Escrito originalmente por Katrina S. Forest y RaptorRowan. Portada dibujada por onichan-xd. Traducción por SpainDragonWriter.


—Por aquí —dijo Jessie haciendo señas con la cabeza debido a que sus manos estaban un poco ocupadas en ese momento.

James miró curiosamente el pasillo por el que se estaban moviendo.

—Esto… ¿Jessie? Corrígeme si me equivoco, pero ¿el plan no era llevar a Pikachu y a los otros Pokémon del bobalicón a la oficina del jefe antes de que Pierce escribiera el informe y destruya nuestra carrera y reputación? —le preguntó.

—Soprenderemos al jefe y conseguiremos un ascenso delante de esa bruja de Fiora. Una idea brillante, ¿no crees? —Jessie se veía completamente complacida consigo misma.

—Sí, pero… ¿No se supone que la oficina del jefe está en la otra dirección?

—Así es —respondió Jessie sin darse la vuelta.

Jessie no dio mayor explicación que esa, aunque, una vez más, James tenía que acompañarla si quería que le soltara los detalles.

—Entonces, ¿por qué no nos estamos dirigiendo en esa dirección? —inquirió.

Con ello, Jessie se volvió y sonrió como si no pudiera estar más emocionada de que James le hubiera formulado esa pregunta.

—Porque aquí abajo es donde el Team Rocket guarda ciertos suministros de valor… incluyendo piedras evolutivas.

—Oh, claro. Ya lo entiendo —dijo James con una risilla, aunque en realidad seguía sin haber captado las intenciones de Jessie en absoluto.

Aunque, si las piedras evolutivas ya pertenecían al Team Rocket, ¿qué conseguían cogiéndolas y llevándolas al jefe? A menos que Jessie hablara de usarlos con alguno de los Pokémon, no tenían ninguna en su poder que…

—¡Un momento! —gritó James tratando de ponerse al tanto con Jessie, la cual estaba a la mitad del pasillo. Ella —. No estarás pensando en usar una piedra trueno en Pikachu, ¿verdad?

—¿Y por qué no? —preguntó Jessie—. Ambos sabemos que Pikachu es increíble. De modo que debería serlo mucho más si evoluciona, ¿no?

—S…Sí —corroboró James—. Pero… él no quiere evolucionar, ¿recuerdas? Estuvimos ahí cuando se enfrentó a un Raichu para probarse a sí mismo. Hasta formamos un grupo de animadoras.

Jessie parecía no haberlo escuchado o no le importaba escucharlo. En su lugar, se acercó a un panel en la pared, tecleó una serie de números y continuó sonriendo como una niña pequeña a la que le habían regalado su primer Pokémon. James tenía sus sospechas sobre dónde había obtenido el código (y cuánto realmente el jefe quería que lo tuviera), pero guardó silencio por el momento.

La pesada puerta hizo un clic y se abrió y ellos entraron con tal de encontrar el pequeño y acogedor laboratorio donde esperaban que se hubiera convertido en un ala dedicada íntegramente en la investigación Pokémon, lleno de casetas, tablas de examinación y todo tipo de resplandeciente equipamiento.

—Parece que el jefe hizo algunas mejoras mientras no estábamos —observó James.

Jessie se sentía molesta, pero continuó caminando. Afortunadamente, quienquiera que hubiese diseñado el sitio lo mantenía bien ordenado. Pronto dieron con un armario marcado con las palabras «piedras evolutivas» en uno de los tantos almacenes del laboratorio.

Dentro de la jaula, Pikachu se revolvió mientras Jessie la dejaba caer sobre una tabla de examinación y alcanzaba el armario para sacar una reluciente piedra verde. Débil como se encontraba, el roedor eléctrico parecía reconocer lo que estaba ocurriendo en seguida. Emitió un chillido y un silbido, enseñando sus dientes en forma de aguja hacia ellos.

—Vamos, esa no es forma de hablar —dijo Jessie sacudiendo la piedra trueno delante de Pikachu acompañado de unos chasquidos hechos con la boca—. Después de todo, vas a conocer a nuestro jefe por primera vez. Deberías ser más educado.

Rápido cual destello, Jessie se puso unos guantes de goma y abrió la jaula. Como estaba débil, Pikachu no tuvo ninguna oportunidad de defenderse. Ella lo agarró con una mano y, con la otra, forzó la piedra trueno contra su brillante y roja mejilla. Pikachu opuso una gran resistencia, algo que James podía acreditar. Lo extraño era que no peleaba contra Jessie, sino más bien contra la evolución en sí. Incluso cuando su cuerpo comenzaba a iluminarse con la energía de la evolución, Pikachu chirriaba e intentaba a toda costa alejarse de la piedra, como si el cambio le provocara un intenso dolor. Por un momento, la lucha realmente parecía surtir efecto pues su cuerpo, que había empezado a agrandarse, comenzaba a encogerse mientras Pikachu apretaba los dientes y combatía contra el cambio.

—Oh, no. De eso nada —dijo Jessie, y oprimió con más fuerza la piedra contra la mejilla de Pikachu.

Cansado, Pikachu perdió la pelea y su cuerpo volvió a crecer. Su cola en forma de rayo se hizo más fina; sus piernas, más largas y musculosas; y sus orejas se desplegaron. Cuando la luz evolutiva se apagó, Pikachu dejó de ser un Pikachu.

El nuevo Raichu abrió los ojos lentamente y contempló su nueva figura. Soltó un jadeo del shock y tropezó de espaldas como si intentara alejarse de sí mismo. James no se sentía culpable muy a menudo, pero sí en ese momento. Estaba bien debatir si la evolución inducida por piedras era algo bueno o no. Pero estaba claro que los sentimientos del Pokémon debían tenerse en cuenta. Lo que acababa de soportar y dejar que sucediera… se sentía mal, incorrecto. Tenía que ser incorrecto. Incluso sabiendo que Jessie jamás lo admitiría, James dedujo de su preocupada cara que también se sentía un poco culpable.

—Bueno —dijo Jessie soltando la piedra en el suelo—, no hay necesidad de armar un escándalo. Lo hecho, hecho está. Y no hay forma de cambiarlo. Hora de volver con el jefe.

El Raichu negó con la cabeza enérgicamente, todavía apretando los dientes.

—Chu… Chu… —musitó. Entonces, con un desafío ardiente en sus ojos miró a Jessie fijamente y le gritó—. Pi. Ka. ¡Chu!

Jessie se quedó sin aliento. James retrocedió. Debían haber oído mal. Seguramente no era posible. Ningún Pokémon jamás hablaba la lengua de otro Pokémon. Aun así…

—¡Pikachu! —le respondió bruscamente la rata eléctrica.

Eso era malo. James no estaba seguro de las terribles consecuencias que esto acarrearía… Tal vez una parte de él confiaba en que, si esta forzada evolución hubiera funcionado correctamente, tanto él como Jessie podrían pretender que se trataba de algún Raichu que habían capturado. Sin embargo, un Pokémon diciendo el nombre incorrecto sin duda alguna sacaría más de una pregunta, lo cual obligaba a él y a Jessie a explicar por qué no habían llevado al Pokémon directamente a Fiora según se les indicó y…

—¿Qué estáis haciendo vosotros dos aquí abajo?

James se congeló. Esa voz… Hacía semanas desde la última vez que la escuchó, pero después de todos los años en los que habían viajado juntos, la reconocería en cualquier lugar.

—¿Meowth? —dijo en estado de shock, buscando el lugar de donde había surgido la voz. Jessie hacía lo mismo.

Entonces el ojo de James captó un rápido movimiento. De entre las sombras emergió un Pokémon. Tenía la cara de Meowth, pero parecía caminar sobre las cuatro patas, lo cual resultaba tremendamente extraño ya que Meowth nunca usaba las cuatro extremidades para andar. Su color también era raro, más de un tono azul que del común color beige claro de Meowth. No obstante, James no se percató de lo mal que estaban las cosas hasta que Meowth movió la cola, la cual no se asemejaba en absoluto a la cola de Meowth. De hecho, si James tuviera que decir a qué Pokémon pertenecía, diría que era muy similar a la de un Vaporeon, gruesa, musculosa, con dos aletas para propulsarse grácilmente por el agua.

Pero había sido la voz de Meowth. Y James estaba mirando claramente la cara de Meowth. El monstruoso híbrido de un Pokémon avanzó unos cuantos pasos más, observando a Jessie, James y al Pika-Raichu en una mezcla de sorpresa y furia.

—Si queréis ser clandestinos, ¿qué tal si no tratáis de hacerlo en medio del laboratorio de Fiora?

—¿Laboratorio de Fiora? ¿Desde cuándo? —dijo Jessie con una risa nerviosa.

—Yo creo que el punto aquí es… ¿Qué te ha pasado, Meowth?

Meowth daba la sensación de no tener palabras para responder a esa pregunta y sacudió la cabeza. Antes de que Jessie o James pudieran presionarlo con tal de obtener respuestas, escucharon el sonido del candado de una puerta abriéndose bruscamente a través de la sala, seguido del tintineo de un arnés Pokémon.

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—¿Quién se cree que es? Soltándome órdenes a mí. ¡A mí!

Y él se consideraba su amigo. ¡Si no fuera por ella, el señor agente de élite altamente respetado Pierce no sería más que un chico de los recados glorificado!

Fiora introdujo el código de acceso en el teclado de la puerta principal con rápidos y fuertes golpes.

—¿Me harías un favor, Absol? —Miró al Pokémon a su lado—. La próxima vez que veas a tu entrenador, comunícale que Fiora dijo que se puede ir a besar el trasero de un Muk.

—Ab-sol —respondió Absol, ligeramente a la defensiva, pero Fiora levantó la nariz.

—Así es, ya lo he dicho. Y hablo en serio.

La puerta se abrió en el momento justo. Fiora se detuvo un segundo a tomar unas pocas, todavía levemente irregulares, respiraciones y ejercitó los hombros. Ahora necesitaba concentrarse. Esto continuaba siendo su laboratorio. Y Pikachu su carga. No importaba lo que cierta ensimismada y de cabello rociado en exceso diva y su cómplice imbécil reclamaran. Y se iba a asegurar de que lo recordaran. Sin importar cuánto le doliera el cuerpo o cuán cansada estuviera.

Fiora abrió el primer par de puertas con fuerza y entró en el pequeño vestíbulo, esperando ver a Jessie y James saltar sorprendidos. Solo que no estaban ahí.

¡Vaya, hombre! Y yo que tenía un sermón dramático planeado y todo.

Quizá se habían perdido. Vagando sin rumbo alrededor de su propio escondite como despistados idiotas. Sonaba a algo que harían. En fin, al menos ahora ella tendría tiempo para relajarse. Tal vez se traería la alta silla de su oficina y la colocaría cerca de la puerta para cuando por fin aparecieran. Fiora sonrió al pensarlo, imaginando las caras de Jessie y James cuando entraran y se toparan con ella, sentada y deslumbrante en lo alto de su silla con Absol a sus pies, igual que el jefe y su Persian. Si eso no los asustaba, nada lo haría.

Un pase de su tarjeta de identificación abrió la segunda de las puertas presurizadas que llevaban al laboratorio.

Curiosamente, las luces ya estaban encendidas.

¿Olvidé apagar el interruptor cuando me fui ayer?

No lo dejaría pasar. Fiora se había vuelto más olvidadiza últimamente. Pero seguramente Absol se lo recordaría…

Fiora miró a un lado y descubrió que los Pokémon tenían los pelos de punta. Y era eso… ¿movimiento dentro de las habitaciones?

Su mano halló la puerta y ella puso todo su peso en él. Esta vez el golpe había tenido el efecto que ella buscaba. Jessie y James se espantaron y fueron alertados frente a una mesa de laboratorio, con rígidas, nerviosas y demasiado apaciguadoras sonrisas.

—¿Cómo unos idiotas como vosotros han entrado aquí? —espetó Fiora—. No. Da igual. ¿Dónde está el Pikachu?

—¿El Pikachu? —repitió James.

—Sí, el Pikachu. Aquel con el que malgastasteis cientos de miles de los fondos de la compañía y aún no tuvieron la decencia de curar.

Fiora arqueó las cejas. ¿Estaba detrás de ellos su jaula? Se inclinó a un lado intentando conseguir una mejor visión, pero Jessi y James se deslizaba por encima con tal de bloquearle la vista.

—¡Oh, ese Pikachu! —rio Jessie—. Bueno, verás, tardabas tanto en venir que ya nos hicimos cargo de él.

—Exacto —corroboró James—. Está profundamente dormido. Ahora mismo, de hecho.

—Así que me da la sensación de que ya no te necesitamos aquí, después de todo —añadió Jessie. Hasta tuvo los nervios para agitar la mano a modo de despedida hacia la salida.

Absol gruñó. Dio un paso adelante, empujó algo en el suelo, lo cogió y se lo llevó a Fiora. La sangre de la mujer se aceleró cuando reconoció el aspecto gris de la superficie de una piedra evolutiva gastada. Jessie y James se deshicieron en polvo.

—¿Qué habéis hecho? —exigió Fiora adelantándose.

—Bueno, verás… —tartamudeó James.

Una mirada y un gruñido de Absol fue todo lo que se necesitó para echarlo a un lado. Detrás de él estaba la jaula, tapada con una manta, como si pensaran que de ese modo la esconderían. Cuando Fiora tiró de esta, una chispa de electricidad pasó rozando su cara.

—Tranquilo —dijo Fiora mientras se agazapaba y miraba el enfadado rostro de un Raichu. ¿De verdad esos idiotas habían evolucionado a Pikachu sin el consentimiento del jefe?

El Raichu chispeó de nuevo, deslumbrante.

—¡Pika-chu-pika-pi!

Fiora sintió que se mandíbula se aflojaba. Detrás de ella, escuchó como Jessie y James se inclinaban hacia la puerta.

—Estoy segura de que tu entrenador está bien —dijo Fiora cuando recobró la voz. Adjuntó un comedero a la jaula, volvió a taparla con la manta y encendió un palo de incienso—. Hablaremos más tarde. Después de que hayas conseguido calmarte.

—¡Pi-ka! —gruñó Raichu mientras sus párpados iban bajando.

Solo cuando Fiora estaba segura de que estaba dormido, indicó a sus asociados que se lo llevaran fuera de la habitación, con las manos llenas de ira. El Meowth híbrido cogió la gastada piedra trueno (continuaba siendo redondeada y brillante, después de todo), y salió primero.

A Fiora le costó muchísimo cerrar la puerta sin hacerlo violentamente, y se giró muy lentamente hacia Jessie y James.

—¿Qué… habéis… HECHO?

—Ibas a evolucionarlo de todas formas —arguyó Jessie con la cara enrojecida.

El Meowth híbrido soltó su premio bajo sus pies. Sin pensárselo, Fiora lo cogió y lo tiró. Se estrelló contra una estación de laboratorio cercano, enviando al suelo una bandeja de matraces en una lluvia de cristal.

—¡Por supuesto que iba a evolucionarlo! Después de que me ganara su confianza. ¡Después de que le convenciera de que la evolución era lo mejor que le puede pasar a un Pokémon desde los movimientos Z! ¡No iba a precisarlo y obligarlo a evolucionar en contra de su voluntad! En serio, ¿¡Que pasa con vosotros dos!?

—Calma, Fiora —habló una tímida voz desde algún lugar de la sala. Fiora miró hacia abajo y vio la cola del Vaporeon hibrido acariciando su pierna—. Enfermarás si sigues gritando de esa manera.

—¿De qué lado estás tú, Meowth? —saltó Jessie.

El híbrido retrocedió y apretó los dientes.

—Obligar a un Pokémon a evolucionar… encima es el Pokémon del bobalicón… —sacudió la cabeza con los ojos brillando por las lágrimas—. ¿¡Tienes idea alguna de lo que se siente!?

—Meowth, por favor, ¡lo sentimos! —se disculpó James, por el poco bien que haría ahora.

—Mi nombre ya no es Meowth. —El hibrido agachó la cabeza retrocedió al interior de las sombras de algunas mesas próximas.

—¡Fuera de mi laboratorio! —bramó Fiora—. ¡Los dos! ¡Fuera! ¡YA!

Los dos se fueron, más rápido de lo que Fiora los había visto correr en su vida. Ella se quedó de pie un largo rato, simplemente mirando por dónde se habían ido. Entonces, finalmente el esfuerzo la alcanzó y se tuvo que recostar en una de las mesas del laboratorio.

—Lamento que hayas tenido que ver eso —dijo en grandes jadeos—. Sé que fueron tus amigos antes.

—Sí. —El pequeño híbrido asomó la cabeza—. Antes.

Fiora echó un vistazo por encima del hombro a la habitación que dijo. Por reflejo, se inclinó para acariciar la cabeza de Absol. Luego la retiró cuando su primera caricia dejó una mancha roja en su blanco pelaje.

—Fiora… ¡Estás sangrando! —gritó el hibrido muy preocupado.

Absol ya estaba en modo rescate, saltando por el laboratorio con tal de golpear con su nariz el botón del intercomunicador de emergencia.

—Estoy bien. —Fiora trató de llamar a Absol. AL ver que no servía, intentó levantarse. Cualquier cosa con tal de evitar que Absol siguiera sobreactuando y alertando a todo el edificio—. De verdad. Solo necesito descansar un mo…

Entonces sus piernas se debilitaron.