Y...¡Al fin! Traigo la segunda de tres actualizaciones que dejaré antes de desaparecer en las semanas de desesperación y perdición en el semestre :') esos ansiados exámenes finales.
OK no, saben que seguiré viva (?)
Está es la primera vez que actualizo desde el celular, espero que el formato se haya guardado correctamente y si no, el título siempre va en medio e inclinadito (?)
EN FIN.
Aclaraciones: AU, narrado en pasado primera persona.
Advertencias: Está vez ninguna. Esta vez :3
Quizá sí soy un idiota después de todo
Hiccup PoV
Poco después de la desagradable experiencia que pasamos en el río y la pequeña charla que tuve con Jack, esperaba encontrarme con el lugar vacío o con algún pelirrojo mirándonos con la cuerda en mano, pero grande fue mi sorpresa cuando al volver estaban nuestras cosas listas y Er aún no estaba en el lugar.
— ¿De verdad se fue? — pregunté algo atónito de no ver presente al supuesto amigo que Jack afirmaba ser el mejor hasta el momento.
—Sí, pero a veces hace eso. Se va un rato y luego vuelve, así es él— no le dio más vueltas al asunto conforme nos adentrábamos a las raíces y yo sólo podía pensar en las dificultades a las que Jack se había enfrentado para poner su vida en manos de un chico del cual no sabía procedencia, intenciones ni tampoco ubicación.
En él y en mí. No éramos las mejores opciones que el mundo podía ofrecerle, pero sí las únicas y yo se lo debía y quería devolvérselo.
— ¿Cada cuánto hace esto? — No quería agobiarlo con preguntas, pero tampoco quería estar a ciegas y siempre dudando de él. Sobre todo si Jack parecía tenerle tanta confianza de la misma forma en que me la brindó a mí.
—Unas tres o cuatro veces al día. Hiccup, no quiero ser grosero... — a pesar de que se excusó pude ver que realmente no le importaba, pero sonreí sólo para invitarlo a seguir hablando. —pero tú no sabes nada de él. Y yo tampoco, bueno un poco más que tú.
No pude evitar sonreír por lo ridículo que eso se escuchaba y al parecer él reparó en su explicación cuando sonrió algo apenado aunque intentó proseguir con su discurso.
—El punto es que llevó más tiempo de tratar con él y lo conocí cuando él estaba en la miseria. Pudo haberme abandonado pero no lo hizo, gracias a él escape de la casa de un loco enfermo y desde entonces hemos estado viajando juntos. Él me llama su "escudo humano" o "carta de último recurso" pero si tengo peluca, navaja, y conocimientos básicos de robo y supervivencia es gracias a él— se encogió de hombros y no pude odiarme otro tanto al tener más preguntas en lugar de respuestas saciadas. —no te digo que confíes en él, pero sí que no dudes tanto de sus intenciones. Hasta donde sé, él no tiene nada. Nada que ganar o perder.
—Ya... — lo miré no muy convencido de sus argumentos, más al escuchar el "hasta donde sé", pero al no contar con el lujo de la duda personal sólo me aferré a la poca confianza que podía tener en él —bueno, si tu confías en él yo no tengo problema.
—Gracias, aunque aún si tuvieras un problema no me importa porque sigues en el puesto de prisionero ¿Recuerdas?
— ¿Lo estoy? — levanté mis manos para recalcar el hecho de que estaban libres de movimiento y de nuevo pude ver esa sonrisa que no abandonaba su rostro aún cuando parecía un poco más forzada que la primera vez que nos encontramos. No lo culpaba.
—Sí, bueno, no vale la pena gastar cuerdas si vas a poder romperlas ¿no?
—Buen punto— añadí avanzando los últimos pasos que me separaban de él y tomé asiento a su lado con la distancia prudente para no incomodarlo por el tema que quería sacar a colación —Y dime... ¿de qué enfermo huyeron exactamente?
—No lo recuerdo— me contestó con tanta naturalidad que le hubiera creído de no ser porque apartó la mirada al tiempo que hablaba —nos encontramos con unos sujetos que se comían lo que sus cerdos defecaban, otros que alucinaban con poder atrapar los rayos del amanecer con una cantimplora— se volvió a encoger de hombros al tiempo que volteaba a encararme y a pesar de la distancia, pude sentir leves rastros de su aliento cuando terminaba de hablar —muchos.
Pude haber encontrado una y mil formas de retomar la duda principal y para informarle que aquel sujeto no volvería a molestarlo de nuevo, pero mis palabras no salieron. Mi voz quedó congelada en mi garganta y en ese momento consideré seriamente que Jack podía hacer magia. Que contaba con el mismo poder de inmovilizar a sus enemigos como su familia y que su poder era más grande, más fuerte y agudo que cualquier magia a la que me hubiera topado en mi corta vida hasta el momento.
Porqué él sólo necesito mirarme para inmovilizarme, sin hechizos ni grandes movimientos, únicamente su mirada que posaba de forma directa en mí.
— ¿Los interrumpo?
Y justo cuando menos quería que regresara, lo hizo. No sabía qué tipo de poderes cargaba ese chico para llegar en un momento tan delicado…pero tampoco podía negar que agradecía su interrupción.
Lo último que deseaba era convertirme en otro enfermo que talara más la poca confianza que Jack aún tenía en la gente.
Jack PoV
"¿Los interrumpo?"
Por más kilómetros que recorrimos, nunca pude borrar la vergüenza que esa pregunta había pesado sobre mí. No tanto por la distancia que había entre Hiccup y yo, la idea de que fuera un hombre guapo o el instante que necesité para considerar seriamente el robarle un beso.
Lo que más vergüenza pesó en mi espalda durante el resto del día fue el hecho de que Er nos había visto, leído mis intenciones y a cada metro que avanzábamos parecía incomodo de vernos. Después de lo que presencié la noche que lo conocí, hasta un ermitaño como yo sabía cuándo una persona mantenía distancia con otras a causa de prejuicios y la idea que mi primer amigo externo creyera que era un enfermo más del montón, era algo que no me tenía tranquilo.
Sin embargo, cuando me aparté un poco de Hiccup para hablar con él, sólo le restó importancia y cambió de tema con una habilidad que tuve que agradecer ya que tampoco quería hablar mucho de eso.
—Hay cosas más importantes, Jack— me extrañé de que no me insultara y usara un tono serio, pero intenté no darle importancia —Hace unas horas que revisé el perímetro había unos dragones a menos de un kilómetro. Podemos evitarlo pero creo que son animales dirigidos con magia, porque nos han seguido desde que estábamos en el río.
A la mención de dragones recordé de inmediato el ataque de la mansión, le conté de manera breve lo sucedido y ambos nos mantuvimos en silencio unos segundos, los necesarios para dejar que Hiccup alcanzara nuestro paso y dejar salir el plan improvisado que ambos formulamos de forma telepática sin tener que agregar más datos a la anécdota.
—Bien, creo que hemos llegado al final de nuestro camino. — yo tomé la palabra primero, dejando el primer escalón a lo que podía ser nuestra pirámide de triunfo o nuestro camino a la horca. Observé la sorpresa en Hiccup, pero dejé que el brillo de sus ojos se resbalara de mi escalera de prioridades al contar los beneficios que Er y yo podíamos obtener dependiendo del resultado que diera aquel teatro —A partir de ahora cada uno puede continuar por donde le plazca.
— ¿Es una broma, no?
Sonreí internamente, aliviado. Que no aceptara de inmediato era otro peldaño.
—No, es en serio. Ya hemos salido del rango peligroso del perímetro de la ciudadela, creo que a partir de aquí tú puedes buscar tu propio paso y nosotros tenemos nuestros planes.
—Ni siquiera saben para donde van.
Los estaba reteniendo, un peldaño más.
—Oh ¿y tú sí?
—Sí, voy al reino de Áster.
— ¿Vas a destruir su casa también? — al ver que parecía incómodo pensé que no había sido el comentario más inteligente que pude hacer, pero lo dejé continuar porque llegado ese punto no había vuelta atrás.
—No quiero destruir la casa de nadie, lo que paso en…bueno— Tomó una bocanada de aire antes de seguir hablando, pero esta vez con un tono más propio y solemne que el anterior —Es para ganar aliados en esta rebelión.
—Bueno, creo que te serviría más tocar la puerta y pedir permiso para pasar y no aplicar la técnica que hiciste en mi casa, es un buen consejo— añadí a modo de juego pues me sabía mal ver que seguía con la expresión de diarrea en su rostro cuando sacaba el tema de nuevo —Nosotros probablemente vayamos a… ¿A dónde iremos nosotros, Er?
—A donde el viento nos lleve.
Sonreí al ver que respondía con la indiferencia y duda que yo buscaba reflejar. Si no me equivocaba en juzgar a Hiccup, mi plan daría resultado con unos cuantos comentarios más.
—Si no saben para donde ir ¿por qué no viajan con nosotros? — intenté no sonreír más cuando por fin llegaba a mi objetivo principal.
— ¿Para qué?
— ¿Quieres cambiar papeles y que ahora nosotros seamos los prisioneros? No, gracias. Cargar con este idiota es suficiente riesgo como para sumar tener que viajar con un montón de extraños que llevan dragones cubriendo sus espaldas.
— ¡No! Pero Jack es-
—Es el hijo de un noble y tú lo sabes, y no sabemos a quién más le has dicho.
Mi sonrisa se borró al darme cuenta de que la desconfianza que Er estaba soltando iba en serio y por un momento consideré contarle en voz baja el pequeño plan que había formulado para poder viajar con un grupo y algo de protección, pero no pude. No cuando se ponía como un animal salvaje entre Hiccup y yo.
— ¿Cuánto vas a tardar para usarlo a tu favor o entregárselo a Áster si lo pide?
— ¡¿Q-?! Bien, mira, no voy a pasarme todo el día intentando convencerlos de que viajen con nosotros. No te debo ninguna explicación a ti, y a Jack ya le he dicho lo que quería, si quiere venir con nosotros puedes venir tu también si-
—Obviamente voy a ir yo también ¿crees que dejaría que te llevaras mi escudo humano después de que se te cae la baba cada que lo ves?
Me mordí la lengua con fuerza para no reír por la boca abierta que Hiccup tenía y la forma en que parecía reclamar con argumentos lógicos que no lograban quitar mi atención de sus pecas desapareciendo por el tono rojizo que cubría de la punta de su oreja a la otra.
—Ya, Er, déjalo. No es su culpa que yo sea tan irresistible— moví la melena de mugre que cubría mi cabello y por fin, Er se relajó un poco e incluso se encogió de hombros.
—Bien, pero si se sublevan te quedas atrás y me largo ¿oíste?
—Sí, mamá.
—¡No me digas así!
La conversación fluyó de forma más relajada después de eso. Al final, Hiccup prometió presentarnos con los jinetes de dragones que estaban en un poblado muy cerca a donde nosotros estábamos, y nos dio su palabra de que seríamos considerados como iguales una vez llegáramos allá. Quizá era por el hecho de que me estaba empezando a caer bien o que en verdad no parecía una mala persona, pero con esos términos aclarados el viaje resultó más ameno. Aún cuando teníamos que escondernos cuando escuchábamos que venían viajeros por el sendero paralelo al camino que seguíamos y eventualmente Hiccup aceptó las extrañas desapariciones de Er que venían acompañadas de noticias nuevas de nuestro alrededor cuando volvía con nosotros.
Si sospechaba algo o tenía una idea sobre sus acciones, nunca me las dijo. Al menos no en esos días.
Nuestras conversaciones se limitaban a hablar sobre el mal tiempo, las construcciones, de vez en cuando sacábamos alguna crítica sobre mi madre y sus acciones hipócritas, las negociaciones que Viggo realizaba de forma descarada a una velocidad y expansión impresionante, de nuevo sobre el mal tiempo y sólo en una ocasión hablamos de nuestros padres. Un tema que nos dejó a los tres con una cara larga que únicamente pudimos olvidar con el tema favorito de Er: Hiccup y yo.
No importaba de que tema habláramos, él siempre ponía como último comentario una observación sobre Hiccup que lo incomodaba y se veía obligado a mantener cierta distancia conmigo.
Me gustaría decir que me molestaba, pero en realidad me encantaba que Er jugara con él. Porque escucharlo decir que me sonreía cuando yo no lo notaba, que intentaba sujetarme cuando me tropezaba o de vez en cuando se ponía del lado donde había matorrales venenosos para que no me tocaran a mí y luego comprobarlo por mí mismo al reírme de él por ser tan obvio, me dejaba una sensación agradable en el estómago con una sonrisa que ni la fruta más rancia me podía quitar en todo el día.
Para cuando alcanzamos el pueblo (que terminó siendo una pequeña ciudadela), Hiccup y Er se llevaban relativamente bien o al menos esa impresión me daban por las bromas o insultos cruzados que se dirigían. Hiccup de forma más educada aunque igual de directos y agresivos a los que Er le dirigía.
—Bueno, cerebrito— Me resguardé a la sombra de las torres de la enorme puerta principal que estaba al inicio de la ciudadela —¿De aquí a donde?
—Patán y Brutacio deberían estar en el hostal esperando noticias, esperen aquí en lo que-
—"los pongo al tanto de lo que pasa e ideamos una forma rápida de deshacernos de ustedes". No, gracias. Jack, tú esperas aquí.
—¡¿Qué?! ¿Por qué no voy yo?
—Porque no confió en tu juicio ni en los ojitos coquetos que él te hace o las decisiones en las que me puedes hundir. Nos esperas, SIN MOVERTE, de aquí.
Puse los ojos en blanco por la constante paranoia en la que vivía Er. No tenía razones para seguir desconfiando de Hiccup (aunque tenía razón en la parte de los ojos y olvidó mencionar su sonrisa) y tampoco de mí, pero le di la razón para ahorrarme una caminata bajo el sol, el olor a alcohol que debían desprender los clientes a esa hora donde la noche estaba más cerca que la tarde y, sobre todo, para dejarlos a solas un rato y ver si podían llevarse mejor. Ambos tenían razones de sobra para desconfiar en el otro, pero a mí me importaba un comino todo eso.
Yo sólo quería poder caminar con la seguridad de que la persona atrás de mí no intentaría apuñalarme a mí o a la persona a su lado. No era tanto pedir.
No debía moverme, más que por indicaciones, por obviedad. Desde el pequeño asiento con paja y pasto que improvisé con mis asombrosas habilidades de junta y pega, me quedé observando toda la parte del pueblo que mis ojos podían distinguir a esa hora y a decir verdad, era la ciudadela más acogedora a la que pudimos llegar hasta ese día.
Quizá era hecho de que ninguna otra tuve la oportunidad de verla con tanto detalle por estar preocupado de no ser asaltado o perseguido, pero intuí que la atmosfera también estaba relacionada.
La calle principal resultaba tan ancha como para dejar pasar dos carretas. La mayoría estaba forrada de piedra con algunos islotes (como el mío) donde el césped no se dejaba vencer por las pesadas rocas. Las casas más débiles flanqueaban los rincones con la madera y tejas que muchos otros pueblos usaban para construir, y los negocios que adornaban el camino lateral se erguían con el mismo material que el camino: resistente piedra de diferentes tonalidades grisáceas. Era igual a algunas ilustraciones que mi padre guardaba en su estudio y no fue hasta ese momento de paz y armonía, que llegó el momento que yo tanto estuve evitando en todas esas semanas de viaje: la consciencia.
Con cada minuto que pasaba a solas me era más difícil concentrarme en los detalles de la calle o pensar en cosas ridículas y los recuerdos de mi casa parecían más vividos, como si intentaran grabarse en mi mente con la misma fuerza y dolor que lo hacia el metal a fuego vivo marcando a los caballos del establo.
La preocupación por mi hermana que seguía desaparecida, mi esclavo...no, mi pequeño amigo, Jamie, que podía no tener tan buena suerte como Elsa si nadie se ofrecía a ayudarlo, mi padre del que tampoco había escuchado demasiado...
Eso y los recuerdos felices de Elsa, Ventisca y algunos cuantos sirvientes que fueron amables con nosotros e incluso aceptaron participar en nuestros juegos infantiles cuando éramos más pequeños que en ese momento fueron lo suficientemente molestos para hacer que me ardieran los ojos y quisiera hundirme entre todas esas rocas que parecían más blandas y ligeras que el peso que iba cayendo en mis hombros.
También tuve tiempo de rememorar ese glorioso (y aterrador) momento en que rompí la lanza en el rostro de mi madre durante la casi-sentencia de Hiccup. En ese momento había contado con suerte de que no se diera cuenta de que era yo, pero sabía que no podía tener la vida sonriéndome en todo momento. En algún punto se enteraría de que había sido yo y no tendría nada que la detuviera de acabar con mi vida, esa que siempre presumía le pertenecía desde un inicio pues ella me la dio.
Lo sé, es encantadora.
Para no seguir haciendo el momento más largo, mi situación era de auto reconocimiento y eventualmente llegué al estado de depresión donde consideré levantarme de mi lugar y ver a donde podía llegar antes de desmayarme y morir de hambre o sed.
"Es más fácil morir de sed que de hambre o sueño"
Esa era una de las tantas lecciones que Er me había confiado y de sólo recordar esa y tantos consejos más que me dio mezcladas de forma discreta con sus maldiciones que empezaban a ser demasiado obvias para mí, le siguió el recuerdo de la disculpa de Hiccup y sus ojos, sus brazos cuando me abrazó a la orilla del río y la disculpa que me susurró en ese momento.
Me sonrojé sin dejar que la capa de viaje revelara eso. Con cada día que pasábamos juntos era más obvio que tipo de "cosas" sentía al estar con él, pero eso quedaría de esa manera, como "cosas" sin nombre.
Porque si le das un nombre tiene más peso, identidad y una verdad absoluta a la que yo no estaba preparado en ese momento. No cuando todos los enfermos que nos habíamos topado durante el viaje presumían sentir esas "cosas" y Er, el único amigo que había conseguido después del incendio en la mansión y con el único que podía hablar sin sentir ese tipo de "cosas", estaba más afectado de lo que aparentaba por todos los hombres que había conocido antes de huir de la casa de Lane.
Si aceptaba esas "cosas", si les daba un nombre y se volvía obvio, probablemente me quedaría sin amigo y me quedaría a la deriva de mi propio juicio que podía terminar en malentendidos y la posibilidad de que Hiccup también se alejara.
Por lo tanto, en ese gran rato de reflexión que me dejaron los dos malditos insensibles, decidí formar una caja mental, donde guarde con mucho cuidado (en sentido figurado) esas "cosas" y "sensaciones" que Hiccup me provocaba y cerré con un candado de hierro pesado que era tan pulcro que podía reflejar (en mi mente) las miradas de asco de Hiccup y Er.
Respiré hondo conforme mi alrededor iba oscureciendo y la gente se adaptaba al cambio de hora que el día les ponía. Algunos ponían el letrero de "abierto" en sus locales, con la música de violines y risas saliendo desde el interior. Otros cerraban temprano y por unos minutos me entretuve intentando adivinar a qué se dedicaban los negocios que alcanzaba a ver.
Pude distinguir una taberna, un prostíbulo y una extraña tienda donde parecía vender desde plantas medicinales hasta perfumes que las mujeres iban y compraban con más frecuencia cuando las puertas estaban por cerrarse.
Seguí de esa forma hasta que un ruido a unos metros de distancia llamó mi atención y me topé con una pequeña niña que parecía haberse caído en uno de los charcos más grandes que formaban las pequeñas corrientes de agua que cruzaban por debajo de los arcos de piedra que adornaban los límites de la ciudadela.
Me levanté para ayudarla y casi me reí por la extraña sensación de cosquillas que tenía en las piernas por todo el rato que me quedé esperando. Cualquiera podía decir que me habían dejado plantado, pero estaba casi seguro de que la razón de que tardaran tanto era porque Er se estaba comportando como una hermana sobreprotectora al preguntar por todos los aspectos del viaje; desde cuáles eran las paradas, integrantes y rutas hasta qué tipo de alimento le daban a los dragones.
Al llegar con la pequeña tampoco fue difícil imaginar que no había mucha gente amable en ese lugar pese a que parecía un poblado decente. Nadie más se detuvo a ver como estaba ella, porque un extraño se agachaba a hablar con una menor de edad ni tampoco porque temblaba cuando intenté ofrecerle mi mano para que se pusiera de pie.
—¿Estás bien?
—Sí, no se preocupe. Sólo me caí, sólo me caí. Pero sé caminar yo solita, yo solita— asintió varias veces con la cabeza, mirando a los lados para ver si no iba acompañado o si alguien más nos había visto.
—¿Dónde están tus padres? — Quería ayudarla, pero entre más hablaba y ambos respondíamos, más sospechoso me veía y era tan obvio que no sabía cómo corregirlo —Mira, lo siento. Soy nuevo en el pueblo— empecé a hablar con la misma paciencia que solía usar para calmar a Elsa cuando rompíamos algo en la casa —llevo un buen rato esperando a que pasen por mí pero va para largo, vengo con dos chicos y estamos de paso porque nos dijeron que hay ropa caliente para el invierno que ya viene. ¿Tus padres también vinieron aquí por las pieles?
—Em...no— y en lugar de parecer más calmada, parecía al borde del llanto —No, no. Ellos son muy ocupados, personas muy ocupadas. No les gusta que hable con extraños— sujetó con más fuerza su capa que no alcanzaba a tapar el pesado collar de hierro que tenía en el cuello —no debería hablar conmigo, señor, va a tener muchos problemas. Ellos son muy importantes, gente muy importante. Yo solo me caí pero ya me voy a ir, usted también debería irse.
Respiré hondo sin poder pensar en otra cosa para ayudarla. No era la primera esclava que veía ni la última, había gente con peores vidas, incluso Hiccup mencionó que para lograr un bien mayor no debía distraerse de su objetivo principal aun si le dolía apartar la vista de los que estaban cerca y necesitaban ayuda.
Un bien mayor, un objetivo más grande. Si ella decía la verdad y sus dueños eran personas importantes, me metería en un lío tremendo si la liberaba o incluso la ayudaba a ponerse en un lugar seguro.
—¿Segura? — por más que me dolía tenía que empezar a aceptar la realidad y salir de mis impulsos sacados de cuentos infantiles donde el héroe puede ayudar a todos sin tener consecuencias.
—Sí, sí. Ahora váyase, váyase. El sol ya se fue y mis...padres no van a tardar en venir.
—Bueno, pero asegúrate de ponerte en un lugar más caliente para que no te enfermes entonces— y por pura satisfacción personal la sujete para ayudarla a salir del charco de agua. Algo de lo que hoy en día me enorgullezco demasiado, pues cuando ella se movió el agua la imito y su rostro perdió todo el color que pudo tener cuando me di cuenta de que sus pies dejaban de tener forma a la altura de sus pantorrillas y más abajo se fundía con el agua que era más una parte de su cuerpo que su acompañante.
Nos quedamos en silencio unos segundos, ella llorando en silencio y yo repasando mentalmente el camino que recorrí horas antes, buscando un lugar donde el río me quedara lo suficientemente cerca para dejarla a la orilla y volver sin perder más minutos de los que estábamos malgastando en nuestro momento de shock.
Dejen que aclare un poco porque cambié de opinión en ese momento: Existen personas capaces de hacer magia y la magia se puede dividir en una gama impresionante de habilidades que les podré explicar con más detalle después. Luego están las personas como Er, que pueden llamarse cambia pieles o amorfos, porque son capaces de transformarse en animales y bestias.
Pero también existen las criaturas mágicas que ustedes encuentran en cualquier libro infantil o enciclopedia: esfinges, dríadas, unicornios, sátiros, arpías, grifos, centauros, vampiros y más
Con eso dicho, también deben saber que si encuentran a una persona que lleva agua en vez de pies, están frente a una de las tantos tipos de náyades que existe en el mundo. Era probable que el o la responsable de que estuve a punto de ahogarme en el río fuera una de ellas... pero ese no es el punto, lo importante es que no pueden estar mucho tiempo fuera o lejos del agua y por la pinta que ella tenía, parecía haber logrado escapar al rodar cuesta abajo hasta la entrada donde debía levantarse forzosamente para caminar y salir de ahí.
—Por favor— no tuve que verla para saber que estaba en un pánico gigante al ser descubierta. Podía sentirlo en su pequeño cuerpo temblando —por favor, no le diga a nadie, por favor. Yo...
—¡¿Te encuentras bien?! — Hablé tan fuerte que logré sobresaltarla a ella y un par de guardias que pasaban por ahí —¡Por eso te dije que no salieras del carruaje sin permiso! ¡Apenas das dos pasos y ya te estás cayendo! ¡¿No te dije que debías aprender a caminar bien con las cadenas?! — volteé al cielo para intentar relajarme y que no se notara que yo también estaba temblando del miedo que me provocaba ser descubierto por lo estúpido que iba a hacer —No puedo llevarte al mercado en esas pintas, tienes que limpiarte toda esa mugre y barro de inmediato, ni creas que dejaré que entres a limpiarme las botas a la posada estando así.
La cargué con el mayor cuidado que la prisa me dejaba. Caminando a paso rápido la corta distancia que nos separaba de la puerta y rezando a mi suerte que los guardias no me voltearan a ver mientras seguía quejándome sobre la pinta que tenía. O fui muy bueno actuando o estaban acostumbrados a ese tipo de espectáculos, de una u otra forma no me negaron la salida y yo solo agradecí mentalmente mientras me dirigía al río que estaba a unos metros por debajo de la ladera que había del otro lado del camino donde no estaban las montañas bordeando la zona.
—¿A dónde-
—Shh, vamos al río antes de que te deshidrates— hablé en voz baja por precaución a que alguien nos siguiera —Ya casi anochece ¿llevabas mucho tiempo ahí?
—Pues...n-no, no tanto. — Al fin parecía más tranquila cuando vio que no mentía y el ruido del río se volvía más nítido —pero señor, si lo ven...
—Por eso tenemos que darnos prisa, para que no me vean y regrese a seguir esperando a mis compañeros y tú puedas ver a tus padres ¿qué te parece?
Seguí caminando, con la pequeña en brazos más animada que antes y su expresión de felicidad borró cualquier miedo que me hubiera quedado tras la adrenalina del momento. Cuando por fin llegamos al río, le pedí que esperara un poco más, al menos para quitarle el pesado collar que iba a terminar formando parte de su ropa en el agua si no se lo quitaba antes de meterse.
—¿Por qué me está ayudando, señor?
—Como vuelvas a decirme señor te voy a dejar pintada la cara con tiza— la amenacé a modo de juego y dejé que riera mientras yo me ocupaba del collar con las ganzúas. —Mi nombre es Jack, pero no se lo digas a nadie, no tengo muchos amigos aquí afuera.
—Se nota. Si los tuvieras no me estarías ayudando. Yo me llamo Crys.
—Ey— ver que empezaba a tomar confianza para ser sincera fue lo último que necesité para sonreír más relajado y dejar con éxito mi tarea que dejaba un collar abierto —tengo amigos, unos cuatro— pensé en Hiccup y sonreí un poco más —bueno cinco, y uno de ellos es tan especial como tú. Otra es mi hermana y otra es aún más especial porque la tengo desde que era un potro.
—¿Un caballo es tu amigo? — me miró con sorpresa y algo de admiración.
—Sí, aunque pasó algo y nos separamos pero ya nos encontraremos. Todo el mundo siempre tiene una reunión que no puede perderse y tú ya vas tarde para la tuya— señalé el río a su espalda —Quizá en un futuro nos volvamos a encontrar y puedas pagarme este favor con...no lo sé, ¿visitas el mar?
—Aún no, pero mis padres dicen que podré ir cuando sea mayor de edad. No muchos pueden ir sin perderse o pelearse con las sirenas. Son unas presumidas y altaneras.
—¿Has conocido alguna así?
—No, pero es lo que todos dicen.
—No les hagas caso— la animé con una sonrisa —a mí me decían que las náyades eran horribles brujas de agua que te ahogaban si te acercabas a los ríos. Y tú no eres una bruja ni eres horrible— la despeiné conforme me ponía de pie y me ajustaba la capa de viaje —No dejes que las opiniones de los demás tachen antes algo. Quizá las sirenas si son presumidas y altaneras, pero no creo que todas sean así.
—¿Crees que alguna quiera ser mi amiga?
—Estoy seguro. Y cuando ese día llegue, recuerda guardar una almeja o una piedra. Siempre quise ver una pero nunca he ido al mar y es posible que tú vayas antes que yo, ¿qué te parece?
—¡Sí! ¡Me parece bien, señor!
Alcé las cejas cuando volvió a llamarme así y ella se tapó la boca sonriendo.
—Jack, ¡me parece bien, Jack! ¡Muchas gracias!
Nos despedimos con un movimiento de la mano y antes de que desapareciera en el agua, hablé en voz alta por última vez.
—¡Pero igual ten cuidado y no te acerques a los extraños!
—¡No lo haré!— y antes de que ella se fundiera en el río también habló —¡Y ahora tienes seis! — y por fin desapareció, emocionada y con una gran sonrisa que me dejó satisfecho unos segundos.
Sí, unos segundos. Porque no pasó mucho para tener una mano tapando mi boca y un metal duro pegándome en el costado.
"Siempre vas a ser más débil que el otro, usa su peso y no seas un inútil"
Ese recuerdo fugaz paso al mismo tiempo que mi cuerpo se movía solo, recordando las tantas practicas y entrenamientos a los que Er me había obligado a practicar para "no ser una carga" y cuando volteé a ver a mi atacante pude sentir como mi cuerpo se congelaba.
Estaba preparado para cualquier persona que me siguiera hasta ahí, podía escapar y dejarlos atrás. Pero no, la persona que me había atacado y ahora me daba una patada en la espinilla era el mismo que me obligaba a aprender defensa personal.
—¡Sólo una cosa te dijimos que hicieras y no pudiste quedarte ahí! ¡No! Te encanta complicar las cosas. Te decimos que esperes y vas a tontear por el bosque cuando empiezan a hacer las rondas nocturnas ¿no se te pasó por la cabeza que en esas rondas podían detenerte en la entrada cuando te regresaras y te pidieran identificación? No, porque eres un imbécil, Jack— y su regaño continúo con unas maldiciones más que no pude contradecir. No era difícil imaginar que así era una madre regañona y me sentí un idiota al ver que detrás de Er iba Hiccup con una expresión más relajada y una sonrisa que parecía denotar un "Suerte, estas solo en esto" que intente responder con la mejor expresión de "Cobarde" que pude hacer sin que Er me soltara otra patada y la tan afamada queja que toda madre hace: "Te estoy hablando, no veas a otro lado."
Cuando por fin terminó con el regaño me pusieron al corriente de la razón de que tardaran tanto en regresar al punto que habíamos acordado. Me sentí orgulloso de poder adivinar la mayoría de preguntas que Er había hecho sobre los integrantes, los dragones e incluso el alimento. Volteé para felicitarlo por su extenuante investigación, algo que a Hiccup no le provocó tanta gracia pero en ese momento no lo dijo.
Más tarde sabría que la mayoría de su actitud de desconfianza a Er se debía principalmente a un sentimiento llamado "celos" que descubrí días después, pero ese es, como he dicho muchas veces, algo que debo tomarme el tiempo para contarles con más detalle.
Por el momento teníamos provisiones, una ruta segura y un destino al cual ir. Si nos inclinamos a participar más en la rebelión y nos olvidamos del pequeño viaje de relajación a las montañas olvidadas del reino...
¡Es algo que definitivamente tengo que contarles!
