Escrito originalmente por Katrina S. Forest y RaptorRowan. Portada dibujada por onichan-xd. Traducción por SpainDragonWriter.
La habitación estaba en silencio y calma.
Era temprano por la tarde, y Samina había decidido que necesitaba un descanso. Su apartamento en el corazón de ciudad Azafrán era la viva imagen del lujo igual que la mansión familiar en Alola, y ella se retiró a su ostentosa habitación con largas cortinas de seda y una cama de gran tamaño que parecía sofocante con solo una persona en esta.
Gladio estaba de pie frente la puerta de la habitación de su madre y observó su pecho subir y bajar suavemente. A veces, se volvía bruscamente o soltaba un pequeño gemido debido a la sensación de seguir en el interior de ese monstruo Nihilego todavía rondando en sus recuerdos.
Hablar con Bill, el investigador Pokémon, la había ayudado bastante. Y aun así no había sido capaz de volver a Alola. En Kanto, Samina se sentía segura, se lo había dicho a sus hijos. En Kanto, podía pretender que ninguna de las horrorosas acciones que había cometido realmente hubiera ocurrido.
Siendo completamente honesto, Gladio detestaba la forma en la que ella se mentía. Pero Lylia estaba feliz de tener a su madre de vuelta. Por el bien de mantener la paz en la familia, Gladio debía fingir que también estaba bien con eso.
Gladio sintió un cariñoso golpe a su lado y se giró para ver a su Silvally intentando poner su mano en su cabeza con la finalidad de que lo acariciara. Gladio sonrió y cedió a la petición del Pokémon. Entonces, lenta y silenciosamente, cerró la puerta de la habitación y se marchó por pasillo.
A penas dio unos cuantos pasos antes de que su teléfono empezara a vibrar. Gladio miró la pantalla. Al principio, pensó que alguien lo había llamado por error ya que no reconocía el número. Luego se dio cuenta de que el prefijo de este era local. Alguien lo estaba llamando desde ciudad Azafrán. En ese caso, Gladio tuvo una incómoda sensación de saber exactamente quien era el que estaba al otro lado. Lo único que no sabía era por qué.
El teléfono solo sonó dos veces antes de que Gladio respondiera.
—Gladio —dijo Sabrina a modo de saludo.
—Y-Yo… Sabrina. Sí. Hola —tartamudeó el joven—. Lo siento. Solo es que… ha pasado bastante tiempo.
Sabrina asintió pensativa. Sí, habían transcurrido varios años desde que las dos mitades de la familia se habían puesto en contacto entre ellas. Quizá Sabrina y Samina habían decidido que, dadas sus desafortunadas tendencias del conseguir niveles de poder poco saludables, era mejor no interactuar entre ellas.
—Bueno —soltó Gladio torpemente—. ¿Por qué me llamas ahora?
Siempre al grano. Sabrina admiraba eso de él.
—Porque necesito que vengas al gimnasio de ciudad Azafrán. Exactamente dentro de una semana desde hoy.
—Estoy… —respondió Gladio antes de que Sabrina lo interrumpiera.
—Estás en Kanto. Concretamente, te hospedas en el apartamento de tu madre, no muy lejos de aquí. Planeas visitarla durante una semana y luego volar de vuelta a Alola.
Hubo un gruñido de frustración al otro lado de la línea.
—¿Sabes? Hablar contigo, incluso a distancia, sigue siendo uno de los hechos más desconcertantes de mi vida.
Sabrina sonrió. Habría mentido si dijera que no disfrutaba incomodando a la gente con sus poderes. Y pronto, ese poder sería más grande de lo que ella jamás podría imaginar. Por supuesto, sería fácil de atrapar y manipular. De ahí que necesitase a Gladio.
—Cuando llegues, una de mis asistentes te entregará una Masterball —le informó Sabrina—. Escóndela de inmediato y dirígete al área de combate. Estaré… sometiéndome a un procedimiento allí, muy probablemente bajo la supervisión de Giovanni, el líder de gimnasio de ciudad Verde.
Gladio se mofó del nombre.
—¿Líder de Gimnasio? Más bien el jefe de la mafia. Estuve en el Team Skull, Sabrina. No era la mejor banda del mundo, pero sabían quiénes eran sus enemigos. ¿Por qué harías algo con el jefe del Team Rocket?
—Eso no es de tu incumbencia —replicó Sabrina tranquilamente—. Ahora, necesito que lleves contigo a tu Pokémon más poderoso. Es posible que la puerta esté vigilada y tendrás que defenderte. En algún momento, la cerradura de la puerta se romperá y esta se abrirá. Entonces entras y me lanzas la Masterball.
—¿A-A ti? —preguntó Gladio—. Perdona, pero no…
—Después —continuó Sabrina relajadamente—, te retiras y tomas el primer vuelo a Alola. Descansa un tiempo si tienes la oportunidad. ¿Puedes hacer todo esto por mí, Gladio? Es importante.
Gladio apretó los dientes. Sabrina podía sentir su vacilación a través del teléfono. El joven no tenía ni idea de lo que le estaba preguntando o por qué, y Gladio nunca había sido de aquellos que actuaban sin evaluar las consecuencias. Y aun así eran familia. Si Gladio tenía un punto débil, era que siempre lo daría todo y más por la familia.
—Puedo hacerlo —dijo con firmeza.
Sabrina exhaló un suspiro de alivio. Una cosa era ver una visión del futuro y otra era verlo en la realidad.
—Gracias —dijo Sabrina seriamente—. Este ha sido un sueño mío durante mucho tiempo. Te veré en una semana.
Y dicho eso, colgó el teléfono.
-0-
Sabrina habló con Zoe después. Primero le recordó amablemente que era la segunda al mando del gimnasio y si le ocurría cualquier cosa a Sabrina, se esperaba que Zoe tomara todas las responsabilidades del mantenimiento del gimnasio, conservando su sólida y prestigiosa reputación.
Como era de esperar, Zoe no se cautivó por esos recordatorios y quería saber por qué Sabrina se los daba.
—¿Está planeando que algo le suceda? —preguntó urgentemente—. ¿Está enferma? ¿En peligro? —Se apretó las manos, preocupada.
Sabrina sonrió y sacudió la cabeza.
—No a tu primera pregunta.
Zoe esperó un momento antes de pedir más respuestas.
—¿Y… a mi segunda?
—No mientras juegue bien —contestó Sabrina—. Ahora, tengo algo que cuestionarte. ¿Te acuerdas de Samina? Mi prima segunda de la parte de mi madre.
—Aquella que casi provoca un accidente cósmico en Alola —añadió Zoe.
—Excelente, veo que te acuerdas. Bien, su encantador hijo va a venir a visitarme la próxima semana y, desgraciadamente, temo que no esté inmediatamente disponible para verlo. Pero tengo un regalo para él. Por favor, asegurate de que lo recibe.
Sabrina tiró de la mano de Zoe y colocó una Pokéball firmemente en su palma. Zoe miró la elegante superficie púrpura del dispositivo y sus ojos se abrieron de par en par.
—¡E-Esto es una Masterball! —gritó—. ¿De dónde has podido conseguir…?
Sabrina levantó una mano.
—Sabes cuánto detesto las interrupciones. Ahora, cuando Gladio reciba este regalo, obviamente querrá darme las gracias por ser tan generosa. Por favor, enséñale el camino hacia el área de entrenamiento del gimnasio. Haz esto independientemente de cualquier orden que yo o Giovanni te demos esa tarde.
Zoe apretó con fuerza la bola morada. Le temblaban las manos.
—Sí —dijo con una obediente reverencia—. Lo entiendo.
Zoe se dio la vuelta para retirarse, pero se paró delante de la puerta. Sin mirar a Sabrina, añadió:
—Por favor, señorita Sabrina. Tenga cuidado.
Acto seguido se marchó sin esperar una respuesta.
