Sentimientos Encontrados

Capítulo 1: Hacia donde el viento se avecina.

El viento y el mar son como dos almas gemelas. Espejos de la realidad quienes expresan sus emociones al unísono. Si la mar está serena, el viento la acompaña brindándoles a los marineros la tranquilidad de una brisa que los guía suavemente hacia sus destinos, o se fuga de sus labores, desolando al mar sin su vivaracho movimiento. Cuando se termina la paz e inicia la tormenta, en correspondencia al enfurecido mar, el viento embiste fuerte e iracundo toda embarcación a su paso. Llevándose consigo: los cuerpos, las almas, las plegarias, las maldiciones, la sangre, los alimentos y los mayores amores de este mundo. Arrebatan todo lo vivo y no vivo de la tierra, son ladrones, asesinos, hermanos pendencieros que florecen bellamente cada día. Por muchos males que lleguen a causar el viento y el mar, nadie puede vivir sin ellos, pues son la energía de la vida, eternos compañeros de la aventura. La mar, tranquila, misteriosa, fructífera y duradera; el viento, alegre, alterable, conocedor y viajero. Dos amigos, camaradas, rivales y amantes, formas inseparables del camino, destinados a estar unidos. Él en un principio creía que permanecerían juntos para siempre, como el viento y el mar. Lo había pensado desde la primera vez, desde aquel bendito día que se entrelazaron sus senderos.

(Recuerdo)

Todo empezó como cualquier otro día, los rayos del sol iluminaban el campo a través de la ventana, sin embargo, se sentía un tono grisáceo que coloreaba los alrededores de tristeza. Este tono había permanecido presente durante mucho tiempo, incluso él sabía la razón por la que se mantenía. Perdiendo a sus progenitores, una señorita había heredado toda la fortuna de su familia, lo que la volvía la actual propietaria de la mansión en la colina, pero no importa cuánto dinero se le fuera otorgado, nada podría devolverle la felicidad ante la gran pérdida que se le suponía. Un profundo sufrimiento, una chocante soledad, son las emociones que inundan a quien se le ha arranca lo más importante en la vida. Él lo sabía mejor que nadie, pues ya había experimentado ese sentimiento, tras perder a su madre, hace ya mucho tiempo. Cruel emoción hasta tal punto que ni llorando un océano pudo curar sus heridas; aún después de varios años, dolía tanto como el primer día. El saber que había alguien que soportaba sobre sí la misma conmoción contra la cual él luchaba todos los días, no pudo evitar querer ayudarle y antes de darse cuenta, estaba corriendo en dirección a la mansión. Traspasando por una profunda pared de hierba, llegó al jardín de la casa sin tener que enfrentarse a los molestos guardias y una vez allí, vio en el segundo piso de la mansión una desolada ventana abierta por la cual bailaban las cortinas al viento. Sin otra opción para alcanzarla, trepó por un árbol plantado justo al lado de la mansión, llegó hasta una gruesa rama perfectamente ubicada a la altura de la ventana y allí la conoció por primera vez. Había oído hablar de ella desde siempre, pero nunca consiguió verla, nunca, hasta ahora. La única hija de una familia rica que vive en el tope de la colina, quien con su amabilidad y belleza cautivaba los corazones de todos. Siempre se la imaginó como una princesa, no obstante, nunca esperó sorprenderse a sí mismo, pero la realidad superó a la fantasía. Aquella preciosa muchacha, de largo cabello rubio cual radiante sol, de ojos azul puro cual par de zafiros marinos, con esa piel blanca cual copo de nieve y débil figura ofrecida, yacía frente a la ventana ahogándose en sus penas cuando de repente él apareció para sorprenderla.

Kaya-¿¡Quién eres tú!?

Usopp-Soy Usopp. ¡Soy un bravo guerrero del mar! Últimamente pareces estar triste. Deja que te cuente una historia.

No había la mínima malicia en sus palabras, sin embargo, por el simple hecho de ser palabras de un extraño, no fueron bien aceptadas.

Kaya-¡No quiero escuchar tus historias! ¡Por favor, vete o llamaré a los guardaespaldas!

A pesar del duro golpe recibido, Usopp no se rindió, continuó insistiendo una y otra y otra vez hasta que por fin pudo despertarle un mínimo interés. Ya atraída su atención, todo dependía de sus habilidades para contar historias, y de ellas, se sentía orgulloso. Desde lo más insólito de su ser y su vasta imaginación, no dejaba de sorprender a la muchacha con las más descabelladas mentiras. El tiempo pasó corriendo, para cuando terminó de contarlo todo, eran las cinco de la tarde. Se disponía a marcharse, pero no sin antes declarar algo.

Usopp-Si la señorita lo desea puedo venir de nuevo mañana.

Esta vez no mostró negativa alguna, solo despidió refinadamente a su inesperado visitante y sintió un poco de paz, pues, aunque para ella resultó un día triste, encontró una pequeña liberación de su dolor tras la historia de aquel joven. Ella era un libro en blanco; él era el mejor escritor. Sin poder imaginarse su próximo relato, sus emociones fueron cambiando. Día tras día, encuentro tras encuentro, la señorita fue expidiéndose de sus pesares y en muy poco tiempo comenzó a llamarlo amigo, y algún tiempo después, comenzó a pensar en él de una manera completamente diferente.

(Presente)

Los recuerdos siempre arrasan con más fuerza que cualquier golpe, sobretodo, si son recuerdos preciados para la persona. La lluvia había parado de fluir, había vuelto la calma. Nami reunió a todos en la proa y comenzó a explicar sobre el curso del barco.

Nami-Estamos casi llegando al final de nuestro recorrido. Puede que estemos en aguas seguras, pero no podemos confiarnos. Nuestros nombres son reconocidos mundialmente y nuestras recompensas son las más deseadas, por lo que puede ser que incluso aquí nos vengan persiguiendo. ¡Así que todo el mundo vigile sus espaldas y no hagan ninguna tontería cuando lleguemos a tierra!

A Usopp le dio una extraña sensación, no por la posible persecución de algún marine o cualquier otro posible enemigo, era porque sabía hacia donde dirigía el barco su curso. Una mezcla entre alegría y nerviosismo, le resultaba la idea de regresar a la villa. A lo largo de sus incontables aventuras, había tenido el deseo de volver, aunque fuera solo un día, pero ahora, justamente ahora que por fin partía rumbo hacia allí, no se creía con el valor para ello. Después de tantos largos años sin verse, sin cruzar palabras, sin dar presencia de sí mismo no más que en las noticias del periódico, pensaba que no sería bien recibido, ni por ella ni por los demás. Peleando contra sus propios problemas internos, Usopp dudaba de su futuro, pero por mucho que quisiera, ya no podría cambiar nada. Toda ruta le llevaba hacia donde el viento se avecina.