Escrito originalmente por Katrina S. Forest y RaptorRowan. Portada dibujada por onichan-xd. Traducción por SpainDragonWriter.
Había algo en prepararse para el combate de su vida que hicieron que las siguientes treinta y seis horas volaran para Fi. Ella continuaba durmiendo y comiendo con normalidad, por supuesto. De lo contrario hubiera sido muy estúpido. Ese era el problema con Diva y Dunce. Ellos sabían que Ash era un idiota y pensaron que eso les daba vía libre de hacer las cosas a medida que sucedían, sin darse cuenta nunca que ellos mismos también eran idiotas.
Aquel combate era demasiado importante para dejar cualquier cosa en manos de una suerte sin sentido o las casualidades. Fi entrenó, aumentó su poder, aumentó el poder Raven hasta alcanzar la perfección. Esto era por el Team Rocket. Por la nueva familia de Fi. Por su nueva vida.
Fi respiró suave y profundamente en el centro del suelo del gimnasio. Sus afinadas orejas captaron el columpio de las bisagras de la puerta. Miró su reloj. Ash llegaba noventa segundos tarde. Pero se sentía generosa y lo dejaría pasar por alto.
El miembro Rocket que custodiaba la puerta la cerró lentamente. Con un golpe relajante de las tres Pokéball en su cinturón, Fi se enderezó y saludó a su oponente.
—¿Estás listo? —preguntó.
Ash levantó la cabeza. Fi no lo había visto desde su transformación, y había una enorme diferencia. Las zonas blancas de sus ojos ahora eran rosas con negras y rajadas pupilas. Sus movimientos eran más gráciles, más elegantes. Sus manos eran grises, con garras y fantasmales. Cuando Pierce le había comunicado que Ash había seleccionado a Banette como el Pokémon con el cual combinarse, pensó que le estaba tomando el pelo. Seguramente Ash hubiera elegido algún tipo de Pokémon inicial. O mejor todavía, insistiera en mezclarse con alguno que ni siquiera tuviera acceso a la megaevolución. Pero aquí estaba, mirándola con unos horripilantes ojos de Banette.
Había algo más de diferente en él, aunque Fi luchaba por localizarlo. Su figura seguía siendo humana pero, con el uniforme de ejecutivo del Team Rocket —todo mangas largas y pantalones holgados—, resultaba difícil de asegurar. Puede que se tratara de su postura o su expresión. Sí… debía ser eso. La inocencia infantil e ingenuidad habían desaparecido. Lo cual tenía sentido, si pensaba en ello. Los Pokémon fantasma, incluso los más bromistas, parecían sentir la muerte y la pérdida en el horizonte, y los rodeaba bajo un aura sombría. La misma que ahora emanaba Ash. Estaba determinado, pero no esperanzado. Justo como a ella le gustaba.
Desde luego, el tipo fantasma contra el tipo siniestro era una terrible decisión sin importar la actitud de Ash. Esto no iba a ser siquiera un desafío. Pero Fi le dio todas las oportunidades para que se preparara antes de enfrentarse a ella. No era culpa suya que eligiera mal.
—¡Pika-pi!
Fi miró a la puerta. El compañero de Ash entró, pronunciando su nombre y su ánimo. Tierno, pero equivocado.
En su cinturón, el teléfono de Fi vibró sacudiendo las Pokéball más próximas a este. Lo cogió, lo extrajo del cinturón y pensó en silenciarlo. Sin embargo, inmediatamente se puso a vibrar de nuevo. El número de Pierce. Fi frunció el ceño y descolgó.
—¿Qué? —preguntó de mala manera—. Estoy un poco ocupada aquí.
—Acabo de recibir una mala noticia —-dijo Pierce. Sonaba como si le costara respirar—. Han abandonado la búsqueda de Sabrina. El jefe está volviendo.
Maldición, pensó Fi. Si se enteraba de este combate, probablemente intentaría detenerlo. Debía tener a Ash completamente derrotado antes de que el jefe regresara. Lo que significaba que debía actuar rápido.
—Gracias por el aviso —dijo y se dispuso a colgar el teléfono antes de que Pierce consiguiera soltar una última frase.
—De nada. Y buena suerte.
Fi sonrió ampliamente.
—Gracias —respondió—, pero no la necesito.
Entonces colgó y apartó el teléfono. No más distracciones.
—Agradezco que hayas venido —dijo, estirando los brazos.
El campo de batalla era enorme, con suelo de piedra pulida, un increíblemente alto techo y ninguna ventana a la vista. Estaba hecho para que los Pokémon se fortalecieran. Ash no parecía darle importancia.
—Lo que tú digas —murmuró—. Venga, empecemos.
Con un delicado movimiento de cabeza, Fi se tocó el cinturón.
—Un combate de tres contra tres —-anunció.
Ash abrió los ojos.
—Espera, ¡creía que esto iba a ser un uno contra uno!
Claro que lo creía. Ella lo había implicado fuertemente. Pero él nunca le pidió una confirmación. Por tanto, era libre de imponer las normas que quisiera.
—Tres contra tres —repitió. Luego levantó la mano y señaló a Pika-Raichu con el dedo—. Aunque también puedes convertirlo en un tres contra dos, si te apetece.
Las manos fantasmagóricas de Ash se cerraron en puños.
—Vosotros tenéis a mis Pokémon —dijo con los dientes apretados.
—Técnicamente, son los Pokémon del jefe —replicó ella—. Pero como todavía está fuera de la ciudad, no creo que sea injusto para ti que uses a uno de ellos.
Fi alcanzó su cinturón y sacó una morada Masterball de entre las rojas Pokéball. Con un veloz movimiento de muñeca, se la tiró a Ash y, para su sorpresa, él la cogió al momento. Sus manos eran corpóreas, entonces. En otras palabras, podían herirla. Ash bajó la mirada hacia la Pokéball en su mano, pasando una garra por el relieve en forma de «M» en la parte frontal. Había visto el deprimente estado en el que se encontraba Brock, así que no le costaba hacerse a la idea de cuál de sus amigos descansaba en su interior. No dijo nada, se guardó la Masterball en el cinturón y se ajustó la gorra.
—Una última pregunta —dijo—. ¿Podemos usar Máquinas Técnicas?
Fi levantó una ceja. Una pregunta de lo más interesante. ¿Cuán planeaba utilizar? La curiosidad la consumió y no se pudo resistir.
—Una Máquina Técnica para cada uno —contestó—. Ahora o en mitad del combate. Tú eliges.
Ash asintió y Fi observó atentamente como él sacaba una pequeña caja con el número diecisiete inscrito en la tapa.
¿Protección? Fi quiso reír, pero resistió la tentación. Ella tenía una serie de Máquinas Técnicas a mano, peor no había motivo para cambiar su propio set de movimientos en el último segundo. Cuando el polvo de la Máquina Técnica se asentó, Ash soltó un pequeño estornudo y agitó una mano hacia Fi para que se percatara de que estaba preparado. El lacayo que custodiaba la puerta alzó un brazo.
—Este va a ser un combate de tres contra tres —proclamó—. Ash Ketchum contra Fiora…
—¡Fi! —bramó ella.
El lacayo se encogió y tragó saliva.
—M-Mis disculpas. Contra Fi Bloodstone Sycamore. ¡Escoged vuestro primer Pokémon!
La Pokéball ya estaba en la mano de Fi. La lanzó al campo de batalla y, en un destello de luz blanca, el Absol de Pierce apareció con un aullido.
Ash, actuando predeciblemente, señaló a Pika-Raichu y lo mandó al campo de batalla. Mientras ninguno de los dos estaba peleando por su cuenta todavía, Fi y Ash se retiraron a las esquinas del campo de batalla para permitir que sus Pokémon usaran todo el espacio del gimnasio.
Fi sonrió.
—Comencemos con una Danza Espada —dijo.
—¡Pikachu, rayo! —ordenó Ash.
Pikachu arremetió. Fi apretó los dientes. Era rápido, incluso para un Pokémon de aspecto rechoncho. Ella confiaba en poder atacar primero, pero si ella y Ash habían entrenado a sus Pokémon en velocidad, estaba claro quien ganaría.
Entonces, Ash añadió otra orden a la anterior que aparentemente no tenía sentido.
—¡Apunta a su cuerno!
—¿Cómo? —exclamó Fi.
Pero el Pokémon eléctrico saltó en el aire y expulsó una intensa descarga de electricidad centrando el ataque directamente en el cuerno de Absol. Al Pokémon siniestro se le escapó un aullido de dolor, pero se mantuvo firme. Acto seguido se preparó y los vientos se agitaron a su alrededor mientras efectuaba el movimiento Danza Espada, aumentando su poder de ataque a unos niveles fantásticos. Pero el rayo había borrado mucho de ese incremento. Y si el Pokémon de Ash volvía a golpear primero…
Fi apretó los dientes.
—Ataque rápido —ordenó.
Absol emitió un ladrido de aprobación y actuó velozmente, provocando algunos daños serios en el Pokémon de Ash. Pero cuando Ash repitió una vez más la orden del ataque rayo, Absol perdió la energía para un tercer ataque y cayó al suelo debilitado.
—Absol está… —empezó el lacayo.
—¡Ya lo sé, idiota! —ladró Fi al hombre. Este agazapó la cabeza, con la esperanza de que finalmente se diera cuenta de lo inútil que era.
Fi retiró a Absol y le agradeció por un trabajo bien hecho. Entonces miró fijamente a Ash.
—¿Qué demonios fue eso? —inquirió—. ¿«Apunta al cuerno»?
Ash sonrió. No con su típica sonrisa boba, pero lo más próximo que había estado desde que entró en el gimnasio.
—Usé esa técnica contra un Rhydon en otra ocasión, y funcionó muy bien —explicó—. Supuse que valía la pena volverlo a probar.
La mandíbula de Fi se aflojó. Era tan estúpido que ella apenas podía pronunciar una palabra.
—Lo usaste con un… ¡Pero si Rhydon es de tipo tierra!
El hecho parecía perderse completamente en él, por lo que Fi se rindió en buscar sentido a su respuesta y alcanzó su siguiente Pokéball. Lo próximo que me cuente será que golpeó a un fantasma con el movimiento Megapuño.
Una vez más, hubo un destello de luz. Esta vez, Raven fue el Pokémon que entró en la batalla. El pequeño Noibat estaba feliz y excitado, y para el gran alivio de Fi, también lleno de vida. Sonrió y señaló hacia adelante.
—Veamos… Podría usar Ataque Ala…
Ash se veía esperanzado, lo que hizo que Fi se riera.
—Oh, vaya. ¿En serio pensabas que haría eso? ¡Qué mal que sepa cómo funciona la tabla de tipos! —apuntó al frente—. ¡Raven, usa Triturar y apunta a su cola!
Ash se asustó, aparentemente olvidando que estaba en mitad de un combate y tartamudeó al dar a su Pokémon su siguiente orden.
—Esto… ¡Pikachu, cabezazo!
Pika-Raichu agachó la cabeza, preparando su ataque y aumentando su defensa. Pero Raven voló por detrás de él y mordió con fuerza su cola en forma de relámpago. Pika-Raichu gritó de dolor y cayó a un lado, donde Raven aprovechó para tirar enérgicamente antes de finalizar su mordisco. Pikachu voló de espaldas y chocó violentamente de espaldas contra una de las paredes del gimnasio. Intentó recomponerse, pero sus piernas se rindieron y se desplomó en el suelo, abatido.
Fi se llevó las manos a la cintura y brillo de satisfacción.
—¿Quién lo diría? ¡Sí que funciona!
Ash corrió hacia su Pokémon y arrugó la frente mirando a Fi. (De verdad, recordaba que había ordenado a su propio Pokémon que electrocutara al de ella, ¿no? Los combates no eran un terreno seguro, precisamente.) Afortunadamente, Pika-Raichu se recuperó en cuestión de segundos gracias a un revivir y se colocó al lado de su entrenador, animándolo.
Ash apretó los dientes. Su mano estaba puesta en la Masterball ahora.
—No pelearé a menos que ella quiera —avisó.
—Haz lo que quieras —dijo Fi, encogiéndose de hombros.
Con eso, Ash lanzó la Masterball. Esta se abrió liberando un brillo blanco más intenso que los dos anteriores. La figura de Misty emergió de la luz, separando los brazos como si hubiera estado durmiendo en posición fetal dentro de la Pokéball. Se estiró y miró a su alrededor confundida. Se equilibró bastante bien para tener la parte inferior de su cuerpo más pensada para el agua que para la tierra. Cuando pareció que se había dado cuenta de que estaba en un campo de batalla, miró detrás de ella y fijó sus ojos en Ash. Su sonrisa inicial al ver a su amigo se desvaneció.
—Tú… te has hecho con un merger —dijo. No le juzgó. Pero tampoco estaba feliz.
—Sí… —dijo él, sonando igual de infeliz consigo mismo—. Pero todo va a ir bien. Lo prometo. Solo tenemos que ganar esta pelea contra Fi y…
—¿Tenemos? —preguntó Misty con un tono divertido en su voz. Aquello también debió sonarle divertido en la mente de Ash.
—Q-Quiero decir… si tú quieres… si te apetece ayudarme… —logró pronunciar Ash.
Misty sonrió.
—Estoy contigo —aceptó. Entonces se dio la vuelta hacia Raven. El pequeño murciélago-dragón, el cual saltaba arriba y abajo con entusiasmo, listo para su próximo contrincante.
—Muy bien —dijo Ash, dando al vuelta a su gorra. El movimiento parecía ser ya algo típico de él—. Empecemos con… ¡Pistola Agua!
Misty se vio desaminada.
—O, ¿por qué no empezar con algo más poderoso? —sugirió.
Ash bajó la cabeza.
—De acuerdo. Como tú veas.
Fi sintió cómo su confianza volvía. Era cierto que un Gyarados combinado con un humano sería un rival muy difícil tanto para ella como para Raven. Pero ella jamás se había retractado antes y no tenía intención de hacerlo ahora.
Raven seguía saltando por todas partes salvajemente, casi como si poseyera tanta energía que su cuerpo no podía contenerlo. Entonces sus alas empezaron a brillar. La luz blanca se esparció por su espalda, cara y pecho a medida que el cuerpo de Raven crecía. Sus alas duplicaron… no, triplicaron su longitud comparado con el tamaño anterior. Sus agresivos ladridos se transformaron en profundos rugidos. Sus orejas se estiraron para captar hasta el sonido más débil. Entonces la luz desapareció y Raven dejó de ser un Noibat. Ahora era un Noivern. Su pelo lavanda se tornó negro, y sus alas moradas brillaban con una tonalidad verde azulada. Misty miró a su oponente, ahora viéndose un poco pálida.
Fi no lo pudo resistir. Soltó una sonrisa salvaje que resonó por todo el gimnasio.
—¿Querías pelear? —dijo—. Muy bien. Entonces, ¡Peleemos!
