Nota de Autora: Para compensar la espera, ¡un capítulo más largo!
Disfrútenlo.
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Acecha el caos
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En algún lugar en la oscuridad de la ilusión que lentamente desaparecía, el demonio de los cascabeles, su creador moribundo, observaba absorto un punto ciego, por el que recordaba los tiempos vividos y con ellos el comienzo de todo.
El mazo destructor estaba a su costado, y debajo del arma pedazos de imágenes que había logrado deshacer. En realidad, fue un acto egoísta. Indagar en la mente de Kurama y ver a Hiei en sus recuerdos. Había querido verlo, porque sabía que sería la última vez.
Cuando lo conoció, lo sorprendió su fuerza y su sentimiento en la batalla. A decir verdad, nunca había sido fanático de las peleas, las evitaba en lo necesario y jamás se sintió tentado a observarlas, hasta que lo vio a él.
Hace mucho tiempo, se enteró que un demonio de fuego, poderoso y de reputación temible, estaba en su territorio, en busca de sangre. A Higurashi poco le interesaba, pero su curiosidad lo llevo a encontrarse con el buscapleitos.
A oscuras el bosque estaba en un silencio tenebroso cuando escucho el escándalo de un duelo en pleno desarrollo. Fue hacia el lugar del conflicto para acabar de una vez con el molesto ruido.
Y allí lo vio.
El cuerpo de una bestia cayendo a los pies de una figura oscura y tétrica. Vio goteo de sangre por una espada que el causante tenía en su mano. Ese aquel, sin dudas el vencedor, era el vándalo. Como si hubiese llegado en el momento justo, las débiles luces de la luna iluminaron levemente la escena y aprecio muchas cosas. No era solo una bestia, había una docena de monstruos alrededor de ese guerrero solitario. Los había matado a todos.
Su cabellera era tan oscura como el ébano, a excepción de unas líneas blancas que suponía eran mechas. La luz de la luna resalto los ojos rojos del protagonista de la masacre, profusamente serios y penetrantes. Iba con el pecho descubierto, sin ninguna herida, ni rasguño siquiera; su brillante piel blanca estaba impecable. Su altura estaba al promedio de un niño, dando la impresión equivocada de inexperiencia e inocencia, pero Higurashi lo observo grande y poderoso.
El yoki de ese ser era palpable y mortal. Un anuncio de muerte para quien se acercaba. Y Higurashi deseo acercarse, fascinado por la belleza que no había imaginado encontrar jamás en un luchador. Antes de hacer cualquier movimiento, el pequeño desapareció como una sombra. Higurashi entendió que fue porque había disminuido su energía para que nadie le molestase y por eso el guerrero no debió tomarle en cuenta.
Tiempo después, descubrió quien era. Su nombre era Jaganshi Hiei, el único portador del Ojo Demoníaco, el elegido para controlar al Dragón Oscuro - según los rumores- y el guardaespaldas de Mukuro, la reciente gobernante de una parte del Makai, que le tenía mucha estima.
Hiei. Sonaba bien, era simple pero aguardaba mucho significado. Y al recordarlo Higurashi sintió arrobo, fervor de admirador.
A pesar de no ser un apasionado por los conceptos estéticos encontró interés en varios de ellos. El respeto y el elogio. La pasión y el ideal de belleza. Cruel y desalmado, como lo conoció, o aburrido y tranquilo durmiendo sobre la rama de un árbol. A la distancia, por supuesto. Acercarse sería una falta de respeto. Para Higurashi, su decisión de no buscar pelea era a causa de pensar de que la pelea era insustancial, sin gracia, absurda, sin sentido para él. Y ese ideal cambio al sentirse capaz de dejar de lado sus convicciones para acercarse a esa fiera de ojos rojos.
- Te conozco- le dijo la mujer de cabellos naranja, cruzada de brazos, recibiéndole a la puerta de su castillo por la novedad de que uno de los demonios más pasivos en todo el Makai estaba en su terreno- No sirves ni como entrenador de mis hombres.
- Puedo hacer más.
- Primero que nada, me gustaría saber que buscas aquí.
Lógicamente no le dio una respuesta pero con el tiempo la gobernante Mukuro se enteró igualmente, como todos en el castillo, hasta los sirvientes, cuando su mejor guerrero le corto el brazo a Higurashi y este no hizo nada por impedírselo.
- ¡Es una basura!- exclamo Hiei, tan sorprendido como los demás, furiosamente indignado- ¡Mukuro! ¿Por qué me das a pelear con este insecto? Es un inútil.
Habiendo contemplado el espectáculo de apenas treinta y seis segundos, Mukuro se acercó a paso parsimonioso. Higurashi continuaba de pie, sangrando a gran cantidad, con una actitud tan sumisa que harto a Hiei, pensando que todo era una asquerosa burla.
- Él es un demonio de aves, Hiei- le respondió Mukuro con calma- He oído que las aves son excelentes mensajeras. Con su poder podría averiguar muchas cosas que quiero saber, más en estos tiempos en donde parece que nadie respeta a sus líderes y su reinado.
Hacía pocos años, una banda de demonios tuvo el descaro de robarle a Raizen y humillar a su país; a eso se refería la gobernante.
- Los guardias de Raizen son unos lentos.
- A mí me interesa la razón del ataque, no los detalles de cómo se salieron con la suya- replico la mujer. Miro a Higurashi con una expresión muy lejana a la confianza- Este sujeto me servirá, Hiei.
- Haz lo que querías. Se me acerca de nuevo y será cebo para los lagartos- Y con ese cruel comentario se dio la vuelta, yéndose.
Mukuro examino a su nuevo espía, diciéndole que podía regenerar su cuerpo en cuestión de días. Higurashi pidió que lo hiciera más tarde, ocultando con disimulo su desagrado hacia las mujeres fuertes, y con un caminar que denunciaba su gran resistencia se alejó de ella.
- ¿A dónde vas tan herido?
- Quiero quedarme con este dolor un poco más. Me ha dado lo que quería, con permiso.
Mukuro parpadeo, sorprendida.
- Este infeliz está loco.
Los años pasaron y Hiei hacia un esfuerzo por ser tolerante. El demonio al que se había enfrentado ahora era la "mano derecha" de su jefa, quien le pedía que lo dejara pasar cuando Higurashi hiciera o dijera cosas…fuera de lugar. Poco después, Hiei se enteró que lo hizo pelear contra el por qué el "chiflado", como bautizo a Higurashi, así lo había querido, sumado al hecho que el susodicho tenía una forma siniestra y devota de mirarle cuando se hizo el responsable de darle las noticias y misiones a Hiei. De alguna manera, el desgraciado lo encontraba donde fuera que estuviese, como todo un acosador.
Aquello cambio, y pronto se terminó, cuando empezó a usar la formula, desagradable y humillante, que lo haría pasar como humano en el Ningenkai, quedándose más tiempo allí. En ese entonces, no consideraba a Higurashi un peligro más que una molestia, ni por más que Mukuro le hiciera saber que estaba interesado en el de una forma que jamás podría permitir, ni que quería imaginar. Él tenía a Kurama.
Y Higurashi lo sabía.
Una tarde, mientras cenaba con sus nuevos compañeros, aliados de Mukuro, recibió la visita de uno de sus pájaros. En ese instante cambio todo. Mukuro lo recordaría como el "día que vio a Higurashi tan furioso como para romper una puerta de titanio".
El pájaro se quedó a esperarlo en una ventana y, cuando apareció, Higurashi le quito los ojos, viendo a través de estos la información de su mascota.
- Y no me lo dirás…- dijo una voz, aterciopelada y suave, seguida de un suspiro.
- ¿No es suficiente con que vuelva aquí?- replico otra voz. Era la voz de Hiei, inconfundible.
La persona con la que hablaba parpadeo sorprendido por el abrupto comentario.
- Por supuesto, pero…Es muy extraño que yo no sepa a dónde vas, ¿lo has pensado?
- ¿Por qué te importa algo así? Deja el melodrama.
El pelirrojo se tocó el mentón con ademan reflexivo. Podía pasar por una mujer por sus rasgos delicados y su larga cabellera, pero realmente era un hombre bastante guapo.
- Esta bien- respondió aquel- Con la condición de que vuelvas, bastara para no preguntar.
- ¿Condición, dijiste? No me des órdenes.
- Recuerda…
- No me lo repitas, no soy tonto- Se había enojado, su rostro mostró un ceño fruncido de impaciencia- Diablos, ¿Crees que tienes el control por ese ridículo reto?
- Tú aceptaste el reto.
El demonio de fuego comenzó refunfuñar maldiciones.
- También hay condiciones buenas.
- ¿Cuáles son? Hasta ahora, no las encuentro.
El muchacho más alto se sonrió, conteniendo una risa en su garganta. A Hiei se le agoto la paciencia, saldría por la puerta como todos los ningen hacen y allí la charla se acabaría. Antes de poder hacerlo, el pelirrojo lo sorprendió tomando su rostro. De repente, estaba siendo besado apasionadamente por el mayor. Al separarse, dudo entre golpearlo o retirarse sin comentarios. No se decido por ninguna porque Kurama hablo primero.
- Una de las condiciones de un matrimonio, es que puedo besarte cuando quiera.
Un leve sonrojo, avergonzado y molesto, se instaló en las mejillas del Jaganshi.
- Idiota.
Tiro con violencia el ojo del ave. Incrédulo y furioso, decidió descargar sus ansias homicidas por primera vez con las bestias fuera del castillo. En serio que el demonio de fuego arisco y arrogante lo había cambiado. Y el,…parecía estar en otro mundo, muy probablemente en el Ningenkai, ¿Por qué?, su yoki apenas era perceptible, eso era inusual, siendo un guerrero tan orgulloso de su poder. Estaba con alguien, había hablado por más de treinta segundos y dicho más de un monosílabo, ese alguien lo había besado y Hiei lo acepto. ¿Qué diablos sucedía?
Cavilando, busco información en un arma que encontró unas décadas atrás. Él tenía la Chain Viola, uno de los elementos más misteriosos en el mundo de los demonios, del que se decía que aparecía para un dueño "elegido por ella", cuyo poder era ofrecido a aquel que estuviera dispuesto a entregarse por sus deseos. Dos tumbas eran necesarias para usarla. La Chain Viola era un arma que adoraba el sacrificio. No era casualidad que llegara a las manos de Higurashi, quien no tardo en entender que podía conocer cosas del mundo y de la vida con solo entregar parte de su poder a la "cadena de la verdad", como empezó a llamarla. Pero, poco le importaba la suerte de los tres mundos.
- ¿Quién es "Kurama"?
Organizo y pronuncio las palabras con urgente necesidad.
La Chain Viola hizo aparecer cientos de imágenes a su alrededor. No todas eran del Ningenkai, ni siquiera parte de la vida de un común estudiante universitario. En cambio, encontraba a un kitsune de rostro famoso, de un demonio zorro huyendo de un cazador para luego ocupar el vientre de una mujer ningen, fusionándose con la vida del feto.
Indagando un poco más, lo descubrió todo.
El misterioso pelirrojo no era nada menos que el mismísimo ladrón Youko, adherido al cuerpo de un mortal, llamado Minamino Shuichi, la persona por la que Hiei abandonaba el Makai para estar con él. Higurashi miro con odio las imágenes, incrédulo de la revelación. Se suponía que el ladrón había muerto, que Hiei no tenía a nadie, que nadie estaba enterado de nada y esto…
Buscando en las imágenes, por más desagradable que le fuera al tener que verlos a ambos, descubrió un dato aún más impactante. El Maestro del Jagan no veía a Youko en el humano, y este pensaba que Hiei era otro mortal.
- Esto es tan humillante.
Sus pensamientos de ir a confrontar y matar al kitsune fueron reemplazados por una docena de ideas que se aparecieron en su mente, ingeniosas y maquiavélicas, dignas de un demonio como el, mas intelectual que instintivo.
De alguna forma indirecta le revelaría a Hiei la realidad de su situación. Y el, mataría al zorro. Estaba seguro que ambos se enfrentarían al sentirse traicionados, pero ¿y si no resultaba ese plan? Necesitaría otro. Ese otro plan se le apareció cuando la Chain Viola le revelo un secreto: podía cambiar el curso del tiempo. Aun así, ¿Cuánto debería destruir para omitir un pasado de años? No terminaría nunca y, de lograrlo, el resultado tampoco sería muy fidedigno. Precisaba de otro tipo de plan.
Los años pasaron y el continuaba buscando la respuesta correcta. Para su mala suerte, de tanto esmero en sus planificaciones no actuó lo suficientemente discreto como para que alguien no le descubriese.
- Se lo que buscas y no te dejare- le amenazo la gobernante Mukuro, en los pasillos vacíos- Créeme, cuando Hiei vaya por ti será porque le habré ordenado matarte, Higurashi.
- ¿Por qué me dice eso?
- El será mi heredero. Sé que no intentaras hacerle daño, sin embargo, también sé que tramas algo peor para él.
El demonio se mantuvo imperturbable ante las sospechas de la gobernante, inexpresivo como siempre.
- ¿Y aún confía en mí, jefa?
- Confió en tu fuente de información, no en tus intenciones.
No le hizo caso. A él le importaba otra cosa.
No era ingenuo. Sabía que Hiei lo consideraba otro youkai para honrar su espada, un estorbo en su camino y que sus ojos le tenían real desdén. Era un alivio, porque así Hiei sentía algo hacia él. Sonaría loco y estúpido, pero para Higurashi eso era suficiente. Pensando eso, se decidió.
Sacaría a Hiei de ese círculo de engaño que terminaría por traicionarle y humillarle hasta destruirle. El no merecía eso, era mucho mejor. Y aunque tuviera que dar su vida a la Chain Viola para impedir esa unión estaba dispuesto. Al menos así, Hiei no estaría con el kitsune.
Una noche, la Chain Viola le ofreció cambiar el pasado a cambio de su vida para convertirla en parte de sus perlas, de la extensión de su cadena. Y Higurashi acepto.
- No te quedaras con él, ladrón. Aunque mi propia existencia se olvide, estará bien para mí…
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- ¡Kurama!
Era demasiado. No podría sujetarlo por más tiempo.
La fuerza de la mano de Hiei disminuía su agarre cuando el portal insistía en succionar a Kurama hacia la nada. El portal había tomado sus piernas y el demonio de fuego se esforzaba por mantenerlo sujeto.
En medio de ese caos, Kurama se dio un segundo para pensar. No lo lograría. Hiei no podía salvarlo. Estaba hecho. Era demasiado tarde.
- ¡Hiei! ¡Suéltame! Cuando me vaya, recuérdame.
- ¡Deja de decir eso!
Se asustó al ver el agujero más grande y a sus coloridos matices de energía. No había más que colores y un sentimiento de vacío que sabía que le depararía allí.
- No puedo dejarte, Kurama.
Estaba condenado, a primera vista era evidente, pero Hiei continuaba intentando. Había clavado su espada en el suelo para mantenerse firme. Dolía, dolía estar a punto de desaparecer y que solo uno intentara salvarte.
- Adiós, Hiei.
Si seguían así, Hiei seria devorado también y no habría oportunidad de regresar jamás.
Con pesar, trato de soltarse.
- ¡¿Qué haces…?!
- No me olvides, Hiei.
- No lo hagas, baka- Vio sus ojos y supo que hablaba en serio. Estaba soltándose a propósito- ¡Kurama, idiota!
El agarre se deshacío y sus manos se separaron. A los pocos segundos, el portal lo devoro por completo. Kurama desapareció. Su yoki dejo de estar presente y el demonio de fuego ya no podía escucharlo. El agujero comenzó a cerrarse, habiendo cumplido su cometido, a una velocidad proporcional a la de succión.
Fue un momento fugaz que se perdió en la oscuridad, una oscuridad que lentamente se convertía en el interior húmedo de una cueva. El agujero se evaporo como polvo, el portal rompió su conexión con el mundo y la ilusión de Higurashi acabo por extinguirse, hasta que solo quedo una cueva ordinaria y fría en su lugar. Y en ningún rincón se hallaba Kurama.
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(Flashback) (Memorias de Kurama)
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- ¿Verdad o reto?
- No me gusta ese juego tonto.
Desvió un poco la mirada, desinteresado.
- Te gustan los retos. Y…Aunque te conozca, si te preguntara algo sobre ti obtendría muchas novedades, ¿me equivoco?- Se acercó a Hiei entre las sabanas y tomo su mano. Contra la resistencia de Hiei hacia algunas cosas le alegraba que compartieran algún contacto, aunque fuese en la intimidad y soledad.
- Tal vez- murmuro el, despreocupadamente.
- Juguemos.
Elegiría desafiarle, pero su elección de malos ratos enojaría a Kurama. Sonreiría y diría que no importa, pero sabía que se molestaría.
- Uuh, verdad. ¿Quieres que deje de visitarte a tu casa nueva?
Kurama se impresiono. No estaba en su mente que le preguntara eso.
- Si- Se explicó apresurado- Pero, no es cómo crees. Cuando me mude, no quiero que solo me visites. Quiero que estés conmigo allí.
Los papeles se invirtieron, pero Hiei era más moderado en su asombro.
- ¿Estas…?
- Sí.
- ¿No será un error?
- No.
-¿Estas cuerdo?
- Hiei.
- Eres un inútil para vivir solo- le contesto a su manera.
- Entonces, dame trabajo- dijo con una sonrisa- Y, mejor te pido ahora que no opines sobre el jardín.
- Jamás lo haría.
Escucho la ligera carcajada dentro de la boca de Kurama. Luego, una sonrisa juguetona y brillante.
- Mi turno. ¿Verdad o reto?
- Reto- Eligió sin pensar. Era de desafíos, como sabia Kurama. Además, prefería eso a una pregunta que no pudiera responder e iniciar otra nueva discusión sobre la confianza- ¿Qué tienes?
Se tocó los labios, pensando en una opción. Una idea loca se le cruzo por la cabeza, completamente arriesgada, y por más hilarante que sonase, sabía que era un total peligro. Pero su boca fue más rápida que su cautela y lo dijo:
- Bien- Sonriendo más, tomo al menor del cuello y lo acerco hasta que tocaron sus frentes, mirándolo a los ojos- Te reto a que me lo propongas.
Si no lo hubiera esperado y estado preparado para lo que vio se habría intimidado al instante. Ojos rojos con ansia asesina. Rió nerviosamente, tratando de decir que había sido una broma, deshaciendo el agarre de su cuello.
- Eres un maldito.
A su insulto disimulo tranquilidad.
Hiei todavía le miraba con ira contenida. El juego había ido demasiado lejos. Fueron tensos los segundos en los que Kurama espero que dejara de mirarlo así. Finalmente, Hiei desvió la vista y la dirigió a otro lado, dejando al pelirrojo respirar tranquilo. Estaba ileso, por fortuna.
Hiei se dio vuelta en la cama. Delante de él había una mesita de noche que tenía encima un jarrón de capullos blancos.
El kitsune tenía la intención de serenarlo cambiando el tema, no le deparaba un buen descanso con Hiei molesto y dándole la espalda. No tuvo tiempo de hablar. El dueño de su ansiedad se volvió, a penas apartado unos centímetros por la ancha cama, y le tomo la mano. Kurama vio incrédulo como Hiei ataba con torpeza el tallo de una rosa por su dedo.
- Hi… ¿Hiei…?
Él tenía el ceño fruncido. La maldita cosa no se ataba como quería.
- Pides cosas tan vergonzosas…
- ¿Es…Hiei, de verdad tu…?
Lo logro, por unos segundos. El pequeño sostén era delicado y muy delgado, no apto para ser atado alrededor del dedo meñique de Kurama.
- Ya está. ¿Ahora qué?
Fue brusco y sonaba fastidiado, pero tan ingenuo que a Kurama le dio risa. El de cabellos negros lo miro con sorpresa y disgusto, golpeándolo con una almohada.
- Lo hiciste, en serio…
- Fue tu tonto desafió.
Sintió caer a la pequeña de su dedo. Unió sus manos durante unos segundos, aprovechando que Hiei veía sonrojado a la pared. El capullo en maduración floreció y se enredó por su dedo.
- ¿Sabes lo que significa?- Sonrió hermosamente, acercando la rosa blanca a su rostro para oler su esencia- Me lo has propuesto.
Hiei no solo no sabía lo que había hecho en realidad, pues tampoco lo entendía bien. Pero no iba a mostrarse peor que ignorante y le contesto con otra pregunta:
- ¿No es lo mismo que esto?
Eso tomo a Kurama por sorpresa. Ciertamente habían diferencias cruciales pero Hiei le hacía sentir que era natural, que la relación que llevaban iba más allá del de una pareja primeriza.
Sus labios le temblaron, queriendo decir muchas cosas a la vez. Una voz en su cabeza le impidió expresarse.
- ¿Estás loco? Para esto, sabes que no puedes vivir de esa manera. Recapacita, idiota.
Aun con sus insultos, Youko tenía razón. No quería comprometer a Hiei, no quería involucrarlo en sus problemas. Sería peligroso. Tarde o temprano descubriría su máscara y se alejaría. Por algo jamás quiso tener sentimientos serios por nadie. Se había vuelto demasiado importante, tenía que dejarlo.
Pero se arrepentiría si lo dejaba, y no quería verlo lejos.
- ¿Qué sucede cuando se hace?
- Tu esperas a que diga "si". Luego viviríamos juntos con respeto, fidelidad y afecto cuanto tiempo pudiéramos.
Vio la molestia en la cara de Hiei al explicárselo, casi parecía repulsivo de la idea, pero eso no hizo desaparecer su sonrisa.
- ¿Y?
- ¿"Y" qué, Hiei?
- Estoy esperando.
Al comprenderlo deseo reír, sonreír más de lo que podía, tomar a Hiei de nuevo y besarlo sin piedad. Hizo la segunda y tercer cosa. Lo de la risa era irrealizable con la boca ocupada.
- Sí, sí. Te respondo que sí.
Hiei suspiro. Kurama se separó un poco para ver su rostro. Youko comenzó a gritarle docenas de razones para hacerle entender que era una mala idea pero acabo rendido, igual que él, y lo abrazo. Puso una mano sobre su cabellera, sujetándola con fuerza, mientras con la otra lo retenía por la espalda. Se alegró mucho cuando Hiei no lo empujo para liberarse. El demonio entrecerró los ojos, en una mirada carmesí brillante, y se dejó estar un rato más en el pecho del muchacho, luego se quejaría y disimularía enojo.
Tomo la mano derecha con la rosa florecida y la llevo a sus labios. Por un momento, Kurama temió a que lo descubriera, pero el joven beso su mano sin prestarle atención a la rosa.
- Hiei…- murmuro, sonriendo cándidamente- Ese no era el dedo.
- Cállate- bramó.
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(Fin del Flashback)
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Esa escena, ese memorable recuerdo, se rompió en pedazos dentro de su cabeza y se perdió en la nada.
Sonrió tristemente, sintiendo una gota húmeda escapársele de los ojos. La lágrima se perdió en el abismo. Debió dejarlo en ese momento, pero una vida con él fue mejor de lo que pudo desear. No se arrepentía.
- ¿Tienes algo que decir, Youko?
- ¿Sinceramente?- Youko resoplo- A mi…me gustaba también.
- Lo sé.
No volverían a hablar de eso, ya no. Nunca más.
En el abismo, la oscuridad se lo trago.
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- ¡Kurama!
Miro de un lado a otro. Apresurado e impaciente, se desvendo su Jagan y lo uso, captando los cambios a su alrededor. Debía ser rápido. Debía encontrarlo, pronto. Tenía un mal presentimiento. Kurama jamás sonó tan lamentable y desesperado, como si creyera que en serio ese era el fin…Renegó con la cabeza esas ideas. Tenía que encontrarlo.
Su Jagan indago en todo rincón, sin encontrar pista del portal ni del kitsune que se había llevado consigo. Exasperado, aumento el poder y se concentró en el yoki de Kurama, pero tampoco lo encontró.
- ¡Kurama!- grito, pensando que estaba en algún sitio y que podía escucharle. El kitsune no podía morir, sin embargo, nada quedaba de el para negárselo o confirmar su existencia. Existencia…- ¡Kurama, contesta!- No había caso, no estaba por ningún lugar. Ni rastros o una mísera señal. Diversas emociones pasaron por su faz, esperando que en la oscura grieta de la cueva ocurriese algo, cualquier cosa, que le diera un indicio que no estaba solo, que no lo habían dejado- ¡Kurama!
De repente, silencio.
Hiei sintió un tumulto extraño en el pecho, estaba agitado y sus labios se encontraban secos, gritando… gritando algo…
- Ku…
Observo el sitio. Una cueva vacía, cuyo techo dejaba caer lluvia sucia de aspecto miserable. ¿Qué hacia allí? Había pasado algo horrible allí, estaba seguro y…
- ¿Qué paso aquí?- Se pasó una mano por la frente. Su Ojo Demoníaco estaba expuesto. ¿Por qué?- ¿Qué estoy haciendo?
Salió de la cueva y la contemplo. No había nada irregular en ella, pero sentía que…Sentía…Se tocó la garganta. Había estado gritado, todavía le dolía la garganta. ¿Pero, porque estaba gritando? No recordaba que… ¡Recordar! Si, debía recordar, tenía que recordar, él… ¿Qué debía recordar, que cosa, que?
Le dolía la cabeza, lo abrumaba un recuerdo borroso, un pensamiento perdido, una voz silenciada, un rostro hecho pedazos. Dolía. Por primera vez (creía el) sentía un severo daño en el pecho y no sabía a qué se debía. Se sintió desamparado y perdido, era sumamente raro para el pero sabía que había algo que estaba mal. Muy mal. Tenía relación con lo que había sucedido en esa cueva pero no recordaba que…
Confundido, golpeo su pecho para no escuchar más esas palpitaciones aceleradas. ¿Qué le sucedía? Ni en una pelea le sucedió algo como eso. Todo le producía un desagradable malestar, le dolía en algún lado. Un lugar irreconocible, demasiado reservado, pero también un lugar vació. Repentinamente vació.
- Esto no tiene sentido.
¿Y porque, porque quería gritar furioso?
Frustrado de no poder encontrar respuestas, dio la vuelta y se fue. No quería continuar viendo la cueva. Se alejó unos pasos y con su yoki consumió la cueva hasta destruirla.
Faltaba algo. Necesitaba algo. ¡¿Qué estaba sintiendo?! Solo sabía que algo se le había perdido y que él estaba desolado. Miserable. Se sentía totalmente miserable.
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Nota de autora: ¿Y qué les pareció?
Vayamos por parte. Sí, hice mucho hincapié con los motivos de Higurashi. Para ser honesta, quería profundizar su personaje, para que no quedara como "otro villano más" o "ese loco que fue muy lejos", y de paso explicar cómo se enteró de todo, cuando empezó su plan y como pensaba antes de morir en el capítulo anterior.
En segundo plano, confieso que siempre hubieron muchos flashback justamente por lo que pasa en este y el otro capítulo, donde los recuerdos de Kurama son destrozados.
¿Y que opinan de la "proposición" de Hiei? Siempre algo ingenuo, se metió en una grande, y todo porque lo desafiaron. ¿Ustedes pensaban que Hiei, a voluntad propia, tragándose su orgullo, llegaría un día y le diría a Kurama "Vamos a casarnos"? Claro que la idea fue entera de Kurama. ¿No fue tierno como lo hizo?
Por cierto, si alguien derramo una lagrima leyendo este capitulo, me debe dos reviews.
Para acabar, ¿Creían que no podía ser más complicado? Pues, si puede. Como notaran, nos acercamos a un final más, más complicado todavía, así que me gustaría dejarlo todo en claro antes de seguir actualizando y responder cualquier duda que les haya quedado hasta aquí.
Saludos, Lugarth3.
