En cualquier vida
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- ¡No me olvides!
Despertó sobresaltado. Sudaba frió y temblaba.
Se pasó una mano por el rostro, su frente estaba perlada por el sudor. Se acomodó sobre la cama para sentarse, sin encontrar comodidad, ni física ni emocional.
La puerta de su habitación se abrió de repente. Una mujer de aspecto inquieto entro y se le acercó, con voz preocupada.
- Madre…
La mujer de ojos castaños le paso su mano materna sobre la frente. No tenía fiebre, como siempre.
- Cariño, es la tercera vez. ¿Estás bien? Dime la verdad.
Su hijo procuro mirarla con calma, sin embargo, eso no sería suficiente dada su reacción al despertar. Su madre ya bastante temerosa estaba de su salud desde la primera vez que lo escucho gritar en sueños. No, pesadillas. No se sentían a sueños agradables.
- Sí, estoy bien.
- Tres días seguidos con el mismo despertar. Hijo, me preocupas.
- Tomare algo para reponerme.
- ¿Será por la charla que tuvimos antes? Toma la decisión que quieras, la entenderé; es tu vida.
Kurama tardó en responder a esas palabras. Ese era el menor de sus problemas.
- No, no es presión.
- ¿Estás seguro? Deberíamos ir a un doctor para que te revise. Ayudaría en estas vacaciones y es mejor estar seguros.
- Doctores no- Vio una nueva replica en sus ojos avellana- No estés nerviosa, nada anda mal. Te lo prometo.
Ella le miro con dudas, aun así, acabo por asistir. Bajo resignadamente la mirada al suelo, descubriendo que estaba iluminado por luz solar. La ventana se hallaba abierta, con las cortinas corridas. Se levantó para acomodar las cortinas, observando el panorama.
- Te lo he dicho antes, el aire de la noche es refrescante pero antes de acostarte para dormir debes cerrar la ventana, Shuichi.
Su hijo asintió sin oírla, estaba absorto en aquella pesadilla, borrosa y pesada. Con el paso de las semanas, comenzó a pensar que esas pesadillas significaban algo y su mayor frustración era no conseguir respuesta al que o porque.
- No quiero que sueñes con mi posible muerte, Shuichi. Te has involucrado mucho en mis recuerdos.
- No, Youko. No creo que sean recuerdos de nuestro pasado.
Miro a su madre, quien volvía a la puerta y le dedicaba una última mirada de preocupación.
- Shuichi. No importa si cancelamos la cena de hoy, de veras.
- No, madre. Dije que haría la cena. Estaré bien por la tarde.
- ¿Estás seguro?... Cuando regrese del trabajo te atraeré unas medicinas para calmarte los nervios.
- De acuerdo, gracias.
No necesitaba ese tipo de medicina, sencillamente podía prepararse calmantes el solo, con las plantas del jardín y las suyas propias.
Finalmente, Shiori cerró la puerta y lo dejo en soledad.
Ya libre de ella, se dejó caer pesadamente en la cama. Miro hacia la ventana abierta. No sabía porque pero sentía una profunda añoranza cuando veía la ventana abierta por las noches. Unos días atrás, haciendo sus deberes, un sonido lo hizo levantarse, ansioso y ávido, y corrió a la ventana. Lo que escucho solo fue el desliz de las cortinas por acto de una brisa que anunciaba lluvia. Se desilusiono al no ver nada más que a la intemperie solitaria y fría, actuado como quien espera que alguien apareciese. Absurdo.
Se levantó de la cama y fue al baño a asearse. El sudor seco en su frente le recordó la pesadilla, de la que siempre despertaba gritando y sin recordar porque. Su madre tenía razón en preocuparse por su salud, mas por la mental, porque cada mañana sentía que algo no estaba bien, que todo estaba mal y que no debía estar allí. Para no inquietar a su madre, fingía calma y ponía excusas.
Se bañó y vistió con lentitud. Las clases de secundaria habían terminado y ahora usaba ropa informal, de su gusto. Contra el mareo en su cabeza, intento hacer memoria de que haría ese día.
Oh, eso.
Debía comprar lo que hacía falta para la cena de esa noche. Su futuro padrastro y hermanastro vendrían a casa de Shiori para cenar por primera vez como familia, antes de la unión oficial. Teniendo en cuenta que su madre trabajaría y que no podría encargarse de mucho, se propuso a encargarse de la cena.
Bajo a desayunar y antes que Shiori saliera de la casa, Kurama le hablo.
- Ya lo he decidido, iré a la universidad del norte. Me prepare para el examen de admisión, así que, ya está resuelto.
Shiori se tomó su tiempo para sorprenderse y luego sonreírle, contenta.
- Entonces, un problema menos, ¿no?
El pelirrojo afirmo con la cabeza y la vio irse, después de besarle la mejilla.
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- ¡No me arrastres para allá! ¡Esto es una conspiración de mujeres!- grito un joven de cabello negro y ojos hastiados, soltándose de la mano de su "tal vez (todavía no asimilada) novia", antes de entrar a una tienda de zapatos de mujer.
- No digas tonterías y acompáñame- exigió una adolescente castaña, jalando al varón de la ropa con poca delicadeza.
El miro hacia un lado y otro, buscando un lugar por el que escapar. Cualquier sitio era mejor que entrar con ella a una tienda de mujeres y verla fascinarse o desilusionarse con cualquier cosa, teniendo él que sufrir una, ¡dos, tres horas!, de tormento por espera. Esperar a que se decidiera por un condenado zapato era como repetir el mismo insulso juego de vídeo y perder tu dignidad cada minuto que pasaba. Ooh, obligaciones de pareja…
Logro visualizar a un conocido entre la gente, cerca de un mercado.
- Iré a mirar por allá- dicho esto, se soltó de la castaña y corrió veloz. La chica, indignada y abandonada, grito su nombre con un puño en alto. Por fortuna, no le fue a perseguir.
- ¡Kurama! No te veía hacía meses.
Efectivamente, el muchacho de apariencia delicada, melena roja como la sangre y ojos esmeraldas, siempre brillantes y hermosos, era Kurama. No podía confundirlo con cualquiera.
- ¿Yusuke?
El pelirrojo se giró, olvidándose de buscar frutas para la cena de esa noche. Reconoció a Urameshi Yusuke, quien le sonreía amistosamente.
- ¿Estas de compras?- inquirió el aludido, al ver la bolsa de mercadería que llevaba el muchacho en mano.
- He terminado.
- Lastima, quería una excusa para apartarme de Keiko.
- No deberías hablar así- Sonrió levemente, empezando a caminar a otro lado. Yusuke le siguió- Ella quiere compartir contigo, deberías intentarlo.
- ¿Compartir que, gustos de zapatos?
- No creo que a ella le guste verte peleando contra una banda y considerarlo "tiempo compartido"- opino Kurama, meditando a la vez lo que le faltaba por hacer.
- No hay remedio. No tenemos mucho en común- Admitió el moreno en un suspiro- En fin, ¿Pensaste en la propuesta de Koenma?
Kurama se detuvo un momento. Olvidaba que Yusuke solía ser muy directo con todo. Sonrió por esa falta de reserva, tan simple a la hora de decir las cosas, y volvió a caminar.
- Pienso…Aceptarla.
- ¿De verdad? ¡Eso sería genial!
Kurama esbozo una sonrisa al ver su reacción.
Hacia unos meses atrás había conocido a Yusuke, el detective del mundo espiritual, y contado la verdad de su identidad. Que era Youko Kurama, el bandido que había desaparecido hacia algunas décadas atrás para fusionarse a un humano de nombre Minamino Shuichi cuando todavía era un feto. Pese a que era su deber arrestarlo, Yusuke tomo la decisión de no hacerlo. Cuando Kurama le pregunto por qué no, Yusuke le respondió "no sería correcto, eres un humano ahora, confió en que no harás daño a los humanos".
Unas pocas semanas después, Yusuke le hizo una propuesta particular, de la que todavía no salía del asombro. ¿Koenma lo consideraba digno de tal oportunidad, tan escasa, tan imposible para los demonios como Youko, el bandido más temido, y por el que las Fuerzas Especiales querían su cabeza? La propuesta fue como recibir una esperanza jamás imaginada. Un cambio.
- Escucha, Koenma suele dar misiones de improviso así que no te sorprendas cuando te llame de repente. Si veo a Botan le diré que aceptaste.
- Yusuke, tengo una pregunta.
- Dime.
- ¿Por qué me propusieron semejante honor?
Esta vez fue Yusuke quien se detuvo en el camino y miro a Kurama a los ojos, con seriedad silenciosa. Después de unos tensos segundos, decidió hablar.
- Fue una orden de…la Reina de Hierro.
- ¡¿Pero que está diciendo, reina?!
Koenma estaba incrédulo. Primero, era llamado de urgencia al castillo de Raizen. Segundo, la mismísima reina de hierro, una mujer de mucho carácter que no se inmutaba ni ante un Dios, quería hablarle en privado. Tercero, la reina le pedía que hiciera de un humano llamado Shuichi, que en su vida pasada fue un bandido famoso, un… ¡¿Detective espiritual?!
- Re…reina, por favor, explíqueme, que no entiendo.
- Te contaría, mi joven príncipe, pero dudo que me comprendas. Confía en mí, príncipe, y tal vez podamos cambiar la historia a un mejor ritmo.
- ¿De qué está hablando, reina?
A cada una de sus palabras enigmáticas Koenma entendía mucho menos.
Joo no Tetsu sonrió.
- Príncipe. ¿Soy o no la mejor?
El joven tembló. Ese tipo de pregunta… Todos sabían que sucedía si se le respondía incorrectamente a la dama o, peor, si le ignoraban.
- Reina de Hierro, usted sabe…Si, es la mejor de todas. Única, incomparable- vacilo, buscando los mejores adjetivos.
- Me halagas- Corrió una pierna hacia su izquierda, mostrando un pedazo generoso de piel desnuda que hizo sonrojar al hijo de Enma- Entonces, ¿Podría, hacer lo que digo?
- Entienda, por favor. Necesito una razón. Mi padre podría…
- Expiación.
Koenma se calló y ella ancho su sonrisa, típico de mujer que sabe mucho y se guarda mucho para su deleite propio.
- ¿Cómo dice, reina?
- Démosle la oportunidad de pagar por sus pecados pasados, príncipe. Y…Darle diversión al asunto. ¿Piensas que Yusuke bastara como detective espiritual? Es fuerte y arriesgado, pero no tiene orientación ni ingenio; admitámoslo. Posee buen sentido de liderazgo, de modo que sería muy oportuno tener compañeros que lo ayuden en su labor.
-…Tiene…Tiene mucha razón en eso, pero aun…
Ella bajo su abanico y lo apoyo sobre su silla de lujo. Miro determinante a Koenma, con una intensidad tal que su hermosura se hizo feroz y Koenma sudo frió.
- Quiero escuchar las nuevas historias de mi ladrón favorito.
El príncipe tardo en responderle con coherencia verbal. La monarca se tomó la cosa por segura como para coger una taza de té llena y tomarla delante de él con suma elegancia.
- Perdóneme, reina, ¿Hay otra razón para que tomara esta decisión?
Fue valiente, en cierta forma, y la mujer le tenía gusto a esos fenómenos, seres capaces de contradecirla y tomar control de la situación.
- Sí, hay otra razón- Koenma espero a que tomara otro sorbo de su te para que le contestara de una vez y lo sacara de la intriga- Pero, me la reservo para mí. Príncipe Koenma, haga de mi ladrón un detective.
Kurama estaba atónito. Miro a Yusuke en busca de algún tipo de confusión, de error: no encontró nada de eso.
- Yo también me sorprendí. ¿La conoces, Kurama? O,…debería decir, ¿Youko la conoce?- Se llevó las manos a los bolsillos, un poco nervioso- Por favor, si fue tu…admiradora, no me respondas.
Si no estuvieran hablando de ella se hubiera reído por como a Yusuke le tembló la voz al insinuarle aquello. Pero, ¿La Reina de Hierro? ¡Nunca! Su solo nombre le hacía sentir respetuoso terror.
- Yusuke, nunca la conocí personalmente. Ninguno de los dos.
- Debe ser por otra cosa entonces. Sabes que ella tiene muchos secretos… Se lo dijo a Koenma antes que yo. También quería que fueras mi compañero. Pensé que sería difícil porque, bueno, tú conoces la situación con el Rekai…
- ¡Yusuke!- El grito de Keiko los alcanzo.
El aludido miro atrás y bufo.
- Es hora de irme. Nos vemos, Kurama- Hizo un gesto de despedida con la mano, caminando a su derecha. Keiko, una castaña bonita de carácter fuerte, estaba cruzada de brazos, esperándolo- Estas vacaciones aburren, espero una misión pronto, y a ti verte actuar. Bienvenido.
- Gracias, Yusuke.
El detective se fue. Kurama, aun sorprendido por la revelación, decidió que era tiempo de volver a casa.
Inconscientemente, miro su muñeca derecha y sonrió. Cuando estaba intranquilo o confundido, en especial después de tener esas pesadillas, se miraba la mano derecha y encontraba el precioso brillo de una gema roja, prendida por un liso hilo blanco a su muñeca.
Era indescriptible el sentimiento que le acogía cuando veía aquella gema, como también la sensación de vació y desconsuelo. No tenía idea de porqué. La gema era tan intrigante como esos sueños confusos. Veía la gema Nogard e imaginaba otro tipo de gema, del mismo color rojo intenso. De dónde provenía la gema o porque la tenía no lo recordaba, ni siquiera Youko sabia la respuesta.
Y con eso, ¿Por qué la Reina había pedido que alguien como él fuera compañero del detective espiritual? Aunque Shuichi sintiera humanidad, muchos pensarían lo contrario, especialmente cuando Youko se revelase y demostrase su lado violento y sanguinario, aspecto que Shuichi trataba de mantener reservado y, en lo posible, controlado.
Dejo sus pensamientos de lado cuando llego a casa de su madre y sus ojos se fijaron en el techo, que siempre le traía una melancolía extraña. Miro de nuevo el colgante, que brillaba por acto de los rayos solares. Sonrió con afecto al ver a la pequeña gema resplandecer como un tesoro recién pulido.
Entro a la casa y empezó a hacer sus deberes.
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- Ha quedado maravilloso- Halago Shiori, sonriente- Eres el mejor. Déjame probar lo que harás.
- Por supuesto- le tendió a su madre una cuchara con el preparado, y casi de inmediato volvió a lo suyo con la cena de esa noche.
- Shuichi- llamo su madre, habiendo tomado lo que le tendió- Esto está muy picante.
- ¿Tú crees?
- Si, bastante- le dijo, sorprendida de la intensidad del sabor. Busco un vaso por el que tomar un poco de agua fresca- Y tiene…Mucha sal.
- ¿Es salado?- Se extrañó el muchacho. Que recordase había seguido todos los pasos como era su acostumbre, calculando cada medida y el orden del proceso- No recuerdo haberle puesto tanto.
- Shuichi, por favor, que sea liviano. Iré a prepararme, ¿no necesitas ayuda?
- No, yo me encargo- replico su hijo, tomando la cuchara de sus manos.
- Esta bien. Ten cuidado con los pimientos.
- Sí- La vio irse y sorbió lo que quedaba en la cuchara. Sus ojos se ampliaron sorprendidos- Vaya, de verdad es picante- Nunca había cometido errores con frutos como aquellos, y no era como si los usara todo el tiempo.
Miro la cocina y suspiro, repentinamente desalentado.
Se llevó la mano a la boca, sus labios le ardían. Allí había algo extraño. No le disgustaba el sabor. La sal y los pimientos no le gustaban especialmente y, no obstante, los sentía parte de un sabor distinto, una sensación entrañable en sus labios.
- ¿Por qué…siento como si algo faltara aquí?
Ni siquiera Youko, que siempre se quejaba de sus emociones humanas y "preocupaciones banales", en su opinión, lo molestaba diciendo que estaba pensando necedades. El sentía lo mismo que él, una melancolía y tristeza injustificables. Definitivamente, estaba perdiendo el juicio de sus emociones.
¿A que causa se debía? Vivía tranquilamente en el Mundo de los Humanos, sin que Youko le insistiese demasiado en robar en el Makai; con su madre, a la que veía feliz por su nuevo romance, estaba físicamente sano a excepción de las veces en donde las pesadillas lo atacaban. No se sentía enfermo, ni débil, solo…Perdido. Tal vez ser el compañero de Yusuke lo ayudaría a despejarse de esas incógnitas emocionales y de esa forma expiar sus faltas del pasado, como había dicho la Reina.
Expiación. Necesitaba más que eso para llenar el vació que sentía.
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Rezo porque Yusuke tuviera algo realmente urgente que comunicarle para tener que huir de su casa.
- Con permiso, debo irme.
- ¿Shuichi?
El miro a su madre, a su cara confusa y desilusionada. No le gustaba verla así.
El comedor quedo en silencio en cuanto Kurama se puso de pie, dejando su plato a medio acabar.
- Madre, yo…- Bajo un poco la cabeza, le había mentido muchos años pero en lo posible trataba de no hacerlo- Un amigo me necesita.
- ¿Ahora? Son las diez de la noche, hijo.
- Una emergencia- arguyo Kurama, creyéndolo el mismo. La presencia de Yusuke, tan cerca que sospechaba que estaba observándolo desde la ventana de la cocina, era como un grito apremiante.
- Pero, ¿Cómo te has enterado? Haz estado aquí con nosotros…
- Madre, no te miento. Disculpen. Debo irme.
Sintió las miradas de su nueva familia a sus espaldas, al salir por la puerta principal.
- ¡Kurama!- Como pensaba, Yusuke estaba al otro lado de la casa- Perdona si…
- Olvídalo. ¿Qué ocurre?
- Te había dicho que Koenma da misiones en momentos inoportunos.
Y el momento fue el más inoportuno.
- ¿Hoy, le dijiste que acepte?
- Botan se lo dijo. Justamente nos pidió encargarnos de una misión. En realidad, iba a ser a mi solamente pero ya que tu…
- Entiendo- Kurama se conocía las consecuencias de las palabras- ¿De qué trata?
- Por lo que me dijeron es algo muy serio. Tanto que quiere vernos en el Mundo Espiritual.
- ¿El Mundo Espiritual?- No esperaba tener que ir allí tan pronto, ni que la primera misión fuera de una magnitud tan sustancial.
- ¿Conoces el camino?
- Yo, sí.
- Botan me dijo que hay "visitantes" en el castillo de Koenma que podrían ayudar. Dice que no seamos descorteces, o que se yo.
- ¿"Visitantes"?
- Los veremos en el castillo de Koenma. Debo hacer algo antes, adelántate- Se separó Yusuke con velocidad. Parecía ansioso de empezar a trabajar o, como era de esperarse de él, de pelear con alguien totalmente justificado- Nos vemos allá.
- Sí.
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Había estado antes en el castillo de Koenma y pudo ver que este no había cambiado mucho. Uhh…Si decir "haber estado" era "robarle por sorpresa" entonces el término no estaba bien. Tampoco era correcto. No se sentía a gusto estando allí, en el lugar que ultrajo una vez, y que era hogar de su nuevo jefe, el príncipe Koenma.
- ¡¿Qué clase de libertad es esta?! ¡Me estas condenando!
Youko prefería cualquier título menos el de héroe y por eso habían tenido muchas discusiones. Al momento que Yusuke le ofreció ser su compañero en el deber de detective espiritual, Youko había gritado improperios y groserías a alto tono, pero Kurama no permitió que se le escaparan por su boca.
Había costado bastante, y mucho, convencer a Youko de que era lo mejor. Una vida tranquila en el mundo que ambos aprendieron a amar y un trabajo protegiendo ese mundo, a su madre. El orgulloso ladrón no quería desprenderse de su "honor" en el Makai y exigió a Kurama a que rechazara la oferta muchas veces, inclusive tomaba su cuerpo de repente y le hacía hacer cosas desagradables solo para castigarle por no tomar en cuenta "su gloriosa reputación manchada por proteger humanos".
Ni diciéndole que podían ser libres tanto en el Makai como en el Mundo Espiritual por aceptar el trabajo Youko no desistió, pues él pensaba que la libertad era la voluntad a pleno de las emociones e impulsos, de las osadías y depravaciones. Kurama repugno su excusa y le pidió que se lo pensara en serio. Finalmente, el ladrón acepto a regañadientes su nuevo destino.
- ¿No accediste al trato para enmendarte de tus crímenes?
- ¡Tú estás loco! No me arrepiento de nada de lo que he hecho.
- Ey, Kurama, ven.
La voz de Yusuke lo incito a acercarse al castillo, pero no entrar en él. El joven detective se veía más eufórico que antes. Por supuesto, el peligro lo emocionaba, de modo que lo que sea que sucedería sería algo fuerte.
- ¿Ya es hora de la reunión?
- Me encantaría también- le dijo, señalando la entrada para ingresar, sin captar la incomodidad del kitsune- Koenma debe tener un problema serio: ha aceptado a unos demonios bastante fuertes para ayudarnos.
- ¿Los "visitantes"?
- Si…Mira, allí esta uno- Apunto indecorosamente con su dedo hacia lo que parecía una banca y a alguien sentado en ella- Descuida, le conozco. Y si todos están reuniéndose, esto será muy movido.
- Que emoción.
El detective fue a la banca y Kurama le siguió. Podía sentir un yoki feroz en el aire. Al acercarse a la banca, el Visitante desvió su atención del cielo para ver de frente a los dos detectives.
Kurama se paralizo, repentinamente todos sus músculos estaban inmóviles.
Lentamente, el rostro del Visitante se había volteado a su lado y Kurama se interesó en una sola cosa de ese rostro, aun viendo sus delicadas fracciones y los mechones blancos que caían por su frente, y eso eran sus ojos. Ojos carmines del más puro color del fuego. Esos ojos eran mejores a la gema preciosa en su mano.
Estaba impactado. La pasión, el desafió, la hermosura de aquellas pupilas pequeñas e intensas,… Sentía como si la belleza que había creído muerta hubiese regresado y que el sentimiento de vació de hace semanas se reemplazaba por una nueva sensación de paz y dicha. ¿Por qué?
- ¡Hola, Hiei!- exclamo Yusuke, ajeno a lo que le sucedía a su compañero- Las cosas serán divertidas en esta misión, ¿no?
...
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¿El fin?
¡Hasta aquí llegamos! ¿Comentarios, criticas, opiniones? Espero que lo vayan disfrutado tanto como yo, escribiendo el fic.
Bueno, seguro que a muchos les parece desconcertante este final, muy al tipo "final abierto", y se preguntaran como resultaran las cosas con esta pareja, que tantos conflictos y dramas pasaron...Pero, ¿Saben algo? Si podrán saberlo, claro que si a alguien le interesa la segunda parte llamada "Rosa entre las Llamas". Si no, este capítulo pueden considerarlo el "final".
Muchas inmensas gracias por leer.
Saludos, Lugarth3.
