Aunque no te conozca y aunque puede que nunca llegue a verte, a reírme contigo, a llorar contigo o a besarte, te quiero, con todo mi corazón, te quiero. "V de Vendetta"
Hay en momento en la vida en el que todo tu mundo se para.
En el que te encuentras en un constante estado de tristeza.
Donde todo lo haces mal, donde todo te hace llorar y nada te arranca una sonrisa.
Así estoy yo desde que él decidió, tras un extraño momento de reflexión quizá, o simplemente porque él es así, dejar de hablarme... dejar de estar conmigo.
Decidió alejarme de él.
Y duele.
Mi puño choca con fuerza contra la puerta de madera de roble. Una. Y otra. Y otra vez.
Desistiendo en mi esfuerzo me alejo, sentándome en el suelo de piedra y apoyando mi cabeza contra la pared, suspirando.
No me importa esperar. Nunca me ha importado esperar. Soy una mujer paciente.
Pero supongo que toda la paciencia tiene un límite y yo llevo aquí una hora en compañía de las antorchas y la puerta de roble. La maldita puerta de su despacho.
Había venido a tratar de aclarar por qué razón se ha vuelto tan condenadamente frío. Vale que es un hombre frío de por sí, pero ahora conmigo se comporta como un témpano de hielo cuando estábamos, a mi parecer, mejorando bastante nuestra extraña relación. Hasta que él decidió cabrearse como un niño.
Ahora hace ya varios días que no hablamos, que ni él tiene gana de aclarar las cosas, ni yo la tengo. O eso quiero creer. Al fin y al cabo, soy yo la que está frente a su puerta como de costumbre. Prefiero no pensar en el hecho de que, probablemente, él ni siquiera se acuerde de mí y no le preocupe mi existencia.
- Por favor, ábreme - susurro en un estúpido intento de que me escuche. Me abrazo las rodillas tratando de mantener el calor que las frías mazmorras me están arrebatando.
No sirve de nada engañarme. Él está ahí dentro y no quiere salir. Le es indiferente lo que yo piense o mi propio esfuerzo de saltarme el toque de queda por tratar de...¿Qué? ¿Hacer cambiar de opinión a un hombre de casi 37 años? Que además es la persona más cabezota que he conocido.
Admitiendo mi derrota me pongo en pie, decidida a volver a a mi habitación. Habría sido buena idea pedirle a Harry su capa de invisibilidad para evitar problemas, pero simplemente he actuado por instinto viniendo aquí en primer lugar.
Tampoco me importa.
El hecho de reconocer mentalmente que no le importo lo más mínimo me ha dejado en un completo estado de depresión.
De repente piso algo blandito que se escabulle entre mis pies. Bajo la mirada y trato de encontrar al causante de esa extraña sensación.
- Vaya, vaya, vaya - levanto la mirada encontrándome a Filch deslumbrándome con esa antorcha suya y a la propia señora Norris maullando entre sus piernas. Crookshanks era mucho mejor gato que esa cosa. - una alumna fuera de la cama.
Empalidezco. Esto es lo último que necesito para que mi día se destroce totalmente. Filch termina por arrastrarme por el pasillo, explicándome en qué iba a consistir mi castigo y cómo anteriormente las torturas eran mucho mejor para la educación de los alumnos. No le escucho. Mi mente sigue quieta frente a esa puerta de roble, esperando sin perder la esperanza.
La Dama Gorda me permite pasar, mirándome de forma bastante reprobatoria. No era para menos. Me encuentro a Ginny en los sofás, con su pijama de ositos, cruzada de brazos.
- No estabas en tu habitación - explica como si eso fuese todo lo que me tuviese que decir.
Me acerco a ella cabizbaja y me siento en el sofá, a su lado.
- Oh Ginny, soy una idiota - me auto lamento agarrando un cojín como apoyo moral - Una completa imbécil.
Mi amiga se pasa la mano por la cara, claramente cansada.
- ¿Snape? - asiento.
- Severus.
- Que Merlín nos ayude, ya hasta le llamas por su nombre - mi amiga mira unos segundos al infinito, como procesando la información que acaba de llegarle. - Sólo te falta enamorarte de él para destrozar completamente tu vida.
Aprieto los labios y frunzo el ceño, pensativa. Enamorarse de Snape, una completa locura. Ese hombre no tiene nada de atractivo... Salvo su mirada. Adoro cuando me mira , clavándome esos ojos negros como si fuese un aperitivo. Y su sonrisa ladeada, sarcástica, acompañada de esa ceja que se levanta...
Cierro los ojos.
Tiemblo cuando acerca las manos a mi cara y las pasa como acariciando una flor. Muero cuando me agarra de la cintura y me atrae hacia él, como esa vez cuando casi estrello mi cara contra el suelo de su despacho. Sí, definitivamente es incontrolable la sensación que me recorre el cuerpo cuando me agarra de la cintura, tengo un claro ganador.
¿Y si me besase? Mi corazón late con más fuerza ¿Qué sentiría si sólo con verle ya tengo ganas de...
- Hermione, te estás mordiendo el labio y sonriendo como una idiota.
La voz preocupada de Ginny hace que vuelva a abrir los ojos, parpadeando varias veces para volver a la realidad. Me sonrojo como Ron cuando clavo la mirada en la de Ginny.
Oh no, no no no no.
No puede estar pasando.
No puede haber ocurrido.
Esto es inmoral.
Esto es...es...enfermizo.
Es absurdo.
- ¿Hermione? - Ginny alarga el brazo hacia mí, frunciendo el ceño - Por favor, no entres en pánico.
¡Podría estar casado!
¡Nos llevamos 20 años!
Es...Es...
- ¡Es Snape! - exclamo llevándome las manos a la boca. Oh Merlín.
- Sí Hermione, estamos hablando de... - Ginny eleva las cejas con expresión sorprendida - Oh. - se ríe - Vamos Hermione, casi...casi me creo una completa...nah, es imposible.
- Ginny, creo que estoy enamorada de él - hablo con un hilo de voz. Mi amiga se ríe más estridentemente y le tapo la boca, con miedo de que se despierte alguien...como Ron.
- Merlín Herms, es la primera vez que me sigues una broma - se aparta unas lágrimas imaginarias dejándose caer en el sofá - Enamorada de Snape...
- Hablo en serio. Estoy enamorada de Severus Snape.
Mi amiga se levanta como un resorte y se acerca a mí, agarrándome la cara y mirándome a los ojos.
- Repítelo - me aprieta los mofletes.
- Estoy... - la aparto, incómoda - Estoy enamorada de Severus.
Se echa las manos a la cabeza.
- Oh no. Vale Hermione - suspira, tratando de tranquilizarse. Creo que la que debería estar tranquila es ella - Vale. Aún no es demasiado tarde. ¡Snape es repulsivo! - exclama en un susurro.
- Tiene una belleza varonil, en mi opinión - aprieto los labios con las mejillas sonrojadas.
- Belleza varo... - me mira fijamente y niega, tratando de apartar una hipotética imagen mental - Es desagradable.
- A mi me parece encantador su humor irónico en ocasiones, sus ojos cogen un brillo juguetón - me muerdo el labio.
- Es viejo.
- Siempre he tenido cierta preferencia por las personas maduras, responsables, inteligentes... - elevo los hombros - Ya sabes que me gustan mayores. ¿Recuerdas ese chico de séptimo de hace unos años?
- Es el peor profesor que hemos tenido en Hogwarts, y simplemente es inaguantable.
- Siendo honesta me parece el mejor profesor que hemos tenido - Ginny abre la boca sorprendida - ¡Lo digo en serio! Un profesor no se mide por sus conocimientos, que los de Severus son bastante extensos además...Se mide por su pasión, por su entrega, por su tiempo. Éso hace a un profesor bueno a malo. Créeme que Snape es de los buenos. Mira las pociones de una forma... Y cuando explica pone el alma en sus palabras. Adoro escucharle explicar cualquier cosa.
Ginny suspira, elevando las manos al aire.
- Estás condenada. Es demasiado tarde - dramatiza - ¿En qué momento ha pasado esto Herms?
Niego, deseando llorar.
- Ojalá lo supiese. Y encima hoy he ido a verle por la pelea extraña inexistente que tenemos y ni siquiera se ha dignado a abrirme la puerta - la miro, con los ojos cristalizados - No existo para él Ginny.
- Oh vamos, no digas eso. Seguro que Snape...eh... Puede sentir y eso. - se acaricia la nuca bastante incómoda.
- Para colmo Filch me ha cazado y mañana tengo que ir al invernadero 2. La profesora Sprout parece haber tenido un problema con una plaga.
- Necesito digerir esto Herms, lo siento, no me veo capaz de hablar ni para consolar. ¡Creí que te gustaba mi hermano!
Elevo los hombros
- Me gusta. Pero no es...no es él.
- Gracias a Merlín - Ginny se levanta - Me voy a tener pesadillas, digo, a reflexionar sobre esto. - sonrío desganada ante el comentario - Vamos, tú también tienes que irte a dormir.
Le doy las buenas noches y entro a mi cuarto, dejándome caer sobre la cama. La situación aún me parece tan absurdamente irrealista...Enamorada de Severus Snape.
Mi mente vuelve a jugarme una mala pasada y recuerdo los acontecimientos de esa noche. La puerta cerrada de roble se forma de nuevo en mi mente y mis ojos se cristalizan, aplastando mi corazón.
Él no sabe que existo.
A él no le importo.
Él no me quiere.
Las lágrimas comienzan a correr por mis mejillas y lanzo un pequeño sollozo lleno de dolor. ¿Quién podría amar a Hermione Granger? La sabelotodo insufrible, la prepotente...Ni siquiera Harry y Ron me querían en un primer momento.
Entro a la cama y me hago un ovillo, sollozando y sorbiendo, tratando de olvidar.
Los rayos del sol me golpean la cara y parpadeo varias veces, tratando de acostumbrarme. Me yergo en la cama y me toco la cara todavía húmeda. ¿En qué momento me he quedado dormida? ¿He seguido llorando?
- Hermione - miro hacia Lavender, que bosteza entre frase y frase - Es sábado. Son las nueve. Baja la cortina.
Como si yo quisiese estar despierta. Corro la cortina (más que bajarla) y me visto rápidamente. Prefiero no mirarme en el espejo, debo tener un aspecto horrible después de pasarme la noche llorando.
Me muevo rápidamente por los pasillos de Hogwarts, saliendo al patio exterior en unos minutos. Encuentro a la profesora Sprout frente al invernadero 1, esperándome.
- ¡Madre mía señorita Granger! Tiene un aspecto horrible - le doy las gracias mentalmente por el apoyo mientras coloca su mano sobre mi hombro - No se preocupe chiquilla, no es la primera ni la última que sale por los pasillos cuando no debe, no se preocupe. Es normal.
"Si realmente supiese lo que me ocurre..."
- Vayamos al invernadero 2. ¡Ha crecido una plaga en las zonas de plantar! Es inexcusable, ni siquiera soy capaz de explicarme cómo ha pasado esta catástrofe.
- ¿Qué plaga? - pregunto ya con curiosidad justo cuando cruzamos las puertas del invernadero.
Mis ojos se abren, brillantes, y mi respiración se corta de golpe.
Hay un manto de rosas azules frente a mí, saliendo hasta de entre las patas de las mesas.
- Es una barbaridad. Algún alumno ha tenido que lanzar esas malditas semillas de rosas para destrozar mis clases. Pero eso no pasará mientras yo esté al mando de este lugar... ¡No señor!
La profesora se acerca a una de ellas y la arranca con fuerza. Yo lanzo un grito.
- ¿Qué le sucede señorita Granger? - se gira hacia mí - Vamos, no muerden. Hay que quitarlas todas. Éstas malditas plantas sólo pueden arrancarse a mano, son prácticamente inmunes a la magia.
- Yo... - niego, abrazándome a mí misma - Creía...Creía que las rosas azules no existían, que eran sólo un mito.
Sprout me mira pensativa.
- Ciertamente nunca he oído que haya en el mundo muggle, aquí son bastante comunes - me mira con su cara bondadosa y comprensiva - ¿Qué le sucede? Parece a punto de llorar.
Sonrío.
- Hace muchos años, antes de conocer el mundo mágico, leí un cuento sobre las rosas azules. Iba sobre una historia de amor. - me sonrojo - El caso es que explicaban que la rosa azul es una flor extraordinaria, imposible de conseguir de forma natural y expresa la necesidad de transmitirle a una persona que es única, especial e imprescindible en tu vida.
La profesora me mira como si estuviese loca, pero yo continúo hablando, agachándome para acariciar un pétalo.
- Son una declaración de amor eterno, un amor que duele y cuesta, imposible y platónico - mis ojos brillan - Dicen que nunca se marchitan.
- ¡Eso es una tontería! Todo se marchita - comenta con tristeza Sprout.
- Supongo que sí - le doy la razón - Pero el significado más hermoso es el deseo. No un deseo cualquiera sino el deseo más profundo sobre algo imposible. Es el significado de aquello que no se puede alcanzar o que está lejos...No a algo material, más bien...espiritual - me quedo pensativa. Deseos misteriosos y profundos que no... - mi voz se transforma en un susurro - Que no se revelan.
- Los muggles son sorprendentes - comenta impresionada la profesora.
Me alejo de las flores y me pongo en pie de nuevo sin dejar de mirarlas.
- Siempre he deseado que alguien me regalase una - admito con un susurro - Es...es uno de los pocos sueños que tengo en mi vida.
"Junto con obtener un beso de Snape, parece"
- Qué imaginación tenéis los adolescentes - sonríe como si no le hubiese dado la mayor importancia - Venga chica, vamos a quitar estas cosas.
Me echo hacia atrás mirando cómo va a volver a arrancar otra flor cuando me choco contra algo duro.
- Pomona - la voz siseante de Snape se escucha justo a mis espaldas. Me tenso completamente y me erizo - Levántate del suelo, creo recordar que tenías un problema de espalda.
La mujer se pone en pie sonrojada y mira a mis espaldas. Yo me mantengo quieta.
- ¡Severus! Qué galante, no tenía constancia de que lo supieses - se limpia las manos de tierra en el delantal.
- No lo sabía, Albus me ha... pedido amablemente - remarca esa palabra irónico - que viniese para que te tomases un descanso. Con la ayuda de - se queda unos segundos en silencio - la señorita Granger - dice por fin - No tardaré mucho.
- Muchísimas gracias Severus - le da unas palmaditas en el hombro y Snape gruñe. La mujer no parece notarlo, porque sale felizmente del invernadero - ¡Lo dejo en tus capaces manos! - exclama ya desde fuera.
Una vez solos, Snape se mueve para colocarse delante de mi con las flores tras su espalda. Se cruza de brazos frente a mí.
Yo trato de no mirarle a los ojos. O mejor, trato de no mirar a su ser.
- ¿Tan enfadada está?
- Estuve una hora esperando en el pasillo - susurro como si el suelo fuese lo más interesante en ese momento.
- Algo que aprecio - admite él - pero estúpido. No iba a abrir la puerta. Necesitaba... pensar. - se gira hacia las rosas - No conocía su lado vomitivo.
- ¿Vomitivo? - exclamo enfadada.
- Toda esa estupidez del amor verdadero no existe Granger, espero que lo sepa. Y tengo que arrancar esas cosas.
- Ya sé que tenemos que quitar eso, pero no puedo - niego alejándome - No puedo.
Él me agarra de la mano antes de que salga corriendo y me acerca a su cuerpo.
- He sido bastante claro - sisea - He dicho VOY, no VAMOS - me recorre con la mirada y luego me suelta, volviendo a prestar atención a las flores.
Yo le miro confusa, restregándome las manos nerviosa. ¿Qué?
- No le voy a hacer verlo - me mira de nuevo con desinterés - Así que largo, tengo trabajo.
Yo me quedo en el sitio, observándole mientras se agacha y cierra el puño en torno al primer tallo que encuentra a su paso.
- ¡No! Por favor, no lo haga, son seres vivos - mis ojos se cristalizan de nuevo, soy una sentimental.
Snape bufa.
- Creo, señorita Granger, que he sido bastante comprensivo con usted. Excesivamente, diría yo - se corrige - Largo antes de que cambie de opinión.
- Por favor señor, no puede hacerlo, tiene que haber alguna forma de...de salvarlas - arrancar esas flores es como arrancar mis sueños. Ya ni siquiera recuerdo mi enfado con Snape, que cada vez parece más iracundo.
- ¡No hay ninguna otra manera Granger! - exclama poniéndose en pie - Yo ni siquiera tenía que estar aquí, simplemente escuché al celador anoche y vine a ver qué ibas a hacer estúpida.
Me quedo completamente quieta, con mis ojos clavados en Snape, y un millón de preguntas se forman en mi mente. Él cierra los ojos como si no hubiese querido decir eso.
- ¿Cómo escuchó al celador? - no entiendo nada.
- Salí del despacho para comprobar que llegaba a su sala común - admite de forma bastante gruñona.
- Salió para... - me acerco a él - comprobar mi seguridad.
Snape mira hacia otro lado.
- Responsabilidad.
Cuando estoy justo frente a él abro los brazos y le abrazo. Snape se tensa, hasta que se relaja pasando sus brazos en torno a mi cintura.
Le beso la mejilla, y bajo los besos a lo largo del cuello. Él cierra los ojos.
- Granger qué... - me aprieta con más fuerza - Para. No pued...¡Granger!
Le acaricio la cara y paso mi mano por su nuca. Me quiere. Se preocupa por mí. ¡ME QUIERE! Le aprieto con las uñas contra la piel y deja soltar una respiración brusca.
- Esto es una estupidez - susurra acariciándome la parte baja de la espalda - Unas flores no tienen que coaccionarte.
Me alejo un poco de él para mirarle.
- ¿Coaccionarme? - entorno los ojos - ¿Cómo van a coaccionarme unas flores?
- Sé que son importantes para ti, y las he defendido - me mira con tristeza - Pero eso no significa que tengas que...confundir sentimientos.
Frunzo el ceño.
- No estoy confundiendo sentimientos.
- Créeme Granger, estás confundiendo sentimientos. - aparto la mirada hacia el suelo.
- Estoy enamorada de usted.
Un silencio pesado se forma en el invernadero mientras mis mejillas se tornan completamente rojas. No comprendo cómo he sido capaz de soltar eso. Cierro los ojos temerosa, mientras Snape se aleja de mí.
- ¿Me lo puede repetir? - pregunta, volviendo al usted.
"Maravilloso"
Niego brevemente, tratando de tapar mi cara con los rizos.
- No creo que sea capaz señor - susurro con la poca voz que me queda.
Ahora, sintiéndole lejos, me vuelvo a entristecer. ¿Por qué he tenido que decirlo o que volverme loca de esa manera? Posiblemente él no sienta nada y se ha ido.
- Abre los ojos Hermione.
Se me forma un nudo en el estómago al escuchar mi nombre, una estampida de elefantes. Mis manos tiemblan y mi respiración se acelera. Ha dicho mi nombre.
Poco a poco voy desplegando los párpados, dejando que mis ojos se inunden con luz azul. Proveniente de una rosa frente a mí. Sujeta por Severus Snape.
El tiempo, para mí, se detiene. Él sonríe de medio lado, claramente incómodo, y me tiende la flor.
- Vamos, cógela ya. O quémala. O haz lo que quieras con ella. Pero quítamela de una maldita...
Me acerco a él, acariciándole la cara, y rozo sus labios con los míos. Snape guarda silencio, con la boca entreabierta y una mirada desconcertante.
- ¿Puedo besarle? - mi sentido de la responsabilidad me obliga a formular esa pregunta.
Snape no me responde, simplemente junta sus labios contra los míos suavemente. Suspiro en pleno beso, volando en una nube. El propio Snape se aparta, acariciándome la mejilla con el pulgar.
- Conseguiré quitar esas tontas flores sin matarlas. ¿Estás contenta?
Vuelvo a besarle en respuesta y Snape me levanta del suelo, abrazándome. En ese mismo instante siento que no le conozco, que no sé lo que piensa, que no le comprendo.
No es más que un desconocido.
Pero un desconocido al que amo.
