Nada termina

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- Que falta de modales…Olvidarse del anfitrión en su propio hogar.

Sus parpados se abrieron abruptamente. Estaba en el suelo, todavía en la oscuridad. Al frente, Higurashi lo veía con el ceño fruncido, dedicándole el más puro desprecio que le sentía, como si todo lo ocurrido antes hubiera sido solo una mísera parte de sus reales sentimientos.

- No soy fanático de esto pero…Usare lo último que tengo para matarte.

Kurama frunció el ceño. Muchos tenían la idea de que confrontar a un yokai débil siendo el otro un poco más fuerte, como lo era Higurashi, desprendiendo un furioso yoki para demostrarlo, significaba que la pelea estaba ganada de primeras, pero Kurama también era peligroso hasta herido y moribundo.

- Todo ha acabado, Higurashi- Enfatizo su nombre con el máximo desdén que su voz podía ofrecer- La historia del Amo de las Estaciones ha terminado. Me he encargado de darle un final digno.

- Jamás pensé que pudieras hacer eso…Fue un error no preguntarle a la Cadena de la Verdad tus verdaderas intenciones, pero… eso me importaba muy poco, comparado con mis otros planes.

Una atroz sensación de vació lo agobio.

Hiei no estaba en esa inmensa oscuridad de fantasía.

- ¿Qué le has hecho a Hiei?- exclamo. Estaba harto de separase de Hiei por su culpa.

- Él está aquí.

Kurama cayó en cuenta de algo importante. El demonio ave era un desquiciado, pero tenía cierta honra: cumplía su palabra y era honesto. A excepción de tocar a Hiei y haberlo besado, no lo había lastimado nunca que supiese o usado alguno de sus trucos para hacerle daño de cualquier forma.

- ¿Estas esperando algo más? Todo ha terminado.

- No comprendo; suenas muy seguro.

- Me veras en estas condiciones y estaré en tu territorio, pero eso no descarta ninguna de mis oportunidades para acabar contigo.

Su voz había sonado serena, profundamente frustrada por no poder levantarse por el dolor y enfrentarse directamente a Higurashi de una vez.

- Ladrón, no te imaginas las ansias que tengo de liquidarte- Higurashi también sonaba sereno, aunque su rostro demostrase una sola expresión. El odio- Sin embargo, mi plan es mucho mejor.

- ¿Qué estás diciendo?

- ¿Quieres verle?

Miro disimuladamente a su derecha, de alguna forma sabía que allí se encontraba Hiei, en la oscuridad de la ilusión. Cabía la posibilidad que fuera producto de la ilusión. Con sutileza, se tocó el pecho. El yoki del demonio de fuego persistía en él. Definitivamente estaba cerca.

- ¿A qué estás jugando?

- Te ofrezco verlo, por última vez.

- ¡No te atrevas!

- ¿Quieres verle?

Si, necesitaba urgentemente verlo, pero no caería. No se dejaría engatusar por eso.

- No me engañaras. Si él no está aquí…El vendrá por mí.

- ¿Crees eso?- En su voz hubo un atisbo de enojo. Higurashi aborrecía que el zorro tuviera esas atenciones.

- Estoy seguro, el vendrá.

Hasta cuando intentaron matarse, Hiei regreso por él. Hiei volvía siempre. Llegaba con alguna demanda, una excusa para no admitir lo que realmente quería decir, dejándole más que una pregunta, pero siempre regresaba su lado.

Regresara,… el vendrá.

- Te había dicho que tenía otros planes, ¿lo olvidaste?

- ¿Me los contaras?

- Pronto lo sabrás- le dijo con odio y una media sonrisa de ganador- Para ser franco, me imaginaba que dirías que si querías verlo. Sinceramente, yo también lo desearía.

Higurashi alzo su brazo derecho, el que tenía enredado la Cadena de la Verdad, y unas formas de colores escaparon de los pequeños cristales de la cadena.

Kurama se preparó para cualquier ataque, con una de sus manos sosteniendo una semilla especial, pero no hizo falta. Cuando los colores de la Chain Viola lo tocaron, estos se volvieron cuadros y globos de imágenes. No eran las mismas que había visto al entrar a la ilusión de salón majestuoso de Higurashi, no representaban pesares ni angustias, ni siquiera decepciones o pesadillas. Eran secuencias en movimiento, fotografías gigantes y pequeñas, fragmentos de memoria flotando a su alrededor. Todas eran tenían el mismo contenido. A él.

- …Hiei.

Se vio a sí mismo en una imagen llevándose a Hiei a alguna parte mientras este refunfuñaba y hablaba sin voz. Vio al arisco demonio jugar con un aparato, con sus fracciones infantiles contemplando perdido y confundido el control remoto. A Hiei en un jardín, su jardín, con cara de que se estaba quejando por algo.

Hiei estaba en todos lados.

- Te envidio por todo esto.

El susurro de Higurashi era insignificante comparado a los pensamientos de Kurama, viendo cada imagen y pensando distinto de la siguiente y la otra.

No eran ilusiones, tampoco parte de un montaje hecho por el demonio ave. Eran recuerdos. Sus recuerdos, desde el inicio hasta el momento actual, sus recuerdos vividos con Hiei.

Su rostro estaba en cada imagen. Se trataba de una película basada en el Maestro del Jagan, de su marido en el Ningenkai, de como lo conoció y descubrió después. Por supuesto, también estaban docenas de imágenes de Hiei intentando matarlo, lastimándolo, peleando en una casa destruida, luchando sin cuartel contra Youko. Aquello era el pasado, una horrible experiencia que ninguno deseaba repetir, aunque su orgullo los volcara en el rencor. Lo superarían, como todo lo demás.

Ver ese espectáculo de momentos olvidados y rememorados le quito la ansiedad de necesitar al protagonista de esas imágenes.

Sus muecas impacientes y desdeñosas, sus expresiones de enfado y desconcierto, su rostro divinamente adorable cuando estaba confundido o no le encontraba el sentido a algo, sus labios cerrados y su forma de moverlos al hacer alguno de sus gestos característicos, como sus muecas de desprecio, de impaciencia, sus ceños fruncidos y su media sonrisa. Era hermoso, adorable, oscuro, inocente. Maravilloso.

- No imagine que ustedes pudieran unirse después de intentado matarse mutuamente. Idee otra estrategia, por si acaso.

- ¿Qué dijiste?- Estaba perdido, no podía concentrarse en el enemigo con tantas imágenes de Hiei alrededor- ¿Por qué me muestras esto?

- Yo también quería verlo.

- Higurashi. Hiei no te corresponderá, jamás.

- Eres osado al hablarme con esa lastima, creyéndome un perdedor, que he perdido.

- Todo acabo. Deshaz esta ilusión y devuélveme a mi marido.

Un tenso silencio cayó sobre ellos.

- Debo admitir que aun separándolos dos veces no se apartan, de modo…Utilizare el recurso que he estado guardado.

- No te esfuerces. Hiei y yo no nos separaremos. Lo que ha pasado, lo que hiciste y provocaste, lo demuestra.

Oyó los pensamientos de Youko, que estaba riéndose. Su adversario, el que intento separarlos, los había unido más que antes, obligado a quitarse la máscara del engaño para crearse en una confianza más plena, tanto en el aspecto emocional como en batalla, donde se igualaban.

- ¡Este idiota actuó como celestino!- reía Youko.

- Es por eso…- prosiguió el Demonio de las Cigarras, sin dejar de verlo con superioridad-… Que mi deseo a la Cadena de la Verdad será el que no se hayan conocido jamás.

La risa de Youko paro.

Kurama abrió los ojos en demasía.

- Yo se muchas cosas gracias a la Chain Viola, cosas que hubiera deseado jamás descubrir… ¿Sabes que la Chain Viola, además de dar información, libera los recuerdos más profundos y mejor aguardados de los seres en los que se usa?

- ¡No puedes! ¡No conoces ese poder, usarlo es un riesgo!

- No para mí.

- El mundo, todos y hasta el espiritual, se alteraran si lo usas- Él había querido esa arma porque era uno de los artefactos más codiciados y porque con ella pudo haber encontrado los Cuatro Elementos con facilidad, pero también conocía las tragedias que cargaba- ¡Higurashi, basta!

- Es tarde para retractarse.

El pelirrojo vio algo y en un instante lo entendió todo. La sangre en la comisura de los labios del demonio ave, la sangre saliente de su boca a causa de un estornudo. No se trataba un estornudo común. Era un indicio de que…

- No, ¿Tú ya has…?

- La Chain Viola es famosa porque su portador desaparece. ¿Sabes porque?

-…Imposible- Sus deseos por levantarse fueron mayores esta vez, pero apenas lo intento cayó de nuevo, impotente.

- Puedo cambiarlo todo, ladrón, absolutamente todo, y por un precio muy vago en comparación con mis ambiciones- Miro a Kurama con una ligera sonrisa de satisfacción- Tenias razón, todo acabo.

- No puedes estar tan loco.

- Dar mi vida por quien amo no es una locura para mí.

- ¡Es una barbaridad! ¿Entregar tu vida?

- Lo hice ya hace dos años- comento sin interés. Kurama noto cómo su yoki se debilitaba notoriamente y a la Chain Viola, que apretaba con fuerza el brazo de su portador, succionándole el espíritu- Cada vez que la usaba drenaba mi energía. Yo no peleaba para ganarte, solo estaba esperando.

- Todo este tiempo, tú…Lo planeaste.

Poco a poco, Higurashi se desfallecía frente a él. Su yoki caía, su voz decaía en volumen, su cuerpo sufría espasmos… pero se mantenía de pie.

- A cambio de mi vida- Contra el dolor que el kitsune lograba ver, levanto su brazo libre y lo transformo en un mazo- Esto no existirá.

El impacto del arma rozo a Kurama, obligándolo a echarse a un lado. Cuando sus ojos buscaron a Higurashi lo encontraron blandiendo el mazo a otra dirección, a sus recuerdos. Estaba rompiendo a pedazos las imágenes de sus recuerdos, de Hiei, de su vida.

- ¡No, detente!

El mazo acometía contra todo, y Kurama sintió los impactos en su cabeza. ¡De verdad estaba sucediendo! Cada vez que una imagen se rompía, perdía sus recuerdos. Su memoria se quebraba a pedazos.

- ¡Para!

Los fragmentos de las imágenes memoriales cayeron al vació negro. Higurashi, con las fuerzas limitadas y estornudando más fuerte, continuo blandiendo su mazo con decisión, a los ojos cerrados. El también odiaba destruir algo que relacionase al demonio de sus delirios. Kurama deseo detenerlo, pero la migraña le golpeaba duramente, impidiéndole actuar y defender sus recuerdos.

- ¡Basta, no sigas!

- ¡Despierta, Kurama!

El pelirrojo estremeció de miedo y parpadeo repetidamente. Alguien lo estaba sacudiendo y le gritaba.

- ¡Hiei! ¡Estás aquí!

Hiei no supo cómo abordar esa situación. Hace unos minutos, Kurama comenzó a gritar y temblar como epiléptico en sus brazos. Pensó en abofetearlo para que reaccionara pero al ver su cara de dolor no se atrevió. Lo tomo por sorpresa la voz deprimente de Kurama y su acto de abrazarlo fuertemente del cuello, preso de una ansiedad que no entendía.

- Estuviste gritando por mucho tiempo.

- Siempre estuviste a mi lado, ¿verdad? Estuviste aquí…

Su voz se trabo en su garganta a causa de otra migraña en lo profundo de su mente. Seguía sucediendo, las imágenes explotaban dentro de su cerebro y se perdían, las perdía… Se aferró a las ropas del demonio, procurando que se mantuviese a su lado en todo momento.

- Hiei... El gano. Está destruyéndome y no puedo detenerlo… Hazme un favor.

Hiei se aturdió ante lo que escucho. ¿Que el chiflado había ganado? La ilusión comenzaba a desaparecer, el poder de esa ave loca caía como si estuviera a punto de morir.

- Dices tonterías.

- No desprecies nuestra vida antes de la trampa de Higurashi. Te pido que recuerdes nuestro pasado, lo que sientes por mí: no lo olvides.

No pudo contestarle. Esos hermosos ojos verdes se humedecieron tristes. Ver a Kurama llorar era una de las cosas que no podía soportar. Aceptaba que fuese sentimental pero llorar era de una de esas debilidades humanas que no solían pasar por su cara con frecuencia.

- Basta, Kurama- Paso una mano sobre su cabellera para calmarlo. Jamás lo había visto así. Sufría terriblemente, y no era capaz de entender porque.

- Si lo que dijo es cierto…

Su cerebro entro en caos. Higurashi lo estaba atacando todavía y no podía defenderse. Le dolía.

Hiei deseo preguntarle de que trataba su angustia, el porqué de sus lágrimas, sintiendo la fuerza casi desesperada con la que se agarraba a él. Si continuaba con esa escena, le quitaría la verdad a puños. Pero ni de eso tuvo oportunidad.

Un agujero destellante y gigantesco se abrió sobre ellos. Su importancia tomo lugar cuando Kurama sintió que algo le aprisionaba los brazos, como cadenas invisibles, para conducirlo a su encuentro. El suceso no era otro que el poder de la Chain Viola. Kurama vio con horror el portal. Higurashi había cumplido con su palabra. El portal de la Chain Viola, que cumpliría su deseo, venía a llevárselo.

Por un lapso de terribles segundos, creyó que nada importaba, solamente que la mano de Hiei no lo soltara. Que no le dejara nunca.

Hiei no tenía idea de que estaba ocurriendo, solo sabía que Kurama se alejaba, que lo soltaba como si una fuerza lo obligara, hacia a un portal de colores misteriosos.

La fuerza de succión de ese raro agujero era poderosa, pues jalaba a Kurama contra la gravedad, pareciese que levitara. Actuó rápido y se apresuró en cogerlo. Hiei no le vio otra que saltar. Fue hasta el kitsune y vio las cadenas, ya no solo en sus brazos, también en sus piernas. Logro alcanzarlo. Tomo uno de sus brazos. La fuerza del agujero lo obligó a soltarlo, pero consiguió agarrar su muñeca antes que se alejara más.

- Kur…- El portal forzaba al kitsune a ir con él. Su poder de succión era tal que llego un momento en donde una de sus piernas fue absorbida dentro del agujero. Lo estaba perdiendo- ¡Kurama!

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Nadie se lo esperaba, ¿verdad?

Si, esta historia es así de complicada.

En el próximo capítulo, prepárense. Si ahora se sienten perdidos y sorprendidos, dejen un reviews con sus dudas y teorías. Para otra cosa, como amenazarme por dejarlo así o demandarme por escribir tremenda odisea, háganme un mensaje privado.

Hasta aquí, saludos y gracias.