Es desconcertante lo parecido que es Harry a James. En el tren apenas pudo echarle un vistazo, con el asunto de los Dementores, pero tras la clase… A nada estuvo de llamarle por otro nombre… Se estremece un poco al recordar el momento exacto en que su cerebro se confundió, cuando tuvo que intervenir. Un Boggart puede ser más problemático de lo que aparenta.

Una araña gigantesca (claramente una Acromántula, esas clases de Ciudado de Criaturas Mágicas no resultaron inútiles después de todo) apareció frente a Ron. Remus intentaba no perder la vista de Harry, entre tanto descontrol, sobresaltos y risas por igual. La clase parecía un éxito hasta el momento. Tras un Riddikulus del pelirrojo, la araña perdió sus patas, rodando directo hacia… Prongs.

No, ¡Harry!

A Prongs estuve a punto de matarlo.

Rápidamente, Remus intervino, y el Boggart tomó la forma de la luna llena. Se encargó de él y dio la clase por terminada. No podía permitirse que el Boggart se tornara más de lo que pudieran manejar, aunque claramente Harry era capaz de mucho más de lo que aparentaba.

—Pensándolo bien… No es para nada como James. —se sorprende pensando en voz alta. Sonríe. Harry es calmado, capaz, pero nada pretencioso. James era un absoluto prepotente para quien lo conociera por primera vez, o quien simplemente no le conociera.

Pero para sus amigos, era el mejor de todos.

Remus se encontraba en la enfermería, cosa que no sorprendía a nadie tras una luna llena. Pero esta vez, la transformación había sido especialmente dolorosa y literalmente desgarradora. El lobo había arrancado pedazos de su piel por todo su torso, lo cual no solo dejaría unas cuantas cicatrices bastante notables, sino que tomaría aproximadamente una semana en permitirle dejar aquel lugar, y eso en el mejor de los casos. La buena noticia, si es que algo bueno podía verse en aquella situación, era que se aproximaban las vacaciones de invierno, por lo cual no tendría que perderse de más clases. La mala noticia, además de prácticamente todo, era que él pasaría ahí una buena parte de dichas vacaciones, y el resto adolorido y sin sus amigos ni su familia.

Intentó acomodarse para alcanzar un libro y pasar el rato. Era doloroso hasta respirar, en ese estado. Tres años en Hogwarts no habían hecho sus transformaciones más agradables. A pesar de que tenía un lugar más amplio que el que tenía en casa, el lobo, junto con él, estaba creciendo, y sospechaba que todo empeoraría a partir de ahora. Temía lo que se aproximaba, pero intentaba no pensar en ello.

Por la puerta se aproximó nada menos que James Potter. Remus sonrió a pesar de todo. Al menos eso no dolía, y siempre le agradaba recibir una visita de sus amigos, aunque fuera en las peores condiciones. Nunca dejaría de agradecer que hubiesen aceptado su condición sin rechistar.

Aunque su sonrisa cambió al ver que James venía con aquella expresión que tenía cuando había tramado algo (usualmente con Sirius) que ya no podía esconder más, pero solía ser algo de lo cual Remus no aprobaba en absoluto, como inundar los baños de los profesores o encerrar a la Señora Norris, cosas que consideraba cuasi malvadas y por lo tanto, innecesarias. ¿Pero por qué le diría uno de sus planes ahora que se encontraba en tales condiciones? ¿Seguro que ni James sería tan desgraciado? ¡Joder, ni Sirius estaba aquí con esa cara!

¿Qué hicieron ahora, James?

¿Qué? ¡En serio, Moony! Solo vine a desearte una pronta recuperación. —el apodo surgió no mucho después de descubrir lo que era, casi como si fuese el destino. El tono de inocencia era algo que James nunca lograría conquistar, pero tampoco dejaría de resultarle gracioso.

Gracias.

Por nada, querido amigo. Y ahora otra cosa…

Claro que sí. —Remus hubiese suspirado, pero resultaba demasiado doloroso.

Nos quedaremos las vacaciones contigo. Sirius, Peter y yo, claro.

Remus alzó una ceja. Eso realmente no se lo esperaba. Casi se sintió mal por dudar de su amigo, pero sabía que había algo más tras esto. —¿En serio? ¿Conmigo?

Claro que sí. Queremos hacerte compañía. En serio. —cada vez resultaba más extraño, porque Remus conocía bien el tono de James, y este tono era sincero. Muy sincero, y sin embargo…

Agradezco mucho su gesto, de verdad. Es… la mejor noticia que he tenido hoy. —James sonrió, esta vez de una manera que no escondía nada —Pero aún así siento que hay algo que no me estás diciendo.

Bueno verás… —James parecía un poco nervioso. —¡Sirius, Peter! —De pronto aparecieron los mencionados, que claramente estaban esperando su llamado desde la entrada de la enfermería. Remus no sabía que esperar, se comenzó a sentir un poco nervioso, sin saber porqué.

Nos tenemos que quedar, porque hay cosas de aquí que necesitamos. Teníamos que decírtelo los tres juntos, pero realmente, fue idea de James. —dijo Sirius, que se había sentado en la cama. Claramente no conocía límites de nada, pero Remus estaba más que acostumbrado.

Aunque Sirius fue quien leyó eso de que solo atacan a las personas, ahora que lo pienso… —dijo Peter, en un tono nervioso que le costaba superar a pesar de los años frente a dos amigos que claramente consideraba mejores que él.

Bueno, si nos ponemos a buscar así, podemos decir que fue McGonagall por convertirse en gato frente a nosotros y darnos esa brillante idea de volvernos Animagos, ¿no? Ah, ya lo dije, supongo… —soltó James, intentando parecer arrepentido de haberlo dicho pero claramente muerto de ganas hace tiempo de confesarlo.

"Animagos… Solo atacan humanos… ¿Qué?"

¿Qué has… dicho? —Remus no se atrevía a mirarlos. Su cerebro seguía procesando la información. Información que él sabía, siendo lo que era, pero que jamás en sus más alocadas fantasías había soñado.

Si ataste los cabos, Moony, lo que escuchaste. Nos vamos a convertir en Animagos, y nunca más pasarás una luna llena solo.

Cuando volteó a mirarlos, se encontró con las sonrisas más estrechas y emocionantes que recordaba en su vida. Y, sin poder evitarlo, a pesar de saber que era arriesgado y peligroso, o quizás por eso, y porque tenía a los mejores amigos de la historia y los mejores amigos que podía merecerse, se encontró a si mismo con la misma sonrisa y lágrimas en los ojos.

Y sin embargo, la próxima luna llena, la pasaría solo. Como había sido por más de diez años, gracias a uno de esos... amigos, que pensó lo acompañarían por siempre. Esta vez, al menos podrá ser dueño de su cuerpo. Aún no sabe si eso es bueno o malo…

Ha leído sobre la poción Matalobos. ¿Qué licántropo no lo ha hecho? Pero es tan excesivamente cara y complicada de hacer, que para quienes está destinada, es prácticamente imposible de acceder. La ironía... No es sorpresa que la mayoría de los hombres lobo vivan en su propia sociedad, alejados de magos y humanos, sobreviviendo por su cuenta, cuando nadie les facilita nada. ¿Debería sentirse afortunado de tener este trabajo?

Quiere pensar que no, que es un trabajo como cualquier otro y debería ser su derecho… Pero la vida no le ha sonreído ni un poco, así que se siente afortunado de pasar tranquilo al menos un día, últimamente.

Se encuentra a solas en su despacho, donde pasa la mayor parte del tiempo. Francamente, no le agrada convivir demasiado con los demás profesores, ni nadie en particular. Resulta muy doloroso, cada rincón de este lugar es como una daga. Un licántropo se puede acostumbrar al dolor, pero no al sufrimiento.

La luna llena caerá un Sábado… Si todo sale bien, quizás no tenga que perder un solo día de clases. Las primeras semanas resultaron agotadoras pero sumamente satisfactorias. ¿Quizás ser profesor realmente sea su vocación? Suelta una pequeña risa, que suena más como un bufido. Si lo viera Sirius…

¿Otra vez dando clases a los de primer año? —la voz de Sirius, como de costumbre, pareció aparecer de la nada. Pero Remus ya estaba acostumbrado, así que simplemente le ignoró, como todo un experto. Claro que Sirius también estaba acostumbrado a esto, y era persistente como un perro. Se sentó a su lado en la sala común, los chicos, que eran unos cinco, algo nerviosos con la intromisión.

...es así como se pronuncia el encantamiento. Solo practiquen, y verán que les saldrá a la perfección. Recuerden prestar atención también al movimiento de la varita. —Sirius solo lo miraba, y Remus le ignoraba completamente.

Gracias, Remus… Ya es tarde, ¡nos vemos! —exclamó uno de los chicos, y los demás le siguieron con una despedida.

Finalmente, Remus suspiró y volteó a mirar a Sirius. Al mismo tiempo se percató de que quedaron solos, y que realmente era algo tarde. Algo en su interior se revolvió un poco, de manera mas bien placentera. —¿Te gusta asustar a los pequeños? A veces me pregunto quién es el hombre lobo…

¡Ja! Yo solo vine a observar, tú eres el que disfruta tener poder sobre los demás. Primero Prefecto y ahora, ¿qué? ¿Profesor Lupin? —Remus se estremeció un poco, pero sonrió, muy a su pesar. Sirius sonrió aún más, mostrando los colmillos. —Ahh, con que te gusta, ¿eh? —se acercó a su oído, y Remus sintió que se derretía cuando los labios le rozaron la piel de la oreja —Profesor Lupin…

Estás volviendo esto sumamente perturbador, y quiero que lo sepas.

Sirius rió, esa risa que tenía como un ladrido, que cobró tanto sentido cuando se transformó por primera vez, y tenía el poder de calmar a Remus sin importar qué tan enfadado creyera estar.

¿Llamas perturbador a esto? —Sirius bajo la mano hasta tocar aquel bulto ya endurecido en su entrepierna.

¡Joder, Padfoot! ¡Cualquiera puede venir! —Remus le retiró la mano como si quemara, y Sirius se rió de nuevo. El descaro de aquel perro, maldita sea.

Pero ya, en serio… —Remus rodó los ojos, ¿una pregunta seria, de Sirius? —¿Te gustaría ser profesor? Ya sabes. Cuando salgamos de aquí.

Se encontraban por terminar sexto año. Cada vez, la situación fuera se tornaba más tensa. La inminente guerra estaba más cerca, prácticamente sobre ellos. Sirius y James no lo habían pensado dos veces al decidirse por el camino de convertirse en Aurores. Francamente, Remus no los veía en otro lugar. Peter no había necesitado muchos TIMOS, puesto que tenía familiares en el Ministerio que le asegurarían un puesto como mínimo decente. Remus sabía que tenía un historial bueno, podría decirse que incluso sobresaliente… Desde el año anterior, había tomado como pasatiempo dar clase a algunos grupos de chicos de años inferiores, aquellos considerados "inadaptados" como él se consideró alguna vez, que tenían problemas con la sociedad o simplemente con las clases. Le resultaba llenador, de cierta forma. Pero en el fondo sabía que no podría aspirar a mucho, no solo por la guerra, si no por lo que era y nunca dejaría de ser.

Suspiró y finalmente respondió. Realmente no pasó mucho tiempo, tan solo unos segundos. Sirius esperaba paciente. —No importa lo que yo quiera. La gente como yo…

Moony, cállate. —Remus volteó, se encontró a Sirius con ojos cerrados y expresión un tanto exasperada. —Te pregunté si querías ser profesor, no te pedí que me vinieras con tus tonterías de que los licántropos blah blah. De eso nos haremos cargo después, ¿te queda claro?

Remus decidió no responder, y en su lugar decidió ser el insensato por una vez. Tomó a Sirius por ambos lados de la cara y le besó, cálido, húmedo y, para desgracia de ambos, rápido.

Sí, me gustaría ser profesor. Cuando todo termine. Sería interesante… Tal vez si yo fuera profesor, podría poner en su lugar a los próximos alborotadores. —miró hacia el techo, como si lo considerara seriamente.

Sirius sonrió, recuperándose de la agradable sorpresa. —¿Ah, sí? Vamos arriba, profesor, y veamos si puedes ponerme a mí en mi lugar…

Remus se presiona las sienes con las manos, sintiendo el dolor de cabeza aproximarse. Quizás salir a tomar un poco de aira no le venga mal. La luna llena se aproxima.