Hermione miraba al techo como si fuese lo más interesante del mundo. Desde que Seleria había desaparecido por la puerta, no había vuelto. La chica escucha unos pasos tras la puerta y se yergue con una sonrisa, que se borra rápidamente al ver entrar a un hombre prácticamente perfecto. Tom mira con asco la habitación "contaminada" y se sienta en el único asiento libre aparte de la cama, desde la que Hermione le mira temerosa. Exacto sangre sucia, tenme miedo... Se queda mirándola con curiosidad mientras notaba en cambio en la muchacha del miedo a incomodidad.

Debía atacarla ahora pero no comprendía la razón por la que la extraña le había hecho desistir. Una gran calma le asolaba...quizá se había quedado tranquilo después de castigar a su hermana y a ese estúpido mortífago. Deseoso de ver de lo que era capaz de chica, agarra un libro y se queda allí sentado, tranquilamente, mientras Hermione no aparta la vista de él como un conejillo asustado. Esperaría a su hermana y torturaría a su pequeña mascota frente a ella.

Seleria se abrazaba a sí misma mientras huía por los pasillos de la mansión sin poder contener sus lágrimas. Podía encontrarse con algún mortífago y eso era lo último que quería en esos momentos. El único problema es que la suerte jamás estaba de su lado. Se choca contra un cuerpo duro y unos brazos fuertes la agarran antes de que caiga, demasiado dulcemente para ser los de un mortífago. Pero claro, él no era un mortífago cualquiera.

La mujer mira a Severus intentando contener las ganas de llorar. Sin decir nada, el pocionista la conduce hasta un pasillo poco transitado y se mantiene alejado de ella. Seleria aparta la mirada continuamente, avergonzada.

- ¿Qué te ha hecho? - pregunta él de manera fría

- Lo que de costumbre Severus...no te preocupes... - cierra los ojos - Vete, por favor. Deseo estar sola.

A los pocos segundos nota las manos del hombre acariciarle la mejilla y otra lágrima cae de sus ojos.

- Severus... - le advierte y él aparta la mano

- Hay veces en las que no puedo evitarlo... - susurra el hombre con dolor en su voz. Da un golpe con el puño cerrado en la pared - Maldita sea Seleria. ¿Por qué te enamoraste de...eso?

El labio de ella comienza a temblar. No estaba enamorada, pero tampoco podía decir que era su hermano. Solo un mortífago se había atrevido a coquetear con ella. No encontraron nada de él a la mañana siguiente aunque todos sabían dónde estaba. Sus gritos, al fin y al cabo, perduraron toda la noche.

- ¿Por qué te enamoraste tú de la pelirroja? - le contesta y Snape se queda sin palabras - Mira Severus no... no quiero recordar cosas que duelen ¿vale? No quiero hablar de eso. Mi dios - susurra dolorosamente al referirse así a su hermano- decidirá y el ganador - le abre los brazos dándole a entender que era él- se lo lleva todo. Perdóname Severus, pero no quiero hablar.

El hombre asiente, mirando hacia el suelo. Jamás entendería por qué no se aleja de allí. Ella no era feliz, se podría decir que todo lo contrario. Severus siempre había pensado que le temía a la muerte pero... ¿Acaso la muerte no es mejor opción que esto?

- Dejando ese tema aparte... - susurra la mujer mirándole - Necesito un favor. La chica de antes...

- ¿La sangre sucia? - pregunta con un hilo de voz mientras el corazón de Seleria se encoge al verle dolorido.

- Se llama Hermione. Necesito que le enseñes magia, ver si está preparada...

- No puedo hacer eso Seleria... - susurra mirando hacia otro lado incómodo.

- Tómatelo como un pequeño favor Severus, tengo que ayudarla...

- Bastante haces ya por ese hombre lobo - dice con una mueca de asco mientras se apoya en la pared - ¿Otra persona a la que salvar para redimirte? - se burla

- Lo necesito. No puedo soportar pensar que estoy al lado de ese monstruo sin hacer nada. Son personas inocentes...

- Lo llamas monstruo y sin embargo le amas - se gira - Lo haré. Pero ten en cuenta que solo lo hago por ti - gruñe antes de desaparecer por el pasillo ondeando su capa de forma peligrosa.

Seleria suspira. ¿Qué podía hacer ella? Su hermano le había prohibido que ningún hombre le tocase, incluido Severus. Cada vez le veía más oscuro, ahogándose él mismo en la culpa de la muerte de Lily. Pero, de nuevo, ella no podía ayudarle, no podía consolarle. Se sentía tan impotente siendo la esclava de su hermano. Apartando un cuadro, que empieza a insultarla por molestarle, Seleria baja por unas escaleras oscuras en agarrando con una mano una de las antorchas. Con cuidado, va bajando los escalones mientras notaba que cuanto más bajaba más oscuridad la asolaba, más suciedad, más sombras...

Al terminar por fin las escaleras de caracol, se queda en pie sobre un rellano y coloca la antorcha a un lado. Cuidadosa, se acerca a la única y oscura celda del lugar. Remus Lupin se hallaba abrazado a sí mismo, totalmente desnudo. Sus ropas posiblemente había quedado reducidas a los pocos retales que decoraban el suelo de la celda tras la última luna llena. Seleria se acerca a los barrotes y los agarra fuertemente mientras Remus se levantaba y la mirada con cariño. Ella prefería no coincidir la mirada con la del hombre lobo. Con un movimiento de varita, Remus está completamente vestido. ¿Por qué, Merlín, ese hombre tan bueno debía sufrir? En ese momento se atreve a mirarle. El hombre lobo traspasaba su alma simplemente con su mirada, manteniendo las manos en los bolsillos. Seleria se aclara la garganta.

- La oferta sigue en pie... - le recuerda con un hilo de voz.

- Seleria... - dice su nombre con demasiado cariño. La mujer ya no podría soportar mucho más por hoy - sabes que no sería capaz

- Piénsalo Remus, unirte a la partida de caza de Greyback no puede ser tan malo...tendrás gente de tu...condición. No estarás encerrado en esta asquerosa mazmorra. ¡Te estás consumiendo!

- Una partida de caza de niños muggles o brujos y magos nacidos de los mismos - el hombre lobo niega lentamente - Prefiero quedarme encerrado - sonríe - Eres muy buena conmigo Seleria, te lo agradezco.

Sin poder evitarlo la mujer se deja caer al suelo y comienza a llorar, a llorar como nunca había llorado. Remus le alarga el brazo a través de los barrotes acariciándole la espalda. Cuando está suficientemente tranquila, el hombre lobo la ayuda a incorporarse.

- Tranquila...

- ¡Ya no puedo más! Jamás podré estar con Severus, tú nunca saldrás de aquí, la gente seguirá sufriendo... Pensé que nadie me quería verdaderamente, que hacía lo correcto... - susurra- ¡Qué equivocada estaba!

- Tienes buen corazón Sele, quizá solo tú puedes cambiar a ese mons... - se lo piensa unos segundos - Hombre.

- Yo ya no puedo hacer nada, ya no tengo esperanza... - los ojos del hombre brillan

- Eso es lo único que se pierde.

Prometiéndole traerle comida y una tinaja para llenarla de agua, la Slytherin se dirige a la salida pero él la interrumpe.

- Seleria - ella se gira para mirarlo - En verdad lo único que necesito en este agujero es un poco de luz - le sonríe - Tú me la traes

Antes de echarse a llorar otra vez y tras regalarle una sonrisa, vuelve a subir las escaleras y a traspasar el cuadro. Qué había hecho...

Hermione comenzaba a aburrirse de observar a ese hombre leer. Amaba los libros y tras el miedo ahora lo único que sentía eran celos. Deseaba leer también o, al menos, no estar tan aburrida como lo estaba en ese momento. Se obliga a hablar, pensando exhaustivamente si lo que va a decir puede sonar ofensivo.

- Disculpe...

Voldemort levanta la mirada del libro y usa sus ojos completamente rojos para mirar a Hermione de arriba a abajo.

- ¿Me has hablado sangre sucia?

- ¿Qué lee? - Voldemort frunce el ceño, convencido de que esa pequeña inmunda no se estaba atreviendo a lo que se estaba atreviendo...¿o si?

- ¿Qué te importa lo que lea? - pregunta molesto volviendo los ojos al libro. Le parecía increíble que esa pequeña rata intentase sacar tema de conversación.

- Me gusta leer - Vuelve a levantar los ojos. Eso sí que no se lo esperaba. Las chicas como ella normalmente estaban encerradas sin nada más que el resto desde los once años. Eso quería decir que le gustaba la lectura desde más joven. Sin duda un caso inusual.

- Imagino que estúpidos libros muggles... - no se podía creer que le siguiese la corriente, pero la curiosidad se había instalado bajo su piel y aunque fuese un sádico sin sentimientos también se consideraba una serpiente muy curiosa.

- La mayoría - admite la bruja y la curiosidad deja de brillar en los ojos del hombre - aunque también... - apaga la voz al darse cuenta de lo que iba a decir, lo que produce una atención inmediata por parte de su interlocutor.

- ¿También? - pregunta. Por el lenguaje corporal de su prisionera veía que tenía miedo. ¿De lo que iba a confesar? - No te haré daño si me lo dices - promete restándole importancia.

- He leído algunos libros mágicos... - eso sí que no se lo esperaba.

- ¿De dónde los has sacado? - prácticamente no lo podía creer.

- De entre la basura... - Voldemort recuerda rápidamente que a los sangre sucia, estando encerrados, se abastecen con las sobras de sus discípulos. - He intentado aprender, comprender lo que soy...

Ahora sí que ardía la curiosidad en sus ojos. Generalmente no solía llevar dos varitas encima pero antes de llegar al cuarto de la sangre sucia y con el mal humor, uno de sus seguidores había sido desafortunado. Le lanza la varita a Hermione.

- Demuéstrame que sabes algo pero no intentes nada, claramente soy más poderoso que tú - comenta con tono amenzador.

La chica lanza un reducto contra una pequeña cómoda, destrozándola en mil pedazos. Tom todavía no podía creer que fuese la primera vez que tocase una varita. Tras su pequeño destrozo, arregla el desastre con un reparo mirando a su captor de reojo, temerosa de haberle enfadado.

La puerta se abre dando paso a Severus, que nada más ver a su señor se inclina obedientemente. Hermione deja la varita sobre la cama y se aleja de ella, como si le quemase, y se dedica a mirar al intruso.

- Discúlpeme mi señor...no sabía que usted...

- ¿A qué venías Severus? - pregunta recogiendo la varita. Era uno de sus más leales seguidores pero eso no quitaba el que estuviese en esa habitación. Nadie podía entrar ahí sin permiso, exceptuando a Seleria, claro.

- La señorita Blade me pidió que le diese clases a su...esclava, mi señor - responde no sabiendo si estaba metiendo a Seleria en un problema.

- En tal caso llegas en el momento justo Severus - le entrega la varita que hacía poco estaba en posesión de Hermione - Enséñale. Quiero ver de lo que es capaz esta sangre sucia.

- Por supuesto mi señor - termina por decir Snape con un suspiro al ver cómo el actual controlador del mundo salía por la puerta con aire distraído.