Verdaderas Intenciones


- Lo ha…Él lo logro…

Era impresionante. Sabía que los Elementos contenían una energía extraordinaria en cada uno y que eran básicamente feroces. Unificados eran una oleada de poder abrasadora.

Al principio pensó que Youko fue rechazado por los Elementos y por eso oleadas de energía de los Cuatro acometieron contra su cuerpo, pero después de unos segundos se dio cuenta que no era así. No. No estaban atacando a Youko. Él estaba levitando en medio del salón y rodeado de un aura de colores, un poderoso destello del que no podía vérsele enteramente. Los Cuatro Elementos estaban entregándole su poder a Youko, el poder que las criaturas de la naturaleza y del que los monjes antiguos le dieron a los Elementos en los principios de la historia.

Esa exhibición vulgar de poderes sin límite puso en jaque el hechizo dentro de la cueva, que por momentos conservaba la falsa imagen de salón majestuoso y después desnudaba la cueva oscura y húmeda que en realidad era.

- ¡Kurama!

Los poderes chocaban entre sí como cargas eléctricas sumamente dañinas y destruyan a su paso todo dentro de la ilusión de Higurashi, pero eso era lo de menos. Podía escucharlo. Hiei podía escuchar los gritos lastimosos y gemidos ahogados de Kurama. Estaba sufriendo.

- Se está convirtiendo en el Amo de las Estaciones, cumpliendo su caprichoso deseo. Déjalo.

- Tú no te metas- bramo Hiei con desprecio.

El demonio ave se erguió con dificultad, tocándose el pecho con dolor.

- No ha sido solo por ese zorro.

Hiei arqueo las cejas pero entonces escucho los nuevos gritos de Kurama, atrapado en una especie de esfera mientras fragmentos de energía, como disparos, penetraban su cuerpo y le abrían peligrosas hemorragias.

Eso era convertirse en un Dios.

Había visto sufrir a Kurama, las muchas veces habían sido por su mano pero ahora que lo veía y escuchaba así lo enfurecía saber que no podía ayudarle. Sintió impotencia al no poder ni siquiera acercarse por el gran poder que emanaba alrededor suyo.

- ¡Déjalo!- grito Higurashi, contra su padecimiento interno, viendo lo que Hiei se proponía hacer- Ven conmigo. Si no fuera por las ilusiones este lugar ya habría caído a pedazos.

- De ninguna manera, chiflado- exclamo entre el ruido y la destrucción- No abandonare a Kurama.

- Serás corrompido- siseo Higurashi, con voz débil- No podrás contra el cuándo complete la fase. Ser el Amo de las Estaciones es más peligroso de lo que imaginas.

- ¿Y quién dice que estaré contra él?

No podía hacer eso, lo tenía reconocido. Hacerle daño a Kurama era una de las pocas cosas de las que no era capaz. Matarle mucho menos.

- ¡Hiei, escucha! Sé cómo escapar de esto, solo acompáñame. Todavía existe la posibilidad de tener una vida sin esto y olvidar…

El Maestro del Jagan se hartó. Con enojo, encaro al demonio ave.

- Nadie tiene otra vida más que esta. Yo nunca olvidare, ni siquiera un pasado tan desastroso como el que tuve.

Higurashi bajo la cabeza, en señal de derrota. Hiei iba a dejarlo cuando vio que se esfumaba del panorama.

- ¡No te atrevas! ¡Vuelve, cobarde!

Era tarde cuando toco con su espada a los restos de la figura de Higurashi. El ya no estaba.

- Chiflado infeliz…

Dejando su desazón a parte, se fijó en el centro del salón, en la persona que todavía sufría las acometidas de poder de los Cuatro Elementos.

De repente, un grito más lamentable y agudo se oyó por todo el lugar. Estaba llegando al doloroso clímax que anunciaba el final, un fin que esperaba Hiei no fuera como tenía pensado.

Con cientos de hilos de energía a su alrededor y viéndolo todo en color dorado, giro la cabeza a causa del intenso dolor, captando un color negro casi imaginario hacia donde miraba. Negro. Le recordaba a…

- ¡Hiei!

No podía pensar con coherencia. No sentía ni siquiera sus manos, le temblaban a la poderosa energía que se incrustaba en él en forma de ataques repetitivos y directos, como apuñaladas. Creyó oler su propia sangre pero el dolor era peor a la perspectiva de que se estaba desangrando.

- ¡Kurama!

Su voz. La voz de Hiei. Su nombre le reconfortaba. Era tan irónico.

- ¡H…Hiei!

Y de repente el dolor, se detuvo.

Las brillantes energías se disiparon de a poco pero seguía en el aire. Lentamente, su cuerpo de Youko cambio al del pelirrojo humano. Sin previo aviso, comenzó a descender y Hiei fue a por él antes que cayera.

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Jugo con el pequeño diamante rojo antes de guardárselo. Todos los contenedores de los Elementos se habían reducido al tamaño de una piedra pero, aunque ya no tuvieran ningún poder especial oculto en su interior, todavía lucían como verdaderos, hermosos y preciosos diamantes.

Una vez se aguardó el tesoro y miro los ojos que traían mismo brillo rojo de la gema Nograd.

- Dímelo otra vez.

- ¿No escuchaste? Estabas alucinando.

- Estoy reponiéndome de mis sentidos pero estoy bastante seguro que mi cerebro no cayó en demencia temporal.

- Te crees muy listo.

- Y tú tan orgulloso.

Hiei lo miro en examen. El de ojos verdes estaba apoyado contra la p1ared, mientras él lo rodeaba con un brazo. Su faz era de puro agotamiento.

- Vendrán más bestias. Esa parece ser la única entrada y salida- comento, señalando con la cabeza la puerta por la que ambos entraron.

- ¿Por qué…este sitio todavía es un salón?

- Ese chiflado todavía tiene energía para mantener esta ilusión estúpida. Esto no es más que una cueva.

- Es verdad- murmuro, limpiándose la sangre de los labios. Hiei noto como sus manos aun temblaban- ¿No puedes encontrarlo con tu Jagan? Debemos salir de aquí.

- Él está en todos lados- A pesar de su cansancio, Kurama le dirigió una mirada confundida y debió explicarse:- Esta ilusión está repleta de su energía. Podría confundirlo con otra ilusión, incluso con sus malditos pájaros.

Kurama admitió, para sus adentros, que si no fuera porque odiaba a ese tipo admitiría que fue bastante astuto con su plan.

- Entonces, seguiremos en su territorio hasta que decida sacarnos.

- No importa. No consiguió lo que quería y está muy débil para hacer algo más que esto.

La leve sonrisa de Kurama sorprendió al demonio, quien callo unos segundos para mirarlo a la cara de nuevo, con dudas.

- ¿Y tú?... ¿Que sientes? Te veo adolorido y exhausto, pero sabes que desprendes un poder diferente, más potente, ¿verdad?

- Si, puedo sentirlo tanto como el dolor.

- ¿Por qué no lo usas para curarte?

- Eso sería ir contra mi ideal. El poder de los Cuatro se unió a mí, convirtiéndose en su nuevo usuario, así que, si uso un solo poder, por un mínimo instante siquiera, me expondré y me convertiré en el definitivo Amo de las Estaciones.

- ¿No es lo que quieres?

- En realidad…- En un esfuerzo que le costó, acerco su mano al rostro del joven demonio. Lo acaricio con torpeza, a causa de los temblores- Yo sabía que elección tomar, siempre.

- ¿Elección?

- Te lo explicare, cuando salgamos de aquí.

Hiei vio impresionado como sus heridas abiertas comenzaban a sanar, como regenerándose, y que la sangre se le secase, además de desaparecer. Durante unos minutos permanecieron en silencio, asimilando lo sucedido.

- Hiei.

- ¿Hn?

- Lamento mucho…Ser más fuerte que tú ahora.

Bufo con una media sonrisa. Aun débil decía tonterías por él.

- Me las cobraras después.

- Puedo sentir muchas cosas…Estoy seguro que en mi mundo, en mi ciudad, está haciendo calor, cerca de los treinta y ocho grados… Sé que en la zona de los demonios de fuego, como tú, están librando una lucha y quemándolo todo, volviendo su hogar un suelo de magna…

- ¿Puedes ver eso?

- Puedo sentirlo. Y a la vez... La humedad de esta cueva es seca, el calor de afuera es antinatural…

- Kurama, te has convertido en el Amo de las Estaciones.

- Te equivocas. Solo los poderes de los Elementos me están informando de todo, ellos no tienen raciocinio ni consciencia propia para actuar en contra o a favor. Esto era lo que buscaban los monjes cuando crearon a los Cuatro Elementos, para luego dárselos a un Elegido que hiciera el trabajo.

- Eres un Dios, Kurama- Al entender lo que había dicho se arrepintió. Esa frase no había sonado muy a las circunstancias. El pelirrojo lo miro sorprendido para después esbozar una gentil sonrisa.

- Soy más bajo que un Dios.

- ¿Por qué eres humano ahora, acaso no era Youko el que carga con más fuerza que tú?

- Debe ser el cansancio. El poder fue demasiado para Youko; no lo escucho en mi cabeza. Me abruman tantos datos e imágenes… Todas son de distintos lugares, nevando, floreciendo… He visto un dragón, oscuro y flamante, que de alguna forma lo veo en ti también.

- ¿Un dragón?

- Sí. ¿Sabías que la gema Nogard era el tesoro de los dragones, su símbolo? Veo a tantos de ellos rodeando la gema, peleando por ella y defendiéndola… Hiei, puedo ver el espíritu de un dragón a tu lado, en tu brazo.

Hiei reaccionó inmediatamente, exteriorizando su perplejidad, pero con el suficiente autocontrol para disimular serenidad.

- Si, lo hay- respondió al fin- Tengo a un dragón en mí.

- Supongo que esa es tu otra habilidad, ¿cierto?- No espero a que le respondiera. Sabía que tenía razón- Me sorprendes, realmente mucho.

Verlo así, con el cuerpo ensangrentado, y usando esa delicada voz, no era para nada agradable. Con cuidado de no tocar directamente sus heridas, deslizo una mano por la piel del kitsune pero él lo descubrió, y con alarma quito su mano.

- No lo hagas- Hiei se detuvo, mas por el tono de su voz que por su pedido- Conserva tu yoki para ti mismo. Yo me las arreglare.

- ¿Estás seguro?

- Tu energía me salvo antes, ¿recuerdas?

Hiei prefirió no hacerlo.

En vez de matarlo aquella vez, dejo vivir al Youko entregándole parte de su energía para su recuperación. Sabía que había salvado a Kurama pero también que le entrego docenas de palabras dolorosas y que le lastimo en todo sentido de la palabra. No podía retractarse de haber hecho todo eso.

- Kurama, ¿Qué vas a hacer ahora?

- Primero, descansar. Después, haré lo que desde el principio me propuse a hacer.

Kurama realmente necesitaba reposar, sin más exaltos. Hiei se quedó a su lado unos minutos pero la la entrada a esa ilusión continuaba abierta y podía oír el rugir de las nuevas bestias, tratando de entrar. Proteger a Kurama iba ser más difícil en ese estado. Además, Higurashi continuaba cerca.

Era surrealista. Tenerlo a su lado, descansando en su hombro, cuando se había convertido en un Dios y viéndolo tan débil tenía su encanto. Su belleza relucía a pesar de la sangre y las heridas todavía visibles.

Quería proteger eso.

- ¿Hiei?

Entreabrió los ojos, intrigado por el demonio que se había separado de él, ahora de pie y de espaldas.

- Buscare la salida. Tal vez esa entrada sea otra ilusión.

- ¿Eso piensas?- Tardo un poco más de lo habitual en comprender esas simples palabras. Pero, aun entendiéndole, no quería que se alejara. Presentía que algo terrible sucedería si lo hacía- ¿Y si es real? Esperemos.

- No esperare a ese chiflado, tampoco a esas bestias que entraran en cualquier momento- le dijo a la defensiva. Quiso decirle que se mantuviera a salvo allí, sin moverse, pero sabía que Kurama, obedeciéndolo o no, en realidad no podría moverse del todo- Iré.

- Hiei- musito, con ansiedad. La desesperante sensación de perder algo creció y el dolor que se había calmado hacia unos minutos volvía a atormentarle. Con Hiei alejándose le asaltaba un mal presagio.

"No te separes de mí, siento…"

El Maestro del Jagan se aproximó a la puerta, examinando la presencia de los monstruos ruidosos. No había ninguno a la vista, solo los gemidos se oían. Eran ilusiones.

Una pesada pared cayó atrás de él. Al girarse, descubrió que se trataba de un pájaro gigante oscuro que lo abrazo por sus alas y acabo por atraparlo.

- ¡Mal…ave desgraciada!

Kurama volvió su atención a la puerta. El ver a Hiei envuelto en una oscuridad más intensa que su propia ropa lo alarmo lo suficiente como para intentar levantarse pero para su mala suerte solo logro caerse de rodillas, para ver como el demonio de fuego desaparecía en el manto negro.

- No, no. ¡Hiei!

Lo vio luchar contra la oscuridad de aquel ser, pero todos sus ataques parecían ser inútiles contra el ave gigante. Y ocurrió lo que no quiso ver ni en pesadillas.

Hiei fue succionado a la oscuridad.

- ¡Hiei, vuelve!

- El estará bien. Como he dicho antes; jamás le haría daño.

Kurama viro a su izquierda, con tanta fuerza que se lastimo el cuello. Con rabia atendió al ser que se le apareció a unos metros de distancia, con una expresión que decía "gane".

- ¿Qué le has hecho? ¿A dónde lo has llevado?

- Este es mi territorio, ladrón zorro.

- ¡Basta, devuélvemelo!

Levantarse era doloroso. La sangre brotaba a cada intento por las heridas abiertas. Su voz decaía de volumen y no dejaba de temblar, consumido por los efectos. Con cada esfuerzo, le dolía hasta respirar.

- ¿Por qué piensas que te di a elegir, entre lo que te estas convirtiendo y a ese hermoso demonio, si podía simplemente buscar yo la Clave y usar mi cadena de la verdad con Hiei, cuando estaba dormido en mis brazos? Te lo propuse para saber qué harías, para conocer tu límite. El resultado fue decepcionante, muy a mi pesar.

- Dices que jamás le harás daño a Hiei, pero la Chain Viola pude lastimarle sin que él lo sepa. ¿Por qué?

- Hubiera sido mucho mejor que se quedara conmigo en el Makai. ¿No has notado que él está enojado por tu culpa? Esta avergonzado de sí mismo. Es miserable su situación. Tú también lo sabes.

- Haz provocado tantos problemas por el…Esta no es la forma de hacer las cosas.

- No me hables- se quejó el amo de las cigarras, acercándosele a pasos lentos- De lo que tú no tienes idea…Conviértete en el Amo absoluto de las Estaciones, hazlo.

- ¿Por qué debería hacer eso? ¿Para complacerte?

- Quiero ver cómo te corrompe ese poder, como olvidas todo y te entregas a la ambición destructiva. No importa si eres humano o tengas una mente firme, el poder te depravará.

- Quieres verme destruirme a mí mismo.

- Antes, quería verte asesinado por esas fuertes y ardientes manos, pero me conformare con esto.

Kurama lo miro con una dura mirada de desprecio.

- Deseabas esto. Hay que admitirlo, ser un Dios es tentador.

- ¿Un Dios…? ¿Yo?- Sonrió cínicamente, gesto del que Higurashi se sorprendió y aparto rápidamente, advirtiendo un aura distinta, de los Cuatro Elementos, alrededor de Kurama.

Estaba activando los Cuatro Elementos dentro de su cuerpo.

- ¿Cómo puedes soportar tanto poder con ese cuerpo?

- Yo esperaba…Esperaba a que los poderes se tranquilizaran y dejaran de doler, pero ya no puedo permitirme eso.

- Ya entiendo. Vamos, hazlo. Libera esa energía que en ese cuerpo será un suicidio.

- Cállate- No podía controlarlo: los poderes se manifestaron a su alrededor, como un tipo de escudo que sobrecogió todo su cuerpo- No me conoces.

Higurashi dio marcho atrás. La ilusión lentamente se convertía en un espacio vació. Noto que la energía de Kurama estaba expandiéndose por todos lados, a grandes y pequeñas proporciones. Era el poder de los Cuatro Elementos en su estado más vulnerable y activo. Era la Naturaleza. Diferentes estados de temperatura y energía se liberaron como explosivos con Kurama en el medio, arrodillado y agitado, con las heridas ya cerradas. El cansancio fue reemplazado por una fuerza impresionante.

- ¿Esto es el Amo de las Estaciones?

Cruzando los límites de su ilusión, los poderes de los Cuatro comenzaron a liberarse y Higurashi casi podía asegurar que el Makai podía sentir la misma energía. La Naturaleza estaba en colapso. Sorprendido ante las grandezas de esa fuerza, vio como Kurama se ponía de pie. Pero, ya no era Kurama. Su cuerpo se transformaba en Youko para contener mejor el poder.

- Yo nunca tuve un deseo tan vulgar, demonio de cuarta- dijo Youko, con las mismas heridas de su otro yo en su cuerpo, envuelto en el aura de colores de los Elementos de las estaciones. Era mejor de lo que había imaginado. El poder, la gracia, el control, pero…- No es esto lo que buscaba de esta aventura.

Aumentaba, se ampliaba. Era demasiado. Todo estaba por explotar por tanta energía contenida.

Higurashi no le temía al poder de Kurama, ni siquiera si lo mataba por la exposición de tanta exagerada energía. Le importaba más que Hiei se mantuviese a salvo, que no lograra salir de la protección de su poder para no sufrir las consecuencias de una posible explosión.

- En realidad, yo no buscaba ser el Amo de las Estaciones- Higurashi lo escucho y no pudo más que estarse quieto. Pareciese que todo el poder a su alrededor fuera una bomba de tiempo- No deseo dominar algo tan hermoso como la Naturaleza, no soy digno, lo admito. Yo deseaba…- Cayo de rodillas, demasiada presión, poca resistencia para contener el poder- ¡Yo desea destruir los Cuatro Elementos! Y lo haré, ahora mismo…