Seleria salió de los TIMO's con un nerviosismo claramente palpable. Andrómeda y Regulus - quien aprovechaba para comprobar las respuestas de los exámenes hojeando un libro - comenzaron a andar junto a ella.
- ¿Estás bien? - la respiración de la chica, claramente errática, respondía a esa pregunta sin necesidad de palabras.
- ¡Ese maldito Riddle!
- Es la primera vez que le llamas por su apellido - susurra para sí Andrómeda aunque Regulus levanta la mirada de su libro, clavándola en la histérica chica.
- ¿Qué ha hecho?
- Básicamente al rellenado mi examen de pociones - suspira - copiar está en contra de mis reglas morales...
- ¿Los Slytherin's tenemos ideas morales? - pregunta Andrómeda claramente confusa mientras sus dos amigos rodaban los ojos. Un chico con el cabello castallo claro y la bufanda de hufflepuff se acerca a ellos, provocando un brillo único en los ojos de la Black. - Cre-creo que hablamos luego
Sin dejar a sus amigos comentar nada sale disparada del lugar arrastrando a Ted Tonks por el brazo.
- No aprendió nada de mi hermano - comenta recordando su retrato quemado en el árbol familiar - Al final vamos a menguar como sigamos así.
Seleria levanta las manos desear tan increíblemente tranquila como Regulus Black. Saliendo del castillo para descansar bajo un árbol y con el corazón de su compañero latiendo con fuerza ante la percepción de estar solo con la chica - aunque no mostraba nada tras su seriedad y su libro. La voz de su Seleria lo saca de sus pensamientos.
- ¿Ese es Snape? - desde que se habían peleado ni le llamaba por su nombre.
Alrededor de un gran árbol cerca del lago, la figura oscura de Severus observaba a los merodeadores y el público que se habían montado para el momento.
- Vamos, tengo curiosidad - le pide a Regulus, sientiendo la necesidad de comprobar si Severus Snape podía con la situación.
Nada más acercarse, Potter comienza a elevar al pobre slytherin por los aires, dándole la vuelta.
- Veamos de qué color tiene los calzoncillos Quejicus.
Entre las alabanzas de la multitud, las amenazas y la mirada que empezaba a tornarse rojiza de Seleria, Severus explota al escuchar la voz de Lily amenazar por quinta vez a James yendo contra su naturaleza. Severus no se consideraba una persona estúpida y el brillo de los ojos de su mejor amiga no cabía lugar a dudas: Se había enamorado de ese bastarso, ese acosador que no iba hacia él solo, como un mago con honor, sino que le atacaban de cuatro en cuatro siendo él el maldito líder. La voz sale sin que el hombre pueda retenerla.
- ¡SANGRE SUCIA!
El tiempo parece pararse en ese momento mientras las miradas comienzan a pasar entre los presentes. James corta el hechizo, acercándose a Snape para partirle la cara por la mitad.
- ¡Retíralo Quejicus!
Remus agarra a su amigo desde atrás para que no cometa ninguna estupidez mientras los ojos de Severus no podían apartarse de las esmeraldas de Lily que, girándose, se aleja de allí con sus amigas. James, al darse cuenta, sale corriendo tras ella para consolarla con una sonrisa en la cara. Remus saluda brevemente a Seleria con la cabeza antes de salir corriendo detrás de sus amigos.
Severus, por su parte, no se había dado siquiera cuanta de la presencia de Seleria y Regulus, que continuaban mirando cómo lloraba medio desnudo hecho un ovillo en el césped. Regulus mira a su amiga, notando su lucha interna y, con un peso en el corazón de dolor aún sabiendo que estaba haciendo lo correcto, se aleja de allí con el libro bajo el brazo.
Tras unos minutos observando a Severus totalmente torturado por sí mismo, la chica se agacha y le pone la mano en el hombro evitando mirar las piernas de su amigo exageradamente delgadas. Ese leve toque parece hacerle volver a la realidad, esperanzado por encontrarse con unos ojos verdes, encontrándose, por su parte, unos ojos rojos.
- ¿Por qué?
La chica niega brevemente, indicándole que es mejor mantenerse en silencio. Severus entiende perfectamente la indirecta porque, ayudado por el fuerte agarre de la chica, se levanta. Se quedan perdidos en los ojos del otro hasta que Severus aparta la mirada, incómodo. La chica suspira brevemente.
- Venga, entremos al castillo. Deberías cambiarte.
Sin mirarse, ambos salen caminando hacia las puertas cuando a Seleria le da un bote el corazón. Su hermano, con los ojos rojos de ira, observaba a la pareja acercarse apoyado en una de las columnas. La chica no entiende cómo...rueda los ojos. Sus dudas quedan resueltas al ver a esa maldita serpiente enrollarse en el brazo de su hermano. ¡Le estaba espiando!
- ¿Puedes explicarme esto? - pregunta el chico mirando a Severus amenazadoramente. No es que tuviese ningún problema, es solo que ver a su hermana caminando con un hombre medio desnudo no está en sus prioridades.
- Los merodeadores - responde simplemente su hermana colocándose frente a Snape - Déjale, no está de humor.
- Que aprenda a defenderse - responde con un siseo amenazante, aún con los ojos puestos en su siervo.
- Discúlpeme mi señor, no volverá a pasar...
- Esta noche hay reunión, no faltes
Sin decir nada más, el apuesto joven comienza su marcha hacia Hogsmeade. El mortífago se gira hacia su compañera. No parecía muy contenta por lo que acababa de escuchar.
- ¿Mi señor? - pregunta no, exige saber la chica. Severus levanta los hombros en respuesta.
- Es alguien digno de seguir - comenta como si hablase del tiempo.- Y puede darnos poder...muchísimo poder.
- Haz lo que quieras Severus
- Gracias por lo de antes... - susurra con la vista clavada en el suelo.
- No me las des. De todas maneras vas a ir corriendo a pedirle disculpas - dicho eso da por zanjada la conversación y entra al castillo.
Pensándolo en frío Severus no tenía culpa de nada, pero ella no podía pensarlo en frío. Los celos la consumían, iban devorando poco a poco su razocinio y, por si fuera poco, también estaba inmiscuido en las rarezas de su hermano acerca de conquistar el maldito mundo. Ella, siendo sincera, no tenía el más mínimo interés en conquistar nada. Entra a la biblioteca algo cabizbaja y agarra el primer libro a su alcance. Un hombre que hasta entonces se había mantenido leyendo, se acerca a ella y se sienta a su lado, sin hacer el más mínimo ruido.
- Creí que estabas con tus amigos.
- A veces se necesitan unos minutos de soledad - comenta Remus - O de charlar con hermosas amistades.
- ¿Estás coqueteando conmigo Lupin? - pregunta con un tono irónico y divertido. Remus responde levantando los hombros y regalándole una sonrisa.
- Pasas mucho tiempo con Riddle. No me fio demasiado de ese hombre - su sonrisa se tuerce.
- Lo sé, tranquilo. Jamás me haría daño.
- ¿Sabes? Jamás entendí el por qué estás en la casa de las serpientes. No eres ambiciosa, no eres sangre limpia...
Seleria clava sus ojos en los del hombre lobo al escuchar esas palabras.
- Bueno, para mí el fin sí justifica los medios.
