Con cierta inquietud, Seleria se dirigió al despacho de Albus Dumbledore. Lo único que sabía con certeza era que el director la había llamado a través de su amigo, Remus Lupin. Al parecer era bastante importante. La mirada de Tom había sido clara: No me gusta ese tipo, aléjate de él pero...¿Cómo iba a negarse a ir al despacho del director? De todas maneras solo sería un pequeño comunicado acerca de lo peligroso que es su hermano y poco más. El verano estaba cerca y eso quería decir que, aunque estarían en ese asqueroso orfanato, estarían juntos. ¿Qué más podía pedir?

- Sorbete de limón...

Las escaleras comienzan a abrirse y la chica rápidamente sube escalón tras escalón con una ligereza única. Al llegar frente al despacho toca con suavidad y entra, encontrándose con un hombre de mediana edad, rubio y ojos castaños hablando tranquilamente con el director.

- Ah Seleria, querida, pasa por favor... ¿Quieres un caramelo de limón? - pregunta el anciano con voz afable.

- No gracias director, me gustaría saber, en cambio, qué hago aquí - aunque Dumbledore a ella la trataba como a cualquier otro alumno, la chica no podía evitar hablarle con veneno. El rencor de su hermano corría por su sangre.

- Pues verás, quería que conocieses a un amigo mío. Su nombre es Alastor Moody y es auror.

La chica es capaz de sentir la mirada del auror clavada en todo momento en su espalda.

- ¿Hay algún motivo en particular?

- Eres una gran alumna Seleria y tememos que en el orfanato puedas perder un poco la realidad del mundo mágico. Me he tomado la molestia de proseguir con el papeleo...Alastor aquí presente se ha ofrecido a ser tu tutor legal...¡Felicidades! - la mirada de la chica se pasea por la de los dos hombres iracunda.

- ¿Y acaso me ha preguntado?

- Bueno, no te preocupes, sé que es una noticia difícil de asimilar. Estarás muy a gusto, ya verás.

Sin responder o sin despedirse siquiera, sale del despacho dando un fuerte portazo. Su hermano, como ella bien suponía, la esperaba al final de las escaleras con Nagini sobre los hombros.

- ¿Y bien? - pregunta con los ojos tornándose peligrosamente a mostrar un brillo rojizo

Sin pensar en que su hermano no es muy dado a sentir emociones, Seleria se lanza contra su cuello y le abraza. Le abraza fuertemente, sintiendo cómo las lágrimas van cayendo silenciosas por sus mejillas. Tom se queda estático. Ni le responde al gesto ni la aparta.

- Van...van a separarnos Tom. - susurra entra lágrimas - ¡Van a separarnos! - grita desesperada ya sollozando fuertemente

- Shhh - el chico la abraza, ahora sí, con fuerza. Le acaricia lentamente el pelo mientras apretaba los dientes con fuerza e intentaba controlar su ira, su magia, su dolor. Iba a matar a ese viejo en cuanto tuviese opción. Su promesa se refuerza al descubrir en los ojos de su hermana un dolor indescriptible, el mismo dolor que sentía él, salvo que no lo mostraba. Jamás mostraría una debilidad.

- To-tom...

- ¡Silencio! - le grita enfadado y su hermana se acalla inmediatamente - Silencio... - repite con, incluso, cariño.- Jamás, ¿Me oyes? jamás muestres lo que sientes. Te utilizaran y solo te harán daño. Nos veremos después del verano.

- Te quiero Tom

El chico, ya prácticamente hombre, clava sus ojos en los de su hermana totalmente tieso. Le acaricia la mejilla con una mueca de cariño.

- Ehh...señor...tene-tenemos reunión - pobre Avery. Riddle coloca su típica máscara de seriedad y se acerca al oído de su hermana .

- Solo tres meses... - susurra dándole un suave beso en la mejilla justo antes de girarse con una mueca de asco dirigida a su vasallo, además de la mirada iracunda por haberle interrumpido. - ¿¡QUÉ QUIERES AVERY!?

- Mi...mi se-señor... - su hermana es capaz de observar el brillo de miedo en los ojos del pobre chico - La-la última reunión del a-año está ...

- ¡Iré cuando me apetezca! - exclama para volverse hacia su hermana de nuevo - Iré a por ti...siempre. Lo sabes. - se aleja unos pasos antes de que sus ojos se vuelvan rojizos durante unos segundos y saliese caminando hacia la reunión - Porque eres solo mía... - susurra ya para él sin que se escuche.

Con cierta pena, Seleria se dirige hasta su habitación para prepararse para el baile de despedida de esa noche.

Junto a su buena amiga baja las escaleras de su habitación vistiendo un hermoso, elegante y largo vestido de seda blanca. Andrómeda le había repetido millones de veces lo hermosa que se veía así pero... ¿Sería capaz de ir al baile? Lo cierto es que no tenía ninguna gana. ¿Para qué? ¿Para ver a Severus desvivirse por otra persona? Con un suspiro se agarra del brazo de su buen amigo Regulus, que no podía apartar los ojos de ella.

- Estás...preciosa - susurra vestido íntegramente de negro y completamente erguido - ¿Vamos? - Seleria se gira hacia Andrómeda.

- No te preocupes por mí, estoy bien. ¡Pronto veré a Ted! - exclama dando algunos saltitos y saliendo mientras su vestido, corto y rojo, volaba junto a ella.

Sele clava los ojos en su amigo y, con un asentimiento, salen hacia el Gran Comedor.

La decoración, realmente preciosa como en cada fiesta, inundaba todo el lugar luciéndolo como un magnífico salón antiguo. Algunas parejas ya se encontraban en la pista de baile y Regulus no tarda en pedirle a su acompañante, con su típica formalidad, salir a bailar al menos una pieza.

- No estoy de humor Reg...quizá después - susurra justo al clavar la mirada en James y Lily, que bailaban felices. Simplemente de pensar en el dolor de Severus...

Algunas veces Andrómeda salía de la pista y se llevaba a su primo, que lo aceptaba a regañadientes con tal de no ser descortés. El hombre únicamente deseaba la atención de su pareja de baile, que, al parecer, se encontraba abstraída en otro mundo.

De repente, su hermano, junto con varios mortífagos, entran al Gran Comedor. Las miradas negra profunda y castaña, tornándose ya a rojiza, se encuentran. Severus toma una inspiración profunda dando unos pasos hacia la chica, que hace lo propio. Los ojos de Severus se giran unos segundos, clavándose en la pareja que disfrutaba dando vueltas y vueltas en la pista. Se para en seco. Con otra mirada hacia su "amiga" llena de dolor, se da la vuelta y sale del lugar. Los ojos de Seleria se llenan de lágrimas justo cuando Regulus termina de bailar con Andrómeda, ofreciéndole la mano. La chica, para no quedar como una estúpida, se acerca hacia él como si hubiese sido su propósito desde un principio, mirando siempre al suelo. Al llegar, se coloca en posición de baile con el hombre. Cuál es su sorpresa al descubrir a su hermano, en lugar de a su mejor amigo.

- ¿Tom?

- Tenía que bailar contigo, una despedida de tres meses

- ¿Y Regulus? ¿Le has hecho algo?

- Me tomas por un hombre muy cruel... - susurra acercándola más a él, gesto con el que la chica frunce el ceño - Disfruta un poco.

Empiezan a bailar siendo siempre Tom el encargado de girarla, de guiarla. Llegan a un punto en el que incluso pasa su mano lentamente por la pierna de la chica, cosa que le hace estremecer. Es capaz de escuchar el final de la canción y los ojos de su hermano clavados sobre ella. Abre la boca para protestar, preguntar, buscar respuestas para este extraño comportamiento, aunque él es más rápido.

- No podemos ser hermanos Sel, me resulta inconcebible pensar que lo que siento es solo fraternal. El deseo me quema, ¡me desvivo por ti! ¡No puede ser! He intentado buscar respuestas, de verdad que sí, pero tú y yo no podemos llevar la misma sangre - le agarra de los hombros fundiendo su mirada con la de la chica. La de él eterna seguridad y un deseo inconcebible. La de ella un pánico extremo al escuchar esas palabras - Eres MÍA, pero no eres mi hermana, porque alguien que fuese mi hermana tendría el mismo poder que yo, hecho que no permitiría. Si alguien fuese mi hermana, jamás podría estar íntegramente ligada a mí. ¡Estaría ligada a otro hombre! Y eso es algo que jamás pasará Seleria. Tú no eres mi hermana.

Y antes de que la chica pudiese articular palabra alguna unos labios firmes y decididos demandaban los suyos con vehemencia.