Tom caminaba de manera un tanto intermitente por las calles de Londres, repitiéndose una y otra vez que todo saldría bien, mientras su fiel serpiente descansaba en sus hombros. Se sitúa frente a la puerta de la estación, acariciando la cabeza de su reptil favorito, cuando alguien le toca el hombro. Poco acostumbrado a que la gente le toque, el chico se gira con el ceño fruncido, dispuesto a amedrentar a cualquier idiota cuando su boca se abre.

Una chica de posiblemente su edad le miraba de manera nerviosa, como perdida. Tom se aclara la garganta, obligándose a ser amable.

- Hola...¿Quieres algo? - pregunta el joven con voz aburrida

- Esto...sí. Me preguntaba si ibas a Hogwarts. Estoy un poco perdida y mis padres ya me han dejado aquí... - se muerde el labio con nerviosismo - Y como he visto que tu mascota es exótica...

- Así es - confirma Tom tendiéndole la mano - Puedo ayudarte a encontrar la entrada si quieres

Con una sonrisa que deja al joven totalmente deslumbrado, la chica acepta la oferta.

- Oh, disculpa, soy muy olvidadiza. Me llamo Seleria, Seleria Blade - Tom se queda unos segundos observándola tras sus ojos azulados, como si quisisese parar el tiempo en ese mismo instante.

- Yo soy Tom Riddle, un placer conocerte.

Le agarra de la mano y prácticamente le arrastra hasta el interior de la estación buscando el andén 9 y 3/4. Tom se sentía completamente descontrolado, no comprendía lo que le estaba pasando. Sus nervios se disparaban mientras caminaba junto a esa chica de pelo oscuro. Sin saber por dónde entrar, están a punto de desistir cuando Nagini interviene.

- Una lechuza esss un animal poco corriente para persssonasss sin magia...

Y es en ese momento cuando Tom se gira para observar a un chico de aspecto maltrecho y piel cetrina.

El muchacho se acerca a ellos mientras Nagini suelta un pequeño silbido de desagrado. El aspecto del joven no era muy...agradable. Vestido con un abrigo negro de varias tallas más grande de lo que debería, ojos como dos pozos oscuros, pelo grasoso a la altura de los hombros y nariz prominente le daban un aspecto desagradable. Sin embargo y sabiendo que era su única esperanza, Tom le corta el paso.

Se quedan clavando la mirada uno en el otro hasta que, al ver que no pensaba decir palabra, Tom termina hablando.

- ¿Vas a Hogwarts?

El niño parpadea durante unos segundos observando a la pareja.

- Sí.

- Bien... - Tom empezaba a perder los nervios - ¿Cómo se llega al tren?

- No seas desagradable Tom - interviene por primera vez en su historia la chica aunque ese extraño le daba un poco de miedo. Lo cierto era que empezaba a no soportar los modales de ese chico que había conocido apenas minutos antes. - ¿Cómo te llamas? Yo soy Seleria

- Severus - responde igual de cortante que la primera vez y les rodea para señalar a la pared de la columna entre el andén nueve y el diez. - Se entra atravesando esa pared

- Muchas gracias, eres muy amable - agrega Seleria, mirándole con un brillo en los ojos que hacen que Tom Riddle comience a odiar a muerte a ese estúpido chico sin clase.

Sentado en ese estúpido taburete esperando ser seleccionado de manera clara en la casa de las serpientes, Tom no podía apartar la mirada de la chica que había conocido en la estación. Durante todo el viaje de tren había estado durmiendo, y Tom no había podido evitar quedarse embobado, observando cada uno de sus rasgos, estudiándola por el más exhaustivo examen. Ahora ella hablaba con un estúpido rubio mientras él se mantenía alejado. Al escuchar los aplausos y sin miedo a no estar en lo cierto, se dirige a la mesa de las serpientes con paso apresurado.

- Tienes suerte linda, has acabado en la mejor casa - comenta el rubio - Me llamo Lucius Malfoy...pronto entenderás quiénes merecen la pena por aquí.

- Yo soy Seleria... - traga saliva - Seleria Blade. Es un placer. - sus mejillas se sonrojan

- Creo que eres un poco extraña... ¿Hay alguna razón por la que..?

No termina la pregunta. Tom le aparta con cierta rudeza y se sienta junto a su recién autonombrada chica para alejar al rubio de ella, quien no parecía muy contento.

- Disculpa pero estaba hablando. - se queja Lucius

- No me gusta que toquen lo que es mío - sisea Tom girándose para encarar al hombre, mucho más grande que él - Espero que no tengas inconveniente.

- Disculpa Tom, pero no soy de nadie - la chica se cruza de brazos siendo ignorada

- Vaya, tienes agallas pequeñajo. ¿Cómo te llamas?

- Prefiero conocer el nombre de mi acompañante si no te importa - y por el tono que usa no cabía discusión, era una orden. Lucius traga saliva imperceptiblemente mientras un serpenteo nervioso relampaguea a través de su espalda.

- Lucius Malfoy. ¿Y tú eres?

- Tom Riddle. Espero que no se te olvide.

- ¿Qué te preocupa? - la voz varonil de su reciente mejor amigo y sus ojos la escrutaban deseoso de saber qué era lo que tanto mal producía en ella ese fenómeno desconocido del que debía protegerla.

- No es nada Tom...

- No me mientas, odio cuando me mientes - casi sisea sin apartar los ojos del cuerpo de Seleria- Recuérdame que hay que alargar esa falda

- No quiero parecerme a McGonagall - responde en un bufido - Estoy enfadada por Severus...¿Estás contento ya? - A veces no soportaba por qué Tom se comportaba de esa manera con ella, cuando parecía repudiar a las demás chicas.

- ¿Te ha hecho algo? - sus ojos reflejan su instinto asesino, escondido día tras día en capas de alumno perfecto que tan solo Seleria había llegado a descubrir

- Jamás me haría nada - niega con la cabeza cuidadosamente - Es solo que no se da cuenta de que esa Gryffindor para lo único que le quiere es para sacar Extraordinarios en pociones... - El cuerpo de Tom, tenso hasta entonces, recupera un poco la compostura.

- Ya se dará cuenta. Snape no es idiota.

- El amor ciega y lo que él empieza a sentir por Lily comienza a ser obsesivo.

Tom frunce el ceño, claramente perplejo por la incomodidad de su chica. ¿Qué le ocurría? ¿Envidia? ¿¡Celos!? Imposible. Ese Snape, aunque inteligente, jamás conseguiría gran cosa. Además ella era suya. Desde el momento en el que la vió se convirtió en suya. Debía darse prisa, buscar una solución. Claramente Seleria no estaba de acuerdo con sus prácticas y terminaría por alejarse de él, algo que no permitiría. Aunque tanto hlabar de Snape... tenía que averiguar qué sentía exactamente su "mejor amiga" sobre ese solitario. No le da tiempo a preguntar, ya que Slughorn entra en la clase dándola por comenzada

Tom la arrastraba sin piedad hasta la sala común de Slytherin mientras Andrómeda y Regulus se dedicaban a seguirles. Nada más llegar el temido estudiante se sienta en uno de los sofás, sentando a su chica a su lado. ¡Había descubierto al idiota de Black coqueteando con ella! Iba a matarle... No tenía la menor duda

- Bien - casi sisea, arrastrando sus palabras y clavando sus ojos en Seleria - Dime una razón para que no vaya ahora mismo a matar a Black por tocar mis cosas...

- ¡Yo no soy un objeto Tom! - exclama la chica haciendo que sus dos amigos aguanten la respiración.

- Respuesta equivocada - susurra levantándose aunque es rápidamente agarrado por la muchacha.

- Escúchame Tom, no voy a salir con Black ni me voy a acercar a él...¿Qué más da lo que haga? Además, no eres mi niñera y mucho menos mi novio. Si me quiero alejar de ti, me alejo. Si quiero largarme con Black o con cualquier otro, me largo. ¡Y tú no puedes hacer nada por evitarlo! - el hombre no apartaba los ojos de los de la mujer a la que había terminado amando en desmedida - ¡Estoy harta de ser tu marioneta! Me considero una persona libre...

Con los ojos entornados de Tom clavados en ella, los segundos pasan como si fuesen años, notando la incomodidad pesando sobre los hombros de los presentes. Sin decir nada, el Slytherin se gira y sube hasta su habitación, dando un portazo. Lo había decidido. Esa misma noche borraría los recuerdos, consiguiendo que fuese suya para siempre.

Y ahora que estaba allí sentado, en su despacho, observando la nieve caer junto a sus recuerdos le comienza a asolar el sentimiento de culpabilidad. Frente a él dos mujeres seguían en el suelo, conservadas por un hechizo. Por mucho que sus mortífagos habían insistido en quemarlas o enterrarlas, Tom no se decidía a apartarlas. Sí, ahora era cuando había sobrepasado la línea y se había convertido en un monstruo. Desesperado por el poder y la necesidad de olvidar a Seleria había llegado a crear 7 horrocruxes, transformándose en el aspecto que verdaderamente debía tener tras la barbaridad que meses atrás había hecho.

Y aunque durante esos meses había distraído su mente, ya no le quedaba nada. Potter estaba muerto, al igual que Dumbledore. La orden se había disuelto, temerosa, incapaz de hacer frente a una amenaza como la suya. El mundo era suyo, y a la vez no tenía nada. Los ojos sin vida de Seleria se lo recordaban cada vez que se atrevía a mirarla.

Por fin podría hablar con ella e incluso pedirle perdón. La piedra de la resurrección, con la que jugueteaba desde hacía rato, se aprieta en su mano, dejando paso a una luz cegadora y a la mujer a la que amaba, que se dedicaba a mirar su propio cuerpo sin vida.

- Seleria...

- Al fin muestras tu verdadero aspecto Tom - contesta la mujer sin mirarle. Él simplemente baja la mirada.

- ¿Así me recuerdas? ¿Cómo un monstruo?

- ¿Cómo está Severus? - Tom aprieta fuertemente los puños, conteniéndose.

- Es el único que aún me planta cara. - responde con desgana - Aún sabiendo que no podrá hacer nada contra mi... Seleria - la llama - Háblame, dime algo... aunque sea ódiame. No puedo soportarlo más. Dime que me perdonarás o, al menos, que sientes odio hacia mi. Dime que sientes algo Seleria.

- ¿Qué quieres que sienta Tom? Robaste mi esencia, lo que era. No te odio, jamás seré capaz de odiarte pero tampoco puedo decir que te perdone Tom. Estoy muerta - el hombre cae de rodillas con lágrimas en los ojos-

- Perdóname - le ruega - Me he arrancado el alma a pedazos y la he desperdigado y, aún así, este dolor no se va. ¿¡Por qué no puedo librarme de este dolor!?

La mujer se acerca hacia él para estrecharlo contra ella en un intento de aliviar su dolor pero, nada más rozarle, su presencia desaparece. Voldemort se levanta, apartando las lágrimas de su cara.

- Te quiero Tom...