Alejado de la batalla, en una colina, un hombre aclamaba por su vida, arrodillado, con la cabeza gacha ante la visión de Albus Dumbledore. El dolor que mostraban sus fracciones era ínfimo comparado con el que sentía su corazón. El astuto anciano se acerca a él.
- ¿Qué es lo que quieres Severus? - pregunta con sus dedos paseándose a lo largo de la varita de saúco.
- Él...él quiere matar a Seleria. Lo sé, lo he visto en su mirada. Está enfermo, totalmente enfermo. También a Lily...escuché la profecía. ¡Él cree que se refiere al hijo de Lily! - grita con desesperación
- ¿Y qué quieres que haga? Has sido tú el que le ha comunicado donde iba a estar... - allí, en aquel lugar, parecían un ángel luminoso, juzgando a un asesino preso en la oscuridad.
- Escóndala, sálvela, por favor... - suplica arrodillado.
- Estaba escondida, de hecho. Aún así y prometiéndotelo Severus...¿Qué me darás a cambio? - El hombre levanta la mirada, derrotada, totalmente rota por las palabras del anciano aunque mostrando una determinación única. - Lo que usted quiera
Con un movimiento de muñeca, el hombre se libra del auror.
- Tantos años querida... - la voz del Señor Oscuro retumbaba por las mientras este sonríe dulcemente para la chica, aunque sus ojos estaban consumidos por la oscuridad del más oscuro deseo - llevo buscándote. Y tú, escondiéndote de mi cuando estamos destinados a estar juntos.
- Estás loco Tom... - ahora que le veía sus pesadillas se hacían realidad. Ahora que le veía tenía claro que jamás podría hacerle daño a su hermano.
- Qué es el mundo sin un poco de locura... - le tiende la mano - Pensaré que ese...Dumbledore, ha estado ocultándote de mi mientras que tú, querida, has estado intentando escapar...
- Yo jamás...
- En caso de que exista la remota posibilidad de que no vengas conmigo por tu propio pie...oh, eso es imposible - entorna los ojos, rojos como la sangre - Pobre aquellos que te han lavado el cerebro en mi contra. Conocerán de propia mano la ira de Lord Voldemort.
Seleria se queda estática. Sabía perfectamente todo lo que su hermano podía hacerles a todas esas pobres personas que únicamente hacían su trabajo. "¡Todo esto es culpa de Alastor!" le grita su cabeza enfadada aunque niega imperceptiblemente. Alastor no tenía la culpa de nada. Algún día debía enfrentarse a la realidad, salir de su cuento de hadas... y su realidad era sobrevivir ante el ser que se alzaba ante ella, reclamando su mano. Se la tiende reprimiendo un suspiro.
Nada más sentir el tacto de la piel de su hermana junto a la suya, Voldemort la arrastras a través de pasillo del ministerio con urgencia: demasiado tiempo esperando. Con una poderosa orden que Seleria es incapaz de escuchar a causa del miedo, se desaparecen por medio de los polvos flu por una de las chimeneas.
Se aparecen en una habitación oscura, completamente desusada. El polvo reinaba en el lugar y los muebles - bastante escasos - estaban tapados con grandes mantas grises, posiblemente blancas en un principio. Voldemort la arrastra a lo largo de la habitación hasta que salen de ahí a un pasillo ya bien cuidado y decorado. Antes de continuar su camino, el hombre sella la habitación con un hechizo. Nada más terminar continua tirando de Seleria que, totalmente asustada, se deja llevar como un animalillo al que captura un fuerte halcón. Se adentran en otra habitación.
Un lugar amplio aunque sencillo, sin demasiados ornamentos. Una cama grande de sábanas de seda verde, un sillón a juego a su lado, estanterías con libros y un pequeño balcón. Por otra parte, Seleria se fija en una puerta cerrada. "Debe ser el baño" - se dice - "O una habitación de tortura..."
Un escalofrío recorre su cuerpo al notar el rumbo que tomaban sus pensamientos. Voldemort no parece notarlo. Cierra la puerta tras él y le suelta la muñeca al fin con cierta brusquedad, lanzándola contra la cama. Seleria cae con ligereza mientras su hermano se sienta en el sillón observándola fijamente. Observando la respiración errática de la chica, sus movimientos nerviosos... su miedo hacia él. ¿Cómo podía sentir tanto miedo? Se conocían, se ...¿querían? Al menos eso pensaba antes. Ahora, ya no estaba tan seguro.
- Tranquilízate de una vez - sisea aburrido - Vas a estropearlo todo.
Alarmada por el tono tranquilo de su hermano, levanta la cabeza.
- Vamos querida, ¿En verdad piensas que siento deseo por ti ? Me sorprendes...
- Pe-pero... - la chica se encontraba totalmente confusa - ¡Me besaste!
- Besas fatal - hace una mueca asqueado - Y era necesario
- ¡Me lanzaste un discurso sobre la fraternalidad y tus sentimientos y...! - la grave y profunda voz de Tom le interrumpe.
- Sí, en cierto modo lo que siento por ti es único y un tanto enfermizo - admite pensativo - Un amor fraternal se escapa a esto. De todas maneras en mi imperio de poder no hay tiempo para sentimientos inútiles...
- ¡Llevas buscándome tres años!
- Por fin dices algo con sentido - ¿Se estaba riendo de ella? - La única manera de que Dumbledore confiase en ti era que huyeses de mi pero...¿Cómo conseguirlo? - chasquea la lengua - Fácil.
- ¿Besándome delante de todo Hogwarts?
- Así, de paso, ni ese estirado Black ni Snape se habrían acercado a ti, me tendrían demasiado miedo... - sonríe con malicia - Ha funcionado.
- He visto tus ojos...
- Soy una gran actor querida, aunque he de admitir que te has vuelto hermosa estos años. Tendré que vigilar que nadie se atreva a tocarte...vigilarte.
- Eso se conoce comúnmente como acoso Tom...
- Puede, y no me llames Tom. Ahora soy Lord Voldemort. Te permito llamarme Voldemort siempre y cuando estemos a solas.
- Alto ahí... - le señala acusadoramente - No pienso quedarme a solas contigo
- Estás, de hecho, a solas conmigo ahora mismo.
- ¿Qué es lo que quieres de mi? ¡Déjame vivir mi vida tranquila! - exclama ya harta.
- Temo que no puedo hacer eso querida, te has arraigado demasiado en mi - sus ojos se oscurecen, lo que hace que Seleria suponga que todas las anteriores afirmaciones fuesen mentiras realizadas para tranquilizarla - Me serás de gran utilidad. Deseo que espíes a esa orden a la que pertenece ese auror con el que vives, la Orden del Fénix - comenta delineando la palabra "auror" con odio. No le hacía gracia que SU chica viviese con otro hombre por mucha edad que le llevase.
- Está bien, como tu quieras To...Voldemort
Los ojos de su hermano comienzan a brillar, llenos de ¿vida? Sonriente, le besa la mano elegantemente.
- Puedes salir y entrar de esta mansión cuando lo desees, lo comunicaré a mis mortífagos... - apoya su frente en la de la chica, que se tensa - Tranquilízate Seleria, ya te he dicho que no te va a pasar nada.
"Pues no te creo" - está tentada a decir en voz alta, aunque se contiene, por la orden.
- No me traiciones, no sé si podría soportarlo... - su voz es lastimosa y por un momento Seleria desea abrazarlo y consolarlo, susurrarle que siempre estaría ahí para él, para lo que sea. ¡Por Merlín! Ese hombre tan apuesto, vestido con los más lujosos trajes, era su hermano. Su pequeño Tom. El hombre al que más quería en el mundo y, aún así, su mente se negaba a ser engañada, descifrando el tono de amenaza en sus palabras.
- Yo jamás te traicionaría... - se obliga a decir sintiendo cómo la mentira y el veneno de serpiente se inyecta en su dulce frase.
Mientras, Voldemort había decidido acariciarle el cabello.
"Tan ingenua querida...no creas que me he olvidado de tu huida. Pero todo a su debido tiempo. Ahora te necesito sana pero, cuando no sea así..." - aparta su mano de los cabellos de la chica reprimiendo una sonrisa tan sádica como su corazón - "Aprenderás quién es tu amo"
