Nada más estar frente a las puertas del instituto Wools, Seleria comienza a sentir grandes punzadas de culpabilidad. Había traicionado a su hermano contando el secreto mejor guardado de la historia, ése era su para siempre y ella lo había quebrado. Severus le acaricia levemente la mano y Albus, con la tranquilidad que le caracteriza, se abre paso a través de las enormes puertas de hierro. Con un leve empujón en la espalda de la mujer, Seleria vuelve a la realidad y atraviesa los umbrales de su infancia.

Albus camina por los pasillos como si hubiese visitado mil veces ese lugar, tal y como había hecho en sus recuerdos y memorias con el fin de encontrar algún punto débil contra Tom. Finalmente llega al despacho de la directora, ahora suplantada por un hombre de aspecto destartalado, ancho de espalda y barba oscura de varios días.

- Buenos días - saluda amigablemente Albus al hombre. Seleria se acerca un poco más a Snape nada más ver pasar a un grupo de niños por el pasillo.

- Buenos días - devuelve el saludo con voz grave el hombre mirando a los tres con desconfianza - ¿Desean adoptar?

- Venimos a preguntar por unos jóvenes que residieron aquí hace años - Albus coge un caramelo de la mesa ante la mirada sorprendida del hombre - Seleria y Tom Riddle

La cara del hombre se vuelve blanca nada más escuchar esas palabras.

- No hablaré de Satanás. Márchense - ordena con voz fría. Su desconfianza se había vuelto una alarma en el cerebro

- ¿Satanás? - pregunta Albus digustando su caramelo - ¿Tan horribles podían ser esos niños? - pregunta usando siempre el plural

- Ese niño - le corrige el hombre - Hacía cosas...extrañas. Todos le temían y nadie se atrevía jamás a llevarle la contraria. Dios salve a la persona que tuvo este cargo antes que yo... ni los castigos servían para él.

- Castigos físicos y depravantes - añade Seleria con odio - Le maltrataban, le hacían daño, ustedes le convirtieron en un monstruo.

- Ese niño nació siendo el diablo - el hombre responde sorprendido ante el arrebato de Seleria - ¿Cómo...?

- Discúlpela. ¿Qué me dice de Seleria Riddle? La hermana de ese niño - un escalofrío recorre la espalda de la muchacha. Cada vez que Dumbledore soltaba la palabra hermana le hacía sentir punzadas de dolor.

- No tenía familia. Según los informes una mujer de aspecto demacrado llegó aquí desesperada y dio a luz en una de nuestras salas. Únicamente nació un niño y ella murió al darle vida

Albus se gira hacia Seleria mientras Severus se encarga de que el hombre no recuerde nada de esa conversación.

Tom entra sin miedo a la habitación donde Hermione Granger dormía plácidamente en la cama. Se abstiene a despertarla, simplemente se sienta junto a ella y la observa. Sí, tan iguales pero tan diferentes a la vez. Sonríe al apartarle un mechón de su melena rebelde para verle mejor la expresión de la cara. No podía permitirse ningún fallo, solo tenía que convencerla de sus "buenas intenciones". Al fin y al cabo, no dejaba de ser una niña.

Hermione siente la presencia de alguien en la habitación y el contacto de una mano sobre su piel. Después de tantos años de tortura, sus sentidos se habían agudizado considerablemente. Abre los ojos, asustada, encontrándose con otros, dos rubíes ensartados en la cara más perfecta que jamás había visto. Se aleja de Voldemort asustada.

- ¿Qué haces? - pregunta mirándole sin entender la situación

- No me convenció tu respuesta y he decidido sincerarme sobre mis intenciones - Tom baja la mirada y Hermione le mira con desconfianza.

- ¿Pidiendo ayuda a una sangre sucia? No te creo

- Puede que no, pero estoy desesperado - y verdaderamente lo parecía - Seleria debe estar a mi lado, yo jamás le haría daño... - se levanta con el ceño fruncido - Solo necesito hablar con ella, nada más. Por favor Hermione - susurra, esforzándose todo lo que es capaz por pronunciar esas palabras. Era un momento crucial.

La chica se encontraba en completo estado de shock. La había llamado por su nombre y, además, se lo había pedido por favor. ¿Qué le ocurría? Había pasado casi toda su vida en un prisión, leyendo lo que conseguía, y de esos libros solo encontraba una opción lógica: el amor. Tantos y tantos libros hablaban del amor...no le cabía duda, Lord Voldemort estaba enamorado. Su mente vuelve a esas historias de finales felices en las que el hombre es frío, cruel, depravado...el amor les cambia a todos. Cuando se enamoraban, dejaban de ser crueles, se volvían personas bondadosas. Quizá eso es lo que Vodlemort necesite, amor. La decisión estaba clara, pero necesitaba ser más lista que él, aprovecharse de su actual situación de debilidad.

- ¿Qué consigo yo a cambio? - pregunta intentando que su voz no muestre su engaño.

- Serás libre por fin Hermione y, cuando yo doy una promesa, la cumplo. Ya no te dejaré pasear por la mansión, no te enseñaré magia...ni siquiera tendrás que estar aquí. Anulo la promesa que te hice hace unos días y te la cambio por una mejor: te dejaré libre - los ojos de Hermione no dejaban de brillar, eso era lo que deseaba. - Ninguno de mis mortífagos te perseguirá jamás, nunca volverás a pasar por lo que has pasado... - le tiende la mano - Sólo ayúdame a que Seleria esté conmigo

El corazón de Hermione latía con fuerza...¡Iba a ser libre! Además, Voldemort había demostrado que esa mujer, Seleria, podía cambiarle. La había tratado bien...por Merlín, ¡Prácticamente el gran señor oscuro se había arrodillado frente a ella!

- No te preocupes... Te prometo que estarás con ella - susurra Hermione abrazándole. Necesitaba ese abrazo - Podrás hablar con ella, yo me ocuparé

Pero Tom no la escuchaba, estaba totalmente sorprendido, con los ojos muy abiertos. ¡Esa sangre sucia le estaba abrazando! ¡Sin miedo! Una sensación cálida le invade el pecho y, con los brazos temblorosos, termina por abrazarla. Su tensión se esfuma. Esa sensación de calidez se expande por todo su cuerpo. Podía apartarse pero, ¿Qué más daba? Por una vez en su vida iba a permitir que esa sensación le embargase por última vez.