Escrito originalmente por Katrina S. Forest y RaptorRowan. Portada dibujada por onichan-xd. Traducción por SpainDragonWriter.
Gladio agarró la Masterball entre sus manos, aún caliente de su reciente captura. Se había preparado mentalmente para este momento tanto como pudo. Pero la cuestión era que él siempre había tenido éxito actuando desde las sombras y pillando por sorpresa a sus enemigos.
Ciertamente, en esos momentos estaban pasmados, pero en cuanto a actuar desde las sombras… Gladio no tuvo suerte. Se encontraba en una sala llena de lacayos del Team Rocket, científicos locos y un hombre de pintas peligrosas con un traje rojo clavando sus miradas en él. Gladio guardó la Masterball en el bolsillo y salió corriendo por la puerta. El miembro del Team Rocket que empujó para entrar intentó detenerlo, pero Silvally le dio una fuerte patada en el estómago que lo mandó por los aires. Gladio continuó su carrera por el pasillo.
Solo unos cuantos pasos por detrás de él, Gladio pudo escuchar a Giovanni exclamando obscenidades al lacayo que había dejado pasar a un «intruso mocoso». Gladio sonrió ligeramente con eso, pues significaba que Giovanni no sabía quién era o por qué había irrumpido en la sala. Justo como él quería.
Obviamente, Giovanni no era un completo inútil. Gladio había logrado entrar en el gimnasio gracias a que Sabrina le había otorgado el acceso horas antes de que Giovanni y sus súbditos llegaran. Ahora había guardias del Team Rocket por todas partes. Salir del gimnasio no sería tan fácil como entrar
Gladio giró en una esquina tan bruscamente que casi resbaló y cayó de cara contra el suelo.
Sabrina le había asegurado que la clase de Pokémon que los miembros del Team Rocket sería dolorosamente predecible. Mientras Silvally poseyera el disco psíquico y a Porygon-Z, podría superar cualquier ataque que los lacayos de Giovanni le tiraran.
—¡Silvally, Multiataque! —ordenó Gladio—. ¡Porygon-Z, Psicorrayo!
Zubat, Muk y Arbok fueron cayendo inevitablemente uno tras otro. Gladio a duras penas dejaba terminar los combates antes de que reanudara su huida. Su mejor opción era abrirse paso por la fuerza y evitar a toda costa a Giovanni. Sabrina le había dicho que si llegaba a encontrarse con el jefe del Team Rocket, existía una pequeña posibilidad de que utilizara a un híbrido entre Pokémon y humano contra él. Gladio no tenía ni idea de cómo prepararse en ese caso.
Por suerte, Gladio alcanzó el vestíbulo principal y tenía la salida del gimnasio justo delante de él. Únicamente se interponía en su camino un par de miembros del Team Rocket. Gladio mandó primero a Silvally. Pero, en vez de atacar, uno de los lacayos de Giovanni simplemente lo miró.
—Un momento, hay algo en ti que me resulta familiar —dijo.
¿Me conoce? La sangre de Gladio se congeló.
El miembro del Team Rocket lo señaló, chasqueando sus dedos enguantados en un presumible intento por refrescarse la memoria.
—Sí… eres de Alola, ¿verdad?
El estómago de Gladio se cerró. Lógicamente, era cuestión de tiempo antes de que alguien descubriera su identidad. La noticia de su madre y el trabajo que realizó en la Fundación Aether se había propagado por todo el mundo. ¿Cómo pudo pensar en ejecutar aquella misión sin que lo reconocieran? ¿De verdad creía que los secuaces del Team Rocket no estarían al tanto de las últimas noticias?
—¿Cómo diantres sabes de dónde viene? —inquirió su compañero.
Su camarada hizo un gesto hacia Gladio.
—¿Ves? Esa es la razón por la que solo te dan trabajos pequeños —le replicó ella—. ¡Míralo! Tiene una piedra Z. Eso lo convierte en un niño de Alola.
Tengo una… espera, ¿qué? Un golpe de alivio cayó sobre Gladio y sus piernas dejaron de quedarse estancadas en el mismo punto. Tal vez podría salir de esta, después de todo. Mientras los dos Rocket discutían enérgicamente sobre el nombre correcto del equipamiento distintivo de Alola, Gladio y Silvally retrocedieron lenta y silenciosamente. La distancia entre ellos y la salida se hizo más corta con cada suspiro.
La discusión se intensificó rápidamente. Los dos secuaces se pararon y agitaron los brazos con una pasión dramática. Al final, el que se dio cuenta de la pulsera de Gladio lo señaló con furia donde estaba antes el chico.
—¿Sabes qué? Me importa entre poco y nada cuál es el verdadero nombre. Lo importante es que, si sabemos que viene de Alola, podemos deducir quién… —La súbdita finalmente giró la cabeza para ver a lo que estaba señalando y se dio cuenta de que Gladio no estaba. Con los ojos muy abiertos, buscó frenéticamente por la habitación y lo encontró saliendo por la puerta acompañado de Silvally—. ¡A por él!
Pero Gladio ya estaba corriendo por la calles de ciudad Azafrán. El corazón de la ciudad era un buen lugar donde perderse. El aire frío de la noche había atraído a turistas y lugareños por igual, llenando las calles de tráfico peatonal. Con girar por unas cuantas esquinas y pasar por al lado de un vendedor ambulante ya había perdido de vista a los miembros del Team Rocket y sus gritos se perdieron entre las bocinas y el ruido de los motores de los coches, música animada y activas charlas.
Una vez que Gladio se asegurara de que el Team Rocket no le pisaba los talones, redujo la velocidad a un tranquilo paseo, metió a Silvally en su Pokéball y se guardó la pulsera Z. No tenía sentido llamar más la atención. Pero ahora tenía un problema. Su plan era regresar a Alola. Bueno, todavía pretendía volver a Alola, aunque ahora tenía que lidiar con algunos posibles espías del Team Rocket buscándolo allí. Eso significaba que no era buena idea retornar a la Escuela Pokémon o a cualquier otro lugar público. Necesitaba un lugar cerca de casa, pero donde pudiera desaparecer por una temporada.
Gladio gruñó para sus adentros. Conocía un lugar al que ir. Y una persona en particular a la que podría hablar. Pero Gladio seriamente, muy seriamente, deseaba no tener que volver a cruzar su camino con el de aquel hombre.
Su mano se cerró alrededor de la Masterball con tanta fuerza que sentía la energía que emanaba de su interior.
Bueno, Guzmán siempre decía que podría tener en sus manos a cualquier líder de gimnasio, pensó Gladio, Supongo que descubrirá cuán cierto es eso.
-0-
—¡Quiero volver a ver a Brock! —ordenó Ash. Pierce era mucho más alto que él, por lo que el chico tenía que gritar hacia arriba más que de frente. Pero al menos consiguió llamar su atención. Ese era el primer paso de su plan.
Pierce olfateó como si alguien hubiera dejado suelto a un Trubbish en la habitación y miró abajo entrecerrando los ojos en seña de desaprobación hacia Ash.
—Joven, puede que seas el hijo de Giovanni, pero tengo mis órdenes sobre cómo administrar el recinto en su ausencia, y te agradecería que no me gritaras.
Ash apretó los puños mientras Pierce pasaba por su lado. Así no era cómo debían ir las cosas. No podía dejarse ignorar. Ash siguió a Pierce por el pasillo, con Aquafeles siguiéndole el ritmo. Ash no había planeado traer al Pokémon acuático consigo, no hasta que Jessie le recomendó llevarse a un intérprete si se suponía que estaba pidiendo ver a Brock.
Pierce miró por encima del hombro y notó que Ash lo estaba siguiendo, pero no hizo ningún comentario al respecto por dos largos minutos de caminar por el pasillo hasta doblar la esquina. Cuando nada de eso parecía desorientarlo ni disuadirlo, Pierce se paró frente a un gran juego de puertas con intrincados tallados de Rhydon y Nidoking grabados en la madera. Ash estaba casi seguro de que aquel era el lugar donde Giovanni llevaba a los que quería desafiarlo como líder de gimnasio, pero como solamente estuvo ahí en una ocasión, resultaba complicado de recordar.
—Eres persistente, ¿eh? —se quejó Pierce.
Ash se enderezó con orgullo.
—Desde luego. Y no me pienso ir a ninguna parte hasta que…
—Hasta que hables con tu amigo. Lo sé, te entendí la primera vez. —Pierce sacó una tarjeta de debajo de su manga y la deslizó por el lector para desbloquear la puerta. Mientras esta se abría, Ash podía escuchar los sonidos de un combate Pokémon: un rugido, un chillido, el suelo temblando bajo sus pies. Cual fuera la clase de combate que se estaba librando dentro, era de lo más intensa—. Desgraciadamente —continuó Pierce—, el Pokémon con el que tantas ganas tienes de hablar está en mitad de una seria sesión de entrenamiento. Pero si insistes en acosarme hasta que puedas hacer algo, te sugiero que entres y esperes hasta que el entrenamiento haya finalizado.
Ash se puso rígido.
—Brock no es un Pokémon. Es una persona.
—Disculpa. Simplemente asumí que lo identificarías por su ADN actual, no por tu propio sentimentalismo. —Tras esas palabras, Pierce terminó de abrir por completo las puertas.
La escena que vio Ash lo hizo sentir menos incómodo de lo que habría estado en el pasado. Brock siempre había sido una de las personas más tranquilas que Ash conocía. Sí, podía batirse en duelo con otros Pokémon, y bastante bien, pero solo lo hacía cuando debía. Su mayor pasión era el de criar Pokémon, de cuidarlos y alimentarlos desde pequeños.
La forma en la que estaba peleando cuando Ash entró era totalmente extraña. Con cada impacto de su enorme cola contra el suelo, Brock gritaba lleno de ira y frustración, como si el hecho de combatir le dañara y estuviera obligado a actuar de esa manera.
El Pokémon contra el que luchaba parecía igual de agitado. Se trataba de un Noibat que volaba salvajemente en círculos, llorando y chillando más que realizando algún movimiento. Intentó lo que aparentemente era el movimiento Superdiente, el cual rebotó en Brock. Este rápidamente contraatacó con un lanzarrocas que causó que el Noibat cayera al suelo. El Pokémon murciélago trató de levantarse, pero Ash podía ver en sus temblorosas extremidades que había perdido toda su energía.
Una mueca se dibujó en la cara de Pierce que velozmente cubrió y aplaudió con las manos.
—Este combate ha terminado. Es suficiente por ahora.
Brock se dio la vuelta, casi con intenciones de golpear a Pierce acto seguido. Entonces, súbitamente, bajó sus hombros de piedra y relajó el cuerpo como si saliera de un trance. Ash se detuvo nerviosamente a un lado mientras Pierce cerraba la puerta tras ellos. ¿Esto era lo que ocurría cuando un merger iba demasiado lejos? ¿De verdad sería capaz de contrarrestar a Giovanni o simplemente estará más que nunca a su merced?
Ash estaba tan absorto en sus pensamientos que no se percató de que Pierce había dejado la puerta a medio cerrar y ahora estaba soltando un puñado de frases sin terminar en el pasillo.
—¡Fi! Me he enterado de que el jefe ha aprobado tu licencia. Felicidad- ¡Ay!
Hubo un fuerte estruendo cuando Fiora (¿O ahora era Fi?), empujó al puerta volviéndola a abrir por completo y provocando que Pierce cayera de espaldas. La mujer miró la escena rápidamente y vio a Brock recuperando el aliento por el esfuerzo de sus ataques y al Noibat lastimado y temblando en el suelo.
—¿Qué ha pasado aquí? —preguntó. Su voz estaba al filo de perder la calma, pero sus ojos color sangre ya estaba furiosos. Se apresuró para coger al pequeño Noibat entre sus brazos. El Noibat se resistió al principio, aleteando y chillando asustado, aterrado. Esto no había sido un combate Pokémon. No uno justo para nada. Giovanni había ordenado a Brock que usara su pobre Pokémon como un saco de boxeo.
El estómago de Ash se revolvió ante la idea.
—¡¿Qué diablos ha pasado aquí!? —bramó Fiora. El Noibat entró en pánico y se soltó de sus brazos. Ella sacó rápidamente una Ultraball de su cinturón y metió al Pokémon en su interior. Incluso a pesar de que ahora estaba a salvo, el Noibat se agitaba dentro de la Pokéball haciéndola temblar. Fiora dijo algo tranquilizador antes de colocar la Pokéball en el cinturón y dirigirse a Brock llena de ira—. ¡Tú! —le gritó, señalándolo con el dedo—. ¿Cómo tienes el descaro de entrenar con Raven? ¡A penas ha salido del huevo! ¿Se puede saber qué te pasa?
Brock no se defendió ante las acusaciones. De hecho, retrocedió y se encogió en un ovillo como si tuviera medio de derrumbarse. Dijo algo con su voz grave.
—Lo siento —tradujo Aquafeles para que Ash no se perdiera nada—. Yo no…
—¡No me digas que no querías hacerle daño! —saltó Fi.
Brock añadió algo más con mayor tristeza, casi ahogándose con sus palabras.
Fi no sintió empatía.
—¡No me importa lo que Giovanni te haya ordenado! ¡Eres un monstruo! ¿Me oyes? ¡Es posible que Raven no se recupere nunca de esto! —Dio in paso hacia atrás, sacudiendo al cabeza para echar de su mente unos pensamientos oscuros. Una sonrisa manía se esbozó en su rostro—. ¿Sabes qué? Creo que necesitas probar tu propia medicina. ¿Por qué no te llevamos a la piscina y compruebas cuán bien flota un Steelix? —Las últimas palabras salieron como un gruñido, más propio de un Pokémon que de un humano. Levantó la mano y mostró sus garras afiladas y oscuras, apuntando con ellas directamente a la cara de Brock. Brock alzó los brazos en su defensa y Ash sintió que debía intervenir. Corrió hacia Fi y la agarró por el brazo. Ella gruñó en frenesí y lo lanzó a un lado con una fuerza sobrehumana terminando su trayecto chocando con Brock, el cual apenas consiguió enderezarse. Fi echó el brazo hacia atrás, lista para atacarlo a él también.
Entonces, la voz de Pierce resonó en la sala.
—¡Fi, ya basta!
Pierce se apresuró y se puso al lado de Fi, la cual le gruñó, pero finalmente detuvo sus acciones cuando él le tocó el hombro. Brock no hizo ningún intento por defenderse. Casi parecía que deseara que Fi lo atacara. ¿Cómo si de un castigo se tratara por herir al Noibat? Ash se sacudió la cabeza. No, no era culpa de Brock, sino de Giovanni. Él tenía la culpa de todo. Ash tenía que detenerlo costase lo que costase.
Pierce hablaba tranquilamente con Fi, recordándole que Brock tenía un porcentaje bastante mayo de ADN Pokémon que ella y era imposible saber los verdaderos efectos que eso tenía en la mente de Brock. Fi empujó a Pierce fuera de su camino mientras se dirigía a la puerta, murmurando algo sobre cómo curar a Raven, que era más importante que tratar con Brock en esos momentos.
De repente, su penetrante mirada cayó sobre Ash una vez más y el chico sintió como si la sala se hubiera enfriado de golpe.
—No pienses que me he olvidado de ti —le gruñó—. Eres la causa de que todo lo que está mal aquí. Y en el instante en que tenga la oportunidad, ¡te haré pedazos!
Ash se quedó temblando, con Aquafeles escondido detrás de su piernas. Toda la sala estaba inquietantemente en silencio. No se esperaba nada de esto. Aun así, tenía una oportunidad, aquí y ahora. Si no la tomaba, ¿cuándo tendría una mejor?
—Sería una pelea de lo más injusta, ¿no crees? —le dijo.
Fi entrecerró los ojos.
—¿Perdona?
Ash tosió con fuerza. Intentó sonar tranquilo, como sin no estuviera temblando. Parecía más que estuviera luchando contra un resfriado.
—He dicho que hacerme pedazos no sería un duelo justo. Ya sabes, por aquello de que eres medio Pokémon y demás, y de que yo no tengo nada de Pokémon.
Fi tocó la Ultraball de su cinturón, con los ojos puestos entre la puerta y Ash.
—¿Quieres una pelea? Pues la tendrás —presionó Ash. Sus ojos también estaban fijos en la Ultraball. El Noibat necesitaba que lo curasen. Tenía que acabar rápido, pero también precisaba de que Fi se enfadara. Eso significaba que no podía dejar escapar que estaba tan preocupado por el pequeño Pokémon tanto como ella—. Giovanni dice que no puedo conseguir un merger. Yo digo lo contrario. Tú y Pierce lo autorizáis. Y entonces tú y yo… Podemos combatir de la forma que buscas.
Brock gritó algo.
—¿Se puede saber qué haces, idiota? —chilló Aquafeles. Justo después, añadió—: lo pregunta tu amigo. Yo solo he añadido la parte de «idiota». ¡Porque realmente lo eres!
—¡Esto no es asunto vuestro! —espetó Pierce—. A las Pokéball. Ahora.
Brock obedeció. Agachó la cabeza mientras su cuerpo se desvanecía en un rayo rojo y regresaba a la Masterball. Pierce recuperó el objeto del suelo con un postura tranquila, pero con las manos temblando.
Aquafeles gruñó y se dirigió a la puerta.
—Ya voy. Ya voy —murmuró mientras abría la puerta con sus patas—. Más te vale que sepas lo que haces… idiota.
Pierce cerró la puerta violentamente justo cuando Aquafeles soltó la última palabra.
—Fi —dijo solemnemente—. Sabes perfectamente que el jefe especificó que no se usara un merger en su hijo.
El labio de Fi se curvó.
—Sí. Y claramente el jefe no ha estado tomando buenas decisiones últimamente, ¿verdad?
Un extraño atisbo de emoción rompió la habitual expresión generalmente ilegible de Pierce.
—No, supongo que no.
—Alguien debe enseñarle lo que es la auténtica lealtad. Lo que su verdadera familia está dispuesta a hacer por él. Así que dime, ¿qué te parecería si derroto a su pequeña heredero sin sentido cuando todavía es un débil humano? No, quiero vencerlo con todo lo que es capaz. Pokémon contra Pokémon.
Pierce mantuvo la mirada.
—Pero si lo hago, desobedezco directamente las órdenes del jefe. Lo perderé todo.
Fi lo agarró por los hombros.
—Si permitimos que este niñato se haga cargo del Team Rocket, todo el mundo perderá todo, Pierce. Es por eso por lo que tengo que hacer esto.
Fi era buena. No había duda de ello. Ash miró a Pierce mientras este le devolvía la mirada por última vez. Acto seguido, Pierce suspiró.
—Prométeme que ganarás.
La boca de Fi dibujó una sonrisa petulante mientras se inclinaba para besar a Pierce.
—Por supuesto. —Entonces, Fi se volvió hacia la puerta—. Voy a llevar a Raven a la enfermería. Luego me reuniré con vosotros en el laboratorio. —Sus ojos se fijaron en Ash y la sonrisa desapareció cruelmente—. Escoge bien.
