Escrito originalmente por Katrina S. Forest y RaptorRowan. Portada dibujada por onichan-xd. Traducción por SpainDragonWriter.


Giovanni ordenó llamar a Ash a su oficina unos días después. Cuando el chico apareció, Giovanni notó que no tenía las mismas energías de antes. Oh, sin duda ahí había furia, pero estaba bien enterrada bajo una capa de desesperación. El chico detestaba su situación y todavía no encontraba una salida de esta. Aquello no serviría para los propósitos de Giovanni. El chico tenía potencial. Mucho. Giovanni solo debía moldear ese potencial. Primero, debía darle una meta, un objetivo.

—Por favor, siéntate —le dijo señalando la silla frente a su mesa. Ash obedeció y se sentó, cabizbajo. Había recuperado su gorra, aunque había preferido sostenerla entre sus manos en vez de llevarla puesta—. Debo confesar que no veo que realmente aprecies esta pequeña revelación. Eres, por todas las cuentas técnicas, el heredero del Team Rocket, su legítimo próximo líder. No obstante, parece que te falta… la disposición para asumir ese cargo.

Aquello fue suficiente para devolver a Ash las fuerzas necesarias para, por lo menos, mirar directamente a los ojos de Giovanni.

—¡Toda tu organización existe para explotar a los Pokémon! —le gritó—. ¡Es malvada!

—Oh, sí. ¿Ves? Ese es el tipo de actitud que temo y que puede obstaculizar nuestro progreso aquí —replicó Giovanni—. Pero hay tiempo de mejorarlo.

—¡Me da igual si me mantienes preso por cien años! —expresó Ash con una chispa melodramática—. Ninguna cantidad de tiempo hará que cambie de parecer.

—De modo que ¿estás diciendo que no te interesa hacerte cargo del Team Rocket algún día? —preguntó Giovanni.

—¡Exacto! —sentenció Ash. El chico empezaba a sonar exasperado, como si Giovanni no estuviera entendiéndole a propósito.

No andaba muy equivocado.

—¿En serio? Porque me da la sensación de que tienes fuertes emociones hacia esta organización. Uno pensaría que, dada la oportunidad de dirigirla cómo te apetezca, podrías estar más interesado en aprovechar la oportunidad.

Ash se enderezó un poco.

—Dirigirla… ¿Cómo yo quiera? —preguntó cuidadosamente—. Por ejemplo, ¿podría desmantelarla?

—Si esa fuera tu decisión cuando estuvieras al mando, sí.

—Y ¿cuándo me verías…esto… estando al mando?

El debate interno de Ash ahora casi era divertido. Claramente repudiaba la idea de tener algo que ver con el Team Rocket, pero tener la imagen en su cabeza de tener el poder para desmontar todo resultaba una tentación demasiado buena.

Giovanni se inclinó hacia adelante, descansando su barbilla sobre sus manos enlazadas.

—Tres años. Trabajas para mí durante tres años. No discutes ninguna de mis decisiones. No intentas disuadirme de ninguna acción tomada ni socavas ninguno de mis planes. Te consideraré mi aprendiz durante ese tiempo y te enseñaré todo lo que debes saber para liderar al Team Rocket.

Giovanni extendió la mano como una forma de acordar el contrato verbal. Ash casi aceptó la oferta en ese mismo instante, pero retiró la mano a tiempo aún con su debate interno. Giovanni no mostró ningún tipo de emoción. No habría llegado tan lejos en la vida permitiendo que sus sentimientos actuaran por él en cualquier situación. Sin embargo, era muy consciente de que no era inmortal. Quizá la presencia de la agente Fiora y su avanzada enfermedad fue lo que le hizo darse cuenta de ello. Y la idea de finalizar sus días sin ningún legado… le aterraba más que cualquier pérdida financiera que pudiera sufrir. Su padre y abuelo y muchas otras generaciones antes que ellos siempre habían trabajado en el submundo a su favor, pasando sus secretos a sus hijos. ¿Sería el primero en fallar? Dar el poder del Team Rocket a un don nadie. ¿A un empleado? No, él no lo permitiría. Sus intentos de influenciar en Silver habían fallado. Pero este chico era diferente. Él tenía una pasión por los Pokémon como nadie que Giovanni hubiera visto en su vida. Una pasión que alcanzaba la estupidez. Si Giovanni pudiera convertir esa energía en un entusiasmo por el poder, por el control… el chico se convertiría en su viva imagen, un reflejo de sí mismo, y continuaría su legado.

—¿Por qué haces esto? —inquirió Ash al final.

—¿Por qué? Porque no puedo liderar al Team Rocket eternamente. Porque confío en la familia por encima de todo. Porque mi único otro hijo me ha abandonado.

Ninguna de esas líneas eran rotundas mentiras. De hecho, solo la segunda razón había sido lo más parecido a una mentira. Giovanni estaba siendo francamente honesto en su vejez.

—Pero, por encima de todo —continuó—, porque creo que en los tres años en los que te entrenaré, seré capaz de cambiar tu actitud hacia la compañía completamente. Estoy tan seguro de mis habilidades para conseguirlo que, de hecho, no existe el menor atisbo de duda en mi mente. En tres años, mi querido niño, serás todo lo que yo soy. Tal vez incluso más.

—Jamás seré como tú —gruñó Ash—. En el preciso instante en el que me des el control de este lugar, pienso derribarlo.

Ahí Giovanni se permitió una corta sonrisa. Determinación. Justo lo que necesitaba. Con todos los recursos a su disposición, podría redirigir fácilmente la energía de Ash. No podía motivar a alguien que no tenía ambición alguna con la que empezar.

—Entonces, ¿estás aceptando mi propuesta? —preguntó Giovanni.

Ash apenas vaciló.

—Ya lo creo que sí.

Giovanni reveló una sonrisa completa, tomando la mano de Ash y sacudiéndola vigorosamente.

—Excelente. Haremos los trámites de inmediato. —Giovanni chasqueó los dedos y el Persian, que había estado cabeceando a sus pies, levantó la cabeza. Sin la necesidad de otra señal de su parte, el Pokémon se levantó y caminó hacia el archivador en la esquina de la oficina de Giovanni. Con un profundo ronroneo, agarró el mango del cajón con la boca, lo abrió y sacó una carpeta de manila con la cual regresó a Giovanni. El hombre cogió la carpeta y acarició la cabeza del gato, después el Persian se sentó a sus pies. Nunca confíes en un humano para que lleve papeles importantes, a fin de cuentas. Había cosas en las que solo se podían confiar a un Pokémon. Giovanni abrió la carpeta, sacó un bolígrafo de su bolsillo y se lo pasó a Ash. Luego extrajo la hoja de papel y la empujó hacia el chico.

—Siéntete libre de leerlo —le dijo—. Tómate todo el tiempo que quieras.

Ash sostuvo el bolígrafo en su mano.

—No, gracias —respondió, y firmó su nombre la línea donde Giovanni había indicado.

Giovanni recuperó el bolígrafo y la hoja de papel y firmó con su propio nombre justo debajo del de Ash. Después, guardó el papel en la carpeta y silbó al Persian para que la devolviera al archivo. El Pokémon obedeció sin rechistar.

—Bien —comenzó Giovanni mientras el Persian volvía a descansar bajo sus pies una vez más—, como estipula el contrato, empezarás en esta organización con el rango de un ejecutivo. Esto significa que podrás dar órdenes a cualquiera de mis subordinados o científicos como te plazca. La excepción, por supuesto, es que no puedes ordenarles que me desobedezcan ni esperaría que emitieras ninguna orden que socave los objetivos generales del Team Rocket.

—No tengo planes de dar órdenes a nadie —dijo Ash firmemente.

La media sonrisa que Giovanni aguantaba todo este tiempo se deshizo un poco.

—Veo que vamos a tener que trabajar en tu disposición de tomar el control. Das órdenes a los Pokémon todo el rato, chico. Encontrarás que la gente no es tan diferente. —Giovanni se recostó en su silla, intentando liberar algo de la tensión acumulada en su cuello. Esto era todo un desafío el que acababa de emprender. Pero como todo reto, estaba más que preparado. Lanzó un gesto a Ash—. El agente Pierce te entregará tu nuevo uniforme. Y creo que la agente Fiora tiene un Pokémon que devolverte.

Ash se vio esperanzado con esas palabras, posiblemente por primera vez desde que Giovanni lo había visto.

—¿Mi Pikachu? —preguntó.

Giovanni restregó su barbilla unos instantes. Había visto al Pokémon evolucionado que insistía en decir su antiguo nombre. ¿Cuál era el nombre para esa clase de criatura? ¿Mutante? ¿Defecto? O quizá el nombre que usaba Fiora: híbrido. Si, eso sonaba mejor

—Ejem. Sí, tu Pikachu —dijo al fin—. Cuéntame, ¿por qué no evolucionas a tus Pokémon? Claramente se encuentran en un nivel suficientemente alto como para haber aprendido todos los movimientos exclusivos de su forma de Pikachu.

Ash miró a Giovanni, casi con una expresión de confusión.

—No quiere evolucionar —respondió como si fuera la más obvia razón del mundo.

Giovanni asintió. Entonces esto sería un interesante giro de los acontecimientos.

—Ya veo —se limitó a decir, y agitó una mano desdeñosa otra vez.

La puerta de la oficina se abrió y, con solo apretar un botón, el agente Pierce apareció tras esta. Hubo un silencio incómodo cuando él y Ash se miraron el uno al otro, esperando que uno de los dos se moviera primero. Giovanni rodó los ojos y tosió fuertemente.

—Mi hijo ha aceptado su papel en la organización —comunicó a Pierce—. Necesitará el uniforme y a su Pokémon. Por favor, hazte cargo.

Los ojos de Pierce se abrieron de par en par ante las palabras de Giovanni, pero se recompuso rápidamente y se inclinó hacia Ash.

—Por supuesto. Por aquí, señor.

Giovanni tuvo la impresión de que a Ash jamás le habían llamado «señor» en su vida mientras seguía a Pierce sin la confianza que un líder debería tener. Pero aquello ya vendría con el tiempo. Giovanni se aseguraría de ello.

-0-

El Rocket que guiaba a Ash estaba preocupado por algo; se le notaba en la cara. Al principio, Ash supuso que tenía que ver con él. Todos los miembros del Team Rocket debían pensar que su jefe se había vuelto loco al dejar a alguien que había luchado contra la organización durante tantos años de repente tuviera un lugar en esta. Sin embargo, a medida que Ash seguía a Pierce, más sospechaba que las preocupaciones de Pierce no tenían nada que ver con él. Pierce estaba totalmente distraído mientras paseaba por los pasillos con Ash, llevándolo por el camino equivocado en más de una ocasión y, cuando fue a dar a Ash su informe, el primero que le entregó fue el mismo que vestía James, de un tamaño que se veía como si fuera a engullir por completo al chico.

—Esto… No estoy seguro de que este sea el correcto —dijo Ash.

Pierce miró el uniforme en sus manos como si se preguntara cómo había llegado ahí, para empezar.

—Oh, cierto. Mis disculpas, señor —se excusó Pierce. Regresó a la gran caja de metal de donde había sacado el uniforme y rebuscó el adecuado—. Ejecutivo, ¿verdad? —Sacó un uniforme que no difería mucho del anterior salvo la ausencia de guantes negros y un mucho más pequeño logo del Team Rocket cerca del hombro en comparación a la enorme «R» dibujada en el pecho del anterior—. Esto debería bastar —dijo Pierce finalmente. Cerró con llave la caja con una tarjeta en su cinturón. Por un momento, alternó la vista entre la llave y Ash—- Tendrá que perdonarme, pero no tengo claro el nivel de permiso que el jefe te ha dado. Me aseguraré de que reciba su propia tarjeta de identificación cuando haya confirmado la información.

—Oh… está bien —comentó Ash, nervioso mientras continuaba acompañando a Pierce por los pasillos.

El hombre llevó de vuelta a Ash a la misma habitación que el chico tenía antes. Solo que, esta vez, cuando fue a abrir la puerta, esta ya estaba desbloqueada, y Pierce parecía no tener intención de encerrar a Ash de nuevo ahí.

Algo vibró mientras la puerta se abría. Pierce miró su cinturón; su teléfono móvil estaba parpadeando. Comprobó el mensaje que había recibido y, tras leerlo, su cara palideció.

—¿Ya? Les dije que me avisaran antes de que…

Pierce apretó los dientes, sacudiendo la cabeza con esfuerzo mientras se enfrentaba a Ash de nuevo.

—Discúlpeme, señor. La agente Fiora al parecer ha enfermado y es ella quien tiene a sus Pokémon en estos momentos. Tendré que ir yo a por ellos.

—Ella… ¿está bien? —preguntó Ash, inquieto.

Si no recordaba mal, Fiora era aquella mujer que se sentía realmente enferma y frágil la primera vez que la vio. Y parecía que Pierce estaba enormemente preocupado por ella. Por mucho que Ash quisiera reencontrarse con Pikachu, al menos sabía que estaba a salvo. No sonaba como si se pudiera decir lo mismo de Fiora.

—Ella… ella estará bien —dijo Pierce dificultosamente—. No es… nada de lo que deba preocuparse, señor.

Apenas lograba pronunciar las palabras. Puede que Ash no fuera bueno en entender a las personas, pero sabía cómo se sentía estar preocupado por alguien importante. El lo había estado sintiendo así desde que lo separaron de Brock y Misty. Y también de Pikachu.

—Oye, em… si necesitas ir a verla, deberías.

Pierce lo miró, impactado.

—Lo… lo agradezco —dijo—. Pero me ordenaron atenderle.

¿Atenderme? ¿Para qué necesito asistencia? Ash apretó los puños. Debía haber una forma de evitar esto.

—Yo… esto… ¿te ordeno que lo hagas? —intentó. Entonces recordó lo que Giovanni le había dicho acerca de contradecirle y añadió—: Puedes traerme mi Pikachu después.

Una ola de alivio pasó por la cara de Pierce. Per se, no se le veía muy agradecido, pero hizo una profunda reverencia antes de apartase de la puerta.

—Eso haré. Gracias, señor.

Con eso, se marchó casi corriendo por el pasillo.

-0-

El equipamiento ya no molestaba a Fiora. No como solía hacer. Puede que fuera porque no tenía la fuerza para luchar. Las vías intravenosas que mordían bajo su piel la estaban llenado de maravillosos analgésicos. El tubo del oxígeno incómodamente pegado con cinta adhesiva en su cara la ayudaba a respirar mejor. Incluso ahora los constantes pitidos y tonos de las máquinas eran suaves sonidos de fondo.

Fiora casi se había dormido otra vez cuando la voz de Pierce se coló en sus oídos, diciendo su nombre. Fiora se esforzó en abrir sus pesados ojos y lo encontró al lado de la cama sentado, vigilándola con una cara llena de preocupación. La ultima vez que se le veía tan mal fue cuando se estresó con un gran proyecto y no durmió en una semana entera.

No he podido estar inconsciente tanto tiempo, ¿verdad?

—Hola —saludó Pierce.

—Hola —devolvió el saludo Fiora. Le costaba hablar. Su garganta estaba muy seca en ese momento. Pero si no decía algo, puede que no tuviera otra oportunidad—. Lamento que discutiéramos.

—No tienes nada por lo que disculparte. Fue culpa mía —dijo Pierce. Casi sonaba más tierno ahora. O puede que ese fuera justo lo que ella deseaba.

Maldición, ¿Ahora pienso en arrepentimientos? Las estúpidas drogas debían estar mareándola. En fin, al menos era una lista corta.

Fiora se arrepintió de nunca haber tenido la posibilidad de entrenar a su propio Pokémon.

Se arrepintió de no dejarse conocer el amor.

Pero, por encima de todo, se arrepintió de cada momento en el que se había sentido débil.

Ya no podía hacer mucho por los dos primeros, ni siquiera cuando se encontraba en plena forma. Cuidar de un Pokémon o una persona que le importase habría sido demasiado cruel para los involucrados. Pero la debilidad… a eso sí podía hacer algo. Aún podía luchar.

—Fiora —comentó Pierce, más serio ahora—. Hay algo que debo enseñarte…

Ella levantó una mano temblorosa, apenas consiguiendo hacer el gesto del silencio con el índice en los labios.

—Primero necesito que… —Se hidrató los labios.

—¿Qué? —estimuló Pierce.

Fiora contuvo el aliento y habló sin debilidad. Sin miedo.

—Después de que me vaya, quiero me hagas descansar en la cima del monte Plateado. He oído que las vistas allí arriba son preciosas y siempre he deseado ir, pero nunca tuve la ocasión. ¿Harías eso por mí?

La boca de Pierce se quebró con un profundo ceño fruncido.

—Ya está, Fiora. Creo que tengo la forma de salvarte.

Fiora suspiró. Era un auténtico tonto sentimental. En otro tiempo hubiera rodado los ojos o le habría pegado en la cabeza. Pero hoy le dejó tener una rara y afectuosa sonrisa.

—Ya me has salvado, ¿recuerdas?

—No, Fiora. —Pierce sacudió la cabeza—. Hablo de una cura.

¿Por qué tenía que hacer las cosas tan difíciles? Después de que le dijera un centenar de veces que no se encariñara con ella, el seguía sin escuchar. De verdad que era un auténtico tonto. Un estúpido y tonto sentimental. Curioso, en otra vida quizá ella se hubiera enamorado de él también. En otra vida…

—¿Fiora?

Ella se sacudió despierta.

—¿Eh? N-No estaba durmiendo.

—Necesito que te centres. Esto es importante.

—Estoy centrada.

Pierce se hizo a un lado y sacó una carpeta.

—Es el Proyecto Merger. Aquel que he estado supervisando los últimos seis años.

—Aquel del que nunca puedes hablar —asintió Fiora débilmente—. La razón por la que hay un puñado de híbridos en observación.

—Hemos conseguido un gran avance. Solo que, esta vez, experimentando con humanos. Mira.

Pierce abrió la carpeta y mostró una pagina que contenía dos fotos de personas que se parecían a Jessie y James, aunque no exactamente como ellos. El cuerpo de Jessie era francamente masculino, de aspecto juvenil y brazos, abdominales y piernas musculosas. James lucía un nuevo peinado puntiagudo de un azul eléctrico con amarillo brillante.

—¿Son esos… Diva y Dunce?

—Ahora con un veinte por ciento de ADN Pokémon.

Fiora parpadeó. Ahora las piezas del puzle por fin empezaban a encajar.

—¿Y crees que, sin consigo un merger, los genes Pokémon sustituirán los míos defectuosos y me curarán?

—Si el procedimiento sale bien, sí.

—¿Y si no?

Pierce bajó la mirada.

—No lo sé. Todos los demás sujetos que usamos estaban sanos…

—En otras palabras, me matará horriblemente —resumió Fiora. Soltó una carcajada que se convirtió en una tos que la dejó mareada y cansada—. Demonios, sabía que tenía truco.

Pierce no se mostró divertido.

—Es tu decisión, Fiora. No pienso persuadirte de ninguna manera. Solo quería que conocieras todas las opciones. —Dejó la carpeta en su cama y se levantó, vaciló, y se dirigió a la puerta—. ¿Quieres que te deje a solas para que te lo pienses?

Fiora volteó la carpeta de un porrazo y la cerró.

—No. Por decirlo de alguna manera, me has traído una cura.

Pierce abrió la puerta con una pequeña sonrisa, llamando a un equipo de enfermeras que aparentemente estaban esperando en el pasillo.

—Tenía el presentimiento de que dirías eso.