Escrito originalmente por Katrina S. Forest y RaptorRowan. Portada dibujada por onichan-xd. Traducción por SpainDragonWriter.
Alguien picó a la puerta de Giovanni. El hombre se enderezó ansioso. Había visto la pequeña luz celeste parpadeando en el teléfono de su oficina; sabía que había una llamada esperándolo. Pero generalmente su personal se encargaba de filtrar las que no eran importantes. La lista de llamadas que Giovanni podía contestar personalmente era muy, muy corta.
—¿Sí? —preguntó.
La puerta se abrió y Pierce miró dentro.
—Es ella —dijo con un movimiento de cabeza y desapareció tan rápido como había asomado la cabeza en el despacho de Giovanni, cerrando la puerta detrás de él.
Por fin. Giovanni cogió el teléfono mientras se aclaraba la garganta y adoptaba su tono más educado y profesional.
—Al habla el líder del gimnasio de ciudad Verde. ¿Quién es?
Se oyó un divertido "Mph" al otro lado.
—Vamos, vamos, si trabajaras en mi gimnasio no necesitarías hacer esa pregunta.
—Veamos, ¿será porque solo admites telépatas bajo tus brazos? —dijo Giovanni suavemente, con solo el menor indicio de burla, un tono que decía que eran los suficientemente amigos como para reírse el uno del otro, ¿no?
—Porque sabemos cómo funciona la identificación de llamadas —contestó Sabrina—. En serio, Giovanni, para alguien que supuestamente ha realizado un gran avance científico, la tecnología de tu oficina está bastante anticuada.
—Sé dónde he de centrar mis esfuerzos.
Sabrina tosió levemente.
—Bueno, ya vale de formalidades. He oído que puedes conceder habilidades Pokémon a humanos.
Giovanni se humedeció los labios. Así que ya se había enterado el rumor de los mergers. Tenía que admitirlo, «filtrar» esa información sin dejar en claro que provenía de él era una forma de arte personal. Pero él lo había conseguido. Y ahora…
—Tal vez —dijo, luchando por mantener la voz tranquila—. Dime lo que has oído.
Los dedos de Giovanni temblaron y acariciaron ávidamente las dos Masterball de su cinturón. Dos exlíderes de gimnasio, ambos con increíbles poderes gracias a la tecnología de los mergers. Ambos ahora de su propiedad y bajo sus órdenes. Pero habían empezado siendo humanos normales. Aparte sus logros como entrenadores, apenas había algo más de especial en ellos. Sin embargo, ¿y Sabrina? La joven mujer había nacido con asombrosas cualidades telequinéticas, lo bastante fuertes como para rivalizar al más poderoso de los Pokémon de tipo psíquico. ¿Cómo sería si fuera expuesta a la tecnología de los mergers? Y lo más importante, ¿qué clase de poderes sería capaz de ejercer Giovanni si aplicara la misma sobredosis y la capturara igual que hizo con los otros dos?
—Puedes combinar el ADN humano con el de los Pokémon con la capacidad de megaevolucionar —declaró delicadamente. Declaró, no preguntó. Por supuesto, Sabrina rara vez preguntaba sobre algo. En el mejor de los casos, ella se reía de la gente sin demostrar cuáles de sus muchos pensamientos ya había leído.
—Es correcto —confirmó Giovanni—. El proceso aún está en pañales, obviamente, pero hemos visto un enorme progreso. Algunos de nuestros voluntarios han conseguido alcanzar y realizar movimientos Pokémon.
Hubo un largo silencio al otro lado de la línea. Lo bastante para poner nervioso a Giovanni, pero no tanto como para hacer que el hombre preguntase si Sabrina seguía allí. Habría tiempo de sobra para manipular sus decisiones. No podía empezar tan pronto. Engañar a una telépata no era una tarea sencilla, después de todo.
—Quisiera hablar más contigo sobre esto —dijo al final Sabrina—. ¿Podrías emprender un viaje a ciudad Azafrán?
Giovanni hizo girar entre sus dedos una muy cara pluma, tanto que estaba más pensada para exponerla que para escribir con ella.
—Eso se puede organizar, desde luego —contestó—. Aunque temo que mis responsabilidades como líder de gimnasio me mantengan muy ocupado en los próximos días. Por favor, permíteme enviar a uno de mis agentes por adelantado, y yo me reuniré contigo por el final de la semana. ¿Está bien?
—Lo está —respondió Sabrina—. Por favor, dile a tu agente que esperaré ansiosa nuestra reunión.
Y dicho eso, colgó el teléfono.
La mano de Giovanni tembló de emoción mientras depositaba el teléfono encima de su escritorio. Este no era un momento para involucrar las emociones. Debía ser discreto.
El poder de leer la mente de Sabrina no funcionaba a largas distancias. Por lo tanto, Giovanni no podía llegar primero; no podía acercarse lo suficiente a Sabrina para que ella se percatara de sus intenciones al completo. Enviando a otra persona… enviar a la agente Fiora, para ser más precisos, bajo falsas pretensiones aseguraría que Sabrina no se enterara de su plan. Fiora quedaría ajena al menos hasta cierto punto. La mujer había demostrado tener bastante ingenio en cuanto al reclutamiento para los mergers, pero él no confiaba plenamente en su naturaleza salvaje. Menos ahora que tenía el poder de un Absol. ¿Por qué el otro día lo había llamado a su línea privada divagando acerca de tener visiones y necesitando tiempo libre entre otras tonterías? Aunque realmente sonaba delirante. ¿Estaría probando la comida de los Pokémon, tal vez? ¿O confraternizando con el agente Pierce como una hooligan?
Daba igual. Salvaje o no, ella haría el trabajo. Estaba seguro de ello. Y cuando lo hiciera…
Una sonrisa se dibujó en sus labios en cuanto alcanzó el teléfono y realizó una llamada a la oficina de Fi. Sí, todo funcionaría perfectamente.
-0-
Ash miró a Aquafeles con un intenso odio.
—¿Cuál es la idea para que nos hayas reunido a los tres? —le gritó—. ¿Para regodearte o algo así?
Aquafeles levantó la nariz.
—Por si no os habéis dado cuenta, yo también soy una víctima en todo esto. La única razón por la que el jefe fue capaz de crear mergers para vosotros fue por todos sus experimentos con Pokémon como yo.
Por un momento, sus músculos se bloquearon, su cerebro felino le recordaba cuánto dolía. No solo el daño físico de la transformación sino por cómo le hizo sentir después. Era un paso en el proceso. Un experimento que observar, documentar y archivar mientras la ciencia avanzaba. El jefe no le importaba como se sintiera, ni siquiera una sola vez. Aquafeles deseó poder olvidar a su dueño fácilmente. Era como un estúpido Charmander esperando en la lluvia por su entrenador que no regresaría por él. Todavía quería hacer feliz a Giovanni, sin importar cuántas veces lo tumbaran.
—Pero Ash todavía no se ha combinado con ningún Pokémon —señaló Brock. Miró a Ash—. Aunque… vistes diferente.
—Ah, es verdad. No os habéis enterado —ronroneó Aquafeles, aumentando su humor. Saber algo que otros desconocían siempre había sido una forma suya de animarse—. El bobalicón aquí presente es un ejecutivo oficial del Team Rocket. Resulta que corre por sus venas la sangre del jefe.
—Espera… ¿eres el hijo de Giovanni? —preguntó Brock—. ¿Ahora trabajas con ellos?
No suenes tan impresionado, pensó Aquafeles, rodando los ojos. Es decir, en serio, tienes el ADN mezclado con el de una serpiente de roca gigante y ¿esta pequeña idea es lo más impactante que has oído hoy?
Ash sacudió la cabeza. Al menos tenía los poderes de observación para darse cuenta de que Brock le había formulado una pregunta.
—No te entiendo —le dijo.
Las cejas de Brock se fruncieron de frustración.
—Quiere saber si has apuñalado tanto a él como a Misty por la espalda —tradujo Aquafeles.
Brock dejó salir un rugido y alzó la cola.
—¡Yo no he dicho eso!
—Vale, vale, tranquilo —lo calmó Aquafeles, retrocediendo y poniendo sus dos patas al frente en modo defensivo—. Lo siento, ¿vale? Quieres saber si el bobalicón…
—¡Ash! —le corrigieron los tres amigos al unísono.
—Ash, ¿no? Quieres saber si Ash está trabajando de incógnito en el Team Rocket. ¿Es eso más preciso?
La cola de Brock descansó en el suelo de nuevo, aunque precariamente cerca de golpear a Aquafeles y tirarlo al agua en cualquier momento. Asintió en aprobación a la nueva traducción.
Ash se estrujó los dedos.
—Yo… se podría decir que trabajo de incógnito —dijo lenta y cuidadosamente—. Pero la cosa es, no estoy seguro de que a Giovanni le importe. Sabe que no le apoyo. Pero dice que, si no trabajo en su contra durante los tres próximos años, me cederá el control absoluto del Team Rocket. Incluso si la primera cosa que hago es desmantelar la organización.
Misty se rascó la barbilla, pensativa.
—Eso no tiene sentido. ¿Qué gana Giovanni al hacer un trato así?
—Nada —respondió Aquafeles—. Y Giovanni no hace tratos que no le den nada. —Estrechó sus ojos sobre Ash… la descendencia de su jefe… su futuro jefe en tres años. Si iba a sufrir por la eterna lealtad hacia el Team Rocket sin importar qué, al menos podría haber puesto su confianza en un lugar más esperanzador—. El jefe te dio esa oferta porque piensa que no desmantelarás la organización. Porque la harás mejor que nunca.
Ash asintió incómodamente.
—Lo sé. Él mismo me lo dijo. Pero… estaba tan seguro de que se equivocaba que acepté sin pensármelo dos veces.
—Siempre haces las cosas sin pensar —refunfuñó Brock. Entonces se dirigió a Aquafeles rápidamente y le dijo—: No traduzcas eso.
Aquafeles frunció el ceño, pero respetó los deseos de Brock. Misty permaneció callada en la piscina, su mirada todavía estaba fijada en el suelo de baldosas mientras su mente presumiblemente trabajaba en algunas ideas.
—Así que… ¿Qué es exactamente lo que hace que Giovanni piense que serás una persona tan diferente al cabo de tres años? —reflexionó ella en voz alta—. No pretendo ofender, pero no sueles estar a nuevas sugerencias sobre nada con tu filosofía sobre cómo ha de ser tratado cualquier Pokémon. Morirías antes de que te cambies de parecer.
Ash no se sintió insultado por su evaluación. Juzgando por la sonrisa en su cara, lo tomó como un cumplido.
—No sé por qué cualquier cosa le haría creer eso —dijo—. Si pensase que puede manipular mi mente, jamás habría hecho ese trato para empezar.
—Pero tú mismo lo has dicho, algo va mal con tus recuerdos últimamente —contrapuso Misty—. ¿Y si Giovanni tiene una manera de manipularte? ¿Algo que todavía no sabes?
—El hombre tiene algunos Pokémon poderosos —añadió Brock.
—Actual compañía incluida —corroboró Aquafeles. Brock le gruño de nuevo. Sin embargo, esta vez Aquafeles no fue intimidado—. ¿Qué? ¡Si es verdad! Si queréis actuar como si tuvierais otro dueño, adelante. No va a cambiar nada.
—¿Queréis dejar de sacarme de la conversación? —gritó Ash.
Misty se alzó sobre el agua, enviando una salpicadura. Formó una «X» con sus brazos y lanzó a todos una mirada fulminante que avergonzaría al Seviper más temible.
—¡Basta de discusiones! —ordenó. Su mirada se centró en Ash—. ¿Por qué no nos cuentas lo que recuerdas? Todo lo que puedas hasta que haya lagunas. Todo lo que puedas recordar después. Puede que así podamos resolver esto.
Ash suspiró y pasó su mano por su cabello.
—De acuerdo… recuerdo estar enfadado con Giovanni por… algo. Creo que fue cuando tú aún dudabas sobre si querías un merger o no. —Asintió a Misty y ella le devolvió el mismo gesto—. Estaba preocupado, y fuimos a esa habitación oscura a hablar. Recuerdo salir de ahí más calmado. Y después estoy convencido de que fui a hablar contigo, pero… No tengo claro lo que nos dijimos.
—¿Y qué es lo que sientes hacia Giovanni ahora? —preguntó Aquafeles.
—Creo… —Ash estaba visiblemente luchando ahora. No como si no tuviera palabras, sino como si ni siquiera tuviera los pensamientos para transformarlos en palabras—. No me gusta —concluyó al final—. Cuando pienso en él, normalmente me enfado. Pero entonces… una parte de mi me dice que no debo estar enfadado. Es realmente extraño. Lo siento… No puedo explicarlo mejor.
Misty y Brock intercambiaron una mirada, preocupados y perdidos. Nada sorprendente. Aquafeles, para su propio desagrado, tampoco tenía esos sentimientos.
—Mencionaste que hablasteis en una habitación oscura —recalcó—. ¿Solo estabais tú Giovanni? ¿O también había Pokémon ahí dentro?
Ash frunció el ceño.
—Ahora que lo dices… creo que sí había Pokémon en la habitación. No parecían muy interesados en Giovanni… creo, que estaban más pendientes de mí.
—¿Qué tipo de Pokémon? —preguntó Brock.
Aquafeles no le tradujo. Era una pregunta con una muy fácil respuesta.
—Pokémon de tipo fantasma —le contestó, luego regresó a Ash—. Conozco ese lugar del que hablas. Es una habitación llena de Pokémon fantasma. —Hizo una pausa y se encogió de hombros—. Concretamente, de Bannette y Shuppet. He oído que son usados, pero… —Miró a Ash cuidadosamente—. Pero es la primera vez que veo los efectos por mí mismo. Los Pokémon fantasma puede alimentarse de los recuerdos y emociones de alguien, dejando a sus víctimas abiertas a mentiras. Falsos recuerdos. Si no estás seguro de lo que ocurrió hace unos días, diría que el jefe los ha usado contigo más de una vez.
Ash empezó a temblar otra vez.
—Entonces, estás diciendo que si Giovanni me hace eso las suficientes veces… ¿seré como él?
—Eh, mira el lado bueno —dijo Aquafeles—, heredarás algunos Pokémon excelentes. Tus amigos podrán ir incluso de aventuras Pokémon juntos de nuevo. Solo, ya sabes, dos de vosotros esclavizados al tercero.
Ash se quejó, pero no replicó.
Brock cruzó los brazos.
—Guau —gruñó sarcásticamente—. Sí que iluminas cualquier habitación en la que entras, ¿eh?
—Es un regalo —contestó Aquafeles, luego se acercó a Ash. Tal vez había sido demasiado duro con él. El chico sostenía la cabeza entre sus manos y sollozaba más de lo que Misty había tenido.
—Lo siento mucho —lloró—. Nunca estarías aquí si no fuera por mí. Todo este lío… todo es por mi culpa.
Misty movió a la cola, enviando un chorro de agua que empapó a Ash e hizo retroceder cautelosamente a Brock.
—¡Tranquilízate! —le gritó—. Brock y yo decidimos venir aquí contigo. ¡Nada de esto es tu culpa!
—P-pero… el merger —sollozó Ash con los ojos enrojecidos—. No lo ibas a hacer hasta que hablé contigo.
Brock murmuró algo por lo bajo.
—¡Exactamente! —dijo Misty, entonces recordó que Brock necesitaba traducción—. Brock dice que dejes de adularte, no eres tan convincente.
Ash soltó una débil carcajada que se convirtió en otro sollozo. Se secó las lágrimas con las nítidas mangas blancas de su uniforme. Giovanni habría tenido una satisfacción. Aun así, por muy patético que se viera el chico, Aquafeles tenía que admitir que había algo en él que envidiaba. Él siempre había puesto sus emociones a un lado en casi todo. Las consecuencias de parecer débil frente al jefe no valían la pena. Pero Ash estaba bien con sacarlo todo. Le daba igual si se veía totalmente patético. Él solo sabía que quería llorar, y así hizo. Había algo refrescante en eso. Algo que Aquafeles se atrevió a esperar que el jefe no fuera capaz de aplastar.
—Lo siento —repitió Ash, con algo de hipo por todo—. Ya estoy bien. Yo… necesito pensar.
Ash se puso a pasear por el suelo de baldosas. No fue exactamente la mejor de las ideas, pues el suelo estaba mojado y, por tanto, resbaladizo por el agua que había tirado Misty, y las suelas de las botas de Ash no tenían el mejor agarre del mundo. Casi se resbaló y cayó de espaldas dos veces. Pero lo que fuera que hiciese, parecía que ayudaba a su cerebro a funcionar.
—Si solo hubiese una forma…
Su voz se apagó, sus ojos miraron a algo inexistente en la distancia. Era muy incómodo. Jessie y James solo tenían esa clase de expresión en sus rostros cuando estaban a punto de intentar una grande y extrema idea que solo podía fallar estrepitosamente.
—Has dicho… que los Pokémon de esa habitación… son todos Banette y Shuppet, ¿no?
—Sí, ¿Y?
—Entonces, ¿por qué no se atacan entre ellos? —preguntó—. ¿Por qué no van por los recuerdos de otro?
Aquafeles se encogió de hombros.
—Supongo que no son atrayentes para ellos. Prefieren a los humanos o, al menos, otros Pokémon bastante diferentes de ellos.
—Cierto —asintió Ash, como si fuera la respuesta que quería oír—. Entonces, ¿Y si… digamos… dejara de sentirme lo suficientemente humano? ¿Si me pareciera más a uno de ellos? ¿Crees que me dejarían en paz?
Las caras de Brock y Misty palidecieron de terror. Brock ladró:
—Ash, ¿estás loco? —Y Misty lo tradujo.
—¿No entiendes lo que pasó? —continuó ella—. ¡Ya no somos suficientemente humanos para ser entrenadores! Y no estoy diciendo esto para hacerte sentir mal, lo digo para recordarte lo que puedes perder. Se supone que tú eres quien puede desmantelar al Team Rocket. Oficialmente y desde dentro. ¿Para qué sirve que Giovanni te convierta en un Pokémon fantasma bajo sus órdenes?
—No lo hará de todas formas —dijo Meowth—. Giovanni no quiere otro híbrido entre Pokémon y humano en una Masterball en su cinturón. Quiere un heredero leal, alguien en el que pueda contar para continuar su legado mucho después de que fallezca. — Se lamió la pata y reculó ante la presencia de escamas en su piel en vez de suave pelo. Los viejos hábitos tardan en morir—. Además, incluso si estuviera dispuesto a darte un pequeño merger… algo que te dejara más humano que Pokémon, ¿no crees que tendría el sentido común para ver a través de este plan tuyo? Te lo prometo, no habrá ninguna Banettita en tu lista de opciones.
Ash bajó la cabeza. Aquafeles de verdad quería pensar que esto sería el final de la conversación. Pero también quería creer en muchas otras cosas. Quería creer que podía, de alguna forma, volver a ser un Pokémon de tipo normal. Quería creer que de verdad le importaba al jefe, a pesar de todas las evidencias que decían lo contrario. Desear una cosa no la hacía real. Y Aquafeles tenía la incómoda sensación de que, con esta nueva idea suicida en el cerebro de Ash, no había ninguna forma en la que el chico lo dejara ir.
—Vamos —dijo al fin—, será mejor que salgamos de aquí antes de que alguien nos vea juntos.
Ash asintió y comenzó a caminar hacia la puerta, pero la mirada pensativa se negó a abandonar su cara, sin importar lo que le dijera nadie.
