Escrito originalmente por Katrina S. Forest y RaptorRowan. Portada dibujada por onichan-xd. Traducción por SpainDragonWriter.


Fi despertó en un suelo de mármol. Cerca, un rastro de cenizas perfumadas flotaba desde un extinguido brasero de mármol. Pierce estaba a su lado, y parecía ser el único que se había dado cuenta de que Fi había despertado. El resto de la habitación era un caos. Estudiantes vestidos de blanco corrían de un lado a otro, gritando a viva voz. Más de tres de ellos sostenían a Sabrina entre sus brazos y trataban sacarla de la habitación. Otros dos atendían a su Alakazam, el cual estaba inconsciente.

—¿Qué…? —Fi se escuchó a sí misma soltar un bufido. Le dolía la cabeza—. ¿Cómo…? —Se apoyó sobre los codos y se sorprendió al ver que todas las paredes de la pequeña cámara ahora estaban fragmentadas y esparcidas por el suelo.

Espejos. Espejos rotos.

—Fue por el incienso —dijo Pierce—, Se suponía que debía ponerte en una especie de trance o algo por el estilo. Pero Sabrina no contaba con tu altamente desarrollado sentido del olfato y te desmayaste antes de que pudiera explicártelo.

Una risa salió de la boca de Fi. Se dejó caer sobre el frío mármol, consciente de sus agotados músculos que ya no eran inútiles ni frágiles. Consciente de que sus afiladas garras dejaban pequeños surcos en la superficie del suelo. Y consciente del tamboreo en su cabeza cuyo sonido había dejado de ser agresivo o amenazador, sino que ahora formaba parte de ella. Como un latido del corazón. Este era el poder que nadie podía arrebatarle. Que nadie podía detenerlo. Ni sus padres. Ni Sabrina. Y definitivamente tampoco la inútil descendencia de su jefe.

Pierce todavía divagaba.

—Entonces gritaste, y toda la habitación se hizo pedazos. ¿Era eso… un Canto Mortal?

Fi no respondió. De hecho, su risa aumentó hasta que su pecho empezó a dolerle y sus ojos se pusieron a lagrimear. Su voz resonó siniestramente por toda la cámara, volviéndose casi delirante. Fue, por decirlo suavemente, inmensamente satisfactorio.

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Sabrina estaba en la sala de recuperación, mirando la cama donde descansaba su Alakazam. Los azulejos de la pared brillaban con un limpio tono blanco; el piso olía a químicos con aroma a limón. Alakazam abrió los ojos lentamente y giró su gran cabeza para toparse con los ojos de su entrenadora.

—¿Alakazam…Ala…? —preguntó, confuso.

¿Qué me ha golpeado?, entendió Sabrina gracias a la telepatía. Ella suspiró y sacudió la cabeza.

El movimiento Canto Mortal. Lanzado por un humano, respondió Sabrina mentalmente.

Los ojos de Alakazam se abrieron de par en par, llenos de incredulidad. No era que no confiase en ella, sabía perfectamente que mentir a través de la telepatía era prácticamente imposible. Y su vínculo era demasiado fuerte para falsedades. Pero, aun así, la realidad de la que el Pokémon había sido testigo era difícil de asimilar. Sabrina había lidiado con lo mismo. Una cosa era saber la teoría de que lo que era capaz alguien con habilidades Pokémon. Y otra muy distinta era verlo en persona.

Así que… ¿este es el poder que quieres?, preguntó Alakazam, interrumpiendo los pensamientos de Sabrina.

Sabrina asintió.

Sí. No tengo dudas. Quiero llevar mis habilidades al siguiente nivel. Quiero…, cerró los ojos junto a su Pokémon, la criatura que había estado a su lado en todas las luchas por las que habían pasado. Incluso cuando su padre había huido temeroso de ella. Incluso cuando todos sus amigos la abandonaron. Quiero ser la entrenadora más fuerte posible para ti. Tu igual.

Ya lo eres, respondió Alakazam con una sonrisa. Pero si es tu deseo, sabes que tienes mi apoyo.

Sabrina asintió.

—Entonces contactaré con Pierce y Fi de inmediato. —Levantó la mano para atraer levitando el teléfono hacia ella, pero Alakazam se le adelantó y ya lo había hecho por ella. Sabrina asintió en señal de agradecimiento y arrancó el dispositivo desde el aire.

Sabrina habló primero con Pierce. Se disculpó por haber juzgado mal la rapidez con la que el incienso afectaría a Fiora. También agradeció a ambos por la poderosa demostración de lo que un merger era capaz de hacer. Y le comunicó que se asegurara de contactar con Giovanni lo más pronto posible.

Sabrina casi colgó el teléfono en ese instante. Pero cuando escuchó una voz apagada de fondo, no pudo evitar señalarlo.

—Si tu compañera está disponible, me gustaría hablar con ella también, por favor.

Se escuchó el sonido del teléfono cambiando de manos. Sabrina también oyó el girar de las cuchillas de un helicóptero haciéndose más y más fuerte de fondo. ¿Ya se iban? La visita sin duda no duró mucho.

—Fi al habla —llegó la aturdida voz de Fi.

—¿Cómo te encuentras? —preguntó Sabrina.

Fi murmuró algo coherente como respuesta.

—¿Perdón?

—Me siento como si un camión me hubiera atropellado —dijo al fin Fi—. Pero… también me noto mejor ahora que antes de venir. Pierce me ha dicho que has encontrado mi demostración… esclarecedora.

Sabrina sonrió. Una excitación parpadeó en su pecho.

—Desde luego. Te deseo una rápida y pronta recuperación. Gracias por tu asistencia.

—Sin problemas. —Fi sonaba regocijada y distante a la vez—. Sin ningún problema…

Y con eso, la línea se cortó.

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Fi colgó el teléfono, se metió en el helicóptero y súbitamente se desplomó por cansancio. Tras su apresurada retirada del gimnasio de Sabrina, su adrenalina maníaca se había esfumado, dejándola completamente agotada.

Pierce se tomó su tiempo para prepararse a la hora de despegar, procurando mantener el ruido bajo mientras Fi roncaba en el asiento de atrás. En más de una ocasión miraba hacia atrás, atraído por su hipnótica respiración. Una vieja costumbre de cuando ella estaba enferma. Demasiadas veces se había quedado prestando especial atención a cada exhalación solo por seguridad.

Al cabo de un rato, Pierce descubrió que las palabras de Sabrina molestaban su mente. La líder de gimnasio había sonado tan segura de que Fi y él eran algo más que amigos…

Lo había dejado lleno de extraños sentimientos.

La verdad era, que Pierce se había planteado preguntar a Fi acerca de ser algo más que amigos. Muchas veces si estaba siendo honesto consigo mismo. Fi siempre lo había visto más como un niño callejero o un delincuente. Lo había empujado a llegar a donde estaba ahora en el Team Rocket. Y él se había enamorado de ella por eso. Pero siempre había dado con alguna excusa para dar marcha atrás. Antes del merger era sencillo. Fi le había dicho que no se le acercara mucho, y él estaba decidido a respetar sus deseos. Pero, ¿y ahora? Fi tenía por delante una vida llena. Una vida en la que él quería formar parte.

Pierce apartó la mirada cuando Fi se movió, dándose cuenta avergonzado de que se había pasado unos sólidos diez minutos cuando debía haber estado concentrado en llevarlos de vuelta a casa.

Sus ojos volvieron al GPS, y Pierce empezó a programar la ruta para que el piloto automático hiciera su trabajo. Sus dedos se congelaron cuando la pantalla mostró la imagen de una montaña azul brillante acompañado de un nombre familiar.

El Monte Plateado. Fi siempre ha querido visitarlo.

Pierce hizo ademanes con los dedos, tentado de cambiar de rumbo. Estaría rompiendo el protocolo. Lo suficiente como para recibir una amonestación y un recorte salarial. Por otro lado, el suero de los mergers había sido un éxito. Habían enganchado a Brock, Misty y ahora a Sabrina. Si eso no era un motivo para tomar un pequeño descanso, nada lo sería.

—¿Planeando un viaje?

La voz de Fi rompió el silencio, sacudiendo a Pierce como un Impactrueno bien dirigido. Él movió las manos rápidamente y nervioso cambió la imagen de la pantalla.

—No. ¿Por qué lo dices?

Fi se rio entre dientes.

—Eres un pésimo mentiroso. Siempre lo has sido.

—Humph. —Pierce sintió calor en la nuca, pero mantuvo la mirada fija en el GPS mientras Fi se deslizaba hacia el asiento del copiloto.

Fi estiró los brazos por encima de la cabeza y bostezó tan fuerte como un Snorlax antes de abrocharse el cinturón.

—Esta bien. Sinceramente, me gustaría tomar un desvío rápido, si no te importa.

—¿Oh? —Pierce arqueó una ceja—. ¿A dónde?

—A una tienda Pokémon. Preferiblemente a una que venda Ultraballs. Por supuesto, Tendré que pedir prestada tu licencia, solo por esta vez. Hasta que tenga en orden la solicitud y consiga que el jefe lo firme.

—Ah, entiendo —asintió Pierce con una sonrisa ligeramente horripilante asomando en su cara—. Creo que eso se puede arreglar. —De hecho, se aseguraría de que así fuera. Golpeó con los dedos el tablero cuando una nueva idea le vino a la mente. Mientras buscaba en su cinturón, intentó sofocar los Butterfree que revoloteaban en su estómago a la vez que sacaba una Pokéball vacía y se la entregaba a Fi—. En ese caso… ten. —La sensación de los Butterfree aumentó en su pecho cuando vio la cara de emoción en el rostro de Fi—. Un préstamo —le dijo—. Hasta que captures a tu propio equipo.

Los ojos de Fi se pusieron llorosos, lo cual sorprendió a Pierce. Y a ella misma también, viendo el extraño sonrojo en sus mejillas mientras se frotaba los ojos.

Pierce fingió no haberse dado cuenta y rápidamente rompió el silencio que se había creado.

—Sé que no es el típico Pokémon inicial con el que empezarían todos los nuevos entrenadores, pero él te quiere, y estoy seguro de que seguirá tus órdenes.

Fi cogió la Pokéball de Absol en su mano con garras, mirándola con el afecto de un entrenador.

—Gracias, Pierce —dijo al fin, su garganta se atascó un poco—, de verdad eres demasiado bueno conmigo.

Pierce se encogió de hombros, volviendo su atención de nuevo a los mandos para esconder una sonrisa.

—Supongo que soy un tonto sentimental de esa manera.

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Sabrina no tuvo que esperar ni media señal de teléfono antes de que Giovanni respondiera a la llamada. Curioso. Era casi como si estuviera esperando ansioso que lo llamara.

—¿Y bien? ¿Cuál es tu opinión? —preguntó a modo de saludo. Sabrina siempre podía contar que el hombre era franco.

—Lo admito, estoy impresionada —contestó—. Considérame convencida. ¿Cuándo puedes venir?

Giovanni hizo una pausa rápida, aunque deliberada. Probablemente para dar la ilusión de que no había planeado todos los ángulos de la conversación en anticipación—. Nuestro equipo está estacionado aquí. Si puedes viajar a ciudad Verde…

—Me temo que he de insistir en realizar el procedimiento aquí. Responsabilidades de gimnasio y todo eso, ¿recuerdas? Seguro que lo entiendes.

Giovanni gruñó.

—Muy bien. Prepararemos el equipo para el viaje. Puedo presentarme allí con mi personal en una semana. ¿Eso cumple tus necesidades?

Sabrina echó una ojeada al calendario. El día que ya había planeado para que Gladio llegara estaba marcado con un círculo rojo. Era bueno saber que sus habilidades de predicción no la decepcionaron. Incluso siendo solo una humana.

—Las cumple perfectamente —respondió ella—. Te veo entonces.

Y colgó el teléfono antes de tuviera la ocasión de realizar una segunda predicción.