Escrito originalmente por Katrina S. Forest y RaptorRowan. Portada dibujada por onichan-xd. Traducción por SpainDragonWriter.


Misty entrecruzó los brazos y dejó que el agua la engullera. No estaba segura de cómo sentirse. Toda su vida había adorado a los Pokémon de tipo agua, pero sin una tonelada de equipamiento para respirar no podía unírseles en su mundo. En un instante, todo aquello cambió. Irónicamente, gracias al hombre que seguramente más había odiado en su vida.

Misty cerró los ojos, intentando dar sentido a lo que acababa de ocurrirle. Los detalles eran confusos en su mente, pero sabía una cosa sobre seguro: el merger no había salido para nada como se suponía.

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El momento en el que el suero perforó su piel y viajó por su cuerpo, parecía como si su sangre se hubiera cambiado por agua helada. Se agitó bajo las correas, mirando a Ash para encontrar alivio, solo para toparse con los guardias escoltándolo fuera de la sala por mucho que él protestara. Su cabeza se sentía demasiado pesada para mantenerla más tiempo levantada y la apoyó en la cama una vez más.

El frío se iría tan pronto como su piel entrara en contacto con la Gyaradosita, se dijo. Solo era una incomodidad momentánea, nada más. Entonces notó la dura y suave superficie de la piedra tocando su brazo, y se sintió como si su cuerpo entero estuviera luchando consigo mismo.

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Misty se apretujó; su cuerpo se hundió más. El zumbido de las máquinas, los lejanos murmullos de una conversación humana se desvanecían en las profundidades del agua. Incluso la barrea de idiomas con los Pokémon acuáticos desapareció después de la combinación. Misty podía escuchar tenues murmullos de unos Goldeen nadando alrededor del tanque, susurrándose sobre la extraña criatura que acababa de entrar en sus dominios. Misty se permitió abrir los ojos.

Hermoso. Todo era hermoso ahí abajo. La luz bailaba a través del resplandeciente agua, creando patrones alrededor del suelo del tanque, las aletas de los Pokémon y su propia piel.

Ahora tengo aletas, se acordó. Nerviosamente, Misty miró abajo donde solían estar sus piernas y le dio una sacudida experimental a su escamosa cola. Sí, definitivamente era suya. Era capaz de sentir la resistencia del agua contra esta cuando se movió. Aun así, se sentía como aquella vez en la que realizó un espectáculo bajo el agua. Como si estuviera llevando un disfraz más que alguien que había cambiado de especie. ¿Quizá solo era un ajuste temporal? No lo sería si la ciencia hubiera investigado más en este campo. O realmente hubiera hecho cualquier investigación. Misty le concedía eso a Giovanni; había roto y entrado en un nuevo terreno de verdad.

—Hola —dijo uno de los Goldeen que fue lo bastante valiente como para acercársele.

Misty sonrió nerviosamente, incapaz de liberar su mente de la tensión natural que le ordenaba dirigirse a la superficie. Su cerebro aún no había procesado que su cuerpo ya no lo necesitaba.

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El cambió sucedió sin problemas. Primero las escamas azules emergiendo en sus brazos, tal y como ella esperaba. Aunque no solo salieron en sus brazos, sino también en sus piernas, su pecho y hasta su cuello. Entonces empezó a convulsionar. Sus pies se estiraron y ella no pudo moverlos más de manera independiente.

Los Rocket a su alrededor corrieron de un lado para otro hablándose con voces confusas. Excepto una

¡Porcentaje! ordenaba Giovanni—. ¡Quiero un porcentaje!

¡Cincuenta y cinco por ciento, señor!

Cincuenta y cinco por ciento ¿qué?, se preguntó Misty. ¿El procedimiento está un cincuenta por ciento completo? O soy…

Misty intentó levantar las piernas y se dio cuenta de que ya no existían. Todo lo que pudo ver cuando flexionó aquellos músculos fue la cola amarilla y azul de un Gyarados. Misty quiso gritar, pero no podía recoger el oxígeno necesario. No le gustaba el aire del exterior. Quería el agua. Su piel estaba seca. Miró a un lado y vio a alguien sujetando una Pokéball morada adornada con la letra «M». La Pokéball se abrió, envolviéndola en una luz roja. En ese momento, sintió alivio y confort. Su cuerpo convulsionó de nuevo, y ella cerró los ojos mientras el mundo se tornaba oscuro.

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Misty extendió cuidadosamente la mano hacia el Goldeen y acarició su barriga.

—Hola a ti también —dijo en voz baja.

El Goldeen sonrió y agitó sus elegantes aletas. Las ondulaciones de los colores rojo y naranja de estas las hacían ver como fuego bajo el agua.

Por supuesto, el merger no solamente había permitido a Misty entrar en el agua para hablar con sus amados Pokémon, había asegurado que el agua fuera su hogar permanentemente. Tal vez podría salir e iniciar un combate Pokémon, pero hablando en términos prácticos, ya no podía vivir en la tierra.

Misty se estremeció ante los últimos recuerdos que tuvo antes de que la luz roja la rodeara. Cincuenta y cinco por ciento. Esa era la cantidad de ADN que ahora pertenecía a Gyarados. Y Giovanni sin duda alguna la había capturado con una Pokéball; había sido incapaz de escapar. Entonces… ¿Eso significaba que había convertido en su entrenador? Misty no podía pensar en ello.

En lo que sí pudo pensar fue en su furia. O, mejor, dicho, la falta de esta. Su vida como un entrenador Pokémon había terminado. Debería haber sido más lívida. Y, aun así, había una pequeña parte de ella, esa pequeña niña que fantaseaba con vivir bajo el agua, la que casi se ahogaba en el océano más de una vez porque no se podía alejar de este… ¿Quería ser una entrenadora Pokémon por todos esos años solo para acercarse a ese mundo, aquel que finalmente podía llamar su hogar?

La cabeza le dolía. Misty abandonó los pensamientos filosóficos y se centró en el presente. Arriba, en la superficie, pudo ver la sombra de un Pokémon felino sentado al borde la piscina y mirando al agua. Por todos los problemas que Aquafeles había causado, se le veía preocupado por ella después de la combinación. Misty supuso que, al menos, debería decirle que puede respirar bajo el agua.

—Ahora vuelvo —dijo a los Goldeen.

Un momento después, Misty salió a la superficie, enviando un rocío de agua en todas direcciones. Aquafeles levantó la nariz.

—¿Y bien? ¿Cómo ha ido? —inquirió.

Misty apartó el cabello mojado de su cara.

—Fue… bueno, impresionante —contestó. No podía pensar en otra palabra para definir todas las sensaciones nuevas que la estaban golpeando a la vez.

—Así que —continuó Aquafeles, acariciándose los bigotes con la pata— ¿Estás feliz con esta situación?

—¿Feliz? —Misty se puso rígida. Estaba emocionalmente adormecida, debía admitirlo. Pero no ponerse histérica estaba lejos de ser feliz—. Ahora tengo una cola de Gyarados donde deberían estar mis piernas, ¡y estoy prisionera en este tanque en alguna base secreta del Team Rocket vete a saber dónde!

Aquafeles no se inmutó por el arrebato de Misty y se lamió la pata.

—Cierto —corroboró—, pero no has respondido mi pregunta.

Misty frunció el ceño.

—Claro que no estoy feliz —replicó. Miró al agua, a las vagas siluetas que andaban debajo de ella y que podía reunirse con ellas siempre que quisiera—. Pero… por ahora, puedo continuar. Puedo respirar.

Misty sabía que debía sentir más emociones. Tal vez su mente no podía soportar ni una sensación más después del merger. Tal vez todo lo que podía hacer ahora era absorber esta extraña y nueva experiencia y crear los sentimientos después, cuando todo estuviera asentado.

Aquafeles bostezó.

—En fin, es bueno saberlo —dijo—. Solo por mis humildes observaciones, tus amigos van a necesitar ese positivismo tuyo. Probablemente más pronto que tarde.

Misty se puso rígida.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Tu amigo, el bobalicón…

—Su nombre es Ash —gritó Misty.

Aquafeles rodó los ojos ante la corrección.

—Vale. Como sea. Ash, entonces. Él fue quien te hablo de esto, ¿me equivoco?

—Yo… ya estaba pensando sobre esto por mi cuenta —contestó Misty, retorciendo los dedos y hundiéndose un poco en el agua—. Pero estaba teniendo dudas antes de que lo habláramos entre los dos…

Aquafeles sacudió la cabeza.

—Mira, no hay mucho que pueda decirte, ya que yo tampoco sé mucho. Pero creo que el jefe tiene… alguna forma de manipular la mente de tu amigo. Creo… que quería disuadirte de que te hicieras con el merger.

Misty rio. Debía. Esa idea resultaba tan ridícula… y tan aterradora.

—¿Y qué? ¿Estás diciendo que Giovanni tiene una manera de cambiar la mentalidad de alguien sobre algo? —intentó reír de nuevo, pero no le salió muy bien. Había algo en la forma en la que Aquafeles la miraba tan solemnemente detuvo el sonido en su garganta.

Oh, no, lo dice en serio. Misty tragó saliva.

—Tienes que hacer que Ash baje aquí para que podamos volver a hablar —pidió—. ¡Tengo que decirle que esto no fue su culpa! ¡Y tenemos que averiguar la manera de detener a Giovanni de volver a hacer esto de nuevo! ¿Y si va tras…? —Se quedó sin aliento y se tapó la boca con ambas manos—. Es demasiado tarde, ¿verdad? Ya ha ido a por Brock.

Aquafeles no respondió al momento, al menos no vocalmente. En cambio, se dio la vuelta, sacudió el agua con la cola y empezó a andar hacia la puerta.

—Veré qué puedo hacer para traerlo —dijo—. Pero creo que tu otro amigo y líder de gimnasio debería ser la menor de tus preocupaciones.