Escrito originalmente por Katrina S. Forest y RaptorRowan. Portada dibujada por onichan-xd. Traducción por SpainDragonWriter.
Giovanni debía reconocerlo, el hijo de Delia era todo un luchador. Sus dos amigos, exlíderes de gimnasio, de todas las personas, simplemente necesitaban ser apuntados con unas pocas armas para que se rindieran fácilmente. Sin embargo, Ash parecía o bien ser inconsciente de lo que era un arma, un idiota al que no le importaba, o bien alguien que sabía perfectamente que no había forma alguna en la que Giovanni ordenaría a ninguno de sus lacayos a hacerle daño. De hecho, todo lo contrario.
Giovanni extendió su mano hacia un sobre de manila que le habían traído a su mesa anteriormente. A su vez, dos miembros Rocket escoltaron a Ash hasta la habitación. El chico los empujó tan pronto como alcanzaron el escritorio de Giovanni y miró al jefe del Team Rocket fulminantemente.
—¿Por qué me has traído hasta aquí?
Directo al grano. Eso era Delia, de acuerdo. Giovanni no respondió, básicamente deslizó el sobre hacia él. Ya había leído su contenido, por supuesto, y los resultados que había no le sorprendieron en lo más mínimo. Tan pronto como había escuchado el nombre de Delia, ya tenía sus sospechas, y ahora podía respaldarlas con hechos.
Ash fijó la vista en el sobre. Al menos ya no gritaba.
—¿Qué es esto? —preguntó cuidadosamente.
—¿Por qué no lo abres? —dijo Giovanni—. Pienso que habla por sí mismo.
Ash cogió el sobre celosamente, deshizo el hilo rojo que lo mantenía cerrado y sacó lentamente los papeles del interior. Sus ojos pasaron sobre las palabras velozmente al principio. Luego releyó en mayor detalle una… dos… tres veces. Las manos de Ash comenzaron a temblar.
—¿Qué es esto? —preguntó de nuevo.
—Supongo que sabes leer —contestó Giovanni con las manos entrelazadas—. Pero en caso de que hayas obviado el logo en la parte superior derecha y la auto explicativa cabecera del informe, estos son los resultados de una prueba de ADN que he llevado a cabo empleando una muestra de mi propio pelo y otra del tuyo.
Ash golpeó la mesa.
—¿Cuándo habéis conseguido una muestra de…?
—Cabello caído salido directamente de esa asquerosa gorra que te requisé, desde luego —respondió Giovanni—. Pero el origen es lo menos importante, ¿verdad? Los resultados lo son más.
Ash apretó los dientes. Casi era adorable cómo funcionaba su joven mente, llegando a la situación de negarlo desde todos los ángulos posibles a pesar de tener la verdad escrita en blanco y negro delante de él.
—Esto no puede estar bien… —dijo—. No puede ser que tú seas…
—Oh, por favor, no empieces ningún melodrama —interrumpió Giovanni echándolo con un gesto—. Sí, puedo ser tu padre. Salía con tu madre hace ya bastante tiempo. Es más, yo soy tu padre, tal y como evidencian los papeles que sostienes en tus manos. La única pregunta que queda es qué significa esto para el Team Rocket.
Giovanni retiró el sobre y lo guardó en un archivo. Ash bajó la cabeza. Todo su cuerpo se puso a temblar. Estaba o empezando a llorar o conteniendo una risa maníaca. Era complicado de dar con la diferencia.
—Y yo que creía que era especial —dijo con la voz rota—. Yo pensaba: vaya, debo ser un entrenador tan impresionante que hasta el líder del Team Rocket va detrás de mí.
—Oh, desde luego que eres especial —le aseguró Giovanni—. Créeme, chico, tengo grandes planes para ti. Pero ya te los contaré en otro momento. —Llamó a uno de los subordinados que estaban de pie en las sombras—. Hemos terminado. Lleva a mi hijo a su habitación.
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Pierce se plantó frente a la pequeña ventana de la habitación de hospital, aturdido, solo escuchando a medias mientras el jefe del departamento examinaba todas las pruebas médicas que habían llevado a cabo con su amiga y los resultados obtenidos con estas. Como si aquello le ayudara a sentirse mejor. Fiora seguía inconsciente, todavía enganchada a un puñado de tubos y máquinas que pitaban. Y Pierce aún no tenía permitido entrar a visitarla.
—¿Cuánto tiempo ha de pasar para que se recupere? —preguntó.
El doctor arrugó la frente y se aclaró la garganta nerviosamente. No era una buena señal.
—Me temo que su enfermedad se ha extendido hasta los pulmones…
Pierce asintió con la cabeza, aunque en realidad continuaba intentando entender lo que el doctor le explicaba. Miró a través del cristal sin parpadear. Realmente ver a su amiga esta vez y cómo se había vuelto tan pálida y delgada en los últimos meses. Apretó los puños, maldiciéndose silenciosamente. Si hubiera prestado más atención. Haber hecho que se tomara las cosas con más calma…
¡Maldita sea! ¿Cómo no pudo haberlo visto? Tal vez en realidad sí se fijó y meramente no quería admitirlo. Aunque, ahora, no tenía muchas opciones. A Fiora no le quedaba mucho tiempo de vida y no había nada que él pudiera hacer al respecto.
El doctor continuaba hablando, murmurando suavemente sobre contactar con la familia y resolver asuntos.
—Ella no tiene familia —informó Pierce, a pesar de que recordaba que aquello no era del todo cierto. Técnicamente, sus padres andaban por ahí, si realmente se les podía llamar así—. Ninguno que valga la pena contactar, al menos —añadió. Tragó saliva y sintió un mal recibido enredo en su garganta—. Me llamarás inmediatamente cuando despierte, ¿entendido?
El doctor comenzó a dudar, pero Pierce lo agarró de la mano. Él no iba a considerar la alternativa. No aceptaría que la estúpida pelea que tuvieron fuera lo último de lo que hablaron.
—¿Lo has entendido? —repitió enfatizando cada palabra.
—Sí, señor —se inclinó el doctor—. Por supuesto.
Pierce se giró bruscamente y se puso en camino por el pasillo hacia los ascensores, con el estómago más encogido a cada paso que realizaba. Pronto sus puños también se cerraron.
Esto era culpa de Jessie y James. Si no fuera por su impresionante estupidez, Fiora nunca se habría excedido tanto. Levantó el puño y lo estampó contra la pared.
El jefe los había degradado a conserjes por haber desobedecido sus órdenes y arruinado su nuevo Pikachu. Pero, aun así, no era suficiente. Pierce quería que sufrieran igual que su amiga. ¿Era de mal gusto? Tal vez un poco. Pero Fiora haría lo mismo por él.
El ascensor llegó y Pierce se metió en él, masajeándose los nudillos. Solo necesitaba ser paciente. Esto era el Team Rocket después de todo. Si existía un lugar donde tener la oportunidad de vengarse, este era el más indicado. Solo debía mantenerse tranquilo y esperar.
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El momento en el que Pierce entró en su oficina varios minutos después, Pierce tenía un montón de técnicos de investigación cargados hasta arriba de papeles, además de una genetista muy entusiasmada. En cualquier otro día estaría encantado de ver ese tipo de entusiasmo. Pero hoy…
—Informe —ordenó.
La genetista se despejó la garganta, indicando a sus técnicos que plantaran sus pilas de datos en el escritorio uno a uno.
—Es acerca del Proyecto Merger, señor —dijo ella con ojos brillantes—. Lo hemos conseguido. Hemos perfeccionado el suero.
Pierce arqueó las cejas.
—¿Lo habéis probado?
—Así es —sonrió la mujer. Luego se movió—. Aunque solo en unos cuantos miembros y con un diez por ciento de exposición. —Ella acercó una pila de papeles concretos a Pierce—. Como verá, los resultados han sido bastante positivos.
Pierce examinó unas cuantas hojas, captando atisbos de sujetos de prueba que, a excepción de algunas nuevas habilidades aleatorias y un cambio de color en el pelo, aún se les veía saludables, felices y muy humanos.
—De modo que es así como se ve un híbrido entre un humano y un Pokémon… —Hizo una mueca—. No se aprecia mucha diferencia, ¿no?
—No con una exposición tan baja. Pero si aumentamos la dosis del suero, en teoría, debería alterar más el ADN de humano a Pokémon después de entrar en contacto con la radiación de la megapiedra.
Pierce dejó caer los papeles en el escritorio, se reclinó en la silla y trató de masajearse el inicio de una migraña.
—Pedí resultados, no teorías. ¿Los podéis obtener o no?
La mujer se reajustó las gafas con un dedo.
—Naturalmente. Aunque estamos buscando a más voluntarios. Desgraciadamente, no todos en la organización tienen una mentalidad abierta a la hora de reestructurar su ADN por el bien de la ciencia. —Suspiró—. Una pena.
Pierce se rascó la barbilla. Así que les faltaban voluntarios, ¿eh? Bien, eso había que solucionarlo.
—No os molestéis en buscar exhaustivamente —dijo con una ligera sonrisa—. Conozco a dos agentes que podéis utilizar.
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Sabrina se despertó en mitad de la noche. Estuvo a punto de chillar, pero, por supuesto, habría sido melodramático en el mejor de los casos y altamente vergonzoso en el peor. Es más, no había nadie que la pudiera consolar. Cuando las visiones aparecían, ella simplemente debía aceptarlas.
Esta vez, Sabrina se había visto a sí misma hablando con un Pokémon… y entendiendo sus palabras. La criatura había estado en las sombras, de naturaleza canina, pero era incapaz de especificar la especie. Le había hablado de una advertencia. En poco tiempo habría un gran poder entrando en el mundo de los humanos… que se inclinaba hacia la persona equivocada y podría desencadenar un gran desastre.
Aunque, ¿quién es esa persona equivocada?, pensó Sabrina. Ella podía descartar la posibilidad de que estaba contemplando una advertencia sobre sí misma. Por otro lado, conocía a muchos otros en Kanto incluso más sedientos de poder que eso…
—Haunter, Haunter… —susurró el Pokémon fantasma deslizándose curiosamente por las paredes, ansioso por ver a su maestra diurna despierta a esa hora de la noche.
Sabrina acarició a Haunter bajo el mentón.
—Parece que las cosas están sucediendo más deprisa de lo que imaginaba —dijo—. Tendré que hacer unas llamadas a los otros líderes de gimnasio mañana.
—Haunt, haunt —corroboró Haunter. Aunque, cuando se le rascaba la barbilla, tendía a estar de acuerdo con cualquier cosa.
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James había llegado a la conclusión de nunca más involucrarse en asuntos que estaban por encima de él. Sus padres procuraron inculcarle mucha responsabilidad (y dinero, sí, pero sobre todo responsabilidad) y él huyó de eso tan rápido como pudo. Unirse al Team Rocket siempre le había parecido una divertida y rebelde aventura. Pero ahora daba la sensación de que las cosas le superaban. En esos momentos, estaba atado a una mesa con Pierce de pie a su lado, mirándolo en una mezcla de deleite y demencia.
—Muy bien —empezó Pierce—, ¿Queríais saber qué pasa en nuestros laboratorios? ¿Querías ser útiles al Team Rocket? Bueno, os voy a ofrecer una brillante oportunidad.
Pierce se apartó de la mesa y James trató de sentarse; quizá las restricciones eran de exhibición… pero se mantuvieron firmes. Una gota de sudor cayó de su frente. Todo a su alrededor era una escena sacada de una película de terror. Los científicos se movían constantemente y sus expresiones quedaban ocultas por gafas y máscaras. Diversos líquidos extraños burbujeaban y se desplazaban en tubos y matraces. Entonces, obviamente, había dos jeringas en una bandeja la cual estaba precariamente cerca del lugar donde Jessie y James estaban atados.
—Hm, mientras que yo lo doy todo por ser útil al Team Rocket —dijo James tembloroso—, no puedo decir que tenía el particular deseo de saber qué es lo que ocurre aquí abajo. Puedes, esto… continuar con tus escalofriantes experimentos, y no te molestaremos nunca más.
—¡Yo quiero saber que le sucedió a Meowth! —saltó Jessie. Los dos hombres la miraron sorprendidos. Ella observó sus miradas y cuando pareció darse cuenta de que se había expresado con auténtica preocupación, se calmó—. En serio… se supone que Los Pokémon acuáticos se ven elegantes. Aquello no lo era para nada. Y, además, Meowth odia el agua. Menudo diseño sin inspiración.
Meowth, que había estado parado junto a Pierce, curvó un poco la nariz ante las palabras de Jessie, pero no dijo nada al respecto. Pierce dio una mirada superficial al Pokémon como si se hubiera olvidado cómo era.
—El Team Rocket, sin que dos idiotas como vosotros lo supierais, ha estado realizando una extensa investigación sobre la evolución inducida por piedras. Antiguamente meramente aceptamos que ciertos Pokémon evolucionan con piedras y otros no. Hemos estado desarrollando un suero que permita a los Pokémon que no tenían reacción alguna a las piedras evolutivas adoptar una forma completamente nueva. —Extendió el brazo y con la mano abierta señaló orgullosamente a Meowth—. Vuestro pequeño compañero fue uno de nuestros primeros experimentos. Su capacidad de hablar la lengua humana hizo que el análisis de los resultados fuera mucho más sencillo.
Meowth bajó la cabeza y se deslizó hacia atrás hasta quedarse debajo de una de las mesas.
—P-Parece un Vaporeon —observó James.
—Estoy de acuerdo —corroboró Pierce—. Nada sorprendente. La base del suero se fundamenta mayormente en ADN de Eevee. Después de todo, si vas a forzar evoluciones previamente imposibles, la composición de la evolución Pokémon proporciona un excelente punto de partida. —Hizo una señal a un científico que trajo la bandeja con las dos largas y delgadas jeringas—. Hemos mejorado el suero considerablemente desde entonces, como cabía esperar. Después de todo, estábamos poco interesados en conseguir una reacción de una piedra evolutiva y mucho más en obtener una de una megapiedra.
El científico se inclinó.
—Cuando esté listo, señor —dijo.
Pierce los miró por encima, no como si estuviera analizando a sus compañeros, sino más bien como si estuviera valorando unos productos baratos.
—Usad la Manectricita en este —dijo meneando la cabeza hacia James— y la Blazikenita en el otro.
