Venciste tu récord, ladrón


- ¡Debo ir!

Había sido solo un momento pero pudo ver en esos ojos verdes un llamado anhelante y desesperado. Lo necesitaba, y el…lo había dejado, unos segundos, unos vagos instantes, y de repente se habían separado.

Lucho con furia contra el ave, la cual se movía flexible y con gracia, siempre evadiendo sus ataques. Estaban en la oscuridad, no existía ley de gravedad y ella lucia muy conforme con el terreno, beneficiándole a la hora de alejarse del demonio para no recibir el corte de su espada.

- Está jugando conmigo.

Podía verlo. El ave era parte de Higurashi. Lastimarla seria como hacérselo a él. Cuando fue a por la desgraciada, previno en la existencia de un tendón de energía y se apartó antes de tocarlo ya que, con seguridad, le daría una descarga dolorosa. Era una de esas cosas que habían estado alrededor de Kurama cuando recibió los poderes de la Naturaleza.

De súbito, el ave voló a dirección contraria. Hiei la siguió. Si ese pájaro era parte de Higurashi, iría donde estaba su amo y así donde estaba Kurama. Estaba decidido a matar a ese otro.

Hizo uso de su velocidad y tuvo que ser cauteloso mientras perseguía al pajarraco gigante. Los hilos de energía estaban por todas partes, podía sentirlos. El pájaro dio un rugido y Hiei miro al frente.

Higurashi se hallaba a unos metros, sereno y expectante. Faltaba poco. Iba a matarlo de un solo corte. Se reprimió un gemido al sentir un choque de energía en su piel al posicionar su katana tan cerca de los tendones pero su determinación se mantuvo firme. Antes que el pájaro alcanzara a su amo, Hiei se impuso ante Higurashi pero este, en vez de preocuparse por su propia integridad, lo miro a él con intranquilidad.

- ¡No debes estar aquí!- le grito, angustiado.

Alzo su espada y con ella atravesó el cuerpo que tenía en frente.

Higurashi jamás había mostrado una expresión más viva de incredulidad.

Y Hiei, tampoco.

Gotas de sangre cayeron y desaparecieron en el vació oscuro, junto a un gemido de dolor. La espada había cortado la ropa y entrado justamente en la zona del tórax, dejando una gran herida lineal como marca.

Youko escupió sangre.

- ¡¿Pero qué…?!- Hiei se paralizo. Youko estaba frente a él, con los brazos extendidos detrás de Higurashi. Su piel blanca, junto a su ropa austera, enfatizo la cantidad de sangre que iba perdiendo por el ataque de Hiei- ¡Kurama!

El kitsune sonrió, tranquilo.

- Esta…Esta bien.

Una luz cegadora envolvió a Youko, tanto que, como se tratase de una liberación explosiva, empujo a Higurashi y Hiei de un golpe de impacto, lejos.

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(Flashback)

- Eso es lo que escuche.

Arqueo las cejas y le miro escéptico. En todo aquel relato no se había movido de su lugar ni perseguido a otro de esos atractivos demonios que se acercaban. Su compañero, sonriendo ligeramente, sabía que estaba interesado en la historia y por eso se había quedado.

- ¿Realmente crees en eso?- le pregunto el, mirándolo de una forma que decía que no quería mentiras.

- No confió de verdad, pero usted pidió contar la historia. Solo se la conté como me la dijeron a mí- le contesto el otro, un tanto tímido por cómo le había hablado.

- ¿Y esto…- Alzo su mano cerrada y miro fijamente lo que en ella guardaba. Una perla rosada-…es parte de ese relato absurdo?

- No es el único que lo piensa- replico el bandido- Todos se burlan de ella porque no confían en que algo tan increíble pueda existir.

- La Naturaleza por sí misma es algo increíble. ¿Insinúas que no existe, que es solo un concepto?- tentó con malicia su líder, deleitándose con el nerviosismo de muerte que le provocaba a su aliado.

- No…- Se destacaba a kilómetros que no sabía que contestar- Este relato es una parodia de lo que realmente significa.

- Uuh…Eso puede ser verdad- musito Youko, aun pensativo.

Esa noche, luego de robar en el bosque prohibido, no pudo dormir. Ni aun después de celebrar el éxito y gozar de un pequeño banquete, echo con los monstruos derrotados. Se encontraba demasiado serio como para serenarse.

El Amo de las Estaciones. Los Cuatro Elementos. La Clave.

Un poder tan especial, tan increíble para tenerlo a su merced. Dominar a la Naturaleza. Era provocador, seductor,… ¿Pero por qué someterla? ¿Por qué corromper a la maravilla de la Naturaleza si ya mucho daño recibía por parte de sus cuidadores, de sus seguidores, de sus hijos e inclusive de sí misma? No. Odiaba los poderes hechos a manera artificial, como un truco barato, una habilidad sin esencia.

- Dominar a la Naturaleza, ¿eeh…?

Al poco tiempo descubrió que la historia que le contaron no era totalmente una estupidez, ni un mito de boca en boca. Cuando peleo contra otra bestia resentida noto que la perla parpadeaba brillante, cambiado su color rosado a rojo. Un poder estaba dentro de ella, palpitando por salir, y Youko la reconoció como la mayor revelación, una que no podía desaprovechar.

- Esta perla está viva.

Duro solo unos segundos, pero la intensidad de su energía escondida era una oleada de poder inminente.

La historia era real.

- Tu- Llamo al hombre que le hablo de la leyenda- Cuéntame de nuevo esa historia. ¿Es posible que los Elementos estén en formas tan grotescas, como una piedra?

Cuando le quito la información al bandido, busco más datos en otras fuentes. Necesitaba esa información.

- Cuando se consigan los Cuatro Elementos de las Estaciones y se convierta uno en el Amo de las Estaciones… ¡yaa, sería como el Fin del Mundo!- le dijo su tercer informante del tema.

- ¿Un demonio también tiene el privilegio de ser el Amo?

- Cualquiera puede hacerse con el poder. Un poder tan bárbaro que es inmedible, ¿Cree usted que un vanidoso se quedara quieto al enterarse?

Youko le dio la razón sin palabras, únicamente asintió y se retiró al poco rato.

Ciertamente, un poder así era ambicionado y rebuscado, corrompía la mente y deshacía los valores.

En su regreso a su guarida decidió detenerse a ver un campo abierto, junto una laguna de agua y sangre. Horrible. Estaba de acuerdo la crueldad y la matanza, pero cuando se hacía en terrenos tan hermosos repugnaba todo.

La Naturaleza era la única belleza que encontraba sana y correcta en el mundo. Era la única cosa que tenía un sentido real para él, un sentido mucho más profundo del que pudiese expresar en palabras y por eso…

- No dejare que se desperdicie- Se dijo, mirando con desprecio a unas flores marchitas cerca de la laguna.

Nunca había sido protector de nada más que de sí mismo. Sus pasiones siempre habían sido superfluas y banales pero ahora tenía un nuevo objetivo, al que le dedicaría esmero y su entera voluntad.

- Nadie tendrá el poder para ensuciar esto más de lo que ya está.

Se determinó. Encontraría los Cuatro Elementos y se volvería el Amo de las Estaciones, solo para proteger a la Naturaleza de manos peores.

- Que poético suena- suspiro, sonriendo un poco.

Dio la vuelta y volvió a la guarida. Sí, no estaba mal. El, un ladrón de honra, defendiendo la Naturaleza, quizás ese fuera el verdadero sentido de su vida…

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- ¡Kurama!

Sintió que su cuerpo no le respondía y se asustó. Abrió los ojos, parpadeo. Podía oler su propia sangre. Antes de poder razonar lo que sucedía se encontró con unos ojos carmines airosos y preocupados.

- Que ya despiertas, zorro estúpido.

- … ¿Eeh? ¿Tu…?- Estaba mareado, sentía que la falta de sangre le hacía una contusión en la cabeza. Se sorprendió al verse inmóvil, en una oscura dimensión de fantasía, sobre el brazo de Hiei que le sostenía la cabeza-... Hiei, estas aquí…Que despertar más ruidoso.

- Estúpido, no puede ser que de eso te quejes.

Parpadeo de nuevo, desconcertado. Al costado de Hiei estaba una espada, manchada con sangre, olía a su sangre.

- ¿Por qué protegiste a esa escoria?

Youko hizo una mueca, incomprendido. Por un momento, se tomó el tiempo para ver al Jaganshi apreciativamente. Durante años lo había mirado con los ojos de Shuichi pero ahora podía verlo con sus propios ojos, aunque Hiei jamás había visto a Youko de la forma que ahora lo hacía.

- Perdóname, ¿De qué hablas?

- ¡Te pusiste en medio de ese chiflado y mi espada, idiota! ¿Acaso ser Dios te quebranto el buen sentido y te crees con la libertad de ser más estúpido? ¡No eres inmortal, estas sangrando!

Al oír esos fuertes reclamos, sonrió. Hiei se sorprendió. Así sonreía Kurama, aunque en el rostro del Youko se viese más hermoso.

- Oh, eso… Lo necesitaba. Está bien.

Hiei lo miro con toda la confusión que sentía. Había dicho esas mismas palabras cuando le cortó, aunque misteriosamente estaba sanándose desde el interior. Como si hubiera algún poder curativo dentro de Kurama.

- Kurama, escúchame, si no me explicas lo que sucede te quemare en las heridas que te hice con mi espada y te juro…

- No tengo dudas- repuso Youko, sonriendo divertido- Yo necesitaba una salida para los poderes incrustados en mi cuerpo. La vez que los poderes de los Cuatro Elementos entraron en mi fue mientras me abrían la piel, ¿recuerdas?- Hiei hizo una mueca, detestaba recordar eso y prefería olvidarlo- Lo estaban haciendo para entrar en mi cuerpo.

- No te sigo.

- Necesitaba mantener mis heridas abiertas- Su adonis lo miro de una forma que le decía que lo creía loco- Veras, solo así podía liberar estos poderes. El cuerpo de Shuichi no hubiera podido soportarlo.

- Te volviste Youko para contener el poder.

- Para mí vergüenza, no es suficiente con mi cuerpo. El contener este poder es una tarea titánica- admitió en un pequeño susurro- Necesitaba urgentemente liberarlo todo y para eso accidentalmente tu ayudaste.

- ¿"Accidentalmente"?

- Abriste mi pecho, y esa fue la salida para los poderes.

- No entiendo.

- ¿Qué paso cuando me cortaste?

- Este lugar tembló, como si viniera un terremoto o algo así. Esas ligas de energía explotaron y desaparecieron.

- Eso es porque los poderes volvieron a su dueño original.

- ¿Qué dueño original? Tú te volviste el Amo de las Estaciones…

- ¿Sientes el poder que tuve hace unos minutos?

Hiei guardo silencio. Había estado absorto en despertar a Kurama, pensando que lo hubo matado, como para advertir algo más. Solo advirtió cuando su energía comenzó a disminuir, hecho que lo tenso más al creer que de verdad se estaba muriendo y que no podía hacer nada por evitarlo.

- Eso es porque los Cuatro Elementos se han fugado de mi cuerpo.

- ¿"Fugado"? Estaban dentro de ti.

- No. Se contenían en mi interior pero nunca los use para ser parte de mi poder o mi persona y volverse míos- explico. Sentía sangre en su garganta pero no quería preocupar más a Hiei y se la trago antes de hablar- Ya no están en mí.

- Ya no eres el Amo de las Estaciones.

- Nunca lo fui.

- Entonces, ¿Quién lo es? ¿A quién regreso ese poder?

- ¿A quién crees? A quien siempre pertenecieron, a la Naturaleza.

Las manos de Kurama dejaron de temblar en cuanto libero las energías. Sabía que algo como lo que sufrió debía suceder, pero el dolor había sido inimaginable. Ser contenedor de un poder así era agotador, ni un Dios real podría soportarlo.

- ¿La Naturaleza?

Youko asintió. Le gustaba el contacto de la mano de Hiei atrás de su cuello, a pesar de las condiciones.

- No entiendo. ¿No hiciste todo esto porque querías ese poder?

- No te mentiré. Lo dude muchas veces, o salvar a la Naturaleza de cualquier otro perverso ambicioso o tomarla para mí, pero…Shuichi me convenció. Hace un tiempo me dijo que no necesitaba nada de esto, ninguno de los dos.

- ¿Kurama robo los Elementos para salvar a la Naturaleza?

En cuando lo pregunto supo que esa sería la respuesta correcta, pues encajaba en el perfil de lo podía hacer Kurama por su adorado mundo.

- Era una meta, una decisión. No la abandonaría ni aunque mi cuerpo fuera mitad humano o por un hermoso demonio, lleno de problemas.

También le encantaba cuando Hiei se sonrojaba de vergüenza, tenía una ligera diferencia de cuando lo hacía por la rabia.

- Tu siempre…

- Soy todo un romántico, ¿no?

- Siempre idiota.

A pesar de sus bajas fuerzas, esbozo una mueca ofendida para luego reír. Hiei lo contemplo, ligeramente cautivado. Todo se había solucionado. Los Cuatro Elementos perdieron su poder, convirtiéndose en piedras ordinarias. Youko libero esas fuerzas. Ya no existía un poder capaz de destruir los tres mundos mediante el cambio de las estaciones.

Se acabó.

- Hiei. Pienso que necesito, en este preciso momento, un poco de tu yoki.

- ¿Kurama?

- ...Antes de desmayarme.

Lentamente se convirtió en Shuichi Minamino, cerrando los ojos pesadamente, cayendo en sopor.

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Si, así es, nos acercamos al final.

¿Que les pareció hasta ahora? En el siguiente capitulo habrá un giro importante. ¡Esperenlo!