Notas al final.


Marca de afección.

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Capítulo 5: Oscuridad, soledad y silencio.


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Para sakura vh y amapolazul, gracias por toda su paciencia.

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La lluvia continuaba empapando toda Konoha. Mebuki acomodó donde pudo las sabanas que no consiguió sacar a tender, molesta porque seguro la falta de sol haría que la humedad las volviese a apestar.

— ¡Sakura! — gritó la mujer, esperando que su hija le ayudara para no dar tantas vueltas con la gran cantidad de sábanas que se le había ocurrido lavar — ¡Sakura!

Su grito fue tan fuerte como para que llegara al segundo piso de su casa, en donde estaba la habitación de su hija, pero al parecer, la muy digna jovencita no se quería aparecer. Refunfuñó en su lugar por culpa de la Kizashi número dos de la casa.

— Esta niña, igual a su papá.

Seguramente la jovencita quería estar flojeando todo el día. ¡Ah! Pero eso no lo podía permitir. Dejó todo lo que tenía en manos para subir y darle una buena regañina a su hija. Era increíble cómo tanto Sakura como Kizashi podían verla tan ajetreada de aquí para allá; limpiando, haciendo la comida, atendiendo su negocio y manteniendo todo en orden, y no poder ayudar ni a doblar unas sábanas.

Su marido siempre se las libraba con sus comentarios extraños pero que de alguna manera le hacían reír, pero Sakura, esa niña si no andaba de misión tenía que echar una mano a los quehaceres del hogar. Esas eran las reglas escritas en placa de oro de todos los hogares del mundo.

Sus pasos firmes se escucharon por la escalera, esperando que ante el silencio del segundo piso su hija los escuchara y saliera de su habitación inmediatamente ante el peligro de escuchar a su madre cerca, pero ni eso funcionó.

— ¡Sakura! ¿No oyes que te estoy hablando? — dijo abriendo la puerta sin tocar, casi viendo la mirada chocada de su hija quejándose por su intromisión repentina.

Pero eso no fue lo que ocurrió. Una brisa fresca chocó contra su rostro mojándolo con pequeñas gotas. Las enormes ventanas que daban al balcón estaban abiertas de par en par, haciendo que todo el torrencial aire y el agua entraran con despropósito a la ya de por sí estropeada habitación.

— ¡Hija!

El malhumor de Mebuki desapareció al ver a su pequeña niña recargada en el balcón como si estuviera absolutamente exhausta. Se acercó a ella y la metió al cuarto sin preguntarle nada, dejándola en la cama húmeda y cerrando rápidamente las ventanas. Sabía que ese mismo día habían velado al Hokage, y ella misma se sentía triste ante la pérdida de su líder, pero no creyó que a Sakura fuera a afectarle tanto, a menos que su estado actual no tuviera que ver con el Hokage.

Suspiró dándose la vuelta y la miró como quien mira a un hijo pequeño que se acaba de caer de la cama. Sakura no tuvo el valor de alzar el rostro frente a su madre, a pesar de que sus lágrimas se confundirían con el agua de lluvia, bien sabía que los ojos rojos y su cara triste no lo harían.

— ¿Quieres que pregunte yo o me dirás por ti misma qué es lo que pasó? — dijo la mujer en cuchillas frente a ella y hablando suave, para que su hija se sintiera bien con el confort cálido de su presencia y pudiera hablar.

Sakura sorbió su nariz y habló con una voz tan pequeña y dolorosa que a su madre inmediatamente se le quebró el corazón.

— Jugó conmigo mamá — exclamó dolida, usada, con la dignidad por los suelos.

— ¿Quién jugó contigo?

Despreocupada de todo, no pensó en las consecuencias de darle un nombre a su madre. Ya no se sentía tan devastada como en la mañana, ni mucho menos cuando Sasuke en su propia cara, después de haber explorado tanto con ella, le dijo que no la quería y que sólo sería una distracción. Pero la fuerte lluvia, tan pacífica y triste como puede llegar a ser, hizo que apenas llegara del funeral del Hokage, los recuerdos volvieran acompañados de imperdonables lágrimas.

— Sasuke-kun.

— ¿A qué te refieres con que jugó contigo? — preguntó su madre.

Entonces Sakura le contó todo lo que habían vivido, reduciendo sus encuentros a simples besos, pero que ya de por sí, estos eran lo suficientemente íntimos para chicos de trece años. Le deletreó las palabras terminantes de lo que había sido una relación sin nombre, y también, lo mucho que le había dolido.

Y es que tanto él, como Mebuki, como todo el que conociera sólo un poquito a la pelirrosa, sabría lo mucho que le quiere y lo mucho que haría por él, para que en un giro despreciable de los acontecimientos, Sasuke Uchiha acabara con todo cuando veía que las cosas se estaban poniendo serias y tarde o temprano Sakura le pediría ser algo más. Porque ¡oh! Su madre ni siquiera necesitaba haber estado ahí para saber cómo se había desarrollado todo.

Indignante y pusilánime, así había actuado ese mocoso. Pero la madre de la pequeña con la que disfrutó y desechó sentimientos puros tan cruelmente no se iba a callar. Mebuki, como una leona protegiendo a sus cachorros, entró en cólera en un cambio de emociones tan fácil y sorprendente que sin rebuscar mucho en lo que haría se levantó frente a su hija, después de haberla consolado lo que consideró adecuado y llamado a Kizashi para que le preparara un poco de té en lo que ella salía, tomó su paraguas y sus botas de jardín y con un fuerte azote a la puerta, dijo que tenía asuntos que requerían su pronta resolución.

Hecha una furia caminó sin ninguna dirección, dando pasos tan fuertes que los charcos de agua empapaban su vestido. Ella no sabía en dónde vivía Sasuke ¡Pero maldición! ¡Juraba en nombre de todas las madres furiosas del mundo que lo encontraría!

Sakura se sentó en el comedor por petición de su padre, viendo como la flama azul de la estufa calentaba la pequeña olla donde su padre prepararía té para todos. Su madre había salido como un demonio de la casa, pero no sabía dónde vivía Sasuke y con esta lluvia que empeoró conforme la tarde cayó, dudaba que alguien se encontrara fuera para ayudarla.

Así que esperó a que su madre se le bajara la furia y regresara a casa derrotada para conocer más detalles de su situación. No le caía muy bien que su mamá aun tratara de arreglar sus cosas como si ella tuviera cinco años, pero a la vez, le daba un poco de alegría poder contar con sus padres, no como…

Y otra vez se entristeció.

Desplegó algunos pergaminos sobre el piso frío. Un día que perfectamente pudo haber ocupado para entrenar debido a la falta de misiones, se había arruinado por completo por el capricho de la lluvia de dejarse caer.

Se quitó la banda, los zapatos y todo el armamento ninja. Hacía mucho frío, pero casualmente su cuerpo se hallaba caluroso. Por su espina recorría una sensación incómoda y sus mejillas estaban más calientes de lo usual. ¿Tenía fiebre? No, ni siquiera se había mojado tanto y había llegado inmediatamente a bañarse, ¿entonces qué?

La puerta de su casa sonó con unos livianos golpes, casi tímidos, y la sensación en su espina se incrementó. ¿Quién era? Tal vez… ¿Sakura?

Sus manos titubearon ansiosas y el calor de su cuerpo se expandió por su espalda y piernas ¿Qué demonios le estaba pasando? Sin meditarlo caminó hasta la puerta esperando encontrarse a la menuda y colorida mujer de ojos verdes y cabello rosa, rodeando su cuerpo en un abrazo y lágrimas; tocándole los labios, haciendo que la corriente eléctrica se paseara por todo su cuerpo y lo arrullara de maneras inimaginables en esa oscura, fría y solitaria noche.

Pero la mujer que encontró en la puerta no era la que él esperaba. Fue una más alta, rubia y con una mirada llena de desprecio. El calor que sintió en la cara tampoco fue un suave beso, sino el ardor que deja una cachetada de una palma furiosa.

Si no hubiera tenido la guardia baja, tal vez ese golpe no lo hubiera tirado.

— Escúchame muy bien escuincle — rugió Mebuki — Sé muy bien quien eres, y por lo que has pasado, pero no creas que así vas a conseguirte el terror o la lástima de la gente y pretender que nadie haga nada en tu contra cuando lastimas a los demás.

El Uchiha desde el suelo la vio extrañado, ¿quién era ella?

— Podrás venir de un clan poderoso, ¡Pero no te permito que juegues con mi hija! — y al ver que el Uchiha iba a levantarse volvió a dar otro zarpazo a su mejilla ya enrojecida. Sasuke no se movió y en su excelencia y rapidez tampoco intentó esquivarla. Creía entender quién era ella, y no se permitió pensar nada más.

— Es la madre de Sakura — afirmó en lugar de preguntar, pero usado un tono confundido en sus palabras, como si no creyera lo que veía, haciendo que la Haruno tronara los dientes.

— ¡Si! — exclamó llena de orgullo — Y si vuelves a acercarte a mi hija te saldrá muy caro, ¡porque ella tiene madre que la defienda!

La iracunda mujer no se atrevió a pensar en el posible daño que le harían esas palabras a un niño huérfano, después de todo, su consciencia le decía que él no merecía tomarse esas molestias. Sin nada más que decir, la mujer le deseo con rudeza unas buenas noches y se marchó de ahí.

Sasuke se llevó una mano a la mejilla herida aun encontrándose confundido por la situación. Dudaba mucho que Sakura fuera a acusarlo con su mamá, pero tal vez, en una falta de consejos, o quizá por desahogo ella le contó algo, de lo contrario, si le hubiera acusado con detalle, hubiera recibido una puñalada en lugar de una cachetada, creía a esa mujer muy capaz.

La puerta seguía abierta, y él tendido en el suelo. Casi quería reír, casi le conmueve, en realidad, no sabía qué pensar desde que abrió la puerta y la vio. Con su pie deslizo la puerta para que se cerrara y entonces la lluvia dejó de escucharse un poco, su casa se llenó de oscuridad, soledad y silencio, pero él seguía sin moverse, después de un rato, la primera sonrisa se delineó en su rostro. Ese calor, esa incomodidad… era la culpa.

— ¿Qué hiciste qué? — Sakura abrió la boca en una O mayúscula perfectamente redonda. Su padre miró a su mujer como quien ya está acostumbrado a sus ataques de dignidad femenina, y su madre alzo las cejas esperando a que la contradijeran.

— No sé de qué te sorprendes.

— ¡Mamá cómo pudiste! — casi gritó la joven.

—¡¿Y qué tiene?! Él rompió tu corazón, ¿y aun así vas a defenderle? — exclamó indignada y miró incrédula a su hija.

— ¡No lo defiendo a él! — dijo la muchacha — ¡me defiendo a mí misma! ¿Cómo crees que voy a quedar o madurar si dejo que mi mamá resuelva mis problemas? ¡Ya casi soy un adulto, y un ninja además!

— ¡Muy ninja serás, pero no dejo de ser tu madre, y quien se meta contigo se mete conmigo! ¡Punto final! — dijo la mujer acalorada.

La joven kunoichi salió disparada a su cuarto, su madre acababa de complicar las cosas en un doscientos por ciento. Y es que a Mebuki parecía olvidársele que Sasuke era su compañero de equipo, que lo veía casi todos los días. Las cosas ya no podían ser más incómodas.

— ¿Ya viste como es tú hija? — se dirigió a su marido.

— Creo que no debiste meterte — tanteó las cosas el inocente padre — ¿Recuerdas la primera vez que te escapaste de tú casa para irte conmigo de vacaciones? Te molestaba demasiado que tu padre se metiera entre nuestra relación.

— Es algo muy diferente Kizashi, tú sí me amabas y no te aprovechabas de mí ¿verdad? — dijo sin dejarse manipular por su esposo y él asintió firmemente — No me importa qué haya pasado con ese muchacho, pero Sakura es mi máxima prioridad y no puedo permitir que nadie la lastime.

— Estoy de acuerdo, pero creo que deberías de confiar más en ella, y en su capacidad de resolver sus propios problemas — continuó su esposo — Si un mal paso has de dar, una disculpa deberás formular.

— No juegos de palabras ahora Kizashi, no voy a disculparme con ese mocoso.

— El orgullo hay que dejar ir, para que todos podamos sonreír.

El hombre picó el vientre de su esposa y ella se dobló por las cosquillas. Tan pizpireto como siempre, Kizashi se libró del mal humor de su mujer, tan sólo para darle tiempo a su hija de salir de la casa sin que nadie se diera cuenta.

Se olvidó por completo de agarrar el paraguas que tenía en su armario. Tan pronto como había subido a su habitación, esperó unos minutos hasta comprobar que su mamá no subiría a su cuarto y posteriormente se diera cuenta que había escapado de casa yendo tras ella.

Su tono de voz había subido dos niveles frente a las declaraciones de su madre, pero no estaba ni por asomo molesta con ella. En realidad, sentía una cálida sensación en su pecho por la fiera sedienta de sangre que podía llegar a ser una madre con sus hijos, y eso le hizo pensar, en que tan solo podía sentirse Sasuke en un día tan tormentoso como aquel.

Las acciones frenéticas de su madre también le hicieron reflexionar acerca de sí misma, y en qué tan dispuesta estaba por luchar por aquellas personas que amaba. Si, Sasuke le hizo pasar un mal rato por sus palabras duras, pero en ningún momento ella le enfrentó. Se presentó a sí misma como un juguete con el que podría simpatizar por siempre, y cuando él decidió por fin dejar los juegos, lo único que hizo fue quedarse devastada y llorar.

Tenía que aclarar las cosas con Sasuke. Primero él escucharía lo que ella tenía para decirle y verían si al fin y al cabo las convicciones de alejarse de ella eran la mitad de fuertes como las que ella tenía para quedarse a su lado.

Su pecho se infló en valentía y por lo difícil que era respirar mientras corría en contra de la lluvia. Sabía perfectamente dónde vivía Sasuke y sin trastabillar o incluso pensar en dar marcha atrás, llegó hasta él.

Tocó la puerta y esperó, cuando ésta fue abierta y miró frente a frente a su dueño, lo primero que hizo fue soltarle un puñetazo que lo agarró con la guardia baja y lo tiró unos cuantos pies lejos de la entrada.

Ella estaba chorreando agua de lluvia y pasión.

— Escúchame bien Sasuke-kun — inició sofocada por el frío — Tal vez pienses que todo lo que ocurrió no fue más que una distracción para ti, que era perder el tiempo. Pero para mí… para mí fueron los mejores momentos de mi vida.

Sasuke no se levantó, pero alzó su rostro lo suficiente para poder verla a la cara, sin pronunciar ni una sola palabra.

— Y tal vez pienses que como tu eterna enamorada, jamás diría algo en contra tuya y sólo bajaría la cabeza y haría tu voluntad, pero te equivocas, porque siento que he madurado, igual que mis sentimientos. Nada ni nadie me impedirá quererte, ni siquiera tú — las lágrimas escurrieron por sus ojos, pero no la hicieron sentir débil en lo absoluto — Te amo demasiado, y estoy dispuesta a estar a tú lado contra todo y a pesar de todo. A tu lado, no detrás y mucho menos delante de ti. Haría lo que sea por ti, mataría por ti, siempre y cuando tú puedas amarme como yo te amo.

Sakura se acercó a él y se puso de rodillas, sus ojos temblaban, pero sus palabras no.

— Por eso, si tengo un espacio en tu corazón, por muy pequeño que sea, retráctate de tus palabras ahora mismo y quédate conmigo, y si no sientes nada por mí al menos… al menos déjame intentarlo.

Sin esperar a que él dijera nada ella lo besó, cerrando los ojos fuertemente y pegando sus labios húmedos por la lluvia y lágrimas.

Sasuke la miró como si fuera la primera vez que se la encontrara. ¿Cómo podía ser así? ¿Cómo podía tener un corazón libre de pena y ardiente como ningún otro? ¿Por qué no se rendía con él? ¿Al menos merecía todo eso?

Objetivos, metas, venganzas, ¿por qué esa maldita Sakura lo estaba reduciendo todo a nada? Y ni siquiera era la primera vez. Cuando se encontraba con ella y el resto de su equipo, Sasuke podía sentir la calidez de una familia, podía sentir las ganas de protegerlos y lo demostraba las muchas veces que su cuerpo se movía solo al encontrarlos en peligro. A veces olvidaba quien era cuando estaba con ellos, y reía –mental o disimuladamente- al lado de esos dos idiotas.

¿Por qué el difunto Hokage lo puso en el peor equipo que encontró? Para la vida de un vengador solitario, Sakura y Naruto eran precisamente personas que no necesitaba, y mientras más avanzaba el tiempo, más se daba cuenta de lo peligroso que era seguir pasando tiempo con ellos.

— Sakura…

Pero maldición, qué difícil era teniendo a Sakura así, tan llena de vida, color y amor. Tan dispuesta a compartir todo eso con él.

— Gracias — dijo sinceramente.

Porque hasta Sasuke Uchiha podía ser agradecido. Porque a pesar de sus aparentes indiferencias y rechazos, él no era tan indiferente a ella como todos creían. La apreciaba, la quería, tal vez no al grado en el que ella le quería a él, pero él, como dueño y consiente de sus propios sentimientos, sabía que era sólo cuestión de tiempo para que esa criatura rosada con esos fieros ojos verdes terminaran de desarmarlo por completo, y conectara su corazón con el suyo. Tal vez hace algunos meses ni siquiera hubiese reconsiderado sus palabras y su convicción de ser un vengador hubiera estado por encima de todo. Pero no ahora, no cuando había probado sus besos y había sido testigo en primera fila de toda su entrega.

Se levantó como pudo porque la pelirrosa estaba un poco encimada a él, y Sakura esperando una respuesta en fingida calma, no le impidió su acción. Caminó hasta la puerta para volver a cerrarla, y el sonido de la lluvia cayendo volvió a hacerse mínimo.

Pero cuando giró su cuerpo, en lugar de la oscuridad, la soledad y el silencio, el cuerpo húmedo, amoroso y tembloroso de frío de su compañera le esperaban.

— Primero date una ducha, enfermaras si sigues así.

El Uchiha caminó hasta un armario en donde sacó una camisa negra y unos pantalones que le llegaban al tobillo de color gris. Se los tendió y le indicó dónde estaba el baño.

Sakura no se animó a decir nada, porque tal vez Sasuke necesitaba pensar las cosas y ésta era una oportunidad para hacerlo. Sujetó la ropa que le tendía y le agradeció por ello, caminando directamente hasta el baño sin mirar atrás.

Cuando salió de la ducha, no antes de que sus ojos rojos recobraran un poco de la compostura, el olor dulce de la carne cocida, mezclándose con algo que no reconocía, le alcanzaron en una caricia a sus fosas nasales.

— Siéntate, ya casi está listo.

Sin preguntar nada, tomó un lugar en la pequeña mesa, del lado donde podía ver la espalda de su compañero que estaba frente a la estufa. Como no andaban de misión, Sasuke usaba una camisa negra y un pantalón gris casi como los de ella, pero en un tono más oscuro. Sus ropas eran muy parecidas y la situación sobrecogedora, que casi le hacían rememorar a una de esas parejas de recién casados.

— No has comido ¿verdad?

— No — contestó sin dejar de verlo.

El Uchiha tomó dos platos de una pila, los puso al lado de la estufa y empezó a servir la humeante carne, mientras servía sopa de miso en otros dos pequeños. Los llevó hasta ella y los acomodó en la mesa, mientras giraba nuevamente para tomar un trasto grande con arroz.

Cuando creyó que se sentaría con ella a comer, caminó hasta un pequeño refrigerador y sacó dos botellas de té y entonces se dejó caer frente a ella. Cualquiera pensaría que con tales coyunturas ocurriendo no pensarían ni en probar un bocado, pero Sakura sólo se había desayunado un pedazo de manzana.

Comieron en paz, a veces lanzándose alguna que otra mirada y Sakura preguntando dónde estaba la sal o Sasuke pidiéndole una servilleta que ella había traído aprovechando el viaje por la sal. Durante ese momento la pelirrosa se preguntó si su madre ya se había enterado de que ella salió de casa sin avisar o tal vez estaría durmiendo. Sus ojos se abrieron espantados por ni siquiera saber la hora, cuando se la consultó a su compañero, calmado le dijo que pasaban de las diez.

¿Qué hacer? ¿Quedarse a obtener respuestas o regresar a casa antes de que la descubrieran? Necesitaba arreglar las cosas con Sasuke ya, no quería pensar en el futuro o en lo que pasaría con la integridad de su equipo a partir de ahora, su corazón sólo seguía bombeando sangre motivado por una respuesta de su amor. Regresar a casa sin nada no le dejaría dormir en toda la noche.

— Es tarde — dijo, sin saber cómo retomar el tema — Mis padres van a enojarse, sobre todo mi mamá, bueno, ya la conociste.

Como ninja sus padres estaban acostumbrados a que ella estuviera fuera de casa a altas horas de la noche y a veces ni llegara a dormir, pero todo sería muy sospechoso si eso ocurría exactamente ahora, esa misma noche. Mebuki ni lo pensaría dos veces antes de echar la puerta y reclamar por su hija en casa de Sasuke.

Sasuke asintió como si fuera una sabia decisión marcharse, todavía más enfocado en terminar su botella de té que en darle una respuesta. Entonces Sakura recogió todos los trastes y le pidió el permiso de usar su llave y lavarlos para compensar la molestia de haberle cocinado.

A veces Sasuke hacía cosas extrañas, que al mirar su cara, parecería que ni él mismo comprendía el por qué. Después de todo Sasuke es un joven de trece años, tal vez menos susceptible a cosas de otros chicos de su edad, pero igualmente capaz de reconsiderar hacer esas cosas que lo hacen un adolescente. Como cuando se deja llevar por la curiosidad y trata de ver la cara de Kakashi cuando éste va a comer, o como cuando se ríe de los rechazos que le hace ella misma a Naruto y de todas las tonterías graciosas que al rubio se le pueden llegar a ocurrir.

Pero eso era cuando estaba con su escandaloso equipo, cuando ella estaba pendiente, ¿qué pasaba en todas las demás horas? ¿En todos los demás días? Soledad, era una palabra que ella ya sabía desde hace mucho, pero que Sasuke le hizo reconsiderar aún más. La soledad era la compañía de Sasuke cuando su equipo estaba lejos. Soledad, que palabra tan deprimente. Un gran clan se redujo a un sobreviviente, una gran responsabilidad cayó en manos de alguien que era sólo un niño cuando se le fue encargada. Una línea de sangre prepotente que cuelga de un hilo y la supervivencia de una sola persona. Una vida que viviría marcada por siempre del dolor. Solo, Sasuke estaba solo.

— Sasuke-kun — pronunció la pelirrosa con voz bajita, pero siendo escuchado por Sasuke, a sólo unos pasos detrás de ella.

— Aquí estoy.

Ella volteó y lo miró con lágrimas en los ojos, sin derramarlas.

— Detesto verte sufrir.

— No estoy sufriendo ahora.

Sakura lo abrazó, dejando que su nariz se mantuviera a la altura de su cuello. El caliente aire que salía por su boca acariciaba la piel del joven Uchiha, derritiendo su coraza.

Sasuke la llevó hasta la cama, así, abrazados, mientras ella intentaba no volver a llorar, donde la sentó y le pidió que se recostara. Una vez más, ella se volvió a olvidar del mundo, de la hora, de lo molesta que estaría su madre, y cerró los ojos ante la mirada oscura de Uchiha Sasuke. Él se acostó a un lado de ella, uniendo su frente en un inesperado acto de cariño. Sakura, Sakura. ¿Por qué tenía que ser así? ¿Por qué le gusta complicar las cosas?

Le besó el cuello lentamente, dando pequeños lametones similares a los que un gato le daría a su amo. Cuando siguió subiendo por ese camino hasta llegar a su mentón, se topó con las lágrimas que Sakura no pudo mantener. Pero eso no lo animó a detenerse, y antes de que ella misma se las limpiara de sus mejillas con sus temblorosas manos, él las atrapó en el aire y retiró las gotas saladas con su propia lengua.

La miró a los ojos y le dio un sólo beso en los labios sin apartar su mirada, sintiendo esa sed cada vez que se volvía a alejar.

La primera vez que estuvo en una situación íntima con ella ni siquiera la recordaba. La segunda, estaban tan metidos es las nuevas sensaciones que hicieron una cosa más que improvisada y sucia, siendo unos auténticos idiotas. Después de eso sólo fueron besos y abrazos, pero ahora, en la soledad y comodidad de su casa, con la luna menguante como testigo, Sasuke Uchiha y Sakura Haruno, enlazarían sus destinos para siempre.

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TBC

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Huehuehue

SM~