"Tu propia felicidad depende de tus propias acciones, cuando la realidad misma te consuma, las leyes te opriman y la soledad finalmente te derrumbe. En ese momento, el amor sera todo lo que tengas y tu única escapatoria, pero… ¿Qué mejor amor que uno prohibido?"
Issei Hyoudou x Serafall Sitri
– ¿Acaso duele? – hablando todo inocente, Issei.
– ¡Si, mierda!, con cuidado. – con la cabeza rota y muletas, Matsuda.
– ¡No te pases de listo, imbécil! ¡Que te cobraremos todo! – con yeso en su brazo y cojeando, Motohama.
– ¿Qué culpa tengo yo? – alzando una mano defensiva, con la otra atajando para que no se caiga su amigo perver.
– Tu nos vendiste como basura, peor que basura. – el de lentes declaro desde el otro lado.
– Nos debes mucho Issei, espero que en estos dos días hayas conocido a alguien asi para que nos las presentes. – el calvo declaro, tratando de sonar intimidante.
En tus sueños calvo cara de nepe.
– Con estas condiciones apenas irán a su casa sin romperse algún hueso de nuevo – parando el taxi, y siendo el ayudante para que ambos pubertos entren al taxi de oro.
– ¿Los taxis para que se inventaron Issei? – declaro con sus gafas brillando bajo la luz del sol.
– Uber revolucionara el mundo – asintiendo fervientemente la cabeza para confirmarlo.
– Miren, dejen de lado eso, ahora concéntrense en recuperarse antes del segundo maratón, putos – cerrando la puerta del taxi, y diciendo la dirección al conductor. Partieron.
Entre burlas y amenazas de muerte, ambos fueron dejados en sus casas, como Issei pidió permiso solamente para eso, fue de nuevo a la academia.
Entrando en su sala de clases, avisando que volvió, oyendo algunos murmullos de la razón de que salió.
Se sorprendio por oír que había encontrado novia, que salió para encontrarse con ella. Al oírlo, una morena con coletas vino a su mente.
Ya sentado, sacando sus útiles y colocándolos, se recostó y miro hacia afuera.
Serafall…
Se sentía tonto, pensando que una mujer como ella podría fijarse en él.
Ayer al empezar la lista "Como conquistar a Sera, paso a paso no feik un link" analizando todo, dándose cuenta que era particularmente imposible, casi. Nunca confirmaba si venia o no al día siguiente, de donde es, si es de Kuoh, su edad o algo asi. Lo más probable es que desaparezca del radar cuando termine el maratón.
Por esa razón, observando la ventana por unos minutos más antes de que una mano acabara en su cabeza en un golpe bastante fuerte.
– Despierta, Hyoudou. Presta atención. – el profesor de turno, frunciendo el ceño para luego regresar a su lugar.
Enderezándose y escuchando las palabras del maestro antes de perderse de nuevo en sus pensamientos.
– La mecánica cuántica se trata de… –
Firma, mover y refirmar, era algo que estaba haciendo desde que volvió del cine, al faltar en varias reuniones y no tener un asistente para esto, tenía pilas y pilas de papeles. Apenas se cambió y con ojeras bestiales, quería tener todo listo para volverse a escapar.
– ¡Por Maou~!, esto nunca parece acabar… – tenia tantas ganas de congelarlo todo y usarlo de hielera para sus bebidas, pero estos documentos, de todos los idiomas daban poco a poco más y más ganas de tomar otro baño muy caliente para renovar sus ánimos.
Todavía no era medio día, aún faltaban unas horas para eso y cuando llegara, se pondría a prepararse.
Cuantos más papeles pasaban, mas hora recorría. Pronto llego la hora que tendría que ir a ver a su colega Maou Sircherz para entregarle unos súper importantes documentos de tratados de expansión con respecto a su territorio y frontera con los ángeles caídos.
Estirando los brazos y tronando la espalda, partió rumbo a donde se encontraba el pelirrojo.
Recorriendo el lugar, pasando por pasillos y entrando de puerta en puerta, no encontrándolo en su trono habitual, se pasó unos buenos minutos nada agradables buscarlo, total era súper secreto su comunicación con los caídos, nadie aparte de los cuatro debía enterarse.
Hasta que por fin pudo ver a su sirviente Grayfia escoltando una puerta y saludándola alegremente al verla.
– ¡Grayfia-chan~!, es un súper alivio verte… ¿Me podrías decir donde se encuentra tu encantadísimo esposo? – haciendo un gesto de paz con sus dedos al verla fruncir el ceño ligeramente para luego asentir y abrirle la puerta.
Viendo una habitación totalmente blanca con pilares rojos, y un escritorio simple con muchísimos papeles, con por supuesto, Sircherz.
– ¡Sircherz-chan~!, esto de vuelta~ – dándole un susto de los buenos al hombre, que al levantar la vista se podía ver unas ojeras demoniacamente sagradas, tanto como las de ella antes de arreglarse con magia, su ropa totalmente desaliñada y cabello enmarañado.
– Oh, eres tú. – ignorándola, continúo leyendo y garabateando como demente en una hoja.
Lo cual no fue agradable para ella, frunciendo el ceño peligrosamente, se acertó a él y le tiro la carpeta en la cara, empujándolo y haciendo que el hombre se caía hacia atrás, y que el documento que estaba leyendo se rompiera bajo su codo.
– Aquí está tu estúpido paquete que me saco nervios hasta de Odín, además no tiene ningún sentido. – cruzándose de brazos, girando para volverse, pero un gruñido bien fuerte la detuvo.
– ¡SERAFALL!, ¡ROMPISTE EL ACUERDO! – por instinto realizo un escudo mágico sumamente reforzado para evitar cualquier confrontación con su colega, lo cual era lo último que quería hacer.
– ¡Tenia firmas de personas que me costó un ojo de la cara para que firmen! – sacando a relucir su poder de la destrucción, Grayfia apareciendo con un círculo mágico preparado.
– ¡Tranquilo Sirzechs, te voy a ayudar! – alzando la voz, diciendo por instinto, para apaciguar las cosas, sea lo que sea ese acuerdo debe haber sido bien fuerte para enfurecerlo hasta este punto.
Luego de unos segundos de tensión, el poder de la destrucción abandono el espacio para reunirse en él, lo cual hizo suspirar de alivio a las dos damas, uno por saber que tan peligroso puede ser y otra por conocer el acuerdo.
Sentándose de nuevo en su silla, se calmó respirando hondo, para luego mirarla con unos ojos fríos.
– Estarás aquí hasta que lo terminemos, Serafall. – ordenando de nuevo las cosas que mando a volar con su arrebato, la morena en cambio empezó a ponerse tan pálida como la leche y petrificada como una roca.
En que me metí…– era su único pensamiento coherente en esta situación, la cual arruinaba todo su día.
Me las pagaras… –
…
Las horas pasaban, el garabateo era rápido, conciso y aburrido. El pensamiento principal era las tres o cuatro horas que pasaría libre, sin nada más que preocuparse, deseaba con ansias que, al llegar, estuviera ella ahí, esperándola, que la sorprendiera con su llegada, hablar al finalizar la película, escucharla gritar felizmente sobre qué tan buena era la función.
Colocando sus cosas en su mochila, salió entre los últimos del salón, siendo observado raramente, ya que salía con una sonrisa serena, nada pervertida.
Tendría que llegar y hacer algunas traducciones rápidas de documentos cortos, lo necesitaba.
Un poco más y fue saliendo de la academia, al caminar entro en sus pensamientos sobre todo esto, una parte de él le decía que todo era para mal, que terminaría en la ruina. La otra parte, su parte en busca de la felicidad, le decía que se arriesgue a todo, que al final morirás y tendrás que disfrutar tu vida. En este momento le haría caso a su parte mala, lo arriesgaría todo, lo pensaría bien antes de hacer algún movimiento forzado con ella.
¿Lo lograría?, era la pregunta del milenio. Esperando que sea la verdad y la respuesta correcta, siguió su rumbo.
Un pájaro paso volando encima de él.
Tres traducciones después…
– Creo que esto es suficiente…– contando su dinero adquirido con el fruto de su trabajo, fue a prepararse para ir a la maratón de hoy.
Con suerte sus amigos no iban a ir, aunque por ser tan testarudos se espera poco de eso, pero algo dentro de él quería que fueran, no deseaba sentirse solo y desilusionado en la función de hoy.
Al llegar a su casa, vio su tiempo, aun tenia lo suficiente para llegar con tiempo. Sus padres aun no llegaban y se preparó rápidamente, comiendo una sola manzana para salir, dirigiéndose al parque directamente.
Si llegaba temprano, capaz se hacía una partida de ajedrez con un extraño como ayer, estuvo interesante.
Caminando a paso regular, observó a las personas que circulaban con él; en parejas, con amigos, solos, hablando por celular. Todos metidos en su burbuja personal, sin importarle nada más. Ahora con su burbuja mal puesta y con agujeros, ¿tengo amigos?
Tengo dos, los conozco desde tiempo y siempre hicimos las cosas juntos, pero… ¿son realmente los amigos que merezco?
Asi lo pensaba y por el momento, lo pensara asi. Los tengo a ellos, los amigos son inseparables.
Llegando a una cuadra de la plaza, observo a una morena caminando hacia la misma dirección que yo. Haciéndome conocida, la sigo lo suficientemente lento para no llamar su atención, veo como se dirigió al medio del parque donde están los bancos para el ajedrez, y como pasa, se sienta en el mismo lugar que ayer jugo con una mujer.
Viendo ya su rostro, ¡es la misma mujer!, aun había tiempo, ¿Por qué no una partida de revancha?
Acercándome, me siento en el lugar vacío, ella observa el movimiento con una mirada estoica, pero en un momento parece darse cuenta de quién era, ya que una sonrisa aparece y saluda.
– ¡Hola!, ¿volviendo para que te gane? – agitando el tablero improvisado, sonrió de la misma forma y devuelvo el saludo.
–Ni lo sueñes, te vi en el mismo lugar de ayer, asi que pase por aquí para ganarte de nuevo, ¿Qué haces por aquí de nuevo? – viendo como ella saca las piezas, agarro algunas y las empiezo a ordenar.
– Juego con cualquiera que venga aquí por ajedrez, es relajante, ¿y tú? – colocando las blancas para ella y las negras para mí, empezamos a jugar.
– Vengo por la maratón de películas que ofrecen este tiempo, asi que vengo cada día, también te relaja. – sacando un peón de su camino, avanzo hacia la parte derecha.
– Escuche que la maratón estará muy buena, aunque no me parece interesante ir sola, ¿vas con alguien? – frunciendo el ceño por perder un par de peones tan rápidamente, cambia de estrategia.
Dudando un poco en responder a su pregunta, tardo un tiempo más para mover una pieza y luego dar su respuesta.
– No podría decirlo acompañado, pero no, voy solo. Es cierto, no es divertido ir solo. – esperando un poco para que ella juegue, y luego volvió a hablar.
– Oh, entiendo…aún no se tu nombre. – cruzando sus brazos bajo su busto, se puso pensativa por un momento por una jugaba bien dirigida por Issei.
– Issei, Hyoudou Issei. – chasqueando la lengua por perder a su reina, pero vengándose rápidamente con un caballo.
– Soy Amano Yuma, como sabes ya supongo, Issei… ¿Puedo decirte Issei? – respondió un poco bruscamente, ya que estaba siendo acorralada por un alfil bien colocado.
– Claro, ¿Eres de Kuoh? – moviendo su rey defensivamente, irritado por el cambio de roles.
– Si, de un instituto cercano, al terminar el día escolar vengo aquí por un rato. –pensándolo mucho más en cada movimiento, tensamente fue moviendo una pieza.
– Ya veo, aunque no sabía que había uno cerca de aquí además de la academia Kuoh. – quitando su última torre, sonrió victorioso, la cual estaba cerca.
– Todos se sorprenden, pero existe, ¿Qué tal es la maratón? – ganando contra un caballo, eliminándolo.
– Esta súper, pienso ir toda la semana y si sigue, pues vale la pena. – robando la última torre del tablero.
– Yo quiero ir… ¿Vamos a la función de mañana? – pregunto esperanzada, ya viendo que tu rey estaba por caer, dejo de concentrarse mucho en el juego.
Pausando el juego un rato, se puso a pensar en todo lo que conllevaría si aceptara, si Serafall aún continuaba yendo al maratón, se sentiría mal consigo mismo ya que ella observaría su interacción con Yuma, dudaba que siquiera ella se acordará de su nombre.
Pero viendo como era muy probable que ni si quiera apareciera la próxima semana, respondió de la forma más correcta posible.
– ¿Tienes numero celular?, para confirmártelo por ahí. – moviendo por ultima ves su ultimo peón para acabar con el rey blanco. Ganando asi por segunda vez.
Yuma accedió a darle su número celular, aunque un tanto disgustada por perder nuevamente, luego de otra charla de unos minutos, Issei fue el primero en despedirse, dirigiéndose directo al cine.
Un pájaro azul canturreaba en el árbol de al lado. Para despejar y revolotear por el aire.
Con las fuerzas renovadas, Issei iba directo al cine, viendo ya a las personas dirigiéndose hacia el mismo lugar, saltando entre personas que cubrían el paso, llego. Compro la entrada y fue a retirar sus aperitivos, mientras observaba a los alrededores en busca de alguna pelinegra con coletas, retirando su comida, fue a sentarse para esperarla por ultima ves mientras pasaba la publicidad en la sala de cine.
¿Dónde estás, donde estás? – decir que estaba ansioso era un eufemismo, sus ojos por poco no salían de sus cuencas para buscarla.
Suspirando, se levantó y fue a la sala de cine, estaba claro que no vendría a tiempo, un rayo de esperanza lo golpeo al darse cuenta que capaz estaba ya adentro y llego antes de él.
Apresurándose en la entrada, las luces apagadas de repente, el anuncio de apagar los celulares apareció en la pantalla, para luego apagarse y oscurecer la sala.
Siguiendo el patrón de luces hasta arriba, encontrando su fila y entrando como todo un ninja sin tirar ninguna palomita al piso o derramar su bebida, obteniendo casi el mismo lugar, en el medio de toda la sala de cine.
Colocando su comida en un lugar seguro, observo alrededor en busca de la pelinegra, la cual no encontró ninguna con coletas. Desinflándose, se puso sus lentes y se recostó decepcionado y reprendiéndose a sí mismo por ilusionarse tan rápido.
Capaz la invite – apareciendo el logo de la película, se perdió en esas horas de paz.
…
Te voy a matar… – repitiendo eso unas diez veces más luego de ver la hora en el mundo humano, estaba escribiendo sin cesar en una computadora, haciendo la magia para lograr lo que su querido compañero Maou trataba desde hace semanas.
Luego de enterarse de que era un acuerdo entre las familias Phoenix y Gremory acordando alargar el cumplimiento del casamiento forzado de su hermanita, como también estipular que podrían cerrar dicho contrato matrimonial con un Rating Game.
Como era de esperar, Sircherz no era nada bueno para estas cosas y solo lo alargaron unos meses más, y estaba en proceso del acuerdo con el Rating Game hasta que se rompió misteriosamente.
Riéndose entre dientes, continúo escribiendo sin cesar, aun sin olvidar que ahora mismo estaba dando la película tres del maratón, y para rematar la mejor del evento.
Le privaron de su libertad, de su maratón, de su película y de su normalidad. Ahora estaba envuelta en esto o sentir la furia del poder de la destrucción.
Por lo menos si lo hacían bien y sin contratiempos podría terminar para la noche, ira al parque y recorrería el lugar, como perdió ya el cine de hoy, no serviría de mucho ir de nuevo ya que no eran interesantes las demás películas en cartelera.
– ¿Terminaste las clausulas Serafall? – un Sircherz cargado hasta los ojos de papeles, paso al lado de ella. La única respuesta de la concentrada pelinegra fue una negación, suspirando fue de nuevo a su trabajo.
Mientras Sircherz analizaba las leyes y cada reglamento demoniaco existente, vigente y de posible uso, Serafall se encargaba de pasarlo a la computadora y hacer su magia embellecedora.
Logrando asi un gran avance en todo el trabajo, terminando su parte, le entrego a Sircherz el acuerdo, ahora solo faltaba los términos que él pondrá y convencer a los Señores de las casas a firmarlo.
– Ahora solo quedas tu Sircherz, espero que lo logres y todo termine, siendo sincera no me gusta Raiser. – Serafall hablo heladamente, mientras observaba a Sircherz analizar con unos lentes el manuscrito.
Levantando su vista, quitando sus lentes, asintió en reconocimiento, viéndose más cansado de lo habitual. Suspiro y se recostó totalmente en su trono.
– Lo hare, ten eso seguro Serafall, ese engendro no se casará con mi Rias, hare lo que sea por ella. Enviare esto a Lord Phoenix y padre, tendré que usar mi poder político y mágico para lograr convencerlos sin meterme demasiado en el ámbito político de las familias de clase alta. – tomando un trago de su vaso, dejo que el líquido quemara su garganta y lo disfruto.
Asintiendo, giro sobre sus talones y se dirigió a la salida.
– Suerte. – más que éxito, necesitaba toda la suerte que podía conseguir. Con eso desapareció en un destello azul.
Apareciendo frente a su escritorio, haciendo una mueca al ver los papeles que aún le faltaban, tirando su chaqueta por la habitación, se sentó para terminar de firmar. Ya perdió su película, no perderá esto para que luego se acumule al día siguiente y pierda de nuevo su escapada.
Te voy a matar… – once.
…
Nunca llego… – dijo Issei ya viendo los créditos de la película, recostado y mirando hacia el techo.
Para cuando se encendieron las luces, todo el lugar estaba vacío a excepción de él.
Perdido en sus pensamientos, pensando en invitar o no a aquella mujer, si lo hacía, ¿Se divertiría?
¿Lo haría bien?, preguntas sin respuesta aparentes saltaban en su pequeño pedazo de materia gris, mas renuencia a dejar ir ese pensamiento de esperanza sobre la chica de coletas.
– Oye, chico, la función ya termino. – una voz suave lo saco de sus delirios, volteando vio a una chica peliblanca con el uniforme del cine, con una bolsa de basura en una mano y en la otra su vaso de bebida ya vacío.
Sonrojándose por perder la noción del tiempo, se disculpó apresuradamente y entre las risas de la chica, empezó a bajarse.
– ¡Oye, espera! – volvió a llamar la chica, volteando para ver que necesitaba, ella se acercó completamente a su lugar.
– Toma. – pasándole un papel pequeño con un circulo azul con muchos símbolos, mirándola interrogativamente, ella se rio.
– Si deseas algo, solo pídelo y se concederá. – ella le sonrió, para luego seguir limpiando como si nunca pasara nada, no entendiendo mucho sobre lo que dijo, encogiéndose de hombros, lo tomo y guardándolo en su bolsillo trasero, se despidió y salió de la sala.
Pasando por el parque, con las manos en los bolsillos, fue directo al lugar donde jugo la partida de ajedrez con Yuma, que estaba en el medio del parque.
Observaba pasar a las parejas, con las manos entrelazadas, con caras felices y totalmente desinteresados del mundo fuera de su pareja.
Sonriendo para sí mismo, deseaba un tiempo asi. Podía lograrlo si lo hacía bien con Yuma. Con ese pensamiento, saco su celular y escribió su mensaje confirmándole, diciéndole que se encontraran en el mismo lugar.
Sentándose en su mismo lugar para su juego de ajedrez de hace rato, saco el papel que le dieron para analizarlo.
Con un faro al lado de él, pudo verlo mejor, pensando en cómo un papel te daría un deseo.
Tan perdido estaba en sus pensamientos que no noto la cara sorprendida de una pelinegra con coletas pasando al lado suyo.
Desplomándose en su cama, alejándose del papeleo que cada segundo se añadía más y más cosas para firmar, leer y editar. Suspirando y tronando cada hueso posible, se levantó en busca de su chaqueta, la cual estaba tirada por uno de los sofás. Salió de la habitación, mirando a los lados, desapareció.
Un destello azul se produjo en un mismo callejón, sacando el collar y colocándoselo, fundiéndose entre la multitud, se dirigió al parque.
Me comprare algunas palomitas de los puestos ambulantes, o helado. – mientras iba caminando, observaba a las personas felices en los alrededores, con sus parejas, con sus hijos, amigos, o solamente felices en solitario.
La felicidad era algo tan lejos para ella, tan difícil y escaso. Con mucha suerte podría terminar esta maratón sin que tenga problemas con esos viejos pedos.
Que estarán haciendo los demás que van a las funciones o… ese chico, tienen vidas normales, vidas sin estatutos en cada cosa que haga, vidas sin ninguna preocupación que sí mismos. – con esos pensamientos, en unos minutos llego al centro del parque, viendo unos asientos dobles con una mesa en el medio, fue a sentarse. Con los codos apoyados en la mesa y su cabeza descansando en sus manos, se perdió en sus pensamientos.
El lugar estaba vacío, a estas horas nadie venía a jugar ajedrez, más era para pasar el tiempo con su pareja, amigos, familia.
Por esa razón era la única sentada en un lugar así, los bancos normales estaban ocupados.
Un solitario castaño caminaba con el celular en la mano, no visto por la pelinegra, tomo asiento en la mesa de al lado, frente a Serafall, colocándose de espaldas, ocultando su rostro.
¡Lo voy a hacer, sí que puedo mierda, haré lo que deseo y si deseo eso, que asi sea! – con el rostro de pura determinación, con los ojos encendidos de furia intensa, levanto el rostro para encontrarse con cabellos castaños.
Luego, sintió como algo la golpeaba en todo el cuerpo, algo sobrenatural. Mirando por los lados, el aura lo reconocería a kilómetros de distancia, Sona.
Fijándose en el joven que estaba frente a él, sintió como se concentraba mucha de su aura en él.
¿Es siervo de Sona? – viéndole unos segundos más, se levantó para irse, no debería ser vista por nadie cercano a su hermana, por lo menos por ahora. Observaría quien era para evitarlo más adelante.
Al pasar al lado de la persona, vio un papel con el circulo de la familia Sitri impreso en él, supo al instante de quien se trataba el aura que reconocía, disponiendo dejarlo tal como estaba, era un contrato con los humanos simple, pero al afinar sus sentidos, pudo notar el aura bastante intensa que expelía la persona que estaba observaba el contrato, al ver su rostro se sorprendió bastante al recogerlo.
¡Era el chico que se sentaba al lado de ella en las funciones y hablaban cuando salían del cine!
Ahora más cosas estaban en su mente, ¿Cómo tenía el un papel Sitri?, aunque no era un misterio, la mayoría lo tiraban al recibirlo al no creerlo. Mayormente los clientes eran los de siempre y se compartían los contratos entre sus conocidos o familiares, por recomendación, así se expandía todo.
Al instante supo cuál era la razón del aura, la razón del papel, los casos de muertes de humanos con Sacred Gear a manos de los caídos. ¡Su hermana estaba interesada en él!
Ya pasando de largo al castaño, estaba un poco lejos de él, su cerebro daba mil vueltas a todo.
Pero el boom de todo fue, ¿Cómo no se dio cuenta que el chico tenía un Sacred Gear?, debía de estar sumamente distraída o el collar afectaba a su aura para no saberlo sin concentrarse, el aura Sitri era algo natural en ella por eso lo recogió al primer indicio.
– ¿Cómo se llamaba…? – dijo en un susurro, buscando en su mente sus palabras con él.
– Issei…Hyoudou Issei – chasqueando sus dedos en señal de victoria, siguió caminando. Si su hermana estaba interesada en aquel humano, no la detendría.
Mejor echarle un ojo, aunque si se metiera demasiado en sus asuntos, además con los caídos, sería peligroso.
En última instancia, lo reencarnaría y lo cambiaría con Sona.
Es buena gente. –
Siguió pasando por el parque, recorriendo cada lugar, comprando algunas cosas y viendo todo lo que podía, dejando de lado sus responsabilidades como Maou, como demonio y como hermana, se divirtió. Entro a un árcade, tomándole muchísimas fichas quedar en el top en varios juegos, dejando su marca para la prosperidad, con su seudónimo de Levi-tan impreso en cada máquina.
Saliendo de árcade, para hacer su última parada en una pastelería cercana, con un gran apetito, se serviría un gran pedazo de pastel de chocolate, para que su azúcar este por las nubes, llego, compro y se sentó para disfrutarlo.
Por cada pedazo de pastel, más se asentaba su realidad, sus miedos, sus responsabilidades, su libertad obstruida. Llegando a un punto de que por más dulce y delicioso que sea el pastel, menos apetito tenia.
Ignorando el gruñido de su estómago, aparto el pastel y se recostó, posando su cabeza sobre sus brazos, mirando hacia afuera.
¿Me estoy engañando?, todo esto desaparecerá… – en toda su vida, todo esto va a desaparecer, esto es un solo pestañeo en toda su vida, apenas un solo suspiro y todo cambiara, pensando en todo lo que podía haber hecho que venir aquí. Su hermana ya creció, sus padres a pesar de ser los mejores, ya no tenían muchas cosas que ofrecerle para esto. Todos sus compañeros Maous están comprometidos con algo o alguien, Ajuka tiene sus investigaciones, Sircherz tiene su familia, Falbium tiene… pues salud.
– Capaz tenga que pedirle a Falbium ayuda con esto…– murmuro una abatida Serafall, logrando levantar su cabeza, para mirar al alrededor de la pastelería, veía a las personas comer tranquilamente, un té, un pastel y son felices.
Para cuando pudo sentir el aura de la persona, la misma ya estaba al lado suyo.
– ¿Leviathan-sama? –
Levantando frescamente su cabeza, reprendiéndose por no notar el aura demoníaca tan cerca de ella, miro a una peliblanca comiendo una paleta.
Tras el incidente ocasionado por su hermana mayor, dudaba que ningún alto mando no sepa quién era.
– Toujou-chan, que agradable sorpresa~ – moviéndose un poco de su lugar para darle espacio a la chica, ella señalo el lugar de su lado.
Ella un poco encogida acepto y se sentó, con su paleta aun en su boca. En el momento que Koneko iba a hablar, una mesera entra en acción.
– Bienvenidos, ¿qué puedo hacer por ustedes? – con un libreto en su mano, preparada para anotar a toda velocidad las ordenes.
Sabiendo que ella probablemente no pida nada en su presencia, sonrió para sí misma.
– Tráigame lo más excéntrico y delicioso que tengan. – anotándolo, se volvió hacia Koneko.
– ¿Para usted lo mismo? – ella visiblemente abrumada, asintió suavemente. Mientras la mesera lo anotaba y se iba, ella se giró hacia Koneko.
– Este lugar es fascinante, ¿vienes con regularidad? – tratando de entablar una conversación con uno de sus demonios, sonaba morboso, pero al final de cuentas era Maou a ojos de todos los demás.
– Mayormente si Leviathan-sa…– apunto de continuar, ella tapo con su dedo su boca, negando con la cabeza juguetonamente.
– Solamente Levi-tan o Serafall, no estoy en servicio. – sonriendo y abrazando a Koneko, quien con sus mejillas rosadas asintió.
– Eh… Levi…-tan, perdón por preguntar, ¿por qué esta aquí?... no creo que venga desde tan lejos para comprar un pastel…– bajando la cabeza por la ultima oración, para su sorpresa solo escucho una risa.
– A veces mi querida Koneko-chan, tienes que escapar de las responsabilidades y ser libre. – abrazándola de nuevo más vergonzosamente, solo por un momento para cuando vino el pastel, se concentró en eso.
Era un pastel recubierto con oro, ¡Oro!, los ojos de Serafall brillaban con emoción infantil, hasta Koneko estaba en su propia expresión misma, saboreándolo con la mirada.
De nuevo, ahora fue el turno de preguntar de Serafall.
– ¿Y tú porque estás aquí a estas horas?, Rias-chan usa estas horas para trabajos de Demonios. – casi desmayándose por lo delicioso que era el pastel, casi comiendo todo el tenedor, vio como Koneko ya estaba comiendo un cuarto del pastel.
– Estaba siguiendo a… – deteniéndose antes de decir a quien, luego desechándose ya que se trataba de su líder. – a un chico, Buchou está interesada en él, probablemente lo revivirá. Es un pervertido y aun no sé qué ve en él. – diciendo todo con su habitual temblante, ya estaba por la mitad del pastel.
– ¿Cómo se llama? – dejando a un lado su pastel, se concentró en la adorable gatita.
– Hyoudou Issei…– diciendo eso sin ninguna muestra de emociones, miro por unos momentos su pastel.
Un pervertido, eh…quien lo diría. – saboreando otro pedazo de pastel, volvió a recabar más información.
– ¿Tiene un Sacred Gear?
Esperando a tragar, mientras Serafall metía uno en su boca, rozando sus labios y dejándolo un poco dorado.
– Si, uno realmente poderoso, se nota en el aire – con su naturaleza nekomana dudaba que no lo notara, era sumamente intensa, aunque no se sentía poderosa, era algo potente.
Pensándolo asi, Sona pudo notarlo también como los demás. Oh chico, eres cotizado por dos reyes. – ahora tenía que ser ella quien lo vigilara hasta que lo reencarnaran, luego ya estaría protegido, le debía algo.
Un pequeño silencio surgió en la mesa, no tan incómodo en realidad. El pastel de Serafall a punto de terminar, con el de Koneko ya terminado, ella la miro.
– ¿Odias ser Maou? – dejando de masticar de golpe, mirándola, pudo ver como su rostro pasaba a uno estoico a uno asombrado.
Olvidaba y odiaba que como Nekoshou podía hacer estas clases de cosas. Tragando rápidamente, tratando de objetar, pero muy lento.
– Te sientes muy sola, muy estresada y odias algo. – oh, tenía un punto. Odiaba ser Maou, pero también lo amaba en algunos momentos. Fue útil a muchas mujeres, abolió muchas leyes que estaban en contra absoluta de ellas.
Dejando su tenedor en el plato, con el pastel ya inexistente, suspiro y se recostó completamente en el asiento.
– Que puedo decir, no puedo evitarlo. – la cara de confusión surgió en Koneko.
– ¿Por qué?, eres la Maou. – riendo internamente, si fuera tan fácil no estaría aquí pasando su tiempo libre y desahogando sus problemas con un siervo de la hermana de su mejor amigo.
– Ser Maou no te convierte en un ser todo poderoso, estoy ahí por mi poder mágico, no político. –
– Podrías intentar salir, muchas mujeres podrían llegar al puesto Maou. – agradeciendo la inocencia de la niña, existía aun esperanza en el mundo.
– Nunca dejaran que salga, no después de tanto. Me robaron tanto para ganar tan poco. Me lo pusieron en la cara por esos viejos estúpidos que solo son un saco de huesos sin cerebro, a veces desearía viajar en el tiempo y escapar antes de que condenen mi vida entera. – Koneko, sorprendiéndose por las sinceras palabras de su líder, que en ese momento dejaba poco a poco esa faceta, siendo una chica más con muchos problemas.
– ¿No hay alguna forma de salir? – para ser sinceros, había pocas para no decir nada. Una guerra, algo que afecte directamente al inframundo que requiera mucho poder mágico que político, que te expulsen. Sin que todos esos viejos pedos estarán de acuerdo, nunca saldría. Como quisiera congelarlos a todos y usarlos como parque de recreación.
– Si, las hay, solamente que son realmente estúpidas de realizar. – viendo como la mesera se acercaba, entregando la cuenta. Pagándola, se sentaron aun ahí.
– ¿Vienes aquí seguido? – ella sacando una nueva paleta, empezó a degustarla con mucho cariño.
– No, son pocas para no decir nada. – jugando con la servilleta, haciéndola en muchas formas, congelándolas y derritiéndolas con un poco de fuego.
Koneko, notando que no llevaba su típico uniforme de chica mágica con la cual la vio alguna vez, se preguntó si sabía sobre la maratón.
– Hay un maratón de chica mágica en curso en el cine, ¿Sabes? –
– Lo sé, ahí voy estos días, aunque hoy no pude ir y vine aquí a pasar un tiempo. – lo lamentaba, hoy iba a mostrar una muy buena. No dudaba que se divirtieron.
– Entonces pudo ver a Hyoudou-senpai, lo seguí el martes y hoy hasta ahí, no entro al cine, asi que voy al club y luego vuelvo para seguirlo a la salida. Por lo que sabemos, los ángeles caídos ya lo notaron, asi que en cualquier momento podrían actuar. – sorprendiéndome un poco, ¿recién empezaba a salir del inframundo y casi la descubren?, viéndose complacida con la nueva información, la cual sera de mucha ayuda.
Aquí entraba una encrucijada, no podía simplemente dejar que muera un posible demonio con tanto potencial, pero ambas dueñas del territorio peleaban por él, ¡sin que lo sepan!
Hasta ahora, Sona tenía la ventaja. Estaba feliz de ello, si ninguna no aparecía en un momento crítico, no quedaba de otra que hacerlo ella misma y como Maou manda, se lo daría a Sona.
– No lo conozco, ¿Qué más saben de él? – se sorprenderían que fue ella primero la que tuvo contacto con él sin notar que tenía un Sacred Gear en él.
– Es inteligente, quedo primero entre los hombres para el examen de ingreso. Trabaja por su cuenta. Es castaño, ojos miel y cuerpo normal, medianamente alto y viste una remera roja bajo su camisa de colegio. – era exactamente como menciono, era independiente, eso encajaría en el sequito de Sona.
Pasando el tiempo, aprendió un poco más de él. Tenía dos amigos súper pervertidos para decir poco, eso podría ser un eufemismo. Tiene padres vivos, hijo único, fascinación por las tetas, pero realmente inteligente para equiparar ambos lados.
Suspirando fastidiada, se estaba divirtiendo en el cine, aquí comiendo un pastel de oro y mañana tendrá que trabajar de nuevo cuidando a un simple humano con más probabilidades de que le claven una lanza en el estómago a que pueda vivir una semana más. Pero lo haría por su hermanita, no podría defraudarla, aunque nunca sepa que lo estuvo cuidando para ella.
Cuando estaban saliendo del local, se enteró que ella no podía sentirla de ninguna manera, a no ser que activamente haga algo con su poder demoniaco o magia en sí, solamente la reconoció ya que en el pasado la vio, algo que admitió con un poco de pesar.
Despidiéndose, ella se dirigió de nuevo por el parque a su callejón para salir de ahí.
Pasando por el centro, donde vio a Issei examinando el papel del contrato, se quedó mirando el lugar un tiempo, analizando si dejaría que hagan lo que quisieran o lo detendría a tiempo antes de lo inevitable.
Verlo morir frente a sus ojos, sin hacer nada para detenerlo o hacer un cambio. Con cada pensamiento, menos oportunidades tenia de lograr lo que su moral quería.
Algo, que principalmente la perturbaba.
Llegando a su lugar, se ocultó atrás de un contenedor de basura, mirando a los lados por última vez, desapareció en una luz azul.
– Una maldita hora viendo un maldito papel para nada, a veces no sé qué hago de mi vida. – el agua recorría desde su cabeza, pasando todo su cuerpo para terminar en el suelo. El vapor se alzaba en la habitación, se emocionaba al entrar al baño, toda clase de discusiones salían del lugar. Charlas de agradecimiento a su premio nobel.
Ahora, practicando como llevar a su cita mañana. Pensando en lo que podría significar el papel, tratar de descubrir lo que decía, hasta ahora no entendía en que idioma o sistema estaba escrito. Disfrutaba los retos, sistemas de traducción sumamente difíciles o raros.
Esto, superaba todas sus expectativas, parecía demoniaco son esos pentagramas y símbolos mayormente utilizados en rituales de algún tipo.
Cerrando el grifo, secándose y vistiéndose, fue a practicar sus detalles para mañana.
En ese camino, vio el pequeño papel que estaba estudiando, encogiéndose los hombros, lo guardo en su chaqueta de la academia.
…
Disfrutaba su vida, no tenía súper aventuras como en los mangas, sin contar sus aventuras pervertidas, tenía a sus dos amigos, padres que lo amaban.
Pero…
A pesar de todo, se sentía vacío, le faltaba algo, algo realmente importante en su vida. Algo solamente de él, su propio logro. Quería liberarse de todo esto, en algún momento morirían sus padres, sus amigos madurarían y tendrían sus propias vidas, aunque dudaba que se separarían también existía esa posibilidad.
Dicen que con todo lo que pierdes, viene tres cosas mejores. Raramente se cumple, si eso es algo real, podría intentarlo.
Perdió a su amigo de la infancia, pero consiguió sus dos mejores amigos. ¿Dónde está su tercera cosa mejor?
¿Podría ser su nueva academia?
¿Podría ser su buen futuro de lingüista?
¿Podría ser una pareja?
Acostándose finalmente en su cama, tirándose y mirando el techo.
¿Podría ser Serafall?
A pesar de que podría lograr algo con Yuma, digo podría porque ni idea tenía en qué hacer con ella.
No era su tipo, no tenían nada en común de lo que sabía aparte de su gusto por el anime, por la maratón y por la chica mágica.
¿Existiría la magia?
A veces el sueño puede hacerse realidad, eso decía su madre.
En estos momentos, tienes que ir por la corriente, una forma de librarse de las cosas difíciles bastante rápido, sin complicarse todo y sin perder mucho.
– Al diablo, hare lo mejor que pueda con Yuma… – decidiéndose, se colocó a trabajar, olvidando poner a lavar sus vaqueros, los uso una sola vez, total no tenía nada importante ahí.
El tiempo paso, ambas almas divagaban entre mundos, preguntas saltaban de ambos. Una cuidando su tiempo para cuidar la futura pieza de su hermana y uno cuidando los detalles más importantes de su próxima cita.
Ambos tirados en la cama con pensamientos sumamente diferentes, con un mismo propósito. En busca de su absoluta felicidad.
Tenían libretas en sus manos, escribiendo furiosamente sus pensamientos, ideas y detalles a tomar en cuenta en su búsqueda.
Uno buscándola para al día siguiente, una prueba de si era posible lograrlo con ella.
Una buscando las cosas en su vida actual que podría dárselo, poco o nada entraba en la lista, a pesar de su programa de televisión, el cual la estaba sofocando, no tenía más nada en que ocuparse.
Sin embargo, ahora tenía una tarea autoimpuesta, por lo menos duraría hasta que sea reencarnado o lo maten sin posibilidad de renacer. Duraría unos días máximos, aun por suerte los caídos no lo tomaron en cuenta.
– ¿Cómo podía lograr llevarla al motel? – pensamientos contrarios nacían en el cerebro de él.
– No seas estúpida Serafall, no puedes meter a los Power Rangers en la serie. – jugando el tiempo, imaginando sus héroes en su propia serie como villanos, seria irónico.
– ¿Le pareceré atractivo? – tachando una de las opciones de la lista, casualmente un motel.
– ¿Lograre proteger al chico?, me pregunto que Sacred Gear tiene para llamar la atención de Sona. – podría decir que hasta era adictivo al darse cuenta de su aura, algo que nunca sintió en ninguna persona con Sacred Gear, sin importar lo poderoso que eran.
– Mierda, mierda, mierda. ¡No puedo usar esto mañana! – tirando una remera, luego de una camisa, esparramando todo lo que encontraba inútil por la habitación.
– Mañana en la reunión general, veré si puedo sacar información sobre lo que está pasando en el mundo humano. – ya en pijamas, con un chasquido de los dedos, apago las luces.
– Supongo que veré mañana, sera divertido, ¿No? – apagando la lámpara que iluminaba la habitación, se fue la luz de su vida.
Tal vez.
Tú, sabes que los sueños representan lo que más deseas en ese momento, ¿No?
Acompáñame a ver los sueños de estas dos almas perdidas, que buscan su significado en imágenes que su subconsciente ya descubrió, pero, su parte consiente deja pasarlo de lado.
Al entrar en la mente de ella, el rosado y azul zafiro inundo todo el lugar, una pequeña serafall corría por una playa, con sus padres atrás de ella animándola. Luego pasando a su padre mostrándole el agua control de la familia Sitri, para que ella lo intentara, al hacerlo, se congelo el agua. Lo mismo paso con todo el lugar, para agrietarse y romperse en pedazos, mostrando a una valiente Serafall mas adulta luchando contra la facción de los antiguos Maous, derrotando a una veintena de clases altas con un solo ataque.
Una sonrisa escalofriante salía del rostro de Serafall luego de su logro, para que el mismo rostro cambiara a uno amargo y roto al momento de coronarse como la Maou Leviathan.
Siguió y siguió, luego surgió la única felicidad de su vida hasta ahora. Tenía en sus brazos a una pequeña Sona, con sus manitas sujetando un dedo de su hermana, con una sonrisa tan feliz que el Dios de la felicidad, tendría envidia.
Apareciendo entre cada página, su primer capítulo de anime de chica mágica, el primer episodio de Miracle Levia-tan, sus días libres disfrutándolo de la forma que más amaba, con su hermanita.
Pero… finalmente se detuvo en una escena particular. Su primera experiencia real de normalidad.
Me llamo Issei, Hyoudou Issei. Puedes decirme solamente Ise. – él estaba sonriendo, mirándola frotando su nuca.
¿Vendrás mañana verdad? – tenía un rostro… ¿esperanzado? Al preguntarlo.
Agitándose y gimoteando suavemente en el mundo real ante las imágenes del chico, no teniendo ningún significado para ella, volviendo a su acción más importante y valiente que realizo en este tiempo.
Si esa es tu decisión, yo te apoyare con eso hasta que mi vida se apague… – lagrimas formándose en su forma física, como en su sueño. Esa fue la decisión que tomo, lo atormentaría por todo su paseo.
La respiración se agito, las lágrimas caían libremente en sus mejillas y empapando su cama. Ella nunca sabría porque, como paso, solo se acordará del dolor y felicidad que tuvo en ese momento.
¿Ahora ves los que les espera a estas dos almas perdidas?
Reconocerán el dolor, el amor, la felicidad y las perdidas. Aquí nada queda afuera, asi como ahora entramos en la mente del chico.
Adentrándose, el rojo y celeste acaparo el cielo, tierra y vista por un segundo.
Un señor viejo, estaba dando conferencias a un pequeño niño castaño quien totalmente inverso en su charla, la sonrisa lujuriosa no escapaba del abuelo, a quien el niño animaba con mucha gracia.
Logrando cambiar, lo llevo a un Issei más grande leyendo su primer libro traducido, con su padre palmeando su espalda sonriendo orgulloso de él. Su primer amigo, Irina corriendo de él con risas por doquier, él beso en los labios que le dio al Issei dormido, su último juego juntos para finalmente su vistazo final.
La felicidad era algo raro en él en esos días, al llegar al instituto conociendo a su calvo y lentudo amigos, recostados los tres en el campo para de repente chicas en blúmeres pasaban por el campo de ejercicios, sus inactivas células lívidas activadas, empezando su recorrido.
Su primer linchamiento, su primer castigo, su último aviso y su primera suspensión.
Moviéndose erráticamente en su mundo físico. La primera mirada decepcionada de sus padres, llorando en la noche por sí mismo, el fiasco de sus intentos de espía en los baños…
Sus semanas de estudios para su nueva academia, la presentación inicial.
Reteniéndose poco a poco, más claramente, su noticia de la maratón, las expectativas se podrían palpar.
Conociendo a la dama de hierro. Llegando al parque. Casi chocando…con ella.
Más lento, más lento.
Serafall – no podía ver nada, pero sintió que ella disfruto decir su nombre, olvidándose de presentarse en ese momento.
Yuma – al escucharlo, no se fijó, su sonrisa en su rostro lo delataba. Sintió algo al escucharlo.
¿Paz?
¿Oportunidad?
¿Por qué aparece aun la chica del cine?
La soledad lo golpeo al entrar al cine sin esperar a nadie, terminar con algo nuevo. Ella debe ser la respuesta, lo hará.
¡Hazlo!
Nunca pensé que una reunión podría ser tan aburrida, me sorprende que Falbium este despierto… ¡hablando más de tres palabras!, eso es inaudito. Creo que prefiero estar viendo un montón de papeles antes de estar aquí escuchando algo sobre legiones de demonios, organizar, desplegar y entrenar. – mirando con el rostro estoico, Serafall asistía en la reunión semanal de sus compañeros, casi nunca tenía algo que decir, pero ahora era impresionante. Nada.
En esos momentos de que tenías que sacar tu varita mágica y hacer malabares con ella, viene Ajuka y te salva.
– Descubrí que la iglesia perdió uno de sus fragmentos de excaliburs – con solo esa frase, en ese mismo momento toda la atención fue directo a él, sorprendidos al tema, preguntan y preguntan al respecto.
Los principales, fueron obviamente los caídos, esos perros rabiosos que solo buscan guerra es la plaga del mundo sobrenatural.
Bueno, no tanto asi, pero sin dar la orden no podían hacer nada y lo principal son ellos.
– ¿Dónde aproximadamente fue su ultimo avistamiento? – Serafall, ya sin su actitud peculiar, entro en modo On Maou.
– Kuoh. – mil pensamientos saltaron en la cabeza de ambos siscones, principalmente en Serafall, que solamente quería terminar la reunión e ir a Kuoh.
– Se sabe que hay una congregación en una iglesia abandonada de ahí, vagan por la ciudad como si fuera su terreno aun sabiendo que es de control demoniaco. – Ajuka, el pensador, mostro unas fotos a los Maous, la iglesia, dos ángeles caídos, una mujer rubia y un hombre con sombrero.
Al pasar más el tiempo, los cuatro llegaron al termino de no actuar, muy a regañadientes de Serafall, con mucho pesar tendrá que ir con mucho más cuidado por la ciudad.
Siguieron hablando sobre las hermanas pequeñas de ambos Maous, como señores de esos terrenos, tendrían que saberlo lo antes posible, pero al enterarse que la iglesia mandaría portadoras de excaliburs a la ciudad, lo cual se enteraron por el permiso exclusivo de entrar y no meterse con los diablos.
Algo que fue rápidamente aceptado, si tenían éxito, podrían conseguir dos pájaros de un tiro.
Cooperación y eliminaciones de cabos sueltos.
Oh…esto sera sumamente sangriento – pensaba serafall apareciendo en su habitación, hoy dejaría todo para otro momento, lo amontonaría en un lugar y lo continuaría mañana.
Tenía que prepararse, ahora recién era el medio día, quería ir a visitar a su hermana lo más rápido que podía, pero eso pondría en critico sus planes.
Sabía lo aguda que podía ser su hermana. Ahora solamente queda esperar al tiempo perfecto, lograría perder el tiempo con un baño bien caliente, luego…
…
– Si nos mientes Issei y si no nos cuentas lo que paso hoy, nunca te lo perdonaremos y sufrirás las consecuencias. – con los lentes brillando en su amenaza, los tres estaban almorzando.
Cuando surgió el tema de una cita de Issei con una chica llamada Yuma, estallo el caos en el régimen del Trio, preguntas y respuestas saltaban por doquier.
Las personas que los escuchaban, estaban asombradas de que un miembro del Trio pervertido tuviera una cita, ¡con una chica nada menos!
Bueno, sus amigos misteriosamente se recuperaron lo suficiente para venir cojeando a la academia, por desgracia no solo para eso, no podrían ir a la maratón de esta semana, lo cual para Issei obvio sin mencionarlo, le alegraba.
– Te lo digo Matsuda, no sé qué va a pasar hoy, aunque espero que esas dos hermosas Oppais estén en mi rostro… – al imaginárselo, su rostro lascivo tuvo otro nivel, absorbiendo todo y juntándolo para pasar a algo grotescamente perturbador.
– ¡Así se habla Issei…! – usando la voz de macho orgulloso de su especie, Motohama, rugía de felicidad por su amigo, deseando también conseguir una novia.
– No te olvides Issei, la apuesta no se termina hasta que sean oficialmente pareja estable, nada de un beso y ya. – cierto, su apuesta fue de conseguir primero una novia, esto no cuenta como eso. Capaz lo haga, ¿quién sabe?
– Lo sé, lo sé, no tienes que ser un disco rayado. Además, el premio por el ganador es algo que no perdería por nada del mundo. – apretando su mano, con un puño se juró mentalmente hacer todo lo posible por ganar.
– Lo que sea Issei, van a perder. – el calvo, confiado devolvió el golpe, aunque solamente recibió unas risas acaloradas.
– ¡Si eso pasa, me corto las pelotas con un clavo oxidado! – golpeando repetidamente la mesa, con una risa energética, Issei se agarraba su estómago tratando de calmarse y respirando más normal, para disgusto del calvo.
– Secundo a Issei, ni en tus mejores sueños ganas esto Motohama. – un Matsuda más tranquilo, respondió desafiante al terminar su almuerzo, seguido por ambos lados, Issei por reírse como un desquiciado, tardo más.
– A veces me pregunto cómo sigo siendo sus amigos…– suspirando en derrota, limpio su lugar de comida y puso en orden sus utensilios.
Seguido por Matsuda, preparándose para ir a limpiarlos, ambos llamaron a Issei para acompañarlos, pero se disculpó con la excusa de luego limpiarlos.
Ambos, encogiéndose los hombros, partieron directo a limpiarlos, mientras Issei contemplaba el patio, viendo a los alumnos hacer lo mismo, con unos diez minutos más de receso, todos debían terminar a tiempo.
Algo lo incomodaba, en el fondo de su mente…tenía miedo.
Miedo de que algo malo ocurriera, que ella se aburra, que ella se vaya a media cita, que todo explotara.
Cosas normales de temer pensaba él, aunque sus instintos decían más que esas trivialidades, algo terminaría terriblemente mal.
– Meh…si muero, moriré feliz. – levantándose, recogiendo sus utensilios, fue por el mismo camino que sus dos amigos.
Al caminar por los pasillos, noto como las miradas eran de comprensión, asentimiento o de indiferencia. Fue diferente a las miradas de asco, las palabras acidas y los demás apartándose de su camino. Mentalmente estaba rebosante de tanta alegría que, si fuera una bombilla, explotaría de sobrecarga.
Pasando la cafetería, llego al lugar donde se amontonaron muchas personas, demasiadas para su gusto.
En ese momento, maldecía el hecho de rechazar la oferta que sus amigos dijeron, ahora tendría que sufrir la fila.
Formándose atrás de un rubio, tarareando una canción de Daft Punk, mientras avanzaba y avanzaba, saco su celular empezando a navegar en la red.
Un ruido de algo de metal chocando con el suelo retumbo sus oídos, bloqueando su celular, giro su cabeza al ruido y vio utensilios caídos, esparcidos por el lugar, alzando la mirada vio a una pelirroja sonrojada que presumiblemente sea torpe por dejar caer todo eso.
Agachándose, juntando sus cosas para luego volverse a la chica, quien miraba todo con sumo interés, junto a una pelinegra que sostenía sus cosas bien pegada a su cuerpo.
– Aquí. – entregándole todo, – La próxima, no sea tan torpe, podría herir a alguien. – sonriéndole, vio como la pelinegra se reía con poca delicadeza, mientras la pelirroja sostenía estática sus cosas.
– Eh… gracias supongo…– perdiendo en su nombre, él solo sonriendo en respuesta, ella miro duramente a su amiga de su lado, quien solo sonrió aún más.
– Hyoudou Issei, tú debes ser Rias-san. – mientras avanzaban en la fila, casi llegando a su lugar en el frente, su compañero del frente estaba a dos lugares de usar el lavadero.
– Ufufu…fue muy duro de tu parte decirle torpe a Rias. – la pelinegra, disfrutando mientras molestaba a su amiga, quien solo suspiraba en respuesta.
– No hay problema, fue mi culpa después de todo. Gracias de nuevo por recoger todo por mí. – sonriendo en forma victoriosa, logro mantenerse firme ante las miradas recibidas y las frases de su amiga.
– Ufuf, para mí que fue el único porque los demás querían verte agachada… – pinchándole su cintura, quien sobresaltada solo se alejó un poco de ella.
– ¡Akeno, basta! – en respuesta solo recibió un guiño, para luego juntar sus manos atrás de ella.
– De nada. Con lo dicho por Akeno-san, no estoy seguro, ¿no sera que solo actúe bastante rápido? – tarareando de nuevo, se volvió a la fila, que ya estaba en el último lugar antes de usar el lavadero.
Antes de que pudieran responder, su compañero rubio, salió del lugar, atrayendo miradas por doquier, de mujeres.
Limpiando rápidamente, se volvió a las dos chicas, que ambas estaban esperando su turno.
– Fue un gusto conocerlas, hasta luego. – recibiendo sonrisas y asentimientos, salió del lugar para volver a su salón de clases.
Capaz golpearía a sus amigos.
El tiempo paso volando en la sala, por lo menos para los espectadores, para Issei fue una máquina de tiempo que retrocedía en el tiempo cada segundo, haciéndolo interminable.
Pensándolo bien, fue algo bueno ya que podría prepararse mentalmente para su cita, sus amigos que le daban palabras de apoyo o para que se muera ya que, si conseguía una novia, ganaría eso.
Sin pensar mucho, sonó la campana y todos se preparan para salir, todos sin prestar atención al joven castaño que salía disparado del lugar, directo a la salida, al patio y finalmente al portón de entrada.
Sus amigos, que se jodan, ya les explico todo esto y esperaba que no se lastimaran de más. Tendrían que ir cojeando hasta su casa o si son inteligentes, pedir un taxi.
Viajando a una velocidad de vértigo, totalmente sobrenatural, llego a su casa.
De ahí, todo es aburrido, sentándose y traduciendo los documentos, los que podía y los que no los apartaba.
Luego, llego la hora, dirigiéndose a su habitación, se empezó a quitar la chaqueta que, al lanzarla a un lado, dejo caer un papel muy reconocido para él, lo agarro y lo puso encima de la mesa, cerca de su perfume. Fue a prepararse, poco a poco se bañó, se vistió y se vio en el espejo unas diez veces antes de decidirse por una prenda.
Estaba esplendido, disfrutaba el tiempo que se preparaba, especialmente para algo asi.
Con todo listo, se empezó a peinar, ver algún grano por explotar, arreglar su calzado y estar perfectamente fresco.
El perfume, echándoselo un poco por el cuello, untándoselo en las muñecas. Preparo su dinero, repaso la lista de cosas que haría, con entusiasmo veía el reloj, faltaba un tiempo prolongado para que llegue el momento de reunirse, pero él ya estaba todo listo.
Justo al estar viendo su celular, vio el papel y lo agarro, colocándolo en su bolsillo trasero de su pantalón. El por si las moscas.
Sacándose una selfie, se volvió a la sala de estar, sentándose y esperando o tratando de hacer. Llegando un momento que estaba tan nervioso que sudaba demasiado, suspirando salió del lugar y se fue directo al parque.
No hacía calor, en cambio hacia bastante frio y a pesar de todo eso aun sudaba a balas, sonaba irónico ya que no consumía mucha sal.
Mirando sin cesar a los lados, buscando algún indicio de su acompañante, mas solo como una distracción de su nerviosismo que encontrarla en realidad.
Todos ignorantes de la felicidad y angustia que sufría el chico, sin importarle a nadie que podría estar yendo a su mejor día de su vida, sin importarle a todos quien era el chico tan nervioso.
Pasando el centro, llego a la entrada del parque, tendrían que esperarse en el mismo lugar que se conocieron y jugaron ajedrez, estando cerca del dicho lugar, se le acerca una chica con un cosplay bastante raro de murciélago, quien le sonríe y le pasa un pequeño papel, extrañamente parecido al que tomo de aquella chica en el cine.
– Pide lo que sea y se te concederá, no dudes en llamar. – Guau, esto definitivamente fue extraño, ¿esto es algún tipo de experimento social?
Sonriéndole, aceptando y colocándolo en el bolsillo de la chaqueta, cerca del corazón.
– Debo ser popular. – murmuro para sí mismo.
Llego al lugar, luego de una caminata final termino un poco cansado, tantas pajas no ayudaban, suspirando al ver su reloj, aproximadamente faltaban unas horas para que ella llegue.
Sin poder hacer nada, empezó a navegar en la red, jugar juegos o leer Fanfics de su autor favorito, bustercall.
Luego de literal, dos horas y cinco minutos, llego.
– Issei-kun, ¿te hice esperar? – iniciando el monologo, ella simplemente se veía hermosa, hasta eso sería un eufemismo, totalmente descabellado.
– Para nada, solo llevo aquí unos minutos. – frotándose la nuca en nerviosismo, la vio sonreír y asintió con la cabeza.
– Esta bien, ¿vamos? – agarrando la mano de él, con el sonrojo monumental de Issei, ambos partieron a su primera cita, olvidando que ante todo pronóstico, Issei no seguiría sus detalles planeados minuciosamente.
…
– Pensándolo bien, mejor llevare el paquete completo, con bebida extra. – logrando por fin decidirse, Serafall tenía su trabajo hoy, extracurricular por supuesto y le encantaba esto, solamente tendría que entrar y prestar atención a todo.
¿Sencillo no?
Paso a paso, entre la alfombra roja que reflejaba en su mente la sangre inocente, la que se derramaría.
Abriendo la puerta, reflejando el paso hacia el sueño infinito.
La oscuridad impregnaba todo el lugar, con su habilidad de ver en la noche, reflejando la realidad bajo la penumbra.
Los escalones, las luces parpadeantes indicando el camino, era la viva imagen del camino a la luz.
Alzando la mirada, observando cada compartimiento llegando al medio mismo, noto su deber.
Hyoudou Issei hablando con tanta felicidad con una chica, pelinegra con buena figura, la epitome de lo racional.
Llego al final de la escalera, sentándose en el medio de la última fila. Desde ahí podía ver su muerte, bañado en sangre y perpetrado por la mujer que estaba hablando tan casualmente.
Eso, eso la perturbaba, pudo sentir el papel de contrato en él, lo cual demostró lo lejos que iría su hermanita. También noto otro papel, Gremory.
Haciendo una mueca ante su descubrimiento, eso ocasionaría roces entre ellas. Masticando sus primeras palomitas, el anuncio de colocarse los lentes apareció.
Relajándose para tomarse unas horas de libertad, se perdió en el vacío de aquellas imágenes.
Pasaron los minutos, las escenas, pero sin importar lo fabuloso que sea la película, el mismo pensamiento atravesaba su mente en cada escena.
La sola idea de no hacer nada, con todo su poder, sin importar que podía rivalizar hasta con los caídos más poderosos, con ella no podía tocar ni un pequeño pedazo de ala.
Vería como muere y dejar que entre en este mundo que le quito tanto para darle tan poco, sería un simple esclavo de los usos de su amo, de los viejos y carne de cañón.
Asi mismo como entro ese pensamiento, termino la película. No la disfruto al cien por ciento, para nada, solamente eran imágenes que se movían sin ningún sentido para ella.
Quedándose un poco más, reflexionando todo, pensando seriamente dejar a su suerte al chico y largarse de ahí.
– ¡Eso fue divertido!, vayamos ahora al centro comercial, ¿sí? – ella, hablando tan casualmente sobre algo como esto, ella divirtiéndose con algo que ella vería como una víctima más.
No entendía, ¿no sentía remordimientos?
Suspirando, salió también del lugar, notando como iban hacia afuera del parque, esperando poco más, primero relleno su bebida y compro el DVD de la película.
Logrando asi, su totalidad de cosas que hacer hoy, lo demás era solamente…de ella.
– Ahora…donde es el centro comercial – acercándose a quien sea, preguntándole donde es, luego de andar en círculos saco su celular y busco en su mapa.
Gruñendo, supo la dirección exacta, maldiciendo a los que dieron mal la ubicación solamente para fastidiarla.
Los vio entrar en una tienda de ropa, no queriendo nada de cercanía con ellos, fue a la tienda del frente, un Burger Shop un tanto simple, al entrar se compró más bebida y se sentó a degustarla.
Aun ni era la tarde y ya se estaba desesperando, a veces ni ser el mismo Maou no te dan todas las opciones. Podría empezar una guerra si se descuidaba.
En un lapso de tiempo, tomo cinco botellas más hasta que salieron del lugar.
Pidiendo una última botella, salió también para luego entrar y salir de diversas tiendas.
Sin importar donde entraba, veía la felicidad en el rostro del chico, sentía pena por él y mentalmente se disculpaba con él.
Nunca sabría que lo estuvo siguiendo, solamente para asegurar que él reencarne como un esclavo diablo, ese era su trabajo.
Era vivir longevamente como algo asi o morir a tan temprana edad. Serafall no entendía el sentimiento de morir, nunca estuvo tan cerca de hacerlo, y con su poder no creía que en poco tiempo estaría en eso, de vejes o de lucha.
Para cuando entraron en una heladería, ella estaba cansada de esto. No podía pensar en otra cosa más que en lo que pasaría el chico. No le importaba, si moría era algo del destino, si vivía esperaba que creciera fuerte para honrar a la familia que reencarne.
Aunque le debía algo al chico, él le informo sobre la maratón, la trato con normalidad, fue la primera persona que lo hizo aparte de sus pares y aguanto su forma excéntrica lo cual era bastante raro. Todo eso era la razón por la cual estaba aquí, por lo menos le daría una nueva vida de diablo, esperaba que la chica caído no lo descuartizara y tuviera su cuerpo solamente con herida de muerte.
Ese pensamiento tan morboso, que solamente lo matara suavemente nunca antes algo perturbo más, era como pensar que tu madre muera mientras duerme para que no sufra.
La bilis subía poco a poco con cada imagen que se imaginaba.
Era insípido, tanto como el hielo que hacía, podía convertir a esa mujer en una paleta y no lo notaria, borrar la mente del chico y lo salvaría. Pero ellos lo notarían, notarían la magia del lugar, notarían su ausencia y su misión final.
¿Cambiarias una vida por millones?
Si. – ver como salían de la heladería, muy cerca entre ellos, se dirigieron a la dirección del parque.
Los pasos sonaban, sabía que venía, era de noche, la magia pasiva se sentía en el aire aun con su collar.
Despejándose totalmente de los demás, se centró en ellos dos, a varios pasos de ambos caminaron en tiempo record hasta el parque.
Al entrar, estando cerca del centro, el aire alrededor del mundo cambio, la oscuridad aterro los lugares, los pájaros dejaron de cantar y el mundo alrededor fue diferente.
Al instante supo que era, sin importar lo complejo que sea podía salir, pero estaba atrapada ahí, con las dos personas que se dirigían animadamente a la fuente.
– Esto fue muy divertido. – diciendo eso Issei a la chica, quien acelerando el paso hablo cuando se paró en la fuente de agua.
– ¿Qué te parece hacer algo para celebrar nuestra primera cita? – el chico sonrojándose, pensando en que sabe que, sin ninguna idea de a que se refería.
– P-por supuesto Yuma-chan – mirando cómo se acerca lentamente hacia él, pronuncia.
– ¿Morirías por mí? – helando la sangre de Serafall, no pensaba ver en vivo y en directo su muerte, la transición de su vida, la represalia de Dios hacia ella.
Él totalmente desorientado, pidió que repitiera la pregunta, ella con toda tranquilidad del mundo se acercó y le susurró al oído tan suavemente…
La maldición de sus oídos más avanzados lo golpeo, escuchando claramente todo y cada tono de voz totalmente diferente.
– ¿Morirías por mí? – en ese momento, Issei y Serafall cayeron sobre su trasero, odiaba estar ahí, odiaba no hacer nada y odiaba saber que probablemente, moriría.
Más que nada en todo, odiaba ser el mero espectador, el que podía haber hecho algo, pero, solo quedo mirando.
Apareciendo en todo su esplendor el ángel caído, su verdugo.
El zumbido de sus oídos trinando fue lo máximo que escucho, al normalizarse pudo oír el sonido de la carne desgarrada, perforada y el gorgoteo de la sangre.
El olor ferroso inundo el aire, entrando en su nariz por montones y sacándole más aire al respirar.
Vio las alas aleteando suavemente, demostrando su superioridad autoimpuesta ante su enemigo indefenso. La rabia nunca se sintió tan real.
Levantándose apresuradamente, vio la lanza desaparecer del estómago del chico, cayendo de espaldas con la mirada sorprendida y empapando el suelo con su sangre, recuerdos a un pelirrojo, vio una pulsera en el brazo de la caída y el chico suplicando entre sangre y bilis en su boca.
Con la sonrisa como si terminara su trabajo de escuela, ella hablo antes de desaparecer en un estallido de plumas.
– Estos recuerdos son hermosos…– su corazón latía a mil por hora, la barrera desapareció y la naturalidad volvió, con el cuerpo ensangrentado del chico como centro.
Él levanto la mano, observando su última acción, la cordura desapareciendo, los últimos respiros de él.
Volteando la cabeza, mirando a su derecha, hacia su dirección.
Con los ojos vacíos, perdidos, sin vida. Se miraron, ella agarrándose de un árbol, observando todo con el rostro mortalizado. Él con sus últimos pensamientos terrenales, sin más que unos respiros más.
Sin saber si lo vio, ella observo como su mano se dejaba caer como algo inútil, como desecho al suelo.
Unos segundos, mirándose aún, sin saber si se reconocieron, sin saber que pasaría.
No aguantando más, las suplicas determinantes en sus ojos fueron más de suficiente para acabar con la poca cordura y sentido común de ella.
Él destino era una sangrienta y detestable basura.
La magia surgió, ambos papeles volaron del lugar en su bolsillo y círculos de tamaño humanos aparecieron por el lugar.
Para cuando pudieron materializarse por completo, el rojo y azul, Issei finalmente perdió el conocimiento, pero, finalmente vio tres luces brillando, uno desapareciendo.
Oleee a que no se esperaban tanta calidad gramática eh
Te juro, me está costando mi huevo izquierdo hacer esto sin usar clichés, el único hasta ahora y que era súper necesario era el collar que ocultaba el aura y todo lo mágico de uno, lo cual es muy posible en el canon.
La última escena no me gustó tanto, tratare de editarla más adelante, pero recuerda, Issei y serafall no buscan la misma cosa, uno busca felicidad y poder compartir algo con alguien, la otra busca normalidad y libertad, lo cual se puede conseguir estando solo.
Me está encantando escribir esto, me gusta y sé que les gustara, tengo ya en mente el final de esto y sera el boom de todo, solamente no sé qué hare luego de este arco de la maratón.
En los próximos capítulos serán más tiempo, ósea ya pasarán días en un mismo capítulo no como este que solo duro dos días.
Dos malditos días en el capítulo y 10000 palabras es una locura de escribir se los juro, pero aquí esta.
Se despide, CiscoWriter.
¡Feliz año nuevo y navidad súper atrasados!
