el estado en el que se encontraba. Sólo tenía que abrir sus ojos para saberlo. Esto era real. No podía explicar cómo o por qué, pero sabía que era real.
Luna se había ido.
Como niña, había sido devastador el perder a su madre, la persona más importante para ella en ese entonces, la que amaba más que a nadie y quería nada más que atención a cambio.
Ahora, como madre, también había perdido a su hija, y de nuevo la persona más cercana a su corazón había sido arrancada fuera de su vida, porque había fallado en proteger a Luna de esta amenaza desconocida. Pero la culpa era nada contra el vacío dentro de ella.
Tal vez esa maldición de la que una vez le habló a Harry existía después de todo. Una maldición dirigida directamente a ese lazo especial entre madre e hija, cortándolo mucho antes de tiempo en la forma más espantosa.
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Y entonces solo con la idea de que no se podían quedar eternamente en la Sala de Menesteres, salieron y comenzaron a bajar las escaleras. Llegaron al vestíbulo, abarrotado ya de gente que hacía cola para entrar a cenar. Acababan de llegar a los ultimo escalones cuando escucharon una voz estridente que le hablaba a Ron Weasley.
—¡Weasley! ¡Eh, Weasley!
Ron se volteó y miró a Malfoy, Crabbe y Goyle estaba ante él, muy contentos por algún motivo.
—¿Qué? —contestó Ron lacónicamente.
—¡Tu padre salió en el periódico, Weasley! —anunció Malfoy, blandiendo un ejemplar de El Profeta y hablando muy alto, para que todos cuantos abarrotaban el vestíbulo pudieran escucharlo —. ¡Escucha esto!
MÁS ERRORES EN EL MINISTERIO DE MAGIA
Parece que los problemas del Ministerio de Magia no se acaban, escribe Rita Skeeter, nuestra enviada especial. Muy cuestionados últimamente por la falta de seguridad evidenciada en los Mundiales de quidditch, y aún incapaces de explicar la desaparición de una de sus brujas, los funcionarios del Ministerio se vieron inmersos ayer en otra situación embarazosa a causa de la actuación de Arnold Weasley, del Departamento Contra el Uso Incorrecto de los Objetos Muggles
Malfoy levantó la vista.
—Ni siquiera aciertan con su nombre, Weasley, pero no es de extrañar tratándose de un don nadie, ¿verdad? —dijo exultante.
Todo el mundo escuchaba en el vestíbulo. Con un floreo de la mano, Malfoy volvió a alzar el periódico y leyó:
Arnold Weasley, que hace dos años fue castigado por la posesión de un coche volador, se vio ayer envuelto en una pelea con varios guardadores de la ley muggles (llamados «policías») a propósito de ciertos contenedores de basura muy agresivos. Parece que el señor Weasley acudió raudo en ayuda de Ojoloco Moody, el anciano ex auror que abandonó el Ministerio cuando dejó de distinguir entre un apretón de manos y un intento de asesinato. No es extraño que, habiéndose personado en la muy protegida casa del señor Moody, el señor Weasley hallara que su dueño, una vez más, había hecho saltar una falsa alarma. El señor Weasley no tuvo otro remedio que modificar varias memorias antes de escapar de la policía, pero rehusó explicar a El Profeta por qué había comprometido al Ministerio en un incidente tan poco digno y con tantas posibilidades de resultar muy embarazoso.
Y entonces ambos recordaron esa pelea. Vieron como comenzaban a insultarse con mas vigor. Era algo casi efímero lo que pasaba, era recordar verse y ver lo idiotas que eran todos. De como en el fondo, en el pasado, se peleaban por tonterías, de todo el tiempo gastado en batallas perdidas cuando podrían haberse unido para ayudarse, pero preferían perder el poco tiempo que les quedaba en destruirse mutuamente. Malfoy en el fondo era una victima de su familia, era algo que ninguno, sobre todo Harry había entendido hasta que ya era muy tarde.
Y entonces un hurón comenzó a volar por los aires.
—No me gusta la gente que ataca por la espalda —gruñó una voz que reconocieron perfectamente como la del falso Moody, mientras que el hurón volaba cada vez más alto, chillando de dolor —. Es algo innoble, cobarde, inmundo…
El hurón se seguía agitando en el aire, sacudiendo desesperado las patas y la cola. Entonces lo vieron por primera vez desde un prisma completamente diferente eso no era divertido; Draco Malfoy estaba siendo torturado.
—No.… vuelvas... a hacer... eso... —dijo Moody, acompasando cada palabra a los botes del hurón.
—¡Profesor Moody! —exclamó una voz horrorizada detrás de ambos.
La profesora McGonagall bajaba por la escalinata de mármol, cargada de libros.
—Hola, profesora McGonagall —respondió Moody con toda tranquilidad, haciendo botar aún más alto al hurón.
—¿Qué... qué está usted haciendo? —preguntó la profesora McGonagall, siguiendo con los ojos la trayectoria aérea del hurón.
—Enseñar —explicó Moody.
—Ens... Moody, ¿eso es un…? —gritó la Profesora McGonagall, pero un destello azul que surcó el caminó detrás de ella la hizo callarse, al mismo tiempo que escuchaba la voz casi monocorde de Harry decir.
—Homoformae…
En el momento en que el destello tocó al hurón reapareció Malfoy en el aire que comenzó a caer.
—Arresto momentum… —dijo Harry nuevamente.
El cuerpo lentamente calló y cuando tocó el suelo vieron al Slytherin hecho un ovillo en el suelo con el pelo lacio y rubio caído sobre la cara, que en ese momento tenía un color rosa muy vivo. Haciendo un gesto de dolor se puso de pie. Ambos ante la vista de todos pasaron caminando directo al Gran Salón.
Cuando se sentaron y Ron apareció lo único que recibieron fueron reproches. Pero ninguno de los dos estaba preparado para eso, el silencio siguió reinando entre ambos.
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—Ella me odiaría, ¿Sabes? —dijo Hermione en la Sala Común de Gryffindor enfrente de la chimenea acurrucada sobre sus piernas, al lado de Harry cuando todos ya se habían ido a dormir.
—¿Hm?
No podía seguir del todo sus pensamientos.
—Mi vieja yo. Ella odiaría en lo que me convertí. Convertirme en esposa y… —sus labios temblaron mientras forzaba afuera la palabra —, … y madre. Encontrar mi felicidad contigo de todas las personas. Ella – yo – nunca quise nada de eso. Todo lo que me importaba era ser la mejor. La mejor bruja, la mejor estudiante, la mejor en todo, y sólo el mejor era suficiente para mí a cambio. Una familia sólo habría sido un estorbo. Tenía bastante que hacer cuidándome a mí misma, no podía perder mi tiempo y esfuerzos preocupándome por los demás, aunque terminaba contradiciéndome —Harry estaba por decir algo —… Aunque éramos amigos los tres, aunque te amaba, un gran muro nos separaba.
—Así que cambiaste tus visiones. Eso no es nada por lo que haya que sentirse culpable. —contestó Harry tranquilizándola.
—Pero en una forma, la traicioné a 'ella'. Todo por lo que vivió y por lo que no. Es por eso por lo que ella me odiaría. Por aceptarte. Por permitirme enamorarme de vos y aceptarlo. Por amar mi nueva vida —le sonrió débilmente por un segundo mientras colocaba su mano con dulzura en su espalda —. Te amaba, pero estaba con Ron porque… no sé, no sé porque estaba con él… porque quería fingir que todo estaba bien. Ella incluso me odiaría por disfrutar este tacto. No sé cómo podría ser ella otra vez.
—Haces que la vieja Hermione suene malvada, pero en realidad ahora estarías intentando fundar un grupo para liberar a los elfos domésticos —ella le sonrió y sacudió la cabeza —. La gente cambia, Hermione. Especialmente cuando crece. Eso es completamente normal, incluso si va tan lejos como arrojar todo en lo que creías por la borda. Aprendemos de nuestros errores, aprendemos de la gente nueva que conocemos, aprendemos de las nuevas experiencias que adquirimos. Si nos aferramos a nuestras creencias y nunca las cuestionamos o nunca nos atrevemos a seguir adelante, debido al miedo a las posibilidades desconocidas que ese paso tal vez traiga, siempre estaríamos atormentados con las preguntas de lo que pudo haber sido.
—¿Y qué? —habló ella en un tono que le hizo preguntarse sobre si lo había escuchado del todo. Al menos no era la respuesta que ella había querido oír.
Harry cerró sus ojos, volviendo a pensar sus palabras.
—Ella no te odiaría. Si lo hiciera, ella nunca se habría convertido en vos en primer lugar. Dudo que 'él' me odiara. Aunque probablemente le sorprendería ver en lo que se convirtió un día. Pero más importante: Yo tampoco lo odio. Él estaba demasiado asustado, demasiado lleno de inseguridad y se odiaba a sí mismo por ello. Aun así no puedo odiarlo, porque sé muy bien por qué él era así. Pero… Hermione… —formuló Harry —. ¿Sabes?, si no queremos que nadie lo sepa, debemos asegurarnos de que no sospechen nada, tenemos que actuar exactamente como los de antes —cuidadosamente la miró por alguna reacción —. ¿De verdad crees poder con eso? Al menos hasta que sepamos qué podemos hacer para arreglar todo esto.
Ella no respondió, desviando sus ojos al suelo. Ambos sabían lo que eso demandaría de ellos en esta situación actual. Pero mientras que una depresión iría relativamente fácil con su viejo estilo de vida, sería mil veces peor para ella mantener esa feroz actitud de su vieja yo. Al menos mientras no hubiera señal de su única hija…
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El Sol de la mañana brilló a través de la ventana, habiéndola despertado ya desde hacía un rato. Pero no se había movido desde entonces.
No quería darse la vuelta para sentir a otra persona a su lado. No quería abrir sus ojos para ver si estaba en el dormitorio de su hermosa casa. Trató de no escuchar los sonidos afuera que no deberían de estar ahí. No quería hacer nada del todo.
Mientras lo hiciera, podía mantener la esperanza de que el día previo sólo había sido un mal sueño después de todo o lo que fuera que sucedió simplemente se revirtió; que estaría de vuelta en ese mundo, tan solo y desolado para algunos, pero ya tan lleno para ella con sólo sus dos personas más importantes estando ahí.
Pero las lágrimas que escaparon de sus ojos eran prueban suficiente de que sus esperanzas fueron en vano.
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Habia ruido.
Eso fue lo primero que Harry notó cuando se levantó. Todos estaban despiertos para comenzaron nuevamente sus rutinas diarias ajenos a todo lo que cruzaba su mente; incluso antes de que se diera cuenta del perfectamente intacto horizonte. La habitación estaba perfectamente como la recordaba. Que no hubiera ningún signo de destrucción del Gran Impacto era de esperarse, pero igual que el súbito, abrumador silencio había sido extraño, fue tomado por sorpresa ante el impacto de los sonidos de cientos de estudiantes cuando bajó a la Sala Común de Gryffindor y fue recibido por Hermione.
Nuevamente había gente.
No se encontraron muchos alumnos por los pasillos, pero tras ver sólo dos humanos por tanto tiempo parecía irreal pasar al lado de una docena. Tras año de aislamiento, de repente se sentía como si acabaran de regresar de una isla desierta, como si la humanidad hubiera vivido sin ellos y no al revés.
Era extraño y a la vez tan familiar, recordar todas esas pequeñas cosas como las risas o chismes en los pasillos; de la gente corriendo y pequeños niños recién llegados completamente nerviosos.
Pero mientras que estas viejas nuevas impresiones lo golpeaban, no podía realmente enfocarse en ninguna de ellas. A menudo sus ojos iban hacia la adolescente a su lado que había sido su esposa y madre de su hija hacía menos de dos días. Más de una vez quiso preguntarle si realmente estaba preparada para esto. Pero estaría mintiendo si dijera que él mismo se sentía cerca de estar listo. No podían esconderlo para siempre. Tarde o temprano tendrían que enfrentarlos.
Se sobresaltó un poco cuando sintió la mano de ella acariciar la suya cuando nadie los estaba viendo, incluso cuando la persona que mas odiaban estaba a su lado diciendo cosas que ninguno de los dos escuchaba. Ella no dijo nada y mantuvo su estoica vista adelante, pero entendió de todas formas. Expresó sus gracias regresando el leve tacto No sería adecuado que los vieran así, pero mantuvieron su apoyo silencioso hasta que estaban no muy lejos del aula de Transformaciones.
Mientras eventualmente entraba al salón de clases, de nuevo estaba sintiendo esa alegría corrompida al confrontarse con tantos rostros familiares.
—¿Dónde estuvieron ayer? —preguntó Lavender Brown a Harry que estaba al lado de Parvati Patil demandó saber cómo buena chismosa.
—¿Uh? ¿No nos justificaron? —preguntó Harry, tratando de recordar su cuartada —. Ninguno de los dos nos sentíamos bien y…
Una pesada palmada contra su hombro lo lanzó hacia delante.
—Sí claro —lo interrumpió Seamus Finnigan, sonriendo confiadamente —. ¿Desde cuándo ambos necesitan tiempo porque no se sienten bien? Vamos Potter, escupilo: ¿Cómo estuvo?
Harry tuvo que suprimir una sonrisa propia mientras luchó contra el impulso de tomarlo por sorpresa y contarle en detalle lo bueno que 'eso' realmente era más allá de las fantasías adolescentes del atleta. Pero se recordó a sí mismo que para todos excepto Hermione y él, era el mismo ingenuo chico que ellos habían conocido por los últimos años. El Niño Que Vivió.
—¿Huh?
—OH, ¿A quién estás tratando de engañar? No puedo decir que esté muy alegre con tu elección, pero creo que el carácter no importa mucho cuando se trata de eso y, así que… ¿Qué parte se sintió mejor? Los pechos, ¿no? Tan lisos y suaves… Aunque me gustaría saber ¿Por qué usa tanta ropa encima?
—Idiotas… —susurraron ambas chicas.
Tanto Seamus como Dean Thomas comenzaron a reírse. Mientras que por otro lado Ron Weasley se ponía colorado como un tomate.
Absorto de la tonta conversación que se estaba formando, notó a Hermione parada en la entrada, aparentemente habiendo visto la escena por un rato. Se paró ante la mirada de todo, se permitió respirar profundamente y se dirigiendo hacia Hermione.
—¿Difícil comienzo? —preguntó Harry en voz baja, mientras que Hermione seguía manteniendo sus ojos en el salón.
—Era de esperare, supongo. Pero aún así… —murmuró, él sacudiendo su cabeza levemente mientras suspiraba —. Es extraño. Son justo tal y como los recuerdo pero…
—Se ven tan jóvenes. —terminó Hermione asintiendo.
—Hey, ¿Sobre qué están murmurando ustedes dos tórtolos? —les gritó Seamus al notal su distancia.
—¡Que sos un inmaduro! —exclamó Hermione de vuelta en un intento por revivir su viejo espíritu, pero para Harry fue notablemente muy forzado.
Los estudiantes siguieron entrando y ambos miraron hacia atrás. En ese momento notó a Hermione temblar casi imperceptiblemente y siguiendo su mirada, pudo entender la razón bastante bien.
Caminando por el pasillo, ahí estaba; ese enigma de tanto tiempo. Todo se movió en cámara lenta. Tras verla por años sólo como alguien rara, a la persona que definiría todo, en la tremenda forma que ella había tomado en el final, parecía imposible volver a ver a la delicada chica de trece años que era Luna Lovegood de la misma forma otra vez.
Se sintió más extraño verla caminar pasando solo por un instante por el pasillo; todo parecía tan… normal.
Claro, Luna siempre había tenido un aura de misterio o, dependiendo del punto de vista, rareza acerca de ella. Pero nunca había habido serias dudas al respecto de que, aunque extravagante, incluso algo loca y a pesar de su apariencia forma de ser, ella era un ser humano 'normal' y no su hija.
De repente, preció mucho más difícil seguir con sus planes.
~0~0~
Hermione miró fijamente su cena. Tan pronto se sentó en la mesa, se sintió incapaz de mover el frío cubierto a sus labios. De hecho, ni siquiera se sentía capaz de moverse del todo.
Sólo habían sido unas pocas horas, pero se sentía tan cansada, tan exhausta. Había intentado pretender que todo estaba bien, pero ¿Cómo podía tener éxito cuando nada realmente lo estaba? Actuar arrogante, sabelotodo, una vez había sido un escudo natural para esconder su dolor de los otros, pero construirlo había sido un lento y fracturado proceso que había empezado mucho antes de la muerte de su madre, un poco antes de su pérdida de la cordura. Esto, sin embargo, había venido como una sorpresa total, deteniéndola en seco antes de que pudiera prepararse de alguna manera.
No podía sacárselo de la mente. No importaba dónde estaba, no importaba lo que veía, siempre la recordaba. Cómo podía atender a las clases, cuando todo en lo que podía pensar era esa sonrisa que probablemente nunca volvería a ver o el pequeño y cálido cuerpo de su pequeño angelito de cabello dorado que tal vez nunca volvería a sostener en sus brazos otra vez.
Le dio una mirada al reloj. 8:25 pm. Todo en lo que podía pensar era que en dos horas más, le tendría que decir a Luna que se cepillara los dientes y se alistara para ir a la cama, lo cual tomaría al menos otra hora hasta que se durmiera.
—Hermione… —susurró Harry.
Ella salió de súbito de sus pensamientos. No se había dado cuenta hasta ahora de lo mucho que sus manos se habían estado sacudiendo, levemente aplastando la comida que estaba en su plato durante todo ese tiempo.
Ambos se miraron.
Hermione solo respondió con una sonrisa triste.
Nada estaba bien.
El próximo capítulo esta titulado: "Una Vida Ya Vivida - Parte II"
Bueno, acá tiene un nuevo capítulo, como siempre cualquier error, problema o simple comentario pueden dejar un review, enviarme un PM o en mi perfil hay otras formas de comunicarse conmigo.
Nota 1: Bueno este capítulo, como dije anteriormente, cuenta el momento en el que ellos vuelven, o sea el momento cero antes de lo que sucede en el capitulo 1.
Nota 2: En este capítulo quería mostrar la incomodidad, de todo; de verse, de ver a sus viejos compañeros, de ver todo de nuevo. Obviamente en el primer día no notan nada porque están tan shockeados con lo que sucedió que ignoran todo.
Agradecimiento por los reviews.
Kira Potter Jackson: Gracias por dejar un review. Y acá esta la actualización.
Shadow Jocker: Gracias por dejar un review. Claro, era cortó pero era apropósito, no quiero soltar demasiada trama de la nada, y hacer avanzar demasiado rápido la historia. Como te dije antes ninguno de los dos entiende a Harry y a Hermione, porque ninguno de los dos puede entender lo que es perder un hijo. Pero Sirius es más impulsivo, más Gryffindor, mientras que Snape es más pensador, más metódico, más Slytherin.
Claro, Ron debía tener, su final, y Harry lo hace como un adulto, como es. No lo hace de otra manera porque ya no hay otra manera. Pero ciertamente a él es que ya no le importa nada.
Zer0-sama: Gracias por dejar un review. Claro, explotó, BOOM, CAPUM, no es el como exploto, yo no escribo tramas, yo escribo estudios de personaje. No es algo que pueda definir, tengo una explicación, pero queda para el final. Es que al final se tiene que sacrificar, el Horrocrux lo sigue teniendo, no hay soluciones mágicas, o Nobles y Ancestrales familias o alguna otra extraña idea, (que irónicamente use en mi fic anterior) que pueda eliminar el Horrocrux. :/
OWWW, yo que pensaba que no tenía corazón, que solo me odiaban por perturbar a la gente :/, debo matar mas personajes de formas memorables…
