Bueno, me gustaría dar un agradecimiento especial a mi amada y querida beta que leyó y corrigió el capitulo en menos de una hora. No se en que plataforma me leas maldita, pero gracias y me encanto escuchar que te gusto el capitulo ;v;
Espero que a ustedes también les guste y no me extenderé más porque, como dije en la actualización anterior, estos capítulos no se escriben solos -les lanza amor-
Mi día favorito
Luego de pasar una de las mejores noches en muchos días, con una cama suave, mantas calientes, privacidad y un techo y paredes que me protegieran, se podía decir que estaba renovado.
Después de recibir el regaño de mi vida de mamá Er y dormir en una habitación para mí solo, me sentía como un chico totalmente nuevo. Si bien al inicio no me pareció la idea de dormir en una cama mientras Er se quedaba a la deriva, me terminó convenciendo de ocuparla con sus amables comentarios que empezaban con un "Ni creas", llevaban en medio "que voy a compartir" y terminaba con algo parecido a "contigo, idiota" que era el broche de oro para que él pudiera salir de la habitación con un gesto teatral que parecía haberse ensayado más de una vez en el día.
Porque no es posible que alguien salga con tanta elegancia de una habitación después de haber mandado al demonio a otra persona, yo mejor que nadie lo sabía. Se necesitaba de práctica para verse como todo un bravucón y estaba seguro de que Er practicaba en secreto con el único propósito de jugarme bromas que atentaran contra la poca dignidad que aun me quedaba intacta.
—Jack, ven.
Cuando todos preparaban su equipaje para salir, me vi desviándome de mi tarea principal a causa de los gestos que Hiccup hacia para llamar mi atención (algo que estaba totalmente de sobra, porque yo la mayoría de las veces sabía dónde estaba) e ir con él. Estuve a punto de reírme cuando a medio camino Er nos alcanzó el paso. Para ese entonces estaba al corriente de que no le tenía desconfianza a Hiccup, pero era obvio que no se iba a arriesgar a perder a su valioso amigo por algún descuido, y eso era un detalle muy lindo viniendo de un remilgoso como él que no dejaba de quejarse de lo mucho que le molestaba estar rodeado de gente.
— ¿Listo? — sin embargo, Hiccup no se mostró molesto, al contrario, parecía cegado por la emoción de lo que fuera que iba a mostrarnos —Cierren los ojos.
—Bien, bien— yo accedí. Mordiéndome la lengua cuando escuché el suspiro exasperado de mí amigo a mi lado.
—Ni de broma.
—Bueno, la sorpresa es sólo para Jack. No hay problema si tú no los cierras.
—Perfecto. La última vez que cerré los ojos no me gustó la sorpresa que recibí.
Tuve que forzar una risotada al imaginar a qué se refería, pero ninguno lo presionó a más. Pude escuchar pasos hundiendo la tierra, un resoplido brusco y en el momento que abrí los ojos, unos labios gruesos y enormes comenzaron a pellizcar la peluca improvisada que tenía en la cabeza.
—¡OH, POR TODOS LOS DIOSES! — No pude contener mi emoción al identificar al animal detrás de ese gesto y poco me faltó para soltar a llorar como un niño pequeño que recupera su juguete favorito. Ese pequeño pedazo de tu alma que dejas en algo o alguien confiando que te acompañara toda la vida y que deja un vacío cuando desaparece de tu vista.
No tan grande para destrozarte, pero tampoco tan pequeño para ignorarlo.
—¡VENTISCA! — y ahí estaba mi pequeño pedacito de alma con poco más de media tonelada, sus ojos tan negros como el carbón pero tan cálidos como las brasas que éstos pudieran tener en una fogata...Fue una sensación hermosa. Quizá es una mentira decir que estuve a punto de llorar, probablemente es mejor decir que se me escaparon lagrimas de alivio y felicidad al poder abrazar su cabeza y luego su cuello.
La calma que su relincho, su movimiento y su calor emanado por su piel fue suficiente para olvidar por unos largos segundos que no estaba en un lugar conocido con gente que pertenecía a mi familia.
Estaba en el exterior, con gente de dudosa procedencia, un revolucionario que se había hecho pasar por mi esclavo en menos de un día (no me importa que fuera mi culpa), un chico que se había convertido en mi mejor amigo (aunque se negara a aceptarlo) y Ventisca, mi inseparable yegua que volvía a relinchar por culpa de algunos compañeros de Hiccup que intentaron llamar su atención y sólo la consiguieron alterar.
—Está bien, pequeña, no te preocupes. Son moscas sin importancia ¿Dónde la encontraron? — voltee a ver a Hic sin dejar de acariciarle la sien y poco faltó para reírme por la mirada asesina que Er y ella se estaban dirigiendo — ¿Qué pasa? ¿Te molesta que no te haya presentado?
—Para nada. No me llevo bien con los caballos.
Estuve tentado a preguntarle la razón, pero me detuve a tiempo. Era obvio que no se llevaba con los caballos cuando él, en su forma de grifo, podía cazar a uno en un día despejado como el que teníamos esa mañana.
Una persona considerada se habría disculpado por la indiscreción y hubiera fingido que no dijo nada. Pero yo no era un santo y para ese momento, lo único que quería era devolverle los golpes que me había dado con momentos incómodos.
—Oh, vamos, no creo que te lleves tan mal con ellos. Estoy seguro de que Ventisca dejaría que la montaras.
No existen palabras que puedan describir la expresión de horror y sorpresa que Er puso cuando dije eso. La grabe en mi mente y me reí tan fuerte que llamé la atención de algunos jinetes que estaban cerca de nosotros.
—Yo...
—Vamos, no es pregunta. Es lo menos que puedo hacer después de que me dejaste...tú sabes— sonreí al recordar la vez en que se había regresado por mí y dejó que lo montara en su forma animal. Su cara de vergüenza fue algo que también guardé para futuros chantajes, pero tuve que aguantar su brillo asesino cuando le tendí la mano para ayudarlo a subirse.
—No me voy a subir en tu maldita vaca.
—Por favor, no seas así. Te va a encantar.
—No, Jack. No es no.
—¿Eres muy bajito para alcanzar a subirte?
—¡No!
— ¿Quién es muy bajito para subirse? — Y como enviado por señales divinas, Hiccup se sumo sin dejar que Er respondiera cuando puso sus manos como escalón —¿Necesitas ayuda?
El nivel de autocontrol que usé para no soltarme a reír por la indignación que Er tenía fue sorprendente, incluso yo me pregunto cómo lo logré.
Al final pateó sus manos para subirse él solo, terminamos de recoger las cosas y emprendimos el viaje. Durante el camino no me dejó subir a mi propio caballo (maldito canalla, pero lo tenía merecido por insistir) y me vi obligado a caminar. Y ya fuera por educación o porque también estaba cansado, Hiccup camino a mi lado en vez de montar en uno de los caballos que tenían los demás jinetes.
No tardé mucho en empezar la conversación porque no soy un fanático del silencio.
—Y... ¿dónde quedaron todos los dragones? ¿Los guardaron en algún lugar secreto de su resistencia o algo por el estilo?
El sólo sonrió y yo maldije mentalmente por disfrutar ver su sonrisa.
—Sí, de hecho sí, es algo por el estilo. No podemos llevarlos y traerlos a plena luz del día.
A pesar de que parecía más relajado, pude notar cierta tensión gracias a mis perfectas habilidades para leer el ambiente… Eso y que tenía tensa la mandíbula.
— ¿No hay alguno que pueda volar en el día? — y como no nos conocíamos lo suficiente para indagar en su humor, pero sí para desviar su atención, seguí hablando —no sé, que no resalte tanto.
—Pues...en realidad sí. Hay uno que es un camaleón gigante con alas, se adapta a los colores que lo rodean y puede volar sin que la gente lo vea. Pero se vería muy raro que nada más haya alguien yendo de un lado a otro en el cielo ¿no crees?
Sonreí divertido al imaginarlo de esa forma.
—Podrían decir que es magia.
—No hay una magia que te haga volar sin caer, todas te quitan energía.
—Oh, ¿también sabes de magia?
—Por supuesto, la usaban a menudo en el norte.
—Creo que la usan más en el sur, pero sólo la que te quita fuerza física y algunos otros la emocional.
— ¡Oh! ¡También llegue a escuchar de la emocional! Tiene muchas repercusiones pero es mejor que la que cobra la fuerza vital ¿no?
Me quedé un momento pensando, absorbido por la conversación.
—No, yo creo que es mejor la que te cobra fuerza vital a la que se alimenta de tus emociones.
—Pero si usa tus emociones no daña tu tiempo de vida.
—Pero si daña tus emociones puede dañar tus objetivos o dejarte como un muerto andante. ¿No preferirías una vida corta y llena de emociones y libertad a una larga, vacía y llena de sufrimiento?
Hiccup rió y yo sonreí. Era imposible no hacerlo cuando mostraba los dientes de esa forma y su postura se relajaba más.
—Bueno, tienes un buen punto.
—Y no es el único. Vamos, elige otro tema si estás dispuesto a que te humille con mis vastos conocimientos.
— ¿Ah, sí?
Y así nuestra platica siguió, tocando temas desde las criaturas mágicas que llegamos a leer, que nos hemos topado (él ganó), los poderes que nos gustaría tener o qué haríamos en caso de toparnos con alguna de ellas. También hablamos de cosas más triviales como bayas (sí, bayas) y frutos que tenían pinta de ser venenosos pero no lo eran, algunas plantas medicinales (gané y tengo que darle las gracias a Er por sus clases de herbolaria que me había dado mientras viajábamos), e incluso sobre el clima que se podía leer dependiendo las corrientes de aire, el color del cielo, las nubes, el sonido del bosque...Sí, en esa ganó de nuevo él.
Cuando estábamos a punto de llegar a uno de los pueblos que serviría de parada técnica para pasar la noche, Hiccup me soltó una pregunta que pareció contener durante todo el viaje o al menos la dijo más rápida que las demás.
—Entonces, ¿Tú y Er están juntos, no?
—Sí, ¿por qué? — fruncí el ceño al pensar que era la cosa más ridícula que había preguntado hasta el momento, pero no fue hasta que noté su sorpresa e incomodidad que entendí a que se refería con la palabra "juntos" —No, espera. Ósea sí estábamos juntos porque nos conocimos y viajamos juntos, tú sabes. Juntos del verbo caminar para el mismo sitio o juntos de compartir comida pero no "juntos" juntos de...am...
No podía creer lo idiota que me había visto y deseé que mi rostro no se viera tan rojo como yo lo sentía. Al menos, la risa que Hiccup soltó no fue una de burla, sino una de alivio.
—Ah, ya. Descuida, entiendo. "Juntos" como yo con mis compañeros ¿no?
—Sí, sí. Ese tipo de juntos...
—Ya, es que se la pasa detrás de ti...
—Es como una mamá o un hermano pesado.
Y volvió a reír. Quizá si en ese momento no me hubiera ahogado en el pozo de la vergüenza, disfrutar su risa pudo haber sido un bonus en la plática. Pero no.
—Oh, vaya— fue lo único que él dijo y parecía tan avergonzado como yo aunque lo manejaba un poco mejor —Sí... bueno, creo que eso explica mucho.
—Sí, claro... ¿Eso te mantuvo incomodo todo este tiempo, verdad?
Sólo era una suposición, pero quizá en el norte veían peor a las personas "enfermas" que preferían a los de su mismo sexo. Eso explicaría porque los casos de esclavitud no eran tantos allá ¿no?
—Pues... sí, un poco.
Reí por los nervios que eso me provocaba. A esas alturas no podía decir un "No, no te preocupes. Si me atraen pero no él, sino tú" sin el peligro a que lo dejara ahí por incordiar el viaje de forma permanente.
Él viajaba y luchaba por causas justas, si tenía algo contra él...
—Si ya terminaron de coquetear, necesitan ayuda en descargar unas cosas y ver en donde se van a quedar a dormir.
Ambos nos separamos, si no fuera por su interrupción no me habría dado cuenta que nos dejaron atrás.
—Ya oíste, tengo que irme— bromeé y me relajé un poco cuando Er me tendió la mano para subir a Ventisca en frente de él y tomar las riendas —¿Quieres que les ayudemos a sacar las cosas?
—No, si se adelantaron ya debieron bajar lo necesario. Iré con Astrid a rentar las habitaciones, si quieren den una vuelta por el pueblo, somos una caravana de comerciantes y vamos a quedarnos esta noche.
Ambos asentimos al entender la excusa y la respuesta que teníamos que dar en el peor de los casos donde intentaran meterse con nosotros. Pero la verdad, teniendo a mi yegua y mejor amigo conmigo, lo último que me preocupaba era que se intentaran meter conmigo.
—Oh, linda, te extrañe. ¿Cómo te trataron? ¿Te perdiste mucho tiempo? — me dio igual que Er me escuchara hablarle a la niña de mis ojos, ella sólo relincho en respuesta pero sabía los tonos que usaba, cuando hacía un berrinche y golpeaba más fuerte sus cascos contra el suelo o bufaba y tiraba de las cuerdas más fuerte a lo normal. Si fuera humana, podía apostar que en ese momento dijo algo que iba entre un "me alegro que estés bien" y un "si no te quisiera tanto te aplastaría con mis cascos"
Sí, quizá por eso podía llevarme bien con Er. Su temperamento era parecido al de mi yegua.
—Parece que ya olvidaste lo del incendio.
Tal vez si otra persona me preguntara algo tan directo sería por cizaña y envidia, pero en el caso de Er podía ver que sólo estaba curioso y algo preocupado. No era su culpa ser un idiota con las palabras.
—No lo he olvidado, pero todo está en orden. Mi hermana está viva, no la dejarían quemarse ahí, Jamie está con Hiccup, y Ventisca ha vuelto a mi lado— me encogí de hombros al no tener de que preocuparme —Sí, no tengo hogar al cual volver, pero soy de los que creen que el hogar está con las personas que te tienen cariño, tú sabes, las que te hacen sentir seguro y tranquilo. Por eso me siento en mi casa en este momento.
¿Qué si me dio vergüenza decir eso en voz alta? Demasiado, pero confié en que debí escucharme muy genial para callármelo. Eso y que de alguna forma, él necesitaba escuchar algo así.
Nada de palabras bonitas si no una firme creencia y esa era la mía.
Casi me arrepentí cuando volteé y vi que parecía al borde de las lágrimas.
— ¿Qué t-?
Su cabeza pegó con la mía, dejándome un dolor terrible pero una sonrisa enorme.
— ¿Es parte de algún libro que leíste o que planeas escribir?
Podía burlarse todo lo que quería, pero se escuchaba más relajado y con eso me bastaba.
—Oh, ¿tú qué sabes? Puede que piense en escribir un libro como ningún otro.
—Tendrá que ser para niños.
—Posiblemente lo sea.
Dejamos que Ventisca nos guiara por el camino alrededor del pueblo, pasando por delante de algunas tiendas y fijándonos en artículos al azar. En frutos, artefactos de cuero, adornos con cuernos o instrumentos que sacaban y llevaban al centro de la plaza.
—Creo que van a tener un festival o algo así.
—Sí, genio, se llama festival de la cosecha y es para agradecer a los dioses por un buen año o para pedirles que el siguiente sea mejor.
—Bueno, perdón por no conocer las costumbres de todo el mundo, pero allá estos festivales los hacen en primavera.
—Es un poco de lo mismo.
De nuevo nos quedamos callados. Pensé en que debía estar tomando en serio lo que le dije, pero no. En su lugar rompió el silencio de forma tan abrupta e incómoda al igual que Hiccup.
—Él te gusta.
Y lo peor era que no estaba preguntándolo, lo estaba exponiendo de la misma forma en que uno podía decir "hey, el clima está perfecto para pescar ¿no lo crees?"
—Pff, no empieces— lo más lógico era mentir de forma directa con un "no", pero verlo era como intentar negar un trozo de carne a un cachorro que te observa con esos ojos que le ordenan a tu alma actuar con la verdad —No me pongas en el mismo saco que esos enfermos que les gusta... — me aclaré la garganta al sentir que mi voz empezaba a fallar ante la simple idea de que Er se bajara del caballo con sus ojos reflejando repudio. —En fin, ¿tú has visto de cerca esos festivales?
Intenté serenarme, maldiciendo en mi interior cuando Ventisca se detuvo y parecía consternada por la plática que estábamos teniendo en su lomo.
—Sí, cuando era pequeño a mi madre le encantaba participar.
No tengo que decirles que mis dudas se vieron opacadas por la sorpresa de escuchar tan sincera respuesta. Piqué el anzuelo, sí.
—Pero no estábamos hablando de eso. No te estoy poniendo en el mismo saco, idiota. Incluso entre las cacas hay colores, entre los idiotas hay tipos y con los "enfermos" hay clases. Hubo un lugar en el que pase más tiempo del que me hubiera gustado, era un autentico infierno y créeme que si el cocinero no se hubiera enamorado de mí, no estaríamos teniendo esta conversación.
Me giré para poder sentarme de lado y no forzar mi cuello a girar como un búho. Era la primera vez que hablaba tanto de su pasado y que no incluían memorias terribles acompañados de un consejo de supervivencia.
—¿En serio?
—Sí. Él me dijo los pasadizos que había, las horas de guardia, la forma de escapar de esa mansión— se encogió de hombros sin dejar de hablarme —Si hubiera podido, quizá me habría puesto la puerta abierta, provisiones y ropa. Pero no, en fin. Tú les dices enfermos, pero en realidad no todos son así. Tú eres un idiota, pero no un enfermo, Jack.
—... ¿Tú crees? — sentí que contenía la respiración y que el aire se volvía más ligero cuando él asintió con la cabeza.
—Sí, y si él te ve como un enfermo es porque no es tan bueno como tú crees. Pero eres un idiota, uno muy grande.
Sonreí sin contradecirlo.
—Sí, bueno, creo que él ya se dio cuenta de eso.
Ventisca retomó la caminata, dejándonos con el sonido de los cascos como el único sonido que acompañaba la perorata de las personas que iban de un lado a otro en el centro del pueblo.
— ¿Y cómo te diste cuenta?
—A diferencia de ti, tengo buen ojo en saber las intenciones de la gente.
—Ah, claro, por eso somos amigos ¿no?
—Te puedo tirar del caballo.
Reí sin tentar más mi suerte y terminamos de recorrer el tramo que nos faltaba para regresar a la posada donde nos quedaríamos a dormir. La iluminación comenzaba a depender de las antorchas y fogatas, y no quería que Ventisca se pusiera inquieta con el fuego estando tan cerca de ella.
Aún no parecía muy cómoda con eso.
Llegamos, la dejamos en el corral y fuimos a ver la habitación que nos dejaban para descansar. Por suerte, en esa ocasión Er no puso ningún pero ni preguntó más que lo necesario y normal en un viaje: ubicación de la llave de repuesto de la habitación, servicio de comida en caso de bajar y el extra que se debía pagar en caso de necesitar más sabanas.
— ¿Por qué siempre tienes que preguntar tanto? — lo cuestioné mientras me dejaba caer en la cama y veía como él hacía lo mismo en la que me quedaba en frente.
—Porque quiero saber quien más puede entrar en la habitación y el temperamento del encargado del lugar. Es una pequeña evaluación que deberías tener en mente a pesar de tu reducido intelecto.
—Oh, gracias, lo guardaré en mi estantería de "cómo sobrevivir siendo un idiota" de mi biblioteca mental.
—Que debe ser del tamaño de esta habitación.
—No, es enorme.
Los golpes en el marco de la puerta pusieron fin a nuestra conversación y estuve a poco de sonreír como idiota cuando vi que Hiccup nos saludaba.
Bien, quizá yo era demasiado obvio.
— ¿Los interrumpo?
—Sí, todo el tiempo.
A pesar de la forma cortante en que Er le respondió, Hiccup no dio señas de molestarse ni un poco como las otras veces. Quizá ya le empezaba a agarrar la maña ahora que sabía cómo era después de nuestra pequeña charla de todo el día.
—Bueno, vamos a salir. Hoy el pueblo va a celebrar el final de la cosecha y los chicos necesitan relajarse ¿vienen?
—Claro— me levanté más rápido de lo que hubiera deseado
— ¿Qué? ¿En el día organizas revoluciones y en la noche te vas de fiesta?
—Tampoco podemos estar todo el tiempo en guardia y si nos quedamos aquí nos veríamos más sospechosos— Hiccup entró a la habitación para dejar de tapar la puerta y señaló el exterior —Vamos, sólo un rato no nos hará daño.
—No, yo me quedo a esperarlos. Prefiero dormir.
Respiré hondo sin poder creer lo necio que podía llegar a ser, pero sólo me bastó mirar a Hiccup para saber que estábamos pensando lo mismo y que nuestra intención era la misma.
—Bueno...yo soy un vikingo...
—Y yo un noble...
Ambos nos pusimos a cada lado de él, sujetándolo de los brazos para obligarlo a levantarse y pude jurar que parecía dispuesto a atorar sus piernas a la cama para no salir de ahí.
—Y no aceptamos un "no" por respuesta.
Y a regañadientes y con los pies intentando atorarse en el suelo, lo llevamos a rastras fuera de la posada. Sonriendo por las maldiciones que nos daba por lo bajo hasta llegar al centro del pueblo donde había gente haciendo malabares, otros avivando el fuego de la enorme fogata y unos cuantos más comenzando a entonar el compas de la música con lentitud.
—¡Auch!
Volteé únicamente para ver como Hiccup se sobaba el brazo y para recibir un golpe en el hombro que Er me daba al quedar libre.
—Les dije que no quería venir. Ustedes pueden quedarse aquí, bailar y coquetear todo lo que quieran pero yo me voy, ¿Oyeron?
Suspiré sin poder hacerlo cambiar de opinión, encogiéndome de hombros al ver a Hiccup y regresando a observar cómo seguían tocando en lo alto de un escenario improvisado.
No llevábamos ni cinco segundos viendo la fogata cuando Er chocó con nosotros al caminar en reversa e intentar evitar a una de las bailarinas que tocaba la flauta en dirección al escenario y se detenía sólo para tomarlo de la mano y jalarlo en su camino para dejarlo más cerca del escenario.
Cantaban en un idioma que aún no puedo saber cuál es, pero cuando ella se detuvo para señalarlo a él un silencio enorme nos inundó y Hiccup me dio un codazo sin saber que decirme.
¿Teníamos que sacarlo de ahí? ¿Ayudarle? ¿Decir que éramos de fuera?
No tuvimos que preocuparnos más cuando el canto continuó y nos quedamos con la boca abierta al ver que Er entonaba la misma melodía, con cierta duda, pero les seguía el ritmo sin problemas.
En algún punto nos volteó a ver, y yo sólo le sonreí como lo hacía mi hermana: con orgullo. No pude ver que expresión le daba Hiccup, pero no volvió a vernos en toda la noche y la sonrisa que nos dirigió es algo que no puedo ni quiero quitar de mi memoria.
Ahí, a los pies del escenario y dejándose llevar por el ritmo de la música sin dejar de cantar o incluso acompañarlos con castañuelas, descubrí cuál era su pasión frustrada y su mayor talento.
No cantaba mal, nada mal, y eso sólo me hizo envidiar los altos y bajos que podía lograr.
"Sí, cuando era pequeño a mi madre le encantaba participar"
Si no me hubiera contado eso en la tarde, habría creído que era algún genio musical escondido. Pero era probable que cantaran canciones que él ya sabía.
No recuerdo en qué punto dejé de verlo como un hermano orgulloso y me permití arrastrar por la música, cuántas copas bebí o en qué instante olvidé que podían hacernos daño en cualquier momento.
Simplemente me dejé llevar por la melodía, el calor de la hoguera, la calidez que sentía en todo el cuerpo al reír por las bromas que Hiccup soltaba o disfrutar las cosquillas que me daban al bailar con mis pésimos pasos y un vikingo intentando seguirme, quizá con las mismas copas que yo o más.
Si en algún punto Er bajó a tocar la flauta cerca de nosotros y otro lo acompañó con las castañuelas, es algo que tampoco recuerdo. Sólo puedo sacar a flote el hecho que saltábamos más que bailar, que llegué a tropezar en más de una ocasión y no me molesteé en recuperar el equilibrio porque Hiccup me tenía bien sujeto de las manos.
Ah, sí. Es algo que también recuerdo, nuestras palmas encontradas y los dedos entrelazados, la sonrisa estúpida que teníamos en la cara, nuestros pies torpes formando nuestro propio ritmo...
No, ninguno durmió esa noche, tuvimos que recuperar las horas de sueño un poco en la madrugada y otras durante el viaje para avanzar más al reino de Aster.
Pero aún con eso, puedo decirles que el final de la cosecha se convirtió en mi celebración favorita y la espero con ansias aún hoy en día.
