Escrito originalmente por Katrina S. Forest y RaptorRowan. Portada dibujada por onichan-xd. Traducción por SpainDragonWriter.


Nota de los autores originales: Hemos estado pensado en esta idea para hacer un one shot de temática navideña y finalmente decidimos publicarlo. Solo para dejarlo claro: esto no es el comienzo de una nueva historia, simplemente queríamos explorar qué estarían haciendo algunos de los personajes en consecuencia a lo ocurrido en capítulos anteriores. Nos encantaría escribir más, pero la vida real no lo está haciendo posible en estos momentos. ¡Esperamos que lo disfrutéis por lo que es y Feliz Año Nuevo a todos!


—No pienso beber eso —dijo seriamente Francine, observando la botella que Guzmán sostenía en sus manos como si la hubiera ganado en una pelea o algo parecido.

Guzmán entrecerró los ojos. No había ido a por algo barato. Aquello era una botella de vino de Roseli decente. ¿Acaso pensaba que estas cosas crecían en los árboles?

Bueno, técnicamente, las uvas crecían en los árboles, pero ese no era el caso.

—No lo he robado —espetó.

—No estoy diciendo que lo hayas hecho —contestó Francine con las manos en la cintura—. Es solo que no voy a beber esta noche.

Aquello no tenía sentido alguno para Guzmán, pero antes de tener la oportunidad de preguntarle, un fuerte golpe llamó su atención. Se apresuró a salir de la cocina destrozada de la mansión, casi resbalándose por culpa de una baldosa suelta, y alcanzó la puerta principal. Francine lo siguió, aunque más lenta y cuidadosamente de lo que lo habitual en ella.

A través de la ventana rota, Guzmán tuvo una visión clara del exterior, antes incluso de abrir la puerta. El jardín delantero de la mansión estada tan descuidado y maltratado como siempre, pero ver todos los miembros del Team Skull en fila animaba el lugar como si nada más pudiera hacerlo. Guzmán apenas había movido el pomo de la puerta cuando el aire se llenó con el coro desentonado de varias docenas de súbditos cantando a la vez.

—¡Os deseamos felices fiestas, yo!

—¡Os deseamos felices fiestas, yo!

—¡Os deseamos felices fiestas, yo!

—¡Y un feliz Popplio!

Parecían estar bastante satisfechos con ellos mismos, aunque uno de los súbditos de cabello rosado cruzó los brazos y soltó un pequeño resoplido.

—Todavía no me gusta esa última línea. ¿Y si los entrenadores a los que cantamos no escogieron un Popplio? ¿Y si eligieron un Rowlet?

—¡Nadie elige a Rowlet! —saltó una mujer junto a ella.

—¡Yo elegí a Rowlet! —exclamó un hombre aleatorio desde atrás. Alguien lo abucheó y, si no fuera por la rápida reacción de Guzmán y el frenético gesto de sus manos para captar su atención, muy seguramente hubiera surgido una pelea en el patio delantero.

—Está bien, equipo, ¡escuchad! —chillo Guzmán, dando un paso adelante hacia el tranquilo ambiente vespertino—. ¡El Team Skull es famoso por toda Alola por nuestras pegadizas rimas y nuestro perfecto juego de pies! Vuestra tarea es aseguraros de que no quede ni un solo entrenador que no haya escuchado esta canción para mañana por la noche, ¿lo habéis pillado?

Los súbditos se centraron en él y adoptaron la postura clásica del Team Skull de una manera extrañamente sincronizada.

—¡Sí, Maestro Guzmán! —dijeron al unísono.

Guzmán asintió con al cabeza en aprobación. No había duda alguna: este equipo podía con los villancicos. Podrían cantarlos y cantarlos sin parar. Incluso aunque hubiera eliminado todas las actividades ilegales del Team Skull (o casi todas, al menos), seguían siendo una banda. No, mucho más que eso. Una familia. No separabas una familia. Fue solo que, en vez de dar palizas a los entrenadores a base de ataques Pokémon, volaron sus mentes con sus increíbles bailes. Alola sería el lugar más aburrido del planeta si el Team Skull hubiera desaparecido de verdad. Aquello era un hecho. Además, el día de Año Nuevo era perfecto para subir el volumen más allá del límite. Al parecer, durante las vacaciones la gente esperaba que fueras puerta por puerta compartiendo tus talentos musicales (o la falta de ellos). Ver para creer.

A la señal de Guzmán, el grupo se dio la vuelta y comenzó a caminar por la carretera que llevaba al exterior de Pueblo Po. Entonces, en la primera fila, un lacayo de cabello azul estornudó con gran fuerza que provocó un «¡Salud!» igual de fuerte de uno de sus compañeros al final de la fila. Guzmán se estremeció. Era algo más que relajante estar fuera, era inusualmente agradable, y su pandilla todavía destacaba por sus pantalones cortos y blancos y sus camisetas con el dibujo de una calavera, dejando sus huesudos brazos y piernas completamente expuestos al frío. Todo entusiasmo y nada de sentido común. Sí, así era el Team Skull.

—¡Eh, llevaos unas chaquetas o algo para abrigaros un poco! —les dijo—. Os vais a congelar ahí fuera.

Uno de los lacayos lo miró horrorizado.

—¿Y cubrir la vestimenta del Team Skull? Jamás haríamos eso, ¡Maestro Guzmán! —Sus compañeros murmuraron su apoyo mientras andaban detrás de él.

Guzmán volteó los ojos.

—Parad con lo de «Maestro Guzmán» de una vez. Sois mi equipo, no mis aprendices Pokémon.

—Sabemos que lo dijiste, Maestro Guzmán, y lo escucharemos algún día, Maestro Guzmán —respondió el lacayo. Dio un a última pose y siguió a sus compañeros, sus pies se movían rítmicamente con la música que tarareaba para él mismo.

Guzmán cerró la puerta, sellando el aire caliente dentro de la mansión una vez más, o todo lo que podía una mansión repleta de corrientes de aires. Intentó no sonreír, era una costumbre desagradable que lo hacia ver demasiado blando, aunque no podía evitarlo. El espíritu navideño de su banda era contagioso. Pasó al lado de Francine y regresó a la cocina, pensando en ofrecerse una generosa copa de vino ahora.

Entonces recordó que Francine continuaba negándose a beber por alguna estúpida razón.

Se paró en la entrada de la cocina. Sabrina estaba en alguna parte. No había estado haciendo nada que no fuera practicar sus poderes telequinestéticos o como fuera que los llamara. Por suerte, los electrodomésticos de la cocina eran demasiado simples para ella y concentraba sus mágicas travesías flotantes en grandes escombros en el exterior.

Guzmán se quedó de pie junto a la mesa de café de tres patas donde colocó el vino. La botella seguía ahí sin abrir. Lo miró pensativo, intentando decidir cuánto lo acosaría Francine por beber directamente de ella. Entonces deberías haberlo probado, le respondería. Sí, eso quedaría muy bien.

Guzmán dio un paso adelante y cogió la botella, debatiendo mentalmente si valía la pena una pelea cuando Francine se le acercó y gentilmente le agarró la muñeca. Nunca había hecho nada parecido y la sensación lo puso nervioso.

—Esto… ¿te encuentras bien? —le preguntó.

Ella le dio una sonrisa de complicidad, una mirada que podría tener a un Kahuna inclinándose en señal de disculpa sin tener idea de por qué. Maldita sea, cómo amaba a esa mujer.

—Vamos —le dijo—. Veamos al equipo marcharse.

Ella le indicó que volviera a la ventana delantera. Guzmán se encogió de hombros y la siguió. El panel inferior derecho era el que estaba roto, y cuando Guzmán se inclinó lo suficiente, pudo ver su aliento escapando por los pinchos de cristal roto. Entonces el cielo cambió. El hecho de vivir en Pueblo Po era que casi siempre se podía contar con que lloviera o que, al menos, diera la sensación. El cómo lograba el pueblo por no acabar inundado la mitad del tiempo estaba más allá de su comprensión. Pero había noches como esta… noches donde la temperatura se desplomaba. Y mientras las demás ciudades de Alola tenían una luna de engañoso aspecto cálido sobre estas, Pueblo Po gozaba de la nieve. Guzmán observó los copos descender tranquila y silenciosamente, incluso cuando se escuchaban los ecos de las canciones de su equipo calle abajo.

—Perdona por rechazar el vino —dijo Francine—. Tomaré una copa en nueve meses.

Guzmán asintió distraídamente, a punto de mentirle y decir que nunca dañaría sus sentimientos o cualquier cosa similar. Entonces se dio cuenta y la miró fijamente a los ojos mientras repetía las palabras en su mente.

—Beberás en… ¿Qué? Franci, ¿estás…?

Ella se inclinó hacia adelante y lo besó, cortando sus palabras.

—Feliz Año Nuevo, Guzmán —le dijo—. Ahora arregla esa maldita ventana.

Había que decir que, si Guzmán estaba aturdido, implicaría que tenía la capacidad de procesar y entender lo que Francine acababa de compartir con él, pero no. Palabras como «padre», «bebé» y «familia» resonaron en su cabeza. Cada vez que su cerebro intentaba soportar su significado, lo escupía. Aquellos conceptos eran tan bruscos a la hora de cambiar de vida que estaba asustado de tocarlos.

Entonces habló una voz.

—Oh, ¿no es adorable?

Guzmán giró sobre sí mismo. Una mujer de aspecto poderoso con un extraño cabello blanco y negro estaba de pie en las sombras entre la cocina y el comedor. La ventana de la cocina estaba abierta (Guzmán no recordaba haberlo hecho), y tampoco había escuchado ningún sonido. Ninguno de los Pokémon bicho de la mansión habían dado la voz de alarma al sentir su presencia. Se había colado como la misma oscuridad.

A Guzmán nunca le gustó esa clase de comportamiento. O la oscuridad, en este caso. Si ibas a hacer daño a alguien, tenías que estar cerca y de frente a esa persona. Como un caballero. O algo parecido.

La mano de Guzmán voló hasta su cintura.

—No sé quién te crees que eres, pero vas a lamentar haber entrado aquí. ¡Golisopod, Escaramuza!

—¡Salazzle, Tóxico! —ordenó Francine detrás de él.

El intruso no se veía nada preocupado por aquellas reacciones. Como mucho, sonrió como si sus intentos de herirla le hicieran gracia. Mientras el ácido volaba por la sala y el movimiento característico de Golisopod se encendía como un petardo, Guzmán miró cómo la ya desgastada encimera se desintegraba, más o menos. Cuando el polvo se disipó, el intruso se había ido.

—Uf, ese bicho es rápido —sonó su voz detrás de Guzmán—. He tenido que poner más esfuerzo del que pensaba para esquivarlo. Bien hecho.

Guzmán apretó los dientes y se giró. Ahora que ella estaba a plena luz, rápidamente se percató de que esa mujer no era humana. No por completo. Sus ojos brillaban con un destello rojo, y cuando levantó la mano, sus dedos tenían garras.

—¿E… Eres una híbrida? —preguntó Francine mientras su Pokémon se deslizaba y se colocaba de manera protectora delante de ella.

La mujer ladeó la cabeza.

—Interesante. No se te ve tan sorprendida como me esperaría.

En ese instante, un tornado de viento irrumpió en la sala. Otra vez, sin que Guzmán fuera capaz de decir cómo ni cuándo había entrado, otra mujer apareció repentinamente en la cocina con los ojos brillando con un tono rojo por el poder que emanaba. Pero al menos en esta ocasión sabía que el intruso estaba de su parte.

—Cuidado —advirtió Sabrina, poniendo un brazo frente Guzmán y Francine—. Es poderosa. Está combinada con un Absol.

La mujer de cabello negro y blanco entrecerró los ojos.

—Sabrina —escupió—. Así que es aquí a donde huiste.

Sabrina no la lanzó por lo aires. Guzmán se preguntó si podía siendo Absol un Pokémon de tipo siniestro y todo eso. Pero la mujer Absol tampoco se veía ansiosa de probarlo. De hecho, alzó las manos en señal de rendición.

—Si te preocupa que se lo comunique a Giovanni, tranquila. Me hiciste un gran favor ayudándome con mis poderes entre otras cosas. Además, he abandonado el Team Rocket. Giovanni está más interesado en entrenar a su preciado hijo que en escucharme. —Había un amargo veneno en sus últimas palabras.

Instintivamente, Guzmán retrocedió unos pasos. Miró la ventana y debatió si empujar a Francine por ahí y acompañarla después era un buen plan de escape.

—¿Su hijo? —Sabrina ladeó la cabeza—. ¿Hablas de Silver?

La mujer Absol soltó una sonora carcajada.

—Ya me gustaría. No, una plaga llamada Ash. El jefe ni siquiera sabía que existía hasta que… —Cerró las manos con garras formando puños y sacudió la cabeza, cortando su propia explicación. Entonces su intensa mirada pasó de Sabrina y se posó en Guzmán. Sabrina no intervino. Sus ojos se habían abierto por completo al escuchar el nombre de Ash y ahora parecía paralizada, mirando a la nada y murmurando para sí misma—. Tú —dijo la mujer Absol—, vayamos al grano. Mi nombre es Fiora Bloodstone Sycamore. Tienes algo que quiero y voy a negociar por ello.

Guzmán se puso rígido. No podía permitir que aquella mujer le asustase. Y si así sucedía, su cuerpo actuaría como si no lo hiciera. Tenía alguien a quien proteger. Alguien para ayudar a Francine a proteger. Un padre… no, esa palabra seguía sonando demasiado extraña para él… un hombre que no huía asustado cuando su familia estaba en peligro.

—¿Y qué es lo que quieres? —demandó Francine.

Fiora Bloodbone… o cual fuera su nombre… se encogió de hombros.

—Nada complicado. Verás, yo estaba en una posición bastante elevada en el Team Rocket antes de separarnos por nuestras… creativas diferencias. En pocas palabras, necesito subordinados. Vosotros, tortolitos, estáis listos para formar una familia, ¿no? Así que simplemente retiraos de esta labor y entregadme el control del Team Skull. Os prepararé un lugar acogedor donde podáis disfrutar de la vida como una pareja normal.

Guzmán la miró fijamente. Dos noticias difíciles de procesar en un día.

—¿Me estás pidiendo que simplemente te venda al Team Skull? ¿Eso es todo? —gruñó.

—Básicamente, sí.

Sabrina pareció salir del trance en el que se había metido y volvió a interponerse entre Fiora y Guzmán.

—Es una oferta interesante, la verdad —se permitió decir—. Nos darás tiempo para considerarlo. —Sus palabras fueron una orden, no una sugerencia. Su voz disminuyó mientras añadía—. Ash Ketchum… ¿es el hijo de Giovanni?

—Sí. ¿Lo conoces? —preguntó Fiora. Desde su punto de vista, «conocer» a ese chico era como un insulto personal por el que se sentía capaz de romper algunos dientes.

Sabrina mantuvo su tono tranquilo y equilibrado.

—Me ayudó… una vez. Pero no de la forma en la que yo te ayudé a ti.

Fiora se burló.

—Es un idiota —soltó—. Pero si te preocupas por él por alguna razón, harás bien en advertirle de que se mantenga fuera de mi camino. —Asintió a Guzmán—. Hablaremos cuando estés listo. —De un salto, Fiora saltó junto a Sabrina y subió al alféizar de la ventana como un monstruoso Torracat con forma humana—. Felicidades, por cierto —dijo mientras desaparecía en la noche—. Y feliz Año Nuevo.


Y aquí tenéis un nuevo capítulo de temática navideña (aunque llegando algo tarde por mi parte) salida inesperadamente de los autores originales del fic. Cómo bien habréis leído en la nota que he traducido de ellos al principio de este capítulo, esto no significa que vaya a haber un supuesto Mergers 2 o, por otra parte, que vaya a traducirla por alguna razón. Es un bonus para lo que yo vi en los capítulos propios de la historia como un poco de cierre para los arcos que se quedaron más abiertos de lo que deberían antes de finalizar el fic.

Aun así, espero que os haya gustado y, como siempre,

¡Nos vemos en mis otros fics!

SpainDragonWriter.