Escrito originalmente por Katrina S. Forest y RaptorRowan. Portada dibujada por onichan-xd. Traducción por SpainDragonWriter.


Fiora había sido tentada de quedarse junto a Misty cuando casi persuadiera a Aquafeles de sumergirse en la piscina. Un instinto protector, tal vez. El pequeño Pokémon aún estaba a su cargo. Pero Misty era una experta en Pokémon de tipo agua y una líder de gimnasio y Fiora estaba bastante segura de que no haría daño a la pequeña criatura, sin importar los sentimientos que tuviera hacia el Team Rocket. Además, Fiora tenía otros asuntos que atender.

Su personal estaba terminando las comidas vespertinas cuando llegó a la guardería y ella se alegró de ver a la mayoría de sus amigos Pokémon comiendo alegremente. Tuvo suerte, la verdad. Aparte de los híbridos, cuyo comportamiento errático resultaba excusable por obvias razones, Fiora solo tenía que lidiar con algunos «problemas».

Fiora saludó primero a Raven y frunció el ceño tras ver el agua volcada y la comida esparcida por toda la jaula del Noibat.

—Alguien se ha portado mal, ¿eh?

Agazapado en un rincón, la pequeña criatura se recolocó las orejas y soltó un alegre «¡Noi!» al darse cuenta de que Fiora estaba frente a la jaula.

Fiora abrió la puerta, incapaz de contener una sonrisa en cuanto el Pokémon saltó y escaló hasta su hombro, enterrando la cabeza en el cuello. Fiora sabía que no debería estimular ese comportamiento. No si Raven alguna vez iba a aprender a obedecer las órdenes que otros miembros del Team Rocket le dieran. Pero ella había tenido un suave toque con el Noibat desde que Pierce tropezó con su abandonado huevo y lo trajo a la guardería para que lo cuidara.

—¿Vamos a ver a los demás? —preguntó, a lo que Raven respondió agarrándose más con sus garras de bebé.

Adentrándose más en la guardería, Fiora se detuvo frente a diversas jaulas donde los Pokémon de Ash, Misty y Brock ahora descansaban. Se arrodilló junto a una jaula y metió la mano.

—Hola a todos. ¿Qué tal estáis hoy?

Para su satisfacción, Fiora fue recibida por un coro de alegres sonidos Pokémon. Uno de ellos, un atrevido Snivy, vino a acariciar con el hocico la mano de Fiora. Ninguno de ellos parecía sufrir ningún síntoma de enfermedad por la liberación y recaptura. Unos cuantos días más y todos estarían preparados para unirse a la población general y ser usados para misiones junto a sus compañeros Rocket. Todos excepto el Pika-Raichu. Sus ojos se detuvieron un instante en la jaula del nuevo híbrido, con el corazón dolorido por la pobre criatura que estaba acurrucada y mirando hacia otro lado. No iba a durar mucho más a este ritmo. Realmente debería devolverlo a su entrenador. Incluso si el jefe esperaba que todos los Pokémon capturados fueran insertados en la organización, Pika-Raichu ya no era un Pokémon ordinario. Los híbridos todavía no formaban parte de la población principal. Ni siquiera era usado en combates. De hecho, ella era la única autorizada para trabajar con ellos. Fiora se rascó la barbilla con una zarpa. Si decidía que este hibrido estaba mejor con su dueño, en fin, aquella era la llamada para hacerlo, ¿no?

Sí. Fiora se arrodilló junto a la jaula del Pika-Raichu, realizando suaves chasquidos con la lengua mientras desbloqueaba la puerta.

—Absol-ab… —dijo, aliviada de que esta vez el Pokémon la entendería—. Ven conmigo, e iremos a ver a tu entrenador.

—¿Pi? —La oreja del hibrido se giró y el Pokémon la miró—. ¿Pika?

Fiora ladeó la cabeza ante la pregunta. ¿Para quedarse? ¿Alguien había estado mintiendo las narices donde no debían? ¿Otra vez? Al menos no eran Diva y Dunce. Aun así, ese no era el caso.

Nota mental para cuando regrese: cambiar todos los códigos de acceso y cerraduras.

—Sí —dijo—. Para quedarse esta vez.

-0-

Fiora hizo cuanto pudo por no fruncir el ceño mientras picaba la puerta de la habitación de Ash. ¿Desde cuándo los nuevos reclutas recibían su propia suite? Ella tuvo que trabajar por un año entero y reformar por completo la guardería para que el jefe siquiera considerara en darle su propia habitación privada.

No importa, se dijo mientras rascaba a Raven bajo la barbilla. El jefe solamente tuvo una fiebre parental en ese momento. Su padre, el profesor, también lo padeció durante unos meses en el pasado. Una vez Giovanni se diera cuenta de que su preciada descendencia no era el recipiente para todas sus esperanzas y sueños, la novedad desaparecería. Si Ash no se escapaba en mitad de la noche después de unas semanas, sin duda acompañaría al resto de peones sin nombre.

Al fin se abrió la puerta y Ash se paró frente a ella con aspecto frágil y cansado. Por un momento, un ínfimo momento, Fiora casi sintió pena por él. Casi. Puede que Ash no hubiera estado en el calabozo como sus compañeros, pero desde luego tenía la pinta de un prisionero.

—He venido a devolverte tu Pokémon —dijo.

Cuando los ojos del Ash se posaron en el híbrido a su lado, su cara se iluminó al instante.

—¡Pikachu! —lloró con los brazos abiertos.

—¡Pika-pi! —respondió su amigo mientras salta hacia los brazos de Ash y frotaba su cara en él.

Fiora retrocedió, aliviada de volver a ver al Pika-Raichu feliz y lleno de energía de nuevo. Después de un largo momento, Ash volvió a fijarse en ella y su sonrisa de desvaneció levemente.

—¿Dónde está el resto?

—En aislamiento junto a esos amigos tuyos, Misty y Brock. Aunque solo hasta que se inserten correctamente con el resto de la población de las instalaciones —arrastró Fiora. Una mirada de Ash le dijo que quizá estaba hablando en el idioma de los Pokémon. ¿En serio? ¿Es que ya nadie se molestaba en explicar las reglas?

—No lo entiendo —comentó por fin Ash, con sombras de dolor y pánico en su voz.

Fiora suspiró. Claramente el chico no heredó la inteligencia de su padre. Habló lenta y cuidadosamente, enunciando cada palabra con tal de que la comprendiera.

—Están. Bien. Tú… eres parte de una or-ga-ni-za-ción ahora. Eso significa… que tus Pokémon están disponibles para ser utilizados por cualquier miembro del Team Rocket.

La cara del chico cayó.

—P-Pero Pikachu…

—Es también un hibrido ahora. No están autorizados para ir al exterior por ahora. Puede permanecer contigo hasta que las políticas cambien. Las cuales, te advierto por adelantado, puede que lleguen muy pronto si tu amiga Misty continúa trayendo tan buenos resultados.

Fiora casi podía ver cómo a Ash le salía humo de las orejas.

—Misty está… ¿ayudándote?

—Pues claro. Ha estado bastante entusiasmada con echarnos una mano con el entrenamiento de uno de nuestros nuevos híbridos acuáticos.

Fiora esperó a que la ingenua mente del chico intentara procesar toda la información. Después de lo que parecieron ser años, Ash por fin encajó las piezas del puzle. La mayoría, al menos.

—Así que, has manipulado a Misty para que trabaje contigo y… ¿Jamás voy a poder volver a ver a mis Pokémon?

Fiora levantó una garra en señal de aviso.

—Pedí a Misty que me ayudara, no la obligué. En cuanto a tus Pokémon, cuando el proceso de reinserción termine, puedes rellenar una solicitud para llevártelos a las misiones. —Hizo una pausa y añadió autoritariamente—. Pero primero tendrás que aclararlo conmigo.

Ash retrocedió. Sacudiendo la cabeza.

—No. Eso no es… ¡Son mis amigos! ¡No puedes…! ¡NO! —El pelaje de Fiora se estremeció cuando vio los dedos de Ash formar puños—. ¡No! —lloró otra vez, provocando que Raven alzara el vuelo alarmado. Sus ojos se posaron en ella, ardiendo de furia. A sí mismo, quizá. Y a ella también. No es que le importara en lo más mínimo lo que pensara el engendro de su jefe de…

Movimiento. La oscilación de un puño. Tan rápido que Fiora no tuvo tiempo de esquivarlo. Sus nervios temblaron, sus ojos se encontraban en un punto al otro lado de la habitación lejos del inminente puñetazo. Entonces, súbitamente, ahí estaba ella, mirando atónita la espalda de Ash mientras el chico se tambaleaba hacia adelante con su puño golpeando nada más que aire.

¿Cómo demonios? Daba igual. ¡Ese niñato acababa de intentar golpearla! Su cuerpo estaba gritando de tomar represalias. Fiora se concentró de nuevo y estaba ante él en un parpadeo. Su nariz a escasos centímetros del suyo. Ash gritó y se tambaleó hacia atrás, golpeando la pared. Fiora levantó una mano, hundiendo sus garras en la parte delantera de su camisa. Lo levantó y lo golpeó con fuerza. Una fotografía enmarcada cayó al suelo.

—No. Hagas. Eso. De nuevo.

Fiora gruñó cada palabra en voz baja y con fiereza cual Absol. Miró satisfecha como un rastro de miedo brilló en los ojos del chico. Ahora se daba cuenta de que ella no era la misma persona con la que se había encontrado cuando fue traído aquí. Ya no era débil.

—¡Pi-kaaaaa! —se oyó la voz de un Pokémon.

Por culpa de la emoción, Fiora se había olvidado de que el chico contaba con refuerzos. Dejó caer su collar y se giró a tiempo para atrapar un rayo que impactó de lleno en su pecho. El dolor atravesó cada nervio y cada músculo. Aunque, extrañamente, no era tan debilitante como ella esperaba. Seguía de pie cuando acabó, por una vez. Su corazón seguía latiendo con fuerza bajo sus costillas, pero su pelo se veía como la cola de Skuntank.

—Au —tosió, soltando un hilillo de humo—. Eso ha sido un golpe bajo.

—¡Pika! —ladró Pika-Raichu.

—¡NOI! —chilló Raven furiosamente, aterrizando defensivamente en el hombro de Fiora. No es que pudiera hacer mucho, aunque últimamente no importaba. Un segundo más tarde, refuerzos entraron por la puerta.

—¿Va todo bien, señor? —preguntó un guardia, mirando a Fiora de arriba abajo. Ella se sorprendió cuando reconoció a Jessie y James.

—Vaya, pero si son Diva y Dunce. ¿Ahora hacéis de niñeras? —cuestionó Fiora, lo que causó que Jessie diera un paso adelante con los músculos hinchados.

—Pasa que ahora hemos sido asignados como los guardaespaldas del bobali… quiero decir, de Ash.

Una carcajada emergió de ella.

—Sí, buena suerte con eso —dijo agitando despectivamente la mano—. Yo me largo.

—¡El jefe se enterará de esto! —le gritó James detrás de ella. Fiora continuó andando.

—Oh, seguro que sí. Es una vergüenza, de verdad, que su hijo ataque a un agente de élite en su primer día. Y justo delante de las narices de sus guardaespaldas. Qué decepcionante.

Fiora casi podía sentir el impacto de sus palabras, pero no se dio la vuelta para regodearse esta vez. Ya había alcanzado el máximo nivel de tolerancia a la estupidez por hoy y, además, tenía otras cosas en las que pensar. Por ejemplo, cómo había conseguido resistir un impactrueno y realizar un auténtico movimiento Finta.

Me pregunto qué más soy capaz de hacer.

-0-

Ash no volvió a su habitación a pesar de que Jessie y James le intentaron convencer de lo contrario. Los empujó y se precipitó por el pasillo. James gemía mientras lo seguía por detrás. Ash se sintió un poco culpable, pero necesitaba salir de esta locura, hablar con alguien que fuera un amigo, alguien que le tranquilizara y le dijera que podía recuperar a sus Pokémon y que no había tomado la peor decisión de su carrera como entrenador Pokémon. Incluso de toda su vida. Necesitaba hablar con Misty.

Primero solicitó saber dónde la mantenían captiva y ordenar a Jessie y James que lo llevaran allí. Por desgracia, sus guardaespaldas habían recibido ordenes de Giovanni de no revelar esa información. No había nada que Ash pudiera hacer desde esa perspectiva. Aunque, por otro lado, recordó algo que dijo Fiora antes: Misty estaba ayudando a entrenar a algunos Pokémon de tipo agua. Así que, si ese era el caso…

—Llevadme a… esto… al sitio con agua —dijo procurando sonar autoritativo.

Jessie y james intercambiaron una mirada por la confusión.

—¿El… sitio con agua, señor? —preguntó James—. Si necesita… esto… usar las instalaciones…

—No, ¡no! —replicó Ash—. Me refiero a algo como la piscina o algo así.

—¡Ah, claro! —dijo Jessie chocando las manos—. Los ejecutivos del Team Rocket tienen diversos jacuzzis de lujo de uso personal. Solo sígame y…

—¡No! —gritó Ash de nuevo y llevándose una mano a la frente—. Me refiero a una piscina donde entrenéis a los Pokémon de tipo agua.

Jessie y James parpadearon.

—Oh —dijeron los dos al unísono—. S-sí, por supuesto. Qué tontos somos al no haberle entendido la primera vez. Por aquí, por favor.

Ash asintió y siguió a los dos Rockets a través de un laberinto sin fin de pasillos. Sabía con certeza que Misty no estaría allí porque seguramente solo la tendrían entrenando a los Pokémon acuáticos un par de horas al día… ¿verdad? Probablemente ya estaba en su habitación, lejos de la piscina. Aun así, se aferró a la esperanza de que escucharía su voz con cada paso que daba por los pasillos.

Esa esperanza, al menos por esta vez, no fue errónea.

—¡Vamos! —chilló Misty desde más allá de la piscina—. Puedes hacerlo. Simplemente salta.

Ash no pudo esperar un segundo más y abrió bruscamente la puerta. La piscina estaba más cerca de lo que él se esperaba y el suelo era resbaladizo, por lo que tuvo que estirar los brazos con la finalidad de equilibrarse y evitar derrapar y caer de cabeza al agua.

—¡Ash! —llamó Misty cuando él entró. Estaba en la piscina, intentando persuadir a Meowth para que se le uniera, pero rápidamente salió de ahí y se secó con una toalla. Su bañador era negro con el símbolo del Team Rocket en su hombro. Se acercó a Ash y le dio un fuerte abrazo, dejando húmedas manchas en su uniforme—. Me alegro tanto de que estés bien.

—S-sí, yo también —contestó Ash—. Es decir, también me alegro de verte bien. —Se frotó el brazo, consciente de que no estaban solos, y se giró hacia Jessie y James—. Traednos algo de té y… unas de esas galletas… que van con el té.

Los dos guardaespaldas se miraron y asistieron.

—Yo iré —se ofreció James.

—Quiero que vayáis los dos —ordenó Ash. Ninguno de ellos se movió. Ash suspiró—. Déjame adivinarlo… Va contra las órdenes de Giovanni.

Jessie asintió felizmente.

—Cien por cien correcto, señor.

Ash se acarició la cabeza.

—Vale. James, quédate. Jessie, ve. ¿Así vale?

—Por supuesto, señor —dijo James igual de alegre mientras Jessie pensaba en voz baja acerca de ser un guardaespaldas, no un mayordomo y se dirigía enfadada a la puerta.

Con solo James en la sala, Ash por fin se sintió lo bastante cómodo para sentarse y conversar abiertamente con Misty sobre todo lo que había sucedido. James se mantuvo respetuosamente a una larga distancia, permitiendo que los dos jóvenes hablaran relativamente en privado. Ash habló con Meowth, a lo cual Misty corrigió a Ash y le comunicó que su nombre ahora era Aquafeles.

Ash compartió todo lo que Giovanni le había contado sobre el trato de convertirse en el nuevo líder del Team Rocket un día y de sus planes de destruirlo una vez lo fuera. Había algo más rondándole la cabeza que debía explicarse, pero el recuerdo era borroso. Misty, en cambio, le informó de todo lo que había estado haciendo con Aquafeles, también comunicó sobre lo mucho que había cambiado Fiora después de que su ADN se combinara con el de un Absol… y como de manera no tan casual le sugirió de hacerse con un merger como ella.

—Funcionan con las megapiedras —reveló—. Solo puedes combinar tu ADN con el de un Pokémon que pueda megaevolucionar.

Los ojos de Ash se expandieron. ¿Cómo sabía tanto del enmarañado proceso que había transformado a Fiora, Jessie y James? A menos que…

—Espera un momento —la detuvo—. No estarás pensando seriamente en dejar que te hagan eso, ¿verdad?

—Bueno, en realidad… —Misty se tocó la punta de los dedos varias veces. Siempre lo hacía cuando estaba a punto de decirle algo que seguramente no le iba a gustar. Generalmente lo acompañaba con un comentario respecto a como tendía a ver el mundo en blanco y negro cuando la vida era mucho más complicada que eso y…

—Escucha —dijo Ash tajantemente—, sean las que sean las razones que te hayan expuesto para convencerte de que conseguir un merger es una buena idea, ¡No los escuches! Nada de lo que esta gente hace es para bien. Están podridos hasta la médula, todos y cada uno de ellos.

Misty alzó la cabeza.

—Oh, entonces…. ¿tú también?

—¿Q-qué? ¡No! Yo no. Yo estoy intentando derrotarlos desde dentro.

—Vistes su uniforme —señaló Misty—. ¿Quién es el que dice que solo tú eres quien está intentando utilizar los recursos del Team Rocket para hacer algo bueno?

—Yo… yo… —tartamudeó Ash. Miró a la esquina, donde James y Aquafeles habían pausado su conversación por su pequeño arrebato y lo miraban atentamente—. ¡Olvídalo! —gruñó—. Solo… prométeme que tendrás cuidado, ¿vale?

Misty se vio asustada por un instante, luego se encogió de hombros y soltó una risilla nerviosa.

—No te preocupes por mí, Ash. Estaba quedándome contigo, ¿vale? Sé que he de ir con cuidado. —Se sumergió de nuevo en la piscina—. Hazme un favor, y no te olvides de tomar tu propio consejo.