Sentimientos Encontrados

Capítulo 11: Despedida.

Contemplaba fijamente la expresión esperanzada y seria que le mostraba él, su amigo más preciado, su amor más desconocido. ¨ ¿Quieres ser parte de nuestra tripulación? ¨-le había propuesto. Ella nunca se había esperado tal opción y por eso, estaba aturdida. ¿Podría de verdad, alguien tan simple como ella, volverse parte de un grupo de reconocidos piratas?

Usopp-Estoy seguro de que todos estarán de acuerdo...

Kaya-Usopp-san...

Usopp-Kaya...yo...no quiero dejarte...pero tampoco puedo quedarme...A este paso...nosotros dejaremos la isla...y pasará mucho tiempo hasta que nos volvamos a encontrar...pero...si tú decides venir...todos se alegrarán...

Parecía tan irreal, pero era posible, de verdad lo era. Sin embargo, no podía responder, no tenía el valor para responder, pues temía a su futuro. Lo que la frenaba, no era el miedo a las dificultades de la aquella vida: lo que la asustaba era la obligación de decidir, aquí y ahora, un camino que recorrer. Escoger un camino, significaba abandonar los otros; escoger el mar y a su amado, por sobre la tierra, significaría que debería dejarlo todo atrás. Se le era difícil la elección entre ambas opciones tan preciadas, por eso, se mantuvo callada, para no negarse ni aceptar las cosas. Necesitaba algo de tiempo para pensarlo, y tiempo, era lo que menos les sobraba ahora.

Usopp sabía que no podía retenerla a causa de su propio egoísmo, pero de verdad quería estar por siempre junto a ella. La deseaba más que a nada, pero más que nada, él deseaba su felicidad. Fue entonces cuando lo volvió a recordar: ¨Kaya está enamorada¨. A causa de las anteriores conversaciones, el había supuesto que la persona por la cual Kaya tenía aquellos sentimientos, estaba entre los miembros de su tripulación. No obstante, pudiera ser que estaba equivocado, que en realidad esa persona no fuera parte de los Sombreros de Paja, sino alguien de la isla, probablemente algún apuesto hombre de los que la pretendían. Ciertamente, si era a razón de eso por lo que su decisión no venía, él ya sabría entonces cuál sería la respuesta: un rotundo y certero NO. Por eso se apartó de ella y le dio la espalda, mirando al mar, le aclaró:

Usopp-...No quiero presionarte...Si tú decides quedarte...está bien...pero...-se volteó de regreso hacia ella-...si decides venir con nosotros...ven al Sunny Go antes de las 10:30 am...A esa hora...partiremos...

Tras delimitarle el tiempo, Kaya se fue de allí, de regreso a la mansión, cargando sobre sí, la elección. En cambio, él se quedó, después de todo, ese era su lugar para pensar y ahora mismo, necesitaba pensar. La amaba, pero creía que su amor nunca le sería correspondido, pues estaba la presencia de ¨aquel¨ quien se la había robado. Estaba seguro: Kaya no se iría con él ni aceptaría la propuesta de volverse parte de la tripulación de los Sombreros de Paja. Pero la esperanza aún no había muerto. Lo que le preocupaba, era encontrar la forma de poder expresarle sus sentimientos, ya fuera si ella decidiera irse o quedarse. Y entonces vino la idea: se dirigió hacia la mansión y allí, cautelosamente volvió a actuar como en el pasado. Al llegar a la ventana de su habitación, por extraño que parezca, la encontró abierta. Pese a que quería entregarla frente a ella, no la encontró por ninguna parte. Puede que fuera mejor así, después de darle a elegir entre dos posibles vidas, no podía incordiarla más entregándole tal presente. La dejó sobre su escritorio, asegurándose de ubicarla donde la brisa o el viento no pudieran volarla y tras haber terminado la tarea, salió tan sigilosamente como había entrado, sin dejar huella o rastro que delatara su venida, más que lo que había dejado. Volvió al barco, caminando silente, sin pronunciar una mera letra. Sus amigos tenían muchas cosas que querían preguntarle, pero no importa cómo, no podían sacarle las palabras y era preferible, no obligarlo a hablar, pues quién sabe cual serían las consecuencias. Se durmió mirando el techo de madera, bajo el que esperaba, la llegada del día de mañana.

(A la mañana siguiente)

El barco pirata, Thousand Sunny Go, representante y amigo de la tripulación de los Sombreros de Paja, estaba listo para partir. Irónicamente, el tiempo para viajar era de lo mejor, a pesar de que hubiera quienes no quisieran de nuevo, en ese preciso momento, echarse al mar. Muchos de los habitantes, conocidos y amigos, se habían reunido en la playa para verlos levantar las velas en busca del camino de regreso a sus aventuras. Allí estaban presentes y en primera fila: Ninjin, Piiman y Tamanegi. Para ellos, eran la segunda despedida, pero era tan triste y dolorosa como la primera, la cual sucedió hace muchos años atrás, cuando su capitán dejó la isla por perseguir su sueño. Usopp puede que ya no llorara de igual manera que en el pasado, pero lo cierto, era que estaba entristecido igual que ellos. Por mucho que uno viaje, nunca podrá quitar de sí, ese sentimiento mustio que provoca el dejar nuestro hogar y por, sobre todo: como cuesta despedirse de alguien a quien quieres de verdad.

Entre todos ellos, no se encontraba ni Merry ni Kaya y ya era el momento, ya era la hora, ya era el tiempo de volver a navegar por otras aguas y dejar estas, las aguas de su tierra natal. Miró hacia donde se ubicaba la mansión y en sus ojos, desapareció toda impresión de la esperanza que había tenido.

Los tres muchachos notaron la expresión melancólica de su capitán. Él ya lo sabía, entendía que ella se negaría a venir con ellos, que preferiría seguir viviendo aquí, en la tranquilidad de su tierra, pero al menos, esperaba que ella se presentara para denegar su petición: no creía que lo dejaría irse así, sin siquiera permitirle despedirse de ella. Para él, ese era el mayor dolor, el mayor castigo de su vida; marcharse nuevamente y no poder estrechar palabra alguna.

Nami-Usopp...

Usopp-No te preocupes, Nami...Ya lo sabía...

Subió a bordo y el barco levó anclas, todos le decían adiós a él, el mayor orgullo en la historia de la isla. Sunny se fue adentrando cada vez más a mar abierto, poco a poco fue perdiendo de vista, aquellos rostros entre felices y tristes, aquella casa tan especial, aquella: su isla. Cuando por fin ya no había rastro de tierra entre el horizonte frente a él, abandonó la cubierta, para descansar en solitario y ahogarse otra vez, en sus propios pensamientos e inseguridades.

(Dentro de la mansión)

Merry organizaba los papeles que había encima del escritorio de la señorita Kaya, fue entonces cuando notó caerse de entre ellos, un pequeño sobre en el que resaltaba el nombre de la señorita como destinatario. Era muy extraño, no recordaba haberle entregado a la señorita tal escrito, así que, con el fin de verificar la procedencia del mismo, se tomó la libertad y el descaro, de abrirlo sin permiso de la misma persona a la cual iba dirigida. Simplemente de leer las primeras líneas, lo confirmó: era una carta. Usopp la había escrito para Kaya y sin que nadie en la mansión se percatara de ello, la había dejado en la habitación para que ella la leyera. En ella venía escrito:

Querida Kaya:

He querido dejarte esta carta en el caso de que decidas no venir con nosotros, la cual, estoy seguro de que será tu elección. Puede que el escribirte de esta manera, después de causarte tantos problemas, te parezca algo molesto, pero si estoy escribiendo esta carta, es porque tengo algo que de verdad quisiera que sepas. Yo vuelvo al mar, en busca de más aventuras por vivir y más historias que contarte, pero para ese entonces, cuando quizás vuelva, tú posiblemente ya habrás sido correspondida por aquella persona de la cual estás enamorada. Debo contarte Kaya, te estado mintiendo sobre algo durante mucho tiempo, mucho más del que te puedas imaginar. Kaya, yo te amo. Sé con claridad que tú no me amas, pero aun así, no podía irme de nuevo sin transmitirte lo que siento, pues me lo prometí, por eso, te escribo esta carta. No es necesario que me correspondas ni te sientas culpable, no necesito que te apenes de mí y vuelvas a llorar por mí culpa. No me gusta verte llorar, Kaya. Quisiera que la próxima vez que nos veamos, me des tu respuesta. Quiero que me rechaces, porque lo sé: tú ya estás enamorada, y aunque no tuvieras a nadie a quien amar, nunca llegarías a amar a un cobarde y mentiroso como yo, quien no ha tenido el valor para expresarte lo que siente en palabras y se ha marchado dejándote solo esta carta, para que sepas lo que siempre quise decirte de frente. Puede que vuelvas a preocuparte por mí, pero tranquila, armaré cuanto jaleo pueda y apareceré todos los días en la portada del periódico, ¡siempre mi recompensa irá subiendo! Así verás que estoy bien, que sigo vivo, que sigo soñando y luchando por lo que quiero. Ya no pienso causarte más dolor. Espero que seas feliz, Kaya. Sinceramente:

Usopp

Merry soltó un suspiro de alivio y se regocijó con la carta, la cual lastimosamente, ya no podría ser leída por la señorita.

Merry-Y yo espero que hagas feliz a la señorita, Usopp-kun-dijo mirando el horizonte de aquel eterno mar azul, por el cual, había desparecido la figura de la carabela que el diseñó.

(De nuevo en el barco)

No hay mayor pesar que el mal de amor. Si ya de por sí, el amor es un mal agridulce, el mal de amor es puro agrio. Ese sabor agrio, era ahora el sabor de su vida. Había dejado todo lo que quería y otra vez partía hacia el mar aventurero, no se arrepentía de nada, pues a pesar de no haber podido hacer o decir todo cuanto en realidad quería, había abandonado un mensaje personal para aquella persona tan especial. Sin embargo, todavía se sentía triste y puede que esto durara algún tiempo: las heridas sanan, pero los recuerdos son los que duelen. Hiriéndolo con más fuerza nunca, las memorias pasadas llegaron para hacerle sufrir, hoy posiblemente no podría escapar de ellas, por mucho que huyera.

Nami-Usopp-entró en la habitación y le llamó de una forma alegre, pareciera que no se diera cuenta del calvario por el cual su amigo estaba atravesando.

Sin voltearse a mirarla, Usopp permaneció en su lugar y le dijo:

Usopp-No me molestes, Nami...Déjame solo un rato...por favor...

De repente, su vista se oscureció y en su espalda, sintió la suave calidez de un cuerpo.

Nami-¿Quién es?-vaya pregunta capciosa.

Hoy él no estaba para esta clase de juegos, apartó la mano de sus ojos y se volteó hacia ella.

Usopp-¡Oye Nami, yo ahora no...!-no pudo terminar su frase, pues la sorpresa lo apresó. Aquella figura, quien se encontraba a sus espaldas, no era otra más que su querida Kaya.

Usopp-K-Kaya...-dijo confundido-...Yo... ¿Acaso estoy soñando?...

Al momento, sintió un ligero pellizco en la mejilla.

Kaya-Ves, no es un sueño...Estoy aquí Usopp-san, junto a ti...y me mantendré a tu lado por un buen tiempo...

Esas palabras, las mismas que una vez él le dijo a ella en aquella noche de luna, eran ahora, el hechizo de su alegría.

Usopp-¿P-Pero cómo es posible? Tú no apareciste en la playa esta mañana-preguntó intrigado.

Entonces escuchó una risa conocida. Allí, a un lado de los dos, se encontraba Nami parada, riendo pícaramente.

Usopp-¿FUISTE TÚ?-la miró fastidiado.

Nami-EFECTIVAMENTE-afirmó-Pero no te hagas la idea equivocada. Ayer por la noche, ella llegó mientras tú no estabas y nos dijo que aceptaba volverse parte de la tripulación-le explicó-Desde anoche, ha estado escondida todo este tiempo dentro del Sunny Go.

Usopp-¿¡PERO POR QUÉ!?¿¡POR QUÉ NADIE ME DIJO NADA!?

Nami-Para gastarte una broma pesada-sonrió.

Había pasado el mayor choteo de su vida. Estaba medio molesto por culpa de esta insensible y cruel broma tendida por sus amigos, pero eso ya no le importaba. Se sentía feliz, más feliz que nunca, pues Kaya había aceptado salir al mar junto a él y sus compañeros, y eso, solo eso, le hacía infinitamente feliz.