Escrito originalmente por Katrina S. Forest y RaptorRowan. Portada dibujada por onichan-xd. Traducción por SpainDragonWriter.


Ash nunca fue de aquellos que piensan las cosas detenidamente. Por ese motivo se había visto envuelto en situaciones que podrían haber sido fácilmente evitables si hubiera dedicado un tiempo a planificar sus acciones en vez de actuar alocadamente en el fragor del momento.

Desgraciadamente, ahora parecía ser uno de esos momentos. Cuando había visto a Misty deliberando, considerando seriamente mezclar su ADN con el de un Pokémon… se había perdido por completo. Lo siguiente que supo, fue que estaba en la oficina de Giovanni, gritándole que la mantuviera al margen de los enrevesados experimentos del Team Rocket.

Y ese arrebato, que no sorprendió a nadie, lo llevó de vuelta a aquel lugar que más temía. La habitación de "discusiones" de Giovanni, lleno de hambrientos Pokémon de tipo fantasma. Ash se sentó en una rígida silla de metal, con su padre frente a él, la imagen de la calma.

—Se te ve preocupado hoy —dijo Giovanni—. Hablemos de ello.

¡No!, quiso gritar Ash. Ya había pasado por esto. Tan pronto como sus emociones emergieran, los Banette actuarían, atacando su mente, devorando sus recuerdos y emociones, dejando un vacío que Giovanni llenaría con lo que le apeteciera.

Necesitaba… tenía que parar el fuerte sentimiento al respecto. Pero no pudo. Pensar en Misty accediendo a que el Team Rocket jugueteara con sus genes le ponía enfermo. Le aterraba. Y con esos pensamientos, notó el frío toque de las manos de los Banette alcanzando su mente.

—¡Sal de mi cabeza! —chilló Ash intentando deshacerse de ellos, pero su frustración solo aumentó la cantidad de Pokémon a su alrededor. La risa familiar de Giovanni resonó por la habitación.

—¿Sabes? Desarrollamos esta técnica antes de que Silver me abandonara —musitó Giovanni—. Pero a ese chico solo le importaba sus pequeños objetivos en la vida, e incluso después, perdió el interés en perseguirlos. No tenía pasión para nada, ni siquiera para los Pokémon que entrenó. Los Banette básicamente no podían importarle menos cuando entró en la habitación. Pero tú… tú les das un festín. Eres como una cornucopia de fuertes emociones.

Ash apretó los dientes. No podía detener sus sentimientos.

—Por favor —suplicó, desesperado por expresarse antes de que los Banette comenzaran su banquete—. No le deis un merger a Misty. No deberíais jugar con este tipo de cosas para nada. Por favor…

El frío lo consumió. Ash sostuvo los lados de su cabeza, apretando los dientes contra el dolor. Sintió una sensación familiar de una parte de él separándose. Cuando cedió, su boca aún formó las palabras «por favor», pero no podía recordar por qué lo pedía. Le había estado pidiendo algo a Giovanni. Pero ¿qué? ¿qué era?

Quería llorar para apenar su recuerdo perdido. Entonces escuchó la voz de su padre.

—Vamos, no te preocupes —dijo Giovanni—. Sé cuánto quieres que tu amiga tenga un merger, pero eso es decisión suya, ¿no crees?

No le creas, parecía soltar una voz en la mente de Ash. ¡Sabes que miente! ¡No creas en lo que dice!

Pero lo que fuera que intentara decirse, las palabras de Giovanni sonaban correctas. Si, había estado hablando con Misty antes de esto. Lo recordaba claramente. Y había estado hablando con ella acerca de conseguir un merger. Pero entonces ella se mostró dubitativa. Eso debía ser por lo que Ash suplicaba, por lo que pedía «por favor». Sabía cuánto bien haría un merger para Misty, y quería que Giovanni se lo diera.

Entonces… ¿Giovanni no lo había engañado y solo había usado a los Bannette para tranquilizarlo? Aquello encajaba en la mente de Ash. Y si encajaban, debía ser verdad… ¿no?

—¿Qué es… lo mejor que podemos hacer? —se escuchó preguntar. Su propia voz sonaba tan distante.

—Creo que está bastante claro —respondió Giovanni. Por una vez, su voz sonó amable—. Habla con tu amiga. Explícale las ventajas de recibir un merger, y estoy seguro de que lo hará. Ella confía en ti.

Ash se levantó tembloroso, aferrándose a la silla para mantener el equilibrio.

—Sí. Hablaré con ella. Gracias por el consejo.

—No hay de qué, hijo —dijo Giovanni con un extraño tono en su voz. Uno feliz. Quizá demasiado feliz—. No hay de qué.

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Misty tenía que admitirlo; estaba un poco sorprendida cuando Ash se le acercó y, de repente, le habló sobre hacerse el procedimiento del que habían estado discutiendo tanto hace tan solo unos días. Pero cuando él explicó cómo había llegado a esa decisión, de alguna forma tenía sentido. Había tenido un tiempo para pensarlo, dijo, y mientras entendía sus temores, las ventajas superaban enormemente cualquier riesgo. Al menos, Misty se lo debía a ella misma para aprender más al respecto.

De modo que ahora ahí estaba ella, sentada en el rígido respaldo de una lujosa silla de cuero y mirando fijamente un escritorio ordenado en una oficina de una científica del Team Rocket con Ash a su lado.

—El proceso es de lo más seguro —aseguró la científica, una mujer de baja estatura y de cabello negro—. Simplemente inyectamos una pequeña dosis del suero que hace tu cuerpo susceptible a la evolución igual que un Pokémon. —Se hizo a un lado para alcanzar un maletín de uno de sus asistentes y lo abrió con un lector de huellas. Misty pensó que dentro estaría la jeringa con dicho suero, sin embargo, la mujer dio la vuela el maletín y enseñó una fila llena de brillantes esferas de diversos colores.

Megapiedras, se percató Misty. La científica sonrió amablemente.

—Puede elegir cualquiera de estas piedras, la que desee. Las megapiedras son únicas en cuanto a que solo reaccionan a una especie especifica de Pokémon. Su ADN se moldeará y se asimilará al de esa especie, otorgándole características propias del Pokémon que ha escogido.

Misty miró cuidadosamente la colección. Había una interesante cantidad de megapiedras, pero por supuesto, el número era ínfimo en comparación a los cientos de Pokémon que existían.

—De modo que… ¿Solo puedo combinar mi ADN con Pokémon que puedan megaevolucionar? —preguntó.

La científica cerró el maletín y lo puso a un lado antes de sentarse de nuevo en la silla de su escritorio.

—En la fase de desarrollo en la que se encuentra la tecnología, sí.

Misty se frotó la barbilla. Aún tenía una persistente duda sobre todo esto, incluso teniendo a Ash a su lado animándola.

—Aún hay una buena cantidad de opciones —señaló Ash, inclinándose hacia adelante en la silla de cuero pulido para invitado junto al de ella—. Y una buena cantidad de increíbles Pokémon de agua que pueden megaevolucionar.

Misty asintió distraídamente, revisando las opciones en su mente. Estaba Slowbro, aunque a ella no le gustaba mucho la idea de tener un gigante Shellder pegado a ella. También estaban Swampert y Blastoise, ambos Pokémon muy poderosos, pero no muy de su estilo. Con eso, solo quedaban Sharpedo y Gyarados. Ambos Pokémon le habían puesto muy nerviosa en su primer encuentro con ellos… sobre todo Gyarados. Aun así, los dos poseían una elegancia que destacaba lo que a ella le gustaba sobre los Pokémon de agua. Ninguno estaba diseñado para vivir en tierra. Ambos habían nacido en el agua y gobernaban como ningún otro Pokémon podría. Y, al final, cuando Misty los comparó, la balanza se inclinó más hacia un lado que para el otro.

—Yo… Me gustaría tener un merger con Gyarados, por favor —dijo, sorprendentemente tranquila.

Su mente ya había empezado a barajar las posibilidades. Hablar con Pokémon de agua. Puede que hasta respirar bajo el agua, igual que un Gyarados. O ser capaz de utilizar el movimiento Pistola agua. ¿Tal vez en algunas partes de su piel crecerían elegantes escamas azules? Sonrió al pensarlo. Sería la entrenadora de Pokémon de tipo agua más poderosa del mundo, justo como le había dicho Fiora.

Y cuando lo sea, me aseguraré de que Giovanni sepa que jamás vuelva a meterse conmigo.

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Las paredes eran negras en la celda de Brock. Eso no le molestaba en la superficie; entrenaba Pokémon de tipo roca. Cuevas, túneles y lugares cerrados y oscuros más o menos eran su terreno. No, lo que casi lo condujo a la locura era la falta de información. Día tras día, preguntaba por sus amigos, cuánto tiempo el Team Rocket los mantendría cautivos… ¡Cualquier cosa! Lo máximo que pudo recibir de los constantes cambios de guardia era propaganda del Team Rocket. Su gran líder había conseguido un avance científico que ningún humano había visto jamás. Con ello, el Team Rocket podría conquistar el mundo. Brock no les creía, por supuesto. Entonces le enseñaron algunas grabaciones de uno de sus agentes: la mujer débil que Brock había visto cuando vinieron aquí. Solo que ahora era más fuerte, luchando contra Pokémon con su propio set de movimientos Pokémon.

Aquello aterró a Brock más que nada en el mundo. Si el Team Rocket era capaz de hacer cosas así, ¿qué posibilidades tenía Brock contra ellos?

Comenzó el día desesperado, igual que los demás días desde entonces. Pero algo diferente ocurrió esa mañana. La persona que le traía el desayuno no era un guarda sin nombre, sino Pierce, el Rocket que ayudó a Jessie y James a capturarlos.

—Has pedido novedades de tus amigos —dijo Pierce, deslizando la bandeja de comida por el agujero de la puerta.

Brock se puso rígido cuando recibió la bandeja, esperando que Pierce continuara su frase con algo como «Bueno, pues se siente, ¡porque no vas a volverlos a ver nunca más!» seguido de una risa maníaca. No obstante, para sorpresa de Brock, el panel sobre la ventana de la puerta de la celda se abrió y permitió a Brock vislumbrar el exterior. Pierce fijó sus ojos en él y dijo:

—Me han pedido que te comunique que Misty ha decidido hacerse con un merger. Ahora mismo está en los laboratorios de abajo mientras hablamos. Nuestros científicos están preparando el suero para combinarla con un Gyarados.

La bandeja casi se escapa de las manos de Brock. A pesar de sus promesas de no bajar la guardia delante del Team Rocket, se encontró a sí mismo gritando:

—¡No te creo! ¡No hay forma en la que Misty estuviera de acuerdo con eso!

—Miralo tú mismo —replicó Pierce.

Brock escuchó un suave clic y el usualmente apagado monitor en su celda se encendió. La imagen era borrosa al principio, pero poco a poco se aclaró. Brock estaba mirando un tipo de grabación de seguridad… se dio cuenta de que era el laboratorio. Lo que parecía ser una cama hospital yacía en medio de la sala. Un hombre vestido con una bata blanca señaló la cama y Misty asintió. Entonces ella se reclinó sobre la cama y se tumbó perfectamente calmada mientras otros Rocket vestidos con batas blancas la ataban con cinturones de cuero. Finalmente, una mujer se le acercó con una jeringa. Misty no forcejeó ni una sola vez ni miró preocupada a lo que hacían los Rocket. De hecho, se la veía… excitada.

La pantalla se apagó de nuevo.

—Aquí llega la parte interesante —comentó Pierce—. Nuestro jefe tiene una teoría. Hasta ahora, hemos estado experimentando en voluntarios, más o menos, y alterando su ADN menos de un cincuenta por ciento. ¿Qué sucedería si pasamos ese límite y hacemos a alguien más Pokémon que humano? ¿Qué ocurre entonces?

—¿Quién querría eso? —demandó Brock.

Pierce rio. Era un sonido escalofriante. Suave y cruel, lleno de su puro deleite e indiferencia por el sufrimiento ajeno.

—Un Eevee no evoluciona a Flareon o a Jolteon porque este quiera. Evoluciona porque un entrenador lo pone en contacto con la piedra adecuada. Así que, mientras que la voluntariedad ha hecho los experimentos más sencillos, estamos empezando a sospechar que no es un componente necesario. —Sus ojos brillaron, dando a Brock un repentino escalofrío.

—Lo vais a probar con Misty…

—Muy observador. —Su boca se torció en una sonrisa burlona—. Te sugiero que empieces a pensar en el Pokémon con el que te quieres combinar. Sospecho que estarás en el lugar de Misty más pronto de lo que te imaginas.

Y con eso, Pierce se giró y se marchó antes de que Brock pudiera contestar.