Notas al final.
Marca de afección.
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Capítulo 3: Mañana mismo.
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Los dos shinobis no quitaban la mirada de encima de su compañero, temerosos de lo que sea que haya llegado a escuchar. Pero por la mirada simple y ligeramente punzante del rubio, supieron que éste sólo había alcanzado a escuchar el final.
— ¿Qué estás haciendo? —dijo el moreno cambiando la conversación, tratando de desorientarlo — ¿Y el otro sujeto?, ¿y el pergamino?
Naruto lo miró suspicaz mientras alzaba la mano derecha con el pergamino.
— Aquí — contestó él— ¿qué estás haciendo tú? Digo, ustedes.
Sakura se alarmó. Era la segunda vez que Naruto los encontraba en una situación sospechosa, pero antes de poder decir algo, Sasuke se adelantó.
— Nada de importancia. Dame el pergamino.
El rubio refunfuñó molesto. No le gustaba nada que Sasuke sólo haya dado órdenes como si fuera el jefe, no se expusiera a nada, después le exigiera todo y aparte lo cuestionara.
— Lo tengo, pero no se los daré hasta que me digan que está pasando—dijo, cansado de que sus amigos tuvieran algún secreto y no lo inmiscuyeran en él. ¿Eran compañeros no?, pues al parecer sólo él lo tenía claro.
— Tenemos un examen que aprobar Naruto — exclamó el moreno, pero esta vez había una cosa diferente en él. Antes, el moreno se habría fastidiado con la situación, y también le habría dicho a Naruto palabras cortantes y agresivas. Pero extrañamente, tanto su tono de voz como su expresión denotaban algo diferente. Ahora había dicho esa frase con calma, como diciéndole a un niño de lo más amable por qué no se puede comer un dulce.
— Pues entonces más les vale que se vayan apurando a decirlo — contestó Naruto con incertidumbre de su actitud, pero igualmente perceptivo.
— Basta por favor — dijo Sakura, cuando el Uchiha no le contestó nada al rubio — Te diremos todo cuando termine el examen.
Ambos la miraron, pero Sakura no quiso ver los ojos de Sasuke, sólo se concentró en el rubio, pidiéndole con la mirada que por favor no preguntara nada más.
— No sé por qué siento que me están engañando.
— No lo hacemos.
— ¿Qué es tan difícil que no me lo pueden decir ya? — preguntó entonces el rubio, más confundido con ellos que nunca. No era nada fácil para él dejar un tema sin resolver, pero la mirada que le dedicó su Sakura lo hizo considerar el hecho de dejar el asunto para más tarde.
— Es complicado — respondió ella.
— Está bien, ¡pero no crean que se me va a olvidar! — declaró como último, antes de guardar el pergamino en su porta kunais. Ni loco se lo daba a Sasuke.
— Vámonos ya entonces — habló el moreno, haciendo rabiar nuevamente a Naruto, quien ya estaba cansado de sólo escuchar órdenes por su parte.
El equipo se preparó para marchar, siendo en todo momento cautelosos para no llamar la atención de alguien cercano. El ambiente se sentía pesado para la kunoichi. Aunque estaba saltando atrás de sus dos compañeros, aun podía sentir sus ojos encima de ella. De ambos. Naruto alternándose entre Sasuke, el camino y ella.
Le preocupaba que el rubio descubriera algo. Aunque su razón le decía que no había manera de que él se enterara de algo que sólo Sasuke y ella habían sido testigos, su conciencia culpable le hacía creer que él lo sabría, tanto su madre como su padre como toda la aldea, y la juzgarían por ser una chiquilla sucia y cualquiera. Y, por otra parte, sentía la mirada de Sasuke. Pero la de él era dura. Una mirada que la amenazaba si llegase a contarle algo a su compañero. Aun le costaba creer que ella fuese a hacer algo así. Era verdad que en otras circunstancias, con otros hechos, ella habría gritado a las cinco grandes naciones ninja que tenía algo con Sasuke, pero con un hecho con ese grado de intimidad, no es algo que se atreviese a contar así como así.
En su subconsciencia escuchaba a sus compañeros hablar, o tal vez reclamarse, pero realmente no estaba prestando atención, sólo dejaba que la culpa la consumiera. ¿Culpa de qué? Pues, no lo sabía claramente. Culpa consigo misma tal vez, o con Sasuke. Lo disfrutaba y a la vez no. Es decir, en el momento su mente, su cuerpo y su alma se sentían bien, pero después se sentía pésima. Debería estar saltando en un pie y viendo mariposas revolotear, pero la verdad es que no se sentía así de ninguna manera. Tal vez ni siquiera era culpa lo que sentía, quizá era sólo confusión por lo rápido y depravado de la situación. O tal vez la poca moral que le hacía mella en su cerebro.
Aquella distracción finalmente le cobró una represalia. En uno de los saltos hacia las ramas, pisó un área llena de musgo y resbaló. Sin embargo, aun con ese fallo, sus sentidos se agudizaron y estaba preparada para frenar su caída, concentrando un poco de chackra en su palma para aferrarse a ella en un momento, antes de caer como un saco de papas al suelo. Pero el momento nunca llegó, porque sintió que alguien la sujetaba del brazo y después del estómago.
— No puedo quitarte el ojo de encima ni un segundo — escuchó desde atrás — Dame un respiro.
Se sonrojó mucho ante lo dicho porque sabía que se trataba del moreno. Su aliento le daba justo en la mejilla y la miraba un poco fastidiado, pero sin estarlo realmente, lo sabía porque no estaba haciendo presión al sujetarla. Y ahí, justo donde su mano estaba, los ligeros escalofríos empezaron a expandirse por su cuerpo. Inmediatamente él la soltó y Naruto le preguntó si se encontraba bien.
— Estoy bien, sólo no me di cuenta — acompañó su comentario con una sonrisa despreocupada y el rubio le sonrió devuelta.
— La próxima vez seré yo quien te atrape Sakura-chan, así que vuélvete a caer con confianza.
La kunoichi volvió a sonreír con ese comentario que en realidad le supo amargo. Le hizo sentir como una carga, a pesar de que pudo haberse protegido perfectamente sola. Estaba segura que ninguno de los dos lo hacía con el propósito de hacerle sentir menos, porque sólo trataban de protegerla.
— Ten más cuidado, tus tropiezos sólo nos están atrasando.
Bueno, al menos de parte de Naruto, no era intencional.
…
No tardaron mucho en llegar a la torre, encontrarse con Iruka y continuar con el examen. Estaba sorprendida de que los demás novatos lo hayan conseguido considerando todo lo que les costó a ellos poder estar ahí. Incluso antes de llegar habían tenido otro encuentro con ninjas de la aldea de la lluvia que los habían encerrado primero en un genjutsu y que los terminó por agotar. La kunoichi escuchó atentamente como los harían enfrentarse ahí mismo, sin descanso, con otros competidores en una ronda preliminar. Obviamente no estuvo de acuerdo con eso. Sasuke estaba muy cansado y herido, y necesitaba inmediatamente ser revisado por algún superior para ver qué podían hacer con la marca de su cuello. Se lo hizo saber, pero tal como lo esperaba, él se opuso a ella y le exigió que no se metiera. Y justo después de restregarle en la cara que ella no era nadie para meterse en su vida, acabó retando a Naruto.
Dolía ser excluida, pero le dolía más no ser importante para él. Ingenuamente creyó que lo que habían vivido juntos en el bosque los acercaría un poco más. Incluso empezó a notar un cambio cuando Naruto los descubrió y él no se alteró ni un poco. Pero al parecer ese cambio sólo había sido fugaz, tal vez sólo lo imaginó, porque seguía siendo en frio e hiriente Sasuke Uchiha de siempre.
Estaba deprimida, y no volvió a objetar ni una sola palabra para convencerle de lo contrario. Su preocupación sólo hacía que él se enfadase, ¿Siempre sería lo mismo? Tal vez sí.
…
Los combates estaban avanzando con el curso establecido. Los tres miembros del equipo ya habían combatido, pero sólo dos de ellos lograron pasar a la etapa final de aquel desafío. En su momento peleaban Chouji y Dosu, el desagradable ninja del sonido. Únicamente faltaban ellos y la kunoichi sería libre de buscar a Sasuke y saber cómo se encontraba.
A pesar de sus palabras firmes, Sakura simplemente no podía dejar de preocuparse por él. Así que esperó pacientemente y apenas el combate terminó, salió disparada hasta el hospital.
Las rodillas le dolían de horrores. No se había dado cuenta de todo lo que le afectó el combate con Ino hasta que no salió del edificio. Cuando llegó al hospital, la recepcionista creyó que necesitaba ayuda por su apariencia tan maltratada. Aceptó sólo porque no quería verse como una basura frente a Sasuke. Sería muy descuidado de su parte velar por la seguridad de su propio compañero de equipo, si ni siquiera lo hacía por la suya. Pero en cuanto estuvo recostada en la cama del hospital recibiendo un monitoreo en su rodilla, el cansancio pudo más que ella y se quedó dormida.
Para cuando despertó, la noche ya había caído a la aldea. Se decepcionó, porque a esa hora las visitas ya no estaban permitidas, y no sólo eso, sino que también cabía la posibilidad de que Sasuke ya se hubiese dado de alta y se marchase. Algunas partes de su cuerpo tenían vendas y algunos pequeños parches. Sintió que no las necesitaba ya que se encontraba muy bien, sólo requirió un poco de reposo y había quedado como nueva. Así que se quitó todo, excepto una venda que tenía en la rodilla.
Cuando hubo enrollado las vendas y acomodado en su lugar, salió de la habitación para marcharse a su casa. Pero entre tanto y tanto, descubrió a Kakashi-sensei salir de uno de los cuartos, y se escondió antes de que él pudiera verla.
Un rayo de esperanza cruzó por su alma, tal vez Sasuke seguía en el hospital y ella podría entrar a hurtadillas a visitarle. Esperó hasta que Kakashi ya se encontraba doblando en el pasillo y sin moros en la costa, corrió hasta la habitación. Efectivamente, Sasuke se encontraba ahí.
— Sasuke-kun — dijo en voz baja, tratando de no molestarlo.
— Sakura, ¿qué estás haciendo aquí? —preguntó.
Entonces ella se acercó a su cama.
— Yo… también tenía algunas heridas—comentó, pensando si él se molestaría de que estuviese ahí — Ya casi me iba, sólo quería saber cómo te encontrabas.
— Estoy bien.
— Me alegro, estaba realmente preocupada — contestó.
— Te dije que no tenías que preocuparte por mí.
Sakura sonrió.
— Eso es algo que no puedo hacer.
El moreno no dijo nada más y ella tampoco sabía qué decir a partir de ahí. A pesar de eso podía sentir que el ambiente no era incómodo, al menos no para ella. La joven lo miraba a él, y él miraba a otro lado. Entonces decidió preguntarle que había hecho con la marca de maldición.
— Kakashi le puso un sello — dijo serio — Pero no creo que realmente funcione.
— ¿Y por qué no?
— Siento que esto es más fuerte de lo que él cree — respondió, poniendo una de sus manos en la marca y refiriéndose a su sensei.
Sakura suspiró. No quería ser tan pesimista como él, pero había aprendido de mala manera que sí trataba de mostrar un poco de alegría o positivismo, Sasuke lo tomaba a mal y es lo que menos quería ahora. Pensó en la manera en la que podía hacer sentir bien a su compañero, y lo primero que vino a su mente fue su secreto. Se sonrojó.
Sasuke fue perceptivo y notó aquel sonrojo.
— ¿Qué pasa? — cuestionó a su compañera, pero ésta sólo miró a otra dirección.
— No es nada — murmuró ella con fingida parsimonia.
No era el momento de pensar cosas como esa. Sasuke estaba pasando por algo muy serio y difícil. Era cierto que Kakashi y ni siquiera ella comprendían la magnitud de lo que significaba la marca de maldición del tal Orochimaru, a pesar de que lo acompañó en todo momento del incidente. Temía por Sasuke, por lo que le fuese a ocurrir. Pero, ¿qué podría pasar? Cabía la posibilidad de que el episodio que sufrió Sasuke se repitiera. Pero esta vez ya no sería tan… como había sucedido en ese entonces, sino que podría convertirse en algo muy peligroso, un enemigo para ellos o para la villa. De repente su cerebro comenzó a ejercer presión sobre su cráneo. ¿Por qué tuvieron que toparse con ese sujeto? Se preguntó si Sasuke había sido marcado sólo de manera aleatoria, porque demostró ser muy fuerte a pesar de su edad; o si, por el contrario, Orochimaru ya lo había tenido en la mira desde hace tiempo. Deseaba que fuese lo primero, porque si de lo segundo se tratara, liberar a Sasuke de su opresión sería muchísimo más difícil de lo que imaginaba.
— ¿Le has contado a alguien lo que sucedió?
La voz de Sasuke la sacó de sus pensamientos y notó que la miraba fijamente, diferente a como la miraba aquella vez que Naruto los cuestionó. Ya no había una dureza de «ni te atrevas a contarlo» más bien era un suave «realmente espero que no lo hayas hecho». Apenas era consciente de la naturaleza tan cambiante de Sasuke. ¿Habría sido así todo el tiempo?
Lo que menos quería la kunoichi en ese momento era tocar aquel tema. Como si fuera posible la presión en su cabeza aumentó, pero por un hecho totalmente diferente. Ella se había esforzado en sacar el suceso de su cabeza cuando lo recordó fugazmente, y Sasuke se atrevía a capturarlo y volverlo a poner sobre la mesa. Y aunque quería ofenderse por su falta de confianza sólo le dijo que no.
— Que bueno, recuerda que es sólo nuestro asunto.
Nuestro. Nuestro. Nuestro. De nosotros. Tuyo y mío. De nadie más que nuestro.
La palabra se repetía firmemente en su cabeza. A veces Sasuke podía ser lindo sin quererlo. Entonces un impulso por tocar sus labios se hizo presente siendo más poderoso que ella, y sin pensar en el rechazo o la furia de Sasuke, se atrevió a cruzar la línea para juntarlos con los suyos. Sasuke se alejó por la sorpresa, pero eso no evitó que Sakura llegara hasta él en un caliente beso. El moreno se dejó hacer lo que ella quería, no porque él también lo ansiaba, sino porque de alguna manera, eso hacía que su cuerpo doliese menos y pequeños escalofríos corrieran en su espalda. Y también porque a comparación del grado de intimidad que habían alcanzado juntos la vez pasada, rechazar un beso sería absurdo.
Con los labios ya juntos, Sakura sujetó las mejillas del moreno mientras las acariciaba con los pulgares y le besaba lentamente. El joven moreno no podía simplemente ignorar ese gesto y comenzó a corresponder con un naciente y ardiente júbilo. El beso robado que había iniciado lento empezó a tener intensidad y a cobrarse algunos suspiros.
Una de las manos de Sakura bajó de la mejilla de Sasuke hasta su blanco cuello. Siguió bajando por todo su pecho, dándole al moreno una gran expectación de donde esa traviesa mano quería parar. Pero tal expectación se redujo a nada cuando unos golpecitos se escucharon del otro lado de la puerta, haciendo que se separasen al momento en que ésta fue abierta. Era una enfermera quien venía a revisar a los pacientes por rutina.
— Señorita, ¿qué hace aquí? — preguntó la enfermera a la pelirrosa, quien sonrojada se levantó de la silla y se inclinó en forma de disculpa.
— Sólo venía a visitar a mi amigo — contestó apenada.
— Pues ya no son horas de visita.
— Sí, lo sé, lo siento. Te veré después Sasuke-kun.
La kunoichi esperó a que Sasuke le dijera algo, pero el sólo la miró y asintió. Entonces ante el carraspeo de la enfermera, Sakura dio media vuelta y avanzó hasta la puerta. Justo cuando la enfermera estaba a punto de cerrarla, entonces el joven decidió hablar.
— Nos veremos, Sakura.
Quiso mirar el rostro de Sasuke que estaba de espaldas a ella, pero cuando lo intentó, la enfermera ya había cerrado la puerta. Bueno, no importaba. Sasuke nunca se había despedido de ella con ese tono de voz de lo más relajado. Hasta casi sintió que lo había dicho justo como se despedían los novios o algo así. Sonrió por su tonta idea. Los labios de Sasuke eran muy suavecitos.
Mientras la enfermera acomodaba su almohada y le preguntaba si no deseaba algo de tomar, pensó en lo que había ocurrido.
Nuevamente se había dejado llevar por las sensaciones que su compañera de equipo provocaba en su cuerpo. Era fascinante como pequeñas cosquillas surgían detrás de su cabeza, y como una corriente eléctrica circulaba por su espalda y se detenía justo en la parte más sensible de todo su ser. Recordó como claramente le había dicho en el bosque que lo que había pasado entre ellos sería su secreto, pero eso no significaba que lo repetirían cada que ella quisiese. En ese momento pudo haber sucedido lo mismo que en el bosque si la enfermera no hubiera aparecido. Y en lugar de motivarse por ello, le supo amargo.
…
Ya habían pasado más de tres semanas desde la última vez que había visto a Sasuke. Cuando quiso visitarlo en el hospital, él ya no se encontraba ahí. Después se enteró por boca de su maestro Kakashi que lo estaba entrenando para la ronda final del examen Chunin, y después de eso, no volvió a tener noticias de él. Estaba de más decir que le preocupaba mucho la condición de Sasuke. Necesitaba verlo y escuchar de su propia boca que se encontraba bien. Pero lo más probable era que el muchacho se molestara con ella por interrumpir su entrenamiento. Lo único que podía hacer era esperar.
Y esperó, y esperó, hasta que sólo faltaba un día para que la etapa final del examen comenzara. Por supuesto que iba a apoyar a sus dos compañeros, pero estaba más que ansiosa por ver a Sasuke.
Estaba recostada en el cómodo sillón de la planta baja de su casa, cuando su madre salió de la cocina y le advirtió que se duchara antes de la cena. A Sakura le cansaba mucho que su madre le dijera todos los días lo que tenía que hacer, cuando ella ya lo sabía muy bien. Pero no le dijo nada, recordando muy bien lo que le había dicho a Sasuke de Naruto hace ya un tiempo, y también, lo que él le había contestado.
Naruto. También tenía ganas de ver a su amigo. En todo ese tiempo sólo había concentrado sus pensamientos en Sasuke y ni siquiera se preocupó por su rubio compañero. Seguramente él tuvo un riguroso entrenamiento y esperaba algo de palabras motivadoras. Gaara y Neji, esos eran oponentes realmente difíciles. Darían una gran batalla, pero estaba segura de que al final, Naruto y Sasuke serían los vencedores.
— ¡Sakura! No te lo voy a volver a repetir — gritó su madre al ver que su hija no había movido ni un sólo músculo desde que la mandó a bañar.
— Si, ya voy.
La kunoichi se levantó de su sillón y subió la escalera hasta su cuarto. Pero entonces, justo cuando abrió la puerta de su habitación para sacar ropa limpia y ducharse, encontró a una figura en la ventana que daba hacia el balcón. Se acercó a ella, porque sabía muy bien de quien se trataba. Nunca creyó que Sasuke se atrevería a hacer una visita como aquella, pero no se contuvo a pensar ni un sólo segundo más y lo abrazó.
Por supuesto, no esperaba que él le correspondiera como si fuesen alguna clase de pareja, y no lo hizo. Sin embargo, la apartó un poco de su pecho y la besó directamente en los labios.
— Mañana después del examen quiero verte, nos encontraremos atrás del estadio — le dijo en tono bajo — No faltes.
— No lo haré — contestó, y se sintió con fuerzas para atreverse a darle un beso que él correspondió.
No quiso apartarse de él, porque sabía que en cuanto lo hiciera él se marcharía. Así que mantuvo sus labios pegados a los del moreno por un largo tiempo, y seguiría hasta que el aire se le acabara o él la apartara, pero el Uchiha tampoco se movió de su sitio. Sólo mantenían sus labios pegados, sin hacer ninguna clase de movimiento, hasta que Sasuke se separó sólo escasos centímetros para tomar aire, y volvió a juntarlos esta vez acariciando los labios de su compañera con los suyos.
Era un beso lento. Perfecto con el clima cálido de la oscura noche. Lo único que se escuchaba era el ruido de la televisión de la planta baja y sus bocas jugando. Entonces Sasuke la abrazó poniendo sus manos en la parte baja de la espalda y moviéndolas en lo que parecía un gesto cariñoso de arriba hacia abajo. Sakura estaría encantada con ese gesto, sino fuera porque su cabeza estaba perdida en otra galaxia.
Sasuke no era un chico que se fijara en las chicas. Antes nunca lo había hecho. Pero ahora que tenía sus manos recorriendo a su compañera, notaba que tenía una bonita figura y una apariencia muy femenina. Se separó de ella para mirarla a los ojos. Ella lo miró tímida, pero sonriente. Sus ojos brillaban como si en vez de verlo a él, mirara un tesoro muy valioso. Él no se sentía así ni mucho menos, pero era agradable ver que alguien si lo considerara de esa manera. Sin embargo, no cambió su expresión, su mirada era neutra, hasta que el ceño empezó a fruncirse.
No estaba enojado, sólo curioso, y el ceño fruncido era la manera en la que su rostro mostraba la extrañeza de alguna situación. Antes de que la kunoichi se atreviera a preguntar la razón de su cambio, unos golpes se escucharon del otro lado de la puerta. Inmediatamente se separaron.
— ¡Sakura! — Escucharon ambos— ¡La cena está lista y te estamos esperando! ¿Ya te bañaste señorita?
— Ya voy mamá — respondió ella, apresurándose a la puerta que amenazaba con ser abierta.
Justo cuando su madre giró el pomo la kunoichi lo sostuvo para que no terminara la labor y la puerta no se abriera.
— ¿Qué haces?, ¿por qué no abres? — cuestionó su madre enojada.
Entonces Sakura miró sobre su hombro para indicarle a Sasuke que encontrara un escondite, pero cuando lo buscó con la mirada él ya no estaba en la habitación. Suspirando y proclamando una maldición hacia el universo entero y sus condenadas interrupciones, dejó pasar a su mamá. Los regaños de su madre siempre la ponían de mal humor, sobre todo si eran por nimiedades. Pero esta vez, no habría nada ni nadie que borrara la sonrisa de su rostro.
Ansiaba ya que fuera mañana.
...
— Eh, eh ¿Sasuke-kun?
— ¡Buenas noches, Sasuke-kun!
Sasuke caminaba por las calles de Konoha con la mirada al frente y las manos en los bolsillos. El moreno ignoró los escandalosos gritos de las niñas que si mal no recordaba, habían estado con él en la academia. Las chicas suspiraron decepcionadas de los comunes desplantes del chico, pero no por ello dejaron de mirarlo menos enamoradas. Era maravilloso encontrarlo en una noche tan cálida como aquella, porque el combinaba perfectamente con ella. El Uchiha tronó la boca fastidiado, no exactamente con ellas, sino con él mismo.
¿Qué pasaba con él? O más bien ¿Qué le pasaba con su compañera de equipo? Sabía perfectamente que después de lo que hicieron en el bosque, y más tarde en el hospital, la relación de compañeros de equipo cambiaría drásticamente. Pero no pensó que fuera a influir tanto en su mente como ahora. De hecho, a partir de ese momento, le costaba pensar en algo que no se tratara de ella.
Tanto su mente como su cuerpo empezaban a buscarla. Y a decir verdad, le aterraba hasta qué punto esta locura podría conducirlo, y la manera en la que afectaría tanto su comportamiento como su más importante meta en la vida. Fue una tontería haber incitado a continuar con ello, porque lo hizo, correspondiendo a todo lo que esa pequeña mujer le ofrecía, y supo que su compañera así lo había entendido. Había ido esa noche a buscarla para citarla atrás del estadio, y lo primero que hizo fue besarla. ¿Por qué actuaba de manera tan ilógica? No lo sabía, pero repararía aquel error y le contaría las alas a un polluelo que apenas estaba intentando volar.
Y lo haría mañana mismo.
Detrás del estadio.
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TBC
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Huehuehuehue
SM~
