Notas al final
Marca de afección.
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Capítulo 7: El mayor traidor.
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Llegó hasta uno de los puntos donde se supone encontraría a Kakashi-sensei. El mensaje que venía amarrado a la pata de esa ave no decía mucho en realidad, pero mencionaba la palabra entrenamiento y se decidió por ir. Por supuesto que no estaba escapando de la realidad de "la mañana siguiente" después de un acto ilícito con la pelirrosa, no, él sólo quería entrenar.
Por fin lo vio cerca de una de esas tiendas de comida rápida y se acercó hasta él.
— Kakashi, tú siempre sueles llegar tarde — fue su manera de saludar.
— A veces tengo que apurarme.
El moreno se acercó más a pasos relajados donde su maestro y otros dos líderes de equipo conversaban, y a pesar de que le había respondido a él, sintió como si hablara con alguien más. Los otros dos jounin se habían quedado callados, así que enfocó su vista curiosa donde parecía estar la de su maestro, pero no había nada ni nadie interesante, más que dos tazas humeantes y un plato de dangos sin terminar.
Su cara se contrajo.
— Comamos en otro lado, no se me antoja este lugar — dijo repentinamente molesto.
El maestro hizo como que meditaba su petición, cuando parecía que estaba a punto de sugerir lo mismo.
— Está bien.
Kakashi giró el rostro hasta hacerles una señal a sus dos compañeros jounin, estos regresaron la señal y desaparecieron. «Sospechoso», pensó Sasuke, como si tuvieran una misión dentro de la villa y no quisieran que él se enterara.
— ¿A dónde van? — Preguntó. No es como si en verdad le interesara lo que hicieran sus superiores, pero todo ese aire de misterio a su alrededor le generaba mala espina.
Kakashi sonrió despreocupado y se rascó la mejilla.
— Lo mejor será empezar con el entrenamiento, ¿no te parece? Tenemos que incrementar el límite de chidoris que puedes hacer.
Sasuke asintió inseguro de dejar atrás el asunto, justo como su sensei intentaba hacerlo. Sin embargo, pensó en que era realmente absurdo cuestionarse cosas que no le convenían.
— Vamos.
— Ah, sí, pero primero… — interrumpió su sensei, porque él ya había empezado a caminar — Necesito atender unos asuntos que dejé pendientes, te alcanzaré pronto.
Sin esperar una respuesta, su sensei desapareció de un salto. Fastidiado por la actitud de Kakashi, y por haberlo llamado tan repentinamente sin tan siquiera tener la molestia de atenderlo al momento, retomó la ruta a los campos de entrenamiento más alejados de la aldea. Esos eran los que tenían grandes rocas con los que podría impactar su chidori libremente. Pero antes, quería darle una visita a cierto lugar.
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Removió el tatami de la sala hasta que el pasadizo viejo se hizo presente. Tal y como siempre había estado, Sasuke bajó, sólo para volver a ver esa gran oscuridad. Con una pequeña flama de su katon, prendió dos grandes velas y entonces el recinto se iluminó dejando que los símbolos de su clan y los pergaminos secretos fueran visibles.
Leyó las mismas líneas de texto que hace años, temeroso y defraudado, había leído por primera vez. Cada día que regresaba a ese lugar, recordaba por qué tenía que hacerse muy fuerte lo más pronto posible, sintiendo esta vez la furia y los deseos de aniquilar a ese hombre que tanto le hizo sufrir en su momento. Apretó sus puños cansado de vivir con esos remordimientos, que cada vez se hacían más pesados en su espalda cuando sentía que estaba olvidando quien era él o que se estaba distrayendo de su objetivo. Su frente de arrugó mostrando sus rasgos enfurecidos. Quería maldecir, porque en lugar de hacerse fuerte, sentía que cada vez era más débil.
No le tomó mucho tiempo revisar los pergaminos, que ya casi se sabía de memoria. Salió de ese sitio asfixiado de los recuerdos llenos de odio, para marcharse a los campos de entrenamiento con más ganas aún de perfeccionar sus técnicas y ser más rápido, para por fin derrotar a ese hombre y que su conciencia pudiera descansar.
Los fantasmas del pasado lo perseguían día y noche, y parecían recobrar más fuerza cada vez que él se sentía a gusto con su equipo, como si no quisieran que fuera feliz hasta no ser vengados. A veces incluso podía verse a sí mismo, decepcionado de lo débil que era, burlándose en su cara de su incompetente ser humano que sólo fingía ser alguien poderoso frente a los demás, cuando a la menor oportunidad, sucumbía ante los besos de una simple kunoichi.
Como si despertara de un sueño, Sasuke se sorprendió de sus reflexiones, porque era cierto, se estaba dejando enamorar por una kunoichi. No, ya lo estaba. Esa tonta molestia había logrado su objetivo y él como un idiota cayó redondito en sus brazos sin oponerse ni un sólo instante. Él había terminado con ella cualquier cosa que hubiera iniciado entre los dos antes de que fuera demasiado tarde, pero con unas simples palabritas de amor había vuelto a sucumbir ante ella y de la peor forma posible. Ahora todo lo que los involucraba a ambos estaba sellado en una sola noche, que sin poder negarlo, lo dejaría marcado para siempre. Finalmente se dio cuenta que desde el instante en el que conscientemente se permitió ser tocado por ella, fue tarde. No, tal vez y desde el primer momento en el que la conoció había sido terriblemente tarde.
No sería tan cínico como para decir que había sido un error o que se arrepentía de lo que habían vivido, pero no se sentía orgulloso de todo aquello que lo envolvía con ella, ni mucho menos creía que ambos estaban actuando de la manera adecuada. Por lo menos él, tenía objetivos que cumplir y un rol diferente en la vida, no podía desviarse de su camino, ni siquiera por Sakura Haruno y lo que ella le hacía sentir. Maldición ¡No ahora! Pero trazar los límites era tan difícil si ella con un beso lo desarmaba y hacía que se quisiera pegar a ella como una lapa. Por supuesto que no reaccionaba de esa manera de forma consiente, era su cuerpo y muy ridículamente, su corazón, quien dominaba sus sentidos y hacía que su cuerpo se moviera solo. Su corazón era el mayor traidor.
Todo era tan fácil cuando no tenía ni idea de lo que era ser uno con Sakura Haruno.
Impactó un chidori ante la roca, haciendo que se formara un gran agujero, pero no era suficiente.
Trató de que sus pensamientos se desviaran de la pelirrosa, pero incluso eso fue peor, porque a su mente vino Naruto Uzumaki. Ese chico se estaba haciendo realmente fuerte, porque a diferencia de él, Naruto no se estaba dejando distraer por nada ni nadie. Aun cuando se había prometido a sí mismo salvar a sus preciados camaradas, que incluían al idiota y a la molestia, terminó siendo el rubio quien los salvara a ellos. No menospreciaba la fuerza de su compañero, pero si alguien le hubiera dicho recién graduados de la academia que ese incompetente miedoso lo salvaría en alguna ocasión, se hubiera carcajeado como pocas veces en lo que llevaba de vida.
De hecho, ahora menos que nunca creía que Naruto fuera verdaderamente un perdedor y eso le fastidiaba, porque era él, Sasuke Uchiha, quien tenía una misión aún más importante que los tontos deseos de Naruto por llamar la atención de los demás. ¿Entonces cómo es que él se hacía más fuerte tan rápido?
No le tenía envidia, ni se sentía inferior a él en lo absoluto, pero tampoco le agradaba la idea de que Naruto avanzara tan rápido, porque tarde o temprano terminaría por rebasarlo, y ahí sí que no sabía lo que podría llegar a pensar sobre el rubio. Gruñó molesto con él, con ella, con todo el maldito mundo que se empeñaba por hacerle la vida más complicada.
Es como si todo el planeta se confabulara en su contra y se apañaran para atacarlo desde diferentes perspectivas para rematarlo y hundirlo. Y eso le hacía tronar los dientes, porque no necesitaba tantos problemas, porque deseaba ser el hombre quien pudiera dominarlo todo y finalmente desvanecer esas sombras que le hablaban desde el infierno y a la vez, deseaba ser simplemente un chico sin tanta responsabilidad que podía tener un mejor amigo y una novia quien le susurrara palabras dulces y le dedicara el amor para toda la eternidad.
Maldito Itachi, estúpida Sakura, bastardo Naruto. Absolutamente todos tenían la culpa de ese dolor de cabeza que quería reventarle una vena, por ponerlo entre la espada y la pared.
No es que dudara si el camino de la venganza fuera el mejor para atar su vida, porque era lo que más quería y no podría continuar si en su cabeza siempre estaba el hecho de que jamás hizo nada para darle su merecido a Itachi; pero nunca pensó que su equipo lo presionaría al punto de querer dar su vida en muchas batallas para que ellos pudieran escapar, o para sentirse conectado con el dolor de Naruto, o como para sentirse conmovido con el amor de Sakura. ¿Quién lo hubiera imaginado? Él no por supuesto.
Y entonces lo pensó mejor. ¿El problema caía en él o en su equipo? Si Naruto y Sakura no hubieran sido sus aliados, ¿se comportaría igual con otras personas? Naruto era un sujeto con el que compartía muchas características, entre ellas la soledad, y el deseo por volverse más fuerte cada día. Ambos tenían puntos de vista y objetivos totalmente distintos pero compartían el mismo camino que tal vez pronto tendría que bifurcarse. Pero sentía que si había alguien con quien pudiera entenderse a pesar de no comprenderse totalmente, ese era él. No creía ser posible tratar de llamar amigo a alguien que no sea él, tan obstinado, tan papanatas. Aun con todas sus peleas, berrinches y personalidad ruidosa, Naruto era un buen tipo al que le podía confiar su espalda y que le permitía medirse a sí mismo.
Sakura era molesta, como muchas otras chicas de la academia, pero era por mucho más inteligente, astuta y valiente que las demás. Era muy difícil saber si las otras niñas de la academia no estaban huecas de la cabeza, pero perfectamente sabía que Sakura no era así, era incluso más confiable que él mismo en cuanto a inteligencia y astucia se tratara. Lo reconocía, incluso frente a ella. Tal vez su único problema es que se dejaba envolver por cosas del amor muy fácilmente, era demasiado soñadora.
Sakura podía ser hiriente y hablar sin pensar en el daño que generaba a los demás, sin considerarse a sí misma como alguien igual a esas personas a las que juzgaba, como la debilidad de Naruto por ejemplo, y eso podía llegar a irritarlo. Pero esa misma niña maduraba muy rápido y reflexionaba las cosas aprendiendo de la vida, de sus amigos, de la gente admirable; haciéndole una mejor persona, más compasiva, benevolente y emprendedora. Porque a pesar de todo, Sakura era humana, tan susceptible a los errores y a las metidas de pata como muchos otros, con el mismo derecho de afrontarlos y superarlos para tener una mejor perspectiva de ella y de sus palabras.
Tal vez lo que fastidiaba a muchas personas era el gran carácter que tenía para decir las cosas. Sakura imponía su presencia frente a las demás niñas de su edad, con la espalda firme, el ceño fruncido y la boca dispuesta, siempre en primera fila. No lo admitiría nunca frente a nadie, pero eso en verdad le atraía, porque Sakura no se muerde la lengua para hablar y dice lo que piensa; a diferencia de él, que menguaba sus comentarios y lo que trataba de decir a través de ellos. Criticarla todo el momento atrapado en su persona del pasado, era un error estúpido que no se podía cometer con ella.
A su memoria vino su espalda, cuando intentó cubrirlo sin ninguna posibilidad de ganar contra Gaara, sin importarle si perdía su vida en ese momento. Ella pudo haber salido bien librada de muchas peleas si simplemente se hubiera rendido o los hubiera abandonado con la excusa de no poder hacer nada, tan fácil como eso. Pero a pesar de sus carencias tanto en poder como en aparente perseverancia, ella se había quedado a lado de su equipo, para ayudar en lo que pudiera, sin contemplarse la huida sólo por no ser tan capaz como muchos otros. Sakura solía ser pesimista en muchas ocasiones, pero cuando la situación estaba a flor de piel, sus pies inquietos se movían en su dirección para ayudarle, incluso como escudo humano si era necesario, con kunai en mano, frente al mismo diablo.
Eso es lo que más llamaba su atención de esa kunoichi. No su piel blanca y suave, ni sus primaverales colores, sino esos actos que para una persona como ella, que se había presentado como una chica con un gusto frívolo y frugal en motivaciones ante él, daban qué pensar. Al final de cuentas, en esos aspectos, los dos no eran tan diferentes. Ambos dejaban que el peor traidor, que era su corazón, moviera sus cuerpos incluso si por su mente pasaba lo contrario, mostrando lo que en verdad llevaban dentro de sí mismos, de la manera más pura y gallarda.
Y luego estaba su amor. Siempre pensó que sería absurdo si en algún momento él pudiera corresponderle, porque no tenía tiempo para los romances. A veces sus insinuaciones y atenciones le avergonzaban sin demostrarlo, y fingía no estar interesado en esas atenciones como si no fuera un humano sediento de amor. Sakura era muy bonita, sabía qué decir cuando se lo proponía, y era muy atenta. Varios chicos la querían y en las misiones no faltaban hombres que coquetearan con ella. No le sorprendía para nada, lo que le sorprendía es que ella siempre dijera que no, porque lo quería a él y a pesar de que antes no se sintiera correspondida, le fue siempre fiel a esos sentimientos.
Era obvio que tarde o temprano él caería. Sakura lo atacó sin descanso, fue más decidida a ir por quien quería, más atrevida y con muchísimo fervor a estar a su lado.
Había forrado su propio corazón de titanio que le permitiera cazar a su enemigo y no permitir que nadie interfiriera, pero esos dos idiotas estaban logrando perforarlo. Y es que había una verdad inminente en toda esta reflexión, las personas ruidosas definitivamente eran las que encantaban su alma.
Antes de lanzar el chidori final que le quedaba a sus reservas de chakra, recordó a su maestro.
— Maldita sea, Kakashi se está tardando demasiado.
Mirando el último impacto en la roca casi deshecha, Sasuke retiró la capa de sudor que cubría su frente y se encaminó a la casa de su maestro. Él le dijo que tenía asuntos que atender, pero no le dijo en dónde, y le parecía más correcto buscarlo primero ahí. Tenía que presionarlo para que le enseñara a perfeccionar sus técnicas, no había tiempo que perder.
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Sakura se despertó unos segundos levantando la cabeza y luego la dejó caer rendida en la suavidad de las sábanas. Soltó un bostezo sonoro y le entraron las ganas de seguir durmiendo, pero entre los dedos de su mano derecha, sintió la textura de una hoja pequeña, tal vez doblada.
Curiosa se levantó de la cama, y de su delgado cuerpo se deslizó la sábana que tan bien la cubría. Se observó a sí misma desnuda en una habitación que no era suya, y entonces sonrió rememorando lo que había pasado con Sasuke.
Tomó el pequeño papel y lo desdobló, leyendo su contenido.
«Iré a entrenar con Kakashi.
En el refrigerador hay comida, puedes tomar lo que quieras, puedes quedarte también.
Sasuke»
Restregó el papel sobre su mejilla. Eran pocas palabras y muy secas en realidad, pero viniendo de Sasuke, el que se haya tomado la molestia de avisar y dejarle hurgar entre sus cosas era maravilloso. Una enorme sonrisa apareció entonces, estiró sus músculos hasta escucharlos tronar y poder relajarse más. Y luego suspiró derrotada.
Lamentablemente no podía quedarse todo el día en su casa, tenía que regresar a su propio hogar, dar explicaciones a su madre si es que se había dado cuenta de su ausencia, y ayudar en las remodelaciones que causaron los conflictos con Orochimaru y la Arena.
Que más daría por poder quedarse en la casa de Sasuke, pero tampoco podía ser tan desobligada, además de que su madre seguro al cien por cien que el primer lugar donde iría a buscarla sería allí, y eso complicaría las cosas.
Buscó un lápiz entre los cajones de su amado no novio para poder dejarle un recado. Obviamente en otro pedazo de papel, porque ese se lo llevaría a casa y lo pondría en un marco para verlo por siempre. Con la promesa de regresar más tarde para cenar en su casa, y esta vez ser ella quien le llevara algo delicioso, sonrojada y feliz, se puso sus ropas dobladas que estaban en la esquina de la cama –otro detallazo de su parte- y se marchó del lugar, no sin antes darle un último vistazo.
Dejó escapar el aire de sus pulmones, que felicidad.
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Subió las escaleras y abrió la puerta sin pedir permiso, pues sí estaba sin seguro, Kakashi se encontraría en casa.
— Kakashi-sensei — El moreno entró hasta su habitación mirando de un lado a otro, sorprendiéndose de la presencia de tantos shinobis en la casa de su sensei — ¿Por qué Kakashi duerme? ¿Por qué hay tanto jounin? ¡¿Qué demonios está pasando aquí?!
¿Qué rayos sucedía? Primero su actitud sospechosa al momento de llamarlo ¿y luego resultaba que estaba herido en menos de dos horas?
— Pues la verdad… no mucho en realidad —intentó hablar Gai, sin saber de qué manera explicar lo sucedido.
Antes de que alguien más saliera en defensa de la situación, la entrada fue irrumpida por otra persona.
— Oigan, ¿es verdad que Itachi ha vuelto? ¿Y que además está buscando a Naruto? ¿Eh? — preguntó Aoba sin detenerse hasta que vio a Sasuke en el mismo sitio, sabiendo que lo había arruinado — Oh.
Con las miradas reprobatorias de los jounins ante su descuido inaudito, que traería muchos problemas con el joven Uchiha, la reacción enfurecida no se hizo esperar.
Sasuke procesó la información mientras sus ojos coléricos se abrían a su máxima capacidad. Corrió fuera de ese lugar abriéndose paso entre la puerta y el impertinente ninja para buscar a su objetivo.
En realidad, a quien tenía que buscar era a Naruto. No sabía por qué diablos quería su hermano encontrarlo, pero no necesitaba que alguien le dijera para intuirlo. Si Itachi estaba detrás de él, sólo necesitaba hallar a su compañero para por fin verse cara a cara.
Saltó de techo en techo hasta llegar al edificio del Uzumaki. Como era su costumbre y por las prisas, abrió la puerta sin tocar antes. Cuando esta fue jalada, trajo consigo a una persona que no esperaba ver.
— ¡Sakura!
— ¿Ah? ¡Sasuke-kun!
Sasuke escaneó rápidamente el pequeño bulto que Sakura había dejado caer.
— ¿Qué estás haciendo aquí?
«Pensé que estarías esperando en casa» casi se le escapa decir, pero no había tiempo para quedarse a charlar ni decir cosas comprometedoras, necesitaba encontrar a Naruto pronto.
— ¿Dónde está Naruto?
— Yo, no lo sé, venía a dejarle estos dulces pero no lo encontré en casa.
Ignorando el hecho de que Sakura tenía la libertad de entrar a la vivienda del rubio como si nada, corrió dejándola ahí, con las palabras en la boca. Era un asunto urgente y Sakura ya se había hecho una fama de su subconsciente de distracción.
Llegó hasta el puesto de ramen Ichiraku e inmediatamente le preguntó al tipo si había visto a Naruto.
— Déjame pensar… — respondió el hombre tomándose su tiempo — Se encontró con el maestro Jiraiya, comieron un poco y después dijeron que tenían que salir.
— ¿A dónde?
— Pues, a ese pueblo que está en las fronteras con el territorio de la aldea. Naruto se fue con Jiraiya.
Después de preguntar quién era Jiraiya y recibir la respuesta, Sasuke volvió a emprender su camino ahora hasta las fronteras de la aldea sin escuchar lo último que el viejo del ramen tenía por decirle.
Llegó hasta el pequeño pueblo repleto de transeúntes y ruidosos juegos. Apenas vio el primer hotel del lugar, fue a preguntar si un chico rubio con cara de tonto y un viejo de cabello blanco se habían hospedado ahí. Al no tener suerte, probó en cada uno de los sitios hasta dar con una señora que parecía recordar a las personas que describía.
— Sí, creo que ya sé de quién hablas. Es en la segunda planta, la última puerta del pasillo.
Una vez más, salió disparado hasta encontrar a su compañero. Tocó tranquilamente la puerta en caso de que Naruto estuviera acompañado de alguien más y se alarmara de la brusquedad. Cuando la puerta fue abierta, definitivamente lo recibió un rubio con cara de tonto, pero no su rubio con cara de tonto amigo.
Mientras avanzaba veloz, los recuerdos de aquella horrorosa noche llegaron a sus memorias, nuevamente persiguiéndole, inquietos por recibir finalmente aquella venganza que tanto anhelaban por su trato cruel. La ira que se había contenido por mucho tiempo empezó a hervir su sangre, olvidándose de todo lo demás y sólo concentrándose en ese deseo de aniquilar al hombre que no le dejaba en paz.
Entró a uno de los hoteles y subió las plantas sin detenerse a preguntar. Su Sharingan se activó casi sin pensarlo y sus pies, tal vez manipulados por el destino, lo habían hecho correr hasta el pasillo donde sin referencias de antemano, se encontraba él.
Vio su espalada cubierta por una capa negra de nubes rojas. Tan calmado como la última vez que lo había visto. Estaba frente a Naruto con otro hombre alto, ignorando su presencia, o eso creyó.
— Ha pasado demasiado tiempo, Sasuke.
El pronunciar de su nombre, el escucharlo hablar, fue suficiente para él. La angustia e ira viajaron con la misma rapidez que su sangre por todos sus sentidos.
— Uchiha… Itachi.
Le gritó, le dijo todo lo que pensaba hacer con él, que su destino ya estaba sellado desde el mismo momento en el que decidió traicionarlos a todos. El llanto de mil pájaros se hizo presente en una de sus manos e impaciente por acabar con él, corrió dejando un rastro de destrucción en la pared que le predicaba su suerte.
Como si fuera nada, Itachi había detenido su ataque sujetándolo de su propia mano, para luego darle una serie de golpes. Pidió que nadie interfiriera en su pelea, porque realmente creía ser capaz de matarlo y que todos los miembros de su clan pudieran descansar en paz, pero se equivocó. Recibió los puñetazos y los rodillazos de su hermano mayor sin apenas causarle algún cansancio, y trato de moverse, pero los golpes seguidos de Itachi no le daban tregua para pensar en cubrirse a tiempo.
¿Por qué?, ¡si él había entrenado mucho para ese día! Lo había hecho ¿verdad? Él no había estado perdiendo todo su tiempo ¿o sí?
Itachi no tuvo ninguna clase de compasión como era de esperarse y Sasuke cayó al suelo malherido. El Uchiha mayor tomó a su pequeño hermano del cuello de la camisa y lo impactó contra la pared, burlándose de él, dejándole claro lo inferior que era.
— Aún eres débil — pronunció aquel hombre, susurrando las palabras en la cara de su hermano menor, tratándolo como lo que aún era, como un niño — ¿Sabes por qué eres débil?
...Porque te falta odio.
Inmediatamente lo miró a los ojos y le hizo caer en las profundidades de un genjutsu, sobre nada más y nada menos que la noche de la masacre. Vivió ese encuentro con la muerte, como muchos días y muchas noches lo había hecho, jamás podría acostumbrarse a tener que hacerlo.
Y sin mucho que hacer de su parte, el encuentro había acabado, tan rápido como se presentó.
Itachi regresó después de muchos años, sólo para humillarle y recordarle firmemente lo débil que siempre sería, si no empezaba a tomarse su camino de la venganza más seriamente.
Sasuke cayó perdido en algo más profundo que la inconsciencia.
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Al abrir sus ojos y poder enderezarse un poco, lo primero que vio fue a su compañera envuelta en llanto, pero feliz por verlo despertar. Recibió su abrazó cálido que le fatigaba los músculos, pero que no quiso retirar, porque su subconsciente necesitaba esa muestra de afecto, y su consiente no se atrevió a objetar nada.
Su mirada fija en el cabello de la pelirrosa le hizo creer por un instante si todo lo que había visto había sido un sueño, si en realidad Itachi nunca había estado en la aldea. Pero recobró el sentido, porque sabía muy bien que todo fue real, lo sentía fibra de su piel que plañía en dolor.
— ¡Sasuke!
Dentro de la habitación también se encontraba Naruto, y muchas personas que no había visto antes.
Vio como Naruto se marchaba.
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TBC.
Lo dejo aquí porque no quería cortarlo en la parte de la manzana ni donde luchan :P como Sakura ha tenido más intervenciones con Sasuke que en el canon, pues quedó un pelín diferente.
¡Feliz cumpleaños amapolazul!
Espero que te haya gustado la actualización, la verdad es que la siguiente es mucho mejor, ¡pero me agarraron las prisas! De cualquier forma para mí los cumpleaños duran minimo una semana de celebración, ¡así que espera pronto el siguiente cap!
También felices patrias a todos los chilenos que fue el cumple de su país, ¡gracias por comentarlo!
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Me acabo de acordar de la vez en que Sakura dijo que Madara le dio tanto miedo que no podía respirar, y minutos después estaba corriendo hacia él ferozmente tratando de crear una apertura para sus amigos (cuando no podía ver a los Madaras del Limbo). Sakura superó su miedo súper rápido (y si no lo superó, lo manejó muy bien), para poder ser de ayuda a Naruto, Sasuke y el mundo entero. Son esos detallitos (detallotes) que la convierten en mi personaje favorito después de Sasuke-chan, (y que los haters pasan obviamente desapercibidos lol, pero yo no señoras y señores, yo no) :D
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PD: Tal vez edite los primeros capítulos porque la verdad es que no esperaba explorar terrenos profundos con este fic, y los primeros capítulos son un poco superficiales y OCCseados con Sakura. Es todo.
¡Los quiero mucho, gracias por leer y por sus comentarios! ¡Nos leemos en el siguiente capítulo!
SM~
