Había pasado una semana y Severus estaba increíblemente impresionado. Hermione tenía una capacidad impresionante para la magia y la investigación. Sería una pena desperdiciarla... También veía a Seleria mucho más tranquila. Voldemort había tenido que hacer un viaje hasta España, donde los ataques de la rebelión de Dumbledore seguían provocando disturbios. Si solo supiese que él se lo había pedido al viejo con tal de darle un suspiro.

- Creo que ya es suficiente Granger, tienes potencial - comenta levantándose.

- Gracias señor...

- No se haga ilusiones. No entiendo por qué sigue viva pero algo le llamó la atención al Emperador sobre usted. Que sea buena para la magia puede significar que quiera matarla por ser sangre sucia o que la utilice... - la sonrisa se borra rápidamente de su rostro

Snape no deseaba quitarle los sueños a la joven pero no tenía otra opción. Tampoco quería perder su muy conseguida fachada. Aunque no lo admitiese, quería que esa muchacha de pelo enmarañado viviese...¡Serviría considerablemente a la rebelión! Y además comenzaba a sentir la impotencia de Seleria...Tampoco, y aunque pareciese sorprendente, deseaba ver al licántropo en esas condiciones. Quizá si hubiese sido Potter o Black habría contribuido, pero Lupin tampoco había sido tan cruel como para recibir eso. Sale de la habitación sin despedirse y busca a la mujer que tanto dolor de cabeza le da. La ve en el comedor, observando el patio por una enorme cristalera. Es curioso e irónico lo luminosa que resulta la mansión y quién es su dueño.

Al escuchar pasos Seleria se gira. Se le ve incluso más joven. Sin tener que estar en un constante estado de dolor o sin el miedo en sus ojos. Severus se compadece de ella: necesitaba ese descanso.

- ¿En qué piensas? - pregunta el pocionista colocándose a su lado. El jardín se veía bonito en esa época del año. La nieve inundaba todo el lugar y el blanco favorecía la pureza que Seleria claramente necesitaba. Un pajarito pasa dando saltos frente a ellos antes de salir volando.

- Una locura Severus...en una locura - se corrige - Ojalá pudiese sacar a Remus de ahí abajo.

Severus frunce el ceño. Eso era imposible a no ser que quisiese morir.

- De todas maneras...¿Cómo va Hermione? - cambia de tema sin mirarle. Eso a Severus le molestaba de sobremanera. Quería ver sus ojos, sus hermosas pupilas rojas que, en vez de transmitir odio como al loco que servía, transmitían cariño. Ella lo sabía, por eso no lo miraba. Prefería conservar su cordura antes de perderse en el mar profundo y oscuro de los ojos de su...¿amigo?

- Progresa adecuadamente - suelta sin más - Tiene talento... - Seleria sonríe. Hacía tanto tiempo que Snape no veía su sonrisa...esas de las de verdad.

- Hay posibilidades entonces... - prefiere no contradecirla. Por Merlín, haría lo que fuese por esa sonrisa.

- Solo no lo enfades... - Quería besarla, pero no podía. Se odiaba cada día por ello. De todas maneras posiblemente ella no sentiría lo mismo, solo lo utilizaba para que le hiciese favores y salvar vidas. Severus suspira sin quererlo con el corazón roto. Al fin y al cabo, así son las serpientes y no debía olvidar que Blade era una. - Adiós Seleria...

- Adiós Severus... - así, su despedida. Sin mirarse, sin una sonrisa. Simplemente un trozo de hielo frío que observa los primeros copos de una nevada suplantar a la manta blanca del suelo. Snape sale de allí ondeando su capa, notando a su corazón sangrar una vez más.

Tom estaba tremendamente enfadado. Le había hecho ir hasta España por una estúpida falsa alarma asegurando que habían visto a Harry Potter. Claramente él ya se había ocupado de los inútiles que le habían llamado: formaban una bonita alfombra. Nagini los esquivaba o, de vez en cuando, pasaba sobre los traidores de su señor. Lord Voldemort no tenía reparo en pisarlos, eran inferiores a él. Había estado tentado de volver a su mansión tras acabar con ellos pero había algo que no le convencía. Nadie, excepto unos pocos, sabían que Dumbledore había conseguido salvar a Potter mientras él se entretenía con Lily. Sus mortífagos no podían haber imaginado verle, seguramente decían la verdad. Mira a sus súbditos en el suelo.

- Ya no tiene remedio... - comenta sin remordimientos. Nagini sisea desde el suelo, deseosa de irse. No le gustaba estar, aunque pareciese extraño, en ese campo de cadáveres.

Su señor no le hacía mucho caso, de todas maneras. Los engranajes de su mente rodaban a gran velocidad. Había llegado a la conclusión de que el chico Potter había estado aquí, eso era innegable. Entonces...¿Por qué no estaba? Su cerebro se pone en alerta inmediata: Una trampa. Ese viejo decrépito le había tendido una trampa a él.

La mansión ardía en llamas. Centenares de mortífagos y aurores lanzaban sus hechizos dándole al cielo millones de explosiones verdes y rojas. Seleria corría por el pasillo, intentando llegar hasta la mazmorra del hombre lobo.

- ¡Bombarda maxima! - escucha a alguien conjurar justo antes de que prácticamente una pared se le caiga encima. Sirius Black tenía prisa: Iba a salvar a un amigo.

Seleria comienza a toser desde el suelo por el polvo que se acumulaba en sus pulmones. Sirius se percata de ello y baja la mirada para ver si a quien había herido era del bando amigo o enemigo. Al ver a Seleria le apunta con la varita.

- Espera... - susurra con un hilo de voz la mujer.

- ¿Por qué debería esperar a dejar a ese monstruo sin su mano derecha? - pregunta Sirius.

"Como si Lord Voldemort tuviese mano derecha..."

- Remus - susurra intentando levantarse

- ¡Black, maldito imbécil! - la voz de Severus retuena por las paredes. Sirius le mira con asco pero le deja llegar hasta Seleria para sorpresa de ella. Su pocionista favorito se agacha y le ayuda a levantarse - ¿No recuerdas acaso lo que te dije?

"¿Severus hablando con Sirius Black?"

Sirius le resta importancia con un movimiento de mano y, siguiendo a la pareja, bajan a través del cuadro hasta la celda de su amigo. Remus levanta la mirada esperanzado y sonríe como Seleria jamás le había visto sonreír.

- Sirius...

- Ya está amigo mío, vamos a sacarte de aquí. Apártate

Remus se echa hacia atrás como puede y Sirius lanza un hechizo que destroza los barrotes. Ambos se funden en un abrazo.

- Estúpidos Gryffindors...

- Cierra la boca Quejicus - Sirius agarra a Remus - salgamos de aquí aunque, si tú te quieres quedar Snape, no te lo voy a impedir.

Gruñendo y maldiciendo a uno de los hombres que más odiaba, los cuatro vuelven al pasillo. Esquivando maldiciones consiguen salir al patio que anteriormente se encontraba precioso, blanco, ahora brillaba con los hechizos. Seleria mira hacia la mansión, sintiendo que, por primera vez en muchos años, iba a ser libre.

- Se terminó querida - susurra Severus.

De repente todo se hace más lento. Tom se aparece en la puerta de la mismísima mansión. Sus ojos brillan de la más pura rabia y el odio. No queda nada de humano en él. Conecta los ojos con los de su hermana, amenazándola, tentándola. Sabe que no será capaz. Demasiado buena como para irse y dejar que otro cargue con la ira de su hermano.

Seleria abre la boca y coge un último hálito, descubriendo lo que él planeaba. Intenta zafarse de Severus, pero el mortífago la atrapa entre sus brazos con más fuerzas entre sus brazos.

- ¡Hermione! -exclama justo antes de desaparecer

Hermione observaba el desastre por la ventana. Al parecer ambos bandos peleaban entre sí. Intenta abrir la puerta deseosa de escapar de su prisión, pero está cerrada con un hechizo. Desesperada y sin su varita - que siempre le retiran tras las clases - Intenta abrirla golpeándola con los puños. Escucha pasos desde el otro lado y se echa hacia atrás instintivamente. Al poco la puerta se abre dando paso a un joven más o menos de su edad, con el pelo enmarañado. El chico se recoloca las gafas y clava sus ojos verdes en ella. A su lado, un joven pelirrojo la apunta con una varita.

- Harry, debemos irnos - le pide con cierta desesperación en la voz su compañero.

- ¿Eres Harry Potter? - pregunta Hermione - Me dijeron que estabas muerto, que ya no quedaba esperanza

- Harry... - insiste el pelirrojo

- Ella no tiene nada que ver con esto Ron, solo es una víctima - habla por primera vez Harry y le tiende la mano - Vamos, te sacaremos de aquí...

- Hermione - responde decidida - Hermione Granger

- ¡Esto es una locura! ¡Dumbledore nos va a matar cuando lo sepa si no lo hace Voldemort antes! No creo que podamos engañarle durante mucho tiempo.

- ¡Cállate Ron! Intento pensar - tira de la mano de la chica pero una extraña barred en la puerta no le deja pasar. Lo intenta de nuevo pero alguna extraña magia no dejaba que la muchacha pasase.

Harry la mira y ve en sus ojos desesperación. La joven no era estúpida, sabía que si se quedaba allí no tendría posibilidad de nada. Voldemort descargaría su furia sobre ella y sufriría durante días, puede que incluso semanas. Las lágrimas caen de sus ojos sin poder evitarlo.

- Por favor...no me dejéis aquí...

- ¡HA REGRESADO! -exclama un mortífago. Harry se muerde el labio. No podía dejar a esa pobre muchacha así pero no podía hacer otra cosa.

- ¡Déjala Harry, no podemos hacer nada! - Ron tira de su amigo hasta sacarlo de la habitación. El chico mira de nuevo a Hermione, que ahora se había acercado y golpeaba la barrera mágica con desesperación.

- ¡No podéis dejarme aquí! ¡Por favor!..

- Lo siento... - susurra Harry antes de salir corriendo junto a su amigo. No podía hacer nada y no se perdonaría perder una guerra por la vida de una desconocida.

Hermione simplemente se queda allí tirada, llorando, sabiendo que lo primero que haría ese monstruo sería desquitarse con ella. Mientras, Seleria intentaba zafarse de los aurores que la agarraban, iracunda. Ella no podía haber condenado a una niña a una muerte segura. Maldita cobarde estaba hecha.