Seleria se olvidó de Tom ese verano, al igual que los años siguientes. No volvió a Hogwarts para cursar su último curso, sino que Alastor, ahora su padre, era su mentor. Le enseñaba todas las asignaturas del colegio por orden de Dumbledore, que no deseaba que volviese a estar cerca de su hermano. La chica le fue olvidando poco a poco, al igual que a sus amigos y a su casa. Alastor le instruía en valores y aunque no lo demostraba a menudo, Seleria estaba completamente segura de que le tenía cierto cariño.
Tom, por su parte, terminó sus estudios siendo el mejor estudiante en la historia del colegio. Aún así, el hombre se consumía poco a poco. Cada vez eran más frecuentes las reuniones...y los ataques. Necesitaba desesperadamente sangre, necesitaba que los demás experimentasen su dolor. Curioso, además, de que entre sus filas se hablase de que no tiene corazón. Si ellos supieran que todo ese odio es básicamente por eso...
Había decidido pasar a quedarse de profesor en el colegio con la esperanza de que Seleria volviese, aunque Dumbledore no tardó en negar su petición. Frustrado, viajó por todo el mundo en su busca.
La chica cierra de un portazo la nevera agarrando un cuenco de helado sonriente. Su vida había cambiado considerablemente esos años. Camina grácilmente hasta el sofá y se tumba de un salto, relamiendo la cuchara con gracia. Cómo amaba el helado muggle. Entrecierra los ojos cuando escucha la puerta cerrarse y su "padre" entra con una enorme cicatriz cruzándole la cara. Alastor se sienta frente a ella de sopetón.
- Cada vez los ataques son más frecuentes y más violentos. Ese hombre está destrozando todo, el sistema pronto no se sostendrá...demasiados aurores muertos.
- ¿Cuál crees que es la razón? - pregunta tomando otra cucharada. Alastor se queda pensativo durante unos segundos, aunque rápidamente frunce el ceño molesto.
- ¿Qué te dije de tomar esa cosa muggle mientras no estoy? - le quita el bote de helado bruscamente - Un auror tiene que estar en forma, no puedes comer guarrerías muggles.
- Yo no quiero ser auror Alastor, ya te lo dije. Yo no puedo luchar contra Voldemort - el auror contiene un escalofrío. Las chica prefería claramente llamar así a ese monstruo que por el nombre que le dió su madre. Ese ya no era Tom.
- Y sigo sin entender el por qué.
" ¡Porque aunque sea un maldito monstruo medio chiflado es mi hermano!" - desea gritar, aunque termina por rodar los ojos
- Es muy poderoso...no puedo hacer nada contra él Alastor... ¿Podemos dejar de hablar de eso?
- Me preocupas. Bueno, a mi no, a Dumbledore - la chica bufa - Llevas mucho tiempo aquí encerrada.
¿Qué quería que admitiese? ¿Que era una cobarde y tenía miedo de salir y encontrarse a su hermano por ahí?
- Mañana vendrás conmigo al Ministerio - casi se le cae el helado de la cuchara...casi.
- ¿Disculpa?
- Disculpada.
- ¡Yo no puedo ir al Ministerio! ¡Me niego! ¡No quiero!
- Pareces una cría.
- Soy una cría.
- Chica - Alastor perdía la paciencia por momentos, él no quería tener a nadie en su casa y Seleria ya era más que mayorcita para valerse ella misma - Llevas tres años aquí encerrada, escondiéndote de yo no sé qué. Vas a ir al Ministerio y no hay discusión posible.
El alma se le cae a los pies. Se acabó el ocultarse...
—-
Tom miraba el contenido de la copa que acariciaban sus manos como si fuese lo más interesante del mundo. Mece el líquido perezosamente y se lo lleva a los labios, disfrutando del efecto del alcohol en su garganta. Le quema, le consume. Nagini eleva la cabeza deseosa de una caricia, que rápidamente es proporcionada por su amo.
- ¿Dónde puede essstar Nagini? - pregunta el hombre con los ojos rojos, llenos de dolor.
La serpiente niega levemente, dándole a entender que no lo sabía. Con el fuego crepintando frente a él, la copa sale disparada hacia las llamas mientras su dueño observaba el cristal romperse en mil pedazos. Unos golpes pausados lo sacan de su ensoñación y escucha unos pasos firmes entrar en la habitación. Él, estando sentado de espaldas como estaba no era capaz de ver a su visitante aunque suponía quién era por su magia, sus pisadas...
- ¿Si, Severus? - pregunta el hombre con voz grave y armoniosa, levantándose para encarar al hombre. Odiaba a ese hombre. Conocía bien los sentimientos de su hermana hacia él y no le gustaban ni un pelo. O al menos los conocía, demasiado tiempo había pasado.
- Mi señor... - susurra el hombre - He escuchado parte de una profecía que podría serle de utilidad.
- «El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca..., Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes... Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce... Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida... El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso nacerá al concluir el séptimo mes...»
Voldemort entorna los ojos al escuchar las palabras perfectamente memorizadas por parte de uno de sus mejores mortífagos. Solo conocía a una familia que acababa de tener un hijo y ese iba a ser su objetivo.
- Bien hecho Severus, esa información es...de vital importancia. - descubre un brillo extraño en los ojos de su mortífago - ¿Algo más?
El hombre parece librar una batalla interna con él mismo hasta que finalmente termina por hablar.
- Dumbledore también ha hablado de que Seleria Blade va a ir al Ministerio mañana mi señor - termina por hacer una reverencia mientras que Voldemort atrapa su respiración al escuchar eso. Seleria...la había encontrado, después de tres años buscando, en unas horas iba a verla. Pero esta vez no escaparía de sus manos. Esta vez iba a ser suya.
- Extiende tu brazo Severus - el hombre no tarda en obedecer y dejar al descubierto la marca que tanto odiaba. Voldemort coloca su varita sobre el tatuaje, que comienza a moverse al son de la cara de dolor de Snape. Nagini se arrastra por la pierna de su señor hasta que descansa sobre sus hombros, mientras aparta con un bufido molesto los negros cabellos del hombre. - Esta noche vamos a reunirnos. Mañana atacaremos el Ministerio.
—
Seleria se mantenía en silencio. No pensaba ir al Ministerio para que Alastor le presentase a todos sus amiguitos aurores...bueno, puede que el hombre no fuese muy dado a presentar gente pero no iba a ir al Ministerio. ¿Y si se encontraba con Tom, Voldemort o como quiera que se llame? Vale, no es muy normal que el actual Señor Tenebroso se pasease por mitad del territorio enemigo...¿O si?
Sus reflexiones terminan cuando Alastor abre la puerta del armario enfadado y la encuentra hecha un ovillo .
- ¿Me tomas por tonto?
- No iré
La agarra firmemente y se la carga al hombro mientras la chica no dejaba de patalear. Se dirigían hacia la chimenea.
- ¡Estoy en pijama!
Al hombre parecía darle igual. Iban a entrar y, cuando escucha al auror gritar "Ministerio de Magia", el mundo se cae a sus pies.
Aparecen por una de las chimeneas conectadas por red flu. Alastor lanza rápidamente un hechizo para dejar a la muchacha presentable y la suelta en el suelo. Con paso tranquilo aunque pesado, Alastor se dirige al departamento de aurores con Seleria pegada a su espalda. Hacía tres años que la chica no había hablado con nadie que no fuese él, con lo que no pensaba separarse del auror ni un solo milímetro. Nada más entrar por la puerta del departamento, varios aurores se giran para mirar a los recién llegados.
- Buenos días Moody - saluda ...¿James Potter? y a su lado no está nada más y nada menos que Sirius Black, su inseparable amigo - ¿A quién traes contigo?
- ¿Esa es la chica de Slytherin de nuestro curso? ¿La amiguita de Quejicus? - pregunta Sirius acercándose curioso. - Madre mía. ¿Qué ha sido de tu vida? ¿No eres seguidora de tu amor Riddle?
Los puños de la chica ya no podía apretarse más.
- También es un placer verte Black.
- ¡Potter! - interviene Alastor por suerte - ¿Recuerdas lo que te dije acerca de traer a ese imbécil aquí? ¡Esto es un departamento de aurores, no un bar donde puedas quedar con tus amigos!
- Ehh...sí claro, lo siento señor - lanza una mirada de culpabilidad a Sirius, que eleva los hombros sonriente, claramente divertido.
Seleria se sienta aburrida mientras Alastor regaña a Potter. Un hombre del final de la sala se levanta rápidamente y se dirige a la puerta con velocidad aunque al loco de Moody no se le escapa ninguna. Extiende su inseparable bastón reteniendo al hombre.
- ¿Dónde crees que vas Barty?
Seleria lo reconoce como Barty Crouch, el hijo del actual ministro de defensa.
- No creo que tenga que pedirte permiso cada vez que vaya al baño Moody...
Alastor entrecierra los ojos, pero finalmente le deja pasar. James y Sirius salen del departamento para despedirse mientras que el auror se gira hacia la chica.
- Voy a enseñarte esto, deberías...
Un enorme estruendo corta la frase del hombre por la mitad mientras se empiezan a escuchar varios gritos desesperados y hechizos. Alastor abre los ojos sorprendido y, llevado por su instinto de auror, sale corriendo hacia el ruido con Seleria detrás. El corazón de la chica no dejaba de latir con una velocidad que parecía que iba a explotar. Al llegar a la entrada, un ejército y un hombre pálido, alto, de finos rasgos les esperaban, él con una serpiente enrollada en su cuello. Se pasa una mano por el pelo, tan negro como la oscuridad que asolaba su corazón y sus ojos rojos se clavan en la chica, reteniendo cada detalle. Lentamente, se moja los labios pasando la lengua y su mirada se enciende como una fogata ardiente.
Tan bella...que ya ni sus recuerdos le hacían justicia. Y ahí estaba, frente a él, con los ojos inundados en miedo como un conejillo herido. Y oh, le encantaban esos ojos sumidos en miedo. Las comisuras de sus labios se elevan sin quererlo. Suya. Por fin suya. Después de tres años de búsqueda. Ahora sí, iba a pagar. Iba a pagar cada agonía, cada momento desesperado por mirarla, por huir de ÉL.
- Seleria... - su voz envuelve a los presentes mientras un escalofrío recorre la espalda de la chica.
- Tom - responde rudamente y no puede evitar que un gallo se escape de su garganta.
