Número cuatro; tus labios.
¿Por qué rayos son tan rosados? Yo no lo entiendo.
Has algo por bondad de los cielos, pintalos de feo negro o cualquier cosa que borre ese deseo de probarlos que me taladra la mente.
Los odio Hinata, odio que sean tan rosados y lindos, como un par de suaves pétalos que se han posado en tu bonito rostro, odio que se vean aun mas bellos cuando sonríes y que me distraigan de tus palabras cuando me hablas.
Detesto cuando los muerdes y los acaricias con la punta de tu lengua, me molesta que sean una tentación de mi día a día, que mis propios labios se mueran por probarlos, que mis ojos sean llamados por su belleza cada vez que saludas, sin importar si es de cerca o desde la puerta.
Odio que se me antojen deliciosos y que se cuelen en mis sueños por las noches, realmente me disgusta verlos en las fresas de mi desayuno o en las rosas que dejo cada mañana sobre tu escritorio.
Me molesta Hinata, los odio porque me tientan, me llaman, por que los deseo, porque me encantan, porque sueño con probarlos, los odio porque no puedo tocarlos, los odio porque estoy celoso de que sean ellos los que son acariciados por tus dedos y no yo.
