Escrito originalmente por Katrina S. Forest y RaptorRowan. Portada dibujada por onichan-xd. Traducción por SpainDragonWriter.


Aquafeles refunfuñó para sí mismo mientras paseaba por el pasillo. Por un lado, probablemente debería sentirse feliz. Había estado buscando que el jefe le diera más responsabilidades en el Team Rocket por… a saber cuánto tiempo. Así que recibir una asignación de cualquier tipo solo podía ser una buena señal.

Aun así…,pensó mientras doblaba una esquina y trotaba por el pasillo de aspecto idéntico al anterior con la Masterball casi escapándosele de la boca otra vez. Aun así, hubiera estado bien que fuera un trabajo mejor que el de repartidor.

El pasillo estaba vacío y Aquafeles dejó la Masterball en el suelo un momento, ejercitando la mandíbula un poco antes de volver a cogerla. Se suponía que debía llevar a Brock a ver a Ash y Misty por separado. El jefe lo había dejado bien claro. Pero el gato acuático había hecho una promesa a Misty. Y, ¿qué podía decir? Había estado mucho tiempo aislado del exterior y muchas cosas habían cambiado en el gimnasio de ciudad Verde desde su último viaje. Realmente, si él "accidentalmente" vagaba por las habitaciones de Ash primero y al mocoso se le ocurría seguirlo hasta la zona de la piscina, difícilmente podría ser culpado de lo que pasara después.

O eso se dijo a sí mismo mientras recogía la Masterball, giraba bruscamente la siguiente esquina y arañaba la tercera puerta a la derecha del pasillo.

—¡Pika! —respondió el ratón eléctrico de Ash desde el interior de la habitación. Entonces Aquafeles escuchó unos forcejeos y el molesto sonido del ratón—. Pi-KA, ¡Pika-pi!

Ash se restregó los ojos, miró alrededor y, sin ver a ningún humano delante de él, casi cerró la puerta de nuevo. Aquafeles se aclaró la garganta con fuerza, y Ash bajó la vista.

—Oh, eres tú —dijo en un tono que se extendía por un incómodo lugar entre la cortesía forzada y una profunda decepción—. ¿Necesitas… algo?

Aquafeles dejó la Masterball en el suelo y se acarició los bigotes.

—Oh, no —comentó en un plano y sarcástico tono—. ¿Qué estoy haciendo? Se suponía que debía llevar a Brock a ver a Misty antes de venir aquí. ¿Cómo he podido olvidarme? —entrecerró los ojos y continuó sin inflexión—. Ahora vuelvo. Definitivamente no deberías seguirme.

Ash entornó los ojos como si su cerebro estuviera aplicándose a fondo para interpretar la enorme falta de sutileza de Aquafeles.

—¿Vas a… ver a Misty? —preguntó y ladeó la cabeza—. ¿Qué hay en esa Pokéball?

Aquafeles se puso firme. Sabía que Giovanni había estado manteniendo a Ash al margen sobre la transformación de sus amigos, pero ¿tanto tiempo? No hacía falta preguntarse por qué el jefe no los quería juntos en la misma habitación.

—Supongo que tendrás que descubrirlo, ¿no crees? —preguntó, cogió la Masterball y se marchó por el pasillo.

Solo transcurrieron unos segundos antes de que se escucharan los pasos de Ash y Pika-Raichu detrás de Aquafeles. El extraño trío se cruzó con diversos lacayos por el camino, pero muy pocos de ellos se dieron cuenta. Ellos simplemente dieron a Ash una educada inclinación de cabeza o un movimiento con la punta del gorro y regresaron a sus respectivos trabajos. El proceso de los mergers había salido con éxito cinco veces a estas alturas. Giovanni estaría planificando la manera de introducirlo al mundo pronto. Pronto, pero no todavía. Mientras tanto, había muchos preparativos que hacer.

Llegaron a la zona de la piscina y la cara de Ash brilló de nuevo.

—¿Misty viene aquí cuando no está entrenándote? —preguntó—. En serio, nadie puede mantenerla lejos del agua, ¿eh?

No, ten por seguro que nadie puede, pensó Aquafeles, pero se abstuvo de decirlo. Deja que el mocoso lo encaje por su cuenta. No se necesitaba el drama. Procuró empujar la pesada puerta, pero no tenía la fuerza requerida para ello. Ash dio un paso adelante y lo ayudó. Aquafeles asintió en agradecimiento, sintiéndose un poco culpable por lo que Ash estaba a punto de ver. Depositó la Masterball en el suelo y se acercó cautelosamente a la piscina. Ni Misty ni ninguno de los otros Pokémon de tipo agua estaba en la superficie, lo cual significaba que debía hundirse en el agua para llamarles la atención.

Armándose de valor, se colocó al filo de la piscina casi clavando sus garras en el revestimiento. Luego tragó saliva fuertemente e introdujo la cabeza en la piscina. Pudo ver a Misty acompañada por unos Goldeen y Tentacool dando paseos por el suelo de la piscina. No la culpaba. Si todavía no detestase el agua hasta lo más profundo de su ser, no le importaría tener un lugar tranquilo al que escapar también.

—¡Eh! —gritó velozmente—. ¡Sube aquí arriba!

Entonces sacó la cabeza de la piscina e intentó secarse sacudiéndola de un lado a otro. Misty le había dicho que tendría que acostumbrarse algún día. Ahora era su elemento, a fin de cuentas. Simplemente, él no veía por qué algún día debía ser hoy.

El agua empezó a agitarse con el movimiento que había debajo. Entonces, con un espectacular rocío de agua que capturó la luz y proyectó varios arcoíris en las paredes, Misty salió a la superficie. La pelirroja echó la cabeza hacia atrás y Aquafeles se percató de que se lo habían cortado realmente fino. Aunque no sabía si era por conveniencia de Misty o de los lacayos que la vigilaban, difícil de concretar. Las blancas aletas laterales de su musculosa cola también emergieron del agua, y ella nadó rápidamente a donde esperaba Aquafeles.

En ese rato, Ash permaneció a un lado, estupefacto.

—Yo… Yo… —tartamudeó.

Misty miró hacia él y sus ojos se abrieron. Instintivamente ocultó la cola bajo el agua.

—¡A-Ash! No… No sabía que habías venido… ¿Qué haces aquí?

Ash no contestó. En cambio, se acercó a la piscina como si hubiera sido hipnotizado. Su mirada se centró en el agua, el cual era perfectamente cristalina y sirvió para que pudiera ver la parte Pokémon que ocupaba la mitad del cuerpo de Misty con bastante claridad. Misty no intentó esconder la cola esta vez. Simplemente dejó que Ash asimilara lo que había pasado, como si ella también aún estuviera en la misma situación.

—Tú… conseguiste el merger —consiguió decir al final Ash.

Misty se acarició el brazo. El movimiento salpicó un poco de agua en Aquafeles, el cual retrocedió aún más.

—Sí —dijo tranquilamente—. Yo… agradezco los ánimos que me diste. Incluso… aunque no saliera tal y como esperaba.

—Espera, ¿mis ánimos? —Ash se restregó la cabeza. Confuso, sí, pero era algo más que eso. Se miró como si estuviera sufriendo—. Lo siento. Es solo que… recuerdo haber hablado contigo, pero no lo que te dije.

—¿No lo recuerdas? —La incomodidad de Misty al ser vista en su forma medio humana pareció disminuir cuando la preocupación tomó su lugar—. Ash, tuvimos esta conversación hace tan solo unos días.

—Lo sé, lo sé. —Ash retrocedió un poco, todavía rascándose la cabeza y apretando los dientes—. Es difícil de explicar. Pero últimamente… tengo lagunas en mi mente, como si solo tuviera borrosas imágenes de lo que ocurrió. Y, a veces, creo que recuerdo… pero, siento que esa memoria no encaja.

Aquafeles frunció el ceño. Tenía una idea de qué había podido causar esas lagunas en la mente de Ash. Eso no significaba que quisiera hablar de ello. Era mejor cambiar de tema.

—Escuchad —dijo. Misty y Ash lo miraron con las cejas levantadas. Probablemente se habían olvidado de que estaba ahí. Típico de los humanos. Bueno, algo-humanos, en cualquier caso. Meowth se acercó y empujó la Masterball que había dejado en el suelo anteriormente hacia Ash—. Si vais a tener esta conversación, sería mejor que lo hicieras con vuestro amigo.

Ash parecía desconcertado, pero los ojos de Misty se volvieron borrosos.

—Esa es la Pokéball de Brock, ¿verdad?

Aquafeles asintió firmemente.

Ash detuvo su cabeza y miró la Masterball. Soltó una débil carcajada, como si Misty hubiera contado una broma bastante pésima, pero era demasiado cortés para decírselo.

—¡O-oh! Quieres decir que esa Pokéball pertenece a Brock. Ya lo pillo. ¿Qué Pokémon hay en su interior? ¿Su Crobat?

—Ash —dijo Misty amablemente.

—¿Su Geodude? —continuó intentando adivinar Ash.

Misty apretó los dientes.

—Ash, suficiente.

—¡Oh, ya sé! No me digas que ha tenido de vuelta su Vulpix.

—¡Brock no es dueño de la Pokéball, idiota! —chilló Misty—. ¡Él está dentro!

Los ojos de Ash se abrieron de par en par, casi tanto como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago. Aparentemente, era complicado pedirle que usara preguntas estúpidas como una forma de cerrar la realidad cuando sus amigos se la tiraba a la cara. Aun así, Ash logró sentar la cabeza y darse cuenta de lo que sucedía.

—No… —expresó—. Eso es imposible.

Dice el mocoso que saltó de un edificio después de su Pikachu y milagrosamente sobrevivió. Aquafeles sacudió la cabeza. Habiendo perdido un decente pedazo de su paciencia, agarró la Masterball, saltó hacia Ash y dejó caer la Pokéball en la mano del chico. El pulgar de Ash se dispuso a la liberación, casi por puro instinto y, en un destello de luz roja, Brock apareció junto a la piscina. Incluso Aquafeles tuvo que retractarse. Conseguir a Misty fue fácil porque los guardas no solían vigilarla mucho debido a que ella no podría hacer mucho yendo por tierra, pero Brock era todo lo contrario. Esta era también la primera vez que el gato acuático lo veía. El exlíder de gimnasio desenrolló los brazos como si se hubiera mantenido en posición fetal antes de ser liberado. Mientras se estiraba, alcanzó una imponente altura, aunque nada cerca de la de un verdadero Steelix. Quizá un gran Machamp. Su cola se movió, obligando a Ash a saltar hacia atrás. Las destacables puntas de un Steelix sobresalían de su cuello y cráneo, adornando la cabeza como una corona hecha toscamente. Brock miró desorientado a un lado y luego a otro hasta que sus ojos se posaron en Misty. Su principal reacción fue aturdidora, igual que lo había estado Ash, pero había algo más que eso. Los dos evaluaron sus nuevas formas con una comprensión completamente diferente. Una lucha compartida por la que ambos habían pasado y que probablemente continuaría por el resto de sus vidas. Aquafeles podía simpatizar con ellos en ese frente, incluso si él nunca tuvo la experiencia de ser humano.

—Hola —saludó Brock, intentando sonreír, pero fallando la mayoría de las veces—. Veo que estáis bien.

Los ojos de Misty se humedecieron. Demasiado para ella poner una cara fuerte.

—Brock… —dijo con voz rota mientras lo examinaba de nuevo, dándose cuenta de lo hondo del lío en el que se habían metido—. Brock, yo…

Brock levantó una mano.

—No digas que lo sientes. Solo… no lo digas, por favor.

Ash observó a los dos con el cuerpo temblando violetamente.

—Yo… Yo… —tartamudeó—. No lo entiendo. Brock, no entiendo nada de lo que estás contando. Suena como… como…

—Como el habla de los Pokémon —lo cortó Aquafeles, su paciencia estaba al filo de acabarse—. Porque lo es. Parece que, a partir de cierto porcentaje, el idioma humano se vuelve… complicado de hablar.

—Pero Misty… —empezó Ash. Aquafeles lo detuvo alzando una pata.

—El ADN de Misty es un cincuenta y cinco por ciento Pokémon. Es normal que ella pueda comprenderle. —Guiñó a Brock—. El tuyo es un setenta por ciento, por si te interesa saberlo.

—No me interesaba —replicó enfadado Brock, pero Aquafeles se encogió de hombros.

Más o menos ya se había hecho una carrera en conseguir hacer enfadar a la gente. No había razón alguna por la cual tomaría la rabia de un humano personalmente.