Advertencia: Este fic contiene lemon en días de genin. Repito, días de genin. No llamen a la ONU por favor, sólo dejen de leer.
Notas al final.
Marca de afección
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Capítulo 2: Será nuestro secreto.
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Naruto despertó con la espalda muy adolorida. Sentía como si en lugar de haber dormido en su cálida cama, se hubiera recostado en las duras y frías piedras. Abrió los ojos con lentitud y se enderezó. Los rayos del sol le hicieron pestañear rápidamente, cubriéndose por el daño que éste le provocaba a su vista. Era muy malo para saber la hora sin un reloj, pero calculaba que serían más o menos, con ninguna precisión en absoluto, y bajo sus básicos conocimientos ninjas… que era algún punto entre las siete y diez de la mañana.
Entonces como si de un golpe se tratara, algo cruzó por su cabeza.
Toda la pereza de su cuerpo se esfumó con ese simple pensamiento. Los recuerdos de la pelea estaban algo difusos en su mente, pero estaban. Vagamente recordaba cómo había sido el héroe del momento, pero de repente las cosas se ponían malas y caía en la inconsciencia. Giró su cabeza a todas las direcciones, tratando de encontrar a sus amigos.
— ¡Sakura-chan!, ¡Sasuke!
El rubio se levantó y salió del refugio improvisado, apenas unos matorrales donde había sido mal arrojado. Sin atar cabos de cómo había parado ahí, o de cómo había sido vendado, temió lo peor para su equipo. Ellos no se encontraban en ningún sitio donde su campo de visión llegara. Tenía ganas de trepar un árbol para poder encontrarlos desde esa perspectiva, pero los huesos le dolían a horrores.
— ¡Sakura-chan!, ¡Sasuke! — repitió.
En ese momento y justo tras su espalda, el sonido de las hojas chocando unas contra otras le advertían de la presencia de otra persona.
Pero antes de que siquiera pudiera decir «¿quién anda ahí?», de entre los arbustos salieron sus dos compañeros, cada uno por un extremo diferente. Ambos se encontraban algo sucios y maltratados, pero eso no fue sino el principio de su extrema incertidumbre. Sakura-chan, -su Sakura-chan-, tenía algunos moretones sobre el rostro y los brazos, y su cabello estaba corto justo por encima de los hombros.
— ¡Sakura-chan, tu cabello! — exclamó asustado. — ¿Qué te pasó?, ¿quién te hizo eso?
Ella lo miró con timidez, algo que era extremadamente raro de ella cuando le hablaba a él. Entonces su vista se posó en Sasuke, quien poseía un rostro consternado.
— ¿Qué les pasa?, ¿están bien? — el rubio preguntó, pero ninguno parecía querer hablar — ¿Y el serpentotas?
— Se ha ido — contestó la kunoichi sin atreverse a mirar a ninguno de sus compañeros.
— ¿Lo derrotaste tú? — dijo el muchacho de ojos azules confundido, sino mal recordaba, el Uchiha se había acobardado en la batalla, mientras él valientemente se dedicaba a salvar su trasero. Claro, eso antes de que perdiera la consciencia.
El Uchiha lo miró serio, ofendido. Era verdad que no lo había derrotado del todo, pero lo había combatido y hecho retroceder como Naruto nunca hubiese podido.
— ¿Y quién más lo haría?, ¿tú? — gruñó hastiado de él.
La pelirrosa por primera vez en su vida agradecía la actitud de su rubio compañero, distrayendo a Sasuke y de paso distrayéndola a ella con su bombardeo de preguntas.
Lo que había pasado hace poco menos de una hora la tenía confundida y sabía que no sólo a ella. Estaba consciente de que Sasuke había estado actuando bajo alguna clase de influencia por el sello que Orochimaru puso en su cuello, pero eso no significaba que ambos, sobre todo ella, podrían continuar sin pensar en lo que había pasado.
Y los recuerdos volvían.
Cuando sus ojos verdes habían chocado con los ojos negros, libres del Sharingan de Sasuke, se quedó totalmente en piedra, hasta que la brisa fría y la vergüenza impactaron por todo su cuerpo y le hicieron reaccionar corriendo a un arbusto para acomodarse la ropa. Sus manos seguían atadas, pero haciendo uso de la fricción de un árbol contra la tela, pudo dañarla lo suficiente para quitárselas de un tirón.
Su cabeza quería estallar, se sentía un poco mareada. Un temblor recorrió su cuerpo y las lágrimas no tardaron en volver a brotar, ¿qué demonios había hecho?, ¿por qué lo había permitido? De alguna manera, Sasuke tenía una muy buena excusa de sus actos, pero ¿y ella?
Lloró en el mismo sitio un largo rato, hasta que escuchó las pisadas de alguien fuera del arbusto. Pudo escuchar la voz de Rock Lee preguntando por ella, y a Sasuke diciéndole que estaba bien, que era mejor que se marchase con su equipo. Las insistencias de Rock Lee no se hicieron esperar, pero una voz femenina que venía desde arriba de un árbol lo detuvo y le regañó.
Sabía que el equipo de Rock Lee no se atrevería a hacerles ningún daño aprovechándose de su situación, por lo tanto, no se esforzó por moverse y salir de su lugar. Y aunque quisieran hacerlo, de cualquier forma, su presencia no haría diferencia alguna en su estado actual. No pasó mucho tiempo para que el equipo completo desapareciera.
Se acomodó en el suelo y abrazó sus rodillas. Estaba mal, enferma, pues a pesar de las cosas que habían pasado, a pesar de la supuesta violación que Sasuke cometió con su cuerpo, a ella le había encantado. Le gustó tanto que incluso podría saborear una y otra vez ese momento. Era por eso por lo que lloraba, porque estaba mal de la cabeza y por la vergüenza de que su amado la viera así. Se convencía así misma que no era su culpa, sino la de sus sentimientos por Sasuke que le permitían sentirse de esa manera. Se odiaba por permitirse ser tan vulgar. Pero al menos, estaba segurísima de que Sasuke era el único que la haría sentir así, si se hubiese tratado de otra persona, ella habría hecho lo imposible por escapar y molerlo a golpes.
Estuvo un buen rato escondida hasta que los gritos de su compañero rubio se escucharon tratando de encontrarlos, fue cuando eliminando los últimos rastros de las lágrimas ya casi secas sobre sus mejillas, se levantó y caminó hacia sus amigos. Sasuke no la miró en ningún sólo momento.
…
— Tenemos que hacer algo rápido — expresó el rubio dando un bocado.
El equipo se encontraba en unas rocas al lado de un río. Sasuke y Naruto se habían dedicado a pescar mientras la pelirrosa preparaba la fogata. El ambiente era tenso, sobre todo para dos miembros de ese equipo. Sakura aún no se atrevía a aclarar lo que había pasado, y Sasuke tampoco le pedía explicaciones. Cualquier cosa que haya sucedido que lo involucrara a él y a Sakura desnuda no podía ser nada bueno.
La miró de reojo. Ella comía calmada, o fingía estar calmada. En cualquier caso, no se atrevería a preguntarle nada frente a su compañero. Si quería aclarar las cosas con ella, primero debía deshacerse del rubio y terminar con el examen, que en ese momento debía ser su máxima prioridad.
Suspiró. El examen. Aún tenían que conseguir el pergamino del cielo y sólo le quedaban veinticuatro horas para aquello. Las circunstancias no fueron las mejores para ellos tres, pero si querían hacer algo al respecto para poder aprobar, debían actuar ya.
— Tendremos que atacar de sorpresa — dictó, rompiendo el silencio que se estableció entre ellos, estaba a punto de acabar su pescado.
Ambos compañeros le miraron.
— ¿Entonces haremos una emboscada? — Preguntó el rubio.
— Sí, creo que esa será la mejor solución. Nos acercaremos lo suficiente a la torre, donde varios equipos rondarán por los alrededores para calificar. Entonces simplemente los sorprendemos — contestó firme.
El pequeño rubio estuvo de acuerdo con el plan de Sasuke. Llegar a la torre lo antes posible y una vez ahí, atacar a los equipos que se encontraran débiles por batallas previas y quitarles el pergamino que les faltaba. Sonaba a una misión algo sencilla para él, aunque Sakura no pudo evitar opinar.
— ¿Pero será prudente que tomemos esa medida? — Intervino la pelirrosa, obteniendo la atención de sus camaradas.
— ¿Qué quieres decir Sakura-chan?
— Las personas que se vayan a reunir en la torre serán los equipos victoriosos; es decir, los más fuertes de la competencia. Sin contar con las demás personas que también necesiten los pergaminos y planeen hacer emboscadas como nosotros — Se detuvo un momento para que alguien hiciera una objeción a su análisis; sin embargo, ambos chicos la miraban esperando que terminara de hablar, así que continuó — También consideremos que aún estamos heridos. Si atacamos al oponente equivocado, estaremos muertos.
— Es un buen punto — murmuró Naruto pasando su mirada de Sasuke a Sakura.
— Hay muchas probabilidades de fracasar, pero también las hay para que pasemos este examen, no podemos darnos por vencidos — refutó el Uchiha.
Sakura bajó la vista hacia el piso, pensando. A situaciones desesperadas medidas desesperadas ¿no?; es una frase que siempre decían las personas para justificar los movimientos precipitados. Pero ¿sería realmente lo mejor? No lo sabrían hasta no intentar.
— Bien — enunció sin más.
— Entonces pongámonos en marcha.
— ¡Si! — dijo animado Naruto.
Todos terminaron de comer casi al mismo tiempo, necesitaban moverse lo antes posible. Dejando los restos de su fogata atrás, juntaron agua suficiente y emprendieron hacia la torre.
Naruto parloteaba lo genial que era y lo duro que patearía el trasero de cualquiera que se le acercara. En algún momento de los brincos que daban de rama en rama, sugirió abrir el único pergamino que cargaban, para así transformar otro común en el que les faltaba y engañar a los supervisores. Sus compañeros barajearon la idea hasta llegar a la conclusión de que era muy arriesgado, pero sería el recurso final si no lograban pescar nada. Naruto siguió hablando y motivándose a sí mismo. Sasuke se hartó, pero no fue hasta que llegaron al punto que creyó perfecto para la emboscada que le ordenó cerrar la boca. El lugar tenía una moderada zona despejada de plantas, y se rodeaba de los típicos árboles y arbustos gigantescos.
— Necesitaremos un cebo — dijo Sasuke a sus compañeros.
Sakura, quien sabía que no podía hacer mucho más que tratar de llamar la atención del enemigo, se ofreció inmediatamente; pero Sasuke sólo la miró por un momento, unos dos segundos aproximadamente, y luego cambió su mirada hasta el rubio.
— No — contestó a la chica de manera súbita — Serás tú, Naruto.
El rubio quiso decir algo, pero Sasuke cortó cualquier cosa que fuese a decir explicando la forma en la que atraparían al enemigo. Ordenó a Sakura buscar un refugio, mientras él buscaría un punto estratégico para atacar una vez que el intruso se encontrara distraído con Naruto.
Sakura no supo cómo sentirse al respecto. Sasuke había utilizado la palabra exacta "refugio" y ni siquiera le dijo algo en lo que podría ser de ayuda. ¿Tan inútil la consideraba? Sasuke ya sabía de antemano que ella no era tan fuerte como él, ni siquiera como Naruto, pero por lo menos podía cooperar con el equipo utilizando algún método bien organizado, o poniendo algunas trampas. Pero ahora, simplemente la había relegado a ser una observadora mientras ellos hacían todo el trabajo. Su corazón se oprimió.
— ¿Entendiste Naruto? — preguntó el Uchiha a su compañero.
— ¡Claro que sí! — contestó éste sin tener mucha seguridad, pero igualmente animado. Ni siquiera él mismo sabía si había entendido. Los planes de Sasuke podían ser algo largos de comprender.
Pasaron aproximadamente treinta minutos antes de que ruidos muy cerca de ellos se escucharan. Inmediatamente todos tomaron sus posiciones. Sasuke pudo alcanzar a decir que se trataba de un único ninja, tal vez buscando comida o tratando de reunirse con sus compañeros. Sólo esperaba que cualquiera que fuera el caso, él o ella tuviera el pergamino que les faltaba.
Naruto se encontraba expectante a la llegada del enemigo. A pesar de que fingía estar organizando distraídamente su equipamiento ninja con la cabeza gacha, miraba hacia todas las direcciones esperando a que no saliera un kunai directo a su nuca. Odiaba no ser tan bueno como Sasuke para sentir a otros ninjas acercándose, pero no por eso se dejaría derrotar por él.
Sasuke pensaba que él únicamente sería la carnada, mientras que el bastardo como niño bonito salvaría el día y tomaría el botín junto con la admiración de la chica como siempre lo hacía. Pero estaba muy equivocado si creía que esta vez se saldría con la suya. No quería hacerlo, pero agradecía mentalmente tener el chakra del Kyuubi dentro de él, que le hacía poder recuperarse antes que nadie, y actualmente, se encontraba mejor que nunca para tener una batalla y salir victorioso.
Como fue esperado, los primeros kunais salieron de entre los gigantescos arbustos de aquel bosque. Los esquivó rápidamente y respondió con el mismo movimiento hacia el agresor.
— Atacó él primero — se dijo Sasuke a sí mismo — También debe de estar buscando los pergaminos.
Sasuke ya había preparado los sellos para el jutsu de fuego, pero se percató de algo que el rubio pasó desapercibido. Los kunais habían salido muy cerca del escondite que la pelirrosa escogió justo después de que él diera esa orden.
Eso le preocupó. Si el enemigo tenía atrapada a Sakura como rehén, cualquier ataque que ellos realizaran impactaría de lleno a su compañera de equipo. Tenía que avisar a Naruto antes de que hiciera algún movimiento, pero inmediatamente después reflexionó sobre ello; si todo era simple coincidencia y el enemigo no se había percatado de la presencia de Sakura, arruinaría el método fácil de captura y tendrían una batalla más dura que seguramente alertaría a los compañeros del ninja solitario, algo que sin duda no garantizaría una victoria.
Pero no podía quedarse con esa inquietud. A pesar de todo, y aunque no lo dijera en voz alta, apreciaba mucho a sus camaradas. No quería que ni Sakura ni Naruto salieran lastimados, no mientras él pudiera evitarlo. Así que sigilosamente se escurrió de entre las ramas hasta los arbustos, debía tener especialmente cuidado con el sonido del choque de las hojas que producía su cuerpo. Mientras bajaba, perdió de vista el pequeño campo que tenían estimado para la batalla; su única prioridad era asegurar el bienestar de su equipo.
…
Una mano se cerró alrededor de la boca de la kunoichi, ella se removió alarmada. La persona que la sostenía no sólo cubría su boca, sino que también aprisionó sus brazos atrás de su espalda. Sakura temió lo peor.
— Tranquilízate, soy yo — escuchó la chica susurrar cerca de su oreja.
Cuando el chico dijo esas palabras la soltó, y Sakura pudo corroborar que se trataba de su compañero de equipo.
— Sasuke-kun, me asustaste — susurró de la misma manera la pelirrosa — ¿Qué haces aquí? Creí que estarías arriba, ¿por qué me sorprendes así?
— Temía que gritaras o hicieras escándalo. Además, estoy aquí por los kunais…
— Yo también me había percatado de ello, pero no hay nadie por aquí. Puedes regresar, sé cuidar de mí misma.
Sasuke alzó una ceja ante su declaración. Si mal no recordaba, hace tan sólo unos instantes la había dejado insonorizada e inmovilizada. Dudaba mucho que ella pudiese cuidarse tan bien como decía, es por eso que no la había dejado ser el cebo. Sakura notó su mofa, pero la pasó desapercibida, de cualquier forma, ella no se atrevería a contestarle algo insultante a Sasuke, lo único que quería es que no estuviera tan cerca de ella. No ahora.
Ambos escucharon los chillidos de Naruto retando a su enemigo a una batalla. Trataron de observar un poco tras las pequeñas ramas, pero Naruto ya había hecho su técnica de clones de sombras y con un combo de patadas empujó al shinobi lejos del improvisado campo.
Sasuke se preparó para salir en ayuda de su rubio amigo, el plan sigiloso se había terminado. Pero sonidos empezaron a escucharse a su alrededor hasta convertirse en pisadas duras. Los que presumía como los compañeros de equipo del otro sujeto aparecieron y el moreno tuvo que contenerse cuando notó que ellos aún no se percataban de lo que ocurría.
Otro ruidito se escuchó detrás suyo, pero esta vez venía de una fuente conocida. Su compañera pelirrosa estaba con una expresión de horror, mirando la gigantesca cosa que se había deslizado entre sus pies sin darse cuenta.
Se ubicó detrás de ella y tapó su boca antes de que soltara un grito. Aquella cosa que parecía un ciempiés gigante se movía entre las piernas de ambos; a pesar de que no hacía ademanes de querer picarlos o algo así, la sola presencia de ese asqueroso ser tan cerca ponía de los nervios a la pelirrosa.
Los dos ninjas enemigos se encontraban a tan sólo unos pasos de su escondite sin percatarse aún de nada. Debían ser los ninjas más mediocres para no reparar en tantas cosas que sucedían a menos de veinte metros a su alrededor. Eso le daba la confianza para salir y patearlos, sin embargo, también estaba el hecho de que Naruto haya derrotado fácilmente al otro ninja y así sus esfuerzos serían ahorrados.
El ciempiés se movió girando su largo cuerpo justo por enfrente de la joven. Ella por instinto retrocedió, haciendo que su cuerpo chocara con el pecho de su amigo. Eso lo incomodó.
— Sakura, enderézate un poco — susurró el Uchiha, pues el cuerpo de su compañera hacía que se desequilibrara.
Aunque la muchacha lo había escuchado, le era muy difícil tratar de hacer lo que el chico le pedía, si hacia eso, las horribles extremidades de la cosa repugnante la tocarían. Lo único que Sasuke podía hacer, era sujetarla por la cintura, levantarla un poco sin hacer demasiado ruido, y retroceder hasta que su espalda tocara un tronco. El enorme artrópodo se hallaba un poco más lejos, pero no por eso se encontraban menos amenazados por él.
Cuando el insecto hizo un movimiento en su dirección, Sakura se pegó aún más al cuerpo de su compañero. Los pequeños pies de la kunoichi ya casi estaban sobre los suyos y Sasuke separó las piernas para que no sucediera.
— ¡Aléjate un poco! — gruñó.
Sakura quería decirle que no, que esa cosa le daba escalofríos, pero no podía porque la mano del chico seguía sobre su boca. La kunoichi tenía que matar a esa cosa o de lo contrario no dejaría de retroceder, pero Sasuke no quería ruidos así que debía aguantarse. De un momento a otro, el ciempiés hizo un rápido movimiento desapareciendo de los arbustos justo en dirección a los ninjas intrusos.
A la pelirrosa eso le asustó muchísimo, tanto que su cuerpo tembló y saltó hacia atrás aplastándole por fin y golpeándole, entre tantas partes, una que le era demasiado sensible. Fue de manera inconsciente y no se movió a partir de eso. Su corazón saltaba de los nervios mientras escuchaba a los ninjas de fuera gritar asombrados por la grandeza de aquel bicho que para ellos había salido de la nada. Los escucharon decir unas cuantas maldiciones y alejarse.
La kunoichi suspiró de alivio. Se habían eliminado dos pájaros de un sólo tiro. La joven de ojos verdes entonces recapacitó sobre la posición en la que se encontraba. Se movió rápidamente apartándose del pecho de su compañero, quien había dejado de taparle la boca en cuanto escuchó a los ninjas alejarse.
Lo miró. El muchacho tenía apenas la piel sonrojada que bien podría ser su imaginación, mientras miraba a una dirección diferente de su rostro. Eso le hizo recordar lo que había sucedido hace unas pocas horas entre ellos.
— Lo siento Sasuke-kun — se disculpó la pelirrosa abochornada. — No lo hice por esa intención.
Entonces Sasuke la miró.
— ¿Cuál intención?
Cierto. Sasuke no lo recordaba.
— Eh, ninguna. Olvídalo — dijo la kunoichi.
Ella había comenzado a actuar extraño de nuevo. Recuperó la compostura y se puso serio.
— Creo que este es el momento indicado para hablar, Sakura.
— ¿De qué…?
— ¿Por qué estabas desnuda esta mañana? — la cortó sin dejarla terminar y sin rodeos.
Sasuke se había dicho a sí mismo que no preguntaría nada hasta que el examen no hubiese acabado, pero simplemente ya no podía contenerse más. Necesitaba saber lo que estaba ocurriendo.
En todo este tiempo había fingido estar en calma, sereno como siempre, pero la imagen de su compañera con la ropa totalmente removida de su sitio y expuesta a él no dejaba de perseguir su mente. Y justo en ese momento, teniéndola tan ceca de su cuerpo, otra vez le había atacado esa imagen de manera súbita.
— No querrás saberlo — contestó la joven sonrojada. No comprendía los sentimientos de Sasuke, pero sabía muy bien que no le daría ni una pizca de gracia las cosas que había hecho con la marca de maldición funcionando.
— Si te pregunto es porque quiero hacerlo.
Ella mordió sus labios, indecisa.
— Bien — dijo cohibida. — Te lo diré, pero después.
— Quiero saberlo ahora.
Las palabras del chico eran terminantes, sin darle la oportunidad de negarse ante él. Trato de darle rodeos, de convencerlo con dar detalles más tarde, incluso utilizó a Naruto como excusa para salir por él, pero el muchacho no daba su brazo a torcer.
Suspiró.
— Esta bien, tú ganas, te lo diré todo.
— Te escucho.
Entonces Sakura, con una increíble vergüenza, procedió a explicarle todo lo que había ocurrido, sonrojándose más y más cuando se acercaba a la parte bochornosa. El joven la escuchaba muy atento, esperando la parte que él necesitaba saber con mucha calma. Mientras la kunoichi se lo contaba, dejando de lado algunos detalles, el sonrojo que ya había desaparecido de su rostro volvió a su sitio.
— ¿Yo te hice eso? — preguntó, a pesar de que la chica se lo acababa de contar todo.
Ella asintió.
Él puso una cara nerviosa, incluso apenada. Ella se sintió mal por él, después de todo no era su culpa en lo absoluto, todo era parte de la burla que Orochimaru le había hecho.
— No te preocupes Sasuke-kun — dijo ella. — Yo no… yo no estoy enojada contigo.
Pero Sasuke no dijo nada, y ella no podía mirarlo tampoco.
—Hasta se sintió… bien.
Entonces él la miró confundido. ¿Ella había dicho "bien"?
— Te gustó lo que te hice — más que pregunta, fue una sorpresiva afirmación del chico.
No sabía exactamente por qué, pero la oración de Sasuke le calentó la cara. Lo había dicho de una manera tan… especial. Como si en todo momento hubiese sido el verdadero Sasuke quien la había tocado.
— Bueno, no es algo que hubiese querido hacer, ¡no soy una pervertida! — se atoró con sus palabras. — Pero mientras estabas, ya sabes, haciendo eso, sentí algo muy lindo.
Sasuke no sabía qué decir ante la declaración de la pelirrosa y una idea perversa cruzó su mente. ¡No! Debía apartar esos pensamientos estúpidos de su cabeza. Él era Uchiha Sasuke, un vengador; no un niño atolondrado con las hormonas alborotadas. No era un Naruto o un Kiba, definitivamente no era un idiota.
Pero las palabras de Sakura hicieron eco en su cabeza y reflexionó sobre ese deje de intimidad del ambiente y la zona tan reservada en la que se encontraban. Otra vez los pensamientos incongruentes acudían a él, no podía permitir que ese jueguito siguiera torturándolo.
— No era yo — le contestó. Más para sí mismo que para ella, pero lo hizo. — Y no se repetirá jamás. Lamento todo lo ocurrido.
Ella volvió a asentir, pero una extraña sensación, algo así como la decepción, empezó a formularse en su pecho. Se avergonzó de sí misma.
— Lo entiendo. Yo… también lo lamento.
Entonces Sasuke comenzó a caminar, queriendo salir del escondite. Ya habían pasado varios minutos desde que Naruto desapareció con el otro sujeto y aunque los otros dos ninjas desaparecieron en la dirección contraria a él, no quería perder más tiempo ahí. Pero Sakura actuó por reflejo.
— Espera Sasuke-kun.
El joven detuvo su cuerpo a unos pasos de ella. Seguían frente a frente sólo que en un ángulo diferente, él estaba esperando a que dijera lo que tenía que decir.
— ¿Podríamos darnos un beso?
La miró con asombro. No se esperaba eso, para nada. En todo el tiempo que compartieron juntos, ella siempre había sido muy directa con él en cuanto a lo mucho que le gustaba, y la buena actitud con la que siempre lo trataba. Pero nunca se había atrevido a pedirle un abrazo, un roce de manos y mucho menos un beso. Nada que fuera más allá de un almuerzo o caminata juntos.
— No te des una idea equivocada, Sakura — dijo cortante.
— No lo hago — contestó. — Sólo quiero… sellar… esto.
¿Sellar? Se preguntó internamente el joven ninja.
Sakura quería un poco de contacto con él, con el Sasuke lúcido. Sólo un beso y ya. Podría parecer insignificante al grado que habían alcanzado esa misma mañana, pero no lo era por la evidente razón. El chico pensó que era una mala idea.
— No creo que eso selle algo, sino justo lo contrario.
— Sólo será un beso y ya, es lo mínimo que puedes hacer por mí.
Tampoco esperaba que ella fuese a utilizar un chantaje, aunque él tampoco había dicho u ofrecido algo para expiarse de su falta hacia ella. Murmuró una maldición sin saber qué hacer o cómo comportarse, pero llegó a la conclusión de que no podía seguir siendo un maldito con ella.
— Está bien.
Ella se sintió muy feliz con su respuesta. Una cálida sensación empezó a inundar su estómago y a hacer cosquillas en su nuca. Que fácil era para Sasuke cambiar todos sus sentidos y pensamientos. Manipulaba su mente a su antojo y ni siquiera él mismo lo notaba. ¿Pero ella que más podía hacer? Sólo seguir como una torpe a su corazón.
Ninguno sabía cómo empezar con aquel lio. Sakura sólo le dijo que se recostara en el tronco del árbol y que la dejara a ella hacerlo. Sasuke le obedeció dubitativo. Se recargó en el tronco y esperó atento.
Ella se acercó sonrojada hasta él. La mirada fija de su amado la ponía más nerviosa de lo que ya estaba, pero sin duda alguna aumentaba más sus ganas de hacerlo. No sabía por qué él aceptó tan relativamente fácil a concederle ese deseo, pero tampoco le importaba demasiado.
Entonces lo besó. Sus labios ya habían probado los de él con anterioridad, pero el saber que esta vez era el Sasuke real y no una manipulación de su alma vengativa, le hacía la experiencia mil veces mejor. Éste era el Sasuke que ella quería, que le hacía volar mariposas en el estómago y suspirar cada vez que lo recordaba. El Sasuke que la animaba con cada mirada y que le ilusionaba el corazón.
Movió sus labios tímidamente sobre los suyos, amando el contacto y la suavidad de Sasuke, que antes no había podido disfrutar. El muchacho en ningún momento había cerrado los ojos, la estaba observando mientras ella se desenvolvía en sus labios, con sus narices tocándose y sus alientos mezclándose.
Diablos, se sentía bien. Cada vez volviéndose más osada, metió el brazo debajo del de Sasuke hasta abrazar su pecho y la otra mano la puso en la cabeza de Sasuke, acariciándolo. El hormigueo que el muchacho sintió recorrer desde su nuca y que se extendió por toda su espalda fue intenso, casi mágico, jamás en toda su vida había sentido algo así. Sentía una electricidad recorriendo su cuerpo. Cooperando con ella, y dejándose llevar por lo que estaba sintiendo, puso sus manos alrededor de la esbelta cintura. Sus labios se movieron al mismo son que los de ella, deleitándose con el suave ruido que se producía al moverse uno sobre el otro.
Se besaron por un largo momento, que para ellos no parecía querer terminar. Sus alientos se mezclaban y sus suspiros se hacían más audibles e indecorosos para jóvenes de su edad. Las manos ahora viajaban a todas direcciones, tocando puntos sensibles en ambos, haciéndolos jadear, volviéndolos locos.
Ninguno de los dos supo quién fue el primero en sacar la lengua para ser acariciada de forma sensual por el otro. Tampoco supieron quién restregó su cadera contra la otra antes de que se siguieran mutuamente el juego. Ni mucho menos quien de los dos soltó el primer gemido sexual que se ahogó en la boca de ambos. Sólo sabían que esto estaba pasando, que iban demasiado rápido, pero que no querían retroceder.
Algo en la cabeza de Sasuke hizo clic y se alejó de ella.
— De-debemos parar — dijo entrecortado por la falta de aire.
La pelirrosa tenía una expresión de deseo.
— Tenemos que buscar a…
Pero antes de que él terminara de hablar y la hiciera recapacitar en sus acciones y prioridades, lo volvió a besar. Sasuke la retiró, pero ella volvió a besarlo. Se dio cuenta que no podría quitarla de encima hasta que ésta no estuviera complacida, y usar la fuerza no era algo que estuviera en sus planes pues, a decir verdad, él también lo quería.
Con renovadas fuerzas comenzó a besarla de manera ruda, que hacia todo más libidinoso. La tomó del cabello y movió los labios sintiendo toda la humedad de su cavidad, entrelazando las lenguas y abriendo sólo un poco los ojos para ver la expresión extasiada de la chica. Era exquisito, de lo mejor. Teniendo consciencia de lo maravilloso que era tener los labios de su compañera, dudaba que esta fuera la última vez que quisiera hacerlo.
Deslizó una de sus manos por la espalda de ella, sintiendo como su cuerpo temblaba ante la caricia. Algo pulsó en sus pantalones. De repente los sentía apretados y sabía perfectamente a qué se debía. No quería que aquella parte despertara ahora, en medio de ese bosque, sin saber cómo lo calmaría después. Todo se estaba convirtiendo en culpa de Sakura, ella había iniciado todo esto a pesar de su advertencia a no hacerlo y también fue quien lo reanudó cuando él se había separado. Todo era culpa de ella, y como tal, debía de hacerse cargo.
Se separó de ella y le dio vuelta sujetando sus caderas y juntándolas a su pelvis. Ella se inclinó hacia el frente por la dicha de tener a Sasuke tan cerca. La situación se iba a repetir, ella lo sabía muy bien, pero a diferencia de la primera vez, en esta ocasión su cuerpo estaba preparado y deseoso de que así fuera. No había que preguntarse por qué, ni cuando, ni cómo, lo único que debía hacer era dejarse llevar por el momento. Malditas neuronas muertas por sensaciones precoces. Inclusive Sasuke podía ser víctima de algo así.
— Sakura — suspiró el muchacho.
Sus manos no podían dejar de sujetar el trasero de su compañera, mientras ella se movía lentamente de forma irregular sobre su zona sensible. Sakura no quería comportarse así, ni generar una idea equivocada sobre su persona en Sasuke, pero era el mismo Sasuke quien la motivaba a hacer ese atrevimiento.
Quiso ver su cara y grabar cada uno de los gestos de su compañero y vaya que le gustó lo que vio. Sasuke estaba con los ojos entrecerrados, mientras contenía las ganas de morder sus labios y suspiraba. Entonces ella acercó un poco más su cuerpo, presionándolo, obligándolo a soltar un suave gemido que fue como el canto de los ángeles para ella.
El cuerpo de Sasuke, que en todo momento estuvo recargado en el árbol, se abalanzó hacía adelante quedando paralelamente al cuerpo de su compañera, y muy, muy pegado.
Como un reflejo grabado en cada parte de su anatomía masculina, sus caderas se empezaron a mover fingiendo una penetración. Sus pantalones cortos le apretaban demasiado, lo único que deseaba era poder quitárselos y sentir directamente el toque de la piel de su amiga, pero la poca razón que aún se encontraba en su cuerpo lo detenía y le obligaba a conformarse con la simple fricción sobre la ropa que la hermosa kunoichi le ofrecía.
Hermosa. Él siempre pensó eso de ella. El bonito color rosa de su cabello en conjunto de sus vivaces ojos verdes, tan colorida, tan llena de brillo. Rechazando a cada chico que le ofrecía su amor porque ella sólo lo quería a él, y que en este momento, le ofrecía un cúmulo de sensaciones que ni en sus más atrevidos sueños se hubieran cruzado por su mente.
La posición que había estado llevando en aquella extraña situación estaba teniendo estragos en la espalda de la pelirrosa. Sin avisarle a su acompañante, retiró sus manos de su cadera y se alejó de él para darle la vuelta y encararlo. Las orejas y parte de las mejillas de Sasuke estaban muy rojas, y sus ojos se encontraban muy dilatados, él se enderezó sólo un poco y con las manos bajando a los lados la miró confundido.
— ¿Qué pasa? — dijo, con una voz que ella nunca le había escuchado pronunciar. Tan ronca y ansiosa — ¿Te hice daño?
— No, sólo recuéstate Sasuke-kun.
Le sorprendió como el chico ni siquiera dudó o preguntó nada, simplemente obedeció como un niño pequeño a su mandato. Se recostó tal y como ella le dijo, mirándola, esperando la siguiente parte de su orden. Así como se encontraba; sonrojado, suspirando, con el bulto notable en sus pantalones cortos, esperándola a ella y sólo a ella; hacía que se enamorara más y más de él.
No quiso hacerlo esperar y lentamente se sentó sobre él, justo donde el bulto alcanzaba a rozar un punto muy sensible para ella. Ambos temblaron, imaginándose por un momento como sería el contacto de piel contra piel, pero a pesar de lo avanzada de la situación, ninguno de los dos se atrevía a hacer de aquel encuentro algo más que el roce de su ropa.
Sakura apoyó sus manos en el pecho de su compañero y alzó las caderas para volverlas a bajar haciendo ese movimiento repetidas veces de manera lenta. Tenían tan sólo trece años, pero sus cuerpos reaccionaban al tacto convirtiéndolos en esclavos de las sensaciones. Sasuke envalentándose, sujetó los glúteos de su amiga para ejercer una mayor presión sobre su excitación que le hizo morderse los labios por el precipitado suspiro que salió de su garganta y que se convirtió en un gruñido. En cambio, Sakura ronroneó sin contenerse, eso le había gustado mucho.
Sakura se inclinó para volver a besar a su amado y gemir en su boca. El sonido que la chica soltó hizo que la poca cordura abandonara el cuerpo de su compañero y sin ninguna pizca de pena, alzó la cadera de su compañera para poder sacar su inexperto miembro de aquella prisión en la que estaba siendo torturado.
La pelirrosa exclamó de sorpresa, sintiéndose extraña ante esa parte del cuerpo de un hombre que no esperaba ver tan joven. El pene de Sasuke se alzaba frente a ella, brilloso de la punta por su propio líquido y liberado, buscando más atención. El tiempo que tardó contemplándolo hizo a Sasuke temer un poco, no quería que se asustara y que huyera dejándolo allí tirado, pero sentía muy bien como esa parte de su humanidad pulsaba y le hubiera sido imposible seguir conteniéndolo más.
— Sakura — susurró, sin saber muy bien qué decir.
— Yo… — la chica, quien suspirando miraba la anatomía de Sasuke le preguntó — ¿Puedo tocarlo?
«Qué pregunta», pensó el shinobi. — Por favor hazlo.
La chica se levantó y retrocedió un poco. Sasuke sabía que ella tenía planeado sentarse entre sus piernas para que su rostro estuviera justo por encima de su miembro, y no pudo negar que la cabeza le quiso explotar de tan sólo pensar en lo que sucedería, así que la detuvo.
La kunoichi lo miró.
— ¿Qué pasa Sasuke-kun?
El chico lo meditó un poco.
— Quítate lo de abajo.
A este punto la kunoichi no podía estar más sonrojada, pero de alguna manera sintió que si se estaba poniendo más. Una cosa era verlo a él, y otra es que él la viera ella. Sería tonto negarse considerando los niveles en los que ambos ya habían llegado antes, pero para ella, al menos, la vergüenza seguía ahí.
Sasuke se percató de sus dudas.
— Puedes dejarte la ropa interior si quieres.
Sakura sabía que eso no haría mucha diferencia a su pena, pero sin duda era mejor que exponerse sólo así, a pesar de que el chico lo había hecho primero. Subió un poco su vestido hasta que sus dedos pudiesen entrar entre las esquinas que éste poseía a sus costados y así poder tomar las orillas de sus pantaloncillos, todo ante la atenta mirada del chico. Los bajó con una lentitud que estaba torturando al joven, pero decidió ser paciente y no decir nada para no espantarla más de lo que ya estaba.
Cuando la kunoichi dejó caer la prenda a su lado con timidez, el vestido no dejó que su ropa interior se viera, pero si dejaba ver los muslos y el contorno de sus piernas de una manera muy excitante. En cualquier otro momento, tal vez él no hubiera reparado en ella si la encontraba de esa misma manera, pero ahora era muy diferente. Aquella mujer estaba despertando a un Sasuke que ni él mismo creía que existía.
— Siéntate en mi pecho.
Ella caminó un poco hasta el cuerpo del chico y pasó una pierna a un lado de él quedando de espaldas a su mirada. Desde esa perspectiva, las piernas de la kunoichi se veían mucho mejor.
La pelirrosa se sentó e inclinó su cuerpo hasta quedar frente a frente a la virilidad de Sasuke. Ya no tenía sentido ser tímido al respecto. Ambos sabían que, al subir hasta aquel escalón de la intimidad, el tacto dejaría de ser sólo superficial.
Sakura estaba nerviosa y soltó un gran suspiro. El aire caliente que salió de su boca ante su acción impactó de lleno en falo de Sasuke haciéndolo temblar. El chico, quien en todo momento había estado estirado, flexionó sus rodillas y separó más las piernas, levantando sus caderas indicándole su ansiedad.
— Chúpala.
La kunoichi no esperaba un vocabulario tan vulgar en la boca de su amado, pero eso no hizo sino empaparla más de lo que el previo juego lo había hecho. Con los nervios aún presentes, pero disminuyendo poco a poco, tomó el miembro de Sasuke y comenzó a masajearlo. No sabía lo mucho que le excitaba que Sasuke hablara sucio hasta que no lo había escuchado.
— ¿Qué quieres que haga Sasuke-kun? Repítemelo.
El joven ninja no podía más con su excitación, necesitaba de las atenciones de la kunoichi con urgencia. No notó las intenciones de la pelirrosa por jugar con él, y si lo hizo, no le importó.
— Chúpame la verga.
Su entrepierna pulsó ante las palabras sucias y rudas de Sasuke. Ella tampoco podía seguir reprimiéndose más, tenía que hacerlo ya.
— Lo que ordenes, Sasuke-kun.
Lamió el pene de su amado de forma lenta y suave; de abajo hacia arriba, como si del más exquisito caramelo se tratara. El gemido que Sasuke no pudo reprimir, fue como música para sus oídos.
El chico tiró su cabeza hacia atrás alzando su pecho, la sensación era increíble. La zona más sensible de su cuerpo estaba siendo acariciada por la cálida lengua de su compañera, eso sobrepasaba por mucho cualquier momento que, por curiosidad, él haya tocado su propia hombría. Una de sus manos sujetó los cabellos que se esparcían por su propia frente empapada de sudor, cuando sintió que la chica cubría su miembro hasta la mitad con su húmeda y caliente boca, su cara se transformó a una de absoluto placer.
Inconscientemente comenzó a mover las caderas penetrando la boca de la pelirrosa, ella se encontraba con los ojos cerrados, sin pensar en nada más que en el salado sabor de la virilidad de su amado.
— Quítate el vestido — jadeó. Necesitaba verla y probar su piel de la misma manera que ella lo hacía con él.
Ella, sin moverse ni un poco de su sitio, bajó el cierre del vestido hasta que éste se desprendió y fue el mismo Sasuke quien lo hizo a un lado. Ahora ella sólo estaba en ropa interior.
Sakura sacó el pene de su boca unos momentos para hablar.
— ¿Qué me harás, Sasuke-kun?
Sakura estaba ansiosa por escucharlo decir alguna vulgaridad; «voy a comerte el coño» o alguna majadería así, pero nada de eso ocurrió. En cambio, Sasuke únicamente atrajo su trasero para que quedase por encima de su rostro y removió la tela de sus pantys. De una profunda lamida, recorrió desde el botón de su máximo placer, hasta pequeño y ultimo orificio de su anatomía.
El gemido quedó atrapado en su boca, siendo bloqueado por el falo hinchado del chico. Sus ojos se entrecerraron del éxtasis cuando sintió la lengua recorrer todos sus pliegues y sus dientes rozar y mordisquear cuidadosamente su botón. La saliva se deslizaba por toda la longitud de Sasuke llegando a cubrir sus testículos. Sakura decidió que esa parte también necesitaba de su atención, así que, deslizando su lengua hasta esa zona, tomó entre sus labios una de las bolsas y la succionó.
Debido a la nueva posición, podía ver claramente el mentón de Sasuke mientras su boca se intercalaba entre succiones y lametones por su zona íntima. En toda su vida jamás vería una imagen más fantástica que aquella. Podía sentir entre sus glúteos como la respiración del chico se hacía cada vez más rápida y pesada.
El Uchiha metió un dedo en la pelirrosa y luego le siguió otro más, mientras veía los fluidos de la joven resbalarse por ellos. La velocidad de sus movimientos aumentaba cada vez que la escuchaba gemir más alto, utilizando la lengua para contornear la entrada. Sakura no pudo más. Moviendo sus caderas con desesperación, alcanzó el éxtasis puro mientras se desprendía de la virilidad de Sasuke y gritaba su nombre sin tapujo.
La chica se desplomó debilitada por la reciente oleada de placer que la atacó de manera fulminante. El chico vio como sus piernas temblaban y la dejó descansar un pequeñísimo momento hasta que le dictó el siguiente movimiento.
— Sakura, levántate.
La kunoichi sólo quería echarse sobre una cama suave y dormir el resto del día, pero no podía ser injusta con su compañero. Él también quería experimentar aquella sensación que ella misma había sentido ya dos veces en un mismo día y no podía negárselo.
Lentamente se levantó del pecho del Uchiha y él se incorporó.
— Ponte sobre tus rodillas.
Ella acató obediente. Se arrodillo frente a él, y siendo sujetada por los cabellos inició con las succiones al glande de su compañero, hasta retomar el ritmo que había llevado antes y comenzar a introducirlo por completo.
Pudieron haber seguido acostados para hacer eso, pero Sasuke quería ver la sonrosada cara de la kunoichi mientras su miembro aparecía y desaparecía entre su boca. El muchacho mordió su labio inferior. Era imposible tan siquiera describir la increíble sensación de ver a Sakura comiéndole su hombría. Sus caderas volvieron a cobrar vida y sujetando la cabeza de la kunoichi con sus dos manos, empezó a hacer movimientos de penetración.
Ya había alcanzado su límite. Unas cuantas envestidas más y se corrió en la boca de la pelirrosa exclamando un potente gruñido que por más que intentó no pudo reprimir, pero que era menos vergonzoso que un gemido de absoluta plenitud. Ella empezó a toser tragándose el líquido sin pensar, mientras Sasuke caía de sentón al suelo.
Mientras el placer se escurría entre sus dedos, la realidad los golpeó lentamente hasta que fue lo suficientemente grande y presente para hacerlos pensar ¿Qué demonios acababan de hacer? Ellos dos, genins de apenas trece años, habían estado tocándose y haciendo felaciones a mitad de un bosque lleno de enemigos y criaturas horribles.
Se miraron a los ojos mientras respiraban con apenas rastros de agitación. Sasuke tenía el ceño fruncido como si estuviera confundido, como si le hubiera dado permiso a otra persona que vivía dentro de él de poseer su cuerpo para enseñarle algo extraordinario y por fin darse cuenta de que esa otra persona tenía razón. Sakura le miraba tímida y hasta incómoda, sin saber cómo debía reaccionar o qué debía decir ahora, sintiéndose culpable porque en la sociedad en la que vivían, la mujer era la que quedaba como una cualquiera al dejarse hacer cosas así. Lo veía en su rostro, no quería que él pensara que era una de esas personas, pero él jamás pensaría algo así de aquella kunoichi.
— Sakura.
Sus ojos se humedecieron. Le gustaría explicar por qué, pero ni ella misma lo sabía. De decepción quizá, de pena, de odio. No lo sabía. La kunoichi levantó el rostro para ver como el Uchiha le tendía su vestido y sus pantaloncillos. Ella los sujetó con suavidad, mientras notaba como Sasuke ya se había acomodado sus pantalones.
— Apresúrate, Naruto no tardará nada en venir.
Ella lo escuchaba y al mismo tiempo, no tenía idea de lo que hablaba. Pensaba en lo que había pasado; en el arrepentimiento y en el cosquilleo que se encontraba en su vientre. Se vistió con lentitud, mientras Sasuke le daba la espalda dejándole su espacio. Ese gesto fue suficiente para darse cuenta de que él también estaba arrepentido.
—Lo que sucedió hoy… — habló el chico, captando la atención de la pelirrosa. Su tono de voz regresaba a la normalidad de siempre y su expresión no la podía ver — …no quiero que se lo vayas a contar a nadie.
Su corazón se estrujó.
— ¿Cómo puedes pensar que yo contaría algo así? — dijo ella con indignación.
— Bien… — contestó él, sin tan siquiera retirar o tratar de corregir la ofensa.
En ese momento Sasuke giró su cuerpo hacia ella. Sakura no supo exactamente qué palabras usar para describir la expresión de su rostro, pero era absolutamente diferente a cualquier otro gesto que hubiese visto antes. En sus ojos se encontraba el anhelo.
— …porque será nuestro secreto.
— ¿Eh?, ¿de qué secreto hablas?
Ambos jóvenes voltearon precipitadamente en dirección a la voz y Sasuke se maldijo por su distracción.
Ahí estaba Naruto Uzumaki, y por la cara que traía, estaría todo el día dando lata con el dichoso secreto.
.
TBC
Huehuehuehue editando.
Perdón a todos por esto que acaban de leer, no sé qué raios pasaba por mi mente.
SM~
