Aclaraciones:

-Fanfic en primera persona desde el PoV de Jack

Advertencias:

-Contenido homosexual

-Personajes de HTTYD y RoG no me pertenecen (?) solo Eros


Maldita gallina voladora

Después de descubrir que tenía poderes mágicos y podía congelar las cosas, los entrenamientos fueron más fructuosos y mis esfuerzos se vieron recompensados.

Eso es lo que me gustaría decir, pero no. La verdad resultaba reconfortante que era capaz de formar un pico de hielo que me llegaba a la cintura, pero de nada me servía si no era capaz de controlar en qué dirección o forma se aplicaba.

A veces era tan recta como una columna, otras veces parecía un puerco espín que llegaba a la altura de un perro mediano. En una ocasión fue simplemente una serpiente que se adhirió a la pierna metálica de Hiccup y tuvimos que suspender el entrenamiento para pasar la siguiente hora concentrando el calor de su espada para derretir el fuego que había hecho. Algo que solo sirvió para darnos cuenta que mi hielo mágico no podía ser derretido por fuego normal a menos que fuera de dragón.

—Suficiente, no volveré a usarlo hasta que tenga una idea de cómo diablos hacerlo— solté exasperado cuando el hielo formo un extraño arco con picos en vez de cubrir de forma cuidadosa la piedra a la que estaba apuntando con una de las tantas ramas que había conseguido de tamaño decente para practicar.

Porque otro gran detalle era el tamaño. Si intentaba usar una vara del tamaño de una cuchara, terminaba con una explosión de nieve en la cara que me dejaba los labios morados. Pero si usaba una vara muy grande resultaba en un terrible manejo y maniobre con esta.

Si tenían metal (como las lanzas) tampoco funcionaba e incluso llegaba a cubrir la parte filosa con una escarcha que dejaba más peligrosa el arma.

No importaba por donde le buscara, resultaba peligroso intentar dominar algo que se me había negado tener toda la vida y que un viejo desconocido descubría de la nada.

—Toda mi vida esperando este momento...— deje caer la vara para dirigirme a donde Ventisca me esperaba y montarla sin importarme que dijeran los demás. Hiccup había ido a patrullar, podía buscarlo para distraerme y el paseo me serviría para enfriar mi cabeza.

"Elsa puede hacer grandes cosas sin báculos"

Y quizá esa fue la tercera vez en mi vida que sentí tanta envidia y celos hacía mi hermana. Porque la primera siempre sería cuando descubrió la manera correcta de usar su magia, y el segundo la vez que mi madre me soltó en cara que era un inútil por no ser como ella o mi padre.

"¿Y yo? Necesite un viejo mágico y madera para darme cuenta que al menos tengo un poco"

Era frustrante. Por fin tenía lo que toda mi vida estuve esperando y no sabía cómo usarlo, tampoco tenía alguien a quien preguntarle...solo estaba ahí, existiendo y pavoneándose de lo inútil que era incluso para eso...

—...al menos es mi punto de vista.

La voz de Hiccup me saco (como empezaba a ser costumbre) de mi monologo interno. Se veía serio e incluso algo enojado, pero no me miraba. Estaba hablando con alguien a quien no pude distinguir por culpa del árbol que tapaba su figura.

—Shh— le indique a Ventisca que se quedara callada y la dirigí por un camino libre de hojas secas y ramas para acercarnos lo suficiente para que las voces se escucharan mejor. ¿Era algún bandido? No controlaba mucho mi magia pero podía usar la ignorancia del desconocido para hacerle creer que no era de esa forma.

—Ya— me congele. No literal, si no en alma.

Era la primera vez que veía a Er hablando a solas con Hiccup.

—Todos están aquí porque quieren. Luchar, un lugar para comer, una meta, simple gloria...— se encogió de hombros y pude notar como parecía suavizar un poco su expresión. —un amigo.

—No soy su amigo.

Er siempre me lo decía con enojo o frustración, pero ahí, hablando con Hiccup tan tranquilo no pude evitar sentirme intranquilo por la forma en que lo decía, por la tristeza que parecía amenguar la violencia de sus palabras.

—Ya. Entonces puedes irte cuando quieras ¿No?

—Aun no estamos lo suficientemente cerca de la cordillera del diablo.

— ¿El campamento o tú y Jack?

Espere a que exclamara o soltara una maldición, incluso ansié que le metiera un puntapié como solía hacerlo conmigo cuando le decía comentarios que lograban sacarlo de sus casillas, pero solo hubo silencio. Uno que maldije pues fue tiempo suficiente para que recordara el objetivo inicial de habernos unido al campamento de Hiccup.

—Por mí no hay problema si se van. Ustedes tienen su camino ya planeado, pero si tú o él se quieren quedar...también son bienvenidos.

— ¿Cómo soldados?

—Compañeros. No todo es negro y blanco Er.

—Gracioso, viniendo de un revolucionario que libera cuanto esclavo se le pone en frente y no deja encerrados a los violadores y traidores donde deben estar.

Aun cuando aquellas palabras no eran para mí, fueron como una aguja directo a mi espalda. Porque tenía razón...ambos tenían razón.

Ventisca comenzó a caminar, acercándose a ellos sin que yo se lo impidiera. La verdad prefería que zanjaran el tema y no avanzara su conversación a un nivel que podía ser ofensivo e hiriente para ambos.

— ¿Qué hacen tan apartados del campamento?— bromee sin querer pensar en que haríamos después...en que quería hacer yo después.

Er se limitó a poner los ojos en blanco y alejarse de nosotros.

— ¿No hay ni una broma como saludo?— alce la voz antes de que se perdiera entre los arbustos y árboles no lo suficientemente rápido para no ver la expresión taciturna que ponía al vernos de reojo. —..¿De que hablaban?

Por más que uno se pueda esforzar por no ser entrometido, es difícil no hacer esa clase de preguntas cuando tu ogro amigo se va con la apariencia de un perro golpeado.

Y claro, Hiccup no tenía necesidad alguna de mentir.

—De ustedes y cuáles eran sus planes. Estaba dando la vuelta hasta que me di cuenta que me estaba siguiendo.

Asentí mientras bajaba de Ventisca para poder caminar a la par sin que él levantara mucho la cabeza o ella se cansara del paso lento y se echara a correr.

—Me pregunto que pretendía.

—Casual.

—Si— sonrió más relajado aunque no parecía más aliviado —y la verdad, le dije que me alegraba que fueras capaz de hacer magia porque eso me dejaba más tranquilo. A donde sea que quieran ir, sé que vas a estar bien y tienes un as bajo la manga para protegerte.

Me parecía increíble la facilidad con la que Hiccup podía soltar semejante cursilería sin sentirse siquiera un poco avergonzado.

Bien, una cosa era solo decirme "sé que puedes cuidar tu propia espalda" a decirlo como lo había hecho y tener esa asquerosa y hermosa sonrisa en su rostro. Por cosas como esa no me extrañaba sentirme atraído por él.

—Hm ¿y no te mando al diablo?

—No...Pero Jack— escuchar mi nombre me obligo a girar para encarar su preocupado rostro —hay niveles y él se tiene en uno muy bajo.

Me detuve en seco sin entenderlo.

— ¿A qué te refieres?

—En que si el sigue aquí...es por ti. Y no te considera un amigo, no sé cómo ponerlo.

¿Era eso una indirecta?

No lo creí y termine soltando una carcajada amarga de solo imaginar a Er apenado por hablar conmigo.

—Si crees que está enamorado de mí, creo que debe mejorar sus tácticas de flirteo. Digo, caigo a sus pies pero solo físicamente.

—Eres lo más cercano a un amo que tiene— sus palabras llegaron como una bofetada que detuvo cualquier gracia que lo anterior pudo sacar.

—... ¿A qué te refieres?— ¿Acaso insinuaba que yo era igual que los demás que se habían aprovechado de él?

—A que...

—Mira, sí. Llegue a tener esclavos en mi casa y te considere uno, pero no tenía idea del trato que les daban. De haberme enterado que tenían ese tipo de vida habría...

Me quede en blanco pues de haber sabido eso antes las cosas no hubiesen cambiado en lo absoluto, en ese tiempo yo no tenía ningún poder o autoridad en mi casa, solo existía y con trabajos cuidaba mi propia condición como para preocuparme por alguien más.

—No, solo...olvídalo. No me refería a eso, pero creo que lo entiendo mejor.

—No creo que ninguno pueda entenderlo, la verdad— le solté con más amargura de la que tenía planeado.

Él solo asintió, dejando que lo que faltaba de tramo para terminar la patrulla se desarrollara en silencio.

Otro, que yo no necesitaba.

Lo que quería era hablar aun si era para discutir. Anhelaba tener algo en que distraerme o con que llenar mi mente que no fueran las preocupaciones de no saber usar mi magia de forma correcta, del momento en que nuestros caminos se separaran o de la posibilidad diminuta y latente de seguirlo.

De ese pequeño capricho que aparecía de forma intermitente en mi cabeza donde formaba parte de la rebelión y hacía algo importante.

Ese donde quería hacer algo, pero no estaba seguro de qué.

De un momento a otro Ventisca comenzó a agitarse, intentando zafar las riendas de mi mano y haciendo gestos para que la montara y pudiera salir galopando lejos de ahí. Hiccup y yo miramos a nuestro alrededor en busca de algún peligro o señal que nos advirtiera de la amenaza que estábamos presenciando, pero la respuesta llego por encima de nuestras cabezas con una ráfaga que golpeo nuestra nuca para hacernos voltear en dirección a donde la criatura alada gruñía.

Yo solté las riendas para que Ventisca regresara al campamento y sonreí.

Era un grifo tan rojo como la sangre y el fuego.

Y la verdad, era la primera vez que lo veía bien teniendo en cuenta que la primera vez que me revelo su forma estábamos huyendo de un montón de vendedores de personas y en la segunda quiso arrancarle la cabeza a Hiccup.

Era extraño como teniendo esa forma, su cabeza erguida estaba del tamaño de mi yegua. Pero si tomaba en cuenta que los grifos salvajes y puros podían ser tan grandes como una casa, Er se quedaba enano a lado de uno normal.

—Ey— lo salude, fingiendo que era la primera vez que nos veíamos. Dudando en acercarme pues sabía que odiaba el contacto físico y manteniendo la distancia mientras Hiccup lo veía con el mismo interés que yo.

—Parece que le agradas ¿eh?— su mano sobre mi hombro fue el interruptor que me hizo sonrojar.

—¿Tú crees?— fingí demencia al mismo tiempo que me me acercaba a él para ver las distintas tonalidades de rojos que tenía en sus plumas, entreteniendo un poco mi atención por lo suave que se sentía y lo similar que era a una de mis almohadas favoritas.

Obvio, esa era de plumas.

Alcance a ver de reojo el cómo Hiccup intentaba acariciar su pico y apartaba su mano cuando Er intento atrapar su dedo con un chasquido violento.

—Oh vamos, dale el gran privilegio de poder tocar el pico de un grifo sin perder la mano— bromee al sentirme identificado con la frustración que ahora Hiccup tenía en la cara.

Sin embargo no pude reírme por mucho tiempo al darme cuenta que Hiccup estaba viendo con demasiado detenimiento al grifo. ¿Acaso él...?

—Es impresionante— concluyo y yo sentí que podía respirar de nuevo.

Er comenzó a chasquear de forma más suave el pico, meneando la cabeza como si me invitara a caminar pero golpeando con fuerza el suelo cuando yo intente alejarme de él.

—Creo que quiere que lo montes.

Solté una carcajada un poco histérica de solo imaginarme en el aire.

—No, no. Es imposible. Los grifos no dejan que gente como yo los monte, además...no, no. Por respeto a él no voy a-

— ¿Te dan miedo las alturas?

Me mordí la lengua y maldije a los dos chicos frente a mí. Porque si no sonreían a la par, sus ojos si brillaban con el mismo toque que no me gustaba.

—...No.

Las manos de Hiccup me sujetaron de la cintura más rápido de lo que yo pude girar a huir de sus negras intenciones.

—Hiccup, no. Esto es una falta de respeto— intente convencerlo mientras me movía para zafarme de su agarre. Sintiendo que mi estómago se contraía al dejar de sentir el suelo contra la suela de mis zapatos — ¡H-Hiccup esto es serio! ¡Vas a hacer que me arranque un pie!

—No lo creo, se ve muy animado la verdad.

"Bastardo"

Pensé envuelto en pánico, aferrado como podía a la ropa de él para evitar que me bajara o tomara fuerza suficiente para subirme al lomo del grifo que parecía más divertido con cada patada que intentaba darles.

—Vamos Jack, ¿cuantas veces te ofrecí un paseo en dragón y no quisiste porque "son lagartijas escupe fuego"?

— ¡HICCUP!— apenas me soltó me vi obligado a sujétame de las plumas que tenía más cerca de mis manos. Cambiando de posición cuando Er exclamo y envolví como pude su cuello con mis brazos.

Aún no terminaba de intentar dejarme caer al suelo cuando comenzó a moverse con brusquedad. Dando tirones al moverse como si intentara tumbarme y obligándome a poner mis piernas a cada lado de su lomo antes de comenzar a trotar, trepar el árbol que vio más alto y aprovechar el impulso para salir volando directo a las copas de los árboles.

Cerré los ojos para no ver como las copas de los arboles iban alejándose y por un momento solo sentía el aire pegando en mi cabeza y el zumbido del cambio de altura que generaba en mis oídos.

Er grazno...o lo que sea que un hibrido de águila y león hace. Fue un sonido suave, algo raro en él si tomaba en cuenta lo grosero que era con sus palabras pero decidí darle una oportunidad y entre abrir un poco mis ojos.

No pude durar mucho de esa manera cuando estábamos llegando a un lago gigante donde comenzó a bajar al punto que solo planeaba cerca del agua con suavidad. Jugando con sus garras como un niño haciendo figuras en el césped y yo...bueno, yo estaba sin palabras.

Había visto ese lado en el mapa pero a caballo se encontraba a medio día de donde despegamos y por el aire...ahora entendía porque Hiccup se quejaba tanto de los caballos y alegaba que prefería tener a los dragones. El bosque ocupaba parte de lo que teníamos a nuestras espaldas, a cada lado se encontraba una menor densidad de árboles, ya fuera por la posible presencia de casas o por la aproximación que tenía la del lado izquierdo con una casona gigante que intentaba ser castillo y a la derecha un poblado que constaba más de casas de madera manteniendo su lugar con pilares de madera que las elevaban por encima del nivel del agua y conectaban unas con otras con puentes y muelles que debían soportar al menos a un hombre con la pesca del día.

Más adelante había un extraño castillo con tres torres y muros tan gastados que era imposible que alguien viviera ahí, sin embargo su sola presencia le daba un aire mágico al lugar, recién sacado de algún cuento de hadas.

A diferencia del despegue, el viento dejo de azotar contra nosotros e incluso parecía ayudarnos a mantenernos estables en una línea recta que Er seguía al agitar cada tanto sus alas para no caer.

—Es hermoso. — Grazno en señal de afirmación —ahora entiendo porque te separas a menudo del campamento.

Él solo bufo (o al menos eso me pareció) y seguimos con el recorrido que nos iba llevando al castillo de hadas a una lentitud que solo me daba una idea con lo grande que era el lago. Quizá habría sido el mejor paseo de mi vida e incluso pude verme capaz de admitir que era mejor que galopar (lo siento Ventisca), pero como aprendí en nuestro viaje todo lo bueno tiene un límite. Este llego cuando se escuchó un disparo y la alerta obligo a Er a moverse con la misma velocidad a la que había despegado. Me sujete con fuerza aunque esta vez sin cerrar los ojos y aunque nos estábamos alejando, pude ver una fila de carruajes donde algunos eran de pura carga con alimentos y otros de hierro mantenían encerradas a personas que parecían protegerse unas a otras.

—Venta de esclavos...— susurre apretando un poco la piel que tenía al alcance cuando sentí el tirón de un giro brusco que Er dio en dirección al campamento —Espera, espera. No podemos ir a saquear solo tú y yo, no es normal que tengan jaulas de hierro sólido y no se ve que...

Fruncí el ceño al ver que ignoraba mi comentario y comenzaba a volar en dirección a las carretas. Sabía que no le interesaba ni un poco liberar a los esclavos, lo había visto varias veces como para no saber que solo iba tras la comida y un escape rápido.

—No— repetí con más fuerza y sujetando su cuello para intentar obligarlo a que volteara a otro lado —Vamos a ir por los demás y entonces tendremos el botín y Hiccup podrá hacer lo que quiera con los demás. Vámonos.

Se detuvo, pero eso no significaba que estaba siguiendo mi consejo o mi lógica. Simplemente estaba considerando si arrojarme al agua o no. Pero no podía arriesgarse al punto de dejar que lo vieran, menos cuando parecían armados.

—Regresemos.

Repetí aun cuando sabía las consecuencias de plantarle cara. El agua podía ser helada pero era mucho mejor que el suelo.

Al final y para mi gran sorpresa, accedió. Con un giro cerrado, un vuelo rápido y un aterrizaje demasiado brusco, regresamos a las orillas del campamento donde Hiccup ya nos esperaba y donde no pudo atraerme a tiempo para evitar que cayera de bruces cuando Er me sacudió con violencia de su lomo.

— ¿Estas bien?

Pregunta idiota que le resolví con un manotazo en el hombro, aprovechando que no tenía su armadura y no me dolería más a mí que a él.

—Bueno, me lo gane.

—A pulso— afirme mientras Er se distraía con un conejo que diviso huyendo entre los matorrales. —Pero gracias a tu chistecito nos...Me encontré con una carga que están llevando al castillo que está en el otro extremo del lago.

La sonrisa en su rostro desapareció y aunque ver la forma tan fugaz en que se esfumaba no me hacía ninguna gracia, antepuse la situación para no distraerme.

— ¿Qué carga?

—De gente. Pero eran más de tres jaulas llenas de personas, con jaulas de hierro. Algunas carrozas tenían comida y otras eran solo cajas gigantes pero estaban tapadas con tela.

Astrid se acercó a nosotros para escuchar lo último de mi reporte con una expresión que no me gustaba pues no anunciaba ser bueno lo que diría.

—Brutacio y Brutilda llegaron a ver carros de carga a un costado del lado hace apenas dos días y yo hace tres solo vi que llevaban material.

— ¿Crees que estén organizando alguna subasta gigante?— fruncí el ceño y salte en mi lugar al sentir una mano sobre mi hombro.

¿En qué momento Er se había largado por su ropa para tomar su forma humana?

Ya tendría tiempo para preguntarle pues por el momento parecía más absorto en la información que estaban soltando.

— ¿De quién es ese castillo?— pregunto sin despegar los ojos de Astrid y Hiccup.

—La familia Langston.

Pude jurar que le tembló un ojo, pero el tic había sido tan rápido que no fui capaz de darme cuenta si Er realmente lo ubicaba o solo eran imaginaciones mías.

—Desde hace años el viejo que vive en ese castillo se encarga del marcado pesquero y brinda banquetes para las otras familias...

—Sí, ya. Solo necesitaba el apellido— Er lo corto de forma abrupta sin importarle que Astrid pareció molesta por la poca educación que estaba teniendo con la amabilidad que Hiccup le daba y la verdad si yo no lo conociera, también me sentiría así. —...Organiza cuatro. Una por estación donde son públicas para que todos los lords, barones y demás vayan y sigan haciendo negocios con él. A principios de cada estación.

Hiccup asintió aunque parecía tan confundido como yo de que tuviera conocimiento de eso.

—...Organiza otras tres y nunca tienen un patrón. Simplemente manda invitación a los lords y ladies que más le agradan y no juzga, y hacen...como dijo Jack, subastas. Pero no solo de gente, a veces también venden especímenes "exóticos" e ilegales.

— ¿Cómo lo sabes?— lo hice. Pregunte la cosa más estúpida que pude haber formulado en toda mi vida y los ojos de Er me lo advirtieron por la forma en que pareció a punto de soltarme un puñetazo en la cara.

—Por qué ahí me compraron una vez.

Apreté los labios sin querer que otra palabra se me escapara.

—No lo reconocí porque nunca me fije bien en él ¿tienes otra pregunta estúpida que quieras hacerme?

Negué con la cabeza dejando que tomara aire y se planteaba la idea de irse o quedarse ahí. Era difícil saber que iba a hacer cuando se balanceaba atrás y adelante como esperando alguna señal que le indicara el momento perfecto para dar media vuelta y dejarnos hablar a solas.

Pero no lo hizo, se quedó y de alguna manera eso solo provoco una sonrisa en Hiccup que me recordó un poco a la forma en que Elsa solía sonreírme cuando aprendía una lección por mí mismo.

— ¿Crees que puedas dibujarnos un mapa del castillo? Habrá que llegar al anochecer a más tardar para ver que no estén haciendo la venta hoy. Astrid, llama a Patán y Patapez. En caso de que ocurra una emergencia te quedas con Brutacio y Brutilda a medio camino para brindar apoyo.

La rubia asintió sin rechistar, yendo en dirección a donde sus compañeros la esperaban y escuchaban con atención sus órdenes que siguieron sin chistar con uno que otro comentario sarcástico de por medio.

—No, la verdad no. Se de los pasadizos subterráneos pero de la casa...— hizo una mueca y tomo una rama para comenzar a dibujar un cuadrado con varios picos —Tiene un salón central, son dos pisos y por lo general la mercancía-

—La gente— lo corregí.

—Bueno...— se quedó callado un momento antes de seguir. ¿Tan difícil le resultaba referirse a él de esa manera? —eso. Estábamos en las habitaciones del segundo piso y nos hacían desfilar a donde se unían las escaleras. En el centro hay una fuente donde antes tenían una nereida, no sé si siga viva.

De solo imaginar a Crys en una fuente fue...incomodo. Me daban escalofríos.

—La gente suele estar en el salón central, es enorme. Al final la fiesta termina cuando se terminan la comida y venden el último art...Persona

— ¿Sabes el nombre de quienes iban?

—...No.

Y ahí estaba, otra vez con la misma cara.

Quería preguntarle a que se debía su repentino cambio de actitud tan cooperativo, pero no pude. Me gano la palabra al no dejar que Hiccup nos dejara ahí.

—Voy contigo.

—No, te quedas con Jack.

—No te estoy preguntando, te estoy advirtiendo que voy a ir contigo. Hay una persona en ese castillo a la que le debo mucho y quiero ver que esté vivo.

Escuchar la determinación y cierta plegaría en su voz termino por alumbrar un poco mi memoria, recordando una de las tantas conversaciones que tuvimos cuando me hizo ver que las cosas que sentía por Hiccup no eran precisamente "malas"

"Hubo un lugar en el que pase más tiempo del que me hubiera gustado, era un auténtico infierno y créeme que si el cocinero no se hubiera enamorado de mí, no estaríamos teniendo esta conversación."

Si no me estaba equivocando, Er tenía todo el derecho a ir a ese lugar tanto como Hiccup.

—Este no es un paseo.

—Vamos Hiccup, si él va yo también. Danos una tarea, además el conoce mejor los pasadizos y lugares— le guiñe el ojo al ver que parecía sorprendido de que le secundara el propósito —te cubro la espalda ¿qué te parece?

Ambos me miraron con sorpresa y una empatía que le secundo en sus ojos.

—Bien, pero si la cosa se pone fea les voy a dar una bomba de humo para que puedan huir ¿ok?

—... ¿Cubrir mi espalda? ¿Y si mejor voy solo?— la burla le siguió a la pequeña llave que me lanzo en dirección a Hiccup y su risa (aunque parecía sarcástica) se notaba más relajada. —Bien, voy preparando mis cosas.

— ¿A quién quiere ver?

Me encogí de hombros, siendo consciente del abrazo suave que Hiccup aun mantenía a la altura de mis brazos sin querer apartarlo. No había sido un día precisamente productivo y si era sincero, necesitaba uno en ese momento.

—No lo sé, pero espero estar haciendo lo correcto.

—Yo creo que sí. Le vas a dar la oportunidad de reencontrarse con alguien que parece apreciar.

—Hm, creo que lo salvo— murmure para mí mismo sin despegar la vista de la cabellera roja que se agitaba más lejos de nosotros. —pero tengo...un mal presentimiento.

Y si, más tarde descubriría que, en palabras burdas y secas:

La había cagado.