Amaba la soledad, porque en su seno, dando rienda suelta a la imaginación, forjaba un mundo fantástico, habitado por extrañas creaciones, hijas de sus delirios y sus ensueños de poeta. "El rayo de luna, Bécquer"
Tras la tormenta llega la calma.
Y mi calma ha sido él.
Mi apoyo, mi confidente, mi amigo, mi amante.
Él es la única persona en la confío, con la que confieso mis más profundos pecados. Es mi llanto y mi sonrisa, mi fiel soldado, defensor de mi corazón.
A él le confiaría mi vida.
Por el sacrificaría mi vida.
- Adoro cuando lees en voz alta.
Snape aparta los ojos del libro y los clava en los míos.
- No le veo nada de interesante - cierra las leyendas y las coloca sobre la mesa de su escritorio, reclinándose en la silla - ¿Estás cómoda en mi sofá?
- Sí, gracias - sonrío acurrucándome. Sé que me está mirando, pero sinceramente me da igual. Este sofá es demasiado cómodo.
- No tenías que responderme, era irónica - se levanta, acercándose a donde estoy. Yo sonrío juguetona, haciéndome la dormida - Vamos Granger, no cuela. Me acabas de hablar. Dudo que tu capacidad para dormirte sea tan alta.
Sonriendo como una niña aplasto la cara contra el brazo del sofá.
El sofá se aplasta, notando un peso nuevo sobre él. Yo me sonrojo poderosamente y me muerdo el labio, mirando de reojo con curiosidad a mi lado.
Él simplemente me pasa la mano por el pelo.
- Si te vas a hacer la dormida, te recomiendo que no contengas la respiración - gira la cara para observar la mía - Ni trates inútilmente de mirarme.
Me yergo, sentándome a su lado de brazos cruzamos.
- Eres un aburrido Severus - Snape rueda los ojos.
- Siempre. No me gusta jugar - refunfuña.
- ¿No? - pregunto con una sonrisa gatuna. Me río un tanto incómoda al ver su expresión de incredulidad.
- Haré como que no he oído nada - susurra mirando hacia otro lado.
Ambos nos quedamos en silencio, esperando que alguno inicie la conversación. O quizá él está cómodo. A mi me parece un silencio bastante incómodo. Como no puede ser de otra forma abro la boca y empiezo a hablar.
- Vendrás conmigo al baile ¿no? - estoy bastante ilusionada con todo el tema.
- ¿Baile? - pregunta claramente asqueado - ¿Qué baile? ¿Se está celebrando el torneo de los tres magos otra vez y no me he enterado? - sonríe de medio lado de forma cruel - O debería decir cuatro, ante la estúpida necesidad de Potter de hacerse de notar.
- Es mi amigo.
- Puedes ser amiga de todos los idiotas que quieras, eso no les retira su condición - me apoyo en su hombro y él me mira desde arriba, al parecer bastante cómodo con la situación - O quizá pesques cabezas huecas, como Weasley y su extraña necesidad de babear por cualquiera.
- Ya vale - le doy un golpe que no parece haber hecho demasiado efecto.
- Viviré coaccionado sin poder decir lo que pienso... - susurra rodando los ojos, aburrido - Me robas uno de los pequeños placeres que me quedan en la vida.
Yo imito su gesto y vuelvo al tema, quitándole importancia a los comentarios sobre mis amigos.
- El profesor Dumbledore dijo que hay que promover la esperanza en estos tiempos de debilidad y...
Sus ojos brillan con entendimiento durante unos segundos y luego bufa, completamente disgustado.
- Ah sí - me corta - La fantástica idea de Albus - se acaricia el puente de la nariz - Sus absurdas ocurrencias me dan dolor de cabeza.
Le acaricio el hombro dando vueltas con el dedo. Él me mira de reojo, suponiendo lo que le voy a decir.
- Entonces... ¿vendrás? Con esa maravillosa túnica de gala tuya.
- Sabes que no me gustan éstas...celebraciones - suspira - ¿No deberías irte a arreglarte? -Oh no, no te vas a librar de mí.
- Me pondré un vestido verde - trato de convencerle - Por favor. Renuncio a los colores de mi casa por ti.
Se acaricia la barbilla. Yo le miro espectante.
- Iré - contengo un grito de alegría - Pero no contigo. No puedo y lo sabes - mi alegría desaparece - Está prohibido.
- ¿Desde cuándo te preocupa lo que está prohibido? - refunfuño alejándome de él.
- Desde que muchas vidas dependen de que no acabe en Azkaban dejando así de informar a Albus sobre los movimientos del señor Tenebroso. - tamborilea con los dedos sobre el brazo del sofá - Es ilógico que te enfades, sabes que tengo razón.
- Lo sé - me levanto, derrotada - simplemente me hacía ilusión ir contigo. Es dentro de unas horas y Ron me ha estado insistiendo por una respuesta. No tengo excusas para decirle que no.
- Dile que sí - responde apretando los labios. Ni a él parecía gustarle la idea. - Yo te estaré mirando - se acerca a mí y junta sus labios con los míos.
- Te quiero - le sonrío.
- Lo sé - entorno los ojos, esperando otra respuesta - Tienes que irte.
Me levanto, me despido de él con la mano y salgo del despacho, apoyándome en la puerta cerrada. No esperaba que me lo dijese. Sé que él es un hombre de pocas palabras, que lo que siente lo demuestra a través de gestos. Aún así...
Negando brevemente empiezo a caminar hacia la sala común. Posiblemente Ginny me está esperando desde hace un buen rato histérica para prepararnos. No es culpa mía: Cuando estoy con Severus el tiempo se me pasa volando, demasiado rápido para mi gusto.
Al entrar me encuentro con Harry y Ron jungando al ajedrez, ambos ya con trajes de gala. Este año y sabiendo que iba a haber un baile, Harry le ha comprado a Ron un traje...aceptable. No como el de hace unos años. Tampoco creo que importe mucho, pero para él es importante no hacer el ridículo entre los estudiantes.
- ¡Hermione! - exclama Harry saludándome con la mano. Ron se gira para comprobar que realmente estoy y vuelve a la partida. - Ginny ha estado como una completa loca buscándote.
- ¿Os ha hecho cambiaros a vosotros?
Harry me sonríe como si no tuviese remedio.
- ¿Lo dudas?
- Jaque Harry, atiende - mi amigo se gira hacia Ron y observa el tablero.
- ¡Cómo puede ser que siempre pierda contigo!
Bastante entretenida subo a mi habitación, encontrándome con Lavender y Parvati como locas rebuscando en sus baúles.
- ¡Cómo puedes estar tan tranquila Hermione! - me grita la chica completamente histérica.
Elevo los hombros. No me interesa demasiado, exceptuando porque Severus me verá. Abro mi baúl y saco un vestido negro largo sin poder evitar sonreír.
- ¿Vas de negro Hermione? - elevo una ceja. Eso es bastante obvio - Creo que el rosa te favorece más. El negro es tan...serio.
- Di más bien tan Snape. Horroroso - Lavender saca un vestido rojo corto - Yo ya estoy lista para enfundarme en esta maravilla. Seguro que Ro-Ro se fija y se da cuenta de que...
Dejo de escuchar la conversación y me encierro en el cuarto de baño. En pocos minutos tengo el vestido puesto y el pelo recogido con un movimiento de varita. No entiendo a qué viene tanto escándalo si con la magia puedes estar lista en breves segundos. Me miro coqueta al espejo. ¿Y si...? No, no es buena idea. Aunque...
Con un nuevo movimiento observo mis ojos maquillados de negro. Así tengo una mirada mucho más penetrante. Mucho más Snape. No es mi estilo pero, sinceramente, podría acostumbrarme.
Salgo mirando el estropicio que han creado tanto Lavender como Parvati. Normal que luego nos llamen locas a todas las mujeres.
- ¡HERMIONE! - el grito de Ginny hace que pegue un grito - Oh Merlín. ¡Estás tan perfecta! ¿Sabes cuánto tiempo he estado esperando? - me vuelve a echar otro vistazo y aprieta los labios, entendiendo mi look - ¿No está preciosa Ron?
- Eh...yo...eh...
- Idiota - sisea Ginny y se agarra del brazo de Harry - ¿Estáis listos?
- Tú también estás espectacular Ginny.
Ron me agarra torpemente del brazo aclarándose la garganta. Me parece levemente adorable.
- Bajemos al Gran Comedor - comenta Harry tirando de Ginny absolutamente feliz.
Yo no puedo sonreír de esa manera. Estoy excesivamente nerviosa, y me siento incapaz de moverme siquiera.
- Va-vamos Hermione.
Giramos el pasillo dirigiéndonos a las escaleras que conducen al Gran Comedor. Ron a mi lado no deja de recolocarse la pajarita, o de pasarse la mano por el pelo.
- Estás bien Ron - trato de detener sus movimientos nerviosos.
Cuando llegamos a lo alto de las escaleras, sin poder evitarlo, mis ojos se clavan en los de Severus, que ya estaba allí esperando.
Harry y Ginny bajan entre saludos y risas. Ron trata de tirar de mí, pero me mantengo quieta en el sitio sin poder apartar la mirada de Snape. Ni él parece querer apartarla de mí.
El corazón se me dispara en el pecho. Le veo acercarse a las escaleras con determinación en los ojos.
Inconscientemente, como si un hilo invisible tirase de mí suelto el brazo de Ron y empiezo a bajar las escaleras.
Sé que Ron está diciéndome algo, sé que todo el mundo me mira, sé que estoy montando una escena. Pero todo mi tiempo se para y mis sentidos se agudizan. Soy capaz de escuchar el vestido rozar contra los escalones, el olor de su colonia desde aquí, la extraña sensación de calor que empieza a recorrerme todo el cuerpo.
Él extiende su mano hacia mí y yo estiro el brazo, dejando que las yemas de nuestros dedos se rocen sutilmente. Sin dejar de mirarnos Snape termina de cogerme la mano, y ambos entramos al baile entre un extraño silencio.
Aún así, a mí no me importa. Sólo existe él, sólo me mira él, sólo estamos él y yo en esa sala inundada por la música.
No tarda mucho en cogerme de la cintura y comenzar a moverse. Simplemente dejo que me lleve, dando vueltas y vueltas hasta que nos quedamos parados en mitad.
- ¡QUÉ DIABLOS ESTÁ PASADO AQUÍ! - escucho el grito de Ron a lo lejos.
Severus me pasa el dorso de la mano suavemente por la mejilla. Yo cierro los ojos, disfrutando de esa sutil caricia contra mi piel.
- Supuse que estarías hermosa Granger, pero jamás supuse que fueses un ángel. - mantiene el pulgar sobre mi barbilla.
- Un ángel negro más bien - le sonrío entornando los ojos, demasiado cómoda con la situación.
- Son mis favoritos - me susurrra contra el oído y me alejo de él, aunque no demasiado. Me tiene bien agarrada contra él.
- ¿Qué ha pasado con eso de acabar en Azkaban? - pregunta mi lado racional empezando a ser consciente de la situación.
- ¿Vendrías a visitarme?
- No sé cómo dudas eso. - bufo medio insultada.
- Entonces no lo pienses más.
Cierra los ojos, me agarra la cara y devora mis labios con ganas. Escucho varios gritos ahogados justo antes de engancharme a su cuello.
Él abre los ojos, agarrándome para no resbalarme.
- Te amo Hermione.
Mi mundo se para y se centra sólo en él. No. Él es mi mundo. Mi felicidad. No existe nadie que no sea él.
- Yo también te amo Severus.
El hombre eleva las cejas con una sonrisa entretenida. Sinceramente eso me preocupa enormemente.
- ¿Comentamos algo de juegos antes?
Me río estruendosamente y me abrazo a él. Ya no existe duda alguna. Mi mundo es Severus Snape.
