Importante: Los personajes y mundo de Los Juegos del Hambre son propiedad de Susan Collins, yo solo los uso para crear una rara historia. Esta historia si es mía.

Perdón por la demora...


Lo único que estaba diferente en aquella habitación era la cantidad de polvo acumulado sobre los muebles. Cuando Prim estaba aquí ella se encargaba de mantener el estudio limpio, pues era donde más le agradaba hacer sus tareas.

―Debes recordarla con una sonrisa ― me dijo Peeta a mis espaldas ―, debes recordarla en sus buenos momentos, no solo en su final.

Siento cómo las lágrimas recorren mis mejillas, sólo a él le he contado cómo veo a mi Patito en sueños, e incluso en mis recuerdos me cuesta verla feliz, solo recuerdo su pequeño cuerpo estallando por esa bomba.

Esa es otra cosa que jamás le voy a perdonar a Gale, no solo el hecho de que su invento haya sido el que le arrebató la vida, si no que con ello también me arrebató los recuerdos felices que tenía con ella.

―Aún duele ― es todo lo que soy capaz de decir.

―Lo sé, a mí también me duele ― me dice Peeta y me abraza por la espalda.

Recuerdo que para él también era muy importante mi hermana, ella se hizo muy cercana a él luego de ser rescatado del Capitolio, pues ella lo acompaño y lo atendió durante parte de su recuperación. Ahora me daba cuenta de que quizás él se apegó especialmente a ella porque toda su familia había muerto en el bombardeo al doce.

―Es difícil, si no fuera por el retrato que hiciste de ella ni siquiera recordaría su sonrisa ― Peeta me había regalado meses atrás un cuadro de Prim gracias al cual al menos había recuperado la sonrisa de mi hermana. En él aparecía junto a Lady la cabra y era como estarla viendo una vez más

―¿Por qué no mejor arreglamos este lugar? Tengo la sensación de que en cualquier momento van a aparecer fantasmas polvorientos ― y aunque lo dijo en tono de broma sé que en verdad lo piensa, a ambos nos asechan los fantasmas de los muertos.

Muertos durante los juegos y durante la guerra.

Nos separamos y Peeta entró delante de mí en el estudio, levantó la lámpara que estaba sobre el escritorio y sopló sobre ella, haciendo que el polvo acumulado flotara por la estancia.

No pude evitar que una pequeña risa se escapara de mis labios al verlo toser producto del polvo.

―No te habría pasado eso si no fueras tan acelerado.

―Ya veo ― me dijo él dejando la lámpara donde estaba con un cuidado exagerado. Una nueva risa se oyó de mi parte ―. No te rías, no eres tú la que casi se ahoga con el polvo ― aunque me estaba riñendo, tenía una sonrisa en la cara.

Me adentré un par de pasos en la estancia, era extraño como todo lo oscuro se volvía un poco más claro si Peeta estaba presente. Siempre me ha dicho que admira mi fortaleza, pero yo sé que sin él no sería capaz de seguir adelante. Viéndolo en retrospectiva me doy cuenta de que a pesar de que todos veían en mí al sinsajo, en realidad veían lo que Peeta veía en mí, tal como lo hizo en las entrevistas de los primeros juegos, me transformó de una chica aparentemente tonta, y con suerte encantadora, a una chica hermosa, fuerte y deseada.

―¿Qué piensas? ― la voz de Peeta me saca de mis pensamientos.

―En que siempre has sido mejor que yo, mejor que todas las personas que he conocido. Supongo que por eso te llevabas tan bien con mi Patito ― él me mira sorprendido, no es la primera vez que se lo digo, pero él, a pesar de toda la maldad que ha visto y de la que ha sido víctima, sigue diciéndome que en el mundo hay gente buena, gente que solo necesita esperanza y algo por lo que luchar.

―Ya veo ― y sé que es verdad, que ve a través de mí y sabe en lo que estoy pensando ―. Ven aquí será mejor, ayúdame a liberar este lugar del polvo, o creo que habrá suficiente polvo para que de verdad aparezcan fantasmas.

Estamos durante un polvo sacudiendo cosas luego de haber abierto la ventana, hasta que a Peeta se le ocurre usar un trapo húmedo para limpiar las cosas, o de lo contrario hubiésemos respirado más polvo que aire.

―Te ves como de cincuenta años ― me dice Peeta sonriendo.

Me miro en un espejo de la muralla y luego de limpiarlo con el trapo me doy cuenta de que mucho polvo se ha asentado en mi cabello, cejas y pestañas, lo hace parecer que estuviera llena de canas.

―¿Me seguirás queriendo cuándo de verdad luzca así, e incluso llena de arrugas? ― no puedo evitar preguntar. Es estúpido, pero sé que aunque pasen mil años seré capaz de vivir sin mi chico del pan a mi lado.

―Siempre ― me responde abrazándome por la espalda mientras apoya su mentón en mi hombro. Él también está lleno de polvo y luciendo lleno de canas, pero para mí sigue igual de guapo.

Me sonrojo un poco al sentir un calor familiar recorriendo mi cuerpo al sentirlo pegado a mi espalda, y él lo nota, porque su sonrisa se ensancha a través del espejo.

―Sería mejor que termináramos con esto antes de pasar a otras actividades más… placenteras ― ante su comentario mi rostro se enciende aún más.

Su risa se hace más fuerte y me suelta para separarse unos centímetros de mí. Me sigue molestando que él me considere inocente, a pesar de que él sabe perfectamente que no lo soy, al menos con él.

―Sabes que amo que te sonrojes, y desearía que nunca dejaras de hacerlo ―me dice con una sonrisa de medio lado que hace que se siempre se me olvide cualquier molestia que pueda tener en su contra.

Suspiro y se me ocurre una idea que nos beneficia a ambos.

―Si nos apresuramos aquí podremos tomar un baño de tina ―le digo como si nada.

―¿Juntos? ― me pregunta ilusionado. Por alguna razón le encanta darse un baño de tina con migo, y yo no puedo negar que también me encanta, porque siempre me hace el amor durante el baño, o después, o ambas. Un poco sonrojada asiento con la cabeza sonriendo, él sabe lo que significa porque su sonrisa se agranda y vuelve al trabajo con más entusiasmo.

Durante unos minutos nos dedicamos a limpiar y platicar, me cuenta que Tom, uno de sus ayudantes en la panadería, va a ser papá, cosa que me sorprende, ya que solo hace unos meses que se casó con Kara, una chica que llegó desde el distrito cuatro. Aún me parece extraño que Tom haya terminado como ayudante de mi chico, ya que él era uno de los amigos de Gale.

Aún recuerdo el primer día en el que fui a ayudar a la panadería, me sorprendió verlo ahí, y más aún la actitud de camaradería y casi amistad que había entre ellos, luego me di cuenta de que Peeta mantenía una muy buena relación con sus tres empleados. Aparte de Tom, estaban Zola y Jim, todos bordeando los veintitrés años, todos mayores que Peeta, y aun así todos lo veían con respeto y como un modelo a seguir.

Desde ese día empecé a ir casi todos los días a ayudar, aunque reconozco que en pastelería no soy buena, me encargaba de ayudar en la atención a los clientes y ordenar la panadería, uno de esos días me quedé sola con Tom, ya que Zola, la chica que atendía, había tenido que ir al hospital por una molestia estomacal, mientras que Peeta y Jim, se estaban encargando de la compra de suministros.

―Peeta es una gran hombre ― me dijo de pronto Tom, tomándome por sorpresa, estábamos los dos en el mostrador, ya que todos los pasteles y el pan estaban listos, sólo debíamos venderlos.

―Lo sé ― le dije con sinceridad, un poco curiosa de porque había dicho eso.

―Antes de vuestros primeros juegos ― me tensé involuntariamente, con la única persona que hablaba de los juegos era con Peeta, aun así lo deje hablar ― nunca había hablado con Peeta ― Continuó con la vista al frente, donde a través de la ventana se podía ver la calle y la gente que pasaba por ella ―, lo había visto un par de veces y no voy a negar que no me agradaba ― lo miré sorprendida, Peeta siempre ha sido muy amable con todo el mundo ―, tenía la sensación de que era un niño mimado y consentido, que nunca había pasado por dificultades y que por eso parecía ser tan amable, pero que apenas sufriera un poco en la vida se derrumbaría ― Tom sonríe con un poco de culpa y por fin me mira― cuando salió cosechado pensé que moriría en el baño de sangre.

―No fuiste el único que pensó eso ― digo con amargura.

―Lo sé, pero cuando lo vi en las entrevistas me llamó la atención la manera en la que hablaba de ti y me hizo recordar el día de la cosecha, parecía más asustado cuando salió tu nombre que cuando salió el de él ― eso me sorprende nunca nadie me había dicho eso ―. Era extraño verlo pelear con tanta fuerza por vivir, aun cuando estaba decidido a que tú salieras de la arena. En ese momento supongo que se ganó mi respeto, y el de todos, supongo.

No respondo nada por unos momentos, siento un nudo en la garganta al pensar en todo lo que ha sufrido Peeta por mi culpa.

―¿Te puedo hacer una pregunta? ― escuché su voz nuevamente, asentí con la cabeza ―¿Por qué no volvieron juntos del capitolio? ― me sorprendió un poco su pregunta, nadie se había atrevido a hacerla.

―Porque Peeta me odiaba ― Tom me mira con incredulidad ― Snow jugó con su mente y recuerdos, con sus recuerdos de mí, para ser exactos, lo hizo creer que yo era un muto y que lo quería matar, que era la culpable de todo lo malo que le había pasado.

Tom se quedó callado un momento, totalmente sorprendido.

―Antes y durante el vasallaje Gale solía hablarme de ti, ―Vuelvo a ponerme tensa, no me gusta hablar de Gale―, luego de que fue azotado parecía creer que tenía algún futuro contigo ― eso me hace sentirme avergonzada en cierta medida, no solo me negué a ver mis sentimientos hacia Peeta, sino que le di esperanzas a Gale, aunque luego de haber escuchado su conversación con Peeta en aquel sótano, me pregunto si Gale no sabría que lo elegiría simplemente porque quería cuidarlo―, yo lo escuchaba, pero a cierta parte de mí le molestaba su egoísmo ― lo miro sorprendida y él vuelve a mirarme con culpa ―, he de reconocer que también me molestaba tu actitud hacia toso, todos habíamos visto lo que había pasado en la arena, y aunque sabíamos que tú estabas fingiendo, también era claro que él no lo hacía, que en realidad te amaba.

Se quedó callado un momento, como decidiendo se seguir hablando o no.

―Personalmente me parecía injusto que lo hubieras usado para sobrevivir y luego arrojado como si ya no fuera útil ― sentí como si un cuchillo atravesara mi corazón al escuchar esas palabras, si eso pensaban desde afuera, ¿sentiría lo mismo Peeta? ―. Pero aun así él seguía protegiéndote, cuidándote durante la gira y haciendo todo lo posible porque el mundo te viera a través de sus ojos.

Así no soy la única que piensa que me transformé en el sinsajo porque me veían como Peeta quería que lo hicieran, aunque estoy segura de que él jamás pensó en convertirme en un símbolo de rebelión.

―Lo mismo pasaba durante la segunda arena, aunque algo cambió, tú también querías sacarlo con vida, y cuando chocó con aquel campo de fuerza yo, y todos los que mirábamos, nos dimos cuenta de que tú también lo amabas, Gale también se dio cuenta, aunque no lo quería aceptar.

―Creo que lo amaba desde la primera arena, en la cueva ― le digo suavemente sin mirarlo, es extraño conversar con alguien que no sea Peeta tan abiertamente ―, solo que quería demasiado olvidar la arena, y Peeta me recordaba a ella, fui egoísta y provoqué mucho dolor por mi estupidez.

Tom no trató de negar que fui estúpida, como probablemente habría hecho Peeta, no sé si me hizo sentir mejor o peor, pero creo que era justo.

―Si Peeta te odiaba luego de ser liberado del Capitolio ¿Cómo es que está hoy aquí y pareciera que son felices?

― Somos felices ― le digo sinceramente ―, él se sometió a terapia para controlar sus ataques y evitar matarme, lo hizo y volvió a mí, me saco de agujero en el que estaba y me devolvió a la vida, él siempre ha sido mejor y más fuerte que yo.

―A pesar de odiarte y querer matarte lucho contra todo eso para volver a ti y seguir protegiéndote ― me dijo con clara admiración en la voz ― ¿Puedes imaginar tanto amor?

―No tengo que hacerlo, lo tengo ― le digo con mis ojos húmedos, sus palabras me recordaron una vez más lo increíblemente fuerte que es mi chico del pan, y todo lo que le debo.

―Él es un hombre admirable, y lamento en algún momento haberlo criticado sin conocerlo, ahora sé que a pesar de haber pasado por el infierno sigue siendo bueno, que eso es parte de él ―me mira a los ojos y me dice seriamente ―. Estoy orgulloso de poderme llamar su amigo, y también le agradezco mucho que me haya dado la oportunidad de poder trabajar aquí.

Peeta lo había contratado un día que habían chocado por accidente fuera de la panadería.

Peeta nunca lo reconocerá, pero sé que lo contrató porque Tom se veía hambriento y cansado, con pocas ganas de vivir, él también había perdido a toda su familia en el bombardeo del doce.

―Me alegro de que esté construyendo una nueva familia ― dijo Peeta sacándome de mis recuerdos, aunque extrañamente pareció continuarlos, por lo que sonreí.

―A veces realmente creo que puedes leer mi mente ― él me miró confundido antes de sonreír al comprender a lo que me refería.

―No te leo la mente, es que estamos en sincronía ― me dice él y por alguna razón me gusta su respuesta.

Durante un rato nos dedicamos a limpiar en silencio, es increíble cuánto tiempo nos ha llevado la limpieza de una sola habitación, pero supongo que es culpa mía por no querer hacerlo antes.

―Mira esto ¿qué será? ― me llama la atención Peeta mostrándome un extraño artefacto que luce como una caja pequeña de cinco puntas, un pentágono perfecto de color ocre, brillante y liso, haciéndolo parecer una joya del tamaño de una taza.

―No lo sé ― estamos cada uno a un extremo de la habitación. Es cuando Peeta encuentra el seguro y se prepara para abrirlo que me entra el miedo, esa cosa es del capitolio y no es nada que haya visto antes de la guerra. Me acerco rápidamente para quitárselo de las manos pero ya es demasiado tarde, lo ha abierto ― ¡Peeta, no!

Una luz de color azul sale del interior de la caja y envuelve a Peeta.

En ese milisegundo antes de ser yo también tragada por ella capto la mirada de Peeta, en sus ojos hay desconcierto, pena y miedo, pero aun así puedo atisbar en sus ojos su amor por mí antes de que desaparezca.

Yo solo puedo pensar en que me alegro de que esa luz también me destruya a mí, porque estoy segura de que ahora no podría vivir ni un minuto sin Peeta, el dolor que sentí en ese microsegundo al creerlo muerto es suficiente para saberlo.

Todo a mí alrededor se vuelve blanco, pero extrañamente no hay dolor, solo una sensación de ingravidez y un ruido como de una corriente, como si un río muy torrentoso estuviera pasando justo frente a mí, o a mi lado. La verdad es que no sé si el ruido viene de mí alrededor o de mi interior. Tampoco sé cuánto tiempo ha pasado.

El ruido cesa abruptamente y de repente me siento jalada hacia abajo, siento mi estómago siendo estrujado por un gancho y un fuerte dolor en todo el cuerpo. Me encojo sobre mí misma y agarro mis rodillas para protegerme. Todas las sensaciones se van tan rápido como llegaron.

Pero es extraño, si estoy muerta ¿Cómo es posible que pueda sentirme? ¿No se supone que debería ser inmaterial?

Abro lentamente los ojos y eso me hace preguntarme si estoy soñando.

Me encuentro en mi habitación, pero no en la que he compartido con Peeta este último tiempo, sino que la de mi casa en la Veta, en la cama que compartía con Prim.

¿Qué hago aquí? ¿Cómo llegué aquí? ¿ Dónde está Peeta?

Un ruido en la puerta me distrae y cuando miro mi respiración se queda atorada en mi garganta.

―Date prisa Katniss, llegaremos tarde a clases ― es mi Patito, ella me mira extrañada, pero la voz de mi madre llamándola la hace darse madia vuelta y volver a la cocina.

Es mi Patito, pero no es la que recuerdo, es la pequeña Prim de doce años, antes de entrar a su primera cosecha.

Me pongo de pie tambaleante y sin querer me golpeo el pie en una tabla suelta de piso. El fuerte dolor que recorre mi pierna me dice que no estoy soñando.

¿Qué está pasando?


Espero que les haya gustado el capítulo y perdón por l molestia, gracias por todos los comentarios del capítulo anterior. Les juro que continuaré la historia, es solo que la he tenido muy liada con el trabajo y los estudios. Abrazos y espero que comenten, todos sus comentarios me hacen muy feliz, me avisan de cualquier fallo por si me equivoco. Bye.