Pasaron una o dos semanas en las que los rumores cada vez eran más grandes. Seleria no se separaba para nada de su hermano, dejando a sus amigos de lado. Con la esperanza de evitar y olvidar los sentimientos que amontanaban su cabeza, se había hundido en los libros, ayudando a Tom en busca de un remedio para la inmortalidad. La chica no se lo tomaba muy a pecho, más bien lo veía como pura curiosidad que no le hace daño a nadie.

Suspirando, deja el quinto libro que ese día se había dedicado a leer sobre el montón girándose para encarar los ojos de su hermano. Al notar el ruido a su lado, Tom aparta la vista de su libro y la mira.

- ¿Ocurre algo? - pregunta claramente con un deje de preocupación ocultado tras una ceja levantada.

- Esto es exhasperante...Sinceramente creo que no existe un hechizo capaz de producir la inmortalidad Tom. Hay algunos que te alargan los años de vida, como la Piedra Filosofal, pero nada puede hacerte vivir para siempre - comenta con la voz seguida por una suave negación de cabeza - Es imposible.

- Nada es imposible - responde su hermano dejando su libro en la mesa.

- Tom, casi nos hemos leído todos los libros de la biblioteca...

- De toda la biblioteca no, únicamente de la parte no restringida, es decir, la de magia blanca. - su hermana parpadea un poco sorprendida.

- ¿Estás pidiéndome indirectamente que entremos en la sección Prohibida?

- No te estoy pidiendo que entremos, te estoy pidiendo que aprendamos Magia Oscura...

- ¿No te has enterado acaso de lo que le ha pasado a la hermana de Andrómeda, Bellatrix? - hace una mueca de disgusto al nombrar a su amiga - Dumbledore la cazó leyendo Magia Oscura, está completamente consumida y loca.

- No tenía su mente preparada...al igual que tú - la chica levanta rápidamente la cabeza - ¿Sabes lo que es la Legeremancia?

- La intrusión de una persona en la mente de otra, conociendo así sus sentimientos, pensamientos y recuerdos. - mientras su hermana responde, Tom se levanta y coloca los libros con magia en sus lugares correspondientes. Callado, comienza a andar hacia la puerta a sabiendas de que su hermana le seguía.

- Exacto Seleria, una manera realmente eficiente de conseguir información y que otros la consigan. - caballerosamente y con un movimiento suave, permite a la chica pasar por la puerta frente a él. Seleria se sorprende ante esa...atención poco acostumbrada a estar en su hermano pero decide callar por el momento.

- ¿A dónde quieres llegar con esto? Recuerda que esta búsqueda de la inmortalidad nos ha restado tiempo para los TIMO's... y que son la semana que viene. ¿A dónde vamos?

- Respecto a tu primera pregunta, quiero enseñarte y a la segunda cuestión, lo tengo en cuenta, los TIMO's no son un problema para nosotros - la mira de reojo - Bueno, puede que para ti medianamente en pociones. Vamos a Hogsmeade.

- ¿Qué vamos a hacer en Hogsmeade?

- Descansar. Te has ganado un poco de jugo de calabaza.

Seleria bufa claramente enfadada. Vale, su hermano y ella estaban muy unidos pero ¡eso no era razón para que él tomase siempre todas las decisiones! Además de que eso no podía ser así. Tom jamás le diría eso.

- Hay algo que me ocultas - advierte refugiándose en una enorme bufanda de color verde y plateado

Tom rápidamente pasa su brazo sobre sus hombros sin dejar de andar, cosa que desconcierta el doble a la chica.

- ¿Qué...?

Entornando los ojos, gira la cabeza para descubrir a Regulus y a Andrómeda con los ojos muy abiertos de la sorpresa por el gesto y, un poco más atrás, a la pelirroja y a Severus.

- ¿Sabías que iban detrás? - se gira enfadada hacia su hermano, que levanta los hombros.

- No me exijas Seleria

Callada y obediente, permanece todo el camino soportando el peso del brazo de su hermano sobre sus hombros. Nada más entrar en las tres escobas y pedir, Tom clava los ojos en ella.

- Comenzaremos las clases ahora mismo...

Tras estar toda la mañana investigando y la tarde leyendo, la chica cae rendida en la cama sin tiempo para estudiar un poco para los TIMO's. Le gustaba pasar tiempo con Tom pero verdaderamente añoraba a sus amigos. Ahora mismo deberían estar yendo hacia el Gran Comedor para cenar y meterse con esos Merodeadores de Gryffindor. Unos toques en la puerta de su habitación hacen que se tumbe con una cara indiferente y clave los ojos en Andrómeda.

- Hola Sel... oye, los chicos y yo sabemos que estás pasando el tiempo con Tom pero nos has dejado un poco de lado...

- Sabes que no sois ni Reg ni tú Andro, es por...

- Por Severus, lo sé - se sienta al borde de la cama - Y por la Gryffindor. Está enamorado de ella, déjalo estar.

- Y ella lo único que hace es utilizarle...

Al ver que su amiga no estaba por la labor de cooperar, Andrómeda cambia de tema.

- Y... ¿Qué ocurre entre Tom y tú? No puedes seguir negando que no ocurre nada entre vosotros.

Maldito Tom y maldita su necesidad de "proteger lo que es suyo"...

- Somos simplemente...eh, esto...amigos.

- ¿Amigos? - sus ojos se encienden - ¡Me alegro tanto que te hayas enamorado! Aunque, sinceramente, ese Riddle da un poco de miedo, ya sabes.

- ¡No estoy enamorada de Tom! Por favor Andrómeda, él y yo no podemos estar juntos de esa manera.

- ¿Por qué no? - la chica frunce el ceño. ¿Qué interés tenía su maldito hermano en ocultar su parentesco con ella?

- Somos como hermanos, ya sabes

- Pues yo sí que he conocido a un chico mientras tú pasabas de nosotros por un tonto enfado con Severus. Se llama Ted Tonks... ¡Es tan increíble! Me llama Drómeda...

- ¿Ted Tonks? No estarás hablando de Edward Tonks, ese chico de Hufflepuff.

- ¡El mismo!

- Bueno...vamos a cenar y mientras me cuentas.

Seleria decide escuchar todo lo que su amiga tiene que contar acerca de Ted Tonks. Decide no tocar el tema de la sangre del chico. Bien sabía que la familia de su amiga, todo un linaje de sangre puras, iba a estar en contra e iban a repudiar a Andrómeda.

Nada más llegar al Gran Comedor Regulus les sonríe, bastante feliz por la compañía de Seleria. A Tom, por su parte, no le hace mucha gracia pero decirde mantenerse en silencio y atender las idioteces de Mulciber y Avery. Severus, por su parte, comía sin decir ni mirar a nadie. Su enfado no había menguado desde que la chica le había hablado así a Lily.

- Sele, me alegra de que hayas vuelto. - admite sincero Regulus regalándole una sonrisa encantadora.

- Al parecer se ha dado cuenta de que los TIMO's se acercan y necesita hacer lo que siempre ha acusado a Lily - sisea Severus envenenando cada palabra y levantando la mirada para encararla. El Gran Comedor se queda completamente en silencio al sentir una enorme cantidad de magia acumularse alrededor de la mesa de las serpientes, más concretamente en una muchacha de pelo negro como el más puro carbón.

- Repítelo - esta vez es ella quien sisea golpeando fuertemente la mesa con las palmas de las manos a pesar de su pose tranquila.

- No debiste insultar a Lily

- Repítelo

- Siempre estás metiéndote con ella cuando sabes que es importante para mí.

- Repítelo - prosigue ella notando como su paciencia se agotaba por momentos.

- Yo no opino sobre tus compañías...

- ¡REPÍTELO! - explota ella lanzando a Severus contra la pared en un arrebato de magia. Los profesores se dan prisa en levantarse mientras los Merodeadores reían a carcajada suelta desde su mesa. Severus se aparta un chorro de sangre que comenzaba a salir de su nariz y se levanta como si nada hubiese ocurrido.

- No lo voy a repetir

Toda la magia del entorno se consume, desapareciendo al instante justo cuando los profesores rodeaban a sus dos alumnos.

- ¿Qué está pasando aquí? - pregunta McGonagall con las manos en las caderas. Seleria se gira hacia ella tornando su rostro amable y angelical, tal y como su hermano hacía.

- Dilcúlpeme profesora, mi magia se ha descontrolado y he lanzado al pobre Severus sin la mayor intención - la bruja entorna los ojos poco convencida.

- Oh, no pasa nada muchacha, ¡no te preocupes! Eso nos puede pasar a cualquiera - Slughorn interviene

- Es cierto señor - la voz de Tom inunda el ambiente, manipuladora y su cara le regala una sonrisa radiante a Slughorn - Ha sido un simple incidente.

- Oh bien bien Tom, si tú lo dices puedo creerlo al pie de la letra. Sigamos cenando Minerva, solo ha sido un accidente.

Poco convencida, McGonagall se vuelve a la mesa junto al jefe de las serpientes y el director, que había permanecido impasible observando la escena.

Tom, al ver alejarse a los tres, agarra a su hermana de la muñeca y se acerca a su oído, provocando bastantes bufidos a lo largo de las mesas producidos por la envidia y la frustración.

- Me encanta que quieras seguir mis pasos pero sería más fácil si no intentas matar a nadie delante de todo el mundo - susurra para alejarse de ella y rodar los ojos, cansado de su actitud. Seleria aparta la mirada enfurruñada y sale de allí.

Tom, por su parte, se queda mirando sus pasos hasta que gira en la esquina para dirigirse a las mazmorras. Una sonrisa se instala en su rostro. Por su parte no habían pasado desapercibidos hechos como que los ojos de su hermana se habían tornado rojizos a la hora de atacar o cómo se rascaba disimuladamente el antebrazo izquierdo. Todo iba según el plan y eso merece que soporte un poco más las tonterías de sus futuros siervos.