Notas al final.

Gracias a Sakuravh y Cherry Berry, gracias a todos por la espera.


Marca de afección

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Capítulo 11: Valió la pena


Sakura esquivó aquellos kunais por los pelos antes de dar un golpe en el suelo y lanzar los trozos de roca que se desprendían hacia su mentor. Kabuto libró aquellos ataques mientras hacía el bisturí de chakra para intentar cortar a la kunoichi, antes de que ella decidiera mantener su distancia hasta encontrar la manera de detener a su contrincante.

El terreno de entrenamiento esta vez era una zona de nieve, cerca de los límites del país del hierro, donde había acompañado a su mentor a recolectar información de ese lugar. Uno de los pocos donde Orochimaru no tenía una guarida porque el sitio tenía un clima demasiado inconveniente, además, Orochimaru no se había interesado en ese lugar hasta ahora. Un país con ausencia de ninjas y bijus era un país aburrido. Sin embargo, un cambio de planes hizo que mandara a su ninja más confiable a investigarlo, involucrándola a ella también, aprovechando el viaje para seguir con su aprendizaje, e implementar lo que ya sabía a lo largo de todos esos años a su lado.

Kabuto sugirió que se detuvieran a entrenar sus movimientos en la nieve antes de infiltrarse a un sitio que parecía un palacio de hielo. Entonces Sakura se preparó para atacar.

Su mentor le había parecido un tipo demasiado simple la primera vez que lo conoció, pero ahora, que entrenaba mucho tiempo junto a él, notaba que tenía unas habilidades muy avanzadas y las mismas técnicas de las serpientes como todo seguidor de Orochimaru. Sus habilidades médicas por poco no tenían nada que envidiarle a la quinta Hokage y, además, sospechaba que tenía conocimiento de sobra que ni el mismísimo Orochimaru conocía y que Kabuto tenía como as bajo la manga ante cualquier circunstancia.

Por ejemplo, una vez se enteró de que Orochimaru había acudido a Tsunade para que pudiera recuperar la movilidad de sus brazos que el tercer Hokage le había arrebatado, suponiendo que Kabuto no podía hacerlo. Pero mientras hacía uno de sus experimentos en el laboratorio y tomaba apuntes, Sakura notó como él unió unas piernas a un cuerpo ajeno y dicho cuerpo podía usarlas con apenas unos cuantos problemas de equilibrio. Nunca supo si eso había sido reportado al sanin, y evidentemente ella jamás dijo nada. No se metería en problemas por ser una cotilla.

Al final, todo esto quería decir que Kabuto tenía intereses ajenos a los de Orochimaru. No era un perro fiel como los demás prisioneros o secuaces creían. Cuando Orochimaru le daba la espalda, Kabuto le veía alejarse con algo diferente en su rostro, una mirada desconocida y que se tendía a la malinterpretación, pero si pudiera describirla de alguna manera, diría que Kabuto le miraba como se miraría a un oponente a derrotar.

Se preguntaba, ¿qué pensaría un hombre como él? Tan listo y disciplinado. ¿Qué planes llevaría a cabo en su cabeza? No era una simple sombra, incluso Orochimaru subestimaba sus poderes.

Invocó a Razuberi, la serpiente roja que se había convertido sin querer en su invocación personal. Razuberi era demasiado complementaria a sus habilidades, pues como muchas serpientes ella no tenía su propio veneno, pero podía absorber los venenos que Sakura le daba e integrarlos a su mordida. Le dio un paralizante del que ya contaba con un antídoto, y Razuberi se abalanzó hasta su mentor. Cuando él intentaba esquivar los hábiles movimientos de la serpiente mientras sus pies se enterraban en la nieve, Sakura atacó por un costado obligándolo a saltar a un pino, entonces ella golpeó el tronco derrumbando toda una hilera y provocando un estruendo terrible.

Ya empapado de nieve dijo que era suficiente, ya había notado que se podía desenvolver muy bien en el terreno y que era momento de marcharse antes de que los samuráis llegaran a inspeccionar la razón de que hubiese tanto escándalo de repente. Sakura asintió satisfecha, antes de darle las gracias a Razuberi quien asintió y simplemente desapareció.

— ¿Cuándo empezaste a llevarte tan bien con ella?

— Pasando tiempo juntas, es una chica muy linda.

— Recuerda que no debes confiarte de las serpientes todo el tiempo, son traicioneras.

Sakura asintió, tomó la mochila que había colgado en la ramita de un pino y siguió a su mentor por un sendero que empezaba a soplar nieve e incertidumbre.

— No bajes la guardia.

— No señor.

Hasta hace poco, ninguno de los dos shinobis encontraba necesario guardarle secretos. Poco a poco estaba incorporándose más al equipo de trabajo de Orochimaru, por llamarlo de alguna manera. A diferencia de Sasuke, que se encontraba en calidad de invitado con el sanin, ella tenía que esforzarse por pagar el lugar que este le había dado a su lado. Era difícil y estresante, a veces atentando no sólo contra su vida, sino contra sus principios y honor como ninja, pero no podía renunciar y simplemente marcharse a casa. En este momento, Konoha ya podría considerarla una traidora.

Mientras más pasaba el tiempo, más le carcomía la idea de perder por completo su honor y no tener un lugar al cual regresar. No tenía un plan, su único objetivo en todo momento había sido acompañar a Sasuke en su aventura hasta que fuera el momento de guiarlo a casa, pero al final, quien había resultado alejarse más de su hogar había sido ella.

Los primeros meses fueron circunstancialmente fáciles, agotadores físicamente, pero su salud mental estaba bien. Su fortalecimiento se concentraba en lo físico y a nivel teoría que era una base fundamental en un exitoso ninja médico, no servía de nada solo aprender a curar, si no sabía qué y cómo debía curar. Para el sexto mes, Kabuto se atrevió a llevarla por primera vez a una de las guaridas más inhóspitas que tenía Orochimaru, dónde apenas al cruzar la puerta sellada con un jutsu especial, los gritos de agonía se escuchaban como si fuera la mismísima entrada al infierno. Sus piernas temblaron de solamente escuchar aquellos chillidos desde la entrada, imaginando las cosas que vería y preguntándose si estaba preparada para conocer la otra parte del mundo.

Tuvo pesadillas esa noche, y las que le siguieron. Rodeada de paz y comodidad, jamás imaginó que horrores así ocurrieran frente a sus narices. Mientras su más grande preocupación era tener el cabello bien peinado para el chico que le gustaba, las de otros era pensar si sobrevivirían una noche más. Llegó a un punto en el que su presión mental era tan grande que se culpaba por haber crecido en una familia normal que fuera poco interesante para el cruel mundo ninja, se detestaba por tener el privilegio de crecer con alguien que llamaba papá y mamá, y se despreció aun más cuando se dio cuenta que había dejado todo eso atrás sólo por una persona.

Quería irse ya. La situación se estaba volviendo como una prisión en el fondo del océano, haciéndose más pesada y hundiéndose más hasta llegar al abismo solamente rodeado de penumbras. Se preguntaba: ¿cómo podía existir tanta gente que hiciera el mal sin sentir un sólo remordimiento? ¿cómo podían trabajar, abriendo cuerpos y destrozando mentes sin que les temblara la mano? Inclusive Sasuke era así. No le importaba toda la basura que rodeaba a Orochimaru, ni ser parte de sus misiones para capturar ninjas "interesantes", a él únicamente le importaba tener el poder para matar a su hermano, ¿y después qué? ¿Pensaba que Konoha los recibiría con las puertas abiertas? O mejor aún, ¿pensaba en regresar?

Una noche llegó a la conclusión de que debían largarse sin avisar. Ya se sabía todas las trampas del lugar de memoria y también sabía cómo regresar, pero cuando se lo planteó a Sasuke, colándose a su habitación después de seis meses de no dirigirse ni una palabra, él le pidió con palabras amargas que no iría a ninguna parte, que bien podía largarse ella y dejarlo continuar, que no sería libre ni en Konoha ni en ningún sitio hasta que su hermano no estuviese muerto, y que le dejase en paz.

Cabizbaja, debatiéndose entre regresar o no, sus pies la llevaron sin pensar a la que desde hace un año era su habitación.

No quería regresar a la guarida del este, pero eventualmente Kabuto la presionó a que lo hiciera. La segunda vez que se obligó a ir a ese lugar, caminó por aquellos pasillos viendo como las manos se extendían hacia ella con gritos poco entendibles. Aquellas cosas que se asomaban habían perdido su humanidad, y algunos clamaban sangre, otros piedad, y muchos más la muerte.

El sanin y Kabuto se dedicaban especialmente a estudiar a aquellos ninjas de habilidades únicas con las que experimentar para agregarlas a sus propios poderes o por el simple lujo de poseerlas en su almacén humano. No podían retrasar más el día en que tuviera que adquirir esos conocimientos para que pudieran contar con ella también.

Su mentor la tomó como mano derecha para estudiar y contener a los reos. Había descubierto que era demasiado buena manejando su chakra, incluso mejor que Sasuke, y eso le ayudaba para que este chakra pudiera ser concentrado en puntos demasiado específicos de su cuerpo, como al fundirse con sus propios músculos, dándole una fuerza sobrehumana diferente al simple hecho de pegarle a cosas y romperlas, podría cargar a veinte hombres de ochenta kilos al mismo tiempo sin problemas. Sin embargo, no era tan fácil. Este aumento de fuerza no duraba mucho, sólo podía usarla en momentos específicos, porque al separar el chakra de sus músculos estos terminaban adoloridos.

Con su comportamiento tan devoto, no por ellos, sino por Sasuke, Kabuto era más receptivo y estaba empezando a depositar su confianza en ella de verdad, a menos así lo notaba, lo cual era preocupante. Si esto seguía así, de ninguna manera la dejarían marchar.

Las cosas no eran tan simples. Muchas veces regresó a su habitación con miedo, con asco, intuyendo que tendría pesadillas. Desgraciados aquellos que terminaban detrás de una de las celdas de Orochimaru. Desgraciados aquellos que trabajaban a su lado porque no tenían otro lugar a donde ir. Pensó en su familia, en sus amigos y en su hogar, como tantas veces antes, pero mientras más intentaba recordarlos, más borrosas se le hacían sus caras.

Estando con Orochimaru, había visto a la vida de manera diferente. Incluso el cielo que podía ver con libertad y las muñecas libres de cadenas se sentían diferentes. ¿Por qué había elegido todo esto? Las cosas eran confusas, no sabía en qué momento se había empezado a preguntar si todo esto valió la pena.

Meses pasaron para que finalmente los gritos no la incomodaran. Meses pasaron para que sus ojos no se mostraran alarmados o intimidados para lucir fríos. Meses pasaron para que sus manos dejaran de temblar al hacer una incisión en el cráneo de algún otro inocente. Meses pasaron para que a su familia la dejara de extrañar.

En la guarida de Orochimaru no se celebraban los cumpleaños, pero un veintiocho de marzo Kabuto le presentó a Souji, un tipo enorme y de cuerpo muy musculoso al que ninguna droga le hacía efecto y que además tenía una súper fuerza duradera que nada podía contener. Souji había llegado por sus propios pies a la guarida para que el sanin le quitara aquello que él mismo consideraba una enfermedad. No podía controlar su temperamento. De manera muy aleatoria estaba tranquilo, y de repente se enojaba haciendo uso de esa fuerza que destrozaba todo lo que estuviera en su paso con una furia y sed de sangre inhumana. Creía que lo había dominado al renunciar a la vida ninja, pero con el tiempo fue haciéndose cada vez más seguido y con más ira hasta que finalmente había acabado con la vida de su esposa y dejado a su hijo muy herido.

El tipo se atormentaba así mismo día y noche, llamándose basura y golpeando su cabeza hasta que las imágenes de su esposa destrozada entre sus manos se alejaran de su mente. Souji era un tipo que tenía un corazón tan bondadoso que creía que su poder era una cruel burla de Dios.

Sin decir nada más, Kabuto había puesto una mano en su hombro antes de decirle que esta misión era suya. Lo miró asombrado.

Ya con más de un año a su lado, y a finales de sus catorce años de vida, Sakura debía tomar a este paciente como suyo y llevar sus investigaciones a cabo para curarle aquella enfermedad que no le dejaba vivir. Souji ya llevaba varios años en "terapia", una cruel y fría intervención en su cerebro que lo confundía más y que al contrario de un buen resultado, le hacía ponerse más violento.

Kabuto le dijo que tenía que encontrar la manera de eliminar su enfermedad y curar esos arranques de furia, intentando no ser asesinada por él en el proceso.

Trabajó por él, porque en el fondo no podía dejar de ser la empática niña que se encariñaba muy fácil. Trabajó porque Souji era una persona que no debería sufrir. Y trabajó porque si ya había cooperado para destruir la vida de muchos, igual lo haría para salvar la de uno.

Souji se convirtió en ese amigo que le hacía falta, con el que podía conversar mientras le atendía, y que le había hecho pensar que no había perdido su tacto y que tenía esperanzas en la humanidad. Agradeciéndose mutuamente el haber hecho de su estancia algo menos desagradable, Sakura le dijo adiós antes de que el sello conectado directo a uno de los sueros totalmente creados por ella se activara, para que así su cerebro se desconectara sin sufrir ninguna clase de dolor, dándole alivio y estimulando sus sentidos hasta el final, como una tierna caricia en el corazón antes de dormir.

Kabuto y ella sabían que no había manera de detener a Souji. Eliminar sus arranques de furia era como eliminar la línea sucesoria que hacía que los Uchihas heredaran el Sharingan. Ambos sabían que esta prueba era sólo para determinar su temperamento ante las situaciones donde no se podía hacer nada. Ella en verdad lo había intentado, pero el haber continuado sólo habría supuesto más dolor. Darle muerte fue la mejor decisión.

Sakura lloró por no poder salvar a su amigo, pero ese dolor sólo supuso sabiduría.

El tiempo seguía y su historia se hacía más amplia. Las noches ya no eran tormentosas.

— Tu cabello.

Sakura coloreó sus cabellos al mismo tiempo que Kabuto, haciendo que lo que antes era gris y rosa se convirtiera en un rojo y negro. Se colocaron las armaduras samurái y caminaron juntos para formarse en las filas, dejando atrás a dos hombres sin vida.

Desde lejos, tal y como lo hacía Kabuto, Sakura miraba a Sasuke pelear contra un inmenso grupo de ninjas del sonido sin sudar. Orochimaru estaba ahí, y les había ordenado alistarse para curar a los que salieran lastimados de gravedad, pero ni siquiera era necesario porque Sasuke no actuaba con demasiada violencia, y lo único que recibían eran golpes limpios y bajones de chakra.

Entonces, como siempre, sólo le tocó mirar.

A mitad de sus dieciséis, Sakura fue consciente de todo lo que habían crecido y de lo poco que habían compartido. Creyó que su vínculo con Sasuke era tan fuerte que se mantendrían unidos en contra de cualquier adversidad. Tal vez esperó demasiado de alguien que no tenía nada, tal vez…

— Sakura

Parpadeó cuando sus ojos empezaron a picar y miró a su mentor. Él la miró con unos ojos tan parecidos a los de Sasuke, pero con una mirada tan diferente. Algo que no podía ser confundido con afecto, pero sí con empatía. Y se marcharon juntos.

Movimiento significa vida, y la vida se consigue adaptándose. Al final, ella se adaptó también.

— ¿Estas cien por ciento segura?

Karin miraba con escepticismo el número que la otra kunoichi le daba. No dudaba de su inteligencia, pero algo parecía que no andaba muy bien.

— Por supuesto.

Sin embargo, no dudó.

Con la jeringuilla jaló el líquido adecuado según las medidas de la otra mujer, y con ella inyectó a un pobre hombre que empezó a convulsionarse y a gritar de horror. Pensó que lo haría hasta morir, pero de un momento a otro su ritmo cardiaco se estabilizó y estuvo fuera de peligro.

— Pues sí tuviste razón.

— Es lo que intentaba decirte.

Karin la vio marcharse con una sonrisa de «te lo dije» y le sonrió de vuelta, sin quitar la vista de su espalda hasta que desapareció. No sabía qué pensar de ella, le desagradaba por ser la amiga que había llegado con su querido Sasuke, pero no sentía que estaba perdiendo nada, porque Sasuke era tan frio con ella como lo era con todos, así que estaban igual. Era una clase de rival, pero no de las que se insultaban, sino las que trabajaban juntas midiéndose continuamente y comparándose.

Y seguía pensando que este no era un lugar para personas como ella. Antes de reanudar su trabajo, pensó en su querido Sasuke y sus mejillas se colorearon, sí él tuviera que elegir a una, ¿a quién sería? Sabiendo que tenía competencia, se esforzaría para que fuera a ella.

— ¿Cómo te ha ido?

Si esperaba a que Sasuke la fuera a ver, se moriría empolvada esperando.

— Normal.

Por eso quería verlo, y saber que tal iban las cosas con él. ¿Qué era lo normal?

— Ya veo.

No habían tenido conversaciones tan largas desde aquella vez en la que le había pedido escapar, hace casi dos años.

— ¿Cómo te va a ti?

Se preguntó si en verdad le interesaría saber, o sólo se sentía obligado a preguntar.

— Normal.

Se preguntó si su estancia ahí valía en algo la pena, o si no hubiera hecho ninguna diferencia esperarlo en Konoha.

— Ya veo.

Lo miró.

— Sasuke…

Quería decirle tantas cosas, hablarle otra vez de sus sentimientos y de lo preocupada que estaba por ambos. Pero no solamente Sasuke había cambiado haciéndose más frio, ella también y era más cuidadosa. Cuando antes exclamaba su amor sin dudarlo, ahora pensaba dos veces si era necesario hacerlo. Tal vez por eso se habían alejado, porque todo dependía de ella, Sasuke pocas veces fue romántico.

— Sakura.

— Vamos al cuarto.

Pero si había algo que entre ellos no podía faltar, era el sexo. Ni siquiera fue necesario que salieran de aquella habitación donde entrenaba Sasuke, ahí mismo la besó, mientras alzaba su vestido y acariciaba su entrepierna sin ropa interior, porque ella sabía que haciendo el amor era la forma más rápida de conectar con él sin utilizar palabras y venía preparada, y mientras se agachaba para quedar de rodillas, y desenfundar ella misma el falo flácido de Sasuke, se preguntó si hacer que su relación flotara de esa manera, también valía la pena.

TBC


¡Hola! Cuanto tiempo. Me apena tardarme tanto, enserio.

¿Qué les pareció? La vida no es color de rosa sólo por irse juntos, Sasuke es Sasuke y no cambiaría tan fácilmente, pero no pierdan calma, ya sabremos qué piensa Sasuke de todo esto. Iba a escribir los dos puntos de vista en este capítulo, pero le prometí a Cherry que actualizaría este fin y ya es lunes :p una de dos, o completo este capítulo o lo cuelgo como segundo, ya está escrito a la mitad, por eso es un hecho que estará pronto.

Uf si les contara, la versión original de este capítulo era un lemon de aquellos que me hacen sonrojar, pero me llegó una idea bien chividivi y me puse a reescribir. No es excusa, perdón, pero yo escribo un párrafo de fic cada semana :p espero que no me dejen de querer.

Fueron los de Facebook los que me pidieron que actualizara pronto o me pegaban ¿ven? Ese es el truco, cachetéenme porque me gusta el sado, mándenme solicitud que estoy muy solo :(

Una última cosa, junto a Lian Putito-kun y la dama Lulufma tenemos una página en face llamada Multisaku, así, a secas. Denle like y suscríbanse, parejas variadas con la waifu como diosito manda. Si lo hacen, mi esclavo Lian promete escribir un fic personal Lector x Sasuke (o el que quieran), pero denle like. Los amo por leer, se me cuidan, y nos veremos la próxima luna llena.

SM~

PD: Los OS del mes Sasusaku los voy a publicar en diciembre para el que se quedó con el pendiente, si no han leído los 11 que ya publiqué, los invito a leerlos, no hay ningún orden.