Disclaimer: Nada de Harry Potter es de mi propiedad, los personajes y todo lo relacionado a la historia canon que pueda aparecer, a excepción de lo creado y modificado por mi persona, pertenecen a J.K. Rowling.

Summary: A veces la realidad y el tiempo pueden ser muy extraños. A veces el futuro es tu pasado y el pasado tu presente, porque la línea que los divide en el fondo se volvió extremadamente difusa. Pero gracias a esto, ahora pueden cambiar las cosas. Pueden elegir algo distinto, algo que no lleve al mundo a su aniquilación total…


Días De Nuestro Futuro Pasado.

Capítulo XVII

"El Inicio, Una Canción Para La Creación"

~0~0~

—DIALOGO NORMAL—

—(PENSAMIENTO)—

—"PARSEL"—

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El sonido de un taiko siendo golpeado, de un viejo y tradicional tambor japonés siendo tocado con un firme golpe de la palma de la mano resonó en la nada. La espera se hizo sentir cuando nada más se escuchó; solo el sonido de una suave brisa veraniega interrumpía el silencio.

Un nuevo golpe se volvió a escuchar. Una gota calló sobre un calmo mar rojo. Pero esta vez la calma se hizo esperar, el sonido de unos cascabeles resonó siguiendo al tambor.

Los ojos de Harry se abrieron.

Los altísimos setos producían sombras negras y oscuras y, ya fuera a causa de su altura y espesor, o porque estaban encantados, los gritos de la multitud estaban apagados.

El sonido del tambor resonó nuevamente.

¿Se estaba volviendo loco? ¿Su mente ya trastornada por el dolor de haber perdido a su hija lo estaban haciendo escuchar sonidos que no existían? Ya veía y escuchaba cosas que no existían… ya estaba loco. Pero era un loco con un propósito.

Silenció.

Un cuarto golpe se escuchó, pero con una diferencia de tiempo menor.

—¿Harry? —dijo una voz levemente grave tocándole el hombro.

Harry miró al hombre que lo estaba llamando como si hubiera roto su trance. Sus ojos eran azules…como los de ella, pero su pelo era completamente blanco y estaba lleno de arrugas.

—¿Harry? —repitió Dumbledore.

Los cascabeles se unieron cuando el nuevo golpe se escuchó. Pero se perdieron cuando el siguiente sonido del taiko se presentó solo.

Harry miró hacia abajo y vio en su mano la Varita de Sauco. Volvió a mirar al hombre y casi de forma robótica, asintió.

~0~0~

Unos ojos verdes destellaron esa noche casi con un frio helado como si lo que estuviera por hacer es cometer un asesinato. Apretó sus manos de forma inconsciente y murmuró algunas palabras casi que no fueron audibles para las tres personas que estaban delante de él. A pesar de que sus ojos delataban frialdad su mirada estaba perdida.

—Perdónenme por no haber sido tan buen estudiante; por no haber sido tan bueno en posiciones como mi madre —dijo Harry con suavidad mirando a Snape que rápidamente giró su cabeza y miró por la ventana —. Perdón por todas las cosas que le hizo mi padre…no se las merecía. Tenía razón era un idiota.

Snape no dijo nada. Solo siguió mirando por la ventana.

Estaba llorando amargamente.

Harry miró a Dumbledore y a McGonagall que lo miraban con lastima y volvió a hablar.

—Perdón por no haber sido tan buen alumno, me hubiera gustado aprovechar mejor sus clases, y haberme esforzado más…tal vez hubiera logrado que muchas cosas fueran diferentes. Me hubiera gustado ser un animago como ellos, seguro que sería un ciervo… A veces la gente no se da cuenta lo frágil que es la vida, pero lo es. Nosotros no nos dimos cuenta hasta que fue muy tarde, creímos que lo habíamos perdido todo, que ya no íbamos a perder nada más, pero al final perdimos lo más valioso de todo. Profesor Dumbledore tengo una última petición…

—Claro Harry… —dijo Dumbledore como si fuera un suave susurro —. Lo que quieras.

—Quiero que me devuelva la Varita de Sauco y la Piedra de la Resurrección… quiero llevármelas a la tumba nadie más puede tenerlas…son demasiado peligrosas. —dijo Harry con frialdad mirando a Dumbledore a los ojos.

—Pero Harry… no vas a intentar…

—¡ACCIO VARITA DE SAUCO! —exclamó Harry y en su mano apareció la legendaria Varita —. Son mías por derecho.

—Está bien… —susurró Dumbledore sacando del escritorio la pequeña piedra.

~0~0~

Harry con un movimiento de la Varita de Sauco una luz apareció en la punta, Cedric susurró —Lumus. — e hizo lo mismo detrás de él. Después de unos cincuenta metros llegaron a una bifurcación. Se miraron el uno al otro.

La mirada de Harry sin embargo estaba apagada

—Adiós. —dijo Harry con suavidad, y fue por la izquierda caminando, mientras que Cedric iba por la derecha.

Harry escuchó el silbato de Bagman, Krum acaba de entrar. Bajó la velocidad. Giró a la derecha y caminó, sosteniendo la varita por encima de la cabeza para tratar de ver lo más lejos posible. Esperaba el momento casi con una falsa tranquilidad. La Capa de Invisibilidad estaba bajo su remera, mientras que la Piedra de la Resurrección en su otra mano. La apretó con firmeza hasta que escuchó el tercer silbato, Fleur había entrado y todos estaban en el laberinto.

El laberinto comenzó a volverse cada vez más oscuro. Llegó a una nueva bifurcación.

—Oriéntame —dijo Harry a su varita, poniendo horizontalmente sobre la mano.

La varita giró y señaló el norte, él tenía que ir al noreste para llegar al centro del laberinto. Harry comenzó a caminar hacia la izquierda y luego girar a la derecha en cuanto pudiera. Todo seguía completamente vacío, y cuando encontró un nuevo desvió a la derecha lo tomo. Pasado un tiempo escuchó moverse algo justo detrás de él. Levantó la varita, lista para el ataque, de la nada salió Cedric que parecía muy asustado y parte de la manga de la túnica estaba ardiendo.

—¡Los escregutos de Hagrid! —dijo entre dientes —. ¡Son enormes! ¡Acabo de escaparme de uno!

Todo estaba pasando como había sucedido. No parecía inmutarse como la primera vez. La sangre no le parecía algo desagradable ya…. Harry con un movimiento de varita envolvió la mano de Cedric y en silencio siguió caminando mientras se alejaba de él. Volvió a dar un giro a la izquierda y luego otro a la derecha. Se detuvo cuando sintió algo, caminando tomándose el estómago y sangrando Luna, su hija, apareció.

—¡Papi! —gritó llorando —. Ayudame po favo.

Todo el cuerpo de Harry se paralizó su mente se contrajo a las pesadillas que tenía regularmente, estaba saliéndose de control. Tomó con fuerza la Varita de Sauco hasta que esta crujió levemente.

Todavía no era el momento…

—¡Papi ayúdame peros malos me lastimadon! —volvió a decir la pequeña niña rubia con cabello enrulado y vestidito amarillo.

Harry se quedó completamente estático al ver tal escena. Su corazón había comenzado a latir con fuerza, su boca se abrió ligeramente. Luna comenzó a acercarse mientras cojeaba y la sangre seguía saliendo de su estómago. Harry estaba por correr hacia ella algo le decía que lo hiciera, pero se concentró y levantó la varita.

—¿Papi?

—Avada Kedavra… —conjuró Harry.

La niña recibió de llenó el hechizo y un humo negro comenzó a aparecer, la criatura comenzó a transformarse en distintas cosas hasta mientras se iba elevando hacia arriba y explotaba.

Su mente se había roto.

Harry suspiró y comenzó a moverse nuevamente. Izquierda, derecha, de nuevo izquierda… Dos veces se encontró en callejones sin salida. Repitió el encantamiento brújula, y continuo el camino. Tomo una calle a la derecha y vio una extraña niebla dorada que flotaba delante de él.

Un gritó agudo quebró el silencio. Harry se concento, el grito parecía provenir de adelante. Tomó aire, y se internó corriendo delante de la niebla encantada. El mundo se puso boca abajo. Harry se sorprendió, miró a todos lados y efectivamente estaba boca abajo, cerró los ojos y comenzó a pensar.

De inmediato, el mundo volvió a colocarse en su lugar. Harry continuó caminando, se detuvo en un cruce y miró buscando algún rastro de Fleur. Estaba seguro que la había escuchado gritar. Tomó el camino a la derecha. La Copa tenía que estar muy cerca, y parecía que Fleur ya no competía. Pasaron otros diez minutos sin más encuentros que el de calles sin salidas. Dos veces camino por el lugar equivocado hasta que encontró una calle distinta. Luego dobló en una esquina, y se encontró con un escreguto de cola explosiva.

Cedric tenía razón, era enorme, igual que la primera vez. De al menos unos diez metros de largo, era extremadamente parecido a un escorpión gigante. Harry levantó la varita, lamentándose por que tenía que hacer y concentrando mucha magia en la punta de su varita dijo.

—BOMBARDA MAXIMA.

Una gigantesca explosión resonó en todos lados. Desde las tribunas vieron volar un montón de fragmentos de lo que parecía una especie de bicho.

Harry estaba parado con un escudo que lo protegía, mientras que un gigantes cráter en el suelo humeaba, mientras que los setos estaban manchados de una especie de masa babosa que parecía sangre. Harry continuó caminando, tomó a la izquierda. Llevaba unos minutos caminando a toda prisa por el nuevo camino, cuando escucho algo en las calles paralelas a las que iba que lo hizo detenerse.

—¿Qué vas a hacer? —gritó Cedric en voz alta —. ¿Qué demonios estas por hacer?

La voz de Krum resonó.

—¡Crucio!

El aire se llenó de los gritos de Cedric. Se sentía raro ver a alguien sufrir, pero había sufrido tanto que no parecía sentir emociones, sin embargo apuntó su varita al seto y gritó.

—¡INCENDIO!

Una poderosa llamarada comenzó a incendiar el seto creando un agujero. Harry traspaso el hueco que había creado y apuntando con la varita directamente a Krum gritó.

—¡Desmaius!

El encantamiento pegó a Krum. Este se detuvo completamente, cayo completamente inconsciente al suelo boca abajo y tirado en la hierba. Harry caminó hacia Cedric, que había dejado de retorcerse y jadeaba con las manos en la cara.

—¿Estás bien? —preguntó agarrándolo del brazo y levantandolo.

—Si —dijo Cedric sin aliento —. No puedo creerlo… venia hacia mí por detrás… Lo escuché y me apunto con la varita.

Se levantó. Seguía temblando. Los dos miraron a Krum. Harry levantó su varita al aire y salieron chispas rojas.

—Vamos, ¿escuchaste el grito de Fleur? —preguntó Harry

—Sí, ¿Crees que Krum la alcanzó también a ella?

—No sé. —contestó Harry la repetición se sentía casi aburrida ya para este momento.

Harry y Cedric permanecieron un momento en la oscuridad, mirando a su alrededor. Luego Cedric dijo.

—Bueno, supongo que lo mejor es seguir…

—Si… bien…

Ambos comenzaron a caminar sin hablar; luego Harry giró a la izquierda, y Cedric a la derecha. Pronto dejaron de escucharse los pasos de ambos. Harry siguió adelante y usando cada cierto tiempo el encantamiento brújula continuó caminando.

De vez en cuando llegaba a un nuevo callejón sin salida, pero la creciente oscuridad era señal, el centro del laberinto estaba cerca. Entonces, caminando rápidamente por un camino recto y largo, volvió a percibir que algo se movía, y el haz de luz de la varita iluminó a una criatura extraordinaria, un espécimen al que sólo había visto en libros, en el pasado y que Luna se moriría por ver.

Una hermosa esfinge, tenía el cuerpo de un león, con grandes garras y una cola larga, amarillenta, que terminaba en un mechón castaño. La cabeza, sin embargo, era de una joven y hermosa mujer con ojos almendrados.

—Estás muy cerca de la meta. El camino más rápido es por acá.

—¿Puedo pasar noble señora? —preguntó Harry con respeto.

—No —contestó la esfinge —. No a menos que descifres mi enigma. Si acertas a la primera, te voy a dejar pasar. Si te equivocas, te voy a atacar. Si te quedas callado, te voy a dejar marchar sin hacerte ningún daño.

Harry lo pensó un momento y se tranquilizó.

—Está bien —dijo —. ¿Puedo escuchar el enigma?

La esfinge se sentó sobre sus patas traseras, en el centro del mismo camino y recitó

Existe sobre la tierra un ser bípedo y cuadrúpedo,

que tiene sólo una voz,

y es también trípode.

Es el único que cambia su aspecto

de cuantos seres se mueven por tierra,

aire o mar.

Pero, cuando anda apoyado en más pies,

entonces la movilidad de sus miembros es mucho más débil.

Harry sonrió débilmente intentando parecer pensativo. Sin embargo la esfinge pareció divertida porque esbozó una gran y misteriosa sonrisa mientras lo miraba con sus profundos ojos color almendras.

—Es el hombre —dijo Harry.

La esfinge amplió su sonrisa. Se levantó, extendió sus patas delanteras y se hizo a un lado para dejarlo pasar.

—Gracias —dijo Harry.

Harry siguió caminando entonces la vio, la Copa de Los Tres Magos brillaba sobre un pedestal a menos de cien metros de distancia. Harry comenzó a correr cuando una mancha oscura salió al camino, corriendo como una bala por delante de él. Cedric iba a llegar primero. Corría hacia la copa tan rápido como podía, y Harry sabía que nunca iba a poder alcanzarlo, Cedric era más alto y tenía piernas mucho más largas…

—¡Cedric! —gritó Harry —. ¡A tu izquierda!

Cedric miró justo a tiempo para poder esquivar lo que había apareció y evitar chocar con ella, pero, en su apresuramiento, tropezó tirando la varita mientras que una gigantesca araña entraba en el camino y se abalanzaba sobre él.

—¡Deffindo! —gritó Harry

Las patas negras delanteras de la araña cayeron en el lugar. Cedric abrió grande los ojos, y un destello negro paso a la araña, agarrándolo del brazo y levantándolo. Cedric apoyándose en el hombro de Harry comenzaron a correr. La araña lanzó un chirrido enfurecida comenzando, con esfuerzo mientras sangraba a perseguirlos.

—¡BOMBARDA MAXIMA! —gritó Harry.

La araña, recibiendo el impacto exploto lanzando una secreción viscosa para todos lados. Ambos suspiraron. Harry miró a Cedric que sangraba de una pierna y él le devolvió la mirada.

—Vamos Harry, agarra la copa… me salvaste la vida dos veces… y me ayudaste con el dragon. —dijo Cedric. Era como si le costara todas sus fuerzas, pero había bajado el rostro resignado.

Si fuera la primera vez hubiera mirado alternativamente a Cedric y la Copa. Por un instante se hubiera visto del laberinto saliendo de ella, pero no había vuelta atrás, ya no había un camino feliz que tomar. Pero si un final feliz. Los había engañado a todos, ambos lo habían hecho casi de forma indirecta, a último momento cambiaron las cosas, una teoría nueva había surgido… una nueva carta había aparecido y la tenían que aprovechar. Ella sin embargo, aunque sabia no iba a hacer nada

—Esta bien. —susurró Harry.

Cedric se sentó en el suelo y Harry caminando con determinación tomó una de las asas de la Copa de los Tres Magos.

Al instante, Harry sintió una sacudida en el estómago. Sus pies despegaron del suelo. No podía aflojar la mano que sostenía la Copa y el brazo que agarraba a Cedric. Un torbellino de viento y colores apareció.

~0~0~

Harry semi consiente sintió la fría y húmeda sensación de la tierra ligeramente mojada por el rocío bajo su mejilla. Lentamente comenzó a abrir los ojos, su cuerpo, su cabeza le dolían. Todavía tirado, Harry miró a su alrededor, por un lado, estaba Cedric despertándose lentamente del viaje. Su vista lentamente se aclaró y con esfuerzo lentamente trató de pararse, pero como si estuviera gateando las náuseas aparecieron. Odiaba los trasladores.

Desde la oscuridad, desde las sombras, una figura apareció caminando derecho hacia ellos. Harry no podía distinguir bien quien era; girando lentamente, todavía con nauseas, la cabeza miró hacia todos lados, tumbas. Tumbas rodeaban por todos lados. La cabeza de Harry seguía doliendo. Quienquiera que fuera él que se acercaba, era de pequeña estatura y llevaba una capa con capucha que le ocultaba el rostro. Cuando la distancia se acortó, pudieron ver que llevaba lo que parecía un bebe.

Harry trató de concentrase en lo que tenía que hacer. Ya sabía quién era. Pero había que fingir, aunque no pudiera en ese momento, sin embargo, no pudo pensar mucho ya que una maldición lo golpeó directamente y la noche se volvió completa.

~0~0~

Harry abrió los ojos muy lentamente. Todo el cuerpo le pesaba, le dolía, sus sentidos estaban sobrecargados y un poderoso dolor y pulsar en su cabeza prácticamente lo amenazaba con volverlo a dejar en la inconciencia.

Y entonces, antes de que su mente pudiera reiniciarse y volver a funcionar, alguien lo levantó.

El hombrecito de la capa había dejado lo que tenía en brazos y, con la varita encendida, arrastró a Harry hacia lo que parecía una lápida de mármol. A la luz de la varita, Harry vio el nombre inscrito en la lápida antes de ser arrojado contra esta.

TOM RYDDLE

El hombre de la capa hizo aparecer unas cuerdas que sujetaron firmemente a Harry, atándolo a la lápida desde el cuello a los tobillos. Harry podía oír el sonido de una reparación rápida y superficial que provenía de dentro de la capucha. Trató de liberarse, pero el hombre, agarrando una piedra del suelo lo golpeo en la cien casi noqueándolo. Harry volviendo a estar en un estado semiconsciente vio la mano del hombrecito, le faltaba un dedo, era Colagusano.

Todo volvía a ser como antes y le estaba molestando.

Cuando Colagusano, con manos temblorosas, termino de sujetarlo y comprobar la firmeza de las cuerdas sacó una tira larga de tela negra de la capa y le ató la boca a Harry. Luego, sin decir una palabra, le dio la espalda y se fue a toda prisa. Harry no podía decir nada, ni podía ver a donde había ido Colagusano. No podía mover la cabeza para mirar al otro lado de la lápida, solo podía ver lo que estaba justo delante de él.

Brillando a la luz de las estrellas, estaba la Copa de Los Tres Magos. La Varita de Sauco estaba tirada a sus pies. Harry intentó relajarse y sabía que no podía hacer nada por ahora; cerró los ojos con amargura había al menos salvado una vida, pero se las iba a llevar a todas en el proceso, sus sentidos todavía estaban sobrecargados necesitaba tranquilizarse.

Harry escuchó un ruido cerca de sus pies. Bajó la mirada, y vio una serpiente gigante que se deslizaba por la hierba, rodeando la lápida a la que estaba atado. Volvió a escuchar, cada vez más fuerte, la respiración rápida y dificultosa de Colagusano, que sonaba como si estuviera moviendo algo pesado. Entonces entró en campo de visión de Harry, que lo vio empujando algo parecía un caldero de piedra, aparentemente lleno de agua. Escuchó como salpicaba el suelo y era más grande que ningún caldero que él hubiera usado nunca, con el suficiente diámetro y altura como para que un adulto sentado entrara perfectamente.

Mirando hacia un costado vio el lio de ropa, en el suelo, que se agitaba con persistencia, como si tratara de liberarse. En ese momento, Colagusano hacía algo en el fondo del caldero con la varita. De repente brotaron bajo él unas llamas comenzando a calentar el caldero. La serpiente se alejó reptando hasta adentrase en la oscuridad.

El líquido que tenía el caldero parecía estar calentándose rápidamente. La superficie comenzó a burbujear y a lanzar chispas para todos lados. El vapor se comenzó a espesar emborronando la silueta de Colagusano, que atendía el fuego. El lío de ropa empezó a agitarse más fuerte, y Harry volvió a oír la voz fría y aguda.

—¡Rápido, Colagusano!

—Ya está listo, amo.

—Ahora… —dijo la voz fría.

Colagusano abrió el lío de ropa, que parecía una túnica, revelando lo que había dentro, Harry no se sorprendió con lo que vio.

Era como si Colagusano hubiera levantado una piedra y dejado a la vista algo oculto, horrible y viscoso… pero cien veces peor de lo que se podía decir. Esa cosa amorfa tenía la forma de un niño agachado, pero Harry ya lo había visto con anterioridad, no tenía pelo, y la piel era de aspecto escamoso, de un negro rojizo oscuro, como carne viva; los brazos y las piernas eran extremadamente delgados y débiles, rozando lo escuálido; y la cara… Ningún niño vivo tendría una cara parecida a esa… plana y como de serpiente, con ojos rojos brillantes… no podía ser que fuera…

Parecía incapaz de valerse por sí mismo, levantó los brazos delgados, rodeando el cuello de Colagusano, y éste lo levantó. Al hacerlo se le cayó la capucha, y Harry vio, a la luz de la fogata, una expresión de asco en el pálido rostro de Colagusano mientras lo llevaba hasta el borde del caldero. Luego vio, por un momento, el cara plana y malvada que era iluminada por el fuego del caldero, y de pronto escuchó el sonido del golpe sordo del frágil cuerpo contra el fondo del caldero.

Colagusano, con voz temblorosa y atemorizada levantó la varita y cerró los ojos y habló a la noche.

—¡El hueso del padre, tomado sin permiso… renovara a su hijo!

La superficie de la sepultura donde estaba Harry se quebró a la altura de sus pies y vio como un fino polvo blanco volaba y caía suavemente en el caldero. La superficie traslucida del agua se agitó y lanzó burbujas y se comenzó a mover violentamente, hasta volverse de un color azulado de aspecto putrefacto.

En ese momento, Colagusano llorando, sacó una daga plateada, brillante, larga y de una hoja muy delgada del interior de la túnica. Con voz quebrada y llorando dijo.

—¡La Carne… del sirviente… entregada voluntariamente… revivirá a su Señor!

Extendió su mano derecha, la mano a la que le faltaba un dedo. Agarró la daga muy fuerte con la mano izquierda, y la levantó.

Un gritó perforo la noche.

Colagusano, a paso lento, mientras sollozaba y gemía de dolor, se acercó hasta Harry, y abrió grande los ojos e intentó moverse actuando como si estuviera lleno de miedo. Se preparó para el corte.

—Sa… sangre del enemigo… tomada por la fuerza… revivirá al que odia.

Harry sintió, a pesar de su inútil forcejeo, como Colagusano, penetraba con la daga el antebrazo y la movía haciendo que comenzara a sangrar; sin perder el tiempo y jadeando todavía con dolor, saco del bolsillo de su túnica un vial de cristal y lo puso justo bajo el corte haciendo que lentamente se llenara.

Tambaleándose, comenzó a caminar con la sangre hasta el caldero; Harry ignorando el dolor se concentró en su varita y esta lentamente comenzó a girar hasta donde estaba, moviéndose con algo de esfuerzo, tomó la varita y con un movimiento cortó la soga que ataba sus manos. Cuando Colagusano llegó al caldero y vertió la sangre dentro, luego; luego se desplomó de lado y quedó tendido en la hierba, agarrándose el muñón ensangrentado, llorando y dando gritos ahogados…

Harry había terminado de liberarse, pero seguía sentado contra la tumba, lo sintió. El caldero hervía a borbotones, salpicando en todas direcciones con un brillo cegador que hacía que todo lo demás pareciera una negrura aterciopelada.

Sintió miedo, el cuerpo comenzó a dejar de responderle.

Las llamas, las chispas, la luz, todo ceso. Una enorme cantidad de vapor blanco surgió formando espesas nubes y lo envolvió todo, de forma que no pudo ver nada, pero todo estaba ahí, lo sentía. De entre la niebla, vio, completamente shockeado, que del interior del caldero se levantaba lentamente la oscura silueta de un hombre, alto y extremadamente delgado.

—Vestime —dijo por entre el vapor la voz fría y ahora mucho más grave; Colagusano, todavía llorando y gimiendo, sin dejar de agarrarse el brazo mutilado, alcanzó con dificultad la túnica negra del suelo, se puso de pie, se acercó a su señor y se la colocó por encima con una sola mano.

El hombre delgado, salió del caldero, mirando a Harry fijamente…. Ambos se vieron a los ojos por un momento. Harry apretó el agarre de su varita, sin embargo, su cuerpo no le respondía. Harry sintió al hombre, sentía su magia, tan poderosa como la de Dumbledore brotar de su piel. Era una sensación fría, su alma estaba corrompida…

Los pensamientos de Harry se esfumaron cuando el hombre delgado, con rostro blanco como una calavera, con ojos de color rojo intenso, y nariz aplastada como la de una serpiente, con pequeñas rajas en ella en vez de orificios, dejo de mirarlo.

Lord Voldemort había vuelto.

Voldemort dejo de mirar a Harry y empezó a examinar su propio cuerpo. Las manos eran grande y delgadas; con los largos dedos se acarició el pecho, los brazos, la cara. Los rojos ojos, cuyas pupilas eran alargadas como las de un gato, brillaron en la oscuridad. Levantó las manos y flexionó los dedos con expresión embelesada y exultante. No le hizo el menor caso a Colagusano o a la serpiente que seseaba mientras giraba a su alrededor. Voldemort deslizó una de aquellas manos de dedos anormalmente largos en un bolsillo de la túnica, y sacó una varita blanca como la tiza. La acarició suavemente, y luego la levantó y apuntó con ella a Colagusano, que se elevó en el aire y luego cayó en el mismo lugar. Voldemort miró un momento a Harry a los ojos, y soltó una risa sin alegría, fría, aguda.

—Señor… —rogo Colagusano ensangrentado con voz ahogada —, Señor… me prometió… me prometió…

—Levantá el brazo —dijo Voldemort con desgana.

—¡Ah, Señor… gracias, Señor…!

Alargó el muñon ensangrentado, perro Voldemort volvió a reírse.

—¡El otro brazo, Colagusano!

—Amo, por favor… por favor…

Voldemort se inclinó hacia él y tiró de su brazo izquierdo. Le retiró la manga por encima del codo, y Harry logro ver algo en la piel, algo como un tatuaje de color rojo intenso, una calavera con una serpiente que le salía de la boca, la misma imagen que había visto en El Profeta que había aparecido en el cielo durante los Mundiales de Quidditch: La Marca Tenebrosa. Voldemort la examinó cuidadosamente, sin hacer caso del llanto incontrolable de Colagusano.

—Volvió… —dijo con voz suave —. Todos se deben haber dado cuenta… y ahora vamos a ver… ahora vamos a saber…

Apretó con la punta de su varita la marca del brazo de Colagusano que gritó con dolor. Voldemort sacó la punta de su varita de la marca de Colagusano, y Harry vio que ahora se había ennegrecido. Con expresión de cruel satisfacción, Voldemort se irguió, miró hacia atrás y contemplo todo el lugar, todo el oscuro cementerio.

—Al notarlo, ¿Cuántos van a tener el valor de volver? —susurró Voldemort mirando las estrellas con sus brillantes ojos rojos —. ¿Y cuantos van a ser lo bastante locos para no hacerlo?

Comenzó a pasear de un lado a otro pasear de un lado a otro ante Harry y Colagusano, barriendo el cementerio con los ojos sin cesar. Después de un minuto volvió a mirar a Harry, y una cruel sonrisa torció su rostro de serpiente. Harry trató de esconder que tenía una varita.

—No te preocupes Harry, ya sé que tenes tu varita. Muy hermosa, por cierto, Colagusano me conto de tus aventuras y andanzas… ¿Sabías que estas sobre los restos de mi difunto padre, Harry? —dijo Voldemort con un suave siseo —. Era muggle y además idiota… como tu querida madre. Pero los dos fueron de utilidad, ¿No? Tu madre murió para defenderte cuando eras un bebe… A mi padre lo maté yo, y ya ves lo útil que fue después de muerto.

Voldemort volvió a reírse. Seguía paseando, observándolo todo mientras caminaba, en tanto la serpiente hacia círculos en la hierba.

—¿Ves la casa de la colina, Harry? En esa casa, vivió mi padre. Mi madre, una bruja que vivía en la aldea, se enamoró de él. Pero mi padre la abandonó cuando supo lo que era ella, no le gustaba la magia. La abandonó y se fue con sus padres muggles antes incluso de que yo naciera, Harry, y ella murió minutos después de que di a luz, así que me crie en un orfanato muggle… pero juré encontrarlo… Me vengué de él, de este loco que me dio su nombre, Tom Ryddle.

Siguió paseando, mirando con sus rojos ojos de una tumba a otra.

—Lo que son las cosas, yo reviviendo mi historia familia… —dijo en voz baja —. Me estoy volviendo sentimental… ¡Pero mira, Harry! Ahí vuelve mi verdadera familia… ¿Por cierto, como está la Sangre Sucia? —agregó con una sonrisa perversa —, ¿Ya debe ser toda una mujer?...

El aire se llenó repentinamente de ruido de capas. Pero entre las tumbas, por el bosque, aparecían magos, todos encapuchados y con máscaras. Y uno a uno se iban acercando lenta, cautelosamente, como si apenas pudieran creer lo que veían sus ojos. Voldemort dejo de sonreír y serio permaneció en silencio, esperando a que se acercaran. Entonces uno de los mortifagos cayó de rodillas, y se acercó a hacia Voldemort y le beso la parte baja de la negra túnica.

—Señor… Señor… —susurró con voz distorsionada.

Los mortifagos que estaban tras él hicieron lo mismo. Todos se fueron acercando de rodillas, y le besaron la túnica antes de retroceder y levantarse parándose a un lateral no muy lejos de la tumba de Tom Ryddle, de forma que Harry quedo a un lado, Voldemort y Colagusano en el centro y el resto en el otro extremo. Como si fuera una formación militar se pararon uno al lado del otro, mientras dejaban huecos, como si esperaran que apareciera más gente. Voldemort, sin embargo, no parecía esperar a nadie más. Miró a su alrededor los rostros encapuchados y, aunque no había viento, un ligero temblor recorrió la formación, haciendo crujir las túnicas.

—Bienvenidos, mis mortifagos —dijo Voldemort en voz baja —. Trece años… trece años pasaron desde la última vez que nos encontramos. Pero siguen acudiendo a mi llamada como si fuera ayer… ¡Eso quiere decir que seguimos unidos por la Marca Tenebrosa! ¿No es así?

Echó atrás su terrible cabeza y aspiró, abriendo los agujeros de la nariz, que tenían forma de rendijas.

—Huelo a culpa —dijo —. Hay un olor a culpa en el ambiente.

Un segundo temblor recorrió la formación, como si cada uno de sus integrantes sintiera la tentación de retroceder, pero no se atrevía.

—Los veo a todos sanos y salvos, con sus poderes intactos… ¡Qué apariciones tan rápidas!... y me pregunto, ¿Por qué este grupo de magos no vino en ayuda de su Señor, al que juraron lealtad eterna? Parece ser como si solo el Harry se hubiera preocupado por mi durante todos estos años…

Nadie habló. Nadie se movió salvo Colagusano, que no dejaba de llorar por su brazo sangrante.

—Y me respondo —susurró Voldemort —. Debieron pensar que yo estaría acabado, que me había ido. Volvieron ante mis enemigos, adujeron que habían actuado por inocencia, por ignorancia, por encantamiento… Y entonces me pregunto a mí mismo, ¿Cómo pudieron creer que no volvería? ¿Cómo pudieron creerlo ellos, que sabían las precauciones que yo había tomado, tiempo atrás, para preservarme de la muerte? ¿Cómo pudieron creerlo ellos, que habían sido testigos de mi podre, en los tiempos en que era más poderoso que ningún otro mago vivo? Y me respondo, quizá creyeron que existía alguien aún más fuerte, alguien capaz de derrotar incluso a Lord Voldemort. Tal vez ahora son fieles a ese alguien… ¿Tal vez a ese paladín de la gente común, de los sangresucia y de los muggles, Albus Dumbledore?

A la mención del nombre de Dumbledore, los integrantes del círculo se agitaron, y alguno negaron con la cabeza o murmuraron algo.

Voldemort no les hizo caso.

—Me resulta decepcionante. Lo confieso, me siento decepcionado…

Uno de los hombres avanzó hacia Voldemort, rompiendo la formación, temblando completamente y cayo a sus pies.

—¡Amo! —gritó —. ¡Perdóneme, Señor! ¡Perdónenos a todos!

Voldemort comenzó a reírse violentamente, casi de forma psicótica. Levantó la varita.

—¡Crucio!

Para Harry esto era entre revivir una pesadilla y tener que planificar todo lo que tenia que hacer. Su mente divagó por unos momentos mientras que los gritos del hombre continuaban retumbando por todos lados.

Se sentía cansado. Y estaba dispuesto a mandarlos a todos al demonio, pero antes quería verlo a él por última vez. Quería ver sus ojos incrédulos cuando su cuerpo se convirtiera en sangre pura y su recién estrenado cuerpo fue más que eso. Un liquido rojizo que se perdería en el tiempo.

Voldemort levantó la varita. El mortífago torturado estaba tirado en el suelo, jadeando sin control.

—Arriba, Avery —dijo Voldemort con suavidad —. Levantate. ¿Rogas clemencia? Yo no tengo clemencia. Yo no olvido. Trece largos años… Te voy a exigir que me pagues por estos trece años antes de perdonarte. Colagusano ya pago parte de su deuda, ¿No es así, Colagusano?

Bajó la vista hacia él, que seguía llorando.

—No volviste a mí por lealtad sino por miedo a tus antiguos amigos. Mereces el dolo, Colagusano. Lo sabes, ¿No?

—Sí, Señor —dijo Colagusano con un gemido —. Por favor, Señor, por favor…

—Aun así, me ayudaste a recuperar mi cuerpo —dijo fríamente Voldemort, mirándolo llorar en la hierba —. Aunque sos inútil y traicionero, me ayudaste… y Lord Voldemort recompensa a los que lo ayudan.

Voldemort hizo un par de movimientos con la varita en el aire. Un rayo de lo que parecía plata derretida salió brillando de esta. Sin formar durante un momento algo, hasta que luego tomó la forma de una mano humana, de color semejante a la luz de la luna, que descendió y se adhirió a la muñeca sangrante de Colagusano.

El llanto de Colagusano se detuvo. Respirando de forma irregular y entrecortadamente, levantó la cabeza y contempló la mano de plata como si no pudiera creerlo. Se había unido al brazo limpiamente, sin señales, como si se hubiera puesto un guante resplandeciente. Flexionó los brillantes dedos y luego, temblando, agarró una pequeña ramita seca y la apretó hasta convertirla en polvo.

—Señor…—susurró —. Señor… es hermosa… gracias… mil gracias.

Avanzó de rodillas y besó el bajo de la túnica de Voldemort.

—Que tu lealtad no vuelva a ponerse en duda, Colagusano —le advirtió Voldemort.

—No, mi Señor… nunca.

Colagusano se levantó y ocupó su lugar en la formación, sin dejar de mirarse la mano nueva. En la cara aún le brillaban las lágrimas. Voldemort se acercó entonces al hombre que estaba a la derecha de Colagusano.

—Lucius, mi escurridizo amigo —susurró, deteniéndose ante él —. Me contaron que no renunciaste a los viejos modos, aunque ante el mundo presentas un rostro respetable. Tengo entendido que seguís dispuesto a toma la iniciativa en una sesión de tortura muggle. Sin embargo, nunca intentaste encontrarme, Lucius. la demostración en los Mundiales de Quidditch estuvo bien, divertida, me atrevería a decir… pero ¿No hubieras sido mejor emplear tus energías en encontrar y ayudar a tu señor?

—Señor…, estuve en constante alerta —dijo con rapidez la voz de Malfoy, desde debajo de la capucha —. Si hubiera visto cualquier señal suya, una pista de su paradero, habría acudido inmediatamente a su lado. Nada me lo habría impedido…

—Y aun así escapaste de la Marca Tenebrosa cuando un fiel mortífago la proyectó en el aire el verano pasado —lo interrumpió Voldemort con suavidad, Malfoy dejó de hablar bruscamente —. Sí, lo sé todo, Lucius. Me decepcionaste… Espero un servicio más leal en el futuro.

—Por supuesto, Señor, por supuesto… Sois misericordioso, gracias.

Voldemort se movió, y se detuvo mirando fijamente al hueco que separa a Malfoy del siguiente hombre, en el que hubieran entrado al menos dos personas.

—Acá deberían estar los Lestrange —dijo Voldemort en voz baja —. Pero están en Azkaban, sepultados en vida. Fueron fieles, prefirieron Azkaban a renunciar a mí… Cuando asaltemos Azkaban, los Lestrange recibirán más honores de los que puedan imaginarse. Los dementores se van a unir a nosotros, son nuestros aliados naturales. Y llamaremos a los gigantes desterrados. Todos mis vasallos devotos volverán a mí, y un ejército de criaturas a quienes todos temen…

Siguió su recorrido. Pasaba ante algunos mortífagos sin decir nada, pero se detenía ante otros y hablaba.

—Macnair… Colagusano me contó con que ahora te dedicas a matar bestias peligrosas para el Ministerio de Magia. Pronto vas a disponer de mejores víctimas, Macnair. Lord Voldemort te va a proveer de ellas.

—Gracias, Señor… gracias. —musitó Macnair.

—Y acá —Voldemort llegó ante las dos figuras más grandes —tenemos a Crabbe. Esta vez lo vas a hacer mejor, ¿No, Crabbe? ¿Y, Goyle?

Se inclinaron torpemente diciendo.

—Sí, Señor…

—Así va a ser, Señor…

—Te digo lo mismo que a ellos, Nott —dijo Voldemort en voz baja, desplazándose hasta una figura encorvada que estaba a la sombra del señor Goyle.

—Señor, me arrodilló ante vos. Soy su más fiel servidor…

—Eso espero —contestó Voldemort.

Llegó ante el hueco más grande de todos, y se quedó mirando con sus rojos ojos, inexpresivos, como si pudiera ver a los que faltaban.

—Y acá tenemos a seis mortífagos desaparecido… tres de ellos muertos en servicio. Otro, demasiado cobarde para venir, lo va a pagar. Otro creo que me dejo de servir para siempre… tuvo que morir, por supuesto. Y otro que sigue siendo mi sirviente más fiel, y que ya se ha reincorporado a mi servicio.

Los mortifagos se agitaron. Harry vio que se dirigían miradas unos a otros a través de las máscaras.

—Ese fiel vasallo está en Hogwarts, y gracias a sus esfuerzos está aquí nuestro joven invitado… Si —continuó Voldemort, y una sonrisa le torció la boca sin labios, mientras los ojos de todos se clavaban en Harry —. Harry Potter, tuvo la bondad de venir a mi fiesta de renacimiento. Me atrevería a decir que es mi invitado de honor.

Extrañamente el miedo se había ido.

Se hizo el silencio. Luego, el mortífago que se encontraba a la derecha de Colagusano avanzó, y la voz de Lucius Malfoy habló desde debajo de la máscara.

—Amo, nosotros ansiamos saber… Os rogamos que nos digas… como ha logrado… este milagro… cómo ha logrado volver con nosotros…

—Ah, ésa es una historia sorprendente, Lucius —contestó Voldemort —. Una historia que comienza… y termina… con el joven Harry que esta acá.

Se acercó a Harry con desgana, y amos fueron entonces el centro de atención. La serpiente lentamente se acercó a Harry.

—Naturalmente, saben que este muchacho lo llamaron —Mi caída— —dijo Voldemort suavemente, clavando sus rojos ojos en Harry —. Todos saben que, la noche que perdí mis poderes y mi cuerpo, había querido matarlo. Su madre, Lily Potter, murió para salvarlo, y sin saberlo fue para él un escudo que yo no había previsto… No pude tocarlo.

Voldemort levantó uno de sus largos dedos blancos, y lo puso muy cerca de la mejilla de Harry. Sin embargo, el ya no sentía nada, tenía un trabajo que hacer, y una teoría que probar.

—Me equivoque, mis fieles seguidores, lo admito. Mi maldición fue desviada por el loco sacrificio de la mujer y rebotó en mi cuerpo. Aaah… un dolor por encima de lo imaginable. Nada hubiera podido prepárame para soportarlo. Fui arrancado del cuerpo, quedé convertido en algo que era menos que espíritu, menos que el más sutil de los fantasmas… y, sin embargo, seguía vivo. Lo que entonces yo lo sé… Yo, que he ido más lejos que nadie en el camino hacia la inmortalidad. Ustedes conocen mi meta, conquistar la muerte. Y entonces fui puesto a prueba, y restó que algunos de mis experimentos funcionaron bien… porque no llegué a morir, aunque la maldición debería haberme matado. No obstante, quedé tan desprovisto de poder como la más débil criatura viva, y sin ningún recurso que me ayudara… porque no tenía cuerpo, y cualquier hechizo que pudiera haberme ayudado requería la utilización de una varita… Solo me acuerdo que me obligué a mí mismo a existir, sin caer. Me establecí en un lugar alejado, en un bosque, y esperé… Sin duda, alguno de mis fueles mortífagos trataría de encontrarme… algo de ellos vendría y practicaría la magia que yo no podía, para devolverme a un cuerpo. Pero esperé en vano.

Un estremecimiento general recorrió el cuerpo de todos los mortífagos. Voldemort sonrió con una sonrisa macabra.

—Sólo me quedaba uno de mis poderes, el de ocupar los cuerpos de otros. Pero no me atrevía a ir a donde hubiera abundancia de humanos, porque sabía que los aurores seguían buscándome por el extranjero. En ocasiones habité el cuerpo de animales, por supuesto, las serpientes fuero mis preferidos, pero no estaban mucho mejor que siendo un espíritu, porque sus cuerpos son poco aptos para realizar magia… y, además, mi posesión de ellos les acortaba la vida. Ninguno duró mucho.

—Luego… hace cuatro años… encontré algo que parecía asegurarme el retorno. Un joven mago, confiado vagaba por el camino del bosque que había convertido mi hogar; era la oportunidad que había estado esperando, ya que se trataba de un Profesor de Hogwarts…, del colegio de Dumbledore… Fue fácil doblegarlo a mi voluntad… Me trajo de vuelta al país, y después de un tiempo ocupé su cuerpo para vigilarlo de cerca mientras cumplía mis órdenes. Pero el plan falló, no pude robar la Piedra Filosofal. Perdí mi oportunidad de asegurarme la vida inmortal.

Volvió a hacerse el silencio. Nadie se movió.

—Mi sirviente murió cuando dejé su cuerpo, y yo quedé tan debilitado como antes —siguió Voldemort —. Volví a mi lejano refugio temiendo que nunca iba a recuperar mis poderes. Y entonces, no hace más de un año, cuando ya había abandonado toda esperanza, un vasallo volvió a mí. Colagusano, aquí presente, que había fingido su propia muerte y fue descubierto me busco por el país, y las ratas le dijeron que estaba en un bosque albanés… Pero su viaje de regreso a mí no careció de tropiezos, ¿No? Porque una noche, hambriento, llegó a una posada y se encontró con la mismísima Bertha Jorkins, una bruja del Ministerio de Magia. Ahora ven como el hago favorece a Lord Voldemort, aquel podría haber sido el final de Colagusano y de última esperanza de regeneración, pero Colagusano, demostrando una presencia de ánimo que nunca habría esperado en él, convenció a Bertha Jorkins de que lo acompañara a un paseo a la luz de la luna; la dominó… la violo… y mentalmente destruida la trajo a mí. Bertha Jorkins, completamente sometida, se convirtió en una mina de información. Ella fue la que me dijo del Torneo de Los Tres Magos y consiguió ponerme en contactó con un fiel mortífago que estaba deseoso de ayudarme. Me dijo muchas cosas… pero los encantamientos que habían usado para borrarle la memoria fueron demasiado fuertes, y, cuando le pude sacar la mayor cantidad de información posible, simplemente la mate.

Voldemort siguió sonriendo con su horrorosa y macabra sonrisa. Sus ojos tenían una mirada cruel y completamente desquiciante.

—El cuerpo de Colagusano, por supuesto, era poco adecuado para mi encarnación, ya que todos lo creían muerto… sin embargo el fue el vasallo que yo necesitaba y aunque no es un gran mago, pudo seguir las instrucciones que le daba y que fueron devolviendo a un cuerpo, al mío propio, aunque débil y rudimentario; un cuerpo que podía habitar mientras esperaba a que los ingredientes se juntaran… Uno o dos encantamientos de mi invención, un poco de la ayuda de mi querida Nagini… —loso ojos de Voldemort miraron a la serpiente que no dejaba de dar vuelta —, una poción elaborada con sangre de unicornio, y el veneno que Nagini nos dio… y retomé enseguida una forma casi humana, lo suficientemente fuerte para viajar. El resto… pueden deducirlo…

—Te voy a matar Harry Potter, te voy a matar a vos y a tu noviecita. Te voy a arrancar la cabeza… y luego la voy a buscar a ella… cuando la encuentre, voy a hacer que cada uno de mis mortifagos la viole… voy a hacer que se turnen, uno —dijo lentamente —, a uno… y cuando este rota, cuando suplique la muerte, le voy a mostrar tu cabeza… hasta que su conciencia si para ese momento no se rompió… se quiebre finalmente. Después la voy a matar… a ella y a todos.

Harry se levantó casi como si un aura de aburrimiento lo rodease. Voldemort no perdió esto de vista. Y casi como si le estuviera hablando a un robot dijo de forma graciosa.

—Pero miren todos, parece ser que nuestro invitado de honor se pone de pie por sus propios medios…

—Avada Kedavra… —susurró Harry apuntando a Nagini que se comenzó a desintegrar hasta que un humo negro y un aullido resonó. Nadie podía creer lo que estaban viendo, ni siquiera el mismismo Voldemort —. Acabemos con esto de una vez, Tom…

—¿Quién sos? —preguntó Voldemort casi como si hubiera visto a un fantasma.

Harry miró a Voldemort sin saber cómo es que todo el miedo inicial se había ido y con simpleza dijo.

—Soy Harry Potter…en otros tiempos estaría muerto de miedo, pero uno no puede tener miedo cuando esta muerto por dentro —agregó con una mirada perdida. Tomó la Varita de Sauco con ambas manos y con un susurró, ante la vista atónita de todos, continuó —. En otros tiempos diría que no me voy a rendir, que no me voy a dar por vencido hasta mi ultimo aliento, pero ya no me queda mucho, hoy es mi última noche…

—¿Qué? —preguntó Voldemort obviando por completo que su serpiente había sido asesinada.

—¿Alguna vez tuviste esa sensación de que perdiste todo? —preguntó Harry apretando con fuerza la Varita —. ¿Esa extraña sensación de que el mundo ya no tiene sentido? ¿Qué estamos viviendo en un limbo y que lo perdimos todo? Hoy voy a morir…. Y vos también Tom… aunque a diferencia tuya, yo estoy muerto desde que regresé. Desde que me quitaron todo lo que tenía.

—¿Pero de qué demonios estás hablando? —dijo Voldemort sin entender lo que sucedía —. Pero soy un Señor Oscuro compasivo, y me alegra que entiendas tu posición… —agregó con una sonrisa sin que le importara mucho todo lo que Harry había dicho. Levantó la varita y lo apuntó con ella.

—¿Puedo pedir un último favor?

Sin entender ante este completamente inesperado desenlace asintió.

—Gracias.

Harry movió su varita y apareció un caldero no muy grande. Voldemort miró con detenimiento como sacaba de debajo de su remera una capa un tanto excéntrica y la colocaba en su interior. Sacaba de su bolsillo una piedrita y también la tiraba en su interior.

—Field Fire…—susurró Harry.

Una llamarada con un fénix entró directamente en el caldero y chispas y destellos comenzaron a salir por este. Suspiró al sentir que una parte de él había desaparecido y entonces ante el asombro de todos tiró la legendaria Varita de Sauco al fuego. Un grito atronador se escuchó. Y entonces el silencio.

No había pasado nada.

—Vaya… no pasó lo que creí —se arrodilló y miró a Voldemort —. Estoy listo…

—¿Qué acabas de hacer?

—Ponerle fin a algo que parece ser que en esta dimensión no estaba destinado a pasar…

—Avada Kedavra…

~0~0~

El sonido de un taiko siendo golpeado, de un viejo y tradicional tambor japonés siendo tocado con un firme golpe de la palma de la mano resonó en la nada. La espera se hizo sentir cuando nada más se escuchó; solo el sonido de una suave brisa veraniega interrumpía el silencio.

Un nuevo golpe se volvió a escuchar. Una gota calló sobre un calmo mar rojo. Pero esta vez la calma se hizo esperar, el sonido de unos cascabeles resonó siguiendo al tambor.

Los ojos de Harry se cerraron.

El sonido del tambor resonó nuevamente.

Silenció.

Un cuarto golpe se escuchó, pero con una diferencia de tiempo menor.

Entonces el grito de un coro de mujeres bajo el tradicional canto búlgaro se entonó.

Когатоoooooo танцуватеeeeeeeee, раждането започваaaaaaaaaa.

(Cuando estás bailando, un nacimiento comienza.)

El golpe de los tambores volvió a resonar con fuerza. La música religiosa tradicional japonesa estaba mezclándose.

Una vida se estaba formando.

Un cuerpo se estaba formando.

Когатоoooooo танцуватeeeeeee, се чуваaaaa блестяща лунаaaaaa.

(Cuando estás bailando, suena una luna resplandeciente.)

Los tambores volvieron a ser golpeados dos veces.

El tambor se escuchó.

Los cascabeles volvieron a ser escuchados.

Когатоoooooo танцуватеeeeeeeee, раждането започваaaaaaaaaa.

(Cuando estás bailando, un nacimiento comienza.)

Un esqueleto surgió de las rojas aguas, y comenzó a elevarse hasta quedar unos centímetros sobre la superficie del líquido. Era pequeño, del tamaño no mayor al del de una niña de 4 años.

Los tambores volvieron a resonar.

Los cascabeles volvieron a ser escuchados.

El liquido se elevó en un par de conos arremolinados que hicieron contacto con el esqueleto.

Un sistema circulatorio comenzó a formarse.

Когатоoooooo танцуватeeeeeee, се чуваaaaa блестяща лунаaaaaa.

(Cuando estás bailando, suena una luna resplandeciente.)

Los tambores volvieron a resonar.

Los cascabeles volvieron a ser escuchados.

Еeeeeeдинhhhh бог слизаaaaa за сватбаaaaaaaa.

(Un dios desciende para una boda.)

Un sistema nervioso comenzó a formarse.

Los tambores volvieron a resonar.

Los cascabeles volvieron a ser escuchados.

И зората се приближава, докато нощната птица пее.

(Y el amanecer se acerca mientras el pájaro nocturno canta.)

Los músculos aparecieron recorriendo todo cuerpo.

Los tambores volvieron a resonar.

Los cascabeles volvieron a ser escuchados.

Нека безграничното да те благослови.

(Que el infinito te bendiga.)

La piel surgió.

Los cascabeles volvieron a ser tocados.

Нека безграничното да те благослови.

(Que el infinito te bendiga.)

Los cabellos surgieron.

Los tambores volvieron a ser tocados.

Нека безграничното да те благослови.

(Que el infinito te bendiga.)

El mundo se giró.

La figura de una niña, vestida con un vestido amarillo, quedó mirando hacia abajo. Hacia el líquido rojo.

Los tambores se escucharon una vez más.

Los cascabeles se escucharon.

Нека безграничното да те благослови.

(Que el infinito te bendiga.)

Los tambores sonaron por última vez.

El mundo se giró nuevamente. Quedó en posición vertical.

Los cascabeles sonaron por última vez.

La niña calló en dirección hacia el líquido.

El espejo de Oesed brilló de un color rojizo. El cuerpo de la niña calló y comenzó a atravesar el espejo como si fuera un liquido hasta tocar con delicadeza el frío piso de piedra.

~0~0~

Luna sintió como su cuerpo era movido por un par de manos pequeñas. El sueño en el que había sido inducida se rompió. Lentamente y todavía adormilada se giró hacia lo que la estaba molestando y abrió los ojos con algo de pereza.

Dos pares de ojos azules se encontraron.

Una pequeña y dulce voz rompió el silencio que había.

—¿Dónde están mi mamá y mi papá?


El próximo capítulo esta titulado: "Final – Las Dos Caras de La Luna"

Bueno, acá tiene un nuevo capítulo, como siempre cualquier error, problema o simple comentario pueden dejar un review, enviarme un PM o en mi perfil hay otras formas de comunicarse conmigo. Como les prometí no tardé tanto. :D

Nota 1: Porque acá Harry parece un poco sádico, o que esta completamente loco, porque efectivamente su mente se esta desgranando ya casi completamente. Ya no sabe como seguir con esto y siente que esta completamente muerto por dentro y ciertamente no le importa nada.

Nota 2: Porque pidió la Varita de Sauco y los demás objetos, para destruirlos y provocar el fin del mundo, sin embargo, no le salió. La varita no provocó el fin del mundo como había sucedido antes.

Nota 3: Porque tiene esta idea, porque esta en un modo egoísta, que solo esta pensando en él que no tiene nada que perder, que si no puede provocar el fin del mundo entonces Dumbledore y los demás se van a encargar de eliminar a Voldemort. Pero no perdía nada con intentarlo.

Nota 4: Bueno, bueno, bueno, Luna se encuentra efectivamente con Luna, pero no estoy para decirles lo obvio. Sino que la canción es una modificación propia de Making a Cyborg de Kenji Kawai y la versión de Pilence Pee una canción del folclore búlgaro. Por eso la canción esta escrita en búlgaro.

Nota 5: Use parte de mi fanfic anterior, para ahorrar tiempo, si hay algun error me avisan.

Agradecimiento por los reviews.

Shadow Jocker: Gracias por dejar un review. Me alegro que haya valido la pena, esta vez no te hice esperar tanto y espero que lo disfrutes tanto como la ultima vez.

Zer0-sama: Gracias por dejar un review. Si, perdón que no escribía estaba con un montón de problemas, bueno sigo estando pero al menos no son tantos como antes, o son más controlables.

Kira Potter Jackson: Gracias por dejar un review. Me alegro que te guste mi forma de escribir.