Dieciséis años después...

Una joven de cabellos rizados caminaba hacia su tortura. Hacía años que le habían avisado de lo que ocurriría, pero jamás estaría preparada para sentirse tan sucia. Ella pensaba que la vida no debía ser así. Aún tenía recuerdos, maravillosos recuerdos, en los que desayunaba cada mañana, abrazaba a sus padres...se sentía digna. Desde los once años todo dejó de ser así y ahora, con diecisiete, había llegado su momento.

Por la prisión se hablaba de que a esa edad los magos y brujas eran considerados adultos en el mundo mágico. ¡Qué le importaba a ella! Ojalá Dios no le hubiese concedido esta maldición. Ahora, por culpa de llevar magia en sus venas, esperaba en una larga fila de mujeres. Los hombres, según tenía entendido, iban por separado. El Emperador mandaba sobre todo el mundo y, cuando los jóvenes impuros cumplían la mayoría de edad, los encarcelaba en una arena para que fuesen vendidos a sus seguidores. Hermione Granger sabía que no existía posibilidad alguna de que ella fuese elegida y no quería saber lo que ocurría con los que sobraban.

Ella no era guapa, simplemente era una mujer consumida por la desesperación. Con un nido de pájaros por cabello y dientes de conejo, había mejores. Estaban Cho Chang, Luna Lovegood... ellas eran más hermosas, aunque ciertamente Hermione había acabado mejor parada. Cho se encontraba en una profunda depresión y Luna, básicamente, había mayoría habían enloquecido, y Hermione daba gracias por conservar la cordura... o a veces pedía incesantemente caer en la locura.

Cuando todas entran en la arena, las puertas se cierran y se quedan allí, viendo a grandes magos sangre limpia entrar a mirar el festín. Finalmente entra el Emperador, Lord Voldemort, junto a una mujer de largos cabellos negros y ojos de un rojo tan profundo como los de su señor. Tras el sonido de una campana, los mortífagos bajan ordenadamente a la arena para ir escogiendo esclavos. Hermione se fija en el Emperador, que parecía discutir con la chica de su lado hasta que esta, finalmente, baja las escaleras y se mezcla con la multitud.

La mayoría de chicas se habían arreglado lo máximo que habían podido, sin embargo, Hermione no iba a caer tan bajo. La verían tal y como era. Su orgullo no le permitía hacer otra cosa. Un mortífago rubio la aparta de un empujón.

- Apártate de mi camino sangre sucia inútil - susurra siseando

Hermione se levanta del suelo mirando a su agresor con todo el asco que es capaz. El hombre se da cuenta y se gira hacia ella.

- ¿Cómo te atreves a mirarme así? Soy superior a ti rata inmunda - levanta la mano para dejarle claro su superioridad cuando alguien se aclara la garganta tras él.

- Draco, ¿Qué haces destrozándome mi inquisición? - pregunta una voz suave que consigue que el brazo del rubio baje inmediatamente.

- Discúlpeme mi señora... yo no sabía... - la mujer de ojos rojos levanta la mano para que el rubio guarde silencio y se acerca a la chica mientras que Draco se aleja.

- ¿Cómo te llamas? - pregunta

- Hermione Granger...- susurra la chica dolorida. La mujer le tiende la mano y ella se levanta - Gracias...

- Un placer. Mi nombre es Seleria Blade - se presenta y Hermione la reconoce como la mujer que estaba al lado de Lord Voldemort al comenzar. - Ven conmigo Hermione, este no es un buen lugar para quedarse.

La joven ve en ese momento que ha llegado su oportunidad de oro, una vía de escape. No lo duda ni un momento y, cuando la mujer le tiende el brazo, lo agarra y se desaparecen. Hermione se ve en una habitación blanquecina, sin ningún tipo de decoración y con pocos, pero caros muebles.

- Esta es tu habitación -comienza Seleria - la colocaré más a tu gusto en otro momento. Ahora descansa y...

La puerta se abre dando paso a un hombre íntegramente vestido de negro con el pelo grasoso y liso. Severus mira a Hermione y luego a Seleria.

- El Lord te busca... - susurra - Esto...no le gustará... - comenta con voz grave y haciendo varias pausas. Seleria lo acepta con un movimiento de cabeza y conecta sus ojos con los del hombre.

- Yo haré que lo acepte Severus

Poco convencido, Snape sale de la habitación.

- Quédate aquí - ordena la mujer antes de salir y cerrar la puerta.

Hermione se tira en la cama y comienza a pensar. Una mujer la ha salvado de una muerte segura pero la ha visto entrar con el Emperador... y lo que ha dicho ese hombre... sus ojos se agrandan. ¡Seleria Blade! ¿Cómo no se había dado cuenta antes? La confidente del Lord, su mano derecha. Hay miles de rumores sobre ellos. Si ella es la mano derecha del Emperador ella debía estar...en su mansión. Hermione se echa las manos a la cabeza con unas ganas increíbles de llorar. Lo único que había peor que la muerte era eso mismo, pertenecer a un hombre desalmado y sin humanidad.

Había soñado muchas veces con el momento en el que saliese de su prisión. Dentro de su cabeza, en su imaginación, había deseado que le tocase un hombre bueno gracias al azar y que, poco a poco, le habría dejado libre. Ahora eso le resultaba totalmente imposible y todos sus sueños habían quedado aplastados por el simple hecho de pensar en el Lord Oscuro. Escucha varias voces fuera de la habitación y se pone en pie curiosa. La puerta se abre violentamente dejando paso a un hombre tremendamente guapo. Facciones finas, pelo negro brillante y sedoso, piel clara y unos ojos que debía haber robado de la muerte misma. Saca su varita mientras apunta con ella a la chica.

- Avada... - Hermione se hace un ovillo sabiendo lo que le esperaba

- ¡Tom! - Seleria le agarra del brazo - ¡No te volveré a hablar si lo haces!

El hombre parece pensárselo durante unos segundos, los cuales la mujer aprovecha para quitarle la varita. Parece que va a hablar cuando ella le vuelve a interrumpir.

- No, me dejarás explicarme y por Merlín que te comportarás. - ordena rígida - Esta es Hermione Granger y es MI inquisición. Si ni siquiera me dejas eso ya no sé qué me queda, me lo prohibes todo. Esto es lo que quiero, considéralo un regalo.

Voldemort parece pensárselo mientras la mirada fría y enfadada de su hermana le taladra. Finalmente levanta las manos. No sabía por qué, pero Hermione no deseaba escuchar su voz.

- ¿No has encontrado nada más sucio? - pregunta en un siseo. Su voz se instaura en toda la habitación, como un virus. Hermione no puede evitar un escalofrío. - Lord Voldemort no necesita una asquerosa sangre sucia... ¡Las sangre limpia se mueren por ser mis esclavas! - va hacia la puerta taladrando a la pobre chica - Búscale una utilidad o en dos semanas será comida de mis mortífagos - y cierra dando un portazo.

Seleria suspira y mira a Hermione. ¿En qué estaba pensando?

- Ven, déjame ayudarte.

- Gracias- habla Hermione por primera vez desde que ese monstruo entró en su habitación. Seleria la tumba en la cama y saca su varita. Hermione tiembla - No te preocupes, solo voy a curarte.

Seleria comienza a esparcir hechizos en cada una de las heridas de la muchacha. Hermione no puede evitar que su sed de conocimientos se manifieste.

- ¿Por qué...?

- Quería llevarle la contraria - comenta Seleria con voz triste - A veces me veo yo más esclava que todas vosotras...También quería salvar aunque sea una vida. Demostrarme a mi misma que aún me queda corazón... - susurra

Hermione se mantiene en silencio observando cómo va curándola.

- Me refería a por qué me curas - Seleria levanta la cabeza sorprendida - Pareces una criada...

- El servicio me ayuda a no perder el norte, a ver que no soy superior a nadie. Nunca me ha gustado...ya sabes - cuando termina se sienta junto a ella - ¿Qué sabes del mundo mágico Hermione? De nuestra historia...

- Casi nada. He estado encerrada desde que entré en él. Solo rumores.

- Voldemort - Hermione da un escalofrío. Nadie se atrevía a llamarlo por su nombre - hace dieciséis años, fue a una casa, la casa de los Potter. Mató a James Potter, el padre y también acabó con Lily, la madre de un pequeño niño: Harry. Lily se sacrificó por su hijo por amor pero Voldemort lo tenía en cuenta. Se protegió de la maldición y fue a matar al pequeño Harry. Según una profecía, si acababa con él podría vivir sin que nadie le hiciese sombra - Seleria suspira - Todo habría sido diferente si él no hubiese tenido el cuenta la maldición de Lily... - y el todo por mi culpa "piensa"- De ahí nació su reinado, es imparable, demasiado poderoso.

- ¿Harry...?

- Está muerto...ya no queda nada. Ahora descansa, tienes dos semanas para ser de utilidad al fin y al cabo - sonríe con tristeza y sale de la habitación.

Seleria camina con rapidez hasta el despacho de su hermano, donde lo encuentra sentado escribiendo en unos papeles. Él ni siquiera levanta la mirada.

- Me has dejado en evidencia ante una simple sangre sucia. Que no vuelva a pasar. - ordena fríamente.

Ella se acerca y le abraza

- A veces soy yo la que me siento prisionera aquí Tom - le acaricia el pelo - por favor...no la mates...

- Ya he dado mi ultimátum - deja la pluma a un lado suspirando - No hagas las cosas más difíciles Seleria, sabes que estoy ocupado.

- ¿Por eso no puedes dejarme tener vida? No sé...casarme, ser feliz, irme de aquí ...

- El mundo es peligroso - contrarresta

- ¡Tú lo has hecho peligroso!

- Y no hablarás con ningún hombre. Ya te he dicho que eres mía. Nadie tendrá posesión de ti aparte de mi persona - la chica chilla exasperada y va hacia la puerta - Ten en cuenta de que este es el segundo juguete que te permito, no soy tan cruel.

- ¡Remus no es un juguete y lo tratas como basura! - sus ojos se llenan de lágrimas - Y es mi amigo. Atado como un animal, herido...

- Es un animal...

- A veces te odio Tom, la mayoría de las veces - abre la puerta - Ojalá jamás encuentres a Potter y él consiga ganar. Entonces todas tus mentiras se vendrán abajo y todos sabrán lo que verdaderamente pasó aquella noche - sale de allí.

Tom se deleita durante unos segundos de los estridentes gritos que produce su crucio no verbal en la persona tras la puerta. Él la amaba, más que a nada en el mundo, pero nadie le hablaba de esa manera y mucho menos le echaba en cara sus errores. Cuando cree que es suficiente, los gritos cesan y solo escucha un sollozo alejarse.

Suspirando, el hombre atrae una botella de whisky de fuego y una copa hasta su mano. Se da cuenta de que su serpiente le observaba sin decir palabra. Le da un trago a su bebida y mira a su amiga. Ambos sabían lo que pensaba. "¿Es esto lo correcto?"

Tom ríe. Él no piensa en lo que es correcto. Él solo desea poder, poder sobre todas las cosas... Se levanta y camina hacia la puerta. Ha llegado el momento de torturar un poco a esa sangre sucia.