Escrito originalmente por Katrina S. Forest y RaptorRowan. Portada dibujada por onichan-xd. Traducción por SpainDragonWriter.
Giovanni salió del ascensor a zancadas en dirección a la planta médica y fue directamente a la enfermería.
—Informe de situación —ladró. Detrás del mostrador, el médico del Team Rocket, cuyo nombre nunca se molestó en memorizar, casi saltó de la silla. Giovanni lo miró con una creciente impaciencia mientras el hombre buscaba notas a tientas en un portapapeles.
—Bueno, la situación fue crítica por un instante… probablemente debido a su condición médica. Pero le encantará saber que la agente Fiora se encuentra estable y descansa tranquilamente.
Giovanni se masajeó la sien. Esto era lo que conseguía por reclutar personas que habían abandonado sus estudios médicos. Comenzó otra vez, esta vez añadiendo agudeza a su voz.
—¿El merger fue un éxito?
El doctor hojeó rápidamente más páginas.
—Oh. Sí, señor. Su ADN se estabilizó con una dosis del cuarenta por ciento…
¡Cuarenta por ciento! Eso era el doble de lo que se estimaba al principio. Giovanni sintió como en sus labios se formaba una sonrisa.
—Me gustaría verla.
Entonces la doctora jefa se adelantó. Pretendía bloquear el paso a Giovanni. Como si aquello sirviera de algo.
—Lo siento, señor. Pero todavía estamos realizando diversas pruebas de coronación. Puede que mañana… —Una contracción de la ceja fue suficiente para que cambiara de parecer. La doctora se encogió como un bebé Pokémon asustado—. Esto es, quiero decir… por supuesto, señor. Por aquí.
Giovanni siguió a la doctora, con el Persian pisándole los talones, hasta el corazón del ala médica. Aquel día el lugar estaba bullicioso. Giovanni no había visto tanta actividad desde que Jessie y james regresaron de Kanto. (Cómo esos dos continuaban volando por los aires por culpa de explosiones seguía estando más allá de su comprensión).
Cuando llegaron a la zona de pruebas, casi choca con el agente Pierce, quien se apresuraba a entrar con una bandeja de sándwiches, las cuales Giovanni esta muy seguro de que no eran parte de las normas del hospital. A Pierce casi se le caen al suelo en su afán por ponerse firme.
—Señor Giovanni. Jefe. No esperaba verle aquí tan pronto.
—¿Hay algún problema?
—No, señor. —Pierce frunció el ceño. Casi imperceptiblemente. Pero no era lo suficientemente estúpido para discutir. Simplemente se hizo a un lado como un buen peón y dejó que Giovanni abriera la puerta.
La agente Fiora estaba de buen humor. Su alegre voz sonó antes de que Giovanni hubiera girado el pomo de la puerta.
—¡Hola, jefe!
Giovanni entró en la sala, sus ojos se postraron en el modificado equipo de ejercicios junto a las estaciones del ordenador antes de que finalmente se fijara en la joven que vestía un uniforme médico de algodón azul. Decir que no la reconocía era un eufemismo. La última vez que la vio, Fiora estaba enfermizamente delgada. A duras penas lograba mantenerse en pie por sí misma, mucho menos correr. La chica que veía ahora tenía una saludable capa de esbeltos músculos sobre sus huesos. Y corría en una ancha cinta junto el Absol de Pierce, igualándolo en velocidad. Cuando ella lo vio acercarse a la puerta, sonrió ampliamente. Entonces, para sorpresa del personal médico, Fiora saltó sobre la parte delantera de la máquina, girando grácilmente antes de aterrizar ante ellos.
—¿Viene a ver cómo fue su pequeño experimento? —sonrió a través del brillo del sudor.
Absol saltó de la cinta y se unió a ella, sentándose tranquilamente a su lado como el Persian hacía con él. Al tenerse cara a cara, Giovanni pudo ver indicios del Pokémon en ella. El pelo de Fiora había cambiado, su flequillo izquierdo ahora era tan blanco como el pelaje de Absol. Su complexión había palidecido al menos tres tonos. Y sus ojos, antes azules, ahora eran de un profundo rojo sangre.
—Muy perspicaz, agente —dijo Giovanni—. ¿Cómo supiste que era yo?
La mujer se encogió de hombros mientras aceptaba una toalla de parte del Pierce y se secaba la cara.
—Tuve una corazonada. Además, el trabajo de corte y empalme mejoró mis sentidos. Usted, eh, quizá le gustaría usar menos colonia. —Agitó ligeramente una mano frente su rostro y Giovanni se sobresaltó cuando vio las negras garras en forma de gancho en cada uno de sus dedos.
Eso sí que es interesante, pensó.
Fiora sonrió cuando se percató de que Giovanni la observaba.
—Ah, sí. ¿Olvidé mencionar que ahora tengo garras?
Fiora flexionó una mano y después, acercándose más, afiló las garras pasándolas por la superficie de acero de una de las placas de la pared acompañado de un agudo y penetrante chirrido. Acabó dejando en la placa cinco largos surcos. Había, aparte, una docena de marcas más en la sala. Las palabras «Fiora estuvo aquí» y «Team Rocket para siempre» fueron grabadas juguetonamente con cortes superficiales. Pero más abajo las marcas se volvieron más limpias y profundas. ¿Era eso… un ataque Cuchillada?
—Los doctores no van a alegrarse si continúas arañando las pareces —comentó Pierce, recuperando la toalla.
Fiora sopló sobre sus recién afiladas garras.
—Entonces que vengan e intenten detenerme.
Pierce volteó los ojos y se presentó con la bandeja de sándwiches caseros de huevo y baya tamate. Fiora se sirvió uno y le dio un gran mordisco.
El Persian ronroneó, con la nariz crispada. Se frotó contra la pierna de Fiora sin su permiso y fue recompensado con un pedacito del sándwich y un rasguño afectuoso bajo la barbilla con las garras de la mujer.
—Ab-sol-sol —respondió Fiora.
Sentidos aumentados. La capacidad de hablar con los Pokémon. Algo que por sí mismo iba a revolucionar la raza humana. Pero ¡Garras! ¡Verdaderas garras Pokémon que hacían auténticos movimientos Pokémon! Giovanni contempló las marcas en la pared. Esto iba más allá de lo que él jamás hubiera imaginado. Y la agente Fiora solo tenía un cuarenta por ciento de ADN Pokémon. ¿Qué pasaría si se le aplicaba a alguien una dosis aún mayor? Mucho mayor. Hasta que fuera más Pokémon que humano.
Sus pensamientos fluyeron. Deseaba probarlo. Cuanto antes. Pero sabía que ninguno de sus subordinados tendría el valor de ofrecerse voluntario. La mitad de sus lacayos ni siquiera eran capaces de controlar sus Pokémon como estaban. Probablemente no sabrían qué hacer con ese tipo de poder. Lo que necesitaba era un sujeto con verdaderas habilidades. Alguien como…
Cerca, Fiora dio el último mordisco a su sándwich.
—Mmm… Oh, a esto se le llama un sabor picante. Ahora en serio, jefe. ¿Cuándo podré volver al trabajo?
—¿Qué tal ahora?
—Genial. —Fiora cogió otro sándwich de la bandeja mientras miraba a su amigo—. Pierce, ¿puedes decirle a cierto dolor en el culo… quiero decir, enfermera, que me voy le guste o no porque el mismísimo jefe es quien me da el permiso? —sonrió dulcemente con cada palabra.
Una pequeña gota de sudor cayó de la frente de Pierce.
—Claro. Le diré… parte de eso.
Pierce abandonó la sala acompañado de Absol. Fiora engulló el segundo sándwich en pocos y grandes bocados.
Giovanni se aclaró la garganta justo mientras ella estaba a punto de dirigirse a la puerta.
—En realidad, Agente, tengo una nueva tarea para ti. Tiene que ver con mis queridos líderes de gimnasio.
Fiora ladeó al cabeza, curiosa.
—¿Aquellos a los que trajiste en contra de su voluntad, pero que no se considera exactamente un secuestro? —Su boca se torció en una astuta sonrisa y se la borró con una manga del vestido—. Un movimiento muy arriesgado, jefe. Perderá el gimnasio una vez ese pequeño rumor llegue al Alto Mando.
Giovanni resopló.
—Por eso necesito que los convenzas de que se queden aquí. Como híbridos. Puedes empezar con Misty.
Fiora levantó las cejas. Ladeó la cabeza como si tratara de ver a través de él. En realidad, resultaba un tanto desconcertante.
—Bueno, supongo que soy ese póster infantil que dice «los mergers son alucinantes». —Repiqueteó la pared con sus zarpas como si intentara pensar—. De acuerdo. Ha pasado mucho tiempo desde aquellos días en los que aspiraba a ser entrenadora Pokémon… pero, si mal no recuerdo, todas las hermanas Celeste están obsesionadas con los Pokémon de tipo agua. Y la más joven está notoriamente encaprichada en ponerse a prueba. ¿Estoy en lo cierto?
Giovanni asintió. Una sonrisa se dibujó en el rostro de Fiora.
—Sabe, está ese Meowth híbrido con el que he estado trabajando. Si llama a Misty al área de la piscina bajo la pretensión de buscar su experto consejo en el entrenamiento de Pokémon de agua…
—Dirígete allí de inmediato.
—Sí, señor. —Dio dos pasos y luego se volvió a Giovanni—. Ah, jefe, una cosa más. Ahora que estamos hablando del tópico de los híbridos. Me gustaría empezar a idear planes de expansión de la guardería y construir una zona de socialización para los híbridos.
Giovanni pestañeó. ¿Había escuchado mal o Fiora acababa de presumir el inicio de un proyecto sin su consentimiento en su cara?
—Tú misión es de máxima prioridad, agente —dijo mirándola con todo el peso de su autoridad.
Fiora se inclinó, pero su voz fue suave y nada intimidada.
—Sí, por supuesto, señor. No pretendía sugerir lo contrario. Pero… bueno… tenía la impresión de que desearía realizar combates Pokémon con los híbridos algún día, no solamente mirarlos. No lo conseguirá hasta que se hayan domado. Y eso no pasará si no consiguen algo de interacción más allá de sus jaulas.
Ahí Fiora había acertado de lleno, por mucho que odiase admitirlo. Giovanni incluso la hubiera elogiado por tomar la iniciativa si no hubiera hablado fuera de turno.
—Muy bien —dijo cuidadosamente, observándola cual Pokémon salvaje del que no se fiaba—. Haré los preparativos. —Realizó un gesto señalando la puerta con un movimiento de la cabeza—. Ahora, ponte a trabajar.
Fiora se inclinó de nuevo y desapareció por la puerta en un abrir y cerrar de ojos.
Giovanni la miró fijamente. No había duda: Debía mantenerla atada con una correa. Al menos, hasta que supiera que su lealtad no se había mezclado junto con su ADN.
-0-
Cuando Misty se imaginó el tipo de lugar en el que el Team Rocket tendría a sus Pokémon cautivos, siempre creyó que vería montones de jaulas de frío metal o, en el caso de los Pokémon acuáticos, atrapados en diminutos acuarios almacenados en filas en una habitación en pésimas condiciones. No pensaba que el Team Rocket poseyera una piscina para los Pokémon de tipo agua y que la habitación de la piscina fuera… ni medianamente mala. Aunque le faltaban las fuentes, las cascadas y otros lujos propios de su gimnasio y el de sus hermanas en ciudad Celeste, el suelo estaba limpio, con muchos lugares donde tumbarse. Había cubos llenos de juguetes y otros objetos flotantes para el entretenimiento de Pokémon juguetones. Y la piscina en sí estaba limpia y su agua, cristalina.
Arrodillándose en el filo de la piscina, Misty metió los dedos en el agua. La temperatura era ideal para los Pokémon acuáticos que vivían en el océano y cuando sacó los dedos y se los llevó a los labios, pudo saborear la sal. No estaba del todo segura de por qué los lacayos del Team Rocket la habían traído aquí. Lo máximo que había entendido era que uno de ellos dijo que la cuidadora necesitaba su ayuda con algo. Y mientras ella agradecía que no fuera un eufemismo que en realidad significase que la iban a ahogar en la piscina, estaba intrigada con aquello que pensaban que ella les echaría una mano voluntariamente con… bueno, cualquier cosa.
—Vamos, no seas tímido —dijo una voz detrás de ella.
Misty se giró y vio una figura entrando en el área de la piscina. Se trataba de una mujer joven de cabello negro y salvaje cuya cara le resultaba familiar. Sí, era aquella Rocket que se había llevado a sus Pokémon cuando fueron traídos aquí. Los puños de Misty se cerraron. Por muy enfadada que estuviera, algo le hizo bajar la guardia. Los andares de la mujer habían cambiado. Antes caminaba delicadamente, como si cada paso fuera una tortura, y su cuerpo se veía delgado y débil. Sin embargo, ahora sus pasos eran fuertes y seguros y, cuando movió la cabeza, Misty se dio cuenta de que una parte de su cabello se había vuelto de un blanco puro. Un Pokémon caminaba detrás de ella, escondiéndose como si intentara fundirse con las sombras, pero Misty reconocía su cola. Pertenecía a un Vaporeon.
—Buenas —dijo la mujer una vez ella y Misty se hallaron a escasos metros la una de la otra.
Misty no respondió.
—Relájate. No muerdo —añadió la mujer con una sonrisa—. Mi nombre es Fiora. Tal vez lo hayas escuchado cuando viniste aquí por primera vez si no estabas tan ocupada con tus incoherentes gritos y alborotos aleatorios. —Agitó la mano despectivamente, y Misty se asustó. La mano no tenía dedos normales, sino garras.
—¿Qué…? —La pregunta salió demasiado rápido para contenerla. Algo en los ojos rojos de la Rocket centelleó.
—Admirándolas, ¿eh? —preguntó Fiora, manteniéndolas un poco más elevadas para que las luces de la sala las hicieran brillar—. Sí, estoy de acuerdo. Son bastante bellas.
—¿Cómo…? —Misty al fin encontró su voz, solo para cerrar la boca de nuevo.
—Es la última novedad del Team Rocket. La capacidad de combinar el ADN humano con el de un Pokémon, creando así una criatura completamente nueva. —Fiora bajó la mano, y su sonrisa se desvaneció ligeramente—. Pero, claramente, esto requirió una enorme cantidad de experimentos para conseguir estos resultados. Tenemos varios Pokémon híbridos aquí, en las instalaciones, que surgieron con las pruebas de investigación. Como jefa de cuidados, estoy a cargo de cuidar a esos Pokémon, y ahí es donde necesito tu ayuda.
Fiora se hizo a un lado, dejando al Vaporeon escondido detrás de ella sin ningún lugar donde ocultarse. Solo que… no era un Vaporeon. La criatura tenía los rasgos faciales de un Meowth.
—¡Oye! —gritó el Pokémon a Fiora—. ¡Avísame cuando vayas a hacer eso!
Misty se quedó sin aliento. Ya se había fijado que Meowth no estaba en el reconocible trío del Team Rocket, pero no se había preguntado por qué faltaba. ¿Cuál era la razón? ¿Por qué Giovanni había usado a sus propios Pokémon en unos enrevesados experimentos de hibridación?
—¿Meowth? ¿Este… eres tú? —balbuceó Misty. El hibrido se encogió y se apartó como si eso le provocara daño físico. Misty dirigió una furiosa mirada hacia Fiora—. ¿Cómo has permitido que esto ocurriera? —El impacto y el disgusto en su voz hizo que Fiora pusiera una mueca.
—Eh, no me culpes por esto —replicó ella con una tajante voz—. Estoy tan enfadada como tú. Ningún Pokémon debería ser cambiado en contra de su voluntad. Los experimentos debieron haberse realizado en sujetos voluntarios. —Colocó su mano con garras en el pecho—. Sin embargo, no soy la que toma esas decisiones, y lo hecho, hecho está. Ahora mi trabajo consiste en comprobar si este Pokémon se ajusta a su nueva forma. Y, considerando que eres una experta en Pokémon de agua y que yo no sé nadar, bueno, ya ves el problema aquí…
Misty no desvió la mirada de Fiora, pero ella notaba como la ira en sus músculos desaparecía. ¿Fiora había venido de alguna forma aquí en contra de su voluntad, igual que ella, y ahora pretendía sacar lo mejor de la situación? ¿O tal vez había venido específicamente por esta tecnología de combinación de la que hablaba?
—Se te ve… mucho mejor desde la última vez que te vimos —observó Misty, eligiendo con sumo cuidado sus palabras y relajando finalmente los puños.
—Lo estoy —dijo Fiora—. Y ahora tengo el ADN de un Absol gracias a ello. Pero nos estamos alejando de lo importante. —Empujó al Meowth híbrido con la punta de su pie, intentando sin éxito acercarlo a la piscina—. Te llamé para que convencieras a este Pokémon de su nuevo potencial y consiguieras que dejara de lamentarse. Pero si crees que no puedes con ello, comunicaré a los guardas que te lleven de vuelta a tu celda. Seguro que tarde o temprano lo lograremos. —Apuntó al híbrido con el dedo y luego la piscina—. Venga, tírate al agua.
—Si piensas que me voy a meter ahí, lo llevas claro —siseó el híbrido—. Solo lo diré una vez: odio. El. Agua. Punto.
Meowth corrió hacia Misty y se escondió detrás de ella. No había sido su mejor movimiento, pues se había acercado más a la piscina con esa acción, pero la pelirroja prefirió no decírselo.
Fiora rodó los ojos.
—Lo siento, amigo, pero ahora eres un Pokémon de tipo agua. ¿Y quién ha escuchado alguna vez que un tipo agua no pueda nadar?
Misty se sentó en las lisas baldosas, inclinándose hacia adelante con tal de colgar sus pies en el agua. El frío recorrió su cuerpo hasta que se acostumbró y soltó un largo suspiro. Puede que el Team Rocket hubiera hecho cosas terribles, aparte de mantenerla captiva en contra de su voluntad. Pero mientras estuviera aquí, quizá podría hacer algo bueno. Al menos para los Pokémon que habían sufrido a manos del Team Rocket.
—Tiene razón —dijo al final a Meowth—. Tu cuerpo está hecho para ello. La cola, las aletas, incluso tu piel… —Acarició gentilmente la piel de escamas azules del híbrido, justo detrás de la oreja donde un Meowth común adoraba.
El hibrido sacudió la cabeza y se apartó.
—¡No me importa! No pienso meterme ahí, ¡y no me puedes obligar!
Fiora se arrancó un mechón del cabello, se movió para desenrollar una plataforma flotante y la tiró al agua.
Misty se acarició el mentón, pensando en otra táctica.
—Bueno, te diré una cosa. Si yo tuviera una piel como esa, te aseguro que no me verías jamás fuera del agua.
Fiora levantó una ceja y un atisbo de sonrisa asomó en su boca.
—Vaya, vaya. ¿Es eso un poco envidia lo que oigo? —comentó.
Misty le soltó una mirada de enfado que esperaba que le resumiera que solo hablaba con Meowth y que muy poco le importaba lo que ella pensase.
Fiora parecía no haberse ofendido. Hasta ofreció una apresurada reverencia mientras volvía a su trabajo, yendo al compartimento de juguetes y lanzando unos cuantos a la piscina.
—Perdón. No quería decir nada con eso —inclinó la cabeza ligeramente—. Pero ya sabes… Si estuvieras completamente dispuesta a ayudar con algo de la investigación que se lleva a acabo aquí, podrías hacer mucho bien.
Misty no era una idiota; se puso instantáneamente a la defensiva.
—Ah, ¿sí? ¿Y qué versión exacta es esa idea tuya de «ayudar»?
El último juguete cayó con una salpicadura, enviando a Meowth hacia atrás para evitar la salpicadura. Miró molesto a Fiora mientras se limpiaba las manos en la falda.
—Consiguiendo un merger para ti sola —dijo como si la respuesta fuera de lo más obvia.
Misty tenía que admitirlo; estaba impactada por la honestidad. Fiora, al parecer, adoptaba un enfoque muy diferente al de Giovanni.
—Lo sé, lo sé —continuó Fiora como si todo aquello la divirtiera—. No pinto nada aquí. Después de todo, el procedimiento salvó mi vida. Pero hay otros beneficios, también.
Misty miró sus manos con garras escépticamente.
—¿Por ejemplo?
—Por ejemplo, ser capaz de hablar con los Pokémon.
Misty pestañeó.
—¿En serio?
—En serio. Lógicamente, es imposible saber a ciencia cierta cuáles serán los efectos de un merger. Pero si tu te combinaras con, digamos, un Pokémon acuático… ningún entrenador de Pokémon de tipo agua del mundo tendría una conexión con ellos como tú.
Misty lo confesaba, aquella idea le atraía. Pero no iba dejar que Fiora se diera cuenta.
—Piénsalo —siguió Fiora—. Podrías hacer historia. No solamente sobre los otros líderes de gimnasio, sino por toda la investigación Pokémon. Además, tienes el beneplácito de que el procedimiento ya ha sido bien testeado.
Misty sacudió la cabeza, era demasiado que tomar ahora mismo.
—Deberíamos volver al trabajo —dijo. Se volvió hacia el Meowth que caminaba de puntillas con mucho cuidado de no pisar las baldosas salpicadas.
—Está bien. No tenemos que ir a la piscina ahora mismo si no quieres. Probemos otra cosa antes.
Meowth la miró escéptico.
—¿Cómo qué?
—Bueno, esto… —Misty se percató que en realidad no tenía ninguna idea sobre cómo entrenar a Pokémon de agua fuera de este, pero entonces tuvo una idea—. ¡Ya sé! ¿Por qué no pensamos en un nombre para ti mismo? ¿Para tu nueva especie?
—Buena idea —apoyó Fiora—. Un nuevo nombre solo para ti. —Se arañó la barbilla, musitando—. Es una gran idea, de verdad.
Meowth se veía menos defensivo ahora.
—¿Un nuevo nombre… ¿Y queréis que yo lo escoja?
—¿De verdad preguntas eso? ¡Pues claro!
Meowth se quedó pensativo un buen rato. En varias ocasiones parecía que ya había dado con la respuesta e iba a decirla, pero inmediatamente se callaba, sacudía la cabeza negativamente y volvía a pensar acariciándose el mentón. Finalmente, saltó.
—¡Lo tengo! Aquafeles.
Misty analizó el nombre por un instante.
—Aqua… espera, ¿has usado las palabras latinas que significan «gato de agua»?
—Sí —dijo Meowth… Aquafeles, a partir de ahora, sintiéndose orgulloso al principio antes de avergonzarse repentinamente—. Es… está bien, ¿verdad?
Misty sonrió y acarició la espalda del Pokémon.
—Es perfecto.
