Escrito originalmente por Katrina S. Forest y RaptorRowan. Portada dibujada por onichan-xd. Traducción por SpainDragonWriter.


Raven se recuperaba adecuadamente. El pequeño Pokémon tenía mucha fuerza de voluntad. No como Fi. Ella había autorizado al personal para que se metieran en el suministro de Revivir Máximos, Restaura Todo y deliciosas Vitaminas del jefe. Iba a tener todo lo que necesitase para que volviera a sentirse como siempre. Fi sonrió y acarició la cabeza de la cría de Pokémon mientras yacía en una cómoda almohada blanca en una mesa de recuperación. El Pokémon soltó un amistoso ronroneo y se frotó en su dedo.

—Noibat… Noi… —dijo cariñosamente.

Fi le devolvió la sonrisa.

—Yo también me alegro de verte. Necesitaba ver una cara amiga ahora mismo. —Bajó un poco la cabeza e imágenes parpadearon en su cabeza, logrando que su temperamento volviera la vida, incluso aunque mantenía la calma cerca de su amigo alado.

—¿Noi? —preguntó el Pokémon, ladeando la cabeza.

Fi sonrió.

—Nada de lo que debas preocuparte —le respondió.

Raven hizo una mueca de desagrado. No le gustaba cuando Fi intentaba mantener alejados algunos secretos del Pokémon.

Está bien. suspiró Fi.

—Necesito prepararme para un combate. El más importante de mi vida.

Nada más escuchar la palabra «combate», Raven se levantó.

—¿Noi-noi? ¡Noi-noibat! —chilló.

—¿Qué? —dijo Fi sobresaltada—. No, por supuesto que no. ¡No vas a pelear en ningún combate hasta que acabe la semana!

Raven gruñó enfadado, agitando sus alas y enseñando sus pequeños y afilados colmillos. Fi nunca lo había visto tan apasionado.

—Lo siento —dijo Fi seriamente—. Pero no eres lo bastante fuer…

Fi se detuvo en seco con un ardor en el pecho. Esas palabras. ¿Cuántas veces había escuchado ese discurso? Siempre había alguien que se lo soltaba, le decía que era demasiado débil. Demasiado frágil. Cómo no podría soportarlo. ¿Y ahora iba a ser ella quien le hiciera lo mismo a un Pokémon? ¿A uno de los pocos aliados que tenía en aquel lugar?

Fi sacó la radio.

—Aquí Fi. ¿Cuál es la hora prevista de llegada del jefe?

Hubo un sonido estático antes de que un lacayo respondiera.

—Ha habido algunas complicaciones en ciudad Azafrán. El objetivo se ha perdido. Serán unas cuarenta y ocho horas de retraso al menos.

Cuarenta y ocho horas. Era perfecto. Fi no tenía ni idea de cómo Giovanni se las había apañado para que Sabrina se escapara de entre sus dedos. Aquella mujer prácticamente estaba suplicando por un merger cuando Fi se marchó, y seguramente después de Misty y Brock, ya debería tener experiencia suficiente con aplicar una sobredosis a los humanos para controlar los problemas que sucedieren a continuación.

Tal vez los lacayos habían fallado en algo. Giovanni era un genio, pero era incapaz de compensar tanto la falta de incompetencia de sus súbditos. Resultaba demasiado suave con ellos. Eso cambiaría cuando Fi se convirtiera en su heredera. Sonrió ante el pensamiento. Entonces encendió al radio de nuevo.

—Pierce, ¿cómo va la búsqueda del merger?

Más ruido estático. Después, la voz de Pierce se escuchó alto y claro.

—El sujeto está aquí. Podemos empezar en cualquier momento. —Se oyeron pasos, lo que podría haber sido el chirrido de las bisagras de una puerta. Pierce volvió a hablar, esta vez más relajadamente—. Mantendré el porcentaje tan bajo como pueda.

—¿Qué? —exclamó Fi y se tapó la boca, no quería molestar a Raven mientras descansaba. Más callada (aunque no exactamente más calmada), dijo—: Se supone que debes hacer lo contrario. Acércate al cincuenta por ciento tanto como te sea posible. Quiero pelear con todas mis fuerzas y contra las suyas.

Pierce no respondió al momento; Fi se preguntó si se había perdido la conexión para volver a escuchar su voz poco después.

—Si sobrepaso el cincuenta por ciento, será un Pokémon, no un humano. Y un Pokémon no puede ser el heredero del jefe. Tu pelea será inútil.

—Lo sé perfectamente —replicó ella—. Así que cuento contigo y tus compañeros de laboratorio para hacerlo bien.

Miró de vuelta a Raven, ahora durmiendo alegremente en la almohada todavía con una fiera pasión grabada en su cara. No podía negarle este combate. Si Raven creía que podía luchar, entonces lucharía. Y ella lo guiaría.

Fi sonrió. El Pokémon más cercano de Ash sería la chispa que encendería las llamas de pasión de Noibat.

En la radio, escuchó de nuevo el movimiento de las bisagras acompañado de un murmullo incoherente.

—Un momento, una pregunta más —dijo Pierce—. Ash quiere saber cuándo tienes planeado realizar este combate.

Fi miró el reloj. Eran las nueve de la mañana. No dejaría mucho tiempo para preparase, pero sería suficiente.

—En treinta y seis horas —contestó—. En el campo de batalla del gimnasio de ciudad Verde. Dile al mocoso que no se pierda por el camino.

Dicho esto, Fi apagó la radio y estiró los brazos por encima de la cabeza. Las probabilidades podrían haber estado a su favor, pero había mucha preparación por hacer.

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Ash se sentó en el extremo de una mesa médica, viendo a Pierce murmurar algo a través de una radio. Ansioso, golpeó con el talón la esquina de la mesa. ¿De qué tenía que hablar Pierce? ¿no podían terminar con esto de una vez? Si él y Fi iban a pelear dentro de treinta y seis horas, necesitaba estar lo más preparado posible.

Pierce se guardó la radio en el bolsillo y luego aceptó una bata blanca de laboratorio, una máscara facial y unos guantes de uno de sus asistentes, los cuales todos ya vestían las mismas prendas. La ansiedad de Ash disminuyó. Es hora de empezar.

—Estarás atado durante la transformación —informó Pierce sonando aburrido mientras se ponía los guantes—. Estrictamente para la seguridad de mi personal. Cuando el proceso termine, serás liberado. ¿Lo has entendido?

—Completamente.

Pierce se abrochó la bata y se puso la máscara, la cual amortiguó ligeramente su voz, aunque no como para que no se le entendiera.

—Recibirás una inyección del suero primero. Justo después tendrás que sostener la megapiedra correspondiente al Pokémon que hayas elegido —gesticuló, y uno de los técnicos dio un paso al frente con una bandeja. Ash no se pudo resistir. Por un momento, se imaginó cómo sería tener cada uno de los ADN de aquellos increíbles Pokémon corriendo por sus venas. Tener puños de acero como Lucario. O ser capaz de absorber la luz solar igual que un Venusaur. O surcar los cielos con las alas de un Charizard.

Pero ninguno de ellos conseguiría nada si los Pokémon fantasma de Giovanni continuaban penetrando su mente. Necesitaba inmunidad contra ellos. Y para eso, solo existía una opción. Señaló la Banettita. Curiosamente, era rosa, con rayas grises y amarillas en su centro.

El técnico miró confundido.

—¿Te refieres… a esta? —preguntó señalando con el dedo otra megapiedra rosa. La Diancita.

Ash sacudió la cabeza.

—No. Me combinaré con esta —indicó otra vez, y solo para asegurar de que no había ningún error, añadió—: con Banette.

El técnico se encogió de hombros y separó la megapiedra de las demás, entregando la bandeja a su compañero.

—Muy bien.

Nadie habló mucho más después de eso. La Banettita se colocó a un lado, y Ash estaba tumbado de espaldas en la mesa con los brazos y las piernas atadas. Ash se preguntó… si tomaba suficientes características de los Pokémon fantasma, podría atravesar las correas que lo mantenían inmóvil. Intentó sonreír ante el pensamiento, pero perder tanta humanidad no lo divertía mucho.

Misty le había descrito el proceso de combinación en una de sus conversaciones, de modo que el frío no le sorprendió. Ash trató de imaginarlo como aquella vez que anduvo a través de una ventisca, sujetando a sus Pokémon y protegiéndolos. En realidad, si lo pensaba, aquello lo había hecho más de una vez. Sus amigos siempre le decían que hacía las cosas más estúpidas por los Pokémon. Y él no discrepaba aquellas palabras, aunque tampoco le importaba. Los Pokémon eran su vida. Y esta era la mejor opción que tenía de protegerlos. Y también a sus amigos humanos.

A medida que el frío lo envolvía, Ash vio al científico jefe sostener el orbe rosa y gris hacia él. Incluso aunque sus dedos temblaron, Ash cogió al megapiedra sin dudar. El efecto fue inmediato. Sintió una ráfaga de energía viajando por todo su cuerpo. Su piel brilló igual que un Pokémon durante una evolución. Todo su ser empezó a doler, su respiración se volvió superficial y, por un instante, los bordes de su boca se elevaron como si intentara imitar la amplia sonrisa antinatural de un Banette.

—Bien, bien —dijo Pierce—. Continúa.

El dolor aumentó en intensidad y Ash aulló. Los ruidos a su alrededor fueron ahogados por lo que sonaba como un viento huracanado en sus oídos. Pero sabía que los científicos estaban hablando. Ansiosamente. Intercambiando números y realizando cálculos.

Entonces, tan repentino como empezó, el dolor se detuvo y lo abandonó. Ash yacía en la mesa tomando fuertes bocanadas de aire. Su cuerpo se sentía más ligero. Había dejado de sonreír. La transformación… ¿había terminado? Abrió los ojos y miró a su alrededor. Su piel había dejado de brillar, pero la sensación de frío no había abandonado. Y las luces… brillaban demasiado. Quería oscuridad.

Ash levantó una mano para cubrir sus ojos, solo para descubrir que ahora su mano era gris y tenía garras. Miró más allá y vio que la mayor parte de sus brazos habían adquirido ese color. Sus dedos temblaron ante las vistas.

—¿Cuál es el porcentaje? —preguntaba Pierce.

Había un montón de pulsaciones en un teclado antes de que nadie diera una respuesta.

—Cincuenta —reveló al final el técnico.

Pierce hizo una larga pausa.

—¿Algo más? —inquirió. Sonaba aterrado.

—Solo… cincuenta, señor. Punto cero. Tan bien como puedo calcular.

Cincuenta. Soy exactamente mitad humano, mitad Pokémon. Debería haberse alegrado. Aquello le otorgaba la mayor cantidad de fuerza de un Banette mientras conservaba su posición como el heredero de Giovanni. Y su mente se sintió clara por primera vez en días. Pero todo en lo que podía pensar Ash era en las advertencias de Brock y Misty. Sobre cómo se sentía cuando ya no eras humano. Ash no gritó lleno de furia. Pero igualmente, se sentía como si estuviera de luto.

Usaría ese sentimiento. El sentimiento de la pérdida. Le daría la vuelta y lo emplearía para derrotar a Fi de una vez por todas.